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Más de 1,3 millones de personas necesitarán asistencia humanitaria por sismos del 24 de junio

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Las Naciones Unidas y sus organizaciones socias estiman que más de 1,3 millones de personas necesitarán asistencia humanitaria urgente durante los próximos seis meses tras los terremotos que sacudieron a Venezuela el pasado 24 de junio, afectando especialmente a La Guaira.

Según el último reporte que difundió Jorge Rodríguez, presidente de la Asamblea Nacional oficialista, hasta el 24 de julio, las autoridades contabilizaban 5546 personas fallecidas y 16 740 heridas a causa de los terremotos. Además, la destrucción total o parcial de 856 edificaciones dejó a 17 907 personas sin hogar debido a que 856 edificaciones resultaron afectadas, de las cuales 190 que colapsaron.

Para alcanzar a la población con necesidades urgentes, la ONU requiere 299 millones de dólares adicionales, que se suman a los 632 millones solicitados al inicio del año, para un total de 931 millones.

Respuesta humanitaria por sector

Al menos 70 organizaciones coordinan una respuesta multisectorial que ya supera las 3000 actividades en los territorios más golpeados por la emergencia. Los diferentes clústeres enfocan sus intervenciones en salvar vidas, restablecer la infraestructura básica y brindar soporte continuo a las familias desplazadas.

Seguridad Alimentaria

El Programa Mundial de Alimentos (PMA) atiende a las comunidades mediante la entrega de canastas familiares, kits de alimentos listos para consumir, comidas calientes en refugios y cupones electrónicos, garantizando la nutrición de más de 161 000 personas.

Agua, Saneamiento e Higiene (ASH)

Agencias como Unicef y la OIM operan letrinas de emergencia, estaciones de lavado, distribución de kits de higiene y camiones cisterna. Además, instalaron una planta de potabilización por ósmosis inversa en el Hospital Dermatológico Martín Vegas y realizan evaluaciones técnicas a las redes hídricas en varios estados.

Alojamiento, energía y enseres

La OIM y Acnur lideran la gestión operativa en los principales campamentos transitorios de La Guaira. Las organizaciones han distribuido miles de lonas plásticas, sets de cocina, kits de refugio, herramientas de habitabilidad, módulos temporales y luminarias solares para mejorar las condiciones de vida y seguridad de los albergados.

Salud

La OPS/OMS y la OIM apoyan al Ministerio de Salud con insumos médicos, laboratorios de diagnóstico y vigilancia epidemiológica ante 29 eventos de interés sanitario. Al mismo tiempo, los equipos móviles desplegados en el terreno ofrecen consultas médicas especializadas, medicamentos y brigadas de vacunación masiva.

Nutrición

Unicef despliega paquetes de servicios esenciales que incluyen el tamizaje nutricional de más de 3200 niños menores de cinco años, la entrega de suplementos a embarazadas y lactantes, y talleres de orientación sobre la alimentación infantil.

Protección

El clúster de protección prioriza la salud mental, la atención psicosocial, la gestión de casos y la mitigación de la violencia basada en género. A través de Espacios Amigables para la Niñez y equipos especializados de Acnur, Unfpa y Unicef, garantizan orientación legal, prevención de la separación familiar y reunificación de menores.

Educación y desarrollo infantil temprano

Las organizaciones promueven espacios de juego, cuidado cariñoso y apoyo psicosocial para la primera infancia en los albergues. En paralelo, Unicef encabeza la Evaluación de Necesidades Posteriores al Desastre para planificar la rehabilitación del sistema educativo nacional.

Logística y telecomunicaciones

El Grupo de Trabajo de Logística gestiona el transporte de cientos de toneladas de carga humanitaria en más de 23 vuelos y almacenes especializados. Por su parte, el sector de telecomunicaciones instaló puntos de carga para dispositivos móviles y redes de internet comunitario en los campamentos prioritarios.

Situación por estado tras la emergencia sismológica

En el estado Miranda, la respuesta humanitaria concentra sus esfuerzos en los municipios Plaza, Zamora, Chacao, Sucre y Baruta por registrar la mayor cantidad de afectaciones. Por su parte, el Distrito Capital mantiene habilitados campamentos transitorios que albergan a 9092 personas que perdieron sus hogares.

La Guaira concentra la mayor cantidad de población alojada en refugios temporales, sumando un total de 12 752 personas asistidas, según cifras de la ONY. Las comisiones técnicas clasificaron 3237 estructuras en etiqueta verde, mientras que 1785 recibieron etiqueta amarilla de uso restringido y 1885 quedaron marcadas en etiqueta roja por daños severos.

En Carabobo y Yaracuy, organizaciones como Acción Contra el Hambre, Cáritas Venezuela y la Cruz Roja brindan asistencia básica, nutrición y protección a las comunidades afectadas. Los equipos humanitarios priorizan el acompañamiento social y la instalación de sistemas comunitarios de agua potable.

Asimismo, en el municipio Silva (Falcón), unas 37 familias afectadas se desplazaron de manera voluntaria hacia Miranda y Colina para alojarse en casas de familiares. Equipos especializados capacitan a funcionarios locales en primeros auxilios psicológicos y estructuran los planes de recuperación temprana junto con las comunidades.

Lara registra 300 familias afectadas por anegaciones y enfrenta complicaciones debido al colapso de la red eléctrica y el bloqueo de la Troncal 007. En Zulia, las autoridades reportan la llegada de 494 personas afectadas, concentrando la atención en el terminal de Maracaibo y mitigando los riesgos por cortes de electricidad y brotes de dengue.

Finalmente, en Trujillo, 314 personas permanecen en espacios temporales distribuidos en 14 municipios, donde el colapso vial y más de 15 deslizamientos obstaculizan la cadena de suministros. Sucre registra la llegada de 651 personas desplazadas, mientras que Bolívar y Delta Amacuro atienden a decenas de familias migrantes con alimentos, enseres y jornadas de apoyo psicosocial.

Coordinación humanitaria

La Oficina de las Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA) lidera la articulación estratégica entre agencias internacionales, organizaciones socias y autoridades nacionales para garantizar la atención en salud, alojamiento, alimentación, agua, saneamiento y protección.

Según el reporte de la ONU, las mesas de trabajo interdisciplinarias fortalecen la protección del personal de primera respuesta y la unificación de protocolos para la atención psicológica y psiquiátrica de las víctimas. Asimismo, las autoridades diplomáticas registran 106 donaciones internacionales provenientes de 41 países. En paralelo, el Gobierno nacional, el PNUD, la Unión Europea y el Banco Mundial pusieron en marcha la Evaluación de Necesidades Posdesastre para determinar los daños en nueve sectores socioeconómicos en un plazo de 60 días.

Las organizaciones de ayuda solicitaron 299 millones de dólares adicionales mediante una adenda al Plan de Respuesta Humanitaria, elevando el presupuesto total a 931 millones para sostener las operaciones durante seis meses. Hasta el momento del reporte, las contribuciones movilizadas alcanzan 392,9 millones de dólares, monto que cubre el 42,2 % de los fondos requeridos, sumado a otros 80,4 millones recibidos fuera del esquema principal.

Puede leer el reporte completo a continuación:

*El periodismo en Venezuela se ejerce en un entorno hostil para la prensa, con decenas de instrumentos jurídicos dispuestos para el castigo de la palabra, especialmente las leyes “contra el odio”, “contra el fascismo” y “contra el bloqueo”. Este contenido está siendo publicado teniendo en consideración las amenazas y límites que, en consecuencia, se han impuesto a la divulgación de informaciones desde dentro del país.

El Mañanero del 3 de agosto: Las OPPPE de La Guaira no eran el lugar seguro que prometió el gobierno

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¡Buenos días! Aquí te servimos El Mañanero de este lunes, 3 de agosto, ese rapidito de noticias que entra suave, pero despierta de golpe. El menú incluye “El primer sorbo”, una dosis fuerte de información para abrir los ojos, esa noticia que marca la agenda; “Recién salido del horno”, un resumen de los temas más importantes de las últimas horas; “Lo que rompe en redes”, para que arranques la jornada a tono con los temas virales o tendencia en X, Instagram o TikTok; “Azuquita pa’l café”, un contenido curioso o inspirador para endulzar la mañana y “La ñapa”, con recomendaciones culturales, de información general o entretenimiento para que tu día tenga buen sabor hasta el próximo café.

El primer sorbo

La Alianza Rebelde Investiga (ARI) hizo un recorrido guiado por un ingeniero civil en los nueve urbanismos de la Gran Misión Vivienda Venezuela (GMVV) de La Guaira que deben su nombre a la Oficina Presidencial de Planes y Proyectos Especiales (OPPPE) para entender por qué colapsaron los edificios durante los terremotos de magnitud 7.2 y 7.5 del 24 de junio.

Aunque el gobierno de Hugo Chávez presentó las OPPPE como un proyecto habitacional digno y seguro para personas damnificadas por desastres naturales en el entonces llamado estado Vargas, hay decisiones de diseño y el incumplimiento de reglas de construcción que dificultan la evacuación de sus habitantes en el doblete sísmico.

El reportaje «Radiografía de las OPPPE de La Guaira» enumera las irregularidades identificadas en las 43 moles de 12 pisos y 3.637 apartamentos repartidos en 43 torres: 16, equivalente al 37 % del total, se desplomaron por completo.

Lee el especial completo AQUÍ

Recién salido del horno: otras noticias

La gente tuvo que suplir la ausencia del Estado en las horas más críticas posterremotos

La perla de Rubio sobre Venezuela: “No estamos en la era de la paciencia, pero estas cosas llevan tiempo”

Provea advierte que la opacidad estatal posterremotos vulnera cinco derechos fundamentales

El inicio del diálogo se resumió en una llamadita para fijar una agenda de tres puntos y una cita Caracas

SOS Orinoco denuncia la muerte de dos mineros en una mina controlada por la Policía de Espacios Acuáticos

Dólar / Euro BCV

La cita

“Vimos la cara más oscura, la irresponsabilidad, la corrupción, la indolencia, esa la ausencia de humanidad y de compasión, porque no es solo lo que no hicieron, sino el haber intentado e impedido que otros ayudaran”, María Corina Machado sobre gestión gubernamental de los terremotos.

Lo que rompe en redes

La noche del 1 de agosto, familiares de presos políticos se concentraron en El Rodeo I para realizar la actividad “Mesa para proteger la vida”. Desde allí, exigieron la libertad inmediata de todos los detenidos por motivos políticos y que su caso sea prioridad en las futuras conversaciones sobre Venezuela.

Azuquita pa’l café

Un gatito siamés nombrado “Félix” fue rescatado en días pasados de los escombros de La Guaira, tras haber permanecido atrapado más de un mes por los devastadores terremotos del 24 de junio. El felino se está recuperando y sus cuidadores informaron que tiene buen apetito.

La ñapa (recomendamos…)

Cuando la resiliencia deja de ser una virtud

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“¡Estoy harto de la palabra resiliencia!”.

Esa frase de mi cuñado Antonio Vasco me sorprendió, no porque no la entendiera, sino porque, en el fondo, yo también la había pensado y sentido muchas veces y él había traducido en ese instante mi pensamiento y mi sensación con palabras precisas. Ahora, después de la tragedia del doblete sísmico, está a flor de labios, más que nunca. Todos hablan de cuán resilientes somos los venezolanos, dentro y fuera del país.

Y eso no es nuevo. Durante años nos lo han dicho. Que tenemos una extraordinaria capacidad para adaptarnos, para sobrevivir, para salir adelante a pesar de las dificultades. Y es cierto. Hemos demostrado una fortaleza admirable. Hemos encontrado caminos donde parecía que no los había y hemos seguido caminando cuando muchos otros se habrían detenido.

Pero hay un momento cuando una palabra que nació para describir una fortaleza comienza a sonar como una exigencia, incluso, como un sacrificio. Como si nos dijeran: “Sigan aguantando”. Como si la capacidad de soportar fuera suficiente respuesta frente a una realidad que no debería ser aceptada como normal. Mi querido, recordado y admirado Luis Alberto Machado repetía como un mantra “no debe aceptarse como normal lo que no es normal”. Y ser resilientes todo el tiempo, no lo es.

Ciertamente, la resiliencia tiene una cara luminosa: es la fuerza que nos permite levantarnos después de una caída. Pero también tiene una sombra peligrosa: puede convertirse en la justificación para permanecer de pie en medio de una situación que exige ser transformada.

Un ser humano puede resistir mucho. Un pueblo también. Pero resistir no debe confundirse con resignarse. La resiliencia auténtica no es bajar la cabeza ante la adversidad: es conservar la energía y la voluntad necesarias para cambiar aquello que debe cambiar.

Existe una frontera muy delgada entre la fortaleza y la rendición. A veces, bajo el nombre de resiliencia, podemos estar escondiendo cansancio, agotamiento e incluso la aceptación de lo inaceptable.

Los venezolanos hemos sido fuertes. Demasiado fuertes, quizás. Hemos aprendido a solucionar, a improvisar, a sobrevivir. Pero una nación no puede tener como proyecto de vida la supervivencia. Ningún pueblo merece ser admirado únicamente por cuánto dolor es capaz de soportar. Que lo digan los soviéticos, los chinos, los norcoreanos o los cubanos…

La verdadera victoria no está en resistir eternamente la tormenta. Está en construir las condiciones para que algún día podamos dejar de resistir y volver a vivir.

Porque la resiliencia debería ser un puente hacia la reconstrucción, no una habitación donde nos encerramos para siempre.

Sí, querido cuñado: ¡yo también estoy harta de ser resiliente!

@cjaimesb

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad y no comprometen la línea editorial de RunRun.es

Un círculo sagrado despide a los surfistas caídos 

Los surfistas Carlos Cosson, de 51 años, y Carlos Cosson hijo, de 18 años, entran al agua con los primeros rayos de sol de la mañana en Playa Surfista, en la costa oeste de La Guaira. El reflejo sobre la superficie da una tonalidad plateada al mar. En un pacto entre padre e hijo se internan con sus tablas para montar unas olas en un preámbulo al ritual de despedida de sus compañeros muertos en los dos terremotos del 24 de junio en Venezuela. “Nos sumamos al llamado para rendirle un tributo a los surfistas que perdieron la vida en la tragedia. Es nuestro homenaje a ellos en un acto de conexión con la naturaleza en esta playa que tanto amamos y juntos en un duelo colectivo”, dice Carlos padre. 

Leo Álvarez | @oelzer

La comunidad del surf, a través de la Federación Venezolana de Surf, convocó el sábado primero de agosto la actividad Surfistas Unidos en un “Gran Paddle Out” en Playa Surfista, ubicada frente a Mare Abajo, en Catia La Mar, una ceremonia en honor a los atletas de este deporte que fallecieron en los sismos. 

Juan Santiago Monteverde, presidente de la Federación Venezolana de Surf, explica que un “paddle out” es una antigua tradición en la cultura surf en la que los surfistas hacen un círculo dentro del mar y despiden con solemnidad a sus compañeros. “Es una oración colectiva en memoria de los caídos, nuestros hermanos de olas”, dice Juan Santiago mientras baja de su camioneta dos bultos de flores.

Leo Álvarez | @oelzer

Uno de los primeros en llegar a la playa es Edward Díaz, de 41 años, residente de Mare Abajo, instructor de surf, quien tiene una trayectoria de más de treinta años como atleta debido a que practica el deporte desde que era apenas un niño. “Nuestros hermanos merecen una despedida digna”, comenta Edward, quien no solo perdió amigos sino también su casa. 

Edward vive en el Urbanismo Mare 2 de La Guaira. Aunque su edificio no se desplomó, tiene daños estructurales, por tanto, no puede regresar a su apartamento. Temporalmente, está durmiendo en una carpa junto a su esposa, su hija y sus dos perros en un campamento instalado detrás de sus residencias. 

Leo Álvarez | @oelzer

“Agradezco a Dios porque sigo vivo. Hoy es un día especial. Es muy significativo reencontrarnos todos después de los terremotos, abrazarnos, conversar en la arena y dentro del agua. Esta playa es un espacio que nos une”, dice Edward. “Que Dios nos dé la fuerza y el cobijo para seguir adelante”, agrega. 

Un olor a leña se mezcla con la brisa marina, proviene de una humareda de dos enormes ollas de aluminio montadas sobre bloques de cemento en el puesto La Cubanita de Elizabeth Moreno, de 60 años, una comerciante de Playa Surfista, conocida por el gremio como mamá Elizabeth. En su local vende café y comida en un menú que incluye empanadas y pescado frito. Es el punto de encuentro para los surfistas que van llegando a la playa.

“Estamos cocinando un sancocho. Es un cruzado de costillas de res y pollo con verduras, con apio, ocumo, zanahorias, ñame y papas y tiene jojoto. Es para que coman los surfistas después de la ceremonia. Es una sopita para sanar el alma”, dice Elizabeth, quien tras los sismos convirtió su puesto en un centro de acopio y es una de las voluntarias que más colabora con las personas que perdieron su hogar y pernoctan en carpas azules donadas por la misión humanitaria de Samaritan ‘s Purse en un refugio ubicado a pocos metros de su negocio. 

Leo Álvarez | @oelzer

Desde la bahía natural que delinea la playa se puede ver hacia el este una sucesión de montañas y al menos dos de los picos de la cordillera del Ávila del lado del Caribe. “Es salvaje, hermosa, de buen viento y buenas olas”, dice Víctor López, de 40 años, creador de Venezuela Surf, diseñador gráfico, fotógrafo y surfista, socio de Juan Santiago Monteverde. 

En esta tragedia Víctor perdió a dos amigos: Daniel Vivas, de 45 años, un surfista que vivía en un edificio enfrente de Playa Los Cocos y a Víctor Alejandro Isturiz, de 29 años, que residía en la urbanización Caribe y quien, según cuenta Víctor, era un atleta que surfeaba en Los Caracas, al este del Litoral Central. 

Leo Álvarez | @oelzer

“Cuando entremos al agua lo haremos con el mayor respeto. No hay marcas patrocinantes, no hay música. Es un acto de introspección”, comenta Víctor. En su mayoría, los presentes son surfistas de La Guaira y de Caracas, pero también vinieron algunos de Choroní, Bahía de Cata y Cuyagua, quienes viajaron desde Aragua para sumarse a la ceremonia. 

Néstor Rodríguez, de 43 años, lidera la Escuela de Surf de Cuyagua, es directivo de la Federación Venezolana de Surf, y perdió a tres integrantes de la escuela. Vanessa Chacón, de 43 años, quien era jueza de competencias, así como a Israel Bermúdez, un chico de apenas 11 años, y al padre del niño, Javier Bermúdez, de 42 años, quienes residían en Playa Grande.

La escuela de Néstor funciona como un proyecto social y deportivo en la Posada Casa Grande de Cuyagua, en las costas de Aragua, en la que enseña el valor de la disciplina, la solidaridad y el trabajo en equipo. A los más chamos les comparte su conocimiento en producción audiovisual en fotografía y video como artes que también son un oficio para la vida. 

“Un cincuenta por ciento de la posada se derrumbó, el techo de la cocina se vino abajo, con la gracia de Dios que, aunque había huéspedes en la posada, nadie quedó herido, todos salieron ilesos”, dice Néstor quien promueve el turismo en torno al surf. 

En Cuyagua, Néstor tiene un refugio para mascotas llamado “Huellitas cuyagüeras”. Los 13 perros y ocho gatos que protegen estuvieron varias horas aislados antes de que pudieran rescatarlos debido a que las escaleras de acceso al refugio se desplomaron. La Iglesia de Cuyagua sufrió daños, al día siguiente del terremoto los devotos sacaron la imagen de la Virgen de la Inmaculada Concepción a la plaza y a su alrededor la gente del pueblo, donde no hubo muertos ni heridos, rezó por los fallecidos y desaparecidos de Caracas y La Guaira. 

Mientras que decenas enceran sus tablas y se preparan para el acto colectivo, hay un surfista sin tabla quien a la orilla de la playa solo contempla el mar. Es Carlos Daniel Guzmán, de 30 años, habitante de Mare Abajo, quien dirige la escuela comunitaria de surf Team Espartanos que enseña la práctica del deporte a niños y niñas de Mare. Carlos perdió a su madre, Omaira Guzmán, de 38 años, enfermera y una víctima más de los terremotos.

Leo Álvarez | @oelzer
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La madre cuidaba de un adulto mayor en una casa en Playa Grande al momento de los sismos. Durante el temblor el techo se desplomó sobre ellos. Fue Carlos quien con sus propias manos sacó a su mamá de debajo de los escombros, pasadas las 48 horas del evento, porque ninguna autoridad o cuerpo de rescate hizo acto de presencia en ese lugar. 

“El primer cuerpo que llegó la madrugada del sábado 27 de junio a la morgue de Los Silos de La Guaira fue el de mi mamá. Pasé la noche entera esperando que me la entregaran. Tenía miedo de que entre tanto desorden su cuerpo se perdiera, nunca me fui de ahí hasta que me la dieron. Finalmente, le pude dar santa sepultura”, cuenta Carlos, quien no se siente aún preparado para entrar al mar. “Vine a acompañar a mis hermanos de mar, pero no puedo surfear”, reitera. 

Cerca de las diez de la mañana unos cien surfistas conforman un círculo humano sobre la arena. Unos compañeros reparten ramilletes de flores blancas y violetas a cada uno de los asistentes, quienes se paran con firmeza junto a sus tablas de surf. Parecen unos soldados del mar.

Leo Álvarez | @oelzer
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“Esto es un llamado para nosotros quienes genuinamente hemos venido acá para responder desde una manera bonita, desde el corazón, unidos, dándole fuerza al deporte en un homenaje a esos surfistas que ya no nos acompañan y despedirlos en una ceremonia que es un momento especial. Venimos a rendirle honores a los nuestros”, con estas palabras Juan Santiago Monteverde da inicio al acto. 

Un surfista lee un fragmento del capítulo 38 del libro de Isaías de la Biblia, el llamado cántico de Ezequias, un himno de acción de gracias por la vida ante el dolor de la muerte. Luego se hace un minuto de silencio en memoria de quienes no podrán montar más olas. Al concluir el acto sobre la arena, Juan Santiago dice: “Los invito a entrar en el agua en la Playa Aeropuerto para continuar en el mar”.

Leo Álvarez | @oelzer
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Una hilera de surfistas con sus tablas y flores en mano camina en procesión por la ruta que conduce al mar hasta la playa de al lado. Algunos se persignan antes de entrar al agua. Otros rezan previo a comenzar a nadar. Uno se arrodilla en la orilla, levanta con su mano derecha un rosario y lo cuelga en su cuello. Poco a poco, se meten al agua. Luego se adentran en el mar acostados sobre sus tablas y remando con sus manos para avanzar. Algunos aprietan entre sus dientes los tallos de las flores para evitar que caigan al agua.

Leo Álvarez | @oelzer
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Entre los surfistas que participan en el ritual están José Manuel Alayeto, de 42 años, Franco Arato, de 49 años, y Giulio Galucci, de 32 años. También Ernesto Liendo, de 57 años, Luis Rangel, de 51 años. Aillen Villaroel, de 20 años, y Anette Gamboa, de 60 años, dos generaciones de mujeres surfistas. Y Ángel Zambrano, de 39 años, cuya tabla de surf en la que se lee la frase “Friends Company”. Fue una de las que marcó la peregrinación marina.

Mar adentro los surfistas conforman un círculo flotante. Por unos instantes se toman de las manos sobre sus tablas de surf en un símbolo de fraternidad. De nuevo, esta vez en el agua, algunos hacen una oración y dan unas palabras por la memoria y el descanso eterno de los hermanos caídos. Luego, todos en sincronía levantan sus manos al cielo con las flores en alto, las sacuden unos segundos y las lanzan al centro del círculo en una ofrenda a los fallecidos. A partir de entonces, manotean el agua hasta sacar espuma y gritan con todas sus fuerzas vítores hacia el cielo para despedir a los que partieron.

Leo Álvarez | @oelzer

Como una señal mística, unos minutos después, el mar del oeste de La Guaira se alebrestó y ofreció buenas olas para surfear a los miembros del círculo. Aunque hay distintas versiones sobre la ceremonia, el ritual tiene un origen ancestral que se remonta a los pueblos de la Polinesia y el primer registro documentado ocurrió en Hawai, en las playas de Waikiki, a principios del siglo XX. 

Leo Álvarez | @oelzer

“Este ritual es un símbolo espiritual de la cultura del surf. Es un círculo sagrado el que nos une”, dice Humberto Goncalves, de 50 años, quien comparte el acto junto a su pequeña hija de cinco años de nombre Praia (playa en portugués). La niña, quien lleva flotadores en ambos brazos con ilustraciones de princesas de Disney, es la única que sostiene flores amarillas en el círculo, unas margaritas, porque las del resto de los surfistas son blancas o violetas. “Traje a mi hija porque ella es una vida que comienza”, agrega Humberto. 

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*El periodismo en Venezuela se ejerce en un entorno hostil para la prensa, con decenas de instrumentos jurídicos dispuestos para el castigo de la palabra, especialmente las leyes “contra el odio”, “contra el fascismo” y “contra el bloqueo”. Este contenido está siendo publicado teniendo en consideración las amenazas y límites que, en consecuencia, se han impuesto a la divulgación de informaciones desde dentro del país.

Provea advierte que la opacidad estatal posterremotos vulnera cinco derechos fundamentales

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A más de un mes del doblete sísmico que sacudió a Venezuela el pasado 24 de junio, la falta de información oficial mantiene a miles de familias en una incertidumbre absoluta.

En una publicación difundida en Instagram, la ONG Provea advirtió que la opacidad estatal no solo entorpece la reconstrucción, sino que vulnera de forma directa al menos cinco derechos humanos fundamentales.

La organización alertó también que la falta de datos impacta de forma directa la capacidad de respuesta de la sociedad civil, por lo que añadió que la ausencia de transparencia paraliza a la población de forma sistémica:

“Sin datos, las familias no pueden tomar decisiones, las comunidades no pueden organizarse y las víctimas no pueden exigir responsabilidades (…) La transparencia no es un favor del Estado venezolano; es una obligación de sus compromisos en materia de derechos humanos”, sentenció la ONG.

Derecho a la verdad y la búsqueda de personas desaparecidas

El Estado reportó 157 personas desaparecidas el 25 de junio y congeló esa cifra, dejando de actualizar el registro mientras las iniciativas ciudadanas denuncian miles de personas con paradero desconocido.

Asimismo, las autoridades detuvieron el boletín diario de fallecidos el 24 de julio con una cifra de 5.546 víctimas. Esta situación ha causado que las familias sigan buscando a las personas desaparecidas “sin acompañamiento del Estado”.

Derecho a la salud y a la atención médica

La organización alertó que las autoridades ocultan la capacidad hospitalaria real, la disponibilidad de tratamientos y el nivel de atención especializada en las zonas afectadas, alertando que la incertidumbre “también afecta el derecho a la salud”.

Derecho a una vivienda digna y a la protección de las familias desplazadas

Provea recordó que el gobierno interino reportó 23 811 personas ubicadas en 107 campamentos temporales, pero no detalla cuántas son niños, personas con discapacidad o adultos mayores con enfermedades crónicas, ni precisa cuánto tiempo permanecerán allí.

Además, el Estado inició la demolición del complejo habitacional Luisa Cáceres de Arismendi, en Catia La Mar, sin informar con transparencia si cumplió con los protocolos previos de búsqueda de víctimas y restringió la cobertura de la prensa mediante la Guardia Nacional Bolivariana (GNB).

Derecho a la educación

A pocas semanas del inicio del año escolar, el Estado no ha publicado datos sobre la cantidad de escuelas que quedaron inhabitables ni sobre la cifra de estudiantes y docentes damnificados. Esta omisión deja a miles de niños y jóvenes sin saber dónde, cuándo ni en qué condiciones retornarán a las aulas.

Derecho al acceso a la información pública y rendición de cuentas

La ONG recordó que el Banco Mundial estimó en 19 600 millones de dólares los daños directos del doble terremoto, pero el Estado no ha explicado cómo gestiona los recursos públicos ni los fondos de ayuda humanitaria destinados a la reconstrucción. Ante esa situación, la organización enfatiza que la en medio de una emergencia como esta, “la información también es ayuda humanitaria”.

*El periodismo en Venezuela se ejerce en un entorno hostil para la prensa, con decenas de instrumentos jurídicos dispuestos para el castigo de la palabra, especialmente las leyes “contra el odio”, “contra el fascismo” y “contra el bloqueo”. Este contenido está siendo publicado teniendo en consideración las amenazas y límites que, en consecuencia, se han impuesto a la divulgación de informaciones desde dentro del país.

La Conversa | Mirla Pérez: “Para que haya una reconstrucción sostenida y justa, el país y la política tienen que ser reorientadas”

Para la socióloga Mirla Pérez, la reconstrucción sostenida de la democracia requiere reorientar el rumbo político del país y garantizar condiciones que permitan a los venezolanos desarrollarse y mejorar su calidad de vida. 

Pérez señaló que, tras el doble evento sísmico, los ciudadanos comenzaron a preguntarse cómo reconstruir sus vidas. Ante la percepción de abandono institucional, surgió la convicción de que la recuperación no depende únicamente de levantar nuevamente las zonas afectadas, sino también de impulsar un cambio político que garantice la protección de los derechos y ofrezca oportunidades reales de crecimiento.

La investigadora social fue la invitada en la edición de La Conversa de la Alianza Rebelde Investigar (ARI) conformada por Runrunes, TalCual y El Pitazo, de este martes 28 de julio. En el programa titulado Venezuela: ¿Puede haber reconstrucción sin democracia? en el que participaron Luis Ernesto Blanco, director de Runrunes y Víctor Amaya, director de TalCual.

La solidaridad comunitaria sostuvo a los venezolanos

La socióloga destacó que, durante la emergencia del 24 de junio, la respuesta más efectiva surgió de la propia comunidad. La solidaridad, la organización y el apoyo mutuo permitieron a los venezolanos enfrentar la crisis. 

“Como comunidad avanzamos. Eso terminó solidificandose porque fue lo que emergió como el verdadero acompañante de todo este proceso. Eso le da mucha fuerza a esa identidad del venezolano, que está apostando permanentemente por el otro. Yo creo que es una parte de mucha fortaleza y eso es lo que nos está ayudando en este momento y nos puede seguir ayudando (en el futuro)”, subrayó. 

Para la especialista, el acompañamiento comunitario también se demostró en las elecciones presidenciales del 28 de julio de 2024. “El ejemplo del 28 de julio fue una gesta extraordinaria. Tenemos un avance importante que es la capacidad de resiliencia, de organización y de proyectar nuestro futuro”. 

El liderazgo de MCM como guía de esa expresión colectiva

A su juicio, el liderazgo de María Corina Machado complementa esa expresión colectiva de solidaridad, el cual va acompañando a esa ciudadanía en el proceso de “redimensión de las organización políticas e institucionales”. 

“Junto con esta resiliencia y capacidad de organización, tenemos un liderazgo legítimo, que va acompañando el proceso de redimensión de las distintas organizaciones políticas e institucionales, desde el sentido que la comunidad le va dando y en compañía con alguien que evidentemente lo catapulte y lo coloque como una posibilidad real de transformación”, concluyó.  

Por Yorman Guaje

*El periodismo en Venezuela se ejerce en un entorno hostil para la prensa, con decenas de instrumentos jurídicos dispuestos para el castigo de la palabra, especialmente las leyes “contra el odio”, “contra el fascismo” y “contra el bloqueo”. Este contenido está siendo publicado teniendo en consideración las amenazas y límites que, en consecuencia, se han impuesto a la divulgación de informaciones desde dentro del país.

La perla de Rubio sobre Venezuela: “No estamos en la era de la paciencia, pero estas cosas llevan tiempo”

El secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, afirmó este sábado, 1 de agosto, ser consciente de que la situación en Venezuela es apremiante, pero que “lleva tiempo” y por ello se han apegado al plan de “tres fases” anunciadas en enero tras la captura de Nicolás Maduro, las cuales conducirán hacia una eventual transición democrática.

En una entrevista concedida al programa My View with Lara Trump de Fox News, Rubio dijo saber que el país no está “en la era de la paciencia y la perseverancia, pero estas cosas llevan tiempo”. Además, recordó que el chavismo es un sistema que lleva más de 25 años funcionando y “son raíces profundas con las que hay que lidiar”.

“Además, es un país que enfrenta muchos problemas, me refiero a muchos problemas económicos, sin mencionar que ahora han sufrido un terremoto”, añadió el secretario de Estado norteamericano.

Rubio recordó su plan de tres fases, siendo la primera donde la “prioridad era la estabilización”, asegurando que el gobierno estadounidense no quería “que el país se sumiera en una guerra civil, migraciones masivas, disturbios sociales, etc”. La segunda fase, mencionó, es la de recuperación, “en la que creo que ya estamos”.

“Obviamente, el terremoto añade complejidad. Es fundamental contar con una economía que funcione. Se necesitan leyes, normas y reglamentos vigentes para que los inversores estadounidenses y de todo el mundo puedan invertir con seguridad y generar prosperidad”, añadió.

Por último, la fase final contempla una transición. Sobre esto, Rubio indicó que “en algún momento deben celebrarse elecciones legítimas en todos los niveles para que la gente sepa que el gobierno actual es un gobierno legítimo elegido por su pueblo”. Para llegar a ese punto, el primer paso “es la reconciliación nacional”.

“Se trata de un pueblo que ha estado dividido políticamente durante mucho tiempo, y habrá que considerar modelos como el que se dio en Europa del Este tras la caída de la Unión Soviética. Creo que el papel que el gobierno de Estados Unidos puede seguir desempeñando es el de facilitador de todo esto”, acotó.

*El periodismo en Venezuela se ejerce en un entorno hostil para la prensa, con decenas de instrumentos jurídicos dispuestos para el castigo de la palabra, especialmente las leyes “contra el odio”, “contra el fascismo” y “contra el bloqueo”. Este contenido está siendo publicado teniendo en consideración las amenazas y límites que, en consecuencia, se han impuesto a la divulgación de informaciones desde dentro del país.

La gente tuvo que suplir la ausencia del Estado en las horas más críticas posterremotos

El 24 de junio, dos terremotos sacudieron a Venezuela y revelaron dos realidades irreconciliables. Por un lado, la propaganda oficial transmitió un despliegue impecable: miles de funcionarios movilizados en minutos, puentes aéreos operativos y fondos de ayuda activados al instante. 

Por el otro, el silencio y el desamparo sepultaron a las víctimas en las 72 horas más críticas del desastre. En ese lapso, conocido como la ventana vital para salvar vidas, la respuesta institucional no llegó y fue la propia ciudadanía la que tuvo que escarbar entre los escombros para rescatar a los suyos.

Mientras el gobierno afirmaba controlar la emergencia, Rómulo Gedler caminaba entre el caos de La Guaira buscando a su madre atrapada en un piso 9 y asimilaba una dura certeza: los bomberos eran los familiares de las víctimas.

Versión promovida por el oficialismo

En un video publicado en los canales del Ministerio para la Comunicación y la Información, el oficialismo calificó su actuación como inmediata y efectiva. Según este relato gubernamental, el despliegue de seguridad y rescate comenzó apenas minutos después de los sismos e inició con 2500 efectivos de la FANB, la PNB y Protección Civil, una cifra que, según afirmaron, escaló posteriormente a 25 000 funcionarios apoyados por un puente aéreo logístico.

El oficialismo sostuvo que la respuesta institucional siguió un cronograma estricto bajo las órdenes de Delcy Rodríguez, quien decretó la emergencia nacional y declaró a La Guaira como zona de desastre la misma noche del 24 de junio. En dicha versión se aseguró que, en un lapso de seis horas, se solicitó apoyo a las Naciones Unidas para la llegada de rescatistas internacionales, quienes supuestamente aterrizaron en el país antes del amanecer del día siguiente. Asimismo, afirmaron que se ordenó la atención inmediata de los heridos tanto en el sistema de salud público como en el privado.

Respecto a la gestión económica y social, el oficialismo recordó la activación de un fondo de 200 millones de dólares para la reconstrucción y asignado bonos de ayuda a través del Sistema Patria 12 horas después del evento. En el material audiovisual se indicó que la presidenta encargada –bajo tutela estadounidense– inspeccionó los protocolos de atención y que se coordinó con el sector privado el envío de maquinaria para despejar las vías. Además, la versión gubernamental justificó la militarización de La Guaira como una medida necesaria para “garantizar el flujo logístico de emergencia” y el acceso de la ayuda humanitaria.

Finalmente, el oficialismo aseguró que para el 27 de junio ya se encontraban trabajando más de 30 000 personas en la zona de desastre, incluyendo médicos, psicólogos y militares. Según sus cifras, en la denominada “ventana vital” de 72 horas, habrían rescatado con vida a miles de ciudadanos, habrían garantizado más de 12 000 atenciones médicas y resguardado a 3142 familias en lo que denominaron “campamentos transitorios dignos”.

“Entendí que el bombero tendría que ser yo”

La narrativa del despliegue masivo y la atención inmediata se desmorona al escuchar a quienes estuvieron atrapados al otro lado de la emergencia. Para Rómulo Gedler, de 32 años, las horas posteriores al doble terremoto no estuvieron marcadas por ambulancias ni rescatistas estatales, sino por la desesperación de saber a su madre -de 66 años-atrapada en el piso 9 de las Residencias Costa Dorada, ubicada en Playa Grande.

El doblete sísmico destruyó casi la totalidad de su vivienda. “De ese lado del edificio se fue el 90% del apartamento hacia abajo, incluyendo la entrada de mi casa. Únicamente quedó un pedacito de la sala, el pasillo de lavandería, un baño y un cuartico pequeño, este último fue el lugar donde ella se refugió por casi tres horas”, relató Gedler en entrevista con Runrun.es. Desde Caracas, inició una travesía a pie y pidiendo cola en la autopista para intentar socorrerla en medio del caos.

Al llegar a La Guaira, la ausencia de los cuerpos de auxilio prometidos por la propaganda estatal fue evidente. “Catia la Mar estaba sumida en una histeria colectiva. Había gente saliendo de los escombros, polvo suspendido en el aire, estructuras colapsadas y focos de incendio por todas partes. La avenida era un cementerio de escombros y personas corriendo despavoridas. Vi horrores en cada esquina. Caminaba con la esperanza de encontrar un bombero, pero fue imposible; no había nadie atendiendo las emergencias. Poco a poco asimilé la dura realidad: el bombero tendría que ser yo”, recuerda.

La ayuda institucional jamás llegó a su edificio. El rescate de su madre, ocurrido cerca de las 9:00 de la noche, fue una labor puramente familiar. “Pudo rescatarla finalmente un tío y un vecino, a eso de las 9 de la noche, se tuvo que romper una pared del apartamento de al lado”, explica Rómulo, señalando que esa brecha en la pared del vecino representó la única vía de escape física tras la destrucción del acceso principal.

Gedler recalca que el abandono estatal no fue una percepción aislada de su familia, sino un patrón generalizado en el sector. Dijo haber visto que la ayuda se concentraba, en su mayoría, en la Opppe 36, donde se ubican las residencias Luisa Cáceres de Arismendi; y en el Urbanismo Hugo Chávez, ambos de la Gran Misión Vivienda Venezuela.

“Se nota que no estaban preparados para afrontar desastres. Desde un principio no se vio a ningún bombero ni funcionario de defensa civil, la respuesta mínima tardó bastante en llegar, no se dio la atención debida ni rápida en las primeras horas”, relata.

Incluso, la búsqueda de sobrevivientes entre los escombros colindantes quedó a la deriva. “En el primer mes únicamente se contó con la ayuda de voluntarios y familiares de los desaparecidos, en estos últimos días sí se ha visto más movimiento de entidades estatales para ayudar a sacar los restos de aquellos familiares que aún no han podido tener un cierre”, concluye.

La huella digital que no pudo ser borrada

Las fallas en la gestión del desastre no solo quedan al descubierto con el testimonio de Rómulo Gedler, sino también cuando las denuncias sobre la inacción y el rol de los cuerpos de seguridad cobraron fuerza. La retórica oficial sobre un operativo impecable colisionó con la realidad en el terreno, donde la presencia del Estado se tradujo en obstáculos para el socorro y en maniobras comunicacionales para maquillar la ausencia institucional.

El 28 de junio, en el sector Caraballeda, decenas de personas que trabajaban exhaustas en las labores de socorro confrontaron a un grupo de efectivos de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB) que se limitaba a vigilar la zona. Un voluntario con mascarilla y linterna en el rostro encaró a los funcionarios armados y les exigió sumarse al trabajo físico: “Para echarnos plomo y coñazo, sí. Cuando están en la autopista en la Francisco Fajardo son malotes. Demuéstrenme su maldad aquí con un pico y una pala”, reclamó uno de ellos, ante la mirada inerte de los militares.

Esa misma fijación por la vigilancia paralizó las tareas de salvamento de equipos especializados. El 29 de junio, Francisco Lermanda, representante de la organización de rescatistas Topos de Chile, denunció que militares venezolanos hostigaron repetidamente a su personal dentro de la zona de desastre. Mientras los rescatistas trabajaban en los túneles de edificios colapsados, los funcionarios armados interrumpían las maniobras para exigirles documentos de identidad bajo la sospecha de un presunto espionaje.

A este patrón de amedrentamiento se sumaron los intentos del aparato estatal por fabricar una imagen de eficiencia. El 29 de junio, la propia FANB publicó un video en sus redes sociales para mostrar a sus uniformados en supuestas tareas de salvamento. Sin embargo, la reacción de la ciudadanía en las plataformas digitales fue inmediata: cientos de usuarios señalaron que los militares solo movían tierra y piedras de forma improvisada, sin seguir ningún protocolo real de búsqueda de sobrevivientes. Ante la ola de indignación y las críticas que exponían el montaje, la institución armada terminó eliminando la publicación horas más tarde.

La lenta respuesta del Gobierno en la emergencia quedó asentada en un informe de Transparencia Internacional, en donde se comparó el despliegue de las autoridades venezolanas con las de otros países que enfrentaron desastres socioambientales.

De acuerdo con este reporte, el despliegue de autoridades a las 24 horas era de solo 12,6%; a las 48 horas fue de 38,6% y al octavo día aún no llegaba al 60% (59,7%).

La investigación precisa que en las primeras 24 horas, Venezuela desplegó 4000 funcionarios civiles y militares (12,6% de su total) “y su fuerza no alcanzó el máximo de despliegue declarado —3 .837 efectivos— hasta el día 18, según el parte oficial del 12 de julio, mucho después de cerrarse la ventana de rescate de 72 horas”.

 Cuando Chile enfrentó un fuerte sismo en 2010, 71% del despliegue ya estaba garantizado a las 72 horas. En Turquía -terremoto de 2023- , el 72,2% de funcionarios fueron desplegados al quinto día, mientras que en  Haití -2010– un 80% del personal de salvamento ya estaba desplegado al quinto día.

El informe asegura que de las 19 861 personas que sobrevivieron en La Guaira, “el grueso lo hizo por auto evacuación o rescate local en las primeras 48 horas; los primeros equipos USAR extranjeros de El Salvador, México y República Dominicana llegaron al cierre del segundo día, unas 48 horas después, y el grueso del contingente en los días siguientes”.

Activismo critica la gestión estatal durante las primeras horas

Carolina Jiménez Sandoval, presidenta de WOLA, calificó la actuación del Estado venezolano tras el doble terremoto del 24 de junio como una desprotección total hacia los sobrevivientes. 

Durante una entrevista concedida el pasado 7 de julio al programa La Conversa de la Alianza Rebelde Investiga (ARI) conformada por Runrunes, TalCual y El Pitazo, Jiménez Sandoval aseguró que el gobierno nacional actuó como el “gran ausente” en medio de la tragedia que asoló al país. La experta enfatizó que el sentimiento de abandono predominó entre las víctimas, quienes no percibieron el acompañamiento de las instituciones oficiales en los momentos de mayor necesidad.

Jiménez explicó que la falla principal ocurrió durante las primeras 48 horas, periodo que definió como la “ventana de oportunidad” crucial para salvar vidas. Según sus declaraciones de aquel momento, “fue en esa ventana en donde mayor ausencia del Estado se sintió”, una situación que obligó a la sociedad civil a tomar las riendas de la emergencia. 

“La incapacidad de cómo el Estado mostró que está muy hueco por dentro hizo que fueran pues la mayoría los propios ciudadanos voluntarios rescatistas voluntarios quienes se dedicaran a las labores de rescate”.

La denuncia de la activista se extendió a la forma en que el Estado ejerció su presencia, la cual asoció más con el control que con la asistencia humanitaria. Además, relató su experiencia al intentar visitar el hotel sanitario en La Guaira, donde permanecían cientos de deportados desde Estados Unidos, y señaló que “la presencia del Estado existe pero existe para reprimir”. 

La experta criticó que el Sebin custodiara estos centros y limitara el flujo de información utilitaria para los familiares. “Yo no conozco otro país en donde sea la policía política quien gestione un centro de deportados”, puntualizó.

La analista comparó la situación de Venezuela con la de un estado fallido, señalando que la respuesta gubernamental resultó ineficiente a pesar de los recursos del país. “Venezuela fue un país en alguna vez que podía atender mejor estos desastres y que 20 o 25 años después ha quedado con un estado hueco”, expresó. 

Para la reconstrucción, consideró indispensable la gobernabilidad y la legitimidad, argumentando que resultaba “muy difícil llevar a cabo un proceso de reconstrucción con autoridades que no representan la voluntad popular”.

El derecho a la vida quedó sepultado

En las horas posteriores a los sismos,  y debido justamente a los constantes señalamientos en contra de las autoridades venezolanas por no garantizar derechos esenciales en el país, organizaciones como Amnistía Internacional instaron rápìdamente a “brindar asistencia responder a los terremotos en cumplimiento de las normas humanitarias y de respuesta ante desastres, así como del derecho internacional de los derechos humanos”.

Al no garantizar de forma oportuna las labores de búsqueda y rescate de quienes quedaron bajo los escombros, se vulneraron derechos fundamentales como el derecho a la vida, el principio de garantía general de los derechos humanos y el deber de protección civil y seguridad ciudadana, consagrados en normativas nacionales e internacionales. 

La jurisprudencia interamericana impone obligaciones a cada Estado para actuar de manera diligente ante riesgos inmediatos a la vida humana en desastres. De igual forma, artículo 6 del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos (PIDCP), al proteger el derecho supremo a la vida, exige que los gobiernos adopten medidas activas de salvamento y protección frente a catástrofes

Los estándares de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH): obligan a los Estados a priorizar la vida, la asistencia humanitaria sin discriminación y la transparencia informativa en emergencias complejas.

En lo que respecta a la normativa local, la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela (CRBV) obliga al Estado a garantizar a toda persona el goce y ejercicio irrenunciable de los derechos humanos bajo el principio de progresividad (artículo 19) y en el artículo 55 establece el derecho a la protección por parte del Estado frente a situaciones que amenacen o vulneren la seguridad ciudadana y la vida de los habitantes.

Justo el pasado 29 de julio, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) y su Relatoría Especial sobre Derechos Económicos, Sociales, Culturales y Ambientales (Redesca) denunciaron que persistían vacíos estadísticos oficiales por parte del gobierno venezolano y mostraron preocupación por el número de personas no localizadas, un vacío que -indican-  la sociedad civil cifra en 29 484 personas desaparecidas. 

*El periodismo en Venezuela se ejerce en un entorno hostil para la prensa, con decenas de instrumentos jurídicos dispuestos para el castigo de la palabra, especialmente las leyes “contra el odio”, “contra el fascismo” y “contra el bloqueo”. Este contenido está siendo publicado teniendo en consideración las amenazas y límites que, en consecuencia, se han impuesto a la divulgación de informaciones desde dentro del país.