La Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC) del Departamento del Tesoro de los Estados Unidos anunció este miércoles, 1 de abril, la eliminación de sanciones contra Delcy Rodríguez, presidenta encargada con el aval de Donald Trump. Rodríguez fue eliminada de la Lista de Nacionales Designados y Personas Bloqueadas (SDN, por sus siglas en inglés).
La medida revoca el bloqueo de sus activos bajo jurisdicción estadounidense y permite, a partir de esta fecha, que ciudadanos y entidades de los EE. UU. realicen transacciones financieras con Rodríguez sin las restricciones previamente impuestas por las órdenes ejecutivas relacionadas con la situación en Venezuela.
Delcy Rodríguez había sido sancionada inicialmente por la OFAC el 25 de septiembre de 2018 bajo la Orden Ejecutiva 13692, acusada de ser una figura clave en el entorno de Nicolás Maduro que contribuyó a la crisis política y económica en Venezuela, así como a la corrupción y la represión.
Durante casi ocho años, los activos que Rodríguez tenía en suelo estadounidense estuvieron bloqueados. Cualquier transacción entre ciudadanos y empresas de Estados Unidos con ella estuvieron vetadas, hasta ahora.
Esta acción ocurre apenas 48 horas después de que Estados Unido reabriera formalmente su Embajada en Caracas, tras siete años de clausura. La misión es liderada actualmente por la jefa de misión Laura Dogu. También una misión diplomática venezolana revisó las instalaciones de la Embajada en Estados Unidos.
*El periodismo en Venezuela se ejerce en un entorno hostil para la prensa, con decenas de instrumentos jurídicos dispuestos para el castigo de la palabra, especialmente las leyes “contra el odio”, “contra el fascismo” y “contra el bloqueo”. Este contenido está siendo publicado teniendo en consideración las amenazas y límites que, en consecuencia, se han impuesto a la divulgación de informaciones desde dentro del país.
La Semana Santa fue sustituida en Venezuela, durante 27 años, por una política de Estado que ha pretendido, propaganda mediante, presentar al país como el reino de la felicidad
Si existe un momento apropiado para mirar por el retrovisor —sea a nivel personal o colectivo— en torno al destino de un país, es la Semana Mayor. Es un signo de recogimiento e introspección, tal como vemos en otras latitudes: en la recoleta procesión de Sevilla, en España, o en Filipinas, donde representa una conmemoración profundamente religiosa y solemne, marcada por tradiciones únicas que fusionan el catolicismo con ritos penitenciales intensos, como crucifixiones reales y autoflagelaciones.
A escala mundial, es el espacio de encuentro de aproximadamente 1500 millones de católicos. Gentío que, bajo la orientación del papa León XIV, une sus oraciones por el cese de las guerras que azotan al planeta, la distribución justa de la riqueza universal, la protección de los migrantes y la superación del odio racial que divide a los pueblos.
Lamentablemente, esta conmemoración fue sustituida en Venezuela, durante 27 años, por una política de Estado que ha pretendido, propaganda mediante, presentar al país como el reino de la felicidad. El gobierno extendió el asueto a toda la semana, pretendiendo, con pan y circo, la extinción del Estado de bienestar de la memoria colectiva.
Semana de disfraces
Tras la resaca, la población volverá a la cruda realidad de una nación en ruinas. Un país desmantelado por los cuatro costados, ofertado al detal y sin servicios públicos de mínima calidad; con empleos sin porvenir, que apenas sirven para subsistir. En suma, un país desmoralizado; eso sí, con la promesa de “cambio” de la mandataria interina, copartícipe de la estafa consumada contra una nación otrora próspera.
Esta Semana Mayor de 2026 se desenvuelve en un escenario diferente al resto de las conocidas a lo largo del siglo XXI. Contiene la oportunidad de reagrupar voluntades, unir esfuerzos y concretar zonas de distensión que integren posiciones divergentes. Para ello, se requiere abandonar el sectarismo y asumir los fracasos con dignidad.
De este espacio de contrición no escapa nadie ante el terreno cedido al régimen. Debemos hurgar en los errores cometidos en las distintas plataformas partidistas opositoras, en la fragmentación del mundo sindical y gremial orquestada en las coaliciones, y en el abandono al liderazgo social en las diferentes protestas. Debería ser una posición por asumir para no cometer los mismos errores.
Debo manifestarles que el tema trae a mi memoria alguna anécdota lejana en el tiempo, cuando era otra Venezuela: la de mi infancia en un recóndito pueblo de la pampa portugueseña, el inolvidable Turén, famoso por su colonia agrícola y por el significado de su nombre que, según un filólogo salesiano, provenía de la lengua de la tribu Atures y significa «calor».
Resulta que una mañana de Semana Santa turenense a 40 °C, vi en el ágora del pueblo —la plaza del Samán— a una multitud de campesinos aglomerada alrededor de un indígena de aceitunada cabellera con una boa constrictora «tragavenado» rodeándole el cuello. Este le prometía al campesinado una cosecha copiosa y de calidad a cambio de un bolívar de plata. Requirió al público una moneda por cabeza, la cual retornaría «exorcizada» de toda clase de pava (maldición) a cambio de cierta cantidad de dinero. Ante tal promesa, la masa alborotada depositó sus monedas en una olla de peltre.
Ipso facto, el hechicero indígena preparó el «milagro». Mientras el público estaba absorto con los movimientos de la voluminosa serpiente sobre su cuello, operaba el sortilegio al calor de los 40 °C y, por el efecto del mercurio impregnado previamente en el fondo del recipiente sobre las monedas de Bs. 1 (signo monetario de la época), una lluvia de cenizas desprendía de cada moneda.
Las cenizas eran la «pava» y el bolívar purificado era el amuleto protector contra los avatares del tiempo, las plagas y las malas cosechas. El ingenioso indígena les «devolvía» la preciada protección —propiedad de cada uno— por la suma de 20 Bs. Un negocio redondo para el estafador de turno.
Por tanto, dejo a la interpretación de cada lector cuánto se aproxima esto a la inédita situación que conoce nuestro país, pensando que los tiempos pasan, pero las promesas quedan, especialmente cuando la población es víctima de los cantos de sirena desde el poder a cualquier nivel. Como reza el final de las películas de ficción: cualquier parecido con la actualidad es pura coincidencia.
A través de sus redes sociales, el canciller de Venezuela,Yván Gil, aseguró que la Organización de los Estados Americanos (OEA) carece de competencia para pronunciarse sobre los asuntos internos de Venezuela, a propósito del exhorto que hizo este organismo en torno a la designación de un fiscal general de la República y un defensor del Pueblo.
“La Organización de los Estados Americanos carece de toda competencia para pronunciarse sobre asuntos internos de Venezuela, país que no forma parte de dicho organismo”, indicó el diplomático venezolano en su canal de Telegram.
Gil se refirió al pronunciamiento del secretario general de la OEA, Albert Ramdin, quien solicitó transparencia en el proceso de designación de los funcionarios públicos que renunciaron este año y cuyo proceso de selección depende de la Asamblea Nacional controlada por el chavismo.
“Las autoridades venezolanas deben asegurar que los procesos de designación del fiscal general y del defensor del pueblo cumplan con estándares mínimos de transparencia, mérito y participación ciudadana”, declaró Ramdin en un mensaje publicado en X.
“Resulta profundamente disonante que un funcionario de esa instancia pretenda opinar sobre procesos que corresponden exclusivamente al pueblo venezolano y a su orden constitucional”, agregó Gil.
El canciller asomó que Ramdin parece estar siguiendo el “nefasto legado de su antecesor Luis Almagro, quien fue conocido por su aversión al gobierno nacional y por apoyar a la ultraderecha venezolana”.
Ramdin dijo que la elección de nuevas autoridades que ofrezcan garantías de independencia puede representar un paso hacia la reconciliación nacional y transición democrática, luego de la captura de Nicolás Maduro y Cilia Flores el pasado 3 de enero por parte de las fuerzas armadas estadounidenses.
Durante el mandato de Maduro en 2017 y con la actual presidente encargada, Delcy Rodríguez, como representante ante esa instancia, Venezuela hizo pública su intención de retirarse de la OEA de manera formal y dos años después el proceso se formalizó.
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Este lunes, 31 de marzo, estudiantes de la Universidad Central de Venezuela (UCV) enviaron un mensaje a la profesora Ana María Sanjuan tras ser nombrada como Ministra de Educación Universitaria.
A través de un video publicado en X, estudiantes de la casa de estudios calificaron la gestión del ministro saliente, Ricardo Sánchez, como una de “los peores de la historia” y denunciaron que “ha quebrado por completo al estudiantado”.
Los estudiantes hicieron un llamado a la nueva ministra “a ser luz y no sombra” en la casa de estudios.
“La UCV está exigiendo lo que le corresponde por ley. Si su gestión viene a ser más de lo mismo: más control y mas intervención, se encontrará con una comunidad decidida a pelear su autonomía en las aulas y en las calles”, expresaron los estudiantes.
En respuesta al audiovisual, Sanjuán contestó que en apenas 11 días que lleva como ministra y que en el día tres se reunió con las máximas autoridades de la UCV. “Acordamos agenda de trabajo y estamos avanzando”, aseguró.
“¡Muchachos! Los invito a dialogar y trabajar ¡aquí estoy! Pd:Su mensaje pudo haber sido más propositivo ¡Los sigo esperando!”, expresó.
Hoy tengo once días como ministra del MPPEU El día tres me reuní con las máximas autoridades de la UCV, acordamos agenda de trabajo y estamos avanzando.
¡Muchachos! Los invito a dialogar y trabajar ¡aquí estoy!
La designación de Sanjuan ha generado expectativas y cuestionamientos dentro de la comunidad universitaria, que insiste en que cualquier gestión debe priorizar la autonomía, el financiamiento y la recuperación de las condiciones académicas.
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En el marco de su estrategia corporativa de sostenibilidad y como miembro de la Alianza por la Educación, Mercantil inició en marzo una serie de talleres de formación de directores de escuela en su sede principal en Caracas. Este programa aspira otorgar herramientas estratégicas para favorecer y mejorar el liderazgo de los directores dentro de sus instituciones.
El programa de formación de directores funciona bajo la modalidad de talleres presenciales, para instituciones educativas de Caracas y zonas aledañas, y virtuales para la formación de directores en otros estados del país. Los temas se enfocan en el manejo del clima organizacional, gerencia educativa, gestión escolar y estrategias de liderazgo.
La formación de los directores es impartida por 37 gerentes de Mercantil Banco y Mercantil Seguros, quienes forman parte del Voluntariado Mercantil y recibieron una formación conjunta del Instituto de Estudios Superiores de Administración (IESA) y de la Alianza por la Educación en materia de gestión escolar.
La Alianza por la Educación tiene como objetivo movilizar recursos, conocimientos y tecnología para potenciar la formación de docentes y directores, la escuela digital y la formación para el trabajo, reuniendo por un mismo propósito a universidades, organizaciones de la sociedad civil y empresas privadas.
“En Mercantil creemos en el poder transformador de la educación como un motor de la sociedad. A lo largo del año, estimamos formar a través de este proyecto a más de 400 docentes a escala nacional”, dijo María Elena Branger, gerente de Sostenibilidad de Mercantil.
El programa de directores de escuela se alinea y apunta al cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, planteados por la Organización de Naciones Unidas (ONU), específicamente con el objetivo N° 4 educación de calidad y el N°10 reducción de las desigualdades.
La congresista republicana María Elvira Salazar pidió al secretario del Departamento de Seguridad Nacional (DHS, por sus siglas en inglés), Markwayne Mullin, reanudar los trámites de ciudadanía y ceremonias de naturalización para solicitantes venezolanos y cubanos, manteniendo rigurosos controles de seguridad.
En la carta enviada a Mullin el 31 de marzo, la congresista plantea tres acciones concretas: reactivar el procesamiento de beneficios migratorios y naturalizaciones, preservar los filtros de seguridad reforzados y retomar de inmediato las ceremonias de naturalización que han sido suspendidas.
Solo en el sur de la Florida, una de las regiones con mayor volumen de casos en todo el país, decenas de miles de solicitantes, muchos de ellos venezolanos y cubanos, “permanecen en un limbo migratorio” sin poder completar su proceso ni jurar como ciudadanos estadounidenses, de acuerdo con una nota de prensa del sitio oficial de la congresista María Elvira Salazar.
“Se trata de personas que huyeron de la persecución y la violencia, cumplieron con la ley y ya pasaron todos los controles de seguridad”, afirmó la congresista. “Han ganado el derecho a convertirse en ciudadanos, y podemos garantizar la seguridad sin retrasar ese proceso. Con el 250 aniversario de nuestra nación acercándose, no hay mejor manera de honrar nuestros valores que dando la bienvenida a nuevos ciudadanos”.
Salazar subrayó que los afectados son residentes permanentes legales que ya cumplen con todos los requisitos, y que no deberían enfrentar demoras innecesarias por razones administrativas.
Pidió también protección para venezolanos con TPS
El pasado 25 de marzo, María Elvira Salazar también firmó una petición que forzaría al Congreso a votar la Ley de TPS para Venezuela de 2025. Esta iniciativa busca proteger a venezolanos en suelo estadounidense de la deportación y brindarles estabilidad temporal mientras su país aún no es seguro.
Aunque Venezuela inició un proceso de cambio tras la captura de Nicolás Maduro en enero de este año, Salazar recordó que la seguridad de los ciudadanos en EE. UU. no podía depender de una estabilidad que aún es frágil. El proyecto de ley, que ella presentó originalmente en mayo de 2025 junto a los congresistas Darren Soto y Debbie Wasserman Schultz, ya establecía desde entonces la urgencia de otorgar 18 meses de estatus legal y permiso de trabajo.
“Mientras eso no cambie de forma clara, debemos mantener nuestro compromiso con quienes ya cuentan con TPS, incluyendo procesos rigurosos de verificación. Esta acción se trata de hacer lo correcto: impulsar al Congreso a actuar y estar del lado de quienes huyeron de la represión”, señaló Salazar en una nota de prensa.
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¡Buenos días! Aquí te servimos El Mañanero de este miércoles, 1 de abril, ese rapidito de noticias que entra suave, pero despierta de golpe. El menú incluye “El primer sorbo”, una dosis fuerte de información para abrir los ojos, esa noticia que marca la agenda; “Recién salido del horno”, un resumen de los temas más importantes de las últimas horas; La “perla” del día, esa frase altisonante que te hará espabilar; “Lo que rompe en redes”, para que arranques la jornada a tono con los temas virales o tendencia en X, Instagram o TikTok; “Azuquita pa’l café”, un contenido curioso o inspirador para endulzar la mañana y “La ñapa”, con recomendaciones culturales, de información general o entretenimiento para que tu día tenga buen sabor hasta el próximo café.
El primer sorbo
En el marco del Día Internacional de la Visibilidad Trans, el Observatorio Venezolano de Violencia LGBTIQ+ denunció una “situación de desprotección estructural” derivada del incumplimiento estatal y la falta de voluntad política para garantizar derechos fundamentales.
El 31 de marzo marca una fecha de reivindicación global, pero en Venezuela funciona como un recordatorio de las promesas incumplidas. Tras casi dos décadas de vigencia de la Ley Orgánica de Registro Civil, la población trans en el país sigue enfrentando un escenario de exclusión agravado por lo que el Observatorio califica como “omisiones del Estado en materia de derechos humanos”.
Por tercer mundial consecutivo, la selección italiana de fútbol se quedó fuera de la Copa Mundial de Fútbol, tras perder en tiros penales frente al equipo de Bosnia.
Doce años amargos de ausencia en la máxima justa del fútbol para un país que llegó a ser tetracampeón del mundo.
ITALIA, FUERA DEL MUNDIAL POR TERCERA EDICIÓN SEGUIDA.
El venezolano José Franco debutó en las mayores con los Rojos de Cincinnati. La línea del maracayero fue de 1.2 IP, 3 H, 0 C.
“Ya hasta había hecho mercado” para comenzar en Louisville (Triple A), dijo en declaraciones previas antes del partido que significó su ascenso a las mayores.
Bienvenido José !!!
Jose Franco y su debut en las mayores con los #rojos
1 2/3 IP sin permitir carreras, le batearon 3 hits (todos sencillos) y se apuntó un Hold 🔐
Disfruta del tráiler de Supergirl: Woman of Tomorrow (2026), dirigida por Craig Gillespie, estrenado este 31 de marzo, que presenta a una Kara Zor-El (Milly Alcock) más cruda e irreverente que busca su lugar en el universo tras la destrucción de Krypton. La trama sigue a Kara, su perro Krypto y la joven Ruthye Marye Knoll en un viaje espacial de venganza y justicia.
En el banquillo no se sienta únicamente un hombre, sino una época, una nueva era en el orden público internacional, de la justicia penal, de la historia de la humanidad.
El proceso contra Nicolás Maduro en Nueva York irrumpe en la escena internacional como una de esas raras coyunturas donde el derecho penal deja de ser técnica y se convierte en relato histórico, trepidante, desafiante. Como advirtió Hannah Arendt, “el poder y la violencia no son lo mismo, pero cuando el poder se erosiona, la violencia emerge”. Podríamos añadir: cuando el poder se desploma, el derecho aparece como mecanismo de cierre, de transición o de disputa. Y cambia todo lo que lucía imbatible.
El paralelismo con Manuel Noriega es inevitable. Su captura tras la invasión de Panamá [1989] inauguró una lógica que hoy se consolida: la posibilidad de que EE. UU. ejerza jurisdicción penal sobre figuras estatales extranjeras mediante una combinación de fuerza y legalidad. Y de ahí un salto al poder político concedido por la justicia, es un capítulo a entender y redimir.
Más tarde, el juicio de Slobodan Milošević ante un tribunal internacional mostró otra variante: la justicia como escenario global, donde el banquillo adquiere valor simbólico más allá de la condena. Y el caso de Alberto Fujimori que ofrece un tercer modelo: el juicio interno como mecanismo de reconstrucción institucional.
El proceso de Maduro parece condensar estos tres arquetipos, pero con un matiz decisivo: la extraterritorialidad como herramienta central. No se trata de juzgar, sino de capturar, trasladar y procesar bajo un marco jurídico que —formalmente válido en el derecho estadounidense— tensiona principios clásicos del derecho internacional. Como señalaba Carl Schmitt, “soberano es quien decide sobre el estado de excepción”. En este caso, la excepción parece haberse normalizado en nombre de la lucha contra amenazas transnacionales, que ya lo alertaban los tratados TIAR [Tratado Internacional de Asistencia Recíproca]; PALERMO [Tratado contra el crimen organizado] o la propia Carta de las Naciones Unidas, y la supremacía de los DD. HH. sobre la soberanía.
Excepción, por cierto, enmarcada en la legitima defensa internacional, cuyo concepto no puede ser atrapado por condiciones regladas sujetas a vetos [Consejo de Seguridad] o restricciones a estados “de guerra”’, cuando el crimen organizado o el terrorismo han sido tanto o más erosivos que una confrontación armada.
Uso del tipo penal de narcoterrorismo
No se juzga únicamente una conducta delictiva, sino una supuesta fusión entre crimen organizado y estrategia estatal. Una construcción jurídica que exige probar intencionalidad política, coordinación con actores armados y un propósito que trascienda el lucro. En términos probatorios es un edificio complejo, sostenido en gran medida por testigos cooperantes, figuras que —como ha advertido la criminología contemporánea— operan entre la verdad y la negociación. Y ahí está el peso testimonial de El Pollo et al.
Pero más allá del resultado judicial, el verdadero impacto del caso se despliega en la esfera de la diplomacia internacional. La captura y procesamiento de un exjefe de Estado redefine los límites de la soberanía. Como sugiere Anne-Marie Slaughter: “el mundo contemporáneo no se organiza solo en Estados, sino en redes de autoridad donde tribunales, agencias y actores transnacionales ejercen poder más allá de fronteras formales”.
El caso Maduro encarna esa transición: el paso de un orden westfaliano de soberanías inquebrantables, a uno global donde la jurisdicción se proyecta como instrumento de poder no estrictamente territorial.
El precedente no es menor. Para los llamados “Estados paria” o sistemas híbridos, donde el poder político se entrelaza con economías ilícitas —capitales sucios [Tainted capitals/No clean assets]— el mensaje es doble. Por un lado, existe la posibilidad real de rendición de cuentas más allá de las fronteras nacionales, considerando que la actividad ilícita afecta la seguridad de otros Estados. Por otro, esa rendición de cuentas puede tener un carácter geopolítico. Como advertía Michel Foucault “el poder no se posee, se ejerce”; y el derecho penal global se ha convertido en una de sus formas más sofisticadas de ejercicio.
Estamos cabalgando por un proceso profundo de revisión histórica del concepto de soberanía. La justicia no debe percibirse como instrumento político pero la impunidad no otorga legitimidad al modelo totalitario. Aquí emerge la relevancia de un juicio justo que reivindique la historia…
La eficacia frente a la legitimidad
Es aquí donde el análisis subraya una tensión central. La extraterritorialidad permite actuar donde los sistemas internos fallan, pero al hacerlo erosiona principios que sostienen el orden internacional. Y esa erosión no es neutra. Puede abrir la puerta a un nuevo paradigma de justicia global, pero también a un uso selectivo del derecho como factor de poder [Foucault]. Lo bueno o malo de esa percepción será la correcta aplicación de la justicia y del debido proceso.
En términos de ciencia política, el caso habilita un mecanismo de transición indirecta. Al desplazar a Maduro al ámbito judicial externo se reconfigura el campo político interno venezolano. Se despersonaliza el conflicto, se facilita la recomposición de élites y se abre un espacio para negociaciones que de otro modo eran inviables. Como observó Guillermo O’Donnell en sus estudios sobre transiciones, los procesos de salida de regímenes autoritarios rara vez siguen un guion lineal; suelen combinar elementos de ruptura, negociación y, en ocasiones, justicia diferida.
Sin embargo, el desenlace sigue abierto. Y con él, la pregunta fundamental: ¿estamos ante una evolución del derecho penal global o ante una sofisticación de la política por otros medios? ¿Una inevitable combinación de política y justicia? A fin de cuentas, en ese banquillo no solo se juzga a un hombre, sino se ensaya un modelo de orden internacional en el que el derecho alcanza al poder en un espacio donde el dictador se creía intocable. Entonces el poder se redefine por los límites del derecho cuando la soberanía [a lo interno] aun solicitado, no lo permitía.
En esa tensión —irreductible, persistente— se juega algo más que un caso: se juega el sentido, alcance y prelación de la justicia sobre el poder en la era global.
En definitiva, el proceso contra Nicolás Maduro en un tribunal federal de Nueva York no puede leerse como un expediente penal más. Es una escena donde confluyen —y colisionan— derecho, geopolítica, legitimidad y transición. En estos momentos excepcionales, el derecho deja de ser una gramática técnica para convertirse en un lenguaje político donde —decíamos— el poder se descompone y lo que emerge es un ajuste, una redefinición del orden público internacional. Allí los conceptos y reconocimientos de la soberanía y no intervención quedan subordinados a la seguridad de los Estados en un mundo global, los DD. HH. y la supremacía de la justicia sobre el poder político ilegítimo.
Extraterritorialidad: soberanía, intencionalidad e inmunidad
Desde la perspectiva del derecho estadounidense, la captura extraterritorial es una práctica de base consolidada. La doctrina deriva de casos como Noriega o el de Humberto Álvarez-Machain, que establecen que la jurisdicción no se ve afectada por la ilegalidad de la captura. El principio es pragmático: una vez que el acusado está ante el tribunal, el proceso puede seguir su curso.
El tipo penal de narcoterrorismo como construcción estratégica es un precedente que refuerza la aplicabilidad de normas penales supranacionales. El corazón jurídico del caso reside en la imputación de narcoterrorismo. Esta figura no solo criminaliza el tráfico de drogas, sino que lo vincula a una estrategia política orientada a afectar la seguridad nacional de EE. UU. Se trata de una construcción ambiciosa que eleva el caso desde el ámbito del crimen organizado al de la seguridad internacional.
En términos probatorios, esto implica demostrar:
coordinación con actores armados (como las FARC);
conocimiento y control de las operaciones y una finalidad política específica de daño.
La inmunidad es otro alegato en disputa. Históricamente, la inmunidad soberana ha protegido a los jefes de Estado frente a jurisdicciones extranjeras. Sin embargo, este principio ha sido progresivamente revisado y ajustado. El caso de Augusto Pinochet en Londres marcó un punto de inflexión. Aunque finalmente no fue juzgado en Reino Unido, su detención estableció que ciertos crímenes no pueden quedar amparados por la inmunidad.
En el caso de Maduro la situación es más compleja aun: EE. UU. no lo reconoce como jefe de Estado legítimo, ha sido desplazado de facto del poder y los cargos se refieren a conductas criminales, no a actos oficiales. Esto debilita significativamente cualquier alegato de inmunidad. Más aun, refuerza una tendencia global: la progresiva subordinación de la inmunidad a la gravedad de los delitos.
Diplomacia judicial y efectos sistémicos
Más allá del plano jurídico, hemos comentado que el caso tiene implicaciones profundas para la diplomacia internacional. La captura y procesamiento de un exjefe de Estado extranjero redefine las reglas del juego. Como ha señalado Robert Keohane, “las instituciones internacionales no solo regulan conductas, sino que moldean expectativas”. El caso Maduro puede establecer un precedente que altere el cálculo de otros líderes en contextos similares. Un Estado que no cumple con las expectativas institucionales y que queda atrapado por un proceso sistemático de reformas criminales y el desahucio de la ley, no conserva un estatus jurídico de soberanía, integridad territorial, ciudadanía y legitimidad.
Es la implementación de un orden supranacional coercitivo que redime y rescata a un Estado ausente e indefenso.
Para los llamados “Estados paria”, el mensaje es claro e inexpugnable. Si la justicia se aplica de manera desigual [Estado cooptado por autoritarismo], el poder legítimo se erosiona. Sin ley no hay justicia, sin justicia no hay paz y sin paz no hay libertad.
Esta ecuación rompe la fundamentación de la soberanía que reside en el pueblo. Si el pueblo no ejerce su ciudadanía de manera libre, justa y en sana paz, entonces la soberanía no existe. Como advertía Max Weber, la autoridad depende, en última instancia, de la creencia en su legitimidad. Sin esa creencia, incluso la coerción más efectiva pierde estabilidad. Por el contrario, si la defensa es legítima —por la prevalencia del derecho contra un Estado ausente y cooptado por la violencia y el autoritarismo— la justicia internacional se convierte en una herramienta válida y necesaria de poder. Es la diplomacia judicial.
El juicio como herramienta de transición
El proceso contra Maduro no ocurre en el vacío. Coincide con un momento de reconfiguración política en Venezuela. En este caso, el juicio podría facilitar acuerdos entre facciones internas y legitimar cambios ante la comunidad internacional. El juicio —aun no siendo su misión— es una herramienta de balance entre poder, libertad, justicia y rendición de cuentas.
Sin embargo, es sano advertir que el uso instrumental del derecho plantea riesgos. Como advierte Jürgen Habermas, la legitimidad democrática depende de la percepción de justicia procedimental. En el campo estricto de la justicia norteamericana, la defensa ha apelado al argumento del derecho a la defensa. En este plano es preciso no confundir el derecho a la defensa [que supone una defensa efectiva, adecuada y oportuna] con “el derecho” a tener una defensa pagada u onerosa. El valor protegido o tutelado por la ley es el derecho al debido proceso [due process of law, 5.ª Enmienda de la Constitución norteamericana]. Por su parte, la Sexta Enmienda [ejusdem] garantiza el derecho a un juicio rápido y público; el derecho a un jurado imparcial; derecho a conocer los cargos; derecho a confrontar testigos; derecho a obtener testigos a favor y el derecho a la asistencia efectiva de un abogado.
Con relación al punto crítico “assistance of counsel”, la Corte Suprema de EE. UU. ha interpretado esto como que no basta tener un abogado. En casos complejos criminales (p. ej., Strickland v. Washingtondisen) la jurisprudencia establece que la defensa debe ser competente, adecuadamente preparada y con recursos razonables para enfrentar a la fiscalía. Una defensa real, efectiva y adecuada. Ello no desdice de una defensoría pública con auxiliares y expertos. ¿De dónde provienen esos recursos? Un punto igualmente crítico es “los recursos de Maduro” vs. los recursos del Estado venezolano. Maduro ha sido sancionado por la OFAC y tiene elevadas cantidades de dinero y patrimonios congelados por ser capitales de procedencia ilegal. En otro sentido no es reconocido cómo jefe de Estado, por lo cual no goza ni de inmunidad [ver up supra] ni el Estado venezolano obligación de pagar su defensa.
Conclusión: un juicio dentro del juicio
Maduro está en el banquillo, pero no está solo. A su lado se sientan conceptos, doctrinas y tensiones que definirán no solo su futuro, sino también el futuro del derecho internacional, la extraterritorialidad, la revisión del concepto de inmunidad, soberanía, no-intervención, la autodeterminación frente a Estados parias o gobiernos que penetran la majestad del Estado-nación; y en fin, la relación entre justicia y poder. Esto es, el papel del derecho internacional en las transiciones políticas globales por inherencia legítima de la justicia internacional penal.
El tribunal decidirá sobre hechos y normas. Pero la historia evaluará algo más profundo: si este proceso fortaleció la idea de justicia global, enalteció el ideal real de los DD. HH. sobre las pretendidas soberanías territoriales, privilegió el derecho internacional a la defensa no condicionada de los DD. HH., de la seguridad de los Estados, del orden contra las mafias internacionales y el terrorismo.
El gran debate es: ¿qué sucede cuando un interés político extranjero se alinea con la defensa de un Estado cooptado por la criminalidad? La respuesta luce innegable.
Como escribió Raymond Aron, “la historia es trágica porque los hombres hacen lo que pueden y no lo que quieren”. En este caso, el derecho limita, alcanza y contiene al poder allí donde este se creía intocable.
Desde un punto de vista evolutivo, pagar el costo de la duda es bueno. Porque duda es pasión… pasión que es búsqueda de la verdad, verdad que es justicia, y justicia que es paz, que es misión.
Así, cuando el poder cae por fuerza de la justicia, el banquillo no es solo un lugar físico. Es un símbolo. Un símbolo de rendición de cuentas, que es la reivindicación de la ley, que es justicia, que es liberación, que es paz. Ese es el verdadero alcance y trascendencia del concepto de soberanía: paz ciudadana, democratización y orden público [interno y externo] conceptos que, junto a Maduro, también están sentados en el banquillo de la historia.
@ovierablanco – vierablanco@gmail.com | Abogado / Activista de DD. HH.
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