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ONU reitera llamado a levantar restricciones de internet en Venezuela tras los terremotos

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La Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (ACNUDH) reiteró este viernes 26 de junio de 2026 su llamado a proteger el espacio digital en Venezuela y garantizar el derecho a la información y la libertad de expresión, al advertir que las restricciones al acceso a internet continuaron durante las primeras horas posteriores a los terremotos que afectaron al país.

La declaración fue realizada por la portavoz del ACNUDH, Marta Hurtado, durante una rueda de prensa celebrada en la Oficina de las Naciones Unidas en Ginebra para actualizar la respuesta de distintas agencias del sistema de Naciones Unidas a la emergencia causada por los sismos.

“Por supuesto, la libertad de información siempre es fundamental, especialmente en situaciones como la actual, donde el acceso a la información puede salvar vidas”, afirmó Hurtado al responder una pregunta sobre los bloqueos de internet en Venezuela.

La vocera indicó que la Oficina confirmó que las “restricciones preexistentes” al acceso a internet permanecieron vigentes durante las primeras horas de la emergencia y reiteró el llamado que el organismo ha formulado anteriormente para “adoptar medidas que salvaguarden el espacio digital y garanticen el derecho a la información, la libertad de expresión y el acceso a los medios digitales en Venezuela”.

Hurtado recordó además que la Oficina ha documentado el bloqueo arbitrario de al menos 85 sitios web y restricciones que afectan a 39 plataformas de medios de comunicación a través de proveedores públicos y privados.

El pronunciamiento se produce un día después de que la Misión Internacional Independiente de Determinación de los Hechos sobre Venezuela también solicitara el levantamiento de las restricciones en internet durante la emergencia.

Los expertos advirtieron que el acceso oportuno a información confiable y a los canales de comunicación será fundamental en las horas y días posteriores a la emergencia “para la protección de la vida, la seguridad y el bienestar de la población”.

En un comunicado divulgado el jueves, la misión expresó su solidaridad con las víctimas de los terremotos e instó a la Comisión Nacional de Telecomunicaciones (Conatel) a “restablecer plenamente el acceso a las redes sociales y a todos los medios de comunicación” como una medida prioritaria e inmediata.

La misión, creada en 2019 por el Consejo de Derechos Humanos de la ONU para investigar presuntas violaciones de derechos humanos en Venezuela, también expresó preocupación porque la catástrofe pueda agravar las necesidades de una población que ya enfrentaba importantes desafíos antes de los terremotos.

En este contexto, periodistas de Runrun.es reportaron dificultades para realizar labores de cobertura durante el día de ayer, 25 de junio de 2026, en San Bernardino, Caracas. Asimismo, el Colegio Nacional de Periodistas (CNP) informó recientemente que documentó 97 agresiones contra la prensa entre enero y mayo de 2026, entre ellas impedimentos de cobertura, detenciones arbitrarias y hostigamiento.

*El periodismo en Venezuela se ejerce en un entorno hostil para la prensa, con decenas de instrumentos jurídicos dispuestos para el castigo de la palabra, especialmente las leyes “contra el odio”, “contra el fascismo” y “contra el bloqueo”. Este contenido está siendo publicado teniendo en consideración las amenazas y límites que, en consecuencia, se han impuesto a la divulgación de informaciones desde dentro del país.

Denuncian que rescatistas de Protección Civil habrían sido movilizados sin equipos

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En un video difundido en redes sociales, Méndez relata que los rescatistas habrían llegado a la zona de emergencia en condiciones limitadas luego de la movilización descrita, en un contexto de operaciones de búsqueda, rescate y remoción de escombros en Caraballeda, donde equipos de voluntarios y vecinos han participado en las labores ante la magnitud de los daños.

La denuncia circula en redes sociales en medio de la emergencia en La Guaira, donde continúan las labores de atención a afectados por los dos sismos del 24 de junio y recuperación de víctimas en zonas de difícil acceso.

La encargada con el aval de Estados Unidos, Delcy Rodríguez informó la mañana de este 26 de junio que el balance de víctimas por los sismos se elevó a 589 fallecidos y 2.980 heridos a nivel nacional, mientras que el estado La Guaira permanece militarizado para coordinar las labores de atención humanitaria en la zona declarada en desastre.

*El periodismo en Venezuela se ejerce en un entorno hostil para la prensa, con decenas de instrumentos jurídicos dispuestos para el castigo de la palabra, especialmente las leyes “contra el odio”, “contra el fascismo” y “contra el bloqueo”. Este contenido está siendo publicado teniendo en consideración las amenazas y límites que, en consecuencia, se han impuesto a la divulgación de informaciones desde dentro del país.

26Jun | Balance tras sismos: Aumenta a 589 los fallecidos y OIM estima en 6 millones los afectados

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A más de 48 horas de los dos sismos que sacudieron el norte de Venezuela el pasado miércoles 24 de junio de 2026, las cifras de la tragedia continúan en ascenso a medida que avanzan las complejas labores de remoción de escombros.

La presidenta encargada con aval de Estados Unidos, Delcy Rodríguez, suministró el más reciente balance oficial, confirmando que el número de víctimas fatales se elevó a 589 personas, mientras que la cifra de heridos se sitúa en 2980 a nivel nacional. Agregó también que, ante la gravedad del escenario y para coordinar la asistencia humanitaria “de forma eficiente”, tomó la decisión de militarizar el estado La Guaira, zona decretada en desastre.

Este incremento en los registros refleja la magnitud del impacto provocado por dos sismos consecutivos de gran intensidad (magnitudes 7,2 y 7,5) que golpearon el territorio con apenas 39 segundos de diferencia. La catástrofe ha puesto a prueba la precaria infraestructura del país y profundizando la vulnerabilidad de las comunidades afectadas.

La dimensión del desastre ha movilizado los pronunciamientos de los organismos internacionales. De acuerdo con las estimaciones preliminares de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), hasta 6,76 millones de personas podrían haberse visto afectadas de manera directa o indirecta por el desastre.

Ante la gravedad de la emergencia humanitaria, la comunidad internacional ha comenzado a articular mecanismos de apoyo, coincidiendo con el anuncio del gobierno de Estados Unidos sobre un levantamiento temporal de sanciones económicas hasta el 23 de octubre de 2026, destinado exclusivamente a facilitar el ingreso de ayuda humanitaria para la contingencia.

Las evaluaciones técnicas iniciales estiman que al menos 346 construcciones estructurales —que abarcan edificios multifamiliares, centros comerciales y centros de salud— sufrieron daños de gravedad o colapsaron por completo tras los movimientos telúricos.

*El periodismo en Venezuela se ejerce en un entorno hostil para la prensa, con decenas de instrumentos jurídicos dispuestos para el castigo de la palabra, especialmente las leyes “contra el odio”, “contra el fascismo” y “contra el bloqueo”. Este contenido está siendo publicado teniendo en consideración las amenazas y límites que, en consecuencia, se han impuesto a la divulgación de informaciones desde dentro del país.

Cuando la tierra también se cansa

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Hay tragedias que, aunque llegan de improviso, encuentran todo preparado para multiplicar su devastación.

Los dos terremotos que sacudieron a Venezuela el pasado 24 de junio no solo movieron la corteza terrestre. Sacudieron la fragilidad de un país que lleva veintisiete años viendo derrumbarse, poco a poco, mucho antes de que cayera el primer edificio. Los dos sismos, de magnitudes 7,2 y 7,5, ocurrieron con apenas 39 segundos de diferencia, se convirtieron en los más potentes registrados en el país desde comienzos del siglo XX. 

Un terremoto no distingue ideologías. No pregunta por partidos políticos. No vota. Pero sí encuentra lo que los seres humanos hemos construido… o destruido.

Mi bisabuelo, el doctor Melchor Centeno Graü, dedicó buena parte de su vida al estudio de la sismología venezolana. En la primera mitad del siglo XX publicó una obra monumental, Estudios sismológicos, en la que analizó el comportamiento de los terremotos en nuestro país y estudió las posibles secuencias temporales de la actividad sísmica venezolana.

Entre sus conclusiones señalaba que Caracas parecía experimentar movimientos destructivos aproximadamente cada cincuenta o sesenta años —como el terremoto de 1967, que marcó a toda una generación— y terremotos verdaderamente catastróficos alrededor de cada dos siglos, como el devastador sismo del Jueves Santo de 1812.

Mientras recordaba esos estudios en estos días, no pude evitar pensar una frase sencilla y escalofriante:

Nos tocó esta vez.

No porque la sismología permita predecir fechas. La naturaleza no funciona como un reloj. Pero los ciclos que estudió mi bisabuelo nos recuerdan que los terremotos no son hechos extraordinarios. Son parte de la historia geológica de Venezuela. Lo extraordinario debería haber sido nuestra preparación.

Y justamente por eso duele más.

Porque durante esos más de doscientos años, desde 1812, debimos haber construido ciudades más resistentes, instituciones más sólidas, planes de emergencia mejor preparados y una cultura permanente de prevención.

En cambio, el terremoto encontró un país exhausto.

Durante décadas Venezuela tuvo instituciones capaces de responder a emergencias. Existían protocolos, mantenimiento, planes de contingencia, hospitales que funcionaban, cuerpos de rescate dotados e infraestructura relativamente sólida. Hoy, después de veintisiete años de deterioro sistemático, la naturaleza encontró un país mucho más vulnerable de lo que debía ser.

El principal aeropuerto del país tuvo que suspender operaciones por los daños sufridos precisamente cuando más se necesitaba para recibir ayuda internacional y facilitar evacuaciones. Las réplicas obligaron a miles de personas a permanecer en las calles por temor a nuevos derrumbes. Las alertas de tsunami iban y venían. La incertidumbre se convirtió en otra forma de desastre. 

Pero hay algo aún más doloroso: el terremoto ocurrió en el peor momento imaginable.

No porque existan buenos momentos para una tragedia de esta magnitud, sino porque Venezuela ya vivía una emergencia humanitaria antes de que la tierra decidiera recordarnos su fuerza. Millones de venezolanos necesitaban ayuda humanitaria antes del primer temblor; ahora esa necesidad se multiplica.

Los hospitales llegan debilitados, por no decir en el piso, después de años sin inversión. Las ambulancias son insuficientes. Los servicios públicos apenas sobreviven. El suministro de agua ya era precario antes de que se rompieran las tuberías. La electricidad ya fallaba antes de que colapsaran nuevas líneas. Las carreteras ya estaban heridas antes de abrirse nuevas grietas.

Cuando todo funciona mal, cualquier emergencia se multiplica.

Y, sin embargo, como ocurre siempre en Venezuela, apareció el verdadero país.

  • El de los vecinos que remueven escombros con las manos.
  • El de los médicos que no abandonan sus puestos, aunque también hayan perdido sus casas.
  • El de los bomberos que trabajan durante horas sin relevo.
  • El de los jóvenes organizando cadenas humanas para trasladar heridos.
  • El de quienes comparten el agua que les queda porque entienden que mañana puede ser al revés.

Las imágenes que dieron la vuelta al mundo mostraban precisamente eso: ciudadanos improvisando herramientas, voluntarios buscando sobrevivientes entre el concreto y comunidades enteras organizándose para rescatar a los suyos con los recursos que tenían a mano. 

Y entonces surge una pregunta que duele tanto como los propios derrumbes.

¿Dónde estaba el despliegue militar que cabría esperar frente a una tragedia de esta magnitud? ¿Dónde estaban los miles de efectivos que durante años hemos visto movilizarse con rapidez para controlar manifestaciones, custodiar actos oficiales o instalar alcabalas? Mientras las cámaras mostraban a vecinos levantando bloques de concreto con las manos desnudas, muchos venezolanos se hicieron la misma pregunta: ¿qué misión podía ser más urgente que rescatar vidas?

También, con honrosísimas excepciones, aparecieron alcaldías que demostraron que la diferencia no siempre está en el presupuesto sino en la voluntad de servir.

Porque cuando las instituciones nacionales son incapaces de responder, la primera línea termina siendo el ciudadano común y aquellos gobiernos locales que todavía entienden que gobernar significa proteger.

La solidaridad venezolana vuelve a hacer el trabajo que debería hacer el Estado.

Y eso no debería parecernos normal.

Durante años escuchamos que el país resistía. Que salía adelante. Que siempre encontraba la manera.

Es cierto.

Pero ningún pueblo puede vivir eternamente sustituyendo con heroísmo lo que corresponde a las instituciones. La resiliencia no puede convertirse en política pública.

No podemos seguir admirando la capacidad de sobrevivir cuando lo verdaderamente admirable sería poder vivir.

Mi bisabuelo dedicó su vida a estudiar los terremotos porque sabía que conocer el pasado era la mejor manera de prepararse para el futuro. La naturaleza cumple sus ciclos. Lo que no debería cumplir ciclos es nuestra desmemoria.

Veintisiete años de destrucción institucional no producen únicamente pobreza o emigración. También producen esto: un país donde un terremoto no solo derrumba edificios, sino que deja al descubierto los escombros de un Estado que hace mucho tiempo dejó de cumplir su función esencial: proteger a sus ciudadanos.

Quizás el mayor drama de estos terremotos no sea solamente el número de víctimas, de desaparecidos o de edificios colapsados. Es descubrir que la infraestructura física puede reconstruirse mucho más rápido que la infraestructura institucional.

Los puentes volverán a levantarse. Las pistas del aeropuerto volverán a recibir aviones. Los edificios podrán reconstruirse.

Lo infinitamente más difícil será reconstruir la confianza de un país que lleva veintisiete años viendo cómo se derrumban, una tras otra, las estructuras invisibles que sostienen una nación: la competencia, la planificación, la transparencia, la responsabilidad y el respeto por la vida humana.

Porque la tierra tembló durante unos segundos, tal vez un minuto. Lo que lleva demasiado tiempo temblando es Venezuela.

@cjaimesb

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad y no comprometen la línea editorial de RunRun.es

Incertidumbre y silencio oficial marcan el retorno por vía aérea

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Tras el cierre del Aeropuerto Internacional de Maiquetía Simón Bolívar como consecuencia del terremoto que afectó las instalaciones del terminal y la pista, la experiencia de regresar al país se transformó en una carrera de obstáculos, vacíos informativos y resiliencia para los centenares de venezolanos que tenían previsto regresar al país a partir del 24 de junio

Maiquetía, la principal puerta de entrada del país y el cerebro de las operaciones aeronáuticas, dejó de operar desde el momento del terremoto, desarticulando los planes de contingencia de aerolíneas, agencias de viaje y, sobre todo, de los pasajeros. 

“Nos enteramos en el aire. Casi llegando a Caracas fuimos notificados que el avión debía desviarse a Panamá porque era imposible aterrizar en Maiquetía”, contó Carla, una pasajera que regresaba a Caracas desde Estambul con la aerolínea Turkish la tarde del 24 de junio.

Nadie sabe nada

La incertidumbre fue total. Además de enterarse de lo que estaba ocurriendo en el aire, los pasajeros no tenían información de lo que ocurriría con su itinerario a partir de ese momento. Llegamos a Panamá y nos ofrecieron una habitación de hotel para pasar la noche, aunque el equipaje permaneció en las cabinas de Turkish. No había certezas de si la aerolínea reprogramaría su vuelo a otro destino dentro de Venezuela y a los que teníamos posibilidad de hacer inmigración en Panamá por temas de visado se nos ofreció la opción de resolver la llegada al país por otros medios.

Pero luego de conocer la noticia del cierre del aeropuerto de Maiquetía, la información se actualizó para peor. Según informaron varias aerolíneas a sus pasajero que tenían otros destinos dentro de Venezuela, el espacio aéreo había sido cerrado y todos los vuelos cancelados. “La misma noche del 24 de junio, al enterarme del cierre de Maiquetía pude cambiar mi boleto de Panamá del 25 de junio con destino a Caracas por otro que llegaba a Valencia, pero al llegar al aeropuerto fui notificado que ningún vuelo a Venezuela estaba disponible”, relató Luis, un pasajero que tenía boleto con Copa Airlines.

Según relata, ni la propia aerolínea estaba muy clara de lo que podían hacer y aunque aseguraban que el cierre del espacio aéreo era una instrucción del Instituto Nacional de Aeronáutica Civil (INAC), en sus redes oficiales nunca hubo información al respecto. 

Vicky Herrara, presidenta de la Asociación Venezolana de Agencias de Viaje y Turismo (Avavit), negó que el espacio aéreo estuviese cerrado e informó que las autoridades correspondientes evalúan las afectaciones que sufrió la principal terminal aérea venezolana y no se sabe cuánto tiempo estará cerrada.

Reprogramación forzada

Además de Turkish, otras aerolíneas internacionales comunicaron la suspensión de sus vuelos desde y hacia Caracas debido a los dos terremotos registrados en el país. Las aerolíneas que operan en la ruta España-Caracas, entre ellas Iberia, Air Europa y Plus Ultra e Iberia, cancelaron los vuelos que tenían previsto salir este jueves 25 de junio desde Madrid por el cierre del aeropuerto en Venezuela.

Pero hasta ahora no había ninguna información sobre los vuelos a otros terminales, aunque la operación a esos aeropuertos también se canceló aunque luego se reprogramó. El Aeropuerto Internacional Simón Bolívar de Maiquetía, principal terminal aéreo de Venezuela y cercano a Caracas, mantiene restricciones operativas hasta el próximo 2 de julio, luego de los fuertes terremotos registrados en el país que afectaron su infraestructura y servicios.

Las dinámicas de viaje se han reconfigurado a la fuerza. Volver por avión, por ahora, implicará trazar rutas alternativas que aumentan los tiempos de traslado y los costos económicos.

A partir del 25 de junio, Copa reanudó sus vuelos regulares desde y hacia Valencia. Los itinerarios hacia Barcelona, Barquisimeto y Maracaibo, podrían estar activos desde el fin de semana.

El silencio manda

Por otra parte, aeropuertos como El Dorado en Bogotá o el Camilo Daza en Cúcuta se han convertido en los principales nodos de recepción. Muchos venezolanos se han visto obligados a volar hasta Colombia para luego intentar conectar por vía terrestre —un desafío adicional dada la logística fronteriza— o mediante los pocos vuelos especiales autorizados hacia terminales del interior de Venezuela.

Pero el problema sigue siendo la falta de información oficial que ayude a tomar mejores decisiones “Mi vuelo de regreso estaba programado para este 27 de junio. De repente, el estatus pasó a ‘cancelado’ y nadie te da respuestas claras. No quise arriesgarme y compré un boleto a Bogotá y de ahí ver cómo resolvía”, relata Mariana, una de las tantas venezolanas que se encuentra en Madrid esperando llegar a Caracas. 

La crítica constante de los usuarios apunta a la opacidad institucional. Al igual que en crisis anteriores, los viajeros dependen más de grupos de WhatsApp, reportes en redes sociales y la solidaridad entre varados que de comunicados emitidos por el Instituto Nacional de Aeronáutica Civil (INAC) o las aerolíneas bandera.

*El periodismo en Venezuela se ejerce en un entorno hostil para la prensa, con decenas de instrumentos jurídicos dispuestos para el castigo de la palabra, especialmente las leyes “contra el odio”, “contra el fascismo” y “contra el bloqueo”. Este contenido está siendo publicado teniendo en consideración las amenazas y límites que, en consecuencia, se han impuesto a la divulgación de informaciones desde dentro del país.

Tras el terremoto ¡nadie se salva solo!

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Se ha repetido, a raíz del muy trágico y reciente terremoto de Caracas ―de dimensiones superiores y envolventes al de 1967, del que soy testigo y marcó mi ánimo desde entonces― que la pérdida de vidas no se debe a esos eventos naturales sino a la falta de prevención o imprevisión de los gobiernos para reducir sus efectos letales y reparar con rapidez y eficiencia los que comprometan la vida e integridad de las personas.

Se trata, por lo mismo, de algo más que una cuestión técnica, pues revela, aquí sí, no los grados mayores o menores en la escala sísmica respectiva sino en el valor mayor o menor que cada gobernante le otorga a la dignidad humana de los gobernados. Es un asunto, en suma, de conciencia y de orden antropológico.

¿Dónde estaban el gobierno y sus militares este 24 de junio?

Reparando en el terremoto de 1967, cuando colapsaron seis edificios y murieron 236 venezolanos mientras los heridos frisaron los dos mil, dos imágenes indelebles me vienen a la mente. Una, la inmediata reacción del aparato público para asistir a las víctimas, salvar de los escombros a todas las que pudiesen ser salvadas; y, dos, la solidaridad activa ―he aquí lo más importante― de todos los venezolanos, amalgamados en ánimo alrededor de la tragedia, y asumiéndola como desafío para la resiliencia.

Tanto es así que, evaluándose las edificaciones que arrastrará ese terremoto y advirtiéndose que eran casi nulos o inexistentes los códigos constructivos específicos, emerge una precisa legislación sísmica y nace entonces la Fundación Venezolana de Investigaciones Sismológicas (FUNVISIS), creada por decreto del presidente guayanés Raúl Leoni Otero.

La tarea inmediata de FUNVISIS no era otra que estudiar la sismicidad del país y sentar las bases para futuras normativas de ingeniería. Hacia 1982 es adoptada una normativa formal para el diseño de edificaciones. Se estableció por vez primera la zonificación sísmica del país, la clasificación de los suelos para fundaciones y métodos de cálculo para la estructura. Y ese marco técnico avanzó cualitativamente al objeto de incorporar tecnologías más avanzadas en el diseño y análisis estructural, sobre la experiencia del terremoto de Cariaco de 1997.

Sea lo que fuere, acaso por ausencia de sensibilidad política acerca de los asuntos de más largo plazo que interesan al conjunto de los venezolanos y bajo la creencia de que a los fenómenos telúricos se les ha de estimar como inevitables, acaso se les ven como accidentes imponderables. Sin embargo, los sismos y terremotos nos siguen madrugando. Lo grave es la ausencia e insensibilidad de los llamados a cumplir el deber de proteger desde el poder y en la hora nona.

No es que estuviese ausente alguna memoria que nos sirviese de ejemplaridad y modelase nuestros comportamientos ―para sacarnos de la cultura de presente, conjurando la filosofía de Eudomar Santos: ¡como vaya viniendo, vamos viendo!― pues, hacia 1917, bajo la primitiva dictadura del general Juan Vicente Gómez, así se la califica aún, su ministro de obras públicas, Luis Velez, al informar a las cámaras legislativas en el año siguiente sobre su labor, consignó un memorial sobre los terremotos en Venezuela. Lo encomendó al ingeniero Benjamín Baldó, hijo del célebre general José Antonio Benjamín Baldó Pulido (1838–1893), fundador, en el estado Táchira, de La Alquitrana, la primera empresa de explotación petrolera comercial con mano de obra y capital 100 % venezolano.

Baldó, el ingeniero, recuerda que la historia geológica de tierra firme, sobre la que se asienta Venezuela, fue ignorada desde la Colonia hasta cuando nos visitara el barón de Humboldt. Advierte que, a diferencia de la antigua zona rocosa de Guayana, la parte norte de nuestro país muestra una de las costras terrestres “más movedizas del mundo”. Y observa, admirado, cómo se preocupaba por este asunto uno de nuestros padres fundadores civiles, parte de la legión de nuestros ilustrados de 1811, Miguel José Sanz. Lo consideraba de “tanta trascendencia para la vida nacional”, al punto que animó “el estudio y conocimiento de la constitución geológica del subsuelo”.

Hace referencia Baldó al célebre y remoto movimiento telúrico que destruyó a Nueva Cádiz hacia 1530, en la isla de Cubagua, la primera ciudad fundada en Venezuela, en 1528. Treinta años más tarde se repitió y un violento huracán dejó desierta la isla.

“En los siglos XVII y XVIII se sintieron muchas sacudidas en Venezuela con pérdidas en vidas y propiedades; pero fue a principios del siglo XIX, en 1812, cuando hubo el terremoto que destruyó la mayor parte de Caracas, La Guaira, Barquisimeto y Mérida”, hasta sirvió de pretexto a los frailes para propalar, ante un pueblo ignorante como el nuestro, la tesis del “justo castigo del cielo”, refiere Baldó. Da cuenta, seguidamente, de las numerosas fuentes de agua existentes en todo el territorio nacional ―“fuentes de agua caliente, que ya son sulfurosas y ferruginosas”― y a las que se les tomó temperatura en 1852, mostrándose que es “solo algunos grados inferiores a la temperatura del agua hirviendo (100 °C).

Dice bien que “en Venezuela no se tiene noticia de la existencia de volcanes en actividad o que se hayan extinguido recientemente”. Mas ajusta, eso sí, que las modificaciones de nuestra costra terrestre al norte de Venezuela, “así como puede concluirse en el presente año, pues prolongarse 50, 100 o mil años más”. El predicado que deja, en suma, es la prevención. De suyo el reclamo de responsabilidades por las construcciones, que comienzan, necesariamente, por las responsabilidades debidas a la acción u omisión de los gobiernos, como el que ahora ya dura 27 años, equivalentes al tiempo del gomecismo.

El mal absoluto vs. la dignidad de las víctimas

El asunto, insisto, es de orden sismológico, pero previamente antropológico.

¿Qué valor tuvo para cada víctima el causante, Hugo Chávez Frías y cuál tuvo y tiene para sus causahabientes, Nicolás Maduro, sucesivamente los hermanos Rodríguez y el espaldero de todos, Diosdado Cabello? La realidad y el destino de cada víctima, de cada ser humano sufriente de las tantas tragedias ocurridas en Venezuela a partir de 1999, reposa en los expedientes de la Corte Penal Internacional.

La tragedia de Vargas ―conocida con el deslave― agravada por la indolencia criminal dejó a la vera una cifra imprecisa, que supera los miles muertos con decenas de miles de damnificados. No obstante, dos hechos la caracterizaron y fueron objeto de la crónica histórica. Privilegió el régimen la realización, ese mismo día, 15 de diciembre, de la consulta destinada a la aprobación popular de su Constitución, nuestro corriente “pecado original”. El venezolano y la venezolana tuvieron para él y para sus señalados colaboradores y conmilitones un claro significado. Les importaban como números, como votos, y nada más.

El otro hecho, protuberante, lo fue el abierto rechazo a la asistencia humanitaria norteamericana. Su sensibilidad ante las víctimas, la de Chávez Frías, quedó subordinada a su lealdad con el sátrapa Fidel Castro. Le impuso la cultura del descarte de lo humano, por ende, el rechazo a la ayuda comprometida por Estados Unidos, lograda por el fallecido general ministro de la defensa, Raúl Salazar Rodríguez.

La reseña de la oferta cabe registrarla, para memoria de lo actual: “El embajador de Estados Unidos en Venezuela acuerda enviar 75 000 $, helicópteros UH-60 Blackhawk y aviones Hércules C-130. Por su parte, el presidente Bill Clinton autoriza al secretario de Defensa donar 20 millones de dólares en artículos de ayuda humanitaria para los damnificados, y la Agencia Internacional para el Desarrollo ayuda al país con otros 3 millones de dólares. Además, unos 120 militares estadounidenses llegaban con equipo para purificación de agua y cuatro helicópteros”.

Fue el 11 de enero de 2000, justamente, cuando el presidente Chávez ordena no aceptar el envío de los dos navíos estadounidenses que transportaban a 450 ingenieros de la Armada y los Marines, así como tractores, bulldozers y maquinaría de ingeniería. Al cabo, el rescate de los sobrevivientes se hizo tardíamente. Y aquél solo reconoció una cifra entre 1500 a 3000 víctimas fatales, desaparecidas, tal como las declara, junto a 94.000 damnificados. Eso sí, crea luego la Corporación para la Recuperación y Desarrollo del Estado Vargas (CORPOVARGAS), para que coordinase y desarrollase las distintas obras necesarias para la reconstrucción del estado Vargas, totalmente destruido.

La historia de esa institución aún reclama de un memorial. Se le señaló de haber recibido millones de dólares para su trabajo, se le vio sujeta a numerosas investigaciones parlamentarias pues “grandes tramos de la reconstrucción y de las medidas de mitigación de riesgos quedaron inconclusas o fueron abandonadas”. Como epílogo desapareció, “dejando muchas de las obras de prevención de deslaves sin mantenimiento, lo que aumentó la vulnerabilidad de ciertas zonas del litoral”.

Tras el terremoto circula una lista que identifica a 45 edificaciones que se vinieron abajo ―todavía no se sabe del número de víctimas― a lo largo de esa franja del litoral guaireño, tras su doble réplica ocurrida este pasado miércoles, día de San Juan. Su escala Richter osciló entre 7,2 y 7,5. El terremoto de 1967 frisó entre 6,5 y 6,7 de la misma escala.

Cabe, así, la pregunta obligada. ¿Hizo cumplir la dictadura, aún imperante, las normas sísmicas de construcción en el estado Vargas, tras el deslave de 1999, pensando en sus víctimas y para haber evitado las de ahora?

El terremoto de Caracas marcará, qué duda cabe, un parteaguas en la vida de la nación, de nuestra nación. León XIV, el papa Prevost, al presentarnos su más reciente encíclica, la primera, Magnifica humanitas, trae al caso, dada su ejemplaridad, el nombre de Viktor Frankl, neurólogo y psiquiatra austríaco (1905-1997).

Sobreviviente del Holocausto, era filósofo, hizo presente que “en los momentos de horror” ―como este del terremoto para los venezolanos― es cuando conocemos al “hombre puro”. Se trata, decía, de un ser capaz de maldad absoluta, como quienes negaron la ayuda norteamericana en 1999 y allí siguen. Mas tiene y siempre encuentra como contrapartida, ante sí, al ser que como víctima se presenta ante sus victimarios “con la cabeza erguida y el Padrenuestro o el Shemá Israel en los labios”.

La Venezuela que es nación y existe, ante la desaparición de su república, eleva su oración por nuestras pérdidas y se redescubre. Nos redescubrimos, todos, vinculados a los demás, en la fraternidad que ahoga enconos y hace entender que «nadie se salva solo».

correoaustral@gmail.com | @asdrubalaguiar

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Balance de cierre del 25 de junio: 235 fallecidos y 4300 heridos por doble sismo

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El ministro de salud, Carlos Alvarado, informó que la cifra de fallecidos por los dos sismos del 24 de junio ascendió a 235 personas, mientras que el número de heridos se elevó hasta 4300.

La declaración la suministró después de las 10: 15 p.m. a través de un contacto con Venezolana de Televisión. Durante el reporte, el ministro detalló que la mayoría de las víctimas “llegan sin signos vitales o fallecen al momento de llegar en nuestros establecimientos de salud”.

Alvarado confirmó que la mayor cantidad de personas heridas y fallecidas se concentra en el estado La Guaira, zona que describió con una alta saturación.

Notificó que de forma automática se activaron todas las emergencias del Sistema Público Nacional de Salud y que desplegaron a más de 5000 profesionales de la salud para atender la contingencia.

Reveló también que, debido a que los hospitales de La Guaira se encuentran llenos, se han comenzado a implementar hospitales de campaña en conjunto con varios sectores para garantizar la atención médica.

Brigadas humanitarias internacionales en el país

La noche del 26 de junio también aterrizaron en el país las primeras brigadas humanitarias y de rescate internacionales.

El ministro para la Defensa, Gustavo González López, recibió en la Base Aérea Libertador de Maracay a 188 rescatistas provenientes de El Salvador y del grupo mexicano «Los Topos». El contingente está compuesto por rescatistas de primera línea, personal de salud y unidades caninas de búsqueda.

También, arribó al país -proveniente de República Dominicana- un equipo de militares técnicos especializados en rescate urbano, búsqueda y atención prehospitalaria.

Adicionalmente, la encargada con el aval de Estados Unidos, Delcy Rodríguez, autorizó el ingreso de apoyo internacional masivo, cuyas flotas logísticas están en proceso de despliegue inmediato, entre ellas, efectivos especializados en estructuras colapsadas de la Unidad Militar de Emergencias (UME) de España, un Equipo de Asistencia ante Desastres (DART) mediante agencias federales de ayuda de Estados Unidos, más 160 socorristas de montaña y rescate urbano equipados con toneladas de material técnico de Francia y Suiza y especialistas en estructuras colapsadas, drones de mapeo térmico y plantas potabilizadoras de agua operadas por el ejército de Argentina y Ecuador.

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Se activan centros de acopio para ayudar a las víctimas de los terremotos

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Miguelángel Suárez, presidente de la Federación de Centros Universitarios (FCU-UCV) informó este jueves que en la Universidad Central de Venezuela se activó un centro de acopio para recolectar insumos esenciales en apoyo a los afectados por los dos terremotos ocurridos este miércoles en el país.

Suárez, en entrevista para Runrun.es, explicó que el plan es recolectar la mayor cantidad de insumos para dotar a los hospitales de Caracas con agua, medicamentos, comida y ropa para los afectados.

El dirigente estudiantil expresó que también quieren establecer un campamento en la UCV, a través de los Bomberos de la casa de estudios, para llevar los insumos recolectados hasta La Guaira. Además, quieren brindar asistencia médica y llevar a estudiantes de psicología para atiendan a las víctimas del terremoto.

La organización Otro Enfoque también habilitó un centro de acopio en su sede ubicada en Los Símbolos para recibir donaciones y apoyar a las comunidades más afectadas.

A nivel nacional, el portal La Vida de Nos informó los centros de acopio que están funcionando en varias entidades del país.

La red de supermercados y Farmacias Makro y Red Vital también se sumaron como centros de acopio a nivel nacional para apoyar a las familias afectadas.

Cáritas Venezuela activó centros de acopio en todo el país. Los principales puntos de recepción reciben agua potable, alimentos no perecederos y medicamentos esenciales.