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Recursos prometidos para Venezuela tras los sismos superan los 350 millones de dólares

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A cuatro días de los terremotos que sacudieron a Venezuela, gobiernos, organismos multilaterales y organizaciones humanitarias han anunciado recursos y mecanismos de asistencia que superan los 350 millones de dólares. Sin embargo, la mayor parte corresponde a fondos y compromisos públicos cuya entrega aún depende de los procesos de ejecución y desembolso.

La mayor asignación hasta ahora proviene del Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe (CAF), que anunció la creación de un fondo multidonante para la reconstrucción de Venezuela con un techo de hasta 200 millones de dólares, sujeto a aportes de gobiernos, empresas y organismos multilaterales. La CAF indicó además un aporte inicial no reembolsable de un millón de dólares como capital semilla.

El sistema de Naciones Unidas, a través de la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA), informó la asignación de 15 millones de dólares del Fondo Central para la Respuesta a Emergencias (CERF), destinados a fortalecer la respuesta humanitaria en las zonas afectadas.

Desde Estados Unidos, el secretario de Estado Marco Rubio señaló que el Departamento de Estado ha activado recursos de asistencia humanitaria para Venezuela, incluyendo apoyo en búsqueda y rescate, salud y logística, además de la coordinación con organismos internacionales para canalizar la ayuda. Estas medidas forman parte de los mecanismos de respuesta exterior del gobierno estadounidense, aunque no se han detallado desembolsos específicos adicionales al anuncio inicial.

La Federación Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja activó un llamamiento de emergencia por 50 millones de francos suizos para asistir a la población afectada, incluyendo insumos médicos, alimentos y kits de higiene.

Cáritas Española informó la movilización de 300.000 euros de urgencia como parte de una campaña de emergencia en coordinación con Cáritas Venezuela, con el objetivo de ampliar la captación de fondos entre donantes públicos y privados.

Brasil anunció el envío de ayuda humanitaria y material médico, incluyendo equipos para la instalación de un hospital de campaña, como parte de su cooperación internacional tras el desastre.

México comunicó el envío de un contingente de más de 260 efectivos, incluyendo rescatistas, personal médico, binomios caninos y material especializado para búsqueda y rescate.

Colombia estableció un protocolo para canalizar la ayuda humanitaria y médica hacia Venezuela, definiendo un único mecanismo institucional para recibir y evaluar ofertas de cooperación internacional en salud y emergencias.

En conjunto, los anuncios incluyen fondos financieros, asistencia técnica y despliegue de personal especializado. No obstante, la mayoría de los recursos corresponde a compromisos públicos o asignaciones iniciales que dependen de coordinación internacional, procesos administrativos y ejecución operativa para su materialización.

*El periodismo en Venezuela se ejerce en un entorno hostil para la prensa, con decenas de instrumentos jurídicos dispuestos para el castigo de la palabra, especialmente las leyes “contra el odio”, “contra el fascismo” y “contra el bloqueo”. Este contenido está siendo publicado teniendo en consideración las amenazas y límites que, en consecuencia, se han impuesto a la divulgación de informaciones desde dentro del país.

En La Guaira: Si hay alguien con vida emita dos sonidos

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«Si hay alguien aquí con vida, emita dos sonidos», dice un rescatista en La Guaira. Alrededor de él, 10 o 15 hombres esperan cualquier voz, ruido o señal. Nada pasa. Piden silencio absoluto. Nadie se mueve, los motores de las motos y los carros se apagan. Son segundos de tensión y de reanimación de la esperanza. En el edificio Vistamar, en Caribe, no pasa nada.

A medio kilómetro, apenas a unos pasos de las ruinas del centro comercial Costa del Sol, en las residencias la Villa, alguien grita. Es la señora Marisol. Del piso 1B. Carlos Cedeño la escuchó. Su hermano y su sobrino, Alex Pérez padre y Alex hijo, aún siguen bajo los escombros. Aunque no sea su familiar, «es bonito escuchar a alguien con vida». Es la tarde del tercer día después del doble terremoto. La ventana de las 72 horas de supervivencia está por cerrarse. La hija de Marisol se llama Yandi. No estaba ahí cuando ocurrió el desastre. Su hermano Chichi, con síndrome de down, fue rescatado. Su hija también.

Yandi no habla. Está parada en la entrada a la residencia. Ve hacia las ruinas de lo que fue un edificio de siete pisos. Hoy sólo queda la reja, la fachada que la sostiene y el cartel del nombre de la edificación. Hace contacto visual conmigo y me abraza, fuerte, muy fuerte. «Es mi mamá», dice entre lágrimas y se va.

En el edificio Vistamar, entre rescatistas venezolanos y salvadoreños intentan hallar personas tapiadas en los escombros de una estructura de ocho plantas

El mismo milagro que ella esperaba lo aguardaba Norelis. El apellido que comparte con su hermano es Aquino. Freddy, se llama. Es capitán de barco. Vivía solo. Ella tiene 55 y le lleva 10  años. “Es desesperante esta agonía”. Pero “que haya una pizquita de vida, no tiene explicación”, dice. Que la mamá de Yandi haya podido dar señales de vida le renueva el espíritu. Aún lo espera.

“Yo le pegué gritos. Me dijo un muchacho anoche que no puede hablar sino tocar (hacer ruido entre los escombros).  Entonces le digo, “haz algo, Freddy”. Es mi hermano y lo amo”. Mientras se limpiaba las lágrimas, agarraba un suero y un sánguche repartido por grupos de voluntarios. Llegó a las 6:00 am del 27 de junio. Salió desde el Tigre pidiendo cola. En Gato Negro, una gandola la bajó hasta allá. “Si me lo da con vida, ese será el milagro más grande”.

Cuando terminamos de hablar, eran las seis de la tarde y dos minutos de esa hora ya habían pasado. Faltaban trece minutos para llegar al punto de encuentro donde el transporte me esperaba para regresar a Caracas. No alcancé a saber si rescataron a Marisol ni a Freddy. Esos procesos demoran. Yo debía aún hacer algo.

La Villa estaba a una cuadra y media de donde vive, o vivía, mi tía Carmen Jeaneth. En Carimar, una residencia de 10 pisos, la conocen como “la doctora”. No está muerta. Su esposo tampoco. Se salvaron porque el día del terremoto ella estaba de guardia en una clínica en la capital. Él la estaba esperando. Cuando ella supo que iría a Vargas sólo me pidió una cosa: “¿puedes ver cómo está mi casa?” Pero no pude. En los primeros tres pisos, dos antes de llegar a su apartamento, están sin paredes. No se puede entrar. Sólo sentí un gran vacío al ver delante de mí la destrucción de un lugar en donde pasé vacaciones enteras, cumpleaños y navidades; fueron mucho más que celebraciones; fueron momentos de amor, alegría compartida y agradecimiento de ver construido el sueño entero de mi tía, mi segunda madre: tener una casa propia en Venezuela. Le tomó años lograrlo, apenas en 2024 pudo comprarla. Hoy ese sueño se pulverizó. No tiene techo.

«¿Viste mi camioneta?», me preguntó. Una kombi del 79. Los vecinos me dijeron que está intacta. A Ungar Villamizar, que agradece estar vivo aunque no tenga casa, se le dañó el carro. Es vecino de Carmen. Va a usarla para sacarle el aceite y poder llevarse a su padre de 78 años y a su madre de 60 a Caracas. Ahí lo espera su familia. Su otra familia, todos los amigos que hizo en Carimar, están a salvo. De la torre de al lado nada queda. Sólo polvo. En una pared escribieron el nombre. Alguien que no haya estado ahí antes no identificaría el edificio. Yo sí. Caraballeda Sol. Desde el quinto piso de la casa de mi tía, siempre veía con recelo que esa piscina fuera más grande y bonita. Hoy sólo da tristeza saber que ahí, como cuenta Ungar, «hay un niño de dos años fallecido». Milagrosamente, sigue diciendo, «unas siete personas fueron rescatadas con vida. El número aproximado de personas fallecidas, con cadáveres ya encontrados… 10».

Allí al menos han encontrado los cuerpos. Tienen la certeza de que la vida ya los deshabitó. Pero en Arichuna, hacia los Corales, había una fiesta con 40 niños. El papá del cumpleañero salió a comprar refrescos y cuando regresó ya no había nadie. El terremoto los había tapiado, contó un voluntario que ayudó a sacar escombros a ver si podían encontrar a alguno de los pequeños. Cuando hablé con él, el corazón se me hizo pequeño. Mi sobrino de 10 años también vive en La Guaira; la mitad de mi familia, para ser honesta; esa mitad lo perdió todo porque viven hacia lo que ahora llaman la zona cero: Caraballeda, Caribe y Naiguatá.

En Arichuna, cuatro colchones forman un cofre sostenido por un árbol. En el hueco del centro se apilan los cuerpos. La fetidez se vuelve más intensa con cada paso que nos pone más cerca al edificio de 12 pisos. «Este es el piso 12», explica José Piñero. Lo que señala está en la acera de la calle: la estructura de atrás colapsó, cayó hacia adelante y aplastó ese edificio también. Él y su esposa viven en Casalta 1, en Catia. Bajaron para buscar a la abuela de José. Vivía allí con su hija, el esposo de su hija, sus dos nietos. Otros dos familiares habían bajado a visitarlos el día del terremoto, por ser feriado.

De los siete, tres ya habían sido encontrados muertos. Su abuela también.

En una silla de plástico, como custodiando los cuerpos estaba él. Al lado, su señora. «Toma, póntelos. Los necesitas», me dijo, dándome un par de zapatos que estaban entre las donaciones para los damnificados. Mis botas se habían despegado. «Se ve que eres como 37. Esos te traje». Se lo agradecí. Y antes también a Yurianny Ortega.

Ella estaba en Costa Brava, el edificio de al lado. Se había mudado esa semana con su amiga Alexandra Guedez. Vivían antes en Caracas y estudiaron fisioterapia juntas en San Juan de Los Morros. Cuando vio cómo tenía los zapatos me dijo «Yo tengo tirro». Me lo pasó y nos sentamos en uno de los dos colchones tumbados a la orilla de la entrada a la construcción. Frente a nosotras, un árbol frondoso que daba sombra a la mamá de Alexandra. Tenía en su mano un teléfono con una foto de su hija. Su hermana, al lado de ella, la abrazó. El llanto era desconsolado.

Costa Brava tenía siete apartamentos por cada uno de los 13 pisos. De los apróximadamente 50 habitantes, 30 han sido reportados como desaparecidas. 

Ellas, y también Jeison, el novio de Alexandra, han estado ahí desde la noche del terremoto. Bueno, casi todas las noches. Cuando hubo la alerta de tsunami, los desalojaron. «Todo fue horrible. Pedimos cola. Nos fuimos.Todos pensábamos que nos íbamos a morir. No había luz. No veías el mar. No veías nada», recuerda. Eso fue la segunda noche. Pero para el tercer día volvieron.

Volvieron porque quieren encontrarla. Tienen esperanza. Aunque pasen las horas y, con ello, se reduzcan las posibilidades de hallarla viva, no se van. Están desesperados, preocupados, hastiados. «Del gobierno no tenemos ayuda de nada», suelta Yurianny. Es la única que aún da voz. La familia de su amiga está apagada. De ellas sólo se escucha llanto.

Unos hombres están en fila para jalar una cuerda y sacar una puerta que obstaculiza la entrada hacia dónde piensan que vieron algo. «Negativo», grita el que está comandando la operación y dando instrucciones al resto. Los rescatistas extranjeros fueron. “Pero ellos vienen buscando solo personas vivas. En Costa Brava decían que ya no había nadie con vida. Entonces viene, pero de una vez se retiran”. La burocracia de la supervivencia.

En Vargas, la destrucción demuele por dentro. Cuesta pensar en cómo será la reconstrucción de un estado que sigue sumando desastres naturales al miedo que habita en la memoria colectiva de quienes hoy deben ponerle bloque y cemento a una tierra que ya se ha tragado vidas dos veces. Para quienes guardamos allí recuerdos, esa destrucción se siente en el pecho.

En el edificio Costa Brava apenas han hallado dos personas con vida
Roca Azul es un supermercado en Caraballeda

En la morgue se mezcla certeza de la muerte e incertidumbre de los desaparecidos

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-Hola David*, que fuerte todo lo que pasó ¿Estás bien? qué horrible todo esto, te mando un abrazo. 

-Si Camila*, gracias a Dios todos bien, un susto fuerte, pudimos salir del edificio, estamos afuera por las réplicas .

-¿Y el resto de tu familia?

-Todos bien, gracias a Dios.

-Qué bueno, me alegro, mira, me da pena pedirte algo en este momento, pero no tengo a más nadie a quien recurrir.

-Vale, dime.

-Mi papá vive solo en un edificio de Caraballeda y estamos tratando de comunicarnos con él y no responde, estamos desesperados.

Esa fue una de las miles de conversaciones que se generaron luego de los dos terremotos que sacudieron a Venezuela el pasado 24 de junio y que causaron más de un millar de muertos, centenas de heridos y miles de desaparecidos, además de daños materiales incalculables, según cifras oficiales hasta este sábado 27 de junio.

Camila es venezolana, pero vive en el extranjero, al igual que sus hermanos desperdigados por el resto del mundo, como consecuencia de la crisis política y económica que padece Venezuela desde al menos 2013, con la llegada al poder del hoy encarcelado en los Estados Unidos, Nicolás Maduro.  

Juan*, el padre de Camila había decidido regresar solo a Venezuela luego de la muerte de su esposa en México. Esa tarde estaba disfrutando de un día feriado en Venezuela a propósito de la Batalla de Carabobo. No sabía que su destino y el de miles tomaría un vuelco inesperado en poco más de 40 segundos. 

Ante la desaparición de Juan, un grupo de amigos de Camila y sus hermanos en Venezuela se activaron para dar con el paradero del septuagenario. 

David se ofreció para ir a la morgue Bello Monte en Caracas al día siguiente del movimiento telúrico. A medida que se acercaba al Servicio Nacional de Medicina y Ciencias Forenses (Senamecf),  la aglomeración de vehículos y gente se acentuaba.

Conos con efectivos del Servicio Bolivariano de Inteligencia (Sebin), funcionarios de la Guardia Nacional Bolivariana (GNB) y de la Dirección General de Contrainteligencia  Militar (Dgcim) acordonaron la morgue. Adentro, en una carpa, personal de Senamecf, hacía dos preguntas a quienes llegaban a buscar a sus familiares: ¿Está desaparecido o murió?, ¿La Guaira o Caracas?

Según la respuesta de cada quien, lo colocaban en un fila.  Después una hora de espera, a David lo pasaron con una funcionaria de la morgue que revisó en un libro nombres y cédulas de identidad. Algunos no tenían identificación alguna. Juan, el papá de su amiga, no estaba en ese libro. Paso seguido, esperó otro lapso donde la misma empleada pública le enseñó junto a otro grupo de personas fotos de cadáveres rescatados en La Guaira. A todos les advertía repetidamente: “guarden los teléfonos, aquí no se puede tomar fotos”.

A medida que pasaban las imágenes el corazón latía más. Las lágrimas, nervios, ansiedad y náuseas se empezaron a juntar. Algunos cadáveres lucían irreconocibles, quemados, con laceraciones profundas, politrautamistos y sangre.

-David: Ya va, detén esa foto para verla. 

-Funcionaria: Tranquilo, no hay apuro.

-David: Se parece, pero no estoy seguro, no me suena esa barba.

-Funcionaria: Tenía algo que le caracterizaba en el cuerpo ¿Un tatuaje o una cicatriz?

-David: Si, de hecho le amputaron un dedo del pie izquierdo porque es diabético.  

-Funcionaria: OK, déjame bajar a la cava a ver, esperame sentado aquí.

Mientras la funcionaria se refería a Juan en pasado, David hacía hincapié en usar verbos en presente. A David la espera se le hizo eterna, sintió lo mismo que cuando un paciente espera por el resultado de una biopsia.

Ya el hedor a muerte estaba completamente posesionado de la morgue. 45 minutos después,  la funcionaria volvió con un anatomopatólogo. El corazón de David se volvió a acelerar. “No hay cadáveres con dedos amputados allá abajo”.

Como a Matt Damon le tuvieron que repetir  varias veces en la película “Contagio”  que Gwyneth Paltrow estaba muerta, a David le reiteraron en varias oportunidades que Juan no lo estaba y que su estatus seguía siendo desaparecido. David salió de la morgue oliendo a muerte, pero con la esperanza de encontrar a Juan vivo. 

Agarró el teléfono e inmediatamente le escribió a Camila: un simple “No está aquí”, un texto que fue reenviado decenas de veces a familiares de Juan en el mundo.

Cientos de historias, el mismo final 

José Nogal estaba cenando con su mamá Gisela Escalona de 63 años en su casa de tres plantas en El Junquito, cuando todo empezó a estremecerse y desplomarse. 

“Nuestra vivienda quedó completamente tapiada, mi mamá no pudo salir a tiempo. Yo  tuve la fortuna de que quedé bajo una viga y  pude excavar hasta que unos vecinos me ayudaron a salir, prácticamente estaba bajo tierra”, narró Nogal. 

Mientras que José Balbi murió en el acto luego de que el edificio donde vivía en La Guaira colapsara por completo, según contó su madre, Mariela Marrero en la morgue.

Marrero dijo que a un hombre en el edificio donde estaba su hijo mayor pudieron haberlo sacado con vida, pero la ayuda tardó y murió asfixiado. 

“Cuando pasaron los terremotos, nos fuimos inmediatamente a La Guaira porque tuvimos un presentimiento, tuvimos que buscar nuestras propias herramientas y entre nosotros mismos lo sacamos”, dijo Marrero, cuyo hijo era marino mercante.

Nogal agregó que, sin maquinarias es imposible recuperar los cuerpos que quedaron tapiados en El Junquito.

“Los funcionarios tienen la vocación de ayudar, pero no cuentan con las herramientas necesarias para enfrentar una catástrofe como esta, la devastación fue abrumadora”, lamentó. 

El hombre se pregunta si su mamá hubiese sobrevivido si las autoridades hubiesen actuado con celeridad: “Creo que la probabilidad de salvar algunas vidas hubiese aumentado, sobre todo en el caso de los adultos mayores y los niños”.

Relató también que fue testigo de un niño que pudo escapar del colapso de su casa, pero en la calle un poste de luz se cayó y lo aplastó. “El riesgo era inminente, cayeron cables eléctricos por todos lados”, recordó.

Enylson González también expresó que si tal vez los bomberos hubiesen llegado más temprano al edificio Rita Mar Palace, de Caraballeda, y además con implementos adecuados, su tía María Elena Moreno Méndez quizás estaría herida y no muerta.

“El auxilio llegó de madrugada, mi tía sufría de asma y el polvo la hizo morir asfixiada”, precisó. 

José Parada, cuñado de Moreno Méndez, denunció además que los policías llegaron a robarse los enseres de los apartamentos que quedaron destruidos y no en ánimos de colaboración: “No puede ser, es insólito que quienes deben ayudarte, estén pendientes de robar”. 

¿Superior a la pandemia?

José Itriago, trabajador de la Funeraria San Miguel, que estaba en la morgue de Bello Monte, considera que las muertes de los dos terremotos que sacudieron Venezuela superarán a los de la pandemia del coronavirus de 2019.

De acuerdo con cifras oficiales del entonces gobierno de Maduro, murieron 5856 personas, aunque el total acumulado a lo largo de la emergencia sanitaria no se conoce con certeza, algunas organizaciones independientes calculan que existe un subregistro y pudo ser significativamente mayor. 

“En 12 años que tengo trabajando en la empresa funeraria jamás había visto algo así, esto es una carroza tras otra y siguen subiendo cuerpos, especialmente de La Guaira. Esta gente aquí en la morgue está sobrepasada, tienen una tecnología antigua, este país no está preparado para un evento así, esta nación es un colapso”, opinó. 

En la morgue había un experto forense de Brasil que prefirió no dar su nombre. “Vinimos alrededor de 18 personas, todos somos voluntarios, esto sinceramente es una catástrofe grande, pero estoy seguro que saldrán adelante”.  

Estudiantes, comerciantes y hasta adolecentes ayudan 

“Lo más impactante que he visto es a la propia gente trayendo a los muertos de La Guaira en carros particulares”, dijo Camila Rodríguez, estudiante del último trimestre de Psicología de la Universidad Metropolitana (Unimet), quien desde el jueves 25 de junio se fue a la sede del Senamecf en Bello Monte con otros compañeros a ofrecer ayuda voluntaria.  

“Vimos que nadie estaba ayudando lo suficiente y decidimos venir, en este momento tenemos que estar unidos”, consideró la estudiante, al tiempo que agregó que han dotado de comida, agua, café e hidratación a más de 500 personas. 

Rodríguez informó que no solo ofrecen servicios en la morgue,  sino en distintos hospitales de Caracas como el Hospital Domingo Luciani de El Llanito y el Clínico Universitario de la UCV.

La universitaria indicó también que la Unimet está ofreciendo terapia psicológica gratuita las 24 horas a quienes la requieran.

“En medio de todo, nos hemos encontrado con una solidaridad tremenda, le hemos dado comida a los trabajadores de la morgue a gente del Cicpc que no tienen insumos, han estado todo el día aquí, nosotros vamos a seguir aquí hasta que sea necesario”, manifestó.

Rosiris Suárez decidió no abrir su negocio este viernes 26 de junio y, junto a su familia más un grupo de empleados,  hicieron comida para repartir a la gente necesitada.  

“Trajimos almuerzos, arepas e hidratación. Aquí he conseguido gente que no quiere comer porque están tristes, pero que pasa todo el día aquí, estos son los momentos en los que tenemos que unirnos. Nosotros somos 15 personas que pensamos ir también al Junquito y a San Bernardino”, especificó.

Con apenas 14 años, Kevin Bello junto a otros “chamos” de su edad cargaba un bulto de agua mineral y repartieron botellas en las adyacencias de la plaza contigua a la morgue.    

“Somos de la parroquia San Pablo Apóstol, de Colinas de Bello Monte y lo que queremos es ayudar, todos somos hijos de Dios”, dijo el adolescente.  

*Nombres cambiados a petición de los entrevistados

*El periodismo en Venezuela se ejerce en un entorno hostil para la prensa, con decenas de instrumentos jurídicos dispuestos para el castigo de la palabra, especialmente las leyes “contra el odio”, “contra el fascismo” y “contra el bloqueo”. Este contenido está siendo publicado teniendo en consideración las amenazas y límites que, en consecuencia, se han impuesto a la divulgación de informaciones desde dentro del país 

¿Dónde está la Fuerza Armada Venezolana? la pregunta que muchos se hacen tras los terremotos en Venezuela

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Si se compara la actuación de la Fuerza Armada Nacional Venezolana ante la actual emergencia por los dos terremotos del pasado 24 de junio que ya dejan más de 1.000 muertos, con la de otros desastres naturales como la de El Limón (1987) o el deslave de Vargas (1999), muchos se preguntan dónde están los militares del país.

Con una vocería centralizada en Delcy Rodríguez, Diosdado Cabello y Jorge Rodríguez, los militares están en un segundo plano.

El decano de la Facultad de Ciencias Jurídicas, Políticas y Criminológicas de la Universidad de Los Andes (ULA), José Antonio Rivas Leone, una de las repuestas a este bajo perfil se debe a la «limitada capacidad de respuesta del Estado», donde la Fuerza Armada es uno de los componentes del marcado deterioro que vive el país, ahora magnificado por el doblete sísmico.

«La capacidad de respuesta del Estado ha sido muy limitada. El papel de nuestras Fuerzas Armadas en las primeras horas y días ha sido sumamente escaso por no decir nulo, lugares muy afectados donde la presencia de militares y socorristas de México, El Salvador, Estados Unidos, Republica Dominicana fue oportuna y rápida, pero donde paradójicamente pese al equipamiento técnico en el que se han invertido millones de dólares, como ocurrió el pasado 3 de enero (captura de Nicolás Maduro y Cilia Flores) quedaron muy mal en sus actuaciones y ahora más».

Militares en acopios

Y aunque Miraflores anunció la militarización de La Guaira poco después de declararla zona de desastre, la presencia sigue siendo insuficiente. Mientras tanto los efectivos castrenses, el sábado 27 de junio, eran los encargados de llenar el registro de voluntarios en El Poliedro de Caracas, como constataron varias personas en el lugar. Mientras, ciudadano remueven escombros con las manos, porque no hay personal suficiente para ayudar a rescatar a personas que están bajo las edificaciones.

La misma Delcy Rodríguez durante la madrugada del domingo, 28 de junio, compartió en su canal de Telegram, un video en el que estaba con una gorra de la Fuerza Armada, donde en una forma de intentar responder a las críticas, aseguró que en el Complejo Deportivo José María Vargas, los militares estaban en labores dentro de un centro de acopio, el más grande para la región.

«Para que vean como nuestra Fuerza Armada está participando en la clasificación de la ropa, de la vestimenta, de los medicamentos, de la comida y de aquí entonces se distribuye a los centros de refugio, a los centros de hospitales que lo requieran. Es una organización extraordinaria donde el esfuero de nuestra Fuerza Armada Nacional Bolivariana, del Sistema Nacional de Misiones y grandes Misiones Sociales, de la Gobernación del estado La Guaira y de la Alcaldía, es un esfuerzo mancomunado para que no le falte nada a nuestro pueeblo que ha sido víctima de esta terrible tragedia que ha enlutado a familias venezolanas».

Son escenas que contrastan con lo que vio El Pitazo en recorridos por la entidad, donde los rescatistas de otros países eran quienes llegaban a labores de control del orden público ante la ausencia de los venezolanos.

Militares eran los encargados de llenar el registro de voluntarios que ordenó Miraflores en el Poliedro de Caracas desde el sábado 27 de junio

Un reflejo del retroceso institucional

El académico Rivas Leone, que es doctor en Ciencia Política, insistió en que el estamento castrense señalada de abusos, y una masiva violación a los derechos humanos como parte del aparato represivo del chavismo, son parte del deterioro institucional acumulado en más dos décadas de gestiones chavistas.

«La tragedia nacional que hoy vive Venezuela y los venezolanos lamentablemente es un reflejo del retroceso que hemos experimentado en muchas áreas no así el gentilicio nacional de los venezolanos y de la sociedad civil que a una sola voz una vez más demuestran su solidaridad y  empatía», destacó.

Una fuente que prefirió el anonimato explicó que dentro de la Fuerza Armada tiene sus unidades melladas, más allá de lo que quiere aparentar el alto mando militar lleno de generales y mayores generales.

Destacó que las tropas son pocas, no están entrenadas para eventos como el actual y los antiguos batallones fueron convertidos en las llamadas URRA (Unidades de Reacción Rápida) que muy poco tienen un perfil técnico para situaciones como las vividas después de dos terrremotos de magnitudes 7.2 y 7.5 que dejaron a La Guaira como una zona de desastre.

Aseguró que se trata de un problema operacional, donde los sistemas de comando, operativos y de control no están engranados para atender la emergencia. «No hay oficiales, no hay tropas, no hay entrenamiento, no hay logística y sobre todo no ha habido desde hace mucho tiempo ejercicios, no ha habido maniobras, no ha habido despliegue y no ha habido nada de eso porque no hay Ejército», destacó.

Fuerza Armada está sin liderazgo y operatividad

El exdirector de Protección Civil, Ángel Rangel, coincide con la fuente sobre la ausencia de la Fuerza Armada como una voz de mando frente a la tragedia. A él le tocó estar al frente de la institución durante el deslave de Vargas, de 1999, por lo que se hace la misma pregunta que muchos en la calle.

Aunque difirió al asegurar que tenían el equipamiento, sí mencionó que hay una falta de mando en la institución en una entrevista que ofreció al medio argentino Infobae.

“Eso es inconcebible, porque los militares tienen el recurso humano y los equipos, pero extrañamente eso no ha funcionado porque no hay una unidad de mando que haya previsto qué hacer en casos de desastres”, explicó al sitio web del país suramericano.

En La Guaira hubo saqueos el jueves 25 de junio ante la presencia de funcionarios policiales que no impidieron el desorden que se generó en varias tiendas y comercios del litoral central. En ese momento, allí no había militares como constató el equipo de El Pitazo en el lugar.

Rangel insistió en que el chavismo desmontó la estructura organizativa de la Fuerza Armada, la dedicó al tema político y al llamado control del orden interno al considerar a los opositores a esa corriente política como los enemigos a combatir.

“No hay una planificación y un comando único para dirigir operaciones, mientras se perciben serias limitaciones para establecer mecanismos de información y comunicación para los ciudadanos», dijo a Infobae al que detalló que el interinato no está en capacidad de ejercer un liderazgo sobre la institución.

Una caja negra usada para la represión

Una fuente experta en Ciencia Colítica, consultada por El Pitazo para este análisis, que prefirió mantener su nombre en reserva, dijo que la Fuerza Armada quedó convertida en «una caja negra» por lo que hay más preguntas que respuestas sobre su papel en esta tragedia.

«El principal problema es uno de entrenamiento y capacitación. Especialmente a partir de 2013 han estado enfocados en la represión interna. Hay que preguntarse: ¿Existen, como antes, unidades especializadas en manejo de emergencias y desastres? Se ve el nombramiento de un militar como ‘autoridad única’ pero ¿Qué capacidad técnica e institucional tiene en la gestión de emergencias? ¿Qué dotación tiene actualmente la FANB para el manejo de esta situación de desastre y emergencia? Como se aprecia son más las interrogantes que certezas», destacó.

Entre las interrogantes también destacó cuál es la capacidad y preparación de los militares ante una emergencia de esta magnitud, especialmente por la politización del estamento militar.

«Adicionalmente influye su politización que ha llevado a otro problema fundamental en la actual circunstancia. La falta de credibilidad y confianza que tiene la sociedad en esta institución. Lo muestran las encuestas que miden el apoyo a determinados actores, donde la FANB se ubica entre los últimos lugares. En la actualidad se pone en duda su capacidad de coordinar y colaborar ante la tragedia. Habrán casos puntuales de colaboración con civiles, pero probablemente sean los menores», explicó.

Lo que se debió hacer antes de la tragedia

En la Conversa ARI-Con La Luz de este viernes, 26 de junio, el general en retiro Ángel Rivero, quien también estuvo al frente de Protección Civil, dijo que una «consternación fuerte» por la catástrofe con una baja capacidad de respuesta institucional. Y aseguró que se podría preveer o reducir el impacto de eventos de este tipo, al ser Venezuela una zona sísmica al estar atrevesada por tres fallas geológicas (El Pilar, San Sebastián y Boconó).

Citó estudios que se hicieron con asesoría de Japón en el año 2005 en el que se compararon los terremotos de Caracas de 1812 y 1967 que permitirían generar programas para reducir la vulnerabilidad de estos eventos telúricos.

En recorridos de El Pitazo también se constató a miembros del Ejército de México ejerciendo labores de control y orden público ante la ausencia de los miitares venezolanos. Incluso, Estados Unidos envió al mayor general  Kevin J. Jarrard, del Cuerpo de Marines, para estar a frente de un contigente de más de 200 hombres que participan en labores de rescate.

Las autoridades anunciaron el viernes una reunión con Jarrard y el encargado de negocios de la embajada estadounidense, Jonh Barret, para coordinar cómo recuperar la operatividad del aeropuerto de Maiquetía, severamente dañado por los terremotos.

«Reafirmaron su compromiso de apoyar los esfuerzos de respuesta mediante el envío de rescatistas, equipos especializados, apoyo a los refugios temporales y asistencia humanitaria para las familias afectadas», escribió Delcy Rodríguez en su cuenta de Telegram.

El Comando Sur actualizó que están enviando un «Elemento de Respuesta ante Contingencias (CRE, por sus siglas en inglés) para asistir al gobierno venezolano y a las autoridades de aviación en estudios, evaluaciones y gestión de aeródromos, con el fin de restablecer de forma segura el tráfico aéreo y las operaciones de aviación en las zonas afectadas».

Esto responde, como detalló Rivero, a la precariedad de organizaciones de emergencia en Venezuela, en las que además de la Fuerza Armada se incluye a Protección Civil y Bomberos, instituciones que al igual fueron politizadas y partidazadas, pero no entrenadas para actuar en este tipo de eventos como ha quedado demostrado en las primeras horas de la tragedia.

La fuente con conocimiento militar insistió en que «el Ejército no puede desplegar batallones, una brigada con cinco o seis batallones, no puede desplegar compañías aisladas con capitanes y todo su su tren logístico para hacer una operación o llevar a cabo operaciones de sostenimiento de la paz, porque no no hay esa capacidad».

¿Quién dirige la Fuerza Armada?

Rivero añadió que la Fuerza Armada debió ser desplegada en unidades y sectores para el control y la gestión del desastre, lo que no ha ocurrido. «Lo que hay es una visión política de personas que no tienen el tecnicismo ni el equipamiento necesario para salvar vidas», lamentó en la Conversa ARI Con La Luz.

«El ministro de la Defensa está haciéndose fotos y no está dirigiendo una Fuerza Armada que debe estar concatenada estrictamente a las labores de seguridad y coordinación», criticó el general en retiro.

El experto que guardó su nombre en reserva recordó que cuando Vargas se trajeron tropas de otros batallones que no tenían la experiencia para responder a la contingencia por lo que involucraron en saqueos, por lo que ese temor quedó instalado en la institución. Además, los que deberían actuar serían los cuerpos de ingenieros que están sin equipamiento, lo que reduce la participación castrense ante el evento.

Operadoras telefónicas activan llamadas gratuitas y conectividad satelital 

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Las telecomunicaciones se convirtieron en uno de los servicios más críticos durante las horas posteriores a los terremotos que sacudieron a Venezuela. Con miles de personas intentando localizar a familiares y conocer el estado de sus seres queridos, las empresas del sector anunciaron medidas para garantizar la comunicación en medio de la emergencia.

Movistar fue la primera en informar que habilitó llamadas y mensajes de texto (SMS) gratuitos para sus clientes durante 72 horas. Posteriormente, la compañía anunció el despliegue de conectividad satelital mediante tecnología Starlink Direct to Cell en zonas afectadas del estado La Guaira, con el objetivo de mantener operativos los servicios de mensajería mientras se restablece la infraestructura terrestre.

Digitel también informó, a través de sus canales oficiales, la activación de llamadas y SMS gratuitos durante 48 horas como una medida para facilitar la comunicación entre familiares y allegados durante la contingencia.

En el caso de Movilnet, aunque medios especializados la incluyen entre las operadoras que apoyaron la conectividad durante la emergencia, hasta el cierre de esta edición la empresa no había publicado en sus canales oficiales un comunicado detallando beneficios extraordinarios similares a los anunciados por Movistar y Digitel.

Las acciones de las operadoras se suman a otros esfuerzos tecnológicos desplegados durante la crisis. Starlink anunció la activación temporal de servicios para apoyar la recuperación de las comunicaciones en las zonas afectadas, para facilitar la conectividad en lugares donde la infraestructura convencional resultó comprometida.

La importancia de estas medidas trasciende lo tecnológico. En medio del dolor, miles de venezolanos dentro y fuera del país dependen de una llamada o un mensaje para confirmar que sus familiares están a salvo. Desde España, México, Estados Unidos y otros países donde reside la diáspora venezolana, la angustia se vive a la distancia. “Estamos rotos y debemos fingir en nuestros trabajos”, relató a El Pitazo la venezolana Eliana Bastos, residente en Madrid, quien confesó que durante sus jornadas laborales debe ocultar las lágrimas mientras sigue pendiente de las noticias que llegan desde Venezuela.

En ese contexto, las medidas adoptadas por las empresas de telecomunicaciones representan mucho más que un alivio económico. Para miles de familias, la posibilidad de hacer una llamada, enviar un mensaje o mantener una conexión a internet ha significado reducir, aunque sea por unos minutos, la incertidumbre que deja una tragedia de esta magnitud.

*El periodismo en Venezuela se ejerce en un entorno hostil para la prensa, con decenas de instrumentos jurídicos dispuestos para el castigo de la palabra, especialmente las leyes “contra el odio”, “contra el fascismo” y “contra el bloqueo”. Este contenido está siendo publicado teniendo en consideración las amenazas y límites que, en consecuencia, se han impuesto a la divulgación de informaciones desde dentro del país.

La Conversa de ARI con la Luz | Antonio Rivero: “Doblete sísmico se pudo prever reduciendo las vulnerabilidades”

El general Antonio Rivero, exdirector nacional de Protección Civil, advirtió este viernes 26 de junio, durante el programa La Conversa de ARI con la Luz, sobre las carencias operativas del Estado, evidenciadas en las emergencias, tras el doble evento sísmico registrado el pasado miércoles 24 de junio en la región norte costera del país, que afectó principalmente a La Guaira, declarada zona de desastre.

El experto sostuvo que el impacto de la emergencia pudo haberse mitigado si el país hubiese contado con una política pública orientada a la prevención y gestión de riesgo, basada en la identificación de las vulnerabilidades sísmicas del terreno. A su juicio, este tipo de planificación permitiría reducir tanto los daños estructurales como la pérdida de vidas humanas ante futuros eventos de esta naturaleza. 

“La mitigación de riesgo es que si se desarrollan estructuras como lo es la de Misión Vivienda Venezuela, eso debe tener unas normas que se cumplan porque si sucede un sismo tiene que haber edificios que puedan soportar ese movimiento telúrico y no desplomarse como sucedió. Es decir, todos los programas de vialidad, eléctrico, de servicios públicos tienen que desarrollarse bajo normas sísmicas”, subrayó. 

La demora en la atención a las víctimas que permanecieron atrapadas bajo los escombros, algunas de ellas con vida y aún a la espera de ser rescatadas con más de 72 horas después de la tragedia, ha reavivado los cuestionamientos sobre la capacidad de respuesta del Estado y de los organismos de seguridad y prevención. La situación también ha puesto en evidencia las dificultades en la organización y movilización de equipos suficientemente especializados de búsqueda y rescate hacia las zonas afectadas. 

Debilitamiento institucional de Protección Civil

Rivero denunció el desmantelamiento institucional de Protección Civil durante los últimos 20 años, lo que ha limitado la capacidad de respuesta, formación de funcionarios y dotación de equipamiento, que queda en evidencia en el contexto actual. Además señaló la falta de políticas sobre prevención y gestión de riesgo, reduciendo al organismo a que sea una “institución de respuesta”. 

“El país está en una crisis que abarca todas las instituciones y Protección Civil no escapa. Se ha politizado. El crecimiento que debió tener (no sucedió). El concepto de Protección Civil es transversal a todo. Ese concepto constitucional que existe donde toda persona tiene derecho a la protección, es anticipación, es prevención. La tienen como una institución de respuesta nada más, eso es bastante negativo y la dotación ha sido reducida en gran parte”, explicó el experto en la edición del programa, donde estuvieron Ronna Rísquez, coordinadora de la Alianza Rebelde Investiga, Cesár Batiz, director de El Pitazo y Luz Mely Reyes, directora de Efecto Cocuyo. 

Por otro lado aseguró que el Estado no ha tomado las decisiones que requiere el contexto social actual, en el que las personas estás pidiendo ser atendidas para rescatar a sus familiares de los escombros, movilización suficiente de funcionarios que disminuyan los tiempos de búsqueda y rescate de las víctimas, además que garanticen protección oportuna a los damnificados que solicitan alimentos, seguridad y atención médica. 

El exdirector nacional de Protección Civil enumeró alguna de las medidas que debe tomar el Estado para gestionar la crisis: 

La presencia de una autoridad única

Rivero explicó que en el contexto actual es necesaria la presencia de una autoridad única que tome la decisión de movilizar a los organismos de protección y prevención, de acuerdo a sus funciones operativas, que permita brindar seguridad, logística y apoyo a las personas para salvaguardar sus vidas. 

“El sistema no funcionó. La organización no funciona y lo que hay es una visión política protagónica de personas que no tienen el tecnicismo y el equipamiento necesario para salvar vidas (…) hasta ahora no se ha nombrado una autoridad única para tomar en consideración la administración de Vargas, Caracas, Aragua, Carabobo”, dijo. 

Cómo gestionar a los grupos de voluntarios

Desde las primeras horas de la emergencia, la solidaridad de los venezolanos ha marcado la respuesta ciudadana frente a la tragedia. Decenas de voluntarios se han desplazado hacia las zonas afectadas para colaborar en la remoción de escombros y brindar apoyo a las familias que permanecen en las calles, a la espera de noticias sobre sus seres queridos que continúan atrapados bajo las estructuras colapsadas. 

La noche de este viernes, Delcy Rodríguez anunció un proceso de registro para voluntarios que deseen movilizarse para apoyar en las labores de rescate. Sin embargo, ciudadanos denuncian retrasos en el flujo del censo. 

Finalmente, el exdirector de Protección Civil considera que es fundamental darle acceso a los periodistas a las zonas de desastre y mantener una comunicación continua para informar sobre lo que está sucediendo en el terreno y el apoyo que requieren las personas afectadas. 

*El periodismo en Venezuela se ejerce en un entorno hostil para la prensa, con decenas de instrumentos jurídicos dispuestos para el castigo de la palabra, especialmente las leyes “contra el odio”, “contra el fascismo” y “contra el bloqueo”. Este contenido está siendo publicado teniendo en consideración las amenazas y límites que, en consecuencia, se han impuesto a la divulgación de informaciones desde dentro del país 

El miedo también duerme en las calles de Guarenas

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El asfalto aún parece temblar bajo los pies. Han pasado tres días desde el fatídico miércoles 24 de junio, cuando un doble sismo fracturó la normalidad en Venezuela, incluido el eje Guarenas-Guatire, y la incertidumbre sigue siendo la única constante. El equipo de Runrun.es se trasladó a la zona este sábado 27 de junio para constatar que, más allá de las grietas en el concreto, lo que está quebrado es el sosiego de sus habitantes.

En la Unidad Educativa Menca de Leoni, el bullicio escolar ha sido sustituido por el trajín de un centro de acopio. Allí se reciben y organizan los suministros que la ciudadanía dona con una generosidad que ha desbordado los pronósticos. Tras abastecer por completo los refugios locales de Guarenas y Guatire, el excedente se prepara para ser enviado a Caracas, desde donde se redistribuye a otros puntos críticos.

Durante el recorrido periodístico, las pantallas de los teléfonos móviles avisaron que las aplicaciones de detección sísmica dispararon una alerta preventiva sobre un nuevo movimiento telúrico en proceso, esta vez con una magnitud superior a cinco. En un segundo, el fantasma del miércoles regresó. Las palabras se cortaron, el pánico emergió y la gente corrió instintivamente hacia las áreas despejadas del patio de la escuela, buscando un cielo abierto que no les cayera encima. El sismo no pasó a mayores, pero dejó en evidencia que los nervios en Guarenas siguen a flor de piel.

Polvo sobre los hogares de Oropeza Castillo

La destrucción material tiene coordenadas definidas en la urbanización Oropeza Castillo. Los bloques del 5 al 9 exhiben las cicatrices del desastre, pero la peor parte se la llevaron las estructuras 7 y 8. En el bloque 7, la fuerza de los dos sismos fracturó severamente las paredes y terminó por hacer ceder las escaleras. El bloque 8 sufrió la peor parte: la mitad de su estructura de concreto se desplomó y aplastó los pisos inferiores. Lo que antes eran salas, cocinas, fotografías familiares y recuerdos, quedó reducido instantáneamente a una densa nube de polvo y un cerro de escombros.

La fortuna —o el milagro del desalojo a tiempo— quiso que no se registraran víctimas fatales en este punto, pero al menos 60 familias se quedaron de la noche a la mañana flotando en la deriva material. Hoy, un grupo de estas personas pernocta en las adyacencias de las ruinas, en vehículos particulares o en carpas endebles. La solidaridad vecinal les ha provisto de alimentos y artículos de higiene personal, pero el verdadero enemigo es el futuro inmediato.

Una de las mujeres afectadas resumió la angustia colectiva ante una pregunta implícita: ¿qué pasará el día después de mañana? ¿A dónde irán?

“Ellos, las autoridades, quieren que salgamos de acá, pero el problema es adónde. Necesitamos que nos reubiquen, o al menos, que nos censen, para saber si más adelante vamos a tener apoyo para una mejor vivienda, o saber qué va a pasar con esto, si se va a destruir, o si se volverá a construir acá mismo”, expresó con firmeza y angustia.

El silencio del desconcierto en el Nicolás León

Apenas a una cuadra de la zona del colapso, el Estadio Nicolás León ha cambiado los bates y las pelotas por un campamento de refugiados. Unas 40 familias, que agrupan a cerca de 135 personas, intentan reconstruir una rutina mínima entre las lonas. Al entrar al recinto, el silencio es denso. Hay una marcada reticencia a declarar por dolor, desconcierto absoluto y un miedo soterrado a las represalias: temen que, si alzan la voz para denunciar las condiciones, las listas oficiales los dejen fuera de alguna eventual ayuda.

“Yo sé que es tu trabajo, pero después de esto que nos pasó, no queremos ni hablar, uno todavía lo está pensando, ni siquiera sabemos qué es lo que queremos”, comentó un joven refugiado, resguardado junto a los suyos en el interior de una carpa.

Un adulto mayor, que aceptó romper el silencio, fue enfático al rechazar el destino de vulnerabilidad e incertidumbre al que históricamente son confinados los damnificados en el país: “Las autoridades quieren reubicarnos en una escuela y después removernos a un refugio. Nosotros no queremos eso”.

Mientras, las funcionarias de la policía del Municipio Plaza del estado Miranda —encargadas de custodiar la seguridad del estadio— precisaron que hasta la tarde de este 27 de junio la cifra total de personas afectadas por los sismos ascendía a 600.

Vigas expuestas y bolsillos vacíos

El panorama no mejora al recorrer la Urbanización Menca de Leoni. En los bloques 35, 36, 37, 41 y 55 hay daños de importancia. Los residentes de los apartamentos ubicados entre los pisos 1 y 5 del bloque 55 han tenido que abandonar sus espacios para pernoctar en el liceo Antonio José de Sucre, situado a media cuadra de la edificación dañada.

César Planchez es uno de los vecinos desplazados. Relata a Runrun.es la contradicción técnica en la que se encuentran: las brigadas de atención especial de la alcaldía y otros cuerpos de seguridad les han asegurado que ya pueden retornar a sus hogares porque supuestamente el edificio no corre riesgo de colapso. Pero la realidad intramuros los limita: el apartamento de Planchez, ubicado en el quinto piso, tiene daños en tuberías de aguas blancas y negras. El vecino precisa que concretar las reparaciones elementales le costará unos 2000 dólares.

Otras vecinas guiaron un recorrido por el bloque para mostrar con preocupación la preocupante exposición de vigas, cableados y tuberías en los apartamentos que se fragmentaron. Tienen miedo de volver, aunque les digan que la estructura es segura. A este temor se suma la desprotección institucional: “La alcaldía ya nos dijo que no hay real, que lo tenemos que hacer por nuestra cuenta”, indicó con amargura una de las residentes.

Por su parte, en el urbanismo Cloris II, el concejal Ingals Puerta aseguró que solo cinco apartamentos tienen daños estructurales, luego de que una brigada ejecutara una inspección. Pero los vecinos seguían en carpas por temor de retornar a sus hogares y ponían en duda esta inspección.

Los vecinos compartieron imágenes de los daños en sus viviendas y bloques e insisten en que no se sienten seguros de volver.

Reparar no es tan fácil

En el sector La Ribera de la urbanización Nueva Casarapa, el discurso oficial también decretó que la zona era segura para ser habitada nuevamente. El propio alcalde del municipio Plaza, Antonio Galíndez, caminó este sábado por las calles del sector para dar un parte de tranquilidad.

Las evaluaciones indican que, si bien existen en el interior de varios inmuebles y grietas visibles en las fachadas, estas afectaciones no comprometen la estructura principal. Sin embargo, la tranquilidad oficial choca con el bolsillo del propietario.

Un vecino buscó asesoría técnica independiente. Reparar los estragos que el doble terremoto dejó en su apartamento costará la suma de 5000 dólares. “Ya veremos cómo hacemos, la alcaldía informó que eso correrá por la cuenta de cada propietario”, comentó resignado.

Otros vecinos que aún estaban en carpas intentaron apelar al humor para enmascarar la angustia, comentando entre risas que ya le habían agarrado “el gustico” a vivir bajo la lona. Segundos después, la careta cae y reconocen que las ganas de seguir durmiendo en plena calle esconde el terror profundo a que la tierra vuelva a sacudirse.

La cartografía del daño en Guarenas se extiende por otras zonas populares y de clase media: el Bloque 18 de Terrazas de Vicente Emilio Sojo, la parcela 103 de Terrazas del Este y el barrio Bolívar en Las Clavellinas reportan, de manera combinada, afectaciones en viviendas individuales, colapsos en las escaleras comunitarias y fracturas en la vialidad.

El luto que llegó a Guatire

Mientras Guarenas lucha contra el temor y la falta de recursos para reconstruir, en el vecino municipio Zamora, en Guatire, se confirmó este sábado que la cifra de fallecidos a causa del doble sismo del 24 de junio ascendió a tres personas.

Las autoridades localizaron el cuerpo de quien podría ser Víctor Tovar, un ciudadano que quedó atrapado dentro de la infraestructura de la empresa Pinlacas, ubicada en el sector El Marqués, al momento en que se desataron los sismos. En dicha edificación se registró un incendio lo que provocó el posterior desplome completo de la estructura. Otro de los fallecidos fue un bebé en el sector Las Barrancas, al que le cayó una pared.

Más de 100 personas tuvieron que ser ingresadas de emergencia en el Hospital General Guarenas-Guatire por cuadros de traumatismos diversos, lesiones leves y fracturas óseas. La mayor parte de estos pacientes ya recibió el alta médica.

El alcalde Raziel Rodríguez dedicó la jornada del sábado a recorrer comunidades golpeadas como Las Flores y Las Barrancas, La autoridad municipal lanzó una advertencia urgente sobre la calle Miranda: un edificio de la zona se encuentra en riesgo inminente de ceder, por lo que solicitó formalmente a todos los guatireños abstenerse por completo de transitar por dicho sector, resguardando la vida ante una estructura que amenaza con seguir los pasos del desastre.

*El periodismo en Venezuela se ejerce en un entorno hostil para la prensa, con decenas de instrumentos jurídicos dispuestos para el castigo de la palabra, especialmente las leyes “contra el odio”, “contra el fascismo” y “contra el bloqueo”. Este contenido está siendo publicado teniendo en consideración las amenazas y límites que, en consecuencia, se han impuesto a la divulgación de informaciones desde dentro del país.

Agua segura y control de vectores, las verdaderas prioridades sanitarias en La Guaira

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El doblete sísmico ocurrido el pasado miércoles 24 de junio sumió al estado La Guaira en una crisis multidimensional. Luego del colapso de más de mil estructuras, la zona 0, o epicentro de la destrucción, podría convertirse una amenaza de salud pública.

Tras los dos terremotos que sacudieron a la región central, la generación masiva de escombros, la presencia de miles de damnificados en albergues improvisados y la exposición a sustancias peligrosas liberadas por la ruptura de instalaciones industriales o de almacenamiento, “configura un ambiente propicio para la aparición de brotes de enfermedades”, explicó Mariana Ortíz* quien trabaja en la emergencia prehospitalaria de Protección Civil. 

Ortíz explicó que en Venezuela existe la falsa creencia de que las personas fallecidas son la principal fuente de epidemias, noción que la Organización Panamericana de la Salud (OPS) y diversos especialistas han descartado en reiteradas ocasiones. 

La funcionaria de Protección Civil aclaró que si bien los fluidos y descomposición de los cuerpos generan olores fétidos “no transmiten enfermedades por vía aérea en espacios abiertos”. 

Este punto también fue resaltada por la Sociedad Venezolana de Infectología en un material compartido este 27 de junio, en el que destacan que los cadáveres pueden transmitir enfermedades infecciosas “depende de la causa de muerte y del manejo que se le dé”. Insistieron en que, contrario a la creencia popular y a los mitos de las películas, los cuerpos de personas fallecidas no generan epidemias de la nada.

Sin embargo, en el ámbito sanitario, forense y funerario, el riesgo biológico es real si no se cumplen los protocolos de contención. Por esto, la SVI recalcó que el manejo seguro de cadáveres va más allá de una norma técnica y se convierte en una barrera epidemiológica vital para mitigar riesgos de contagio en el país.

La organización científica destacó tres pilares procedimentales obligatorios: el uso estricto de Equipos de Protección Personal (EPP) para reducir la exposición a fluidos infectados, el control milimétrico de instrumentos punzo-cortantes durante las autopsias debido a la persistencia de infecciones de transmisión sanguínea, y una rigurosa desinfección ambiental, acompañada del lavado de manos despu`´es del procedimiento.

Asimismo, la institución enfatizó que la bioseguridad en estos escenarios críticos exige una fórmula indispensable que conjugue el rigor científico con la máxima dignidad humana en el trato a los fallecidos. Este enfoque resulta crucial en el contexto venezolano actual, donde el respeto a los protocolos sanitarios y la preservación de los derechos de las víctimas y sus familiares son fundamentales para evitar la profundización de crisis humanitarias o sanitarias.

El agua es la prioridad

Para el exdirector de Protección Civil, Antonio Rivero, el agua es el elemento vital para la salubridad. Para los hospitales, la atención médica, y la atención alimenticia, “es vital contar con agua segura y más aún en emergencias de este tipo”.

“El agua es necesaria para todo, y si el agua está contaminada, el problema ya no será el desastre que causaron los terremotos, el agua contaminada puede generar males mayores , al punto de una epidemia”, dijo Rivero.

Mariana Ortíz coincidió con Antonio Rivero en que “el agua es la verdadera prioridad sanitaria en la zona 0”, debido a que el agua contaminada por heces fecales es la principal causa de brotes masivos de diarrea, hepatitis o fiebre tifoidea.

Advirtió que la ruptura de tuberías y los movimientos de tierra facilitan que bacterias como E. coli o enterococos alcancen los acuíferos subterráneos o superficiales.

La funcionaria de Protección Civil indicó que para neutralizar el problema del agua que suele originarse tras este tipo de eventos, los equipos de rescate deben actuar bajo la premisa de que “toda el agua es sospechosa hasta que sea clorada”, es decir, tratada con hipoclorito al 0,5 %.

Recomendó que si se van a instalar baños portátiles, estos deben estar a más de 30 metros de cualquier fuente de agua, y se deben acompañar con campañas que prohíban estrictamente la defecación al aire libre.

Las moscas también se convierten en principales agentes de contaminación en cuestión de horas. “Al posarse sobre tejidos en descomposición y luego sobre alimentos o heridas de los supervivientes, aceleran la transmisión de patógenos”, recalcó Ortíz, por lo que considera importante la fumigación con insecticidas en las zonas de desastre.

“La salud pública en la zona 0 depende de restaurar, así sea de manera provisional, la barrera entre las heces, los vectores y el ser humano”, advirtió.

Tras los dos eventos sísmicos que sacudieron a la región central del país, la funcionaria de Protección Civil recordó que el hacinamiento es un caldo de cultivo para COVID-19, influenza y sarampión.

Además, las personas expuestas a escombros y aguas contaminadas son propensas a padecer tétanos y leptopirosis.

Situación actual del agua en La Guaira

Los dos movimientos telúricos de 7,2 y 7,5 que golpearon al estado La Guaira causaron graves daños estructurales en la distribución del servicio de agua, que no ha sido restituido en la entidad. El suministro regular depende hasta el momento de camiones cisternas y la asistencia humanitaria organizada por la sociedad civil, empresas y organizaciones no gubernamentales.

Es importante recalcar que tanto en La Guaira como en la mayoría de los estados del país existe una profunda crisis hídrica que data de años.

A poco más de un mes de la tragedia, el pasado 11 de mayo, José Alejandro Terán, gobernador del estado La Guaira, informó que fue reactivada la Planta Desalinizadora de Punta Gorda, en Mare Abajo, ubicada en la entidad, la cual produce un millón de litros de agua al día.

En declaraciones de Terán, el líquido cumple con los estándares del Ministerio de Salud: “seguiremos dando buenas noticias para La Guaira”.

Sin embargo, un día después, el diario La Verdad de Vargas denunció que el agua a las 11 parroquias de La Guaira estaba llegando “turbia y escasa”.

Habitantes de la zona expresaron que cuando llega el agua tiene un “mal olor” por lo que se han visto en la necesidad de invertir en tanques para almacenar el agua.

*Mariana Ortíz prefirió reservar su verdadera identidad por temor a represalias.

*El periodismo en Venezuela se ejerce en un entorno hostil para la prensa, con decenas de instrumentos jurídicos dispuestos para el castigo de la palabra, especialmente las leyes “contra el odio”, “contra el fascismo” y “contra el bloqueo”. Este contenido está siendo publicado teniendo en consideración las amenazas y límites que, en consecuencia, se han impuesto a la divulgación de informaciones desde dentro del país.