El verdadero reto del día después, por Armando Martini Pietri - Runrun

El verdadero reto del día después, por Armando Martini Pietri

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LAS INMENSAS POSIBILIDADES pronosticadas sobre la Venezuela que comenzará después del cese la usurpación, pueden ser ciertas, siempre y cuando se extinga la cohabitación con quienes demolieron y arrasaron la nación. Lo más importante no será la reconstrucción de obras, agilización de la economía, redimensionamiento de escalas salariales, relanzamiento de servicios públicos con acento en los suministros de electricidad, agua y gas. Las telecomunicaciones para sacarlas del ruinoso y vergonzoso atraso, rescate a fondo de la industria petrolera, reorganización de las relaciones internacionales, re-institucionalidad de instituciones, devolver la independencia a los poderes, todo al mismo tiempo, porque todo, es prioritario y nada tiene tiempo que perder. Labor colosal, para gigantes, habrá que hacerla, incluso la delicada y comprometedora tarea del refinanciamiento de la indescriptible y no auditable deuda externa e interna que tiene lo que el castro-madurismo llama Estado, más bien, vergonzosa catástrofe, para no comentar la compleja labor de coordinar el regreso de millones de ciudadanos, de todas las edades, oficios, experiencias y necesidades que se han ido a otras latitudes en busca de vida, quienes no pueden regresar a pasar trabajo, hambre y carencia, hay que prepararles una patria digna a la cual valga la pena retornar para reconstruirla.

Pero hay dos condiciones que deberemos poner en práctica.

Una de las ventajas fundamentales de la democracia es que todos estamos en el deber de meter el hombro, aunque pensemos diferente. Para levantar una gran nación no importa cómo se delibere si empujamos, y sumamos esfuerzos para estimular, influir y provocar una patria libre, democrática, satisfecha, plena de oportunidades. Así creció la Venezuela que tuvimos, criticamos, amamos hasta hace veinte años. Partidos políticos con ideologías diferentes, líderes que tenían interpretaciones y propuestas, buscando respaldo popular, unas veces en el poder, otras en oposición. Para todos, la patria era una, el propósito central el sostenimiento de la democracia y desarrollo del bienestar. Fue así como Rómulo Betancourt, por ejemplo, derrotó conspiraciones civiles y militares, creadas en el país, e importadas de la Cuba castrista y República Dominicana del dictador Rafael Leónidas Trujillo.

La otra actitud, y así, “actitud”, es la educación.

No es ir a los planteles, a estudiar gramática, historia, geografía, matemáticas, química, física y demás exigencias, guías y bases necesarias, ni es sólo ir a la escuela primero, al liceo después y luego a institutos, academias, universidades porque necesitamos médicos, ingenieros, abogados, economistas, periodistas, científicos, biólogos, informáticos y el amplio etcétera profesional moderno.

Es todo eso y la formación personal, entrenar nuestras mentes, pensar, razonar para tener principios, objetivos, analizar y no dejarnos convencer por palabreríos insulsos, demagogia barata, charlatanes embusteros sino por razonamientos, convicciones, hechos.

Con una ciudadanía así educada, que cruce calles por donde se debe hacerlo, que no expectore en el piso, no bote desechos en cualquier lugar, sienta y cultive la convicción de la limpieza no sólo personal sino de su entorno, vecindario, ciudad, país. Que ceda el paso a menores, damas, y ancianos, cuando vaya a ingresar al vagón del Metro, entre en un ascensor. Ciudadanos que sepan racionalizar la paciencia y el orden en una cola; empleados públicos y privados que entiendan que no son amos del tiempo de las personas en fila. 

Ciudadanos con convicción de servir bien y adecuadamente, que tengan a orgullo esmerarse en sus obligaciones, entiendan el concepto real de “servidor público”, que no es bajar la cabeza sino levantar la dignidad y el mérito de servir.

Ésa es la labor que comienza en el primer segundo de la nueva Venezuela. La violación a los Derechos Humanos y usurpación deben cesar y llevarse con ella ese concepto perverso de “pájaro bravo” que tanto daño nos ha hecho. No podemos seguir siendo el país del Tío Conejo astuto, tramposo y aprovechador, sino el del Tío Tigre fuerte, trabajador, empeñoso. Ciudadanos que entiendan, razonen la necesidad y justicia. 

No se trata de ser ricos o pobres, se trata de ser, de verdad, buenos ciudadanos capaces de votar, elegir con inteligencia, no con emociones rudimentarias, que analicen propuestas y personalidades de los diferentes candidatos, porque en política y elecciones se mezclan emociones con razones igual que en la vida.

El trabajo más importante desde que se inicia el día después no es celebrarlo -y lo celebraremos, es un derecho que nos hemos ganado-, sino asumir la decisión de no volver a ser jamás sólo el país rico con mujeres bellas, desorden y picardía, sino el país de las buenas costumbres ciudadanas, de principios y valores, de mujeres y hombres educados para serlo.

Se agota el tiempo, las bases en las que se sustenta Venezuela se derrumban a punto de colapsar. El presidente interino caduca y no puede darse el lujo derrochando oportunidades, por el bien de la nación, debe deslastrarse de individuos inconvenientes. Comienzan a flaquear los apoyos, hay descontento, más grave, desconfianza en su entorno, por cierto, algunos bajo investigación. 

 

@ArmandoMartini

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