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Entre la esperanza y la prudencia: ¿cuáles son los retos de la transición política en Venezuela?

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El presidente encargado de Venezuela, Juan Guaidó, aún no ha asumido plenamente el mandato que le otorga el artículo 233 de la Constitución Nacional pues antes debe cesar la usurpación. A partir de ese momento comenzará formalmente un período conocido como “gobierno de transición”, cuyo fin último es realizar elecciones libres, justas y competitivas que den paso a un gobierno democrático
El venezolano es un caso peculiar porque se trata de una transición apalancada en la Asamblea Nacional. Expertos advierten que no todo cese de usurpación termina en elecciones y que la incertidumbre será la norma
En el interín hay problemas urgentes que abordar como la atención de la crisis humanitaria, la estabilización de la economía y la re-institucionalización de los principales órganos del Estado

 

 

@GITIW

 

Desde el 23 de enero de 2019, millones de venezolanos recitan como un mantra los tres pasos que devolverán al país a la senda democrática: cese de la usurpación, gobierno de transición y elecciones libres. Foco estratégico y una enorme carga de esperanza se entremezclan en esa sucesión de eventos. La materialización de esta fórmula, sin embargo, está plagada de obstáculos. “Lo único seguro durante los procesos de transición política es la incertidumbre pues las reglas políticas se están redibujando”, dice de entrada el sociólogo y doctor en procesos políticos contemporáneos Juan Manuel Trak.

“El gobierno de transición inicia cuando hay una sustitución del gobierno autoritario y dura hasta la convocatoria a un proceso de elecciones justas, libres y democráticas. Ese gobierno de transición tendría la tarea de garantizar el funcionamiento del Estado desde el momento en el que se acaba el régimen autoritario y comienza el régimen democrático”, explicó Trak.

Paola Bautista de Alemán, magíster en Ciencias Políticas y especialista en transiciones, coincide en que los períodos de transición traen consigo incertidumbre, crispación y radicalidad, sin embargo, advierte que el mayor riesgo es que el desenlace no sea el deseado. “No todas las transiciones políticas terminan en democracia. Cada transición es tan particular como los ciudadanos que la encarnan”, dijo.

Tal fue el caso de Egipto tras los eventos de la Primavera Árabe en 2011 que dieron fin a la dictadura de casi 30 años de Hosni Mubarak. Mohamed Morsi, el ingeniero y político que asumió como primer presidente electo democráticamente en 2012, fue derrocado y encarcelado en julio de 2013 tras un golpe de Estado encabezado por Abdul Fatah al-Sisi, comandante en jefe de las Fuerzas Armadas de Egipto.

“Lograr el ‘cese de la usurpación” no implica que siga un ‘gobierno de transición’. En estos casos hay que tener una ‘esperanza responsable’ y mantenerse abiertos a la dinámica de las circunstancias”, agregó Alemán.

El caso venezolano, sin embargo, es sui generis gracias a un elemento: tiene como articulador a la Asamblea Nacional, una institución electa por mandato popular y reconocida internacionalmente, y cuyos diputados están liderando el proceso. “No existe una transición democrática en el mundo que se haya apalancado en el Parlamento. Esta es una transición post comunista más parecida a la caída del muro de Berlín que al caso venezolano de 1958”, dice Juan Miguel Matheus, diputado a la Asamblea Nacional, presidente de la Comisión Especial para la Defensa de la Constitución y uno de los redactores del Estatuto de Transición.

¿Cuánto suelen durar los gobiernos de transición? “Si solo tomamos en consideración la variable electoral, de seis a nueve meses duraría un gobierno de transición en Venezuela, lo cual pone en un dilema a Guaidó ya que la Constitución dice que las elecciones deben convocarse en 30 días”, afirmó Trak, quien conoce a fondo las características del sistema electoral venezolano.

La comunidad internacional también apuesta por una rápida convocatoria a elecciones libres y transparentes, condiciones que para ser cumplidas necesariamente obligarán a que la previsión constitucional se flexibilice. En tal sentido, la Asamblea Nacional aprobó el 5 de febrero de 2019 los 39 artículos que conforman el Estatuto que rige la Transición a la democracia para restablecer la vigencia de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela.

Los artículos 27 y 30 de dicho instrumento prevén que la AN adoptará, en el marco de la aplicación de los artículo 233 y 333 de la Constitución, las medidas que rescaten las condiciones de integridad electoral y permitan la realización de la elección presidencial correspondiente al lapso 2019-2025 en un plazo no mayor a 12 meses, período durante el cual Guaidó podrá ser nombrado Presidente provisional. Sin embargo, a tres días de su aprobación, la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia anuló la ley bajo el pretexto de que la AN se encuentra en desacato desde 2016.

“Garantizar unas elecciones democráticas en Venezuela implica un cambio profundo, no tanto en la ley electoral sino en las personas que administran el proceso”, dijo Trak. El sociólogo explicó que si bien la ley electoral tiene muchos defectos, no sería necesario reformarla de manera profunda para llegar a las elecciones. A su juicio, lo más importante en el caso del Consejo Nacional Electoral es que los cargos directivos y los rectores sean sustituidos pero que se mantenga el personal técnico que conoce la logística para garantizar que las elecciones puedan celebrarse lo antes posible.

“Sospecho que esto no le va a gustar a mucha gente pero hacer todo desde cero es hablar de unos cinco años para llamar a elecciones y ningún gobierno de transición puede durar cinco años pues se convertiría en un gobierno autoritario”, agregó Trak.

 

¿Y qué pasará mientras se convocan las elecciones?

El diputado a la Asamblea Nacional y coordinador político del partido Voluntad Popular, Juan Andrés Mejía, confirmó que la principal tarea del gobierno de transición es preparar el terreno para realizar unas elecciones libres y democráticas. “Ese proceso de convocatoria a elecciones va a tomar un tiempo pues ello significa nombrar un nuevo CNE, actualizar el Registro Electoral, habilitar a los partidos y candidatos que se encuentran inhabilitados y llamar a la observación internacional. Pudiéramos estar hablando de meses”.  

“Ahora, para nadie es un secreto que estamos viviendo una gran crisis y decirle a los venezolanos que van a tener que esperar seis meses para una elección sin ver ninguna mejora en su día a día es intolerable. En ese sentido, ya hay un trabajo importante adelantado en cuanto a las acciones en materia de políticas públicas y a las medidas económicas que deben tomarse durante ese período”, dijo Mejía.  

El diputado explicó que los planes para la transición se vienen trabajando desde hace años pero con más ahínco durante los últimos seis meses, “todo tras bastidores”, apuntó. En diciembre de 2018 presentaron un adelanto de ese plan y el 31 de enero de 2019 el presidente encargado, Juan Guaidó, presentó formalmente el Plan País.

Matheus recuerda que el Estatuto se ha estado trabajando desde mediados de 2018 y que el primer borrador no contaba con el artículo 233. “No sabíamos que Guaidó iba a ser reconocido tan rápidamente”, dice. El diputado de PJ añade que Guaidó ha ido actuando con base al Estatuto en orden de gradualidad y de acuerdo a lo que ha ido demandando la realidad.

 

¿Qué pueden esperar los venezolanos tras la implementación del Plan País?

“Hay buenas y malas noticias. La buena es que gran parte del ajuste económico ya se llevó a cabo de manera nefasta. Hoy los venezolanos tienen un sueldo que no alcanza y los beneficios sociales se han eliminado. Plantear la disminución del gasto fiscal es impensable en este momento así que casi cualquier esfuerzo que se haga va a generar beneficios para los ciudadanos. La mala noticia es que algunas de las modificaciones que se deben hacer podrían tomar más tiempo del que la gente quisiera. Hablo fundamentalmente de lo relativo a la industria petrolera y a los servicios públicos, los cuales enfrentan problemas estructurales”, explicó el diputado.

Mejía reiteró que es imposible transitar este período sin el apoyo de la comunidad internacional y de los entes multilaterales. “Es impensable ejecutar un plan de esta magnitud sin la participación del sector privado nacional e internacional. Imposible reactivar nuestra industria energética sin capital nacional e internacional. Ya se han adelantado conversaciones con los distintos organismos en este sentido”, afirmó.

El diputado aseguró que el Plan País tiene un diseño responsable y viable. “Lo que sí es imposible es que ese plan lo lleve a cabo un solo gobierno y por eso la necesidad de llegar a pactos entre diferentes actores. Todos los partidos políticos representados en la Asamblea Nacional han participado en la elaboración de este plan lo cual garantiza que no habrá discrecionalidad en cuanto a la dirección que tomará el país”.

“Estamos conscientes de que el crecimiento económico que buscamos debe ir de la mano del bienestar de la sociedad. Hay un sector del país que en el corto plazo no tiene forma ni manera de subsistir dignamente. 50% de los venezolanos vive en pobreza estructural y ellos tienen la prioridad de la atención. La estrategia sería la ayuda directa. A diferencia de lo que plantea el régimen actual que gestiona la procura y distribución de alimentos básicos, nosotros proponemos que los ciudadanos compren lo que necesiten de manera autónoma. La dependencia del Estado debe ser superada de manera progresiva”, describió Mejía.

El tema de la salud es otro foco del Plan País. “Si me preguntan cuáles áreas verán un impacto positivo más rápido durante el período de transición son salud y alimentación a través de la ayuda humanitaria”, afirmó el Coordinador político de Voluntad Popular.

 

¿Qué retos enfrentará el gobierno de transición?

Todo depende de cómo se dé el cese de la usurpación, dijo Trak. “Creo que el principal riesgo que tendrá es un alzamiento militar. Percibo los mismos riesgos que tenía Rómulo Betancourt durante el gobierno interino, es decir, que grupos de militares afectos al chavismo o movidos por intereses corporativos muy poderosos, al verse amenazados se levanten en contra del gobierno de transición o del gobierno electo. Otro riesgo es que los grupos paramilitares existentes en el país busquen generar inestabilidad política como lo hizo la guerrilla en los años 60 en Venezuela”, argumenta el experto en procesos políticos contemporáneos.  

Los grupos criminales organizados que han penetrado las estructuras del Estado encarnan un tercer riesgo para la estabilidad del gobierno de transición, afirmó Trak, ya que estos verán sus intereses amenazados frente a un Estado que busque acabar con la impunidad e imponer la ley.

“Esos grupos armados que tienen presencia en el país son muy volátiles y de difícil control. Otras transiciones de la región no se enfrentaron al riesgo de grupos armados irregulares o al crimen organizado muy bien dotado de herramientas para sabotear un proceso de transición. Todo apunta a que el gobierno de transición va a tener que recuperar el monopolio de la violencia legítima en ciertos territorios. Esto va a requerir de la cooperación del sector militar porque, al final del día, hay que recuperar la autoridad del Estado frente a gente que está armada y tratando de imponer su propia ley en el territorio venezolano”, sostuvo el sociólogo.

La abogada y presidente de la organización Control Ciudadano para la Seguridad, la Defensa y la Fuerza Armada Nacional, Rocío San Miguel, coincide en que la violencia que pudieran generar estos grupos representa una amenaza. “Definitivamente lo vemos como uno de los principales riesgos en el período de transición en el que ya estamos entrando y además es un riesgo que amenaza claramente tanto a la población como al sistema político y jurídico ya que cabría esperar amenazas a diputados de la Asamblea Nacional y a otros miembros de la institucionalidad. Nosotros ya estamos trabajando en este tema pues lo consideramos un asunto fundamental en la seguridad y defensa de la Nación”.

Al explorar las estrategias que podría aplicar el gobierno de transición para retomar el control del territorio, San Miguel fue enfática al afirmar que “sin participación plena y firme de la Fuerza Armada Nacional, que hasta este momento ha decidido mirar hacia otro lado permitiendo la actuación de grupos parapoliciales y paramilitares en Venezuela, será difícil minimizar los riesgos. Aquí claramente habrá que contar con la ayuda internacional”.  

¿Ayuda de tipo militar? “Bueno, podría explorarse con las Naciones Unidas algún tipo de asistencia porque cuando existen grupos paramilitares y parapoliciales en países en períodos de transición o en situaciones extremas, este organismo ha prestado colaboración. Recordemos el caso de Haití en 2010, al cual por cierto Venezuela envió un contingente militar bajo la forma de ayuda humanitaria por mandato de Chávez y del entonces Canciller Nicolás Maduro y en ningún momento se tomó como injerencismo”.

Por su parte, Trak estimó que “las complejidades del caso venezolano como consecuencia de que somos un Estado frágil o forajido, son mucho más parecidas a las transiciones políticas en países de África que a las de nuestros vecinos de la región pues en estos casos no se había perdido el control del territorio. Desde que Chávez murió, el control del Estado se dejó en manos de grupos de intereses para fortalecer el tema de la represión”.  

Sobre este punto, el diputado Juan Andrés Mejía afirmó que tan pronto se asuman plenamente las competencias del Ejecutivo se podrá conocer a cabalidad la dimensión del problema. “Hoy no conocemos la magnitud del mismo. Por ejemplo, cuál es el porcentaje del territorio controlado por grupos armados irregulares. Hoy no tenemos una respuesta definitiva porque no conocemos la real dimensión del problema”.  

Lo que Mejía sí ve claro hoy es que restablecer la soberanía nacional pasa por asumir el gobierno central. “Negocios como el narcotráfico, la minería ilegal, la extracción de oro y el contrabando de gasolina tienen vínculos estrechos con el gobierno central actual, pero con un gobierno distinto estos negocios serán menos viables pues, aunque territorialmente sigan estando en el espacio que ocupan, carecerán del enlace con el gobierno. Sin la anuencia del gobierno central estos negocios son más difíciles de realizar”, argumentó el diputado.  

El Coordinador Político de Voluntad Popular destacó que Venezuela es un país pacífico y que la meta del período de transición es restablecer el juego político que hoy no existe en el país. “Yo siento confianza en que la mayoría de los venezolanos rechazaría cualquier acción violenta, pero admito que me preocupa que en el medio del proceso de reconstrucción tengamos grupos violentos encargados de retrasar la recuperación del país”, confesó Mejía.  

 

Los ciudadanos dicen “manos a la obra”

Si políticos y académicos llevan años trabajando de forma silenciosa en el Plan País, el resto de los venezolanos lleva el mismo tiempo cavilando qué hacer y qué rol jugarán en la reconstrucción de Venezuela. Muestra de ello la constituye el medio millón de venezolanos que se han inscrito para ser voluntarios en la entrega de ayuda humanitaria. Ahora que nuevamente parece estar cerca la recuperación de las libertades democráticas, algunos ciudadanos han usado sus redes sociales para ponerse a la orden del gobierno de transición y sumar su esfuerzo desde sus áreas de conocimiento.

¿Cuál será la mayor fortaleza del gobierno de transición? “La respuesta políticamente correcta sería la unidad, pero te respondo algo distinto. Creo que nuestra fuerza proviene del optimismo porque los venezolanos tenemos demasiado tiempo esperando un cambio y yo creo que las fuerzas positivas que se van a desatar cuando ese cambio llegue van a ser imparables. El impulso y el empeño de quienes hemos padecido esta tragedia por veinte años, aunado al retorno de millones de venezolanos que hoy están dispersos por el mundo, se suman a la determinación de apoyar de la comunidad internacional para que finalmente recuperemos la democracia”, afirmó el diputado.

Mejía, con un discurso que oscila entre la esperanza y la prudencia, se apoyó en una cita de Václav Havel, primer presidente de la República Checa tras la caída del régimen comunista, para agregar otro aspecto que diferenciará al gobierno de transición del régimen usurpador: “Parece algo menor pero uno de los cambios más importantes que verán los venezolanos durante el gobierno de transición será la franqueza con la que le hablemos sobre los problemas. Aquí no podemos seguir mintiéndole a los ciudadanos haciéndoles creer que todo se va a solucionar de inmediato. Los venezolanos quieren un cambio en la forma de hacer política. Hay que hablar con la verdad y no decir lo que la gente quiere escuchar”.

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