Karina Peraza Rodríguez, autor en Runrun

#MonitorDeVíctimas | Creyeron que lo detuvieron por andar sin tapabocas, pero fue hallado muerto
Una comisión de las FAES se lo llevó de su casa el día anterior en una patrulla blanca sin placas de la que se bajaron al menos cinco hombres

Karina Peraza Rodríguez/ @KaryPerazaR

El 24 de junio, a las 9:00 am, fue ingresado el cadáver de Dubian Valencia Barboza, de 41 años de edad, a la morgue del hospital central Antonio María Pineda de Barquisimeto, estado Lara. Tenía un disparo en el pecho.

La versión policial indicaba que a las 6:00 am, en un galpón de la comunidad Simón Rodríguez, ubicada al oeste de la ciudad, se había generado un presunto enfrentamiento cuando Valencia Barboza vio unos funcionarios y les disparó con un revólver calibre 38. Los policías fueron más rápidos y Valencia Barboza murió.

Así mismo decían que el hombre era apodado El Valenciano y pertenecía a la banda de Santanita, cuyos integrantes son señalados de ser los autores de varios atentados con granadas hechos contra concesionarias de automóviles en la región larense.

Mientras el cuerpo llegaba a la morgue, familiares de Valencia Barboza, que no quisieron identificarse por temor a represalias, recibieron una llamada de los vecinos del sector La Concordia, ubicado al oeste de la ciudad, para decirles que la vivienda de la víctima estaba abierta y sola.

“Nosotros fuimos hasta la casa donde vivía Dubian, encontramos todo abierto y, cuando comenzamos a preguntar los vecinos contaron que el día anterior de una patrulla blanca sin placas se bajaron al menos cinco hombres de las FAES y detuvieron a Dubian”, relataron. Aseguraron que éste no opuso resistencia y se fue con los funcionarios.

 

Venía de la casa de un vecino y no cargaba tapabocas y, por este último detalle, pensaron que estaba detenido por incumplir el decreto regional que ordena la prohibición de circular después de las 3:00 pm sin tapabocas.

Dubian Valencia Barboza

“Cual fue nuestra sorpresa cuando, después de mediodía, escuchamos en las noticias que habían asesinado a una persona que tenía su nombre, decían que era de una banda y que se había enfrentado. Dubian ni armas manejaba y tampoco frecuentaba esa comunidad”, agregaron.

Hoy sus seres queridos no le encuentran lógica a lo sucedido, piensan que se lo llevaron por el incumplimiento de la cuarentena y al saber que tenía antecedentes lo asesinaron.

Valencia Barboza estuvo más de doce horas en manos de la comisión, pero se desconoce a dónde lo llevaron. Aunque no procreó hijos, era un hombre muy dedicado a su esposa y a los hijos de ella. Desde hace cinco años laboraba en el terminal de pasajeros como vendedor de boletos a los estados Anzoátegui y Táchira, pero había dejado de trabajar por la cuarentena y se mantenía en su hogar.

Estuvo preso en 1998 y 1999 por el delito de hurto genérico. Este pasaje de su vida le permitió acudir de vez en cuando a los penales a predicar el evangelio.

No han reclamado su cadáver

El 25 de junio a las 7:30 pm, una comisión del Comando Nacional Antiextorsión y Secuestro (CONAS), de la Guardia Nacional Bolivariana (GNB), disparó a Yorman Eduardo Martínez Alvarado, de 32 años de edad.

El cuerpo presentó un impacto de bala en el tórax, con orificio de salida por la espalda, que le produjo la muerte de manera inmediata.

El crimen ocurrió en el sector Las Tunas de la parroquia Tamaca, al norte de la ciudad.

Martínez Alvarado residía con su novia en Barquisimeto, pero no era oriundo del estado Lara. Hasta el fin de semana su cadáver no había sido reclamado por ningún doliente. Según la versión militar, este hombre, a quien apodaron El Caracas, también es señalado de ser integrante de la banda de Santanita.

el futuro de la juventud en sectores populares

#MonitorDeVíctimas | Vecinas asesinaron a fotógrafo jubilado de la alcaldía de Iribarren
En complicidad con tres jóvenes le dieron muerte al sexagenario la madrugada del domingo 24 de mayo. Al siguiente día, un hombre celoso asesinó al novio de su ex pareja

 

@KariPerazaR 

 

Milvio José Peña Romero, de 68 años de edad, vivía en la calle 3 entre carreras 12 y 13 del barrio Unión, al noroeste de Barquisimeto. Como muchos,  acostumbraba sentarse en la puerta de su casa cuando se cortaba el fluido eléctrico en el sector. Allí se reencontraba con otros vecinos que tenían igual hábito. Ese domingo 24 de mayo, estuvieron al menos cinco horas en penumbra y, a las 11:00 pm, cuando  llegó la luz, se despidió de sus vecinos y se metió a su vivienda.

Una hora después, pasada la medianoche, un vecino se extrañó de verlo nuevamente en la puerta de la casa y le preguntó qué hacía afuera. El sexagenario le dijo que unas vecinas, con las que tenía constante contacto, le habían pedido que les hiciera comida y él las estaba esperando. 

En horas de la mañana del día siguiente, vecinas de Peña Romero se preguntaban por qué éste no había salido y decidieron tocar a la puerta. Lo hicieron en varias oportunidades, pero nadie respondía. Al notar que la puerta trasera de la vivienda estaba abierta, una de las mujeres decidió entrar a la casa. 

Lo que encontró fue una escena espeluznante, la vivienda se encontraba totalmente desordenada y al avanzar hasta la habitación encontró a su vecino tirado en el piso, muerto y con evidencia de haber sido asesinado. 

El cuerpo del sexagenario tenía el rostro prácticamente desfigurado por golpes  y  estaba atado de pies y manos con cinta de embalar, una correa y trozos de sabanas. 

Detectives del Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas (CICPC) recabaron evidencias en el lugar y entrevistaron a los vecinos quienes aportaron información valiosa que ayudó a capturar a Génesis Daimar Martínez Quevedo y Angie Daimar Quevedo Mendoza, de 23 y 22 años de edad, respectivamente, así como a Luis José Chirinos Ure, de 20 años de edad, uno de los autores materiales del homicidio. Fuentes policiales calculan que el crimen se perpetró aproximadamente la 1:00 am. 

Las mujeres detenidas, quienes también vivían en el sector, fueron quienes pidieron a Peña Romero que les hiciera comida. Una vez dentro de la vivienda, le abrieron la puerta a Chirinos Ure y dos jóvenes más que actualmente son prófugos de la justicia. Trascendió que los tres hombres sometieron al sexagenario y, una vez que cometieron el robo y el crimen, escaparon con las dos mujeres por la parte de atrás de la casa luego de saltar una pared.  

Los maleantes robaron una cámara fotográfica, una laptop, dos teléfonos celulares, una planta de música y documentos personales. 

Uno de los tres hijos del sexagenario, el único que vive en el país, se presentó al lugar y manifestó que su padre era una persona de gran corazón, muy querido por la comunidad. Por más de 20 años trabajó como fotógrafo de la Alcaldía de Iribarren y además fue locutor de Radio Minuto. Por falta de gasolina en su vehículo tenía dos meses que no veía a su padre, pero a diario se comunicaba con él vía telefónica.

Lo amenazaron y lo cumplieron 

La tarde del 25 de mayo transcurría tranquila en el sector 1 de Chirgua, al este de la capital del estado Lara, donde Víctor Manuel Rivas García estaba jugando pelota con dos niños, hermanos de su novia.

Aproximadamente a las 5:30 pm, un hombre armado se presentó al lugar. Cuando Víctor Manuel lo vio sabía que venía por él y corrió tratando de salvar su vida, pero el sujeto lo alcanzó y le propinó un disparo en el abdomen que le segó la vida de manera instantánea. Posteriormente, el asesinó escapó del lugar. 

Los vecinos avisaron a la madre del joven, quien reside a unas dos cuadras del sitio del crimen. Al llegar al lugar y en medio del llanto, contó que el homicida había amenazado a Víctor Manuel, quien tenía 19 años de edad y era el segundo de sus cuatro hijos. Cree que este sujeto estaba molesto porque Rivas García era el novio, desde hace tres meses, de una joven que había sido pareja de su victimario.   

Antes de la cuarentena decretada para impedir el contagio de la Covid 19, la víctima se ganaba la vida como parquero en el hospital central de Barquisimeto y, además, laboraba en una tipografía. Actualmente no estaba trabajando porque no podía movilizarse por falta de transporte.

 

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#MonitorDeVíctimas | En 24 horas 6 hombres fueron asesinados por las FAES y Polilara en Barquisimeto
Diez horas después que fueron ejecutadas las primeras tres personas, fueron asesinados otros dos hombres. La última víctima murió en manos de la BRI de la Policía Nacional

 Karina Peraza Rodríguez @KaryPerazaR

El 27 y 28 de abril, en un lapso de 24 horas, miembros de las Fuerzas de Acciones Especiales (FAES), del estado Lara, asesinaron a seis personas en distintos hechos.

Las autoridades informaron que éstas murieron al enfrentarse con uniformados, pero esa versión fue desmentida por los familiares que iban llegando a la morgue del hospital Central Antonio María Pineda, de Barquisimeto, a retirar los cadáveres.

FAES ultima a tres personas en horas

Las primeras muertes ocurrieron el lunes 27 de abril, en la parroquia Ana Soto, al oeste de Barquisimeto.

Funcionarios de las Fuerzas de Acciones Especiales (FAES), de la Policía Nacional Bolivariana (PNB), encapuchados y portando armas largas, llegaron a las 4:00 am a la Villa Bolivariana, ubicada en la vía hacia Quíbor. Allí irrumpieron de forma violenta en la casa de Jesús Antonio Infante Flores, de 34 años de edad, quien dormía con su esposa que se encuentra embarazada. La pareja se despertó asustada, a él lo esposaron, a ella la obligaron a montarse en una camioneta y la trasladaron a Tintorero, poblado del municipio Jiménez, donde la dejaron amarrada. Luego, a Jesús Antonio lo llevaron a otro lugar.

La esposa logró zafarse las amarras y regresó a pie a la casa. Al llegar ya Jiménez no estaba, lo habían asesinado.

La madre de Jiménez, quien es oriunda de Caracas, aseguró que su hijo tenía diez años residenciado en Lara, y trabajaba en las adyacencias del Terminal de Pasajeros vendiendo chucherías, maíz, ajo y ají. La dama confesó que su hijo estaba bajo presentación, pero asegura que no delinquía.

Con su muerte queda huérfana una adolescente de 14 años de edad y un bebé por nacer dentro de tres meses.

La segunda víctima

Dos horas más tarde, otra comisión de las FAES llegó a la urbanización Los Cerrajones, donde vivía Ángel de Jesús Martínez Álvarez, de 21 años de edad. Al tocar la puerta, indicaron que se trataba de un operativo.

Cuando abrieron, diez funcionarios encapuchados sometieron a los padres y hermana del joven y les pidieron se vistieran pues debían acudir hasta la sede del cuerpo policial para una entrevista. Martínez se quedó en la casa con los policías mientras que en el vehículo de las FAES fue trasladada la familia a la sede de la Base Territorial de Inteligencia (BTI-FAES), de donde los dejaron salir hora y media después. Cuando la familia regresó a la comunidad, los vecinos les relataron que en su casa se habían escuchado unos disparos y fue en ese momento que comprendieron que lo habían matado.

La víctima fatal también estaba bajo presentación, trabajaba en Santa Elena de Uairén y se encontraba en Barquisimeto por la cuarentena. Tenía un bebé de 3 años de edad.

No fue ningún enfrentamiento

Transcurrió tan solo una hora del segundo crimen, cuando las FAES cometieron un tercer asesinato. Nancy Villegas, madre de Henyer Anderson Guédez Villegas, de 45 años de edad, informó que a las 7:00 am su hijo salió hasta la esquina de su vivienda ubicada en el barrio El Carmen, al noroeste de Barquisimeto, cuando llegó un carro gris del que se bajaron tres hombres y una mujer, y se lo llevaron a la fuerza hasta el sector El Alambique, de la parroquia Unión, donde murió en supuesto  enfrentamiento.

“No pude hacer nada. Lo busqué por todos lados, en la sede del FAES de Santa Rosa, en la sede de la calle 48 y en el CICPC, pero nada. Fue hoy que vi una noticia y lo conseguí aquí”, relató la madre cuando salió de la morgue luego de reconocer el cuerpo de su hijo.

 “Ese fue el regalo de cumpleaños que me dieron, eso no fue ningún enfrentamiento, se lo llevaron en bermudas y sin franela, ellos no investigan nada”, aseguró la progenitora. Guédez tenía tres hijos, dos de 10 y 9 años de edad, y uno de 20 años quien tiene diversidad funcional. Henyer se ganaba la vida arreglando teléfonos celulares.

Polilara tomó el barrio por ocho horas 

El mismo lunes 27 de abril, a las 2:00 pm, funcionarios de la Dirección de Inteligencia y Estrategias Preventivas (DIEP), adscrita a la Policía del estado Lara, llegaron en vehículos particulares y patrullas, a la comunidad de Villa Guadalupe, ubicada al oeste de Barquisimeto, y tomaron algunas viviendas de la zona entre ellas la de Raismer José Durán.

Un familiar del hombre supo sobre el operativo, corrió hasta la casa y allí vio a Raismer, quien tenía 36 años de edad, arrodillado en la sala. Los policías lo sacaron a empujones. Los funcionarios retiraron a todas las personas de la comunidad que se habían aglomerado en las adyacencias de la casa. A la esposa de Raismer y a su hija de 15 meses de nacida las sacaron de la vivienda y se las llevaron en un vehículo.

Alrededor de las 4:00 pm, los uniformados irrumpieron en la casa a Erwis Alexander Sánchez Palma, de 23 años de edad, y lo llevaron hasta donde estaba Durán. Minutos después se escucharon las primeras detonaciones, aseguraron familiares quienes además observaron que los funcionarios corrían de un lado a otro.

La familia de Raismer vio que sacaban artefactos de su vivienda. Pasaban las horas y a las 8:00 pm los funcionarios detuvieron a otros vecinos entre ellos a la pareja de Raismer, quien tiene cuatro meses de embarazo. Cuando se retiraron eran las 10:00 pm. Luego de tanto esperar por una información supieron que Raismer y Erwis estaban muertos.

Llegó de Colombia y la BRI lo mató

 Edward José Camacaro Perdomo, de 20 años de edad, regresó a Venezuela procedente de Colombia. Luego de haber cumplido con todo el protocolo de la cuarentena de Convid 19 llegó a Lara, su tierra natal.

 El 28 de abril, a las 5:30 am, fue buscado en su casa ubicada en Moyetones al oeste de Barquisimeto, por una comisión de la Brigada de Respuesta Inmediata (BRI) de la PNB que preguntó: ¿“A ti te dicen Chiquito”? Luego de responder afirmativamente le dijeron que se vistiera y que se lo llevaban para un chequeo.

A Camacaro lo montaron en una moto esposado y, diez minutos después, sonaron unos disparos. Su familia lo buscó en la FAES de la calle 48, pero en ese lugar solo le respondieron que fuera a la morgue y fue allí precisamente donde lo encontraron.  

Una prima del fallecido indicó que esa misma comisión dos días antes había detenido al joven junto a un amigo en el Mercado de Mayoristas. En esa oportunidad lo dejaron ir. Camacaro se ganaba la vida como caletero y deja huérfanas a dos niñas de 9 y 2 años de edad.

Funcionarios de la BRI aseguraron que murió en un enfrentamiento que se había registrado en un terreno baldío de la Circunvalación Norte. 

En el Hospital Central Antonio María Pineda de Barquisimeto pierden cadáver de un bebé y no dan respuesta
Aunque a Ángel de Jesús Montes De Oca Aranguren no le daban esperanzas de vida al nacer, lo hizo y vivió por 2 meses. Ahora sus padres no pueden darle su última bendición pues su cuerpo no aparece en la morgue del Hospital Central Antonio María Pineda de Barquisimeto, en el estado Lara

 

EN MEDIO DEL DOLOR POR LA PÉRDIDA del menor de sus tres hijos, Ángel Montes De Oca relata que su a bebé no le daban esperanzas de vida, padecía de osteogénesis imperfecta, conocido como huesos o niños de cristal. Al nacer presentó múltiples fracturas y diversas patologías.

Entre tantos apagones, un día el bebé quien se encontraba en la terapia intensiva de neonatología se complicó debido a la falla del respirador, relata el padre del  pequeño. El martes 11 de junio a las 10 y 55 de la noche, Ángel de Jesús murió pero no fue ingresado a la morgue hasta las 6 de la mañana del día siguiente.

El padre del pequeño no estaba en el país cuando el hecho ocurrió. Ante los altos costos de la enfermedad de su hijo y la falta de recursos decidió ir a Medellín a trabajar y así enviar dinero a su esposa para cubrir los gastos. Los familiares pidieron a la morgue mantener el cuerpo del bebé hasta que Ángel Montes De Oca llegara de Colombia. Un trabajador de la morgue solicitó ropa del neonato y documentación.

El viernes, 14 de junio, Montes De Oca llegó a Barquisimeto y fue con su familia a la morgue a retirar el cadáver, sin embargo trabajadores de la morgue le indicaron que no lo encontraban.

“Nunca se me pasó por la mente que íbamos a pasar por todo esto . En ese primer momento en medio de mi dolor yo decidí esperar”, dice Montes de Oca.

La única respuesta que recibían los familiares es que el trabajador que había recibido al bebé estaba libre y que “no sabían dónde lo había guardado”.

Sin respuesta

Los familiares se dirigieron hasta el puesto de la Policía del estado Lara e hicieron la respectiva denuncia. También se comunicaron con la directora del hospital, quien a través de una llamada telefónica, le explicó al padre que cuando un cadáver pasaba las 72 horas era trasladado a desechos patológicos, sin embargo el bebé apenas tenía 48 horas en la morgue.

Por su parte, la doctora María García Lara, directora del Hospital Central, manifestó que no tenía cómo disculparse e invita a la familia a denunciar lo ocurrido.

Ángel Montes De Oca denuncia que podría tratarse de un caso de tráfico de niños o robo y que no sabe qué es lo que está detrás de la desaparición del cadáver de su hijo.

Teme ser detenido

Edickson Barreto, quien tiene tres años trabajando en la morgue, también dio su versión, cuenta que estuvo de guardia el martes 11 de junio, día que murió el bebé y que fue él quien en horas de la mañana lo recibió

Barreto cuenta que le indicó a la abuela materna todo el procedimiento a realizar y que casi al mediodía, antes de terminar su guardia, llega el abuelo en compañía de una enfermera, quien le expuso que el papá estaba fuera del país y le solicitó como favor dejarlo en la morgue hasta la llegada del padre.

Barreto dice que pidió una manta, envolvió al bebé en una blanca con rayas azules, y le puso un papel que la misma familia hizo con los datos de la mamá y el papá. Además escribió la frase “ojo, no entregar”.

“No quise meter al bebé en las cavas de los cuerpos porque esas son forenses. Y si llegaban algunos cuerpos podía irse entre las piernas de algún muerto. Para cuidarme la espalda lo metí en el refrigerador del lado donde se ponen los fetos”.

Barreto cuenta que ese día se fue a las 2 de la tarde, pasada su hora de guardia, pero su compañero no había llegado.

Relata que fue el viernes cuando la doctora García Lara, directora del Hospital Central lo fue a buscar a su casa. Barreto comenta que al llegar a la morgue mostró donde había dejado el cadáver del pequeño. Manifiesta que sabe que cometió un error al no participar que allí había dejado un cuerpo pero que el deber ser de su compañero era revisar todo para ver que le habían dejado.

“Mi compañero lo que me dijo fue que desechos patológicos vino el jueves y se llevaron unos desechos. No sé si allí se llevaron al bebé. Están diciendo que yo vendí el bebé y no, mi único error fue no avisar a mi compañero que allí estaba un cuerpo”, comenta Barreto.

El trabajador de la morgue teme ser detenido y asegura que una comisión de la policía llegó a su casa “con armas en manos buscándolo como si fuera un delincuente. No tenían ni siquiera una orden y fueron muy groseros”. Por ahora, Barreto está en libertad y ha sido el único trabajador de la morgue y del Hospital Central que ha sido interrogado por por el Cuerpo de Investigaciones Científicas Penales y Criminalísticas (CICPC)

Ángel Montes De Oca este sábado desesperado por tener una respuesta sobre el cuerpo de su hijo denunció públicamente la situación e indicó que la directora del Hospital Central se atrevió a decir que no hiciera un escándalo sobre el caso. El padre del bebé exige a las autoridades que paguen todos los responsables por la pérdida del cadáver de su bebé.  

 

El hombre  que mató y enterró a dos hermanos para no pagarles 10 mil dólares
El crimen, planeado con al menos dos semanas de antelación, conmocionó a Barquisimeto. El presunto victimario es un joven de 27 años perteneciente a una iglesia evangélica

 

@KaryPerazaR 

“NORA, ME MATARON, ME MATARON. Estoy en la carrera 27 entre 14 y 15, pa’ que sepas”. Eso decía la nota de voz que recibió la esposa de Mario Alejandro Merentes Alfonzo el pasado jueves 1ero de noviembre. El mensaje corto terminó de manera brusca. La voz era la de una persona desesperada y que parecía estar adolorida. Al día siguiente vendría la confirmación. A Mario, de 35 años, lo habían asesinado junto a su hermano Juan Ernesto, de 26.

La esposa de Merentes Alfonzo fue de inmediato a la policía. Tras escuchar el audio, los funcionarios de la oficina Base Antiextorsión y Secuestro del Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas (Cicpc) de Lara fueron hasta la dirección que la víctima señalaba. Pero tras un recorrido por la zona, no hallaron nada. Horas después, a las 8:30 de la noche, hicieron el primer hallazgo. En un estacionamiento de la avenida Libertador con calle 51, a más de 3,5 kilómetros del sitio apuntado en el mensaje, los uniformados consiguieron el Chevrolet Cruze con el que los hermanos se trasladaban.

Cuando llegó la nota de voz, la familia de las víctimas tenían una certeza: ambos se iban a reunir con Ivanhoe Josafat Rangel Ledezma, de 27 años, un joven que les pagaría una deuda pendiente ese día. Él mismo los había citado para encontrarse. En horas de la madrugada del 2 de noviembre, cuando la policía lo localizó en su vivienda de la urbanización El Amanecer de Cabudare, estado Lara, negó estar involucrado en la desaparición de los hermanos. Sin embargo, se lo llevaron para interrogarlo. Horas después, confesó.

Desde hace años, Rangel Ledezma acudía a una iglesia cristiana evangélica y en 2017 comenzó a visitar la iglesia Las Buenas Nuevas, guiado por los pastores Álvaro y José Rea, muy conocidos en Barquisimeto, capital de Lara. Al sospechoso, que está casado, sus hermanos de culto lo describen como una persona “comprometida con Dios”. Sin embargo, de acuerdo con las investigaciones realizadas, hoy es el supuesto culpable del doble homicidio de los hermanos Merentes Alfonzo, a quienes mató para evitar pagar los miles de dólares que les debía.

Cita bajo engaño

Los Merentes Alonzo, propietarios de una empresa de insumos eléctricos en la Zona Industrial de la ciudad, se dedicaban a la venta de dólares y movían grandes cantidades de dinero. Rangel Ledezma era uno de sus clientes. Les había vendido 10.000 dólares, pero nunca se los entregó. Aunque se dijo también que los comerciantes le habían vendido una máquina Bitcoin a su supuesto victimario, esta nunca fue localizada.

Los hermanos habían intentado cobrar el dinero al joven varias veces, pero este siempre les quedaba mal. Finalmente, les aseguró que ese 1 de noviembre sí les pagaría. Por eso los citó en una casa, aún en construcción, en la carrera 27 entre calles 13 y 14, la misma dirección que se escuchaba en la nota de voz. Allí se verían, según el muchacho, por cuestiones de seguridad.

Rangel Ledezma llegó a la cita en una camioneta Nissan Murano gris, propiedad de un tío, y los hermanos en su Chevrolet Cruze plateado. De acuerdo con las investigaciones, una vez que se encontraron dentro de la vivienda, el presunto asesino se llevó la mano a su bolsillo y sacó un arma de fuego,  un revólver calibre 38 marca Colt con el que sometió a las víctimas. Sin titubear, les disparó varias veces.

Un vecino de la zona contó que se escucharon más de doce detonaciones, pero en los dos cuerpos se contabilizaron ocho orificios. Según los funcionarios del Cicpc, el revólver colectado, de seis municiones, debió ser recargado en más de una ocasión.     

Las pesquisas apuntan que, una vez que Rangel Ledezma mata a los hermanos Merentes, lleva sus cuerpos hasta un hueco que se usaría como tanquilla de luz de la vivienda. Allí los lanzó y tardó al menos dos horas para enterrarlos. Luego, llevó el carro de las víctimas lejos de la escena del crimen y huyó para deshacerse de las pertenencias de los muertos. Al final, volvió a su casa de Cabudare.

Dos metros y medio bajo tierra

A las 5 de la mañana del viernes 2 de noviembre, y tras la confesión de Rangel Ledezma, los funcionarios de la base de Secuestros del Cicpc llegaron a la vivienda donde estaban los cuerpos. Mientras observaban el terreno, se percataron de un espacio irregular en una de las esquinas. Fue entonces cuando contactaron a los detectives del Eje de Homicidios, quienes poco después comenzaron a cavar. Tres horas más tarde, y a dos metros y medio bajo tierra, encontraron los cuerpos de los Merentes Alfonzo.

El cadáver de Juan Ernesto, el menor de los hermanos, quedó con dos heridas de bala: una en el cuello y otra en el pecho. Mario Alejandro tenía dos balazos en las piernas, dos en el pecho y dos más hacia el rostro. Según la autopsia practicada en el Hospital Central Antonio María Pineda de Barquisimeto, ninguna de las lesiones tuvo orificio de salida.

La reconstrucción del suceso hecha por los detectives indica que Juan Ernesto murió de forma instantánea y por eso fue el primero que Rangel Ledezma lanzó a la tanquilla. Pese a las heridas, Mario Alejandro quedó vivo y en medio de su agonía, mientras su victimario trasladaba el cadáver de su hermano, sacó su teléfono celular y envió la nota de voz que permitió comenzar su búsqueda.

Tras el hallazgo, comenzaron los allanamientos en varias viviendas. En una casa en la urbanización Roca del Valle, en Cabudare, propiedad de un tío de Rangel Ledezma que no está en el país, localizaron el revólver del crimen y las pertenencias de las víctimas. Allí estaban sus Iphone. Uno de estos dispositivos estaba manchado con la sangre de los Merentes Alfonzo, la misma que tenía el arma con la que presuntamente los mataron.

El sospechoso, dice el Cicpc, había planeado el crimen alrededor de 15 días antes de cometerlo. Por eso, con anterioridad, había acudido a la vivienda donde se consiguieron los cuerpos para preparar el hueco de la tanquilla de luz donde depositó los cadáveres.  

El Evangelio según Rangel Ledezma

El caso del doble homicidio de los hermanos Merentes Alfonzo estremeció Lara. Mario Alejandro, esposo y padre, dejó dos niños huérfanos. Su hermano Juan Ernesto llevaba algún tiempo viviendo con su pareja. Quienes los conocieron, aseguran que eran muy queridos y que las negociaciones que hacían en dólares no eran nuevas.

De Rangel Ledezma se supo que, actualmente, cuidaba varias viviendas y vehículos de familiares que están en el exterior. Eran ellos quienes lo ayudaban a mantenerse. Todavía se desconoce qué oficio tenía el joven.

Según el Cicpc, las pesquisas de telefonía que se realizaron comprometieron cada vez más al presunto asesino. Durante horas negó su participación, pero ante la presión y las pistas que lo incriminaban, relató lo que había hecho.

Su detención ocurrió el viernes 2 de noviembre y ante los tribunales larenses lo presentaron, luego de un diferimiento, el lunes 5. El caso lo lleva la Fiscalía Sexta del Ministerio Público.

Cuatro abogados representan al presunto victimario y aseguran su inocencia, pese a la confesión. Al detenido le imputaron el delito de homicidio intencional calificado por motivos fútiles con alevosía y ordenaron que quedara tras las rejas. También se solicitó que le practicaran en los próximos días una serie de exámenes forenses.

En 45 días hábiles el Ministerio Público deberá presentar la conclusión de las investigaciones para que se lleve a cabo la audiencia preliminar del caso. Si Rangel Ledezma admite el crimen, será sentenciado. De lo contrario, se aprobará un juicio en su contra.

La iglesia Buenas Nuevas, a donde acudía el presunto victimario, no se ha quedado en silencio. El lunes, la institución publicó un comunicado en el que se afirma que ninguno de los líderes, ni pastores conocían los conflictos que tenía Rangel Ledezma.

“Todos esperamos que una persona que participaba en una comunidad cristiana y busca conocer lo que la Biblia enseña, sobre el amor de Dios y al prójimo, viva de acuerdo con estas enseñanzas. Lamentablemente no siempre es así, y algunas personas siguen guardando en su vida interna pensamientos opuestos a lo que Cristo enseña: resentimientos, orgullo, rebelión o aún vicios y costumbres perversas. A pesar de esto, seguimos fieles al ejemplo de nuestro señor Jesucristo”, dice parte del documento.

Rangel Ledezma fue trasladado nuevamente a la sede del Cicpc. Su rostro es muy diferente al de las fotos viejas que han circulado por redes sociales. Hoy está más gordo y tiene el cabello largo. Durante la audiencia tenía puestos sus lentes, una franela blanca, un mono negro y unos zapatos Nike. Con las manos esposadas a su espalda, mantenía la cara baja. En los calabozos, no deja de hablar del evangelio y de los pastores Rea.  

Protestas 2017 | La verdad sobre la muerte de Nelson Arévalo no tiene quien la investigue
Aunque las pesquisas del Cicpc y el ministro de Interior, Justicia y Paz, Néstor Reverol, señalan que el joven larense murió por la detonación de un artefacto explosivo, sus familiares y algunos testigos aseguran que le dispararon al cuello con un arma de fuego desde una sede del Saime en Barquisimeto

 

@KaryPerazaR

“AUNQUE PAREZCA QUE NO VA HABER JUSTICIA, la esperanza sigue porque la verdad está ahí, la verdad de lo que pasó. Solamente hay que demostrarla legalmente como se tiene que hacer con los procedimientos. La  verdad es que a Nelson lo mataron y eso tiene que aflorar”.

Yeraxi Arévalo cuenta que después de que su hermano, Nelson Daniel Arévalo Avendaño, de 22 años, murió en medio de una protesta en 2017, la vida de su familia dio un vuelco. En su casa hoy hay un padre que exige justicia, una madre que llora a su muchacho ausente y unos hermanos que no saben qué hacer tras haber perdido al más chiquito del hogar. Ninguno ha podido asimilar la forma en la que cayó el joven aquel 16 de junio en la avenida Hernán Garmendia del este de Barquisimeto, estado Lara, cuando participaba en una manifestación junto a sus compañeros de “La Resistencia” y fue impactado en el cuello por un objeto que todavía hoy se desconoce. Pero tienen fe en que el caso será esclarecido tarde o temprano. Y tienen, además, una certeza: “a Nelson lo mataron”.

Nelson –a quien habían apodado “Dominic” en “La Resistencia”– se convirtió en la décima persona que cayó en Lara en el contexto de las protestas contra el gobierno de Nicolás Maduro durante el 2017. Pertenece al grupo de 38 estudiantes que murieron en ese período en todo el país. En aquellos días cursaba el primer año de Derecho en la Universidad Fermín Toro (UFT) de Barquisimeto, luego de haberse mudado, meses antes, del pueblo agrícola en donde todavía reside su familia: Guárico, al suroeste de la entidad.

Sus parientes lo describen como un muchacho que quería un mejor futuro. Deseaba cambiar el país porque, para él, se caía a pedazos. A pesar de saber que en las manifestaciones antigobierno cada vez morían más personas y de que su madre había intentado persuadirlo para que dejara las calles, él le aseguraba a los suyos que era por ellos que salía a protestar, así como por quienes estaban sin medicina, o no tenían cómo comprar comida. No era la primera vez que marchaba. En 2014 también asistió a las manifestaciones y, cuando lo mataron, ya tenía dos meses frecuentando Las Trinitarias, uno de los puntos de concentración habituales de las protestas, la zona donde murió y donde se ubica su alma mater.

Yeraxi, la hermana de Nelson, reprocha que un año después del suceso no hayan tenido una respuesta sobre el caso. Afirma que su padre ha ido constantemente al Ministerio Público, donde pasa horas sentado mientras espera que lo atiendan. Siempre vuelve a su casa sin novedad alguna. Su madre, en medio del dolor, entendió que no podía quedarse encerrada llorando al muchacho. Por eso se le ha visto varias veces en ruedas de prensa y eventos públicos para recordar lo que le pasó a su hijo.

Pese a que la Comisión de la Verdad, instalada por la asamblea nacional constituyente (ANC) se comunicó con la familia de Nelson en dos o tres ocasiones –vía telefónica– con el fin de “buscar la verdad”, los padres desconfiaron de la oferta por considerar que la institución no era imparcial. Asegura Yeraxi que desde allí nunca se han acelerado los procesos judiciales, ni tampoco se ha ejercido presión para que los organismos encargados de la investigación cumplan con su trabajo.  

Cae en manifestación

Dominic, como era conocido entre los manifestantes, cayó a las 3:30 pm del viernes 16 de junio del 2017 en la avenida Hernán Garmendia, en las adyacencias del Saime de El Ujano, en la zona este de Barquisimeto. Una herida en el lado izquierdo del cuello lo había derrumbado. Era un orificio de gran dimensión y lo que lo impactó le salió por la parte de atrás de la clavícula del lado derecho.

Los miembros de la auto denominada “Resistencia de Las Trinitarias”, quienes no quisieron revelar sus identidades porque se sentían perseguidos, declararon ese día que al momento del suceso Dominic tan solo cargaba consigo una bandera de Venezuela que quedó impregnada con su sangre, un guante y un escudo que tenía la imagen de Neomar Lander. Relataron que entre 35 y 40 jóvenes se enfrentaban a funcionarios de la Guardia Nacional, mientras que estos se resguardaban en la sede del Saime y desde allí le disparaban. “Lo que sonaban eran balas”, detallaron los de la Resistencia. Nelson Daniel se había separado de la línea que habían formado los “escuderos” y, al asomarse, los militares dispararon.

Al verlo caer y soltar su escudo, sus compañeros lo agarraron y lo arrastraron a unos 20 metros del lugar. Un médico lo vio en el terreno, pero la lesión era grave y dio la orden de sacarlo a un centro asistencial. Los jóvenes detuvieron un vehículo que transitaba por la zona y este los trasladó hasta la clínica Razzeti, ubicada en el centro de Barquisimeto. Los médicos de guardia recibieron al paciente, pero no pudieron hacer nada. Había llegado sin signos vitales.

Yeraxi estaba trabajando cuando todo pasó. Era la única de la familia que se encontraba en Barquisimeto. La joven recibió una llamada de su madre quien le dijo que a Nelson le había pasado algo y que otro de sus hermanos, a través de la red social Twitter, vio que estaba herido. La madre no hacía más que llorar.

La hermana de Nelson comenzó a buscarlo. Cuando llegó a la clínica no reconoció a nadie, pero se enteró que el Ministro de Interior, Justicia y Paz, Néstor Reverol, había tuiteado que la muerte de Nelson Daniel ocurrió por la manipulación de un mortero que le había explotado encima. Sin embargo, personal de la clínica le dijo que se trataba de una herida por arma de fuego.

Cuando Yeraxi vio el cadáver de Nelson, lo primero que observó fue sus manos sin quemadura alguna. La dimensión de la herida era menor a la que se había visto en una fotografía divulgada por redes sociales y, aparentemente, el tamaño había sido un efecto de la cercanía.

En medio de las versiones sobre el homicidio, los miembros de la Resistencia mostraron una fotografía donde estaba la bandera llena de sangre y el escudo, pero sobre ella aparecía un mortero que otros jóvenes después confesaron que Dominic sí cargaba, pues él era el encargado de esa tarea.

Al llegar al lugar del suceso, funcionarios del Eje de Homicidios del Centro de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas (Cicpc) en Lara, trataron de hablar con algunos testigos pero estos no dieron la cara. Tan solo colectaron el mortero que llevaba Dominic, unos guantes y otras evidencias de interés criminalístico.

“Como familia hemos indagado y los muchachos me dicen que el disparo vino del Saime”, dice Yarexi, quien además asegura que cuando acudió a la sede del Cicpc, el mismo día de la muerte de su hermano, se sintió incómoda. En lugar de atenderla para que denunciara el homicidio, sintió que a ella la investigaban por el acontecimiento.

Controversia en el caso

Para la hermana de Nelson Daniel, las afirmaciones de Reverol sobre el mortero provocaron una estela de hermetismo sobre el caso.

El día de los hechos, los funcionarios del Eje de Homicidios del Cicpc solo le hicieron una inspección ocular al cadáver del joven.

Según el registro de ingresos del Hospital Central Antonio María Pineda de Barquisimeto, el cuerpo fue trasladado a la morgue a las 6:00 pm de ese 16 de junio y celosamente fue cubierto, pues se acordó que no se le practicaría la autopsia.

La mañana del sábado 17 de junio, amaneció la morgue tomada por funcionarios del Ministerio Público y del Cicpc. Se designó a Luz Marina Araujo, fiscal 6ta con competencia en delitos comunes, para la investigación. Posteriormente se sumó al caso Carlos Muñoz, fiscal 21 con competencia en Derechos Fundamentales, además de la Unidad Criminalística Contra la Vulneración de Derechos del Ministerio Público que haría la autopsia.

A las 11:41 am del sábado 17 de junio, todo los expertos y funcionarios ingresaron a la morgue para comenzar con el examen médico legal que tardó más de tres horas. Se le tomaron muestras para hacer pruebas toxicológicas, en su hombro tenía rastros de quemaduras, pero en sus manos no. Detallaron algunas esquirlas de piedras en el cuello y rostro, así como quemaduras. En la herida, que era irregular, consiguieron rastros de pólvora, así como de tela, las cuales fueron colectadas para determinar si eran parte de su vestimenta.

Una fuente ligada al Ministerio Público dijo en ese momento que era bastante difícil indicar qué había causado la herida. “Necesitamos el resultado de todos los estudios para blindar la investigación y detallar las verdaderas causas de la muerte”.

A las 4:30 pm, el cuerpo de Dominic ya estaba listo para ser entregado a sus familiares, pero eso no ocurrió. Cuando preguntaban por él, no había respuesta. La situación los angustió y los allegados rumoraban que había intenciones de cambiar el informe forense.

Otra situación inquietó a quienes estaban en la morgue: el fiscal 21 fue sacado de la investigación y la fiscal 6ta quedó al frente del caso. Tres horas y media después de haber finalizado, el cadáver fue dado a los parientes para que lo sepultaran.

Yarexi, todavía hoy, no entiende cómo Reverol declaró sobre la muerte de su hermano sin tener pruebas y sin que los funcionarios hubieran visto el cuerpo de la víctima. “Si ese es el mismo Estado que va a buscar la verdad, que va a hacer justicia, que me va a garantizar las investigaciones, es difícil creerles. Pero eso no quiere decir que no sigamos buscando porque la justicia es un derecho, no un deber”, sentenció.

Un arma de fuego

El domingo 18 de junio, mientras era velado en la funeraria Metropolitana de Barquisimeto, se filtró el acta de defunción de Nelson Daniel, en la cual se indicaba que había presentado un “traumatismo raquimedular severo” y que tenía una herida por disparo de arma de fuego. También se apuntaba que tenía un “blasting pulmonar”.

Sin embargo, una fuente ligada al cuerpo detectivesco agregó que la hipótesis que se maneja dentro de la institución es similar: “traumatismo raquimedular severo y blasting pulmonar ocasionado por onda expansiva”. En sus expedientes, aparentemente, no figura la herida por arma de fuego. Los policías aseguran que la muerte fue por la explosión de un mortero y explican que dicho artefacto, al utilizar pólvora, se convierte en un arma de fuego. Por eso figura ese término en el acta de defunción.

Los detectives ligados al caso advierten que no puede haber detenidos, ni siquiera los compañeros que estaban con él, porque se trató de un accidente. Sin embargo, desde el Ministerio Público no existió una versión oficial  y el caso se engavetó.

El fiscal 21 fue sacado de la investigación porque supuestamente se comprobó que no habían funcionarios involucrados. Desde la Fiscalía 6ta todo quedó en silencio, no se hicieron más diligencias al respecto.

Sin embargo, la familia de Nelson Daniel no cree en la versión oficial. Para ellos, alguien lo mató y por eso insistirán en buscar la verdad. Mientras tanto, recuerdan al muchacho cada día y lamentan que la tradicional foto familiar haya quedado incompleta en la Navidad pasada. La tristeza les quitó el ánimo para poner los adornos y el arbolito.

Protestas 2017 | Manuel Sosa, Dany Subero y el victimario que Maduro ascendió a capitán
“La madre de quien le quitó la vida a Manuel sufre más que yo, sabe que tiene un hijo asesino”, dice Maritza, la mamá del hombre de 43 años que mataron el 25 de mayo del año pasado en medio de una manifestación en Cabudare

 

@KaryPerazaR

EL CUARTO DE MANUEL ALEJANDRO SOSA APONTE, de 33 años, está casi como lo dejó aquel 25 de mayo de 2017. La habitación, que está entre la de su hermana mayor y la de sus padres, tiene colgada en la puerta una corbata de plástico de una hora loca y una medalla. Sobre su cama matrimonial está la imagen de un Divino Niño y también la de un ángel que puso su madre para coronar el lecho bien tendido. En su closet hay trofeos y preseas que ganó jugando fútbol y también las 60 camisetas de sus equipos favoritos de balompié. Además, están perfectamente acomodadas sus camisas manga larga, sus pantalones y algunos balones en el suelo del armario. Su desodorante y hasta los jabones que usaba para lavar la ropa están sobre un estante, el mismo lugar que tenían hace un año antes de que al joven lo mataran durante una protesta antigobierno ocurrida en el distribuidor Valle Hondo de Cabudare, municipio Palavecino de Lara.

En el contexto de las manifestaciones de 2017, Manu, como le decían cariñosamente, fue la sexta víctima fatal en el estado. El proyectil que causó su muerte, proveniente del arma de un funcionario de la Guardia Nacional Bolivariana (GNB), impactó por debajo de su clavícula derecha y le salió por la espalda.

Maritza Aponte, su madre, comenta que no toca el cuarto de su hijo salvo para limpiarlo. Está como lo dejó, salvo por los escritos que se ven en una pizarra colgada de lado izquierdo de la habitación: “hermano, te amo” e “hijo mío, siempre te voy a amar”. De resto, todo sigue igual. Hasta la sábana sigue como él la acomodó, y ella no la cambia “ni de broma” porque no quiere que se vaya “ese olor que dejó cuando se levantó”.

A Maritza se le quiebra la voz cuando habla de Manu, porque para ella el tiempo no ha pasado: “Es muy difícil todo esto”. A diario se le repiten en la mente, como una película, las palabras que pronunció Manuel aquel 25 de mayo y todo lo que pasó después. Se pregunta si habría podido evitar lo que sucedió. “Si yo lo hubiese buscado seguro se venía conmigo”, dice.

Manu era un joven que salía a la calle por convicción porque quería cambiar el país, lo quería libre; aseguraba, según sus allegados, que luchaba por su hijo, su familia y por todos los venezolanos. En 2014 había participado en las protestas junto a Gruseny Antonio Canelón Scirpatempo, conocido como Tony, quien fue la tercera víctima en caer en Lara en 2017. Cuando Manu supo de su asesinato, se indignó, estuvo presente en su funeral y hasta sostuvo la bandera de Venezuela. Expresaba que ahora era cuando se tenía que estar en la calle. Casi un mes después lo mataron.

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Manu, al igual que Tony, fue asesinado por un Guardia Nacional. Aunque su familia lo denunció en el momento y su madre pensó que nunca se sabría quién había sido porque hubo muchos uniformados durante el suceso, 22 días después de su muerte salió a relucir el nombre del militar. Se trataba del Primer Teniente de la GNB, Johnnuar José Pastor Arenas Castillo, de 30 años, adscrito al Destacamento 123 de Cabudare, a quien le libraron orden de captura luego de que la Fiscalía 21 con competencia en Derechos Fundamentales, de la mano de la Unidad Criminalística Contra la Vulneración de Derechos del Ministerio Público, logró identificar a través de testimonios y evidencias físicas que él fue el responsable de disparar el arma que le quitó la vida al joven.

Todavía hoy no se ha hecho justicia. Sigue libre y hasta fue “premiado” por su actuación. En un documento del Ministerio de la Defensa, del 29 de junio del 2017, y según resolución 019647, se indica que el presidente de la República lo ascendió al grado de Capitán.

Arena Castillo cursó sus estudios en el Colegio La Salle de Barquisimeto, el mismo lugar donde Manuel estuvo desde preescolar hasta bachillerato y recinto en el que Maritza, su madre, fue educadora por 19 años.

Maritza, con los ojos tristes, habla de lo difícil que fue para ella el último Día de las Madres. “Quizás fue por haber perdido un hijo que lo daba todo por los venezolanos. Ahora, el que le quitó la vida a Manuel… Su mamá debe sufrir al saber que su hijo es un asesino”, señala.

“Estoy seguro, espero que más temprano que tarde, que habrá un giro en la dirección del país y en ese momento todos aquellos que hayan cometido  desmanes, burlado la ley, violentado el estado de derecho, tendrán que pagar; inclusive esa persona que le arrebató la vida no solamente a Manuel, que le cambió la vida a mi tía Maritza, a mi prima Melissa, a su hijo Mauricio y a todos los que estábamos a su lado”, comenta su primo Arturo Bello Aponte, quien emigró recientemente por la situación del país.

Alejandro Sosa, padre de Manuel, no entiende cómo es que los cuerpos de seguridad investigan unos casos y otros no. Asegura que es responsabilidad del Estado dar una respuesta.

Este hombre delgado y moreno era quien todas las noches, cuando su hijo llegaba del trabajo, cumplía un ritual. Esperaba que el muchacho llegara a su cuarto y lo invitara para irse, juntos, hacia la parte de atrás de la casa. “Uno de los dos se acostaba en esa hamaca, donde hablábamos todas las noches de cómo había sido el día y de la situación del país”, recuerda.

A Alejandro le arrebataron esas charlas nocturnas de padre e hijo. Ahora, cuando siente la necesidad de hacerlo, lo hace frente a una tumba. Acude entre dos y tres veces por semana, va solo porque su esposa no lo ha superado, ella nunca ha podido visitar el lugar donde enterraron a Manuel.  

La relación de Manuel con su hijo de 5 años estaba siendo cultivada al igual como era con su padre: hablaban mucho. Hoy el niño dice que su padre le sigue diciendo qué hacer y se siente muy orgulloso de él.

Los padres de Manuel indican que, después de su muerte, conocieron la nobleza de su hijo, porque supieron que ayudaba a muchas personas y que tenía una gran cantidad de amigos. En la pared de la sala están tres cuadros con el rostro de Manu. Dos fueron hechos por amigos y vecinos y otro, que ha dado la vuelta al mundo, es uno de los retratos del ilustrador Oscar Olivares, quien lo envió a la familia con un certificado de originalidad.

Manu se despidió

Manu, que también era conocido por muchos como Sosa, se convirtió en un objetivo a raíz de un video difundido en abril de 2017, en el que se le veía hablando con un coronel de la GNB. “Allí lo marcaron”, dicen los jóvenes de la Resistencia. Sabían que era uno de los líderes.

Relatan que Manuel era un “guerrero” desde 2014. Conocía las estrategias y, aunque sabía que en 2017 la lucha no era igual a la que vivieron años atrás, que tenía nuevos compañeros y que muchos se acercaban solo por la comida –algo que a él le molestaba– quería guiarlos. Trabajaba en un puesto de comida rápida, por lo que asistía menos a las manifestaciones, pero los miércoles y jueves estaba libre.

El 24 de mayo de 2017, se reunió con todos. “Mañana será un día muy bonito, mañana será el día”, fueron algunas de sus palabras. Hacía hincapié en que la Guardia iba a venir con todo. “Lo que no sabía era que ese era el día que le tocaba irse, se estaba despidiendo”, dijo uno de sus amigos.

Al día siguiente, el jueves 25 de mayo, Manu y su padre se fueron a llevar a su hermana mayor al trabajo. Al regresar a casa, ambos desayunaron junto con la mamá. Manuel les advirtió que estuvieran alertas en Barquisimeto, pues sabía que ellos tenían que salir a cobrar su pensión.

“Como madre, uno siente algo. Y yo le decía a Alejandro que nos fuéramos, que yo tenía que hacer la comida”. Poco después, los padres de Manu llegaron a su residencia en la Etapa I de Valle Hondo. Maritza mandó a su esposo a buscar a Manu, quien ya tenía rato en el distribuidor de la zona y donde había un pelotón de la GNB. Eran como las 3:30 de la tarde cuando Alejandro, el padre, le mandó un recado a su hijo. Él le contestó que pronto iría a su casa. Todo estaba tranquilo.

“Ya viene Maritza. Él está en la esquina y yo voy a salir a buscar a Melissa que me está esperando”, dijo Alejandro.

En las adyacencias del distribuidor estaba Yicsney Rodríguez, prima de Tony, que abrazó a Manu cuando lo vio. Le pidió que se cuidara y que recordará lo que le había pasado a su primo. Él le respondió que se quedara tranquila.

Cuando Alejandro salió, se topó con su hijo nuevamente. “Cuídate”, le dijo Manuel. Y mientras el padre comenzó a caminar hacia Cabudare, Manu se fue hacia el distribuidor.

Alejandro había caminado unos 50 metros cuando escuchó una detonación seca. Calcula que estaba a unos 100 metros de su hijo. Se refugió de las balas pegándose a la pared. Volteó, pero no podía ver qué pasaba en el elevado. Oyó otra detonación y siguió caminando. En casa, Maritza tapó la comida porque Manuel no llegaba. En su lugar, vecinos arribaron corriendo para decirle que su hijo se estaba desangrando. Ella corrió hacia el lugar, pero en la esquina, a 50 metros de su hijo, se paralizó. No caminó.

Paralelamente, Alejandro recibió una llamada en la que le informaron que habían herido a Manu. Lo primero que hizo fue correr hasta llegar a una zona del distribuidor en donde pedían auxilio para un muchacho. Pero ese no era Manu, sino un joven de 18 años. A su hijo ya se lo habían llevado.

Ninguno de sus padres pudo ver el sitio en el que lo hirieron, pero sí supieron que Manuel ya iba camino a su casa cuando escuchó la primera detonación y, al ver caer a un muchacho, se devolvió al distribuidor para sacarlo de allí. En ese momento, el guardia disparó por segunda vez y lo impactó. Baleado, Manuel saltó el elevado y, al llegar a la urbanización, preguntó por su padre. La sangre le brotaba por la herida abierta bajo su cuello. Pedía que no lo dejaran morir porque tenía un hijo. Los vecinos lo sacaron hacia una clínica al este de la ciudad, pero cuando arrancó el vehículo los guardias dispararon de nuevo. En Santa Rosa estaba todo trancado, pero cuando el propio Manuel dijo que iba herido le abrieron paso.

De inmediato fue ingresado a quirófano. Había perdido mucha sangre. A la anestesióloga, que era madre de un amigo de él, le pidió que le dijera a su padre que cuidara de Mauricio, el pequeño  de 5 años de edad que era todo para él. Alejandro asegura que en el momento en el que dispararon no había enfrentamiento, ni molotov, ni piedras, ni cohetes. Solo salieron las balas de parte de los guardias.

Fueron horas de angustia en la clínica. Maritza no quiso aparecer, pero Alejandro estuvo acompañado por mucha gente que conocía a Manuel. Hoy no los recuerda porque estaba en shock. Alrededor de las 10 de la noche le informaron que murió. Maritza fue el sábado 27 de mayo a la funeraria y pidió verlo a pesar de que las puertas de la sala no se habían abierto. Frente al cadáver, la madre le reprochó a su hijo el tener que verlo en ese cajón. Fue allí también que, rememora, lo vio con una sonrisa hermosa, como la que él tenía.

Una canción para Manuel

Arturo, el primo, escribió una canción para Manuel que Maritza y sus hermanas no dejan de escuchar. En esta melodía resume cómo la muerte del joven les cambió la vida, cómo quisiera arrancar la página del calendario con el día en el que lo mataron para poder volverlo a ver.

“No creo que todo está igual, yo creo que todo está peor, pero siento que los muchachos fueron utilizados por actores políticos que luego traicionaron la buena voluntad de la Resistencia. Se luchó a más no poder, con las uñas, sin herramientas, contra un poder armado. Fue una lucha totalmente desigual”, asegura Arturo.

Mientras Maritza dice no creer en políticos ni de un lado, ni de otro, recuerda cómo a Manuel lo invitaban a irse de Venezuela. “Él decía que el país no se le podía dejar a esta gente, había que luchar. Muchas veces le decía: ‘hijo, solamente sales tú, los demás muchachos de la cuadra no salen. Y él contestaba: “mamá, esto no es un partido político, esto sale del corazón, el país se quiere con el corazón”.

La muerte de un “infiltrado”

Pasado mediodía del sábado 27 de mayo, el cuerpo de Manuel Sosa fue sacado de la funeraria. Su féretro fue detenido en el Distribuidor de Valle Hondo porque sus amigos, vecinos y familiares querían rendirle un homenaje, despedirlo.

En medio del improvisado acto, un grupo de personas observó a un sujeto, a quien no conocían, que grababa el funeral y a los presentes. Para ellos se trataba de un infiltrado y lo atraparon, comenzaron a interrogarlo. Le pidieron la cédula y le sacaron un carnet que indicaba que era teniente de la Guardia Nacional. Su nombre: Danny José Subero, de 34 años.

Los ánimos se caldearon. Lo rodearon cuando el cortejo fúnebre ya había arrancado. El hombre explicó que tenía dos años de haberse dado de baja, pero no decía por qué estaba en el lugar. Muchos lo golpearon, aunque hubo quienes lo defendieron. Trató de irse en la moto que tenía, pero se la quitaron y la quemaron debajo del distribuidor. Luego un grupo de al menos ocho personas se lo llevó hasta la estación de servicio cercana. En ese momento muchos pensaron que todo iba a empeorar y decidieron retirarse.

Subero fue golpeado por encapuchados que lo mantuvieron cautivo durante una hora. Lo desnudaron y fue a eso de las 2:30 de la tarde que una comisión de la Policía del estado Lara intervino. A ellos se lo entregaron, estaba desmayado y sangrando. Fue trasladado al ambulatorio cercano donde lo remitieron de inmediato a la emergencia del Hospital Central Antonio María Pineda, donde murió. Los médicos le vieron tres impactos de bala, en el brazo derecho, la espalda y el cuello. De inmediato se corrió la noticia de que habían linchado a un funcionario.

Hasta el presidente Nicolás Maduro se pronunció y lamentó la muerte de Subero, pero nunca dijo nada de los manifestantes caídos en el estado Lara.

Comenzó la cacería

Las fotos del homenaje a Manu salieron a través de distintas redes sociales. Una  imagen en la que se ve a Subero rodeado por quienes lo querían agredir y por quienes lo defendían también circuló. Todos fueron ubicados por funcionarios del Eje de Homicidios del Cicpc Lara, a quienes les ordenaron dedicarse completamente a ese caso. Douglas Rico, director nacional del Cicpc, estuvo al mando de la investigación.

Residentes de Valle Hondo no quieren identificarse, pero aún recuerdan cómo en los días posteriores a los hechos, los funcionarios del cuerpo detectivesco llegaban a la urbanización entre las 4 y 5 de la mañana y se quedaban hasta la tarde para allanar las residencias de todos. “Buscaban que alguien hablara. Se llevaron prácticamente a todos los que salían en esa foto que no era prueba de nada”, comentó un vecino.

Cinco días después de haberse ejecutado el linchamiento de Subero, el caso ya estaba resuelto. El 1 de junio de 2017, el ministro de Interior, Justicia y Paz, Néstor Reverol, lo oficializó a través de una cadena nacional.

Destacó que al menos 20 personas estarían presuntamente involucradas en el hecho y apuntó que cuatro habrían participaron de forma directa. Para ese momento había siete detenidos, pero solo dos eran responsables materiales de lo sucedido: Jonathan Javier Sandoval Navas, de 23 años, y Jesús Alberto Alejos, de 18, fueron imputados por el delito de homicidio calificado en grado de cooperadores inmediatos. Posteriormente fueron arrestados Antony Jesús Pérez Torres, de 25 años, conocido como “El Cuina”, a quien apresaron días después en Valencia, estado Carabobo. También encarcelaron a un adolescente de 14 años apodado “El Cachorro”. Según las investigaciones del Cicpc, ellos dos serían los responsables de disparar a Subero.

Por este crimen también fueron detenidos Ronny Raúl Granado, de 37 años; Uvaldo Martínez González, de 43; Milarys Josefina Saavedra Rea, de 42; así como Rómulo Antonio Marín, Jonathan Eduardo Riera Oropeza y un adolescente de 17 años. Todos fueron imputados por homicidio calificado en grado de  facilitadores. Los abogados del Foro Penal Capítulo Lara que llevaron este caso alegaron que todos eran inocentes y que los investigadores se guiaban por fotos sin tener certeza de que los señalados sí estaban allí.

Ante los insuficientes elementos de convicción presentados en contra de Granados, Martínez González, Marín y Riera Oropez, la fiscal pidió una medida de presentación semanal, pero fue negada. Este año, ocho de los detenidos salieron en libertad. Tan solo están arrestados “El Cuina” y el adolescente apodado “El Cachorro”.

La abogada del caso, Mariuska Padilla, aseguró que no podría emitir declaraciones del caso. Todos los familiares se lo habían prohibido, pues temen por la vida de los suyos y de los que aún están tras las rejas, pues afirman que son inocentes.

Protestas 2017 | Tony Canelón, la víctima que relató su propia tortura
El joven, el primero que murió en manos de los guardias nacionales durante las movilizaciones de 2017, cayó el 13 de abril del año pasado en Lara, el estado donde estos efectivos cometieron la mayor cantidad de asesinatos: 10 en total. Los victimarios, a pesar de haber sido solicitados por las autoridades, fueron trasladados a otras zonas y gozan de libertad plena

 

@KaryPerazaR

“MUCHOS DICEN SE CUMPLE UN AÑO, para mí es como si hubiera sido ayer. Es difícil mantener una sonrisa, aunque en ocasiones me desmorono, pero aún no acepto que Gruse está muerto”, comenta Ana Canelón, hermana del estudiante y comerciante Gruseny Antonio Canelón Scirpatempo, de 32 años de edad, conocido también como Tony o Gruse, a quien  funcionarios de la Guardia Nacional le dispararon a quemarropa el 11 de abril de 2017 en medio de una manifestación en contra del gobierno que se registraba en el Distribuidor Bellas Artes en Cabudare, municipio Palavecino del estado Lara.

El joven, que fue torturado y estuvo dos días hospitalizado, murió el 13 de abril a las 3:00 am. Fue el tercer caído en Lara en el contexto de las protestas contra Nicolás Maduro del año pasado, aunque los disparos de perdigón que lo mataron los recibió el mismo día que las otras víctimas: Miguel Ángel Colmenárez y Brayan Principal. Por su muerte se libraron 14 órdenes de captura en contra de funcionarios de la GNB, quienes hoy en día siguen libres.

Tony fue además la primera víctima de los guardias nacionales durante las movilizaciones de 2017 y cayó justamente en el estado donde estos efectivos dejaron más víctimas fatales: 10 en total, de acuerdo con cifras recabadas por Runrun.es. En Miranda, 8 personas murieron en manos de los militares, mientras que otros cuatro lo hicieron tanto en Carabobo como en Táchira. En los cuatro meses de manifestaciones, los uniformados de ese cuerpo mataron al menos a 30 personas y, de estas, solo cinco superaban los 35 años de edad.

Ana está sentada junto a su prima Yicsney Rodríguez, a quien Tony solía presentar como su “hermanita menor” porque se crió con ellos. Ambas se encuentran de visita en el apartamento de Ana Cristina Herrera, la mujer que su hermano amó. No la ven como la cuñada, sino como una miembro de la familia.

Ana Cristina es la primera en hablar. Dice que en estos 365 días posteriores al asesinato de Tony, sus sentimientos han sido una montaña rusa. “Obviamente ya se vive de una forma diferente, sientes una ausencia, es algo que se va a llevar siempre”, afirma justo cuando rompe en llanto. El dolor no la deja hablar.

Ana Cristina y Tony tenían dos años de relación cuando a él lo mataron. Ella supo que su novio había sido muy activo en las protestas de 2014 y estaba consciente de que él quería un cambio para su país y estaba dispuesto a luchar por ello. En varias de las primeras manifestaciones de 2017 en Lara, Tony había participado. Sin embargo, a ella jamás le pasó por la cabeza que lo perdería en esa circunstancia.

“Me encantaría saber que esas personas están pagando, pero nada me lo va a devolver. Yo creo que se logró algo en Venezuela a raíz de tantas muertes, porque no fue él solo, fueron 130. Nunca vamos a decir que valió la pena, pero por lo menos decir que sirvió de algo, que tengan su reconocimiento, porque no todo el mundo tiene las agallas, incluyéndome”, sentencia Ana Cristina.

Entre la familia hay varios sentimientos encontrados en cuanto a lo que le pasó a Tony. Su hermano Alan está totalmente cerrado, busca  esconder lo que siente y no habla de lo sucedido. Sus parientes, aunque preocupados por su actitud, saben que es su forma de llevar el duelo.

Yicsney, la “hermanita menor”, lo percibe de otra manera. Ella desde 2014 también ha estado en las calles para exigir la Venezuela libre en la que quiere seguir viviendo. Siente rabia porque después de tantas muertes observa que todo sigue igual.  “Es complicado ver cómo la vida de tantos jóvenes vale solo un bono o una caja del CLAP”, dice.

En un momento de la entrevista, la joven lee en su teléfono un viejo escrito en el que explica cómo le cambió la vida al perder a Tony.

“Podría describir muchos cambios después de su partida en este primer año: como el vacío que dejó en nuestros corazones, (saber) que en las fechas decembrinas ya no estará presente, tratar cada día de entender por qué (se fue) de esta manera, preguntarme dónde está la justicia de mi país, buscar cada día explicaciones a la indiferencia de los venezolanos ante esta situación y ante lo que ha sucedido desde 2014, aprender a controlar cada sentimiento de dolor y de rabia. Desde el 13 de abril de 2017, simplemente nuestra vida dio un cambio de 180 grados, y no solamente para la familia de Gruseny Canelón (Tony), sino también para cada familiar de los jóvenes caídos… Es un pedazo de ti que se va con ellos, quedando una familia disfuncional, sueños que no se cumplieron, abrazos que no se dieron y miles de te amo que faltaron por decir”, lee.

Yicsney también reflexiona sobre cómo aún están en libertad los autores del crimen de Tony. Tiene esperanza de que aún se puede hacer justicia. Sabe que son crímenes de lesa humanidad y que no prescriben.

“Espero que cada responsable de cada una de esas muertes, de la muerte de Gruse, no estén libres. Espero que los representantes de la justicia de este país actúen conforme a los principios y valores. Espero un gobierno capaz de aceptar que está fallando; que su ideología sólo está llevando al pueblo venezolano a un abismo, espero que termine la violación de los Derechos Humanos. Solo espero la Venezuela libre por la cual lucharon esos jóvenes… Aunque vale acotar que nada de eso nos los devolverá, pero aliviará un poco el sentimiento de frustración de cada uno de nosotros”, sentencia.

Represión y tortura

Aquel 11 de abril, Tony debía irse para Carora junto a Ana Cristina, quien estaba en casa de su familia. Tenían previsto reunirse para la Semana Santa, pero Cabudare y Barquisimeto estaban colapsados por las manifestaciones. “Todo está trancado. Es bueno, por la lucha, pero tengo muchas cosas que hacer”, decía al otro lado de la bocina Tony, al tiempo que su novia le pedía que se quedara tranquilo y le recomendaba que al día siguiente emprendiera el viaje.

A las 6:00 pm, Tony tomó una foto de su rostro y se la envió a su novia con un “te amo”. Desde ese momento, el joven se instaló con un grupo de vecinos a las afueras de la urbanización Tarabana Plaza. Allí miraba a los manifestantes cuando repentinamente llegó un grupo de la Guardia Nacional que comenzó arremeter contra los presentes. Algo observó que lo hizo correr hacia el distribuidor. Dicen que su gran corazón y ganas de ayudar lo empujaron, porque en ese instante estaban deteniendo a una persona que se estaba herida. Tony quiso salvarla, pero al llegar se topó con un hombre que portaba un uniforme verde.

En el ambiente lo que se respiraba era el olor a bombas lacrimógenas, se escuchaban gritos y detonaciones, los guardias nacionales arremetían sin piedad. Tony estaba en el piso y el militar con quien se había encontrado agarró su arma, lo apuntó y a menos de un metro de distancia le disparó en uno de los costados.

Tony se quejaba. Desde allí, él y varios manifestantes fueron llevados hasta la parte de abajo del Distribuidor Bellas Artes. Los comenzaron a golpear, pero en ese momento llegó un funcionario de la Guardia Nacional herido y fue cuando el camión decidió arrancar para auxiliar al uniformado, no sin antes llevarse a varios detenidos. Al menos seis personas en calidad de arrestados iban en el camión y en el trayecto eran golpeados.

Tony pudo sacar su teléfono celular y le envió una nota de voz a un amigo. “Me llevan preso al Hospital Militar, voy disparado, voy herido. Ayúdame por favor”, dijo en el mensaje. Pero nunca llegó al centro asistencial. Se lo llevaron hasta el Destacamento 121 de la GNB, ubicado en la avenida Morán de Barquisimeto.

En el lugar, bajaron a los detenidos y el camión arrancó con el castrense herido. A los manifestantes los arrodillaron, comenzaron a patearlos y golpearlos con los cascos. Tony les decía que estaba herido que lo llevaran a un centro asistencial, pero los uniformados no le prestaron atención a sus súplicas. Quienes fueron arrestados ese día, relataron que hubo un momento en que lo separaron del grupo y se escuchó una segunda detonación. Cuarenta minutos después, lo trasladaron al Hospital Central Antonio María Pineda. A las 8:40 pm, Tony fue recibido en el área de emergencias del centro de salud, con dos impactos de proyectiles en los costados, disparados muy de cerca.

Tony llegó hablando a pesar de la cantidad de sangre que había perdido y de inmediato dio el número de su novia para que le comunicaran dónde estaba. A Jesús Guarecuco, quien para aquel momento era el presidente de la Sociedad de Médicos Internos y Residentes (Somir), le aseguró que los guardias nacionales le habían disparado y relató ante él y un representante del Ministerio Público algunas de las torturas de las que fue víctima.

La hermana de Tony, Ana, fue la única que pudo hablar con él antes que fuera operado. Le dijo que estaba bien, que iba a salir de eso, le confirmó que sus victimarios habían sido funcionarios. Pero al ingresar a pabellón, entró en shock.

Ana, quien es abogada, tuvo acceso al expediente de su hermano. Hoy, explica que cuando leyó todas las entrevistas de las personas que estuvieron detenidas con él, entendió porque Tony estaba tan mal. No sabe cómo soportó tanto.

La hermana de Tony sostiene un retrato suyo

Guarecuco, el médico tratante, explicó en aquellos días que la persona que le disparó a Tony estuvo a menos de un metro de distancia porque su herida era grande y profunda, con un diámetro de entre seis y siete centímetros. El disparo le causó una lesión hepática grado 4 y otra en el colon con múltiples heridas, por lo que tuvieron que quitarle la mitad del órgano; también sufrió daños en riñón, diafragma y pulmón izquierdo. Recibió muchas transfusiones porque perdió mucha sangre. A pesar de que tenía todo lo que necesitaban, porque sobraron donantes y medicamentos que sus amigos llevaron, los médicos no pudieron hacer nada por el muchacho.

Justicia paralizada

Una vez se conoció de la muerte de Tony, el caso que había sido iniciado como una lesión por el Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas (Cicpc) de la Subdelegación San Juan, fue tomado desde cero por efectivos del Eje de Homicidios del Cicpc Lara, dirigidos por Carlos Muñoz, Fiscal 21 con competencia en Derechos Fundamentales del Ministerio Público.

Por este crimen entró en el caso la Unidad Criminalísticas Contra la Vulneración de Derechos Fundamentales del MP de Lara, que practicó la autopsia a la víctima y evidenció que tenía dos heridas producidas por un arma de fuego, ambas de gran proporción. Alrededor de estas había pólvora deflagrada no combustionada, formando lo que se conoce como tatuaje.

Al abrir el cuerpo, los forenses se encontraron con municiones de dos armas distintas. En una usaron un cartucho de polietileno cuyo tapón fue encontrado en su interior. En la otra fueron esferas cilíndricas más grandes, también de goma, todas colectadas como evidencia. Así mismo observaron lesiones en las rodillas, espaldas, golpes en el cuerpo y el rostro.

El segundo paso fue hacer la reconstrucción de los hechos en el sitio del suceso, donde colectaron cartuchos y algunos elementos. Se hizo el “barrido” a dos camiones de orden público de la GNB donde llevaron a Tony y donde se presume que lo montaron la primera vez. En ambos encontraron indicios de que allí estuvo. Tras varias entrevistas se logró identificar a los guardias que habían actuado contra Tony, a los autores de su tortura. Sin embargo, no se pudo señalar quienes habían disparado.

La orden de captura fue emitida por Carlos Torrealba Gamarra, Juez de Control 7, el 18 de abril del 2017, bajo el número de oficio 4071 y llegó a manos del Fiscal 21 el miércoles 19 de abril a las 6:55 pm, cuando la firmó como recibida. La foto del documento fue divulgado por Twitter por el abogado Pedro Troconis, quien era coordinador del Foro Penal capítulo Lara para aquel entonces.

Tarek William Saab, defensor del Pueblo en esos días y hoy fiscal general de la República designado por la asamblea nacional constituyente, ratificó la información y también a través de su cuenta en Twitter solicitó a las autoridades que los funcionarios fueran puestos a orden del juez de forma inmediata.

Los militares fueron identificados como: Lucindo José Parra Mendoza, José Ángel Rodríguez Pérez, Jorge Luis Chirinos Perozo, Carlos Enrique Urbaneja Villamizar y Orangel David Morán Sánchez, estos cinco con el rango de Sargento Primero; los Sargentos Segundos Alí Froilan Meléndez Muñoz, Yomar Alexis Pérez Camacaro, Wilmer Alberto Arriechi López, Jackson James García García, Edixon Antonio Silva Almao y Marcos Gabriel Sánchez Peroza; el Sargento Tercero Pastor José Oviedo Mariño; Yanin Alejandro Vera Rodríguez, quien es  Sargento Mayor de Tercera y el Capitán Wilfredo Ramón Pirela, funcionario de mayor rango y quien aparentemente estaba al mando de la comisión

Los mismos fueron llamados por el Comando de Zona 12 de la GNB Lara. Se creyó que los entregarían, pues en poder del MP estaban todas las evidencias que los incriminaban de forma directa con el crimen de Tony. Desde el Cicpc estaban atentos para la aprehensión, pero nunca se dio. Ese mismo día se conoció, a través de sus compañeros, que los 14 uniformados fueron enviados en un avión a Caracas al comando General de la GNB. Allí estuvieron un tiempo y hasta salieron a reprimir protestas en Caracas. Hoy gozan de plena libertad.

14 guardias nacionales están solicitados por el asesinato de Tony Canelón

Sus nombres no aparecen en sistema aunque poseen una orden de captura. El Ministerio Público, en manos de Saab, ahora calla. El fiscal que llevaba el caso renunció, aunque estaba en la lista de los destituidos cuando llegó la gerencia nueva y desde los tribunales se hacen de la vista gorda. El juez que lleva el caso ni habla del tema.  

Lo que sucede con el caso de Tony también ha pasado con otras dos víctimas de la GNB en Lara: Manuel Sosa, asesinado en la urbanización Valle Hondo de Cabudare, y Eyker Daniel Rojas, muerto en la calle 61 de Barquisimeto. Los efectivos responsables fueron solicitados, pero el comando larense jamás informó sobre su paradero.

La impunidad ha arropado la mayoría de los homicidios cometidos por los guardias nacionales en las protestas. De los 30 procesos judiciales abiertos, solo dos tienen a funcionarios tras las rejas: el de Fabián Urbina, ocurrido en el Distribuidor Altamira de Caracas, cuyos victimarios esperan por la audiencia preliminar; y el de Manuel Castellanos, acaecido en Tucapé, estado Táchira, quienes habían sido imputados el año pasado.

Conexión espiritual

Ana Cristina y Yicsney, novia y prima de Tony

A pesar de lo traumático y repentina que fue la muerte de Tony, sus familiares creen que está bien.

Ana Canelón cuenta que han ido a un/a médium para saber de él y lo han observado feliz y en paz, aunque les contaron que al principio les costó conseguirlo. Tan solo ha pedido que no lo lloren mucho y hasta ha reprochado que lo enterraran descalzo. Dicen que se reencontró con su padre, quien también murió de forma trágica tras ser asesinado al resistirse al robo.

Ana Cristina asegura que lo ha soñado. Le ha preguntado si lo volverá a ver y hasta ha sentido abrazos tan reales que para ella ha estado allí con ella. En la búsqueda de explicaciones, llegó a leer al menos 15 libros sobre las conexiones después de la muerte y en estas ha encontrado reconfortarse con mensajes que, ella dice, han sido enviados por él. Todos han aprendido a ser más unidos como familia y Ana, su hermana, se ha permitido vivir más la vida como lo hacía Tony, aunque el dolor siga intacto.