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¡Maduro sale ya!... pero el tipo no sale… Por Carlos Blanco

 

Hay quienes reclaman a dirigentes políticos, analistas, curiosos y afines (a mí también) que hayan planteado en diversas oportunidades que Maduro va a salir pronto del poder, pero, al cabo de los días, no sale. Estos pronósticos ¿serán propaganda política? ¿Acaso una lectura equivocada de la realidad? ¿Deseos que nublan el entendimiento en juego macabro con la credibilidad pública?

La respuesta fácil es que puede haber de todo. Veamos. Los pronósticos se hacen en términos probabilísticos, en los que el analista asigna una probabilidad determinada de ocurrencia a un fenómeno. Por ejemplo, en las últimas elecciones de Estados Unidos, en las cuales ganó Trump, la mayor probabilidad de victoria analíticamente la tenía Hillary Clinton. El triunfo de Trump se debió a muchos factores cuyo peso no se previó suficientemente: el papel de los colegios electorales, que no necesariamente refleja simétricamente el voto popular, el hastío de buena parte de los ciudadanos con el establecimiento, el caso llevado por el FBI de los emails de Hillary y el papel de Rusia con sus hackers. La mayor probabilidad de victoria de Hillary se esfumó al final por esos factores.

En el caso de Maduro –y antes de Chávez–, ha habido momentos en los cuales la posibilidad de su salida ha estado planteada en el contexto de inmensas protestas ciudadanas. Entonces ¿por qué Maduro sigue allí? Un primer factor, cuyo peso no previmos los que hemos sostenido en distintos momentos la inminencia de la salida del régimen, es haber subestimado la capacidad de matar de los que detentan el poder. En mi caso, supuse hasta un cierto momento que se frenarían en su vocación homicida. Marcos Pérez Jiménez, con todo y haber ordenado prisiones y asesinatos selectivos, ante el dilema de matar jóvenes en la Academia Militar, prefirió irse. Para el régimen actual ese límite no existe; por eso mata sin remordimiento.

El segundo factor es que cuando sonaban las campanas a rebato que anunciaban la salida, un sector opositor se sumergió junto con el régimen en los miasmas del diálogo zapateril, aderezado con el encandilamiento electoral; así, la tiranía logró dividir la fuerza principal en la calle, la opinión pública y los soportes democráticos institucionales, tanto nacionales como internacionales.

Lo anterior tómese como discreta introducción a la discusión de por qué Maduro –contra todo pronóstico– ha seguido en Miraflores. Pero, permítaseme, hoy vuelvo a considerar que no por mucho. Venezuela está a reventar. El caos, el hambre y las necesidades son fuerzas imparables.

 

@carlosblancog

Perdón, ¿qué es lo que quieren ahora que aprobemos? por Armando Martini Pietri

plebiscito

 

No faltará quien diga que esto del plebiscito es un pretexto que se da a los militares para ver si terminan de comprender que quienes están contra el pueblo y la Constitución -que juraron defender- es el Gobierno y no al revés. Tal vez ésa sea la explicación de este sorprendente llamado que se anunció, con rimbombante, bien estructurado y mejor expresado discurso, en nombre y consentimiento de los partidos políticos que adversan al oficialismo y la sociedad civil que los acompañan -a juzgar por los presentes. Se anunció a los chavistas disidentes, pero no asistieron.

 

Sin embargo, no deja de asombrar, que en ningún artículo de la Constitución. -que con tanta pasión defienden chavistas y opositores-, se establece la realización de consultas electorales sin contar con el CNE. En todo caso, según la propuesta en la que se va a consultar al ciudadano si quiere o no lo que ya había sido propuesto, difundido y aprobado por la mayoría parlamentaria, dirigencia de los partidos con sus declaraciones públicas, además refrendado por millones con su participación activa, arriesgada y rebosante de valentía en las calles, tanto los que marchan y se enfrentan a guardias, policías, bandas armadas oficialistas, como los que permanecen en sus casas y trabajos, pero acompañan en voluntad, pensamiento, corazón y decisión.

 

Están hartos y cada día más enfurecidos con el Gobierno o, para ser más exactos, con sus mentiras, odios, violencia oficializada, injusticias, fallas diarias, con crueldad y constante chanza no sólo de algunos, sino con el pueblo. El recurso e invento cubano de una Constituyente retorcida, disfrazada, nada democrática, pero si muy castrista, no es sólo la última, sino también la más descarada, hipócrita y peligrosa burla; son tan incompetentes que conciben y difunden falsedades, que se les ve las costuras y el mundo perplejo se da cuenta como si viera el amanecer de día y oscurecer de noche.

 

Ciudadanos que tienen como testigos de su plena aprobación de cada detalle, meses de protesta, casi 90 muertos, cientos de heridos, y golpeados, miles de gaseados, detenidos, secuestrados y luego liberados previo pago del rescate, maltratados, torturados, violados física y mentalmente. ¿Necesitan los políticos y militares más clara y contundente aprobación del pueblo, o están ciegos y no quieren ver? Lo más grave y embarazoso, confirma la desconexión con el país.

 

Al mismo tiempo, acaso sea estrategia política inteligente de quienes fueron cómplices y partícipes destacados de la perversión originaria, del inventor y propulsor de todo este desastre, que convenció a las masas que hoy salen a enfrentar ferocidades de los peores mimos del empeño en conservar un orden público que ellos asfixian, salpican de sangre y encolerizan. No aparecen codo a codo, pero empujan y lo dejan sentir.

 

Porque ahora, entre protestas de mujeres y hombres de todas las edades, diferentes niveles socio económicos, especialmente jóvenes, hasta donde se conoce gente decente porque ni siquiera se roban motos y armas de los salvajes que logran atrapar, con la ética del ciudadano de bien, van apareciendo los supuestos arrepentidos, que al observar la realidad del enredo actual, y en las indiscutibles trastadas del sucesor y su orquesta de adulantes servidores abyectos, aprovechan la oportunidad de echarle culpas al actual inquilino de Misia Jacinta, pretendiendo hacer ver que el difunto fue el policía bueno y el heredero el malo.

 

Debe ser triste y lamentable para cierta dirigencia observar como quien de verdad ha logrado poner al Gobierno finalmente de rodillas no sea uno de ellos, ninguno de los cuales ha logrado consolidar un movimiento político capaz de competir por sí solo en las elecciones, sino alguien que no sólo viene del chavismo, de la Fiscalía tramposa de Isaías Rodríguez -que comprobaba la verdad de sus testigos mirándolos a los ojos-, sino que deja bien claro cada vez que emite sonido que es chavista, que no ha dejado de serlo y que su actitud es en beneficio de rescatar y defender su legado.

 

Quienes apoyaron todos los errores económicos y sociales, arenas rojas cuyos lodos nos ahogan, militares que pusieron sus experiencias, mandos y experticias para rechazar protestas y llenar las prisiones de presos políticos, Leopoldo López el más conocido y emblemático de centenares de víctimas que siguen enterradas en las tortuosas cárceles revolucionarias, sin olvidar nunca los exiliados políticos y quienes con boleta de excarcelación aún permanecen privados de libertad.

  

Es comprensible que, para tener un Gobierno de transición con algún respaldo más o menos sólido, sea necesario contar con el chavismo disidente, eso es lo que se conoce como voluntad y pragmatismo político. Ello no puede significar que las infamias y abusos se esfumaron, las violaciones a los Derechos Humanos nunca existieron y el robo masivo, grosero y arbitrario de corruptos, enchufados y bolichicos fueron sólo fantasías, aquello de: aquí no pasó nada y ahora es cuando vamos a empezar una nueva Venezuela. Eso se llama impunidad, que insulta a la Venezuela decente y honesta que quiere surgir después de este mal sueño, y no puede ni debe aceptar ni avalar por ciudadanos de principios éticos y buenas costumbres ciudadanas.

 

La consulta plebiscitaria convocada no fue hecha por ningún órgano constitucional, fue un acto partidista opositor, no una sesión ordinaria ni extraordinaria de la AN. Cabe la pregunta: ¿tiene legitimidad esta convocatoria? Es necesario corregir, como en efecto se hizo, que el parlamento la refrende de inmediato para que no genere dudas, o pudiera el Poder Electoral, que tiene la potestad de los procesos electorales, y puede declarar nula una consulta que no se ciña a lo que la constitución establece.

 

Continúan las negociaciones escondidas y subterráneas protegidas por la oscuridad. No se molesten en negarlo, nadie les cree. Los derechos no se consultan por decoro, no se mendigan por dignidad, jamás se negocian, se ejercen con valentía y coraje. Situaciones inéditas como las que está viviendo esta generación de venezolanos, no tienen disyuntiva posible ni solución aparente, se puede concluir que se dará la ruptura.

 

@ArmandoMartini

Crónicas de la realidad, por Víctor Maldonado C.

venezuela

 

La servidumbre totalitaria comienza cuando compramos mansamente la versión del régimen. Y frente a esa posibilidad, que se nos impone por la fuerza de la propaganda oficial, no queda otra opción que apelar constantemente a la realidad. Los datos están allí y la experiencia cotidiana a la que están expuestos los venezolanos son certezas más convincentes que cualquier alegación. Venezuela, por ejemplo, ocupa el primer puesto en el Índice de Miseria. Lo ha estado ocupando en los últimos años porque la inflación más alta del mundo se ha conjugado con un desempleo que es evidente pero que el régimen lo encubre en la mitad de la población confinada a la informalidad y al destajo. Y para colmo, la producción se ha desplomado. Se ha perdido al menos un 25% de nuestro PIB en tan solo tres años, con sus secuelas en el ser y en el que hacer de los ciudadanos venezolanos. Esa es la realidad.

El Observatorio Venezolano de la violencia concluyó que 2016 fue un año particularmente conflictivo en Venezuela, que esa conflictividad es un indicador de primer orden de lo que está ocurriendo en el proceso social y político que vivimos. Este socialismo, que promete amor, paz y felicidad, en realidad ha expandido la violencia, en sus modalidades y en su gravedad. Baste decir que ocurrieron al menos 28.479 muertes violentas. De ese total, un 64% fueron homicidios, y la otra porción corresponde a muerte en enfrentamientos con las autoridades -19%-, y muertes en averiguación -17%-. El régimen niega esas cifras, pero no presenta estadísticas oficiales. Pero la realidad muestra un torbellino perverso en el que la partidización de la justicia, el colapso carcelario, la insurgencia de bandas, cada vez más organizadas, la impunidad oficial y un discurso sistemáticamente violento, son los condimentos de una realidad que se acumula en términos de muertes y desasosiego.  A esta vivencia que lleva gestándose en los últimos veinte años, el OVV ha añadido una novedad terrible y muy dolorosa: la aparición generalizada de la violencia por
hambre.

La Encuesta sobre las condiciones de vida de los venezolanos, una lúcida iniciativa de las universidades venezolanas, da cuenta de esta circunstancia. Desde el 2014 ha venido advirtiendo que una inmensa ola de pobreza se ha volcado sobre el país. Los venezolanos están castigados por un abismo insalvable que media entre sus ingresos y el precio de la canasta básica. El colapso monetario ha derrumbado la calidad de vida de los venezolanos. La clase media ha sido arrasada, algunos se han visto forzados a intentar una emigración improvisada, los empleos se pierden, las empresas cierran, los mercados negros se convierten en una alternativa que luce inabordable, no hay forma de mantenerse a buen resguardo de cualquier imprevisto, y lo cierto es que ya formamos parte irreversible de una sociedad depauperada, a la que le costará muchos años de esfuerzo y fortaleza encontrar el camino de la recuperación.

El problema es el “mientras tanto”. Porque la depauperación no es una experiencia subjetiva. La gente tiene comida o no puede comer completo. Si la gente pierde su empleo y deja de percibir ingresos, tarde o temprano comienza a juguetear con el hambre. Un poco menos cada día. Un poco peor con el paso de los días. Así se acumulan las carencias mientras no hay una sola señal de que se esté organizando, con sentido de urgencia, alguna medida que pueda paliar al menos a los que están más allá de cualquier cobertura social. Las bolsas CLAP no son una solución, aunque el gobierno las haya convertido en el buque insignia de su recuperación política. Si ellas hubieran resuelto algo no nos tropezaríamos a cada rato con familias que escarban la basura para buscar los restos que otros dejaron. Las estadísticas indican que el 15% de las familias, las más pobres y vulnerables comen desechos. Las magnitudes no engañan. Si las estadísticas no se equivocan, nos estaríamos refiriendo a que 1 millón de familias venezolanas están lejos del sustento mínimo para seguir viviendo. Las madres pobres se desmayan en las maternidades. Los niños pobres menores de dos años sufren desnutrición que los inhabilita para el futuro. Los ancianos ven acortar sus días por las mismas razones. Los enfermos tampoco reciben todos los nutrientes que necesitan. Y los demás pierden peso, se ríen de la gracia, pero se sienten condenados a un proceso implacable de deterioro.

El derecho a la salud está derogado. El que se enferma hoy no tiene como curarse. A la tragedia del padecimiento hay que sumarle el miedo de morir por la estupidez de no contar con el antibiótico apropiado, el calmante, o la droga que pueda hacer la diferencia. Los hospitales están arruinados, y son una demostración esplendida de lo que puede hacer la falta de talento, la escasez de probidad, la improvisación, el desahucio de la formación profesional, la corrupción y de nuevo, la recalcitrante indiferencia de este voluntarismo socialista que solo piensa en mantenerse en el poder, sin respaldo popular, con la sola represión, y el desgaste que significa el ser parte de un sistema que nos obliga a la carencia. El miedo es parte de la cotidianidad del socialismo. El miedo y la búsqueda afanosa, primitiva, de obligada sobrevivencia, imposibilitada de la acción colectiva, esperando que esto pase de alguna manera. El hambre, la enfermedad y la violencia nos reduce a una condición primitiva, solitaria, breve y brutal.

El Observatorio de la Propiedad Privada, liderado por CEDICE,  en su último boletín da cuenta de la terrible expoliación a la que ha sido sometida la sociedad venezolana: “2016 fue un año terrible. Afirmación avalada por las cifras: durante 9 años consecutivos Venezuela ha ocupado los últimos lugares en el ranking del índice internacional de derechos de propiedad, de esos nueve años durante los últimos tres, hemos ocupado el último lugar. Ese deshonroso lugar tiene explicación en el gran número de actuaciones contrarias a los derechos de propiedad perpetradas por el Estado, que desde hace casi dos décadas han ido mutando, pero sin importar la forma que asuman, tienen en común el deliberado interés en acabar con la propiedad privada. Los números son la expresión de un error brutal, que solamente nos ha conducido a esta pobreza que hemos relatado: El Observatorio de la Propiedad, registró entre el 2005 y 2011, la cantidad de 1.167 violaciones a la propiedad privada en diferentes sectores económicos: alimentos, agroindustria, banca, construcción, comercio, telecomunicaciones, metalúrgico, turismo, petrolero, gasífero, transporte, papel, textil e incluso en el sector educativo. En el período 2012-2015 el Observatorio de Propiedad estimó 1270 violaciones a la propiedad privada. En el “Informe para Segundo Ciclo del Examen Periódico Universal de Venezuela, en el Período de Sesiones N° 26 del Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas” se hace un recuento de los ataques sufridos a la propiedad privada, y se demuestra que no solo se ha usado la vía de las “expoliaciones”, sino también se han realizado intervenciones, ocupaciones temporales, regulaciones confiscatorias y multas, como parte de una política sistemática del gobierno para la instauración del socialismo del siglo XXI, obviando el contenido del artículo 115 de la Constitución que garantiza el derecho de propiedad. 2437 agresiones que se han transformado en menos empresas privadas y menos mercado. El resultado no podía ser otro que esta realidad.

La constitución es una nota al margen. El régimen se deslindó hace tiempo de sus deberes y se ha extendido, en términos de prerrogativas, tal cual ocurre en las dictaduras totalitarias, sin otro límite que el mero capricho, la última ocurrencia, y ese instinto que, por momentos, les hace temer ir demasiado lejos o demasiado rápido. No tenemos a mano lo que ha ocurrido en 2016. Pero la empresa se ha desplomado en un 60%. El año cerró con el saqueo dirigido contra los inventarios de la empresa Kreisel. La fiesta depredadora condujo a una realidad patética. Los empleados de esa empresa no tienen cómo cobrar su sueldo. La verdad es que, si no hay inventarios, no hay venta. Y sin ventas, no hay ingresos para pagar a nadie. El régimen nos ha convertido en lobos que nos devoramos el bienestar de los otros, en una modalidad de exterminio que se llama “socialismo del siglo XXI”.

El daño tiene una causa. Hay que repetirlo una y otra vez. El origen es ideológico. La ideología convertida en régimen autoritario nos ha colocado a todos en una gran fila. Al final de la cola hay una sentencia de muerte o de servidumbre. No importa lo que digan. No importa lo que prometan. No importa la propaganda. Lo único importante es esta realidad, y el imperativo de pensarla en término de su causa raíz. No hay forma de cohonestar, convalidar, coexistir, ni negociar nada. Ellos practican nuestro exterminio, y nosotros deberíamos hacer todo lo posible para sacarlos del poder y garantizar nuestra sobrevivencia. La vida es un derecho que nos estamos disputando. No hay puntos medios. No hay forma de morir viviendo, ni de vivir muriendo. O ellos en el poder y nosotros extinguidos. O nosotros en el poder para que todos los venezolanos tengan al menos una oportunidad de dignidad y progreso. Y como la gente está muriendo, enfermando, desempleada, pasando hambre, con miedo, desesperanzada, huyendo, o presa de la tristeza, entonces no podemos perder el sentido de urgencia que requiere el cambio político. Cualquier otra consideración, en términos de tiempo, es convalidad un crimen.

@vjmc

Nov 15, 2016 | Actualizado hace 3 años
Realidad y calle, por Roberto Patiño

realidadcalle

 

La urgencia de nuestra realidad es implacable. El proceso de diálogo entablado con el régimen madurista se produce con unos tiempos que los venezolanos no tenemos y con emergencias como la alimentaria y médica en curso, agudizadas, cobrándose a diario las vidas de las personas.

La visión regional de la mediación del Vaticano, aunque objetiva y no vinculada al gobierno, plantea lograr la contención del conflicto venezolano, buscando neutralizar las posibles consecuencias que este pueda tener en la región, y corre en paralelo con las necesidades impostergables, a lo interno, de lograr medidas inmediatas para enfrentar la emergencia nacional y cambiar el gobierno de Nicolás Maduro y sus nocivas políticas. Condiciones necesarias para conjurar la crisis y construir un proyecto de país sostenible e inclusivo.

La fecha de mañana viernes 11 se ha planteado, para la dirigencia opositora,  como primer punto de inflexión para evaluar un proceso de diálogo que ha sido recibido con iguales partes de desconfianza y expectativa por todos los venezolanos y se da en medio de una situación de crisis y urgencia, luego de que el gobierno de Nicolás Maduro rompiese el hilo constitucional al bloquear la celebración del RR este año.

Los temores principales en torno a esta nueva situación son que el diálogo pueda convertirse en una fuente de oxígeno para el régimen madurista, ayudándolo  a mantenerse en el poder, y que los acuerdos que se deriven de la negociación sean insuficientes para solventar la enorme crisis política, social y económica que atraviesa el país. También, las pocas garantías por parte del gobierno, de respetar o mantener, con posterioridad, los pactos que puedan alcanzarse en la negociación.

Las exigencias de casi un 80 por ciento de la población, de cambiar el gobierno a través de los canales democráticos y electorales, previstos en nuestra constitución, han sido bloqueadas por el gobierno madurista, con la prohibición del RR, colocándonos en una situación dictatorial, con una fuerte represión y persecución política, donde ya se contabilizan cientos de detenidos en condiciones ilegales. Detenidos que son utilizados de manera cruel y despótica por el gobierno como moneda de cambio, a pesar de que oficialmente difunde un discurso que desconoce su existencia. El régimen madurista ha terminado por mostrar su imposibilidad de construir relaciones convivenciales y solidarias, y de lograr interacciones incluyentes y participativas y revelado su verdadera naturaleza autocrática.

La calle se ha convertido en el escenario donde los diversos sectores del país deberán confluir para plantear sus exigencias y ejercer presión para lograr los cambios políticos necesarios. Un nuevo escenario tanto para las personas como para el liderazgo político, donde es imperativa la apertura y el desarrollo de una organización y de una estrategia con objetivos alcanzables, y sostenible en el tiempo.

Un ejemplo de lo que hablamos lo vivimos el pasado jueves 3 de septiembre al acompañar a miembros del Movimiento Estudiantil en la manifestación que realizaron para llevar un documento donde exigían la liberación de estudiantes detenidos, solución a la escasez de alimentos y medicinas y convocatoria a elecciones generales, a la Nunciatura Apostólica. En esta manifestación coincidieron líderes comunitarios y dirigentes políticos que, como nosotros, formaron parte de los movimientos estudiantiles desde el 2007. Se apoyó a los estudiantes en una acción concertada por éstos, que se planificó para lograr la activación en la calle de cientos de personas. Escogiendo con inteligencia rutas y puntos de concentración, evitando la violencia para entregar un documento que involucraba a sectores de la Iglesia para su difusión y mediación.

Situaciones como esta son el signo de la realidad actual, donde se pondrá a prueba nuestra capacidad para encontrarnos en la calle, organizarnos, exigir y producir cambios, que permitan recuperar los vínculos de convivencia y democracia para salir de la crisis. La presión de calle será la fuerza no sólo para lograr los cambios políticos impostergables que buscamos,  sino también para defenderlos y continuarlos.

@RobertoPatino

 

José Guerra: Impresión de un billete de 100 bolívares cuesta el doble de su valor

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El presidente de la Subcomisión de Presupuesto de la Comisión de Finanzas de la Asamblea Nacional, (AN), José Guerra, reiteró la necesidad de actualizar el cono monetario que circula en el país desde el 2008, es decir, los billetes de 2, 5, 10, 20, 50 y 100 bolívares, respectivamente, con el fin de “acoplarlo a la realidad inflacionaria” que se estima, según el Fondo Monetario Internacional (FMI), en 700% al cierre de 2016.

Guerra expresó que los billetes que deberían emitirse serían los de 500, 1000, 2000 y 5000 bolívares; mientras los de 10.000 y 20.000 bolívares “deberían aparecer” para el primer trimestre del próximo año, aunque dijo que si los emiten en la actualidad sería “mucho mejor porque tendrían mayor durabilidad”.

El también economista y diputado de la AN, afirmó que el billete de mayor denominación ha perdido un 99% de su valor en la actualidad al indicar que “100 bolívares impresos en el año 2008 y puestos en circulación en enero de ese mismo año, equivalen actualmente a un bolívar”.

En una nota de prensa publicada el 6 de septiembre, Guerra indicó que para julio del presente año, la piezas de 100 bolívares representaban el 76% de los billetes y monedas que circulaban en el país y lejos de ser beneficioso, indicó que era el más costoso de elaborar al estimarlo en 0,10 dólares.

El 26 de octubre de este 2016 la agencia deInmediato.com publicó que el BCV había ordenado la acuñación de monedas de 1000 bolívares, así como la emisión de billetes de 5.000, 10.000 y 20.000 bolívares respectivamente. Igualmente informó que las nuevas piezas llegarían a finales de este año al país y que los datos provenían de una fuente confiable.

A pesar de que no hubo un pronunciamiento oficial, el presidente del BCV, Nelson Merentes había mencionado anteriormente, durante una entrevista concedida a la agencia The Associated Press con fecha 29 de febrero de 2016, que su despacho tenía el proyecto de impresión de billetes de 500 y 1000 bolívares para ir hacia un cono monetario “más óptimo” al tiempo que había manifestado sus expectativas a que la inflación, que no se conoce de manera oficial, disminuyera al haber “menos circulante en billetes”.

Asimismo, precisó que todavía no existía una fecha establecida para la emisión de estos billetes y tampoco detallo cuál sería el cono monetario que se establecería ni las imágenes correspondientes. Sin embargo, asomó la posibilidad en que para “este mismo año”, se llevara a cabo dicha medida.

La última cifra oficial que se conoce de la inflación es la que cerró en 180,9% durante el año 2015 y que, a pesar de estar muy por debajo de la estimada por el FMI, es la más alta de las estadísticas publicadas por el BCV hasta la fecha.

A diferencia de Merentes, Guerra explicó que con la emisión de estas piezas de mayor denominación no se disminuye la inflación porque “el billete no crea la inflación, lo que hace es reflejarla. Es como un termómetro que ni quita ni cura la fiebre, sino que la muestra”.

De acuerdo con Guerra, emitir un billete de 100 bolívares le cuesta al Estado entre 150 a 200 bolívares, es decir, un monto mayor al valor que refleja el papel, mientras que una pieza de 5000 bolívares, costaría lo mismo “porque solo se agrega un cero más a la plancha”.

Expresó el economista que esto permitiría reducir “la faja de billetes” que se debe poseer para realizar transacciones, su costo de producción, además simplificaría la emisión de dinero en cajeros automáticos, de acuerdo con Guerra.

 

Vea la nota completa en El Universal 

¿Para qué sirve un celular? Por Carlos Dorado

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Hace algunos años, leí que el teléfono iba a ser el gran protagonista de nuestras vidas. En ese momento, en donde sólo había teléfonos fijos, y los portátiles eran “los ladrillos”, que sólo servían para lo que fueron creados: para hablar; me fue difícil imaginar una vida amarrada y dependiente del teléfono.

Hoy me doy cuenta que lo subestimé, y a pesar de que el objetivo para lo cual fueron  creados quizás decreció, han crecido las aplicaciones del mismo, llegando a convertirse en una herramienta que prácticamente puede hacer todo lo que necesitamos…….mejor dicho; casi todo.

Hoy, la gran mayoría de los seres humanos tienen un celular, y en algunos países la media es de más de uno por persona, llegando a convertirse en un signo diferenciador.

Hasta aquí, podría calificarse de normal; pero: ¿Qué es lo primero que hace la gente al levantarse? Agarrar su celular y revisar Instagram, emails, Whatsapp, páginas web, mensajes, y todas las funciones que estos aparatos ofrecen. Lo anormal es que esto continúa todo el día, hasta llegar a la noche, donde es lo último que hacen antes de ir a dormir.

¿Y durante el día? Leí que en promedio, una persona no pasa más de 12 minutos sin revisar su móvil, convirtiéndose en una adicción. Inclusive, la mayoría de las personas durante una reunión, presentan un impulso involuntario a revisar cada cierto tiempo su móvil, incluyendo cuando reciben un mensaje o un Whatsapp, que  casi siempre lo responden de forma inmediata, mientras disimula que escucha al interlocutor; pero abstraído completamente (sobre todo si es hombre).

La inmediatez terminó rigiendo nuestra vidas, lideradas por el celular que nos hizo adictos a querer saber segundo a segundo qué pasa, quién nos escribe, quién nos manda una foto…. Y si alguien que envía  un mensaje, no recibe respuesta; inmediatamente comienza a enviar “pines”, exigiendo una rápida respuesta. Todo esto sin contar el tiempo que la gente pierde durante sus horas laborables utilizando el celular, o los accidentes que ocurren por el uso del mismo.

Creemos que el celular es una prioridad, sin darnos cuenta que nos está impidiendo ver nuestras prioridades. Vivimos apurados, queriendo estar en todos lados a través del mismo; sin lograr estar en ninguno, permitiendo que esta inmediatez domine nuestras vidas, y donde todo termina  siendo urgente, siendo ésta la única prioridad, creando así un vicio, con el que terminamos sustituyendo lo importante y lo duradero, por lo urgente y lo inmediato; dejando así, que los demás a través de un celular impongan nuestras prioridades, nuestra agenda, y nuestra vida.

La sociedad es muy compleja, y cada vez más complicada, debido a que la capacidad colectiva de la gente para hacerle frente a esta realidad es muy superficial, hasta caer en una especie de ansiedad colectiva, la cual se va apoderando de todos.

La gente aparece y desaparece, los acontecimientos tienen lugar con estridencia, y ya no se vuelven a mencionar, una foto sustituye a otra. Un remolino de información y de comunicación que elimina una de las cosas más importantes: el silencio y el pensamiento…..y la verdadera comunicación.

Mi madre solía decirme, que la lista de cosas en las que una persona cree, se va haciendo cada vez más corta, a medida que va envejeciendo; y quizás tenía razón, porque los jóvenes aman el celular con todas sus aplicaciones, y los mayores; “una llamada” de esos jóvenes.

 

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Sep 20, 2016 | Actualizado hace 3 años
Sin criterio, por Alejandro Moreno

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El filósofo Jaime Balmes inicia así el primer capítulo de su obra fundamental, El criterio: “La verdad es la realidad de las cosas. Cuando las conocemos como son en sí, alcanzamos la verdad; de otra suerte, caemos en error”. El criterio de verdad, esto es, aquello que nos permite distinguir la realidad de las cosas de la falsedad, es el sentido común, a saber, el “punto de encuentro en la conciencia por el que se pasa de las representaciones subjetivas (‘me parece que es así’) a la realidad extramental (‘realmente es así’)”. De este modo, el sentido común pasa a ser norma de verdad y por ende de realidad.

La posibilidad de distinguir realidades “extramentales” de ficciones creadas por la “loca de la casa”, para decirlo con Santa Teresa, pone las bases para que pueda existir una sociedad guiada por normas reales de convivencia.

Entonces, si se destruye el sentido común en toda una sociedad, ya no hay criterio para distinguir la verdad de la norma de su mentira. Si la norma deja de ser verdadera, esto es, válida para regular las conductas comunes de todos los ciudadanos en la realidad de la vida social, el capricho, el atropello, el me da la gana, se instala en el mundo de las relaciones humanas.

El capricho es la negación del sentido común como criterio de verdad de las cosas y por ende del valor real de la norma.

La proclamación y difusión del capricho como criterio y el esfuerzo por instalarlo con la violencia de fuertes e insistentes golpes de martillo “dialécticos” en las conciencias de los venezolanos, es quizás la más contumaz de las prácticas sistemáticamente ejecutadas por el régimen que se nos impone.

Afirmar, y es sólo uno de los innumerables casos como ejemplo, que la dieta de hambre de Maduro es un factor energético sexual, es no sólo ocultar, evadir y distorsionar la hambruna reinante en el país, sino sobre todo, instalar el capricho como criterio de realidad.

El capricho es, así, un criterio que se niega a sí mismo. Recurrir a él, es dejarnos a todos sin sentido común, paso programado para imponer la total arbitrariedad del poder absoluto.

Esta es la verdad, juzgada opositoramente todavía con criterio de sentido común, del socialismo que se pretende instalar: poder absoluto sobre la realidad total, sobre todas las conciencias, sobre todas las obras humanas, llegando intencionalmente hasta el significado último de la existencia personal y social.

Hasta ahora ello no se ha logrado en ninguna parte del mundo pero se ha intentado. Ha sido el proyecto persistente. No nos dejemos arrebatar el sentido común.

El Nacional

Respuesta al artículo de la BBC: 5 mitos sobre la crisis en Venezuela, por Brian Fincheltub

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Hoy quise expresar mi opinión sobre un artículo que leí esta semana en la BBC sobre la crisis venezolana http://bbc.in/2afBZRe. Es la segunda entrega de un trabajo especial que publica el portal británico con un enfoque bastante peculiar: Desmentir los “mitos” sobre la realidad venezolana. Comienzo citando la definición de mito que recoge el Diccionario de la Real Academia Española: “Narración maravillosa situada fuera del tiempo histórico”. Es decir, hechos fantásticos contados fuera de contexto. Pudiéramos decir que son la antítesis de la verdad.

Lo primero que me llama la atención del relato es la parte del título que afirma nos contarán “…lo que pasa en realidad” ¿Tamaña pretensión no? Pero resulta que el periodista busca desmentir generalizaciones con una generalización: Su visión del entorno social y económico venezolano. Démosle el beneficio de la duda, asumamos que es un profesional de la comunicación ha hecho su trabajo y ha recorrido el país en sus lugares más deprimidos, que no se ha limitado solo a lo que ha visto en Caracas donde la crisis impacta de manera menos directa porque representa la vitrina –de vidrios rotos- del madurismo… aun así, eso no le da elementos para decir de manera tan tajante que la realidad es lo que él escribe.

Tampoco pretendo que mi respuesta sea calificada como tal, lo que si es peligroso para un medio de comunicación tan prestigioso, es que trabajos como este se presten para que internacionalmente se minimice la tragedia humanitaria que vive el país, como de hecho ya lo hacen a lo interno los medios al servicio del PSUV. Hoy se lee en la mayoría de los portales pro-gobierno: “BBC reconoce que hay ‘impresiones exageradas y mitos’ sobre la crisis en Venezuela”.

Particularmente considero que los reportes de los medios se quedan cortos frente a nuestra realidad, que tiende a empeorar cada día y se profundiza en las zonas más alejadas. Hay poblaciones sometidas a la humillación de los CLAP´s, que a veces tardan dos meses para montar un operativo y cuando lo hacen, lo que llevan no satisface la demanda de una familia promedio. Muchos se quedan sin comprar porque cuando tienen no hay y cuando hay no tienen. El articulo afirma “los venezolanos tienen frutas y verduras disponibles en cada esquina”, seguramente el periodista hará referencia a los puestos de yuca y mango que se han vuelto un acompañante, muchas veces en solitario, de la dieta del venezolano.

No hace falta ver cuerpos como en Biafra para hablar de hambre o hambruna, la gente está cada vez más desesperada y los más afortunados alcanzan a sustituir lo que falta en la mesa con carbohidratos ¿Eso será sinónimo de estar bien alimentados? Lo que pasa hoy no se vivió ni en tiempos donde abundaban verdaderos mitos como el de la perrarina, hoy fuera del alcance hasta para los propios perros.

Otro de las afirmaciones que busca desmontar el periodista es que seamos como Cuba. En eso le doy la razón, porque estamos peor. Que tengamos una cadena de comida rápida todavía operando en Venezuela no es señal que sea diferente. Quienes han visitado en los últimos meses la isla saben que los tiempos del “periodo especial” quedaron atrás, que los alimentos no faltan en los mercados y que las inversiones norteamericanas prácticamente se pelean para instalarse en el naciente mercado cubano, abierto al turismo y  al flash de cientos de celebridades para quienes siempre será caché y “progresista” pasearse en un carro antiguo por la Habana vieja.

En contraste, en Venezuela las inversiones huyen, como huyen lamentablemente hermanos venezolanos buscando oportunidades y sobre todo seguridad en otros horizontes. Aquí me detengo en otro de los polémicos desmentidos del artículo y cito “…aún hay muchos, no solo en Caracas, sino en todo el país, que salen a las discotecas, bares y restaurantes”. Me pregunto ¿Esto qué cambia? ¿Estamos más seguros? Obviamente hay gente que a riesgo de su propia vida sale, sin saber si va a regresar, como también habrá gente que salga en Damasco a la calle ¿Acaso eso desmiente que hay una guerra civil en Siria?

Finalmente, hablaremos del punto de la democracia y la apreciación de la figura presidencial, que a Maduro no lo odie todo el mundo no lo exime de ser el presidente más impopular de toda nuestra historia.  Tampoco la totalidad de Alemania odió a Hitler y en el plebiscito que lo sacó del poder luego de desapariciones y torturas, Pinochet rozó el 50% de los votos. Por otra parte, no se puede evaluar un país sin democracia con sistemas donde se respetan las garantías constitucionales y la gente puede decir lo que piensa. Que haya periodistas y políticos que se atrevan a opinar aunque eso implique ir a la cárcel no significa que tengamos libertad de expresión. Como tampoco es sinónimo de democracia que se celebren votaciones periódicas, por cierto, ya ni eso se atreven a hacer ¿O es que acaso las trabas al revocatorio forman parte de otro mito?

 

@Brianfincheltub

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