Carlos Blanco, autor en Runrun

Carlos Blanco

Entre diálogos te veas, por Carlos Blanco

En el caos todo puede pasar, incluso que parezca que nada pasa; pero siempre la fuerza subterránea volverá a emerger con más fuerza. La carencia de instituciones, de información, de un mínimo orden, produce este no saber que sí sabe que vienen más brollos.

Apenas admitió Guaidó que su diálogo estaba muerto (tenía semanas tirado en la cuneta y apestaba), salieron Timoteo Zambrano y Claudio Fermín con el anuncio de otro. ¿Qué diferencia y qué empareja esos diálogos?
La operación de Guaidó y Voluntad Popular al abrir el capítulo de Oslo es que convino en que el diálogo era una vía para poner fin al régimen de Maduro, para “el cese de la usurpación”. Así, telegrafió la idea de que no era la fuerza sino la tertulia lo que resolvería la salida de la corporación criminal.

Una diferencia sustancial y crítica con el nuevo diálogo es que Guaidó exigió la salida de Maduro de la Presidencia que usurpa; pero lo hizo de una manera inconsistente.Según acaba de informar, ofreció que si salía Maduro él también abandonaba la Presidencia que como encargado ejerce. Ofreció lo que no tiene derecho de ofrecer, el cargo que deriva de su condición de presidente de la Asamblea Nacional y por ende de jefe del Ejecutivo para la transición por venir. El juramento ante el país no puede ser negociado en las trastiendas a menos que renuncie a la posición que tiene en la AN.

A ese error se suma el que ha rondado en declaraciones de jefes políticos y partidarios, según el cual la jugada era que Maduro y Guaidó salieran de sus respectivas posiciones para medirse en unas elecciones acordadas, sin salir del régimen. Peor aún, ser sustituido por un Consejo de Gobierno “con participación de todos”. No solo habría sido un aprovechamiento indebido de la misión que se le encomendó (“cese de la usurpación”) sino que revelaría un desconocimiento total de la naturaleza del régimen, el cual no se avendrá a su salida mediante la conversa sino por los empujones inevitables, tal vez TIAR de por medio.

Como Maduro y la banda presidencial que lo acompaña no iban a ceder así, conversaíto, el grupo encabezado por Timoteo Zambrano y Claudio Fermín aprovechó, en obvio entendimiento con el régimen, de desechar ese planteamiento del “cese de la usurpación” y obtener (¿las obtendrán?) unas concesiones que habían formado parte de las negociaciones de Oslo (cambio del CNE, libertad de los presos políticos –¿todos?– y algunas más), mientras el régimen logra una“nueva oposición con la que sí se puede conversar”.

Obviamente los nuevos dialogantes no tienen ni un ápice de la representatividad de Guaidó. Este encarna la AN, más de 50 países y liderazgo nacional del cual aquellos carecen; por esto, Guaidó solo podría recuperar su papel, averiado por los zigzags, si abandona el sectarismo y se vuelve representativo de toda la oposición democrática.

Violar compromisos se paga… Por Carlos Blanco
  1. EL COMPROMISO DERIVADO del artículo 233 de la Constitución es: el presidente de la Asamblea Nacional se encargó de la Presidencia de la República para encabezar un gobierno de transición, al cabo del cual habría elecciones presidenciales. La Constitución ordena la convocatoria en 30 días, pero, dadas las circunstancias, esa convocatoria solo puede tener lugar en forma efectiva una vez que sea desplazado el régimen; es decir, cuando “cese la usurpación”.
  2. El mandato para Guaidó es el de encabezar la salida del régimen y presidir el Ejecutivo hasta las elecciones presidenciales. Es obvio que quien presida la transición no puede ser candidato presidencial. Esta idea, según la cual el presidente de la transición no podría ser candidato presidencial en las elecciones siguientes inmediatas, fue discutida por dirigentes de Voluntad Popular, Primero Justicia y la representación de Soy Venezuela, lo que me consta personalmente.
  3. No dudo que pueda resultar tentador para Guaidó ser candidato presidencial; pero, si es en la primera elección libre después de la transición no puede ser presidente encargado y candidato al mismo tiempo; sería una burla.
  4. Pero están atravesadas las conversaciones Oslo-Barbados. Según lo que allí se ha manoseado Maduro dejaría “la usurpación”, se nombraría un gobierno de transición entre la gente Guaidó y el G4 de un lado, y el madurismo, cívico militar, del otro. Así se forzaría a una candidatura unitaria opositora –la de Guaidó– para contender con el candidato rojo. Obviamente, esto sería la continuidad del régimen; pero, supongamos que es un paso en la dirección de realizar elecciones presidenciales. ¿Es factible esta maniobra?
  5. Sería inconcebible hacer un cogobierno sin Maduro pero con los de la lista de la OFAC, los indiciados por narcotráfico, violaciones de los derechos humanos y el desfalco masivo a la nación. Pero supongamos que Guaidó, sus aliados y asesores consideren que es un pedregullal por el que hay que caminar descalzos. Sin embargo, este atajo es imposible aun si los dirigentes lo quisieran.
  6. El gobierno de transición por definición no podría ser un gobierno represivo. No podría sacar las tropas, policías y colectivos a reprimir; ni encarcelar a los protestantes; menos seguir en la política de la tortura y el asesinato. La ciudadanía se volcaría a las calles y haría saltar de sus eventuales posiciones a los jerarcas cohabitantes del madurismo; agravado el asunto por la carencia de partidos, sindicatos y gremios, capaces de organizar, controlar, morigerar, protestas y rebeliones.
  7. La instauración de un gobierno de transición solo podrá hacerse con legitimidad si se responde a lo ofrecido, sin ambigüedades y medias palabras. Guaidó como presidente encargado, para presidir unas elecciones libres y plurales en las que no sería candidato. Ya él tendrá tiempo más adelante.

 

@carlosblancog
Guaidó cambió su agenda, por Carlos Blanco
  1. GUAIDÓ CAMBIÓ SU AGENDA, que estipulaba como primer punto “el cese de la usurpación”, entendida como la salida del régimen y su asunción como presidente de la República en un gobierno de transición que concluyese en unas elecciones libres y limpias.
  2. Este cambio puede haber ocurrido por considerar que la salida inmediata del régimen se hizo inviable porque aunque hay apoyo de la opinión pública mayoritaria del país y de Estados Unidos, Canadá, Colombia y Brasil, no tendría apoyo de la Unión Europea y de la mayoría del Grupo de Lima. Guaidó, así se habría plegado no a Estados Unidos (que ni propició ni comparte las operaciones de Noruega y Barbados), sino a Europa.
  3. La tesis, entonces, sería buscar afanosamente elecciones sobre la razonable hipótesis de que si son “medianamente libres”, como algún sofista argumentó, no habría forma de perderlas. Por esta razón, lo que se sabe del diálogo es que se ha concentrado en el sistema electoral y la oportunidad de realización de elecciones; los delegados de Guaidó insisten en que Maduro abandone la Presidencia (que “el usurpador” acceda voluntariamente a “cesar la usurpación”) y los del régimen se oponen; pero, en la práctica, la insistencia en el tema electoral empujado sin rubor por los europeos, tiene como hipótesis la de que eventualmente podrían competir Guaidó y Maduro. Este último podría retirarse de “la Presidencia” unos meses antes de las elecciones y así se habría cumplido “el cese de la usurpación”.
  4. ¿Por qué afirmo que en la práctica hay un cambio de agenda? Porque a pesar de que se diga y rediga que el orden de prioridades no ha cambiado, ya se observa que Guaidó anda en campaña electoral, sobre la base de la idea de que debe imponerse en su propio partido y que si la usurpación no cesa, el país democrático estaría obligado a respaldar al candidato único opositor. Por el contrario, si el régimen es el que cesa y las elecciones son verdadera y francamente libres (no “medianamente libres”), no habría razón alguna para candidaturas únicas.
  5. Lo que soslaya todo este galimatías es una cuestión básica: Maduro y toda la banda descompuesta que lo acompaña no quieren, ni pueden disponerse a abandonar el poder voluntariamente, y la amenaza mortífera que lo podría obligar no se puede articular mientras los diálogos adormecedores sigan.
  6. Estimo que una rectificación de Guaidó es posible y es necesaria. Posible porque pienso que comprenderá en algún momento que no puede pasar impune de Presidente de todos a candidato, sin que se erosione su prestigio gravemente; necesaria, porque es la persona que en virtud del artículo 233 de la Constitución puede encabezar una vasta coalición nacional e internacional para, entonces sí, salir del régimen sin Maduro, sin Padrino, sin el Maikel y toda la pandilla.
Carlos Blanco Jul 17, 2019 | Actualizado hace 4 meses
Horror a las redes, por Carlos Blanco
  1. El sistema que se ha conformado en 20 años de chavismo le tiene horror a las redes sociales. Se vive como anomalía, distorsión y amenaza. Argumentan los voceros del régimen y una cierta oposición que “las redes no son la opinión pública” o que “Twitter es una porción muy pequeña del país”. Los del régimen persiguen y encarcelan y vejan y hostigan a quienes logran identificar en las redes como enemigos; mientras que en el campo de la oposición más conservadora hay quienes se desgañitan en contra de las redes sociales a través de… las redes sociales.
  2. Todo el mundo sabe que la información y la comunicación han sido transformadas hasta lo impensable por las nuevas tecnologías que han cambiado la naturaleza de la polis, de la plaza pública y de la ciudadanía. Es un proceso irreversible con el cual hay que vivir, guste o no. Por tal razón, resulta un tanto irónico que algunas de las quejas sobre el uso de las redes las consideren como si fuesen dinámicas marginales o reversibles.
  3. Como las redes sociales han adquirido especial relevancia en Venezuela como vehículo para eludir en cierta medida la represión de la corporación criminal en el poder, el debate sobre su significado es especialmente espinoso. Lo más llamativo es que suele revelar, por su inmediatez y espontaneidad, características impensables de quienes las utilizan.
  4. Una de las revelaciones más frecuentes es que quienes critican a los que las emplean, las emplean mucho más; luego, se puede constatar que muchos que se reclaman dialogantes, pierden los estribos con harta frecuencia e insultan a más y mejor en nombre de la moderación que los ilumina. Los moderados, dialogantes y noruegos se vuelven radicales y sacan sus dientecillos cuando se trata de callar la crítica tuitera. Quieren la crítica; pero eso sí, a la medida de su tolerancia.
  5. En el caso venezolano, el territorio de la opinión pública se ha reducido. La acción del régimen se ha concentrado en asfixiar medios; a los periodistas críticos les ha ido cerrando espacios y los persigue. La represión ha minado las fuentes habituales de información, lo que refuerza las tendencias a disminuir el rol de los medios tradicionales.
  6. Hay, sin embargo, otro fenómeno. Las penurias han llevado a una desconexión con la plaza pública, que no sea la de las urgencias en comida, medicinas y seguridad; como resultado, hay ríos de ciudadanos despegados del debate de la polis, del debate político, y los que participan (la Venezuela de la Internet se achica) lo hacen a través de las redes sociales.
  7. En Venezuela la opinión pública se reduce y cada vez más parece ser el espacio de las redes sociales. Ya no es controlada por un puñado de editores y periodistas sino por los plebeyos. Y esto enferma a varios de los antiguos dueños de la plaza pública.

 

 
Carlos Blanco Jun 26, 2019 | Actualizado hace 5 meses
Lágrimas negras, por Carlos Blanco

“Que tú me quieres dejar/yo no quiero sufrir/contigo me voy mi santa/aunque me cueste morir”

2.       ¿Es desestimable, por esa razón, la visita de Bachelet a Venezuela? Veamos. Su presencia tiene múltiples efectos. Debe haberse conmovido por los relatos de los asesinatos, las brutales torturas, persecuciones, por parte del régimen. Sus lágrimas existieron; pueden haber sido sentidas por esa historia de la cual forma parte; pero, más importante que sus emociones, son las de las víctimas que hablaron. Saber que alguien percibe un dolor, aunque sea por un rato y con el manto azul de las Naciones Unidas, no es poca cosa.

3.       Bachelet dirá que en Venezuela hay una crisis severa; dirá que hay represión; confirmará que hay violaciones a los derechos humanos; y hará un llamado no para que “cese la usurpación”, pero, al menos para que haya diálogo y libertad de los presos políticos.

4.       Otras cosas también dirá la ex presidente: que la oposición ha violado igualmente los derechos de los partidarios del gobierno; que las sanciones han agravado la crisis hasta el nivel actual; y que la falta de diálogo ha sido fatal. Y es aquí donde comienzan los mensajes sibilinos que vienen desde la perspectiva ideológica de doña Michelle.

5.       En el lenguaje político nacional e internacional reciente hay una pugna entre la visión que sostiene que hay un enfrentamiento entre la mafia criminal roja y el movimiento democrático venezolano y mundial, y la que sostiene que hay dos partes legítimas –digamos, gobierno y oposición– contrapuestos, con altos niveles de intolerancia mutua. La primera visión fue la que predominó (para referirme sólo a este año) entre las fuerzas democráticas entre enero y abril, y la segunda es la que ha intentado imponer la Unión Europea, la España del PSOE, y cada vez más envuelve al sector noruego de la oposición venezolana.

6.       Bachelet entra a jugar como refuerzo de esta segunda posición. Más allá de sus intenciones, su metamensaje se orienta a que los “dos sectores políticos en pugna” (nada de víctimas y victimarios) se sienten a noruegar por el Mar del Norte. El efecto neto ha sido una deslegitimación de Guaidó como presidente interino y la conversión del “usurpador” en legítima contraparte de un diálogo necesario y oxigenado.

 

@carlosblancog

El Nacional 

La expedición a Noruega, por Carlos Blanco
  1. Existe alta probabilidad de que los delegados de Guaidó a Noruega cierren ese capítulo esta semana, al plantear como condición ineluctable la salida de Maduro de Miraflores. Es lo que ha ofrecido Guaidó y el país entero ha compartido.
  2. Esta ruta puede ser tortuosa si se le buscan las cinco patas al gato. Hay quienes plantean que una opción sería que Maduro y Guaidó abandonaran sus respectivas posiciones “presidenciales” y que un chavista simpático, en caso de haberlo, ocupara el cargo hasta unas elecciones en las que competirían ambos.
  3. Otros argumentan que si se le ofrecen al país elecciones “libres”, aun con Maduro en Miraflores, la pela opositora al régimen sería imbatible, porque “con este CNE se le ganó a Maduro la AN”. Mas aun –se argumenta– si hay un cambio en el CNE, supervisión internacional y liberación de algunos presos políticos (dentro de los cuales los dialogantes no siempre incluyen a los militares y policías) sería un tiro al piso. Todo hacia 2020.
  4. Esas tratativas no conducirán a nada por las restricciones existentes en la negociación; la fundamental de las cuales es que tanto el régimen como Guaidó y sus representantes tendrían que renunciar a sus irrenunciables. En el caso de la pandilla roja tendría que aceptar poner en cuestión la continuidad de ese bochinche criminal que llaman revolución; en el caso de Guaidó, tendría que renegar del “cese de la usurpación” como condición primera.
  5. El diálogo de Noruega ya ha favorecido a Maduro aunque al final no obtenga nada específico, que, por lo demás, Guaidó no está en condiciones de ofrecer. He sostenido que el régimen ha ganado tiempo y algunos, no sin argumentos, me han increpado: ¿qué tiempo ganó Maduro que con otra estrategia le habríamos suprimido?
  6. El régimen ha ganado un tiempo en el que ha fortalecido sus alianzas, se ha convertido internacionalmente en heraldo de un diálogo en el cual no cree, ha logrado “la neutralidad benevolente” de la Unión Europea. En cambio Guaidó y la alianza nacional que ha representado han perdido el apogeo, por los desastres del 23 de febrero (“sí o sí”), el levantamiento del 30 de abril asociado a Padrino López y el Maikel, la forma en la que se manejó lo de los bonos 2020 y ahora lo de Noruega. Ha sido el mismo tiempo cronológico para el régimen y la oposición, pero para el primero ha sido de reajuste y para el segundo de desgaste. A ambas fuerzas afecta la catástrofe humanitaria: sí, Maduro es el culpable; pero la desesperanza se impone hacia todo.
  7. Puede rehacerse la dinámica si se coloca la salida del régimen en el primer lugar, lo cual requiere sincronizar la fuerza para hacerlo: fuerza cívica organizada (no me refiero a marchas), fuerza militar organizada, y fuerza internacional para la intervención humanitaria. Esta ruta podría restaurar la alianza nacional y global.

 

@carlosblancog

El Nacional 

Del inmediatismo y el secreto, por Carlos Blanco

1.- Del inmediatismo. Los estrategas más populares en la comarca suelen increpar a los comentaristas, críticos y tuiteros, sobre la inconveniencia del inmediatismo, lo que en el contexto venezolano actual significa que no debes pedir que Maduro se vaya ya. Tal demanda denotaría inmadurez, ansiedad de novatos e incomprensión de los tiempos arcanos de la política, por aquello de que las cosas de Palacio van despacio. Se replica desde la plebe a los Churchill de botiquín que ¡bueno es cilantro, pero no tanto!, que se tienen 20 años en esto que comenzó como comedia, se convirtió en drama y ahora es tragedia sin fin. Ya se sabe el circuito: le ofrecen que la usurpación va a cesar el 23 de febrero o por allí; la usurpación no cesa; la gente reclama; y se le tapona la boca con la retórica en contra de la impaciencia. Sin embargo, lo que puede estar detrás de esta cadena de incomprensiones mutuas es que el universo que viven los ciudadanos comunes y corrientes no es el de los dirigentes, pues son dos ecosistemas distintos que han llegado a tener lógicas diferentes: en uno reina la necesidad agobiante, en otro la incertidumbre de una acción política; en uno la paciencia ha muerto, en el otro el cálculo y los tiempos todavía tienen oficio. Son dos mundos.

2.- De la estrategia secreta. Otro de los temas más al uso es el de la sabiduría de los estrategas y de los secretos que esa sabiduría demanda. Ya no hay discusiones sobre el qué; no hay alma venezolana que mueva las alas que no sepa que la banda criminal debe salir de la ratonera donde se guarece. Sin embargo, el cómo se muestra evasivo entre un quiebre del Alto Mando prometido, una entrada “sí o sí” de la ayuda humanitaria, o un portaviones anclado a la vista de los circunstantes guaireños. Más ignoto es el cuándo que se ha ofrecido varias veces y ahora vuelve como promesa para el Primero de Mayo. Ante las demandas para saber las respuestas se ha hecho lugar común por parte de la gente de Guaidó decir que “las estrategias no se anuncian”, “los contactos entre el presidente (e) y las potencias amigas no se revelan públicamente” o algo más mesiánico estilo “Juan es un líder tan superior que él sabe lo que hace”. En realidad no hay tales estrategias secretas porque, caballeros, no hay nada secreto en este planeta que aguante tres o cuatro días; ni siquiera en la Casa Blanca. Luego, la fortaleza de las estrategias políticas es que la ciudadanía las conozca, comparta y asuma. Y, finalmente, si hubiese una estrategia militar que obviamente sí merecería el honor del secreto tal vez habría habido algún alzamiento; aunque como venezolano esperanzado no abandono la idea de una madrugada con Himno Nacional, libertad de los presos políticos y un avión que surque el cielo caraqueño con su pesada y grasienta carga enrumbada hacia La Habana o al Distrito Sur de Nueva York.

Esas preguntas se pueden responder con el piloto automático según las posiciones; sin embargo, son legítimas y merecen alguna reflexión.

  1. Guaidó sigue siendo el factor de aglutinación de la esperanza; no hay otro líder que lo sustituya, al menos hasta el momento y hasta donde se ve; sin embargo, al lado de esa realidad existe otra: ha perdido momentum. Su figura como jefe de una insurrección en marcha se transfigura, a veces, como la de un predicador que sabe los arcanos del camino o la de un candidato en campaña electoral. A pesar de esto, Guaidó no tiene sustituto como aglutinador en el corto plazo.
  2. La falla estratégica fue ofrecer lo que no se pudo –¿se podía?– cumplir. Después se pueden echar todos los cuentos del universo, pero la idea era que el 23 de febrero o alrededor de esa fecha se producirían la entrada de la ayuda humanitaria, el quiebre del Alto Mando Militar y la salida de Maduro. Esa fue la oferta que se entendió. Y falló.
  3. Se puede decir que eso que se creyó –la salida de Maduro– no fue exactamente lo ofrecido. En realidad fue lo asumido y no desmentido por el liderazgo encabezado por Guaidó. Hago un breve inciso: Carlos Andrés Pérez en la campaña electoral de 1988 no ofreció volver a la Gran Venezuela de su primer período porque sabía lo que ocurría en la economía; pero el país entusiasmado leyó en el regreso de CAP el de la bonanza de los setenta. Cuando volvió, llevó a cabo un programa económico exitoso liderado por Miguel Rodríguez y el país creció a las más altas tasas del mundo, pero como la Gran Venezuela no volvió, CAP perdió base social y el apoyo de AD, entonces se montó la conspiración de los “notables” y de Chávez.
  4. Ahora se cometió el error de creer que Maduro estaba fuera de juego. Y no estaba. Cierto que está cercado; que no preside un gobierno sino una mafia; que no es reconocido; que no inspira apoyo sino miedo; que está muy débil. Su falta de respuesta inicial puede haber sido porque estaba grogui de la tunda de mazazos recibida; pero respiraba y sobre todo se preparaba para actuar.
  5. La acción de Maduro no podía ser contra Guaidó, inicialmente. Se replegó, y sitiado en su ciudadela reorganiza su juego: desmantela el entorno de Guaidó; promueve apoyos en los centros de poder (“hands off Venezuela”); hace de China su aliado cercano; impulsa negociaciones “a la dominicana”; reprime brutalmente; gana tiempo y, sobre todo, nos recuerda que los rusos también juegan. Y rudo.
  6. Frente a esta realidad, con el inmenso apoyo que tiene Guaidó, con la desesperación ciudadana por salir del caos, con el sustento internacional existente, hay la oportunidad de reorganizar las fuerzas internas si se abandona el sectarismo y se replantea la lucha.

 

@carlosblancog

El Nacional