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Navidad

Ingresos por remesas y bonos del Gobierno estimularon compras navideñas en el país
El director de Ecoanalítica Pedro Palma dijo que Venezuela vivió una “realidad excepcional”: comercios llenos de personas comprando. Pero resaltó que esta situación no implica más consumo como en el registrado en 2012, antes de la recesión económica. Felipe Capozzolo destacó que la apertura de bodegones en Caracas y demás ciudades del país no es un indicador de una economía sana

 

En los últimos días del año 2020, gran parte de Venezuela experimentó “una realidad excepcional”, como lo define el economista y director de Econoanalítica Pedro Palma. A pesar de la pandemia por COVID-19 y de que sobre el país pesa un desplome del 80% del Producto Interno Bruto (PIB) desde 2013, entre los meses de noviembre y diciembre se vio gran cantidad de personas en comercios y bodegones; esto, sin embargo, no indica que exista una economía estable o en ascenso.

“En Puerto Ayacucho, el bolívar no vale: aquí todo se compra en pesos y gracias a mi hijo es que estoy sobreviviendo”, expresó Maritza Acuña a El Pitazo. Este testimonio explica en gran parte cómo se maneja la economía venezolana: sin su moneda oficial y con base en remesas de venezolanos que se encuentran en el exterior.

Palma resalta que la remesa ha significado un respiro para las familias venezolanas y ha contribuido a mantener el consumo. Este año se esperaba recibir por ese concepto $1.500 millones de dólares, 57,14% menos que en 2019, así que el fenómeno no quiere decir que la gente compra más que en el año 2012, antes de que Venezuela entrara en recesión económica.

Otro factor que explica el consumo en estos últimos días está relacionado con la emisión de pagos y bonificaciones especiales por parte del gobierno de Nicolás Maduro, lo que se traduce en una inyección monetaria importante en la economía.

Desde 2013 el país inició su colapso económico, pero la pandemia por COVID-19 agravó la situación: más del 96% del sector empresarial estuvo paralizado por más de ocho meses, de acuerdo con Consecomercio. Su presidente, Felipe Capozzolo, había pronosticado una caída del consumo interno del 70%, pero los últimos estudios ubicaron una disminución de un 40%.

“Tradicionalmente diciembre es una época en la que se produce una fuerte expansión monetaria, pero no podemos dejarnos llevar por lo coyuntural. Hay una brecha terrible entre los que pueden y los que no pueden acceder a bienes y servicios”, argumentó Capozzolo.

La proliferación de locales comerciales y bodegones que se ha visto en Caracas se repite en algunos estados del país. La pandemia por COVID-19 incluso aceleró la migración de negocios como ferreterías, autopartes o floristería a bodegones que ofrecen productos importados que deben pagarse en dólares.

*Lea más sobre este trabajo en El Pitazo.net 

Se necesitan más de 57 salarios mínimos para cena de fin de año

Una familia de cinco personas necesita al menos 68.800.000, 57 salarios mínimos, para cubrir el plato navideño de fin de año.

Según cálculos realizados por El Pitazo, comer hallacas, pernil, ensalada de gallina y pan de jamón es una tradición navideña cada vez más difícil de costear.

Los consumidores tuvieron que enfrentar un panorama de precios ajustados a la “dolarización de facto”, que supera el ingreso mínimo legal o al menos el reciente incremento del salario mínimo sector público (Bs 1.200.000).

Para comprar proteínas para el plato navideño como pollo (Bs 2.550.000 por kg), carne para hallaca (Bs 4.400.000 por kg) y el pernil (Bs. 5.900.000 por kg) se necesitan más de $12 al cambio oficial.

Los precios del pan de jamón ponen contra las cuerdas el ingreso familiar. En un recorrido por tres panaderías de Caracas el costo está entre $8 y $10.

“Es solo preguntar en cada local y darse cuenta que la plata no alcanza para nada. Lo poco que pude ahorrar para fin de año, lo gasté en ropa para mis hijos y algún juguete, ni hablar de la comida diaria, pero suelo resolver haciendo manicura a domicilio por mi casa”, cuenta Jessica Hernández, de 40 años, quien vive en la parroquia Petare.

Para leer el reportaje completo, haga clic aquí 

Navidad a 40 grados, por Juan Fernández “Juanette”

Ilustración de Alexander Almarza, @almarzaale

@SoyJuanette

Cuando viví mi primera Navidad en Argentina me arrepentí de no haber pasado alguna vez las fiestas en Higuerote o en el desierto del Sahara para estar preparado. Justamente ese es el entrenamiento que se necesita para sobrevivir al último mes del año en el hemisferio sur.

¿Recuerdan las patinatas, las luces, las bufandas, los suéteres tejidos, y a Pacheco bajando de El Ávila cuando llegaba la Navidad a Caracas? Bueno eso acá en Argentina no existe. Ojo y no es porque la gente sea mala onda y no les guste celebrar la Navidad, sino porque tienes que decidir si celebras las fiestas o te ocupas de colocarte protector solar y talco en partes del cuerpo por las que no sabías que se podía sudar.

Y acá quiero hacer una mención especial a esos paisanos venezolanos que se sacrifican para mantener nuestras tradiciones vivas, a pesar del clima. Son admirables aquellos que se reúnen en un monoambiente de 20 metros cuadrados para hacer 250 hallacas, que posteriormente serán cocinadas en una ollita donde caben dos hallaquitas. Y en una cocina eléctrica. Obviamente tendrán que trabajar todo el año para pagar la luz que gastaron ese día.

Y ni hablar de aquellos venezolanos que se visten en Nochebuena y Año Nuevo con ropa de fiesta, es decir, trajes largos, camisas mangas largas, corbatas, flux, pantalones de vestir, lentejuelas, escarcha, y por supuesto la gorra tricolor que no puede faltar; mientras los argentinos o quienes ya llevamos tiempo acá, nos ponemos ropa fresca para soportar el calor decembrino de esta tierra.

No solo es la tolerancia al calor. Otro de los puntos que resalto es la resistencia física de los venezolanos. En las navidades argentinas uno se sienta a la mesa y conversa con los amigos, obviamente de política. La mesa navideña argentina es el campo de batalla de los tíos fachos y los sobrinos progres que, aunque se gritan y debaten sus distintas visiones del mundo, tratan de no gesticular mucho (que para los genes italianos de un argentino es un montón) en las acaloradas discusiones. Pero no por la polémica, sino porque la temperatura es muy alta.

Mientras que los venezolanos a 40 grados bailan merengue, salsa, bachata, cumbia, tambores, reguetón, salsa casino, danza árabe, gaita, polo margariteño, tamunangue y algún otro ritmo, sin perder la compostura ni sudar.

Pero lo que más disfruto es el timming que tienen mis compatriotas el 31, no solo en Argentina sino en todo el mundo. ¿Por qué? Porque el venezolano se da el feliz año dos veces; el primero cuando son las 12 de la noche en Venezuela, y el segundo cuando son las 12 en el país donde viven. Es decir, que los argentinos saben que falta una hora para saludar al nuevo año, cuando ven a los venezolanos dando la vuelta a la cuadra con la maleta en la mano.

En fin, fue un año bastante raro, donde todos teletrabajamos. Así que, si en esta Navidad no ve a Santa surcando los cielos, entre a su casa, encienda el Zoom, verifique su conexión de internet y espérelo.

Y ahora un consejo final: por favor, no le pida al 2021 que lo sorprenda. Con que sea un año más normal que 2020 me doy por servido.

Felices fiestas.

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad. Y no comprometen la línea editorial de RunRun.es

Una Navidad atípica fue celebrada en el mundo entero este 2020
Millones debieron quedarse en casa y las acostumbradas celebraciones decembrinas. Esta ha sido una Navidad atípica

Unas peculiares y en ocasiones tristes fiestas de Navidad se celebraron este jueves, con millones de personas obligadas a cancelar sus planes o a limitar los festejos por las restricciones impuestas en numerosos países para luchar contra la propagación de la pandemia.

El coronavirus mató a más de 1,7 millones de personas en todo el mundo. Y los focos de contagios que siguen surgiendo recuerdan que, pese a la llegada de las primeras vacunas, la vida no volverá tan rápido a la normalidad.

El papa Francisco celebró su tradicional misa de Nochebuena con apenas 200 invitados, rigurosamente separados y con mascarilla, en la inmensa basílica de San Pedro. El horario se adelantó dos horas, para cumplir el toque de queda vigente en Italia.

“El tiempo que tenemos no es para autocompadecernos, sino para consolar las lágrimas de los que sufren”, declaró el papa argentino. Su homilía estuvo dirigida a más de 1.300 millones de fieles en todo el mundo.

“Hablamos mucho, pero a menudo somos analfabetos de bondad”, añadió el papa. “Insaciables de poseer, nos lanzamos a tantos pesebres de vanidad, olvidando el pesebre de Belén”.

Afuera, la monumental plaza de San Pedro, iluminada con su gran árbol de Navidad, estaba totalmente desierta.

Tambores y gaitas en Belén 

En la Basílica de la Natividad de Belén, núcleo del mundo cristiano en Nochebuena, un puñado de fieles y clérigos celebraron juntos la misa de Gallo a medianoche, buscando juntos un poco de “luz” tras un año de “tinieblas”.

En la capilla aledaña a la basílica, en general atestada de gente en Nochebuena, las autoridades religiosas solo permitieron el acceso de unos cuantos invitados.

“No pueden darse la mano pero pueden desearse paz”, lanzó el patriarca latino de Jerusalén, Pierbattista Pizzaballa, en el momento en el que, habitualmente, los fieles se estrechan la mano en la iglesia.

Antes, durante el día, una pequeña multitud asistió a la tradicional procesión de Navidad en las calles, que atrae normalmente a miles de peregrinos, bajo un cielo gris y lluvioso, al ritmo de tambores y gaitas.

“Este año es diferente porque no venimos para rezar en la iglesia de la Natividad, no podemos reunirnos en familia, todo el mundo tiene miedo”, confiesa Jani Shaheen, que asiste a un desfile con su marido y sus dos hijos, en la plaza de la Mangeoire, delante de la basílica construida donde habría nacido Jesucristo.

Santa Claus con mascarilla 

En Estados Unidos, donde la covid-19 sigue causando estragos con casi 3.300 muertos y 223.000 casos confirmados en 24 horas, la víspera de Navidad también está marcada por la pandemia.

En su club en Mar-a-Lago, Florida, el presidente saliente Donald Trump, cada vez más aislado en su cruzada para tratar de revertir la victoria presidencial de Joe Biden, publicó sus deseos de fin de año en Twitter. Entre varios otros tuits insistía sin pruebas en el “fraude” de una elección “amañada”.

En un mensaje grabado en compañía de Melania Trump, el multimillonario estadounidense elogió el “milagro navideño” del inicio de la campaña de vacunación, que ya ha permitido administrar una primera dosis a un millón de estadounidenses, según las autoridades.

Quizás Trump pueda presenciar otro “milagro” la madrugada del viernes, y ver a Santa Claus, quien ha recibido un permiso formal del Departamento de Agricultura de Florida para ingresar allí con sus renos, sin pagar derechos de aduana, e ingresar a todos los hogares para entregar sus regalos.

Sin embargo, Papá Noel tendrá que usar una mascarilla durante su recorrido, especifica el departamento del que dependen los animales y el ganado, a pesar de que el doctor Anthony Fauci dijo la semana pasada que viajó al Polo Norte para vacunar al famoso personaje del traje rojo.

“Triste año”

Australia, que este año fue citada varias veces como ejemplo de buena gestión sanitaria, se enfrenta actualmente a un repunte de casos en el norte de Sidney, cuyos habitantes solo podrán invitar a sus a casas a diez adultos. O a cinco si viven en “el epicentro” del foco de contagios.

Jimmy Arslan, que posee dos cafés en los barrios más afectados, tuvo una caída del 75 % de su volumen de negocio. Y no podrá contar con la presencia de su familia, pues esta vive en Camberra y no puede desplazarse por Navidad.

“Deberíamos recibir a 2021 y patear en el trasero a 2020”, bromea este hombre de 46 años.

En el noreste de Siria, controlado por los kurdos, los habitantes ignoraron la pandemia y asistieron a una ceremonia de iluminación de un abeto en barrio cristiano, bajo la atenta mirada de las fuerzas de seguridad.

La mayor parte de Europa también se enfrenta a uno de los inviernos más tristes, con un resurgimiento epidémico en varios países.

Navidad en Dover

En Reino Unido, miles de camioneros pasaron la Nochebuena bloqueados cerca del puerto de Dover, en el sur de Inglaterra, sin saber cuándo podrán pasar; están obligados a presentar una prueba negativa de covid-19 para ingresar al continente.

“Todo el mundo nos dice de venir aquí y esperar, ¡pero no queremos esperar!”, lamentó un conductor polaco, Ezdrasz Szwaja, en el exaeropuerto de Manston, donde el gobierno británico les realizará test de detección.

Ante el repunte de la pandemia en Brasil (el segundo país más enlutado del mundo con casi 190.000 muertos, por detrás de Estados Unidos), el alcalde de Río de Janeiro prohibirá la noche del 31 de diciembre el acceso al barrio de la famosa playa de Copacabana, para evitar las aglomeraciones en la última noche del año.

Habitualmente, millones de personas se dan cita en esta playa para admirar los fuegos artificiales de la tradicional fiesta de fin de año, cuya cancelación se anunció en julio.

Por ahora, Sidney aún prevé recibir a 2021 con su famoso espectáculo de fuegos artificiales. La primera ministra de Nueva Gales del Sur, Gladys Berejiklian, prometió que el show de siete minutos tendrá lugar “pase lo que pase”.

Reflexiones en Navidad, por Eddie A. Ramírez S.

En tiempos en que la situación económica afecta a los ciudadanos honestos, que los ánimos se exacerban por la escasez de empleo, de gasolina, de gas y de electricidad, que la salud está amenazada por la covid-19 y que el régimen aplasta los derechos políticos y civiles, lo procedente es que todos cerremos filas. Es decir, que nos apoyemos mutuamente, seamos más comprensivos y tolerantes con quienes de buena fe piensan diferente.

En las redes sociales es frecuente leer mensajes insultantes en contra de nuestro liderazgo político por no haber sido capaz de diseñar una estrategia para salir de la dictadura. Cabe preguntar si alguno de los críticos tiene la solución o si son maledicentes que utilizan el teclado para desahogarse, pero sin arriesgar.

No imitemos a personajes vulgares, sin escrúpulos y que destilan odio como Maduro, Diosdado, Mario Silva o Iris Varela.

Hay otros que sí arriesgan y utilizan un lenguaje de altura, pero que predican ideas que no son compartidas por la mayoría. Ojalá que en esta Navidad dediquen un tiempo a reflexionar y entiendan que solo unidos podremos crear un frente que tenga probabilidad de lograr el fin de la usurpación.

Esto no es un llamado a callar ante posiciones que no se comparten, pero sí una sugerencia para que critiquemos con altura, sin descalificar, sin sentirnos dueños de la verdad, consciente de que nadie tiene suficiente arrastre para aglutinar al pueblo. Aportemos ideas que sumen y no resten.  

Ante tanta angustia, algunos se desahogan con el primero que se topan o aprovechan el anonimato para destilar veneno en los tuits. Esta mala conducta se presenta en los diferentes estratos sociales, independientemente del nivel de educación. La virulencia que se observa en las redes sociales es señal de que parte de nuestra sociedad está enferma.

Si queremos avanzar, el entenderse tiene que ser no solo entre quienes adversamos al régimen, sino también con nuestros adversarios no corruptos. Entendemos que no es fácil, pero debe haber interlocutores de cierto nivel que entiendan que la posición de Maduro es insostenible. Los países que nos apoyan insisten en una negociación que permita desembocar en elecciones transparentes. Negar esa posibilidad es alejar la solución y nuestra población seguiría padeciendo, tanto en Venezuela como en el exterior.

Lo referido también es cierto en países desarrollados. Recientemente, un alcalde de una ciudad estadounidense tuvo que renunciar ante las amenazas por declarar que era conveniente el uso de máscaras para protegerse del coronavirus. También es inaudito que en ese país algunos delegados electos por el partido de Biden hayan tenido que buscar protección. Mas inaudito  es que muchos venezolanos se rasguen las vestiduras y crean todas las mentiras de Trump, un ciudadano muy parecido en su conducta a los que adversamos aquí. Esto evidencia que el fanatismo abunda tanto entre los extremistas de izquierda, como en los de derecha.

Nuestro cordial saludo navideño a todos los amigos en Venezuela y en el exterior, y nuestra solidaridad con los compatriotas de la diáspora, particularmente con quienes tuvieron que emigrar a pie por los caminos que una vez recorrió Bolívar para libertar pueblos hermanos, que hoy apoyan a quienes huyen en busca de fuentes de trabajo, de alimentos, medicinas y de seguridad personal que les niega la dictadura. Vendrán tiempos mejores. Feliz Navidad y a vacunarse, no valen las excusas.

Como (había) en botica

El régimen persigue a quienes desinteresadamente ayudan a los más necesitados. Tal es el caso de la Fundación Convite y de su director Luis Francisco Cabeza.

Esta Navidad nos trajo la alegría de un video del conjunto navideño de la familia Marcano, con la que tenemos lazos de amistad desde que tuve el honor de trabajar bajo la guía del Dr. Luis Marcano Coello, fundador de Fusagri, Fundárbol y Fundacea. El conjunto lo dirige el colega ingeniero agrónomo Luis Marcano González y lo integran los miembros de la familia desperdigados por trece países. Nos complace el éxito de compatriotas músicos que con gran esfuerzo se destacan en el exterior. Unos ya consagrados, otros jóvenes promesas.

Nuestra excelsa pianista y buena ciudadana Gabriela Montero sigue brillando, también el destacado director Gustavo Dudamel. Las violinistas Daniela Padrón y Carmen Zambrano, el tenor Aquiles Machado, los guitarristas Luis Zea y Aquiles Báez y las jóvenes directoras  Glass Marcano y Gladysmarli Vadel, entre otros. De lejos es grato escuchar frecuentemente la bella voz de María Teresa Chacín.

Lamentamos el fallecimiento de German Urribarri, compañero de Gente del Petróleo y de Unapetrol.

¡No más prisioneros políticos, ni exiliados!

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¿Cuáles navidades?, por Brian Fincheltub

@BrianFincheltub

El venezolano siempre fue un pueblo alegre. Un pueblo al que le encantaban las festividades y que las vivía como ningún otro. Carnaval, fiestas patronales, puentes y ni hablar cuando llegaba diciembre. Sin duda la Navidad era una de las épocas preferidas por todos. No importaba a qué religión pertenecieras, todos esperamos diciembre con ansias, al punto de que desde que entraba septiembre ya nos sentíamos en Navidad. Comenzaban a sonar las gaitas, tanto los empleadores públicos como privados empezaban a pagar los llamados aguinaldos y la gente podía decidir qué hacer con sus reales. Algunos los utilizaban para renovaciones en la casa, otros para la inicial de un carro, otros para viajar; lo cierto es que nadie se quedaba sin comprar los llamados “estrenos” para el 24 y 31 de diciembre.

Eran otros tiempos, tiempos para el reencuentro en familia, para comer nuestros tradicionales platos y sobre todo para armar la rumba. Quienes estamos fuera de Venezuela extrañamos esas navidades de nuestra infancia, pero también quienes están dentro del país añoran lo que una vez vivimos y fuimos como nación.

Si algo hizo bien el chavismo en veinte años fue saber entender la naturaleza e idiosincrasia del venezolano. Sabían que nos encantaba la fiesta como a ningún otro pueblo y que no importaba lo que pasaba alrededor, la fiesta seguía. De allí que las decisiones más polémicas del chavismo siempre eran lanzadas un viernes en la noche, en carnaval o en diciembre.

Solo recuerden en qué fecha anunció el fallecido presidente, Hugo Chávez Frías, el cierre de RCTV: un 28 de diciembre de 2006. Como era de esperarse, nadie le paró a dicho anuncio y algunos hasta lo tomaron como una broma del Día de los Inocentes. Si no había fiesta, la creaban, si faltaban algunos meses para su inicio, la adelantaban. La estrategia no era nada novedosa: “pan y circo”, al mejor estilo de la Roma antigua.

Nicolás Maduro ha pretendido hacer lo mismo y, en medio del estupor de propios y extraños, anunció el adelanto de las “navidades felices” en Venezuela.

Es la misma estrategia, la única diferencia con su predecesor es que hoy solo hay circo, porque el pan, la gasolina, el gas, el agua, la luz y hasta las ganas de celebrar faltan desde hace mucho tiempo. Sin duda que lo únicos que quieren seguir la fiesta son ellos, la élite corrupta y narcocriminal. Pues han construido una burbuja de privilegios que les permite darse los gustos y lujos que antes se daban en los EE. UU. o en Europa, solo que sin poder pisar territorio americano o europeo.

Estas son las navidades que nos adelanta la dictadura y así serán mientras cada uno de los miembros de mafia roja siga en el poder. No habrá de nuevo motivos para celebrar si no nos libramos de la puesta chavista. Solo ese día podremos decir que tendremos navidades felices.

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La voz aflautada de El Cuarteto, por Sebastián de la Nuez
Se acerca la Navidad de un año terrible para el mundo, y más terrible aun para un país desmigajado como Venezuela, con casi cinco millones en la diáspora y una pandemia que apenas es otro problema en el menú trágico de su cotidianidad. En una época así, la mejor medicina es revolver hasta el fondo el baúl de las querencias que cada quien lleva por dentro. La música, por ejemplo. El Cuarteto, que ha cumplido cuarenta años en la brega, en democracia y dictadura, es un buen ejemplo de arte sanador, del que inyecta esperanza.

 

@sdelanuez

No se trata del lagrimeo tradicional con el Alma llanera o la angustia existencial y apurada con uvas atragantadas mientras Néstor Zavarce canta con su vozarrón Faltan cinco pa’ las doce… Hay mucho más en la cultura musical de un país acongojado.

Aquí, la síntesis de una conversación por wasap con el alma de El Cuarteto, Miguel Delgado Estévez.

El Cuarteto es un disco de acetato sonando a 33 revoluciones por minuto en un patio colonial con una mata de mango en el centro y los muchachitos de la cuadra patinando allá afuera porque es Navidad y andan alborotados. O una reunión en la explanada de La Estancia —hace años— o un gentío en el Centro Cultural Chacao escuchando a Toñito (flauta), Telésforo (contrabajo), Raúl (cuatro) y Miguel (guitarra) cuando interpretan su propia versión de El diablo suelto.

Video El Cuarteto – Diablo Suelto, en el canal Youtube de arsnovarevolution

El Cuarteto le puso un fino silbido a la tradición musical venezolana, le dio tono a madera en sus graves y color al rasgueo de las cuerdas. Uno los escuchaba y tenía la sensación de hallarse en un salón de la Quinta Anauco o algo parecido, con helechos colgantes en las esquinas, un tinajero como adorno y parejas mantuanas, elegantemente trajeadas, bailando un vals de Evencio Castellanos. Aquellos primeros discos, seguro, huelen todavía a cacao de Chuao o al café Imperial recién colado que seguramente ya ni existe.

Hay dos hechos sin vuelta atrás para El Cuarteto: ha cumplido cuarenta años de vida y ha muerto uno de sus fundadores, Raúl Delgado Estévez, en 2019, en Ciudad de México.

Ahora su hermano mayor, Miguel, se empeña en mantener el proyecto a flote, desde su casa en San Antonio de los Altos, ante una PC y a través de ese artilugio llamado Zoom. Está desarrollando una serie de conferencias por esa vía para trasladarle a la gente por qué un vals zuliano es diferente al de los Andes o al larense. O cómo es que un joropo oriental es diferente al llanero. Lo hará entusiasmado, como es él desde siempre, entre sus compromisos en radio con la exploradora Valentina Quintero («Cuentos de camino») y el periodista Raúl Lozinski (en la emisora FM 99.9).

Tras el fallecimiento de Raúl, está empeñado en que El Cuarteto no desaparezca, y para las próximas presentaciones, cuando quiera que sean, presenciales o por la virtualidad de las redes, cuenta con dos cuatristas invitados: Ángel Fernández, esposo de su hija Claudia, especialista en Pedagogía Musical y excelente ejecutante del instrumento; y Eduardo Ramírez, quien fue vicepresidente de la Orquesta Típica (por cierto que eran compadres, Raúl y Eduardo).

Mantendrá la llama viva de El Cuarteto; es su orgullo y su proyecto de vida.

A Miguel no hay quien lo pare cuando comienza a hablar de las virtudes de José Antonio Toñito Naranjo, el flautista. «La primera vez que dieron en Venezuela el premio al músico en Docencia, se lo dan a Toñito Naranjo», dice. La flauta es la marca fundamental del conjunto, la voz cantante. Toñito puede tocar igual a Debussy que un joropo o merengue, con la misma calidad.

También se explaya sobre Telésforo y aquella vez que le hizo un arreglo para la canción «Un poco de luz», de Efraín Arteaga, basada en un poema de Otilio Galíndez.

—Es la primera canción —dice por wasap— donde el contrabajo es la voz cantante, hasta donde tenemos noticia, al menos (no vaya a ser que salga alguien por ahí…). Telésforo fue el primer contrabajo de la Sinfónica de Venezuela y el primero también de la Orquesta Filarmónica Nacional.

Raúl fue su partner entre una pieza y otra, en cada concierto durante todos estos años, con quien echaba broma y el público se divertía. Sobre todo, cuando salía a flote el tema de quién era el mayor (porque todo el mundo creía que era Raúl, y no era así). Un día, al ser inquirida por sus propio hijos desde el escenario para que dilucidara la situación, se levantó la madre y zanjó el tema: son gemelos, le dijo al auditorio en pleno.

El Cuarteto tiene como veinte discos en su haber y ahora está en las grandes plataformas digitales: Spotify, iTunes y lo que venga. Fue fundado en Caracas por dos parejas de hermanos: Pedro Naranjo (que hace 28 años fue sustituido por su hermano Telésforo, de modo que el esquema de las dos parejas fraternas siguió), Toñito, Miguel en la guitarra y Raúl con el cuatro.

Miguel opina que con El Cuarteto se generó una matriz de opinión y muchos grupos de música instrumental comenzaron a salir gracias a su influencia.

—¿Y antes cómo era?

—Por supuesto que antes de El Cuarteto existían grupos de música instrumental pero en todos esos casos la mandolina era el instrumento cantante, bajo el formato de las estudiantinas o tunas universitarias. Cuando aparece la flauta como instrumento solista en la música venezolana, lo hace por primera vez con El Cuarteto. También hubo agrupaciones con el clarinete…

—Pero, ¿qué sucede tras el éxito de El Cuarteto?

—Con El Cuarteto se destapa la olla: una sonoridad que el país no conocía. Y a los cinco años sale el Ensamble Gurrufío, y después otros grupos fuera de Caracas, inspirados en el formato de El Cuarteto.

—¿Qué sucedió con Raúl?

—Raúl se había ido con su esposa y los hijos para México. Era diabético e hipertenso. El hijo mayor de Raúl, músico también, se había ido a México hacía algún tiempo, de modo que allá tenía adonde llegar. En las condiciones en que está nuestro país no podía garantizarse ni tratamiento ni medicamentos. Creíamos que iba a estar mejor en México, pero duró un año y trece días.

Cuando se enteró de la noticia, Miguel se hallaba de gira con Valentina Quintero por siete ciudades de Estados Unidos, presentando una versión de su programa de radio. No quiso suspenderla. También tenía, por su parte, conciertos pautados en Tampa, Orlando y Miami, acompañado por su esposa Alicia Sergent; en cada presentación, recuerda, de algún modo estaba presente Raúl.

—No quise ir a México, no quise ver a mi hermano vuelto cenizas.

Alicia es licenciada en Letras con postgrado en Literatura Venezolana.

Todo esto de la Covid-19 por supuesto que le ha afectado. Para celebrar los cuarenta años habían preparado un concierto con la Coral Simón Bolívar y otros amigos; estaba ya la escenografía y el guion; se pospuso para el domingo 19 de abril pero la cuarentena lo impidió. Lo reprogramó este 18 de octubre pero, desde luego, fue imposible. ¿Dos mil personas encerradas en el Aula Magna? No.

—¿Y ahora cuál es el plan?

—Toñito y Telésforo siguen conmigo, están en esto. El plan es hacer un gran concierto por las redes, un concierto virtual. Ya tenemos el repertorio. Y estarán Ángel y Eduardo.

_¿Cómo ves el movimiento actual de la música tradicional venezolana hoy?

—Creo que ha habido un repunte. El hecho de que músicos de formación académica hayan tenido éxito con una propuesta que ha calado en el medio cultural venezolano, empujó a los jóvenes a interesarse por la música popular venezolana. Antes, el violinista tocaba como bis un Capricho de Paganini pero ahora no, ahora un violinista criollo prefiere tocar como bis una pieza venezolana. Lo mismo pasa con el pianista: antes se decantaba por uno de esos estudios bien complicados de Federico Chopin o algo de Rachmaninoff, pero ahora puede que toque «El diablo suelto» o un merengue o un vals.

—¿Cuál ha sido la llave del éxito, aparte de la innovación en el instrumento que lleva la voz cantante?

—La pianista Clara Rodríguez, con quien hicimos, durante una gira por Europa, el único concierto en vivo para un disco en la carrera de El Cuarteto, decía algo muy simple y claro: «Me encanta El Cuarteto porque a ellos no les importa más nada sino que la música suene bien».

Miguel es una enciclopedia musical latinoamericana, una Biblia en solfeo con apuntes historicistas, costumbristas. Afirma que en Venezuela la gente se olvidó de la guitarra como instrumento acompañante. Todos los guitarristas querían ser Alirio Díaz. Por eso, quiso contribuir a rescatar la guitarra como instrumento acompañante y difundió todo lo que pudo esto: los boleros de diferentes países y compositores no se tocan igual. Cada cual lleva lo suyo, no se puede tocar igual un bolero cubano de la vieja época, pues es distinto el sonido de la era del fílin de un bolero compuesto por Agustín Lara o por Aldemaro Romero. De hecho, Miguel hizo una serie de conciertos dedicados a enaltecer la guitarra como acompañante en la canción popular latinoamericana. Llegó hasta la Patagonia con esa gira.

Estaba prevista para mayo 2020 una gira, otra vez con Valentina, por España, Francia e Italia, pero llegó la pandemia y mandó a parar. Había concertado con Laureano Márquez, que ahora vive en Tenerife, para hacer también varias presentaciones con él. Quedó pendiente el asunto.

Miguel dice que la gente que ha salido de Venezuela son los heraldos que le informan al mundo qué es lo que está pasando en el país y algún día les tocará regresar, Dios mediante, «…y nada, que podamos reconstruir el país que nos guste, donde nos abracemos sin miedo a puyarnos como si fuéramos un puercoespín».

Los méritos de cada uno de los miembros de El Cuarteto son amplios; se está haciendo un libro sobre su historia. Al Cuarteto los conocen y reconocen en España, Portugal, Dinamarca, Italia, Inglaterra, Francia y Rusia. En todos estos países han tocado. En la Royal Academy of Music (Londres, 2006) dieron una clase magistral y cuando a MDE le tocó, pidió una pizarra y les enseñó a los ingleses que allí se habían reunido cómo es una gaita zuliana y un bambuco playero, o cómo tocar un merengue caraqueño.

—¿Y cómo hiciste eso?

—Son esquemas de los que me he alimentado gracias al roce con los cultores populares. Les mostré [a los ingleses] cómo es que acompaño un merengue, una habanera o una contradanza. O una danza zuliana, que también tengo escritos unos esquemas rítmicos.

En esta Navidad que va a nacer angustiada y triste quedará, el contrapeso de la música de El Cuarteto podrá escucharse  en La Guaira o en Luxemburgo o en China: discos como El Cuarteto en Nochebuena, donde aparecen Simón Díaz, Laureano Márquez y Pedro León Zapata con el retablillo de Aquiles Nazoa (seis décimas que ellos intercalaron); o De Pascuas con El Cuarteto, con María Teresa Chacín, Gualberto Ibarreto y el nativo de Cabimas Neguito Borjas: eso y más se consigue en las plataformas digitales con excelente sonido.

En el segundo disco de los nombrados están incluidos dos aguinaldos originales de Miguel. Por otra parte, el trabajo y los alcances de la obra de Raúl Delgado Estévez al frente del Orfeón Universitario, fundado por su tío Antonio Estévez, ya merecería páginas aparte.

Venezuela: qué hay detrás de la prosperidad del dólar y el aparente repunte económico
Bodegones y luces de navidad sobresalen en Caracas

 

Hacía mucho que no se veía una fiesta así en Caracas. En el hotel Humboldt, un icónico edificio en lo alto del cerro Ávila, la montaña que preside la estampa de la capital venezolana, un grupo de afortunados se divertía el pasado 14 de diciembre a ritmo de licor y reguetón.

Como si del último estreno de la saga “Star Wars” se tratara, desde allí arriba unos enormes focos iluminaban con haces de color verde una ciudad donde los apagones son frecuentes.

Las imágenes suscitaron comentarios de ciudadanos sorprendidos en las redes sociales.

La juerga del Humboldt es el último ejemplo de un fenómeno reciente, el aparente regreso de la actividad y el consumo a la capital de Venezuela.

Vuelve a haber autos atascados en las vías de la ciudad, comensales en sus restaurantes y prácticamente cada día aparece un nuevo bodegón, como se conoce a las tiendas de artículos importados que venden en dólares chocolates, licores y chucherías diversas para la minoría que puede pagarlos.

La generalización de la divisa estadounidense coincide con una inesperada sensación de bonanza que ha llevado a las autoridades a colocar unas ostentosas luces navideñas sobre el curso del Guaire, el río de aguas residuales que recorre la capital.

Después de años sumida en un derrumbe económico y de que más de 4 millones de sus habitantes optaran por marcharse, algunos en Venezuela empiezan a hacerse la pregunta: ¿está el dólar ayudando a salir de la crisis?

Lee la nota completa en BBC