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Navidad

Venezuela: qué hay detrás de la
Bodegones y luces de navidad sobresalen en Caracas

 

Hacía mucho que no se veía una fiesta así en Caracas. En el hotel Humboldt, un icónico edificio en lo alto del cerro Ávila, la montaña que preside la estampa de la capital venezolana, un grupo de afortunados se divertía el pasado 14 de diciembre a ritmo de licor y reguetón.

Como si del último estreno de la saga “Star Wars” se tratara, desde allí arriba unos enormes focos iluminaban con haces de color verde una ciudad donde los apagones son frecuentes.

Las imágenes suscitaron comentarios de ciudadanos sorprendidos en las redes sociales.

La juerga del Humboldt es el último ejemplo de un fenómeno reciente, el aparente regreso de la actividad y el consumo a la capital de Venezuela.

Vuelve a haber autos atascados en las vías de la ciudad, comensales en sus restaurantes y prácticamente cada día aparece un nuevo bodegón, como se conoce a las tiendas de artículos importados que venden en dólares chocolates, licores y chucherías diversas para la minoría que puede pagarlos.

La generalización de la divisa estadounidense coincide con una inesperada sensación de bonanza que ha llevado a las autoridades a colocar unas ostentosas luces navideñas sobre el curso del Guaire, el río de aguas residuales que recorre la capital.

Después de años sumida en un derrumbe económico y de que más de 4 millones de sus habitantes optaran por marcharse, algunos en Venezuela empiezan a hacerse la pregunta: ¿está el dólar ayudando a salir de la crisis?

Lee la nota completa en BBC

Presidente (E) Guaidó entregó regalos a niños en el estado Vargas
Fueron 300 los niños y niñas que recibieron juguetes del presidente de la Asamblea Nacional

El presidente encargado, Juan Guaidó, recorrió el estado Vargas como parte del programa Sonrisa en Navidad, donde entregó cientos de regalos a los niños más vulnerables de la región.

El primer mandatario indicó que estar en Vargas durante las fechas decembrinas es recordar el origen y las razones de nuestra lucha, a la familia y los amigos.

“Hoy entregamos juguetes a 300 niños para que nuestros chamos tengan una alegría pese a la crisis y vean con esperanza el futuro que vamos a construir en Venezuela”, explicó tras concluir la jornada.

El presidente encargado confesó “es muy emotivo estar en las calles y sectores populares de mi Vargas querida y servirle a mi gente una vez más”.

“En los momentos más difíciles, que parecían más oscuros, nos hemos levantado, y lo haremos siempre. La esperanza es la energía que nos mueve y jamás la vamos a perder”, sentenció el jefe de Estado.

Fuente: Centro de Comunicación Nacional. 

Padres que nos enseñaron que cada cuarto donde crecimos, es valor, amor, sudor, orgullo y esperanza. Grandes historias en «pequeños rincones» donde soñamos lo que somos”

Siempre por estos días nos atrapa la nostalgia. Tres episodios en un día me hicieron aliviar las cargas sobre los hombros que son ansiedades acumuladas de paz y de libertad. Quiero compartirlas con ustedes. Es mi regalo de navidad….

49 Cuartos vacíos…

María Julia Baccino es una amiga de toda la vida. Estudiamos Derecho en la UCAB.  Escribió el libro 49 cuartos vacíos. Historias vivas de arraigo costumbrista, que acompañadas de una fotografía de cada cuarto vacío por cada migrante, cuentan lo vivido y adonde nos llevó la vida….

49 cuartos vacíos es la representación sublime de la Venezuela pujante, menesterosa y sana que en esas recámaras se iba a la cama con un sueño y se levantaba con una canción, un emprendimiento, un libro que escribir, un madrugar a trabajar o estudiar. 49 cuartos vacíos es la historia de nuestros padres y nuestros hijos. Aquellos que nos educaron en una Venezuela entre los próceres y el parque del este, entre el lago de Maracaibo y el puente de Angostura, entre sabanas y llanos, playas y montañas…Nuestros hijos a quienes tratamos de darle lo mismo.

Padres que nos enseñaron que cada cuarto donde crecimos, es valor, amor, sudor, orgullo y esperanza. Grandes historias en «pequeños rincones» donde soñamos lo que somos, sembramos lo que hicimos, cantamos rock, trova y bolero e hicimos nuestras primeras promesas a nuestra primera novia.

Cuartos que guardan la esencia de nuestra vida, nuestros secretos, nuestros estudios, amores y pesares. Nuestros libros y muñecos. Nuestros recuerdos…Cada fotografía de 49 cuartos vacíos es un cuarto humilde, cálido y decente, limpio y colorido, abundante en gentilicio, en memorias, hábitos y desafíos. 49 cuartos vacíos son vivencias llenas de Venezuela que refuerzan un cantar y una bandera tricolor que llevamos en el pecho por cada calle del planeta.

Pero cada “cuarto vacío” es también un estruendoso silencio de alegrías, dolor y desprendimiento, que hablan o callan  la grandeza de cada corazón que se ha ido. Una nube andante y gitana que no se evapora, una luz que no se apaga. Dios te recompense a María Julia esa bella dedicación a la vida del migrante y del vibrante luchador. Una hermosa pausa en el andar, porque en la fatiga, el reposo es mi cuarto vacío de Caracas…

Noche de Paz noche de humor

Wilmer Ramirez, ese estupendo actor, productor y animador Venezolano, nos invitó  a ver su obra de teatro, Noche de paz, noche de humor, acompañado de Joselyn Rodriguez y el Sr. Carlos Acosta, bajo la producción de Giandry Alfonzo. Fue un melodioso paseo por nuestra infancia. Como decía Wilmer, los Venezolanos crecimos con la TV. Imágenes de las bellas producciones navideñas de Venevisión y de RCTV, donde al son de villancicos y gaitas los actores de planta nos regalaron un trozo de tierra de gracia. La obra desliza con inteligencia y fino humor nuestras costumbres navideñas. 

Nuestra madre que nos decía al montar su mesa de pascuas [entre velas, perniles, ensaladas, hallacas, pan de jamón, sopa de gallina y sopón de pavo], “¡cuidadito y me tocas esa mesa que está así para la foto!”…Una pieza ligera y ocurrente donde vi con gracia, la Venezuela que iba al CCCT y le alcanzaban sus aguinaldos para comprar el niño Jesús, que exhibía con orgullo su tarjeta del Banco Unión o disfrutaba su pan de jamón Plumrose… 

Noche de paz, noche de humor es la demostración del tesón y talento venezolano que no se deja, que sigue adelante y que con poco o nada, vuelve a comenzar porque le sobra ímpetu y voluntad. Así Josselyn, Wilmer y el Sr. Acosta, con un equipo de producción todos compatriotas, nos hicieron pasar un rato realmente nostálgico y alegórico a la vez. El cierre fue no menos adecuado: “Vemos cerca un nuevo futuro que nos llevará a nuestro hermoso pasado, pero con el aprendizaje y dolor de vuelta en la maleta, para que esta v….no se vuelva a repetir y no nos vuelvan a arrebatar a nuestra linda Venezuela”. 

Soy extranjero…no soy de aquí no soy de allá. 

Tuve el honor de estar con Luis Enrique desprendido de tarimas, luces y protocolos. Una sencilla tenida en honor a su amigo y compositor Venezolano, el gran Fernando Osorio. “Dice su prosa: “Hoy tengo un hijo y no quisiera verlo pasar esa experiencia si un día no hubiera frontera, creo que mi historia no se repitiera…crecí en las sombras del silencio fui un ilegal con miedo sin papeles y sin dirección”.

La historia del inmigrante cantada por un poeta y músico consagrado, eleva inmensamente la grandeza de sus esfuerzos,  penas y silencios. Lo he vivido y trato de sujetarme cada día al último nudo de la cuerda que son mis reminiscencias de Venezuela. El café de la abuela en la Trinidad, la quincalla del abuelo en Campo Claro, mi escuela de béisbol en la ciudadela, nuestros hurras y león en el Universitario o mis andares por Venezuela en carro o a caballo…

Y cierra la prosa del trovador: Desde los quince años soy el extranjero, no soy de aquí ni soy de allá, entre mi gente soy la voz que vive lejos, pero jamás voy a olvidar esos amaneceres bellos de somoto los juegos en la calle real, mi primera novia y mi identidad..”

Volveremos a llenar el cuarto vacío, con lo aprendido y sufrido en la maleta. No te olvido Venezuela, soy tu voz que vive lejos, fuiste mi primera novia que jamás olvido…y mi única identidad. ¡Feliz Navidad!

@ovierablanco *Embajador de Venezuela en Canadá.

Feliz Navidad, por Laureano Márquez

Estamos en Navidad, viaja la memoria a la más temprana infancia. Las Navidades nuestras eran siempre tiempo de dicha, de esperanza personal y colectiva. Al menos en los tiempos de mi niñez, a uno le parecía que había futuro, que había gobiernos buenos y malos, pero dentro de unos parámetros que no se sobrepasaban. Eran tiempos en los que mi padre escuchando a Caldera en “Habla el presidente”, decía invariablemente: “es que este hombre es demasiado presidente para éste país” y mi madre, con unas pocas monedas, me mandaba a comprar al abasto y me decía en la puerta: “¡ten cuidado, no vayas a perder las perras!” y el transeúnte desavisado que escuchaba se me quedaban mirando confundido, ante la ausencia de la aludida animala (antes no había que decir animal y animala), ignorante de que mi madre, siguiendo la costumbre española, llamaba “perras” a la plata (en España existía una moneda de 10 céntimos, que llamaban “la perra gorda” porque tenía un león, que a los españoles les parecía una perra gorda y por eso el nombre genérico del dinero allá).

En aquellos tiempos los padres le creían más a los maestros que a uno, porque nos conocían bien y sabían de qué éramos capaces y les autorizaban a darnos un coscorronazo. Nos tomábamos en serio todo el colegio, la tarea. Uno vivía y jugaba en grupo, para pasarla bien de verdad era indispensable el otro, el amigo. La condición de “mejor amigo” era sagrada y se corría el riesgo de perderla con facilidad, lo cual acarreaba no poco dolor, por ello uno aprendió a honrar la amistad.

Nuestra diversión era, fundamentalmente, el cine. Todavía algunos temas musicales me devuelven a ese momento ansioso de la espera del comienzo de esa otra vida que nos era dado contemplar en la pantalla y que por dos horas nos alejaba de la nuestra. En la mañana de los domingos iba a misa en catedral. La misa de 9 la oficiaba siempre Monseñor Feliciano González. Si en la tarde pedía permiso (había siempre que pedir permiso para todo) para ir al cine, mi padre decía: “yo no te entiendo, lo que ganas en la iglesia lo pierdes en el cine”.

Eran los tiempos del pan de a locha y yo creía en mi inocencia que eso era algo que no cambiaría nunca, como el precio de los fósforos.

El mundo ha cambiado y el país más. Si nuestros padres que ya no están supieran que un pan cuesta muchos millones, no lo entenderían. Hace mucho tiempo que no tenemos navidades enteramente felices sin que una ausencia, un dolor, una muerte arbitraria, un inocente preso nos las entristezcan.

Anhelamos un cambio que no viene, padecemos una maldad de la que durante mucho tiempo solo tuvimos referencias históricas. Pensábamos que la ergástula y la tortura eran cosas del pasado.

Creíamos que un razonable progreso era esperable, que uno estudiaba, se graduaba, buscaba trabajo, se casaba, compraba apartamento, tenía hijos y eso se llamaba felicidad. Una extraña sensación de vértigo se apodera de nosotros, como si nos faltasen coordenadas de navegación vital que antes teníamos: familia, religión, escuela.

En fin, perdonen la “divagancia” de este paseo por las calles de la nostalgia, era solo para decirles –amables lectores– que les aprecio y deseo para todos lo mejor en esta Navidad: que encontremos razones para vivir una vida más espiritual, menos agobiada, más contemplativa, amable y bondadosa, a pesar de la maldad reinante.

Que recordemos que todo lo que somos, nuestros valores e ideas, nuestra manera de pensar, nuestro sentido del bien y la justicia, del amor comenzó en una noche como la de hoy, en un humilde pesebre de Belén.

 

@laureanomar

Foro Penal registra 388 presos políticos esta Navidad
Gonzalo Himiob, director del Foro Penal, aseguró que en 2019 destacó el aumento de los “tratos crueles e inhumanos” a los presos, así como el reporte de persecuciones a familiares de políticos solicitados para su detención

De acuerdo con el último reporte de la organización no gubernamental Foro Penal, aún hay 388 presos políticos en Venezuela que pasarán la Navidad sin sus familiares, para quienes se pide justicia.

Este balance registra que 370 son hombres y 18 mujeres. 268 civiles y 120 militares. Todos son mayores de edad.

En días recientes, Gonzalo Himiob, director del Foro Penal, confirmó que en 2019 aumentó la cifra de presos políticos en comparación con los demás años. Asimismo, indicó que la mayoría de estas “detenciones arbitrarias” son por razones políticas y recordó que en los meses de febrero y marzo se contabilizaron más de mil detenciones.

Himiob también aseguró que en 2019 destacó el aumento de los “tratos crueles e inhumanos” a los presos, así como el reporte de persecuciones a familiares de políticos solicitados para su detención.

¿Tregua, armisticio o confrontación? por Eddie A. Ramírez S.

Hoy, víspera de Navidad, el mundo recuerda la tregua entre soldados alemanes y británicos en 1914 durante la Primera Guerra Mundial, tregua que se produjo espontáneamente y sin aprobación de los mandos militares. Lamentablemente, al pasar las festividades se reanudó la guerra de trincheras y en la siguiente Navidad los oficiales ordenaron cañonear al contrario para evitar un nuevo acercamiento.

Ese cese temporal de hostilidades no impidió que continuara la guerra, ya que políticos y militares deseaban aplastar al contrario. La Gran Guerra finalizó con un armisticio, el cual impuso sanciones tan severas al bando perdedor que fue un factor importante para que, dos décadas después, estallara la Segunda Guerra Mundial.

Es decir que ni la tregua, ni el armisticio solucionaron la confrontación.

Guardando las enormes distancias, en Venezuela la conflictividad es de tal magnitud que una tregua y tampoco un armisticio entre la dictadura y la democracia permitirían enrumbarnos hacia la convivencia y tomar la senda del desarrollo sustentable. Lo que se necesita es construir un pacto de largo plazo alrededor de un Plan País. ¿Es eso posible? ¿Qué se requiere?

En primer lugar, el frente democrático debe unirse alrededor de una estrategia común. Un grupo pequeño, pero de dirigentes valiosos como María Corina y Ledezma, consideran que a Maduro hay que sacarlo por la fuerza. Estamos de acuerdo. El problema es que no tenemos la fuerza para inducir la desobediencia de los militares, ni la de los magistrados y tampoco para convencer a nuestros aliados de que intervengan militarmente, lo que, además, sería contraproducente.  

¿Quiere esto decir que debemos resignarnos y soportar o incluso cohabitar con la dictadura? ¡No y mil veces no! La tarea es construir la fuerza necesaria. La misma no parece posible que sea  alrededor de legítimos derechos constitucionales, como el 187-11, el 333 o el 350. Tampoco basada en el artículo del TIAR, que teóricamente posibilita una intervención por parte de otros países.

Aceptemos que nuestros amigos no pasarán de las sanciones económicas y personales, lo cual es bastante, aunque no suficiente para salir del régimen. Entonces no queda otra opción que ir generando la fuerza alrededor de la unidad de la oposición.

Esa unidad es un requisito necesario, pero no suficiente para motivar a los ciudadanos a intensificar las protestas y a los países amigos a incrementar las sanciones. Sin duda que las desavenencias entre la dirigencia opositora desestimula a los ciudadanos de a pie.

Sobre todo cuando las mismas van acompañadas de descalificaciones mutuas. Tildar a una de las partes de colaboracionista y a la otra de aventureros que buscan una salida a corto plazo desanima al más pintado.

Respetuosamente sugerimos a María Corina y a Ledezma, por un lado,  a poner los pies sobre la tierra y aceptar  que sus propuestas, aunque válidas, no son viables.

Por el otro el presidente (e) Guaidó, Ramos Allup, Capriles y Rosales deben ser más amplios y dar cabida en la toma de decisiones a los anteriormente citados y a otros grupos pequeños, incluidos disidentes del chavismo, y personalidades independientes.

Con respecto al régimen, hay que tomar en cuenta que, aunque tiene el poder,  está consciente de que el mismo es precario y que una caída abrupta sería muy costosa. Sin embargo,  mientras estemos desunidos seguirá persiguiendo a nuestros diputados, a cualquier demócrata que le estorbe y tratará  de impedir la reelección del presidente (e) Guaidó.

Si nos unimos podremos confrontarlo con más probabilidades de éxito y quizá lograr que ceda en puntos importantes para que se  produzca el cambio. Algunos dirán, con razones de peso, que esto es utópico, pero más utópico es creer en otras opciones.

Descartar ir a elecciones es una necedad. Lo fundamental es conseguir, apoyados en la presión internacional, unas “elecciones libres y creíbles, supervisadas internacionalmente, así como el “restablecimiento democrático del CNE y del TSJ”, como recomienda la Unión Europea. Si se logra eso, podrían ser con Maduro en el poder. Guste o no guste, será inevitable que los países que apoyan la democracia se inclinen cada vez más hacia esta salida. Con este régimen no hay cabida para una tregua, ni para un armisticio. Tampoco para una lucha frontal. Enfrentemos realidades. 

Como (había) en botica

* Solidaridad con el distinguido periodista Elides Rojas ante arbitrario acoso por parte del régimen.

* No es posible desear una Feliz Navidad cuando muchas familias lloran a sus deudos asesinados por el régimen, hay 401 secuestrados políticos, incluidos el diputado Gilber Caro y Víctor Ugas, ambos  repitientes, e innumerables compatriotas exiliados.

* Guaidó es el presidente (e) reconocido por la mayoría de los venezolanos y por más de cincuenta países. Quienes se opongan a su reelección cometerían un suicidio político

* ¡No más prisioneros políticos, ni exiliados!

[email protected]

 

* Artículo actualizado el 22 de junio de 2020.

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad y no comprometen la línea editorial de RunRun.es

Metro de Caracas tendrá horario especial en Navidad y Año Nuevo

Este lunes, 23 de diciembre, el Metro de Caracas informó que tendrá horarios especiales durante la Navidad y el Año Nuevo.

Durante los días 24, 25, 31 de diciembre y el 1 de enero, el sistema de transporte cerrará sus puertas a las 9 de la noche.

Mientras que la apertura del servicio comercial el 25 de diciembre y el 1 de enero será a partir de las 9 de la mañana. 

En este tiempo de espera, de advenimiento, de expectativa que dura cuatro semanas – el Adviento para los cristianos – ante la llegada al mundo, para creyentes y no creyentes, del «espíritu de la Navidad», adquiere pertinencia considerar su hondo significado.

La cuestión vale para todos, pues desborda, como hecho cultural, al plano de lo confesional, si bien la referencia al mismo se nos imponga como interrogante, tal y como lo reseña en su bella novela escrita en 1917, Ignacio Manuel Altamirano, La Navidad en las montañas: “¿Quién que haya nacido cristiano y que haya oído renovar cada año, en su infancia, la poética leyenda del nacimiento de Jesús, no siente en semejante noche avivarse los más tiernos recuerdos de los primeros días de la vida?”.

Ese momento, mágico y rasgante a la vez, sugiere la preeminencia del valor de los recuerdos dentro de la experiencia humana, la de todos, que en todos y cada uno es distinta, fatalmente. Es la vuelta a las raíces, acaso al Génesis o que para Ulises la representa Ítaca, como en procura de un punto de apoyo que nos permita seguir trillando el camino que tenemos por delante y nos falta hasta que todo se consume.

Navidad es ser memorioso. Pero no basta el ejercicio introspectivo, si a la luz de ese espíritu se la desfigura para solo mirar nuestra sombra y omitir la vivencia de quienes nos rodean. O también la de uno mismo, cuando luego de volver sobre la ruta del retorno, despertamos en el presente, que es realidad hecha de falencias.

Altamirano lo cuenta, en términos dramáticos: “Me hallaba perdido entonces en medio de aquel océano de montañas solitarias y salvajes; era yo un proscrito, una víctima de las pasiones políticas, e iba tal vez en pos de la muerte, que los partidarios en la guerra civil tan fácilmente decretan contra sus enemigos”. Y refiere que, en medio de sus tribulaciones y para su sosiego se le aproxima un cura de almas de pobreza inenarrable, que hace buena y veraz esa fibra de humanidad que despierta, justamente, en el instante de la Navidad memoriosa.

“Tengo una casa cural muy modesta — dice este — como que es la casa de un cura de aldea, y de aldea pobrísima. Mis feligreses viven con el producto de un trabajo ímprobo y no siempre fecundo. Son labradores y ganaderos, y a 30 veces su cosecha y sus ganados apenas les sirven para sustentarse. Así es que mantener a su pastor es una carga demasiado pesada para ellos; y aunque yo procuro aligerarla lo más que me es posible, no alcanzan a darme todo lo que quisieran, aunque por mi parte tengo todo lo que necesito y aun me sobra. Sin embargo, me es preciso anticipar a Vd. esto, señor capitán, para que disimule mi escasez, que, con todo, no será tanta que no pueda yo ofrecer a Vd. una buena lumbre, una blanda cama y una cena hoy muy apetitosa, gracias a la fiesta”.

Navidad, además y más que un alto en los conflictos propios a la existencia, que nunca se detienen a menos que uno se enajene, es el momento de rescate del sentido de la solidaridad que nos revela, justamente, como seres humanos, racionales, trascendentes.

La reacción del proscrito capitán deja su enseñanza, su humilde postración ante la verdad que trasunta a las formas y diluye las miserias, igualmente propias de lo humano.

“Venga esa mano, señor, Vd. no es un fraile, sino un apóstol de Jesús… Me ha ensanchado Vd. el corazón; me ha hecho Vd. llorar… Señor, le diré a Vd. francamente y con mi rudeza militar y republicana, [que] yo he detestado desde mi juventud a los frailes y a los clérigos; les he hecho la guerra; la estoy haciendo todavía en favor de la Reforma, porque he creído que eran una peste; pero si todos ellos fuesen como Vd., señor, ¿quién sería el insensato que se atreviese, no digo a esgrimir su espada contra ellos, pero ni aun a dejar de adorarlos? Oh, ¡señor! yo soy lo que el clero llama un hereje, un impío, un sansculote; pero yo aquí digo a Vd., en presencia de Dios, que respeto las verdaderas virtudes cristianas. …”, acaso sin ser cristiano.

De modo que, y he aquí lo que nos deja, en el caso de los venezolanos, este tiempo de dolor y de ausencias que nos toca vivir, y padecer, y extraer del mismo una prédica de esperanza. El anuncio de la venida de Jesús es el anticipo de su cruz y posterior su resurrección. Sus padres, como un sino de ese anuncio, huyen atribulados en medio de la Natividad que los alcanza en Belén: “La nochebuena se viene / La nochebuena se va. Y nosotros nos iremos / Y no volveremos más”, reza el poeta popular, gitano, desconocido.

Queda, en fin y en hora buena, el consuelo que todos nos damos llegada la hora, el momento del abrazo, el compartir con alegría, el recrear el espíritu de la Navidad que nos anima a vivir los conflictos con sentido prometeico, pensando en la crueldad de Herodes que es, a la sazón, presagio. Se trata de la disposición fraterna a la comunicación con los otros, que sosiega. Navidad es, pues, acompañamiento. Es, como lo predica la Primera Carta de Juan escrita en Éfeso: “El que no ama a su hermano, a quien ve, no puede amar a Dios, a quien no ve”.

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