Luis Miquilena, autor en Runrun

Luis Miquilena

El paraíso detrás de El Ávila, con Valentina Quintero

¿Has pensado alguna vez qué hay detrás de El Ávila; esa montaña que extrañan todos los caraqueños cuando se mudan de su ciudad? Hoy te lo decimos.

Detrás del Ávila está el Mar Caribe, el imaginario recurrente de todo extranjero que padece inviernos y sueña con sol, mar y palmeras. El auténtico Caribe con montañas y verdes en contraste con azules de mar y blancos de olas y arena.

En menos de dos horas los caraqueños están en la playa, tomando la Costanera, una de las carreteras más bellas de Venezuela, con el mar reventando del lado izquierdo y la montaña que abraza, del lado derecho. Una carretera perfecta para hacerla en bicicleta porque tiene hasta ciclovía y es planita. Luego empiezas a subir la montaña para acercarte a pueblos pequeños, poblados por descendientes de quienes alguna vez fueron traídos desde África para trabajar como esclavos. Pequeñas posadas con pocas habitaciones atendidas por sus dueños. Aguas termales silvestres que aparecen en el río. Una buena poza helada para sacarte el agua salada. Casas lujosas o más sencillas, que se pueden alquilar para pasar un fin de semana o una temporada en exclusividad absoluta. Y el infaltable aroma del pescado frito con tostones – plátano verde que se corta grueso, se fríe una primera vez, se aplasta y luego se fríe de nuevo hasta quedar bien tostado – y ensalada rallada, que no es otra cosa que repollo blanco o morado combinado con mayonesa, limón y algo de azúcar.

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Son las playas silvestres que adoran los caraqueños y que se han mantenido vírgenes a pesar de la cercanía con la capital. Oleaje fuerte. Pocos servicios. Y se puede llegar en cualquier tipo de vehículo.

Lugares que visitamos:

📍 Posada BagbaZindio – @posadabagbazindio
📍 Posada Aveturama – @posada_aventurama
📍 Posada Caluyo – @posadacaluyo
📍 Posada Pachacuti – @pachacuti_posada
📍 Posada Quilombo – @posadaquilombo
📍 Casa Caruao, Casa Caribe y Villa Corsario – @sitioswao

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¿Valentina Quintero abadonó a su hija por Bitácora?

¿Sabías que cuando salió Bitácora en 1994 no había redes sociales? ¿Que el público mandaba cartas y llamaba por teléfono para rogar de rodillas ensangrentadas que saliéramos todos los domingos?

En este capítulo fuimos al Campamento Las Nieves, metido en las profundidades del estado Bolívar. Llegamos en una avioneta que piloteaba Yolanda Carbonell, su dueña. Ya no existe el campamento y mi amiga del alma que me llenó de orgullo falleció en su avioneta.

Fue muy estremecedor verla de nuevo. Volvimos a la costa de Vargas para mostrar otras posadas. Hicimos un recorrido por El Hatillo de muchos lugares que ya no están. Tienen que ver a Tomás Fernández – el chef – cuando era una criatura de unos 20 años.

Bitácora fue siempre una producción independiente. Lo hacíamos con Cinesa Video – una productora venezolana muy prestigiosa que aún existe. Conseguíamos nuestros propios patrocinantes y entregábamos el programa a RCTV. Éramos los únicos productores independientes en ese momento.

El equipo técnico venía del mundo del cine y la publicidad. Queríamos que la calidad de cada capítulo fuera idéntica a la calidad de los paisajes venezolanos, de su gente, de su hospitalidad. Así que solo salimos una vez al mes durante el primer año. Y siempre fueron capítulos de media hora. Nunca aceptamos subir a una hora, ni salir semanal porque no estábamos dispuestos a sacrificar la excelencia. El público no estaba acostumbrado a ver nuestro país así. Ahora, 28 años después, estoy segura de que eso fue gran parte del éxito de Bitácora.

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¿Cómo se produce la sal rosada de Las Cumaraguas? con Valentina Quintero

¿Quieres saber cómo se saca la sal artesanalmente en las Salinas de Las Cumaraguas? Este es un caserío que queda en la Península de Paraguaná, saliendo de Adícora hacia el Cabo de San Román. Muchas veces había pasado por ahí, pero siempre en la tarde. Admiraba los rosados y morados de las lagunas, los azules intensos, el contraste con las montañas de sal cuando les pegaban los últimos rayos de sol.

Y un día llegué a las 5:30 de la mañana y ahí estaban los hombres de sal. Los habitantes de Las Cumaraguas con sus carretillas sacando sal. Entran una y otra vez para cargarla con sus palas y salen a lanzarla en las montañas blancas que se van armando en los alrededores. Se cubren manos y pies, brazos y piernas, porque cuando el sol calienta los hornea. Los quema desde arriba y desde abajo porque se refleja en el blanco de la sal. Rostros cuarteados. Son pliegues. Agujeros. El cauce de un río en la cara por donde corre el sudor. Y es así todos los días del mundo porque hay mucho que sacar para vender y mantener a la familia.

Ahí entendí que el paisaje es la escenografía, pero lo que quiero contar es la humanidad. La historia de la gente. De los venezolanos que se entregan a diario a construir el país en medio de las penurias más extremas.

Esta sal se la venden a los camioneros que llegan a diario a comprarla. También venden las rocas de sal frente a la laguna.

¿Para qué comprar sal rosada del Himalaya si tenemos sal rosada de Las Cumaraguas?

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¿Qué hacer con yuca? El mejor casabe del mundo, con Valentina Quintero

¿Quieres saber qué es el casabe y cómo se hace? Aquí te lo digo.

Con la yuca amarga se hace el casabe, el alimento principal de todos los indígenas americanos ¿Y sabías que la yuca amarga tiene un ingrediente mortal que se llama curare y si te lo comes te mueres?

¿Te has preguntado cómo hacen para sacarle el veneno a la yuca amarga?

Un relato del siglo XV cuenta que un sabio indígena se acercó a la orilla de un río, vio un arbusto silvestre y decidió sembrarlo para hacer un huerto. Pero quienes comían la yuca – que así lo llamaron – se morían enseguida.

Como tenía un gusto agradable, investigaron hasta descubrir que el veneno estaba en el jugo. Idearon sebucanes o prensas para exprimirlo y así apareció el casabe. El pan de los indígenas. Mucho más sencillo de digerir que el trigo, porque el casabe no contiene gluten. Y se sigue haciendo de esa misma manera, 500 años después; se utiliza una prensa para exprimir el jugo de la yuca que tiene veneno y se convierte en polvo.

¿Te has preguntado dónde puedes comer casabe en Venezuela? Pues lo hacen en los estados de la costa: Miranda, Anzoátegui y Sucre. En los llanos. Y en los estados indígenas de Bolívar, Delta Amacuro (en el Delta del Orinoco) y Amazonas ¿Sabías que el casabe puede ser muy grueso y duro, como el de los indígenas de los estados del sur de Venezuela? Se lo comen mojado en sopas. Pero existe el casabe galleta, finito y muy tostado. Ese es el casabe que hace José Luis Tejada en su casabera en Camaguán, a la orilla de la carretera en el llanero estado de Guárico, en Venezuela.

¿Sabes por qué el casabe de Jose Luis Tejada es el mejor del mundo? Porque después que lo saca del budare – la plancha donde se cocina – lo coloca de nuevo en el fuego para que se ponga más crujiente y lo disfrutemos como toda una suculencia. Además el casabe no contiene gluten, es gluten free pues.

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¿El cocuy es igual al tequila? con Valentina Quintero

¿Quieres saber qué es el cocuy y cómo se hace?

En Pecaya, un pueblo venezolano en el Municipio Sucre, en el estado Falcón, se hace cocuy desde la época de los indígenas; cuando el cacique Manaure le regaló esas tierras al indio Sunure porque tenía de todo: pencas y agua.

Las pencas son las plantas de agave, que al procesarlas, se saca el cocuy; un destilado que recuerda al tequila mexicano, pero más delicado. Hay que esperar entre 7 a 12 años para que la planta produzca las pencas. Se dan mejor bajo el bosque. Lo que requiere el agave es concentrar el azúcar en la hoja, porque el tallo es el almacén. Cuando la planta está lista produce el maguey, una vara que crece hasta 13 metros. Ahí están los hijos, desde la base del tronco hasta las flores. Los hijos caen y las semillas se riegan gracias a los murciélagos.

Este pueblo de Pecaya vive de hacer y vender cocuy. Durante años estuvo prohibido, hasta que se logró la denominación de origen en mayo de 2001 y ahora se fabrica y se comercializa en todo el país.

¿Cómo se hace el cocuy de Pecaya? El procedimiento es el mismo que aprendieron de los indígenas. Se cortan las pencas y se guardan bien para que no se las coman los chivos. Hay que tener mínimo 80 para llevarlas a un horno de tierra, hecho con leña y piedras, ahí se quedan de 4 a 9 días, dependiendo de la cantidad y tamaño de las pencas. Después de hornear la penca se pila con un palo y mucha fuerza hasta sacar el mosto. Queda una especie de masa. Esa penca pilada se mete en una prensa inventada por los pecayeros, se le pone agua y se deja fermentar en barriles por 4 días. Ese mosto fermentado se hierve en una olla inmensa que llaman ollón, pasa por el tubo rectificador, de ahí al serpentín – que en Pecaya le dicen culebra – y ahí sale el cocuy. Los primeros 4 dedos del líquido se llaman pringote, tiene 80 grados de alcohol y no se debe tomar; se usa para dolores musculares. Lo demás es el cocuy: delicado y maravilloso.

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ConFLIPSionario estrena segunda temporada
17 creadores de contenido revelaron aspectos desconocidos de sus vidas en la segunda edición de ConFLIPSionario
En esta nueva temporada del seriado, Flips apuesta a Tik Tok, la red social de mayor éxito en la generación Z.

ConFLIPSionario vuelve en su segunda edición, más poderosa que nunca, un espacio en el que distintas personalidades hicieron una confesión de la que no han hablado antes y nadie o muy pocas personas saben. En este regreso, Flips recopiló los secretos mejor guardados de 17 personalidades, para ahora presentarlos a todos los seguidores de la marca y fanáticos del contenido que está en tendencia.

Apostando al humor como principal pilar para generar conexión, se crearon videos cortos para la plataforma Tik Tok con los talentos más queridos por la generación Z. Flips se mantiene evolucionando con sus consumidores y adaptándose a los gustos de su target, por eso este nuevo contenido generado por la marca apunta directamente a ellos.

En Flips nos gusta ir al ritmo de la tendencias y estar en los medios donde interactúan los amantes de la marca. Por eso en esta ocasión hemos migrado a Tik Tok, un espacio en el que los creadores de contenido dan rienda suelta a su ingenio y creatividad», comentó Daniela Suárez Patiño, Gerente de categoría.

El lugar escogido para el lanzamiento de esta segunda temporada fue un conocido local, ubicado en la Urbanización El Bosque, Caracas, en donde desde la entrada ya se podía disfrutar de la experiencia que ofrece la marca. Este evento, organizado por The Media Office, permitió a los medios de comunicación compartir una tarde en donde el conocido cereal fue el protagonista junto a los conocidos tiktokeros que confesaron sus secretos en esta segunda temporada. 

Apostando en una nueva plataforma digital

Las estadísticas indican que los usuarios de la red, que supera los 2000 millones de personas en el mundo, pasan de una hora a hora y media diaria consumiendo contenido siendo la mayoría de la generación Z. Los menores de 30 años conforman el grupo etario que más tiempo activo pasa en Tik Tok.

Influenciadores como Mariana y ya, Luis Herrera, Martin Albornoz, Michi Paredes, José Ochoa, Yazmín Andreina, Javier Villalobos, Sofía Rodríguez, Budú, Yanis,Arvanitaris, Sifrina Millennial, Lale Barranco, Cesita, Christian Onorato, Alejandra Medina, Samuel Gómez y Willie Deville dijeron todo frente a la cámara en esta segunda edición enfocada en los principales creadores de contenido que hacen vida en Tiktok, junto a otras personalidades reconocidas.

Para lograrlo, se crearon 3 sets ideales para confesarse y decir solo la verdad: la dirección de un colegio, una sala de juicio y un consultorio de tarot, todos ambientados con la estética y colores de la reconocida marca de cereal que fue introducida en el mercado en el año 1993 y ha deleitado a toda la familia venezolana. 

Durante los meses de junio y julio los fanáticos de la marca podrán disfrutar de 4 nuevas confesiones a la semana, en la cuenta de TikTok de @AreaFlips. De lunes a jueves habrá un nuevo secreto que descubrir en la cuenta de Flips. 

Disfruta todas estas confesiones y mucho más a través de @areaflips en Instagram y Tik Tok.

Venezolano reelecto en la vicepresidencia de la Cruz Roja
El venezolano Miguel Angel Villarroel alcanza la vicepresidencia de la Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja 

Este pasado domingo 19 de Junio, en el marco de la Asamblea de la Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja en Ginebra, Suiza, el venezolano Miguel Ángel Villarroel fue reelecto como vicepresidente para el período 2022 – 2026, formando parte de la Junta de Gobierno, donde también fue reelecto como presidente el italiano Francesco Rocca.

 

Miguel Angel Villarroel
Miguel Angel Villarroel

 

Votación masiva

Electo con una mayoría de 88% de los países votantes en la XXIII Asamblea General, Villarroel también se destaca como Vicepresidente de la Sociedad Venezolana de la Cruz Roja.

Es abogado egresado de la Universidad Católica Andrés Bello, especialista en Derecho Penal en la Universidad de Panteón-Assas de París (La Sorbona) y en la Universidad de Salamanca, profesor en la cátedra de Derecho Penal de la Universidad Santa María de Caracas y participó en la redacción del anteproyecto del Código penal de Venezuela (2004) del Tribunal Supremo de Justicia, además de otros cursos, especializaciones y títulos dentro y fuera de las fronteras venezolanas. 

Beneficios para la población venezolana

La gestión del vicepresidente ha traído grandes logros para la Cruz Roja Venezolana, en cuanto a su cooperación en el país en cumplimiento de los 7 Principios Fundamentales del Movimiento Internacional de la Cruz Roja especialmente los de Neutralidad, Imparcialidad e Independencia.

Con ello, en el año 2021, alcanzaron más de 2.6 millones de personas asistidas a nivel nacional en áreas como Salud, Medios de Vida, Reducción de Riesgo a Desastres, Restablecimiento del Contacto entre Familiares, Protección, Género e Inclusión y Agua, Saneamiento y Promoción de la Higiene.

Asimismo, vale la pena destacar el importante apoyo de la Cruz Roja para atender la emergencia ocasionada por la pandemia de la COVID-19, mediante entrega de equipos e insumos a hospitales públicos, voluntarios y personal de salud capacitados, sesiones educativas a las comunidades más vulnerables, distribución de equipos de protección personal, asistencia a centros de vacunación, entrega de materiales de higiene y difusión de mensajes claves sobre prevención del virus. 

En el Winche de Petare hay clases de resiliencia
Kent Acevedo, graduado en la tercera cohorte del programa “Educación y Emprendimiento” que la ONG Alimenta La Solidaridad ha puesto en marcha en varios de los comedores de su red nacional, se ha convertido en un refugio de aprendizaje para los niños y niñas en el barrio “El Winche” en Filas de Mariche

@ldmiquilena

Fotos: Juan Calero @jbcalero

La cita fue temprano. En la puerta de la sede de Alimenta La Solidaridad Petare está su coordinadora, Ivonne Velasco,  recibiendo a los periodistas invitados para compartir con ellos una historia que la tiene encantada desde hace semanas: la del maestro Kent. Empeñada en resaltar lo positivo y quitarle las etiquetas con connotación negativa que por años le han impuesto al barrio más grande de Caracas y de América Latina, Velasco organizó un encuentro con los medios de comunicación para dar a conocer el ejemplo de buena voluntad y resiliencia que ha significado la pasión por la educación de los más jóvenes en el barrio. 

Ivonne Velasco, coordinadora de Alimenta La Solidaridad Petare

Kent Acevedo tiene 28 años. Vive con su abuela en una casa de la Misión Vivienda que fue construida hace más de 20 años. Desde muy pequeño sufrió ataques de epilepsia y eso compromete hoy sus capacidades motoras. Desde hace muchos meses no ha podido ir a sus citas con el neurólogo, las cuales necesita para mantener su tratamiento al día y mejorar su movilidad. Sin embargo, no ha parado un solo día y hoy adelanta, junto a una red de colaboradores, las reparaciones que necesita en su salón para poder ofrecer clases gratuitas a los más pequeños en su comunidad.   

Las redes sociales fueron el medio por el cual se dio a conocer la historia de este joven venezolano, empeñado en vencer la adversidad a través de la lectura y la escritura. 

Por su condición especial, él es uno de los  beneficiarios del programa de alimentación del comedor “Sirviendo con amor”, ubicado en Filas de Mariche, en el barrio conocido como “El Winche”, de la parroquia La Dolorita, municipio Sucre, estado Miranda. En el año 2021 se acercó a Ivonne Velasco, coordinadora de Alimenta La Solidaridad Petare, quien se encontraba visitando el mencionado comedor, para expresarle su preocupación por la deserción escolar que notaba en la zona, producto de la pandemia y sus estragos en su comunidad. Conmovida por la humildad de este muchacho, de su biblioteca personal recopiló la mayor cantidad de textos que pudo y que, en su momento, formaron a sus 3 hijos. Juntó cuadernos, lápices y se los mandó a Kent. 

En un precario e improvisado salón, pequeño y con algunos problemas de infraestructura tales como goteras en los techos, fallas en las bases que sostienen la estructura en general, paredes con grietas y sin pintar, entre otras, Kent comenzó a dar clases a 5 niños de su comunidad, interesados en aprender a leer y escribir. “Tiene un ángel, tiene luz propia”, comentó Velasco sobre la primera impresión que le causó el muchacho, al pedirle apoyo para, a su vez, poder ayudar él a estos infantes. 

Salón de clases.

Debido al déficit que existe en lo concerniente al personal docente, en enero del 2022, Alimenta La Solidaridad ofreció un programa para formar en la docencia a personas de la comunidad, entre las cuales estaba Kent, quien completó satisfactoriamente dicho entrenamiento. Es uno de los graduandos de la tercera cohorte de este proyecto y de los pocos hombres que se aventuran a tomar dicho curso. 

Las formaciones de Kent eran en la Universidad Católica Andres Bello, del otro lado de la ciudad y la ONG le proveía el transporte desde Petare hasta Antímano, sede de la UCAB. El viaje de Kent desde el Winche hasta el punto de encuentro tiene sus dificultades y dura aproximadamente una hora. El transporte público es escaso en el barrio y veces toca caminar para poder llegar a la parada de buses más cercana, lo que implica un esfuerzo mayor para una persona con la condición de Kent.   

Y llegaron las lluvias…

Tiempo después de la donación de libros que se le hizo en el último trimestre del año pasado, Ivonne recibe la noticia de que, debido a las lluvias y al mal tiempo, la escuela de Kent comenzó a presentar fallas a nivel estructural y debido al riesgo que esto representaba, el maestro se vio obligado a suspender las clases. El salón donde comenzó esta escuelita improvisada forma parte de la iglesia de la comunidad y fue donado por un vecino de la zona. 

El fotógrafo Leo Alvarez, amigo de la Red Nacional de Alimenta la Solidaridad, visitó en septiembre del 2021  la comunidad de El Winche y, al igual que Ivonne, quedó conmovido por el empeño de Kent de ayudar a los chamos del barrio. Hizo una publicación que tuvo un buen impacto en sus seguidores, quienes comenzaron a donar libros y ponerlos a la orden para poder ayudar a Kent en su labor.

Al ver las publicaciones en los perfiles de Ivonne y Leo, Juan Calero, ingeniero de profesión y fotógrafo del proyecto Inside Out, en donde Velasco tuvo una participación, quedó enganchado por la historia y quiso ayudar como pudiera y justo en ese momento fue contactado por un amigo arquitecto y, entre ambos, consiguieron los materiales de construcción que se necesitaban para comenzar las reparaciones de la escuelita y se sumó junto a Velasco y Álvarez a esta red de apoyo que comenzó a tejerse en torno al caso particular de Kent. 

“Creo en el destino, no creo en las casualidades”, comenta Calero sobre ese mensaje que le llega justo en el momento en el que se encontraba hablando con Álvarez sobre la publicación que había hecho de Kent. Se confiesa feliz por el apoyo que ha podido darle a quien hoy considera su amigo, el maestro del Winche. “Ese chamo brilla con luz propia”, nos comenta. 

Red de voluntades

Jeslin Valbuena, comunicadora social y amiga de una de las hijas de Ivonne, siempre estuvo presente en los proyectos de labor social de la Universidad Monteavila. Al graduarse, decidió ser mamá y se apartó un poco del tema social para dedicarse a su familia, pero la necesidad de ayudar siempre estuvo latente. “Es como mi misión de vida”, comenta la joven madre. Tiene un amigo que quería ayudar en algún tema social y, al ver la publicación en redes sociales sobre Kent, se puso en contacto con Velasco para ver qué podía hacer para aportar su grano de arena en toda esta historia. 

Jeslin Valbuena, una de las más recientes colaboradoras del Maestro Kent

La ayuda que le ofreció a Ivonne va más allá de un tema de infraestructura, pues entre sus planes, está un apoyo más cercano a Kent, el ser humano, para hacerle la vida más fácil con el tema de su discapacidad. Citas médicas, tratamientos y terapias físicas son algunas de las posibilidades que Valbuena quiere ofrecer al maestro.

Mientras él esté bien y podamos mejorar de la manera en que podamos la calidad de vida de Kent, sabemos que eso se traducirá en un beneficio inmediato para sus alumnos”, declaró la comunicadora social. 

El maestro Kent

Al llegar al Winche, luego de 50 minutos de viaje, Kent recibe el jeep con una visible emoción en su rostro. Su mirada está impregnada de esperanza y de emoción al ver que la posibilidad de abrir nuevamente la escuela se va convirtiendo en una realidad. Ivonne le había comentado días atrás que habían conseguido más materiales para las refacciones que se están haciendo al espacio que le fue donado y que hace las veces de salón. “Ha sido una contribución mancomunada y un trabajo en equipo”, comenta Kent sobre las reparaciones que, junto a vecinos y amigos de su comunidad, ha logrado poner en marcha.

Estoy sumamente agradecido porque cada uno ha puesto su granito de arena y el fin es el mismo que ha sido siempre, que los niños y niñas puedan tener aquí la oportunidad de seguir educándose y de seguir creciendo a nivel académico”. 

Sobre su motivación para convertirse en maestro en la comunidad, responde: “Esto es algo que no planifiqué como tal. Me inquietó ver que muchos de los niños que hacen vida en la comunidad tenían problemas de lectura, escritura y lenguaje y pensé primeramente en una especie de taller de lectura para poder ayudarlos, pero con el pasar del tiempo, se fue convirtiendo en un centro educativo ya que los mismos chamos querían aprender más”.  

Es por eso que decide formar parte, a principios de año, de la tercera cohorte del programa que ofrecía la ONG Alimenta La Solidaridad, pues si bien es cierto que no tenía entre sus planes convertirse en un maestro, entiende el compromiso que supone impartir conocimientos y formar las mentes de la generación de relevo en su zona.

Cree fielmente que todos tienen las mismas capacidades de aprendizaje y el mismo potencial y que lo único que falta es que se les dé la oportunidad de aprender. “En los estudios tienen un mejor futuro para ellos y allí encontrarán un crecimiento personal, con el cual van a poder salir adelante y ayudar a sus familias a superar todos los obstáculos con los que se enfrentan en su día a día”, comenta Acevedo. 

El pequeño salón, de aproximadamente 4×4 metros cuadrados, fue cedido por su dueño a la iglesia de la comunidad y en la cual Acevedo profesa su fe. Aunque este vecino ya no vive en la comunidad, de vez en cuando los visita y se complace al ver el uso que se le está dando al mismo. Debido a las lluvias en la zona y al tiempo de construcción de la estructura, la misma comenzó a presentar fallas y un marcado deterioro. En ese momento y sin titubeo alguno, por el bienestar de los asistentes, se toma la difícil decisión de suspender las clases de forma temporal y comenzar a tocar puertas para poder conseguir los fondos y materiales necesarios para reabrir el espacio. Acevedo aclara que ese espacio no le pertenece. Es de la comunidad para el bien de la comunidad”. La iglesia ha colaborado no solo con el permiso para poder usarlo, pues también prestó algunos pupitres para que los estudiantes estén más cómodos. 

Sobre la metodología que usa para las clases, comenta: “Es variada y me adapto de acuerdo al grado de instrucción de los que vienen. Procuro que lo que se enseñe sea lo más global posible y que lo pueda absorber un niño de sexto grado o uno de cuarto. Quiero que estas clases los mantenga enfocados en aprender, refuerce lo que aprenden en sus escuelas y los aleje de otras distracciones”.

Kent  quiere que todos los pequeños de la zona sientan que ese espacio es para ellos y que, si no sienten que tienen el apoyo o interés de parte de su núcleo familiar con el tema de la educación, aprender a leer o a escribir, allí tienen la oportunidad de hacerlo.

“Si bien es cierto que yo no puedo ofrecerles un certificado académico, puedo ofrecerles la orientación que necesitan para entender que tienen cualidades y potencial para poder desarrollarse en distintas áreas”, expresa.

Al ser consultado sobre sobre si percibe algún tipo de remuneración por esta labor, enfáticamente declara que no, que jamás ha recibido pago alguno por el tema. “Esto comencé a hacerlo sin considerar un lucro o ganancia, y aunque algunos representantes han querido reconocer mi labor de esa forma, les aclaro que yo solo comparto con ellos la experiencia y lo poco que sé”. 

Desde el mes de noviembre del año pasado, cuando se vio forzado a parar las clases, ha sido abordado por sus alumnos, quienes esperan ansiosos el regreso al aula en el que hoy se adelantan, con el apoyo de sus vecinos y amigos, todas las reparaciones necesarias para reabrir el espacio. “Ya tenemos los materiales que necesitamos para poder estar activos nuevamente y espero en unas 3 semanas poder recibir de nuevo a los chamos”,  finaliza afirmando con una amplia sonrisa en su rostro. 

Ayudando a Kent en las reparaciones del salón también están Daniel Castro y su esposa, Jessica Montañez, sus vecinos, quienes apenas tienen 4 meses viviendo en la zona. Se mudaron con 2 de sus 3 hijos al Winche hace poco, ya que en Catia no podían seguir debido a temas de vivienda. Consiguieron una casita que está justo al lado de la de Kent. “Él quiere ayudar, sin recibir nada a cambio, y eso nos motivó a mi y a mi esposo a venir a apoyarlo en lo que podamos, a pesar de que lo conocemos poco, nos conmueve su entrega con los chamitos del barrio”, contó una emocionada Jessica.

Jessica Montañez, vecina de Kent, en plena faena

Ambos coinciden en que en el maestro ven algo que es difícil de encontrar en la zona: inspiración y vocación para ayudar. Comenta que puede sentir la emoción de los niños al ver los trabajos que adelantan en la escuela junto a su esposo: “Los chamos están muy emocionados. Esto les ha hecho mucha falta. Se acercan, cogen los libros y preguntan cuándo podrán volver”. La generosidad del joven maestro y las ganas de enseñar sin pedir nada a cambio han motivado a esta pareja a ser más que espectadores de esta historia. 

Daniel Castro es el encargado de las reparaciones de la estructura,

“Ahora los niños tienen comida, pero muchas veces no tienen en donde estudiar”

Andreina Reyes, gerente nacional de desarrollo comunitario de Alimenta La Solidaridad, comenta que han podido observar como se ha ido complicando el tema de la educación en las comunidades en donde tienen sus comedores. Servicios públicos en detrimento, inseguridad y otros factores tiene una incidencia directa en la alta deserción escolar.

“No importa de dónde vengan los chamos, estamos empeñados en que todos tengan las mismas oportunidades de poder desarrollarse y que aprendan a leer y escribir”, comentó.

Andreina Reyes, de la Red Nacional de la ONG Alimenta La Solidaridad

Es por eso que nace el proyecto de formación escolar “Educación y Emprendimiento”, el cual consta de nueve sesiones en donde se imparten 3 módulos y en donde se graduó Kent. Tiene como propósito darle las herramientas a personas de la comunidad para que puedan enseñar lectura y escritura. Previo a la pandemia, estas personas iban a colegios y escuelas amigas de la Red Nacional de ALS a formarse, pero cuando se decretó la cuarentena, se vieron en la necesidad de cumplir con el distanciamiento social. Aún así, siempre mantuvieron estos programas de formación. Con la flexibilización de la cuarentena, ya están en conversaciones con especialistas e instituciones para retomar estas alianzas.  

Mucho más que un comedor

Estos programas de formación y diagnóstico en las comunidades han servido como un motor impulsor de acción. Los padres y madres que hacen vida en estos comedores, al darse cuenta de  que muchos de sus hijos no podían escribir sus nombres, menos leer un párrafo, encendieron sus alarmas e intensificaron el entrenamiento para poder ponerle freno a esta problemática.

“Nosotros tenemos que hacer algo»,  es la conclusión a la que llega la comunidad y por la que deciden entonces inscribirse en estos programas y ser parte de la solución, comenta Reyes, satisfecha de poder generar estos cambios y el impacto que los mismos representan. 

La emoción que genera la reapertura del salón es palpable

“Estos programas no tienen intención alguna de sustituir la responsabilidad que tiene el Estado en lo referente a la educación en estas comunidades, ” aclara Reyes, mientras comenta que la intención es dar respuesta a las múltiples solicitudes de padres y madres que desean contribuir de una manera más completa con la formación de sus hijos. 

Informática, programación y otras áreas de formación son parte de los planes que tienen a futuro en Alimenta La Solidaridad para complementar los ya existentes en materia de educación básica, algunos incluso ya se encuentran en fase piloto.  

Si luego de leer este reportaje, usted desea sumarse a este tejido de personas que buscan apoyar este tipo de iniciativas, ya sea mediante la donación de textos y bibliografía o con materiales para mejorar las condiciones del salón, puede hacerlo poniéndose en contacto con Alimenta La Solidaridad Petare en este enlace