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Historia

A la historia de La Casona le faltan los presidentes

 

La Casona, la residencia  de los presidentes de Venezuela, ha vuelto a abrir al público luego de dos décadas privatizadas por una familia. Ahora tiene horarios de visitas y guías, cual museo. Y es ese el espíritu del recinto que le imprime el ministro Ernesto Villegas: una casa museo que honra a Aquiles Nazoa, nadie sabe bien por qué. Tanto, que el recorrido obvia lo más importante del lugar: haber albergado en sus muros el poder presidencial, la historia contemporánea de la democracia y, también, los miedos de aquel asalto golpista de 1992

 

Por Gabriela Rojas y Victor Amaya

No hacía falta tres recorridos para aprenderse el resumen histórico que acompaña las visitas guiadas en La Casona presidencial, ahora rebautizada como Casona Cultural Aquiles Nazoa. Sin embargo, tres veces pudimos caminar de nuevo por esos recién aireados pasillos, luego de cruzar los jardines que “las infantas” habían convertido en patio de juegos y jolgorios, según relatos de los vecinos del lugar que aún recuerdan la música a todo dar.

La primera vez fue a pocos días de su reapertura al público el 13 de diciembre de 2019, una inauguración que fue presentada como un logro de la “revolución” ante la misma gestión que cerró sus puertas y la sumió en un largo hermetismo de casi 20 años. No olvidemos que en tiempos de “la cuarta”, la residencia oficial de la Presidencia de la República permitía visitas guiadas en días específicos de la semana para que grupos organizados pudieran conocer el recinto.

La segunda visita de TalCual fue en pleno asueto navideño para ver si los jóvenes guías habían tomado confianza y aprendían mejor el brevísimo guión que acompaña cada estación. Y la tercera vez, durante los primeros días de enero, para ver si con el nuevo año había una identidad más clara de este espacio.

Pero en las tres oportunidades, la historia se repitió. Un recuento oficial lleno de baches, imprecisiones, caletres juveniles, pero en especial de omisiones. La más obvia es que en los relatos que son narrados a los visitantes se borraron los nombres de los presidentes que habitaron esta casa, básicamente la historia clave y diferenciadora de la residencia oficial de los Jefes de Estado venezolanos desde su decreto oficial en 1964 y que tuvo como primeros inquilinos a la familia Leoni desde la noche del 19 de marzo de 1966.

En cualquier parte del mundo, una visita a un edificio similar pasa por entender que allí se asienta la historia política y del poder de esa nación. Lugar donde ocurren recepciones, encuentros internacionales, registro de momentos históricos, acuerdos fundamentales. Pero en Caracas nada de eso es reflejado en el recorrido. Después de todo, la visión que está imprimiendo la gestión del Ministerio de Cultura encabezado por Ernesto Villegas es una meramente museística, si acaso.

Cualquier visitante con más de 30 años o algo de cultura general es capaz de corregir los errores y completar las confusiones en las fechas, nombres y detalles históricos que tratan de hilar los guías desde que dan la bienvenida.

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“A la libertad por la Universidad”, por Antonio José Monagas

LA AUTONOMÍA UNIVERSITARIA, ha inspirado no sólo momentos de lucha académica, política y social. Ha sido el blasón que ha exaltado actitudes, tanto como ha prescritos episodios y guiado decisiones volcadas en palabras escritas o pronunciadas.

América Latina, ha sido escenario de importantes acontecimientos en defensa del espíritu de libertad que aviva la conciencia de quienes fundamentan la gestión universitaria en la comprensión y ejercicio de la autonomía universitaria.

Por ejemplo, Córdova, en 1918, lideró la reivindicación de la autonomía universitaria como la razón (política y social) de ser de la academia universitaria. Fue el espacio donde se conjugó la disposición necesaria para que de su esencia, se radiara y comprendiera todo lo que diera forma, sentido y dirección al lema que en América Latina cobijó la lucha por la autonomía universitaria. Así se vivió, entrada la década de los sesenta del siglo XX. Fue como bajo el expresión “a la libertad por la Universidad”, distintas comunidades académicas se volcaron a la calle para exhortar todo lo que cabía bajo tan connotada frase.

Así continuó animándose el quehacer universitario. De ese modo, se proyectaba lo que significaban los derechos académicos que infunden movilidad propia al libre desempeño sobre el cual se apoya la docencia, la investigación, la extensión y la gerencia universitaria. Los hechos que para entonces se dieron, enaltecieron el concepto de universalidad del pensamiento. Particularmente, en quienes sentían la vibración de la funcionalidad universitaria, Aquellos eventos prendían esperanzas de cambio. Así se abrían ventanas al futuro y puertas al estudio.

Es conveniente que se conozca el problema que, históricamente, ha significado la labor de una universidad en un contexto de libertades políticas, sociales y académicas. El hecho que ha representado ir tras la verdad, tanto como destacar los valores fundamentales del hombre desde el compromiso que su naturaleza académica determina, le ha ganado el desdeño de gobiernos que pretenden controlar al ciudadano. O que busca someterlo a través de forzados aprendizajes que colisionan con las libertades que respira la Universidad toda vez que enseña a pensar con criterio autonómico y crítico. Distinto de lo que significa enclaustrar el pensamiento en un ámbito de cerrada condición cultural, política y económica. O que es lo mismo, entubar el pensamiento por una brecha atascada de ignorancia.

La autonomía universitaria es un símbolo tan especial que, en su necesidad de fundamentar el conocimiento asido a la libertad de pensamiento, motiva un derecho político cuya soberanía sólo puede comprenderse y ejercerse mediante formas de articulación que vinculen necesidades e ideales con propuestas y realidades. Pero eso no es ni fácil de entender, ni tampoco sencillo de aplicar. Un marasmo de complicaciones inducidas por rivalidades, egoísmos y envidias, suelen trabar y tramar cualquier vía o canal que posibilite el acceso del hombre libre, cultivado bajo el amparo que puede permitir el sentido autonómico de del conocimiento, a posicionar sus valores en alguna situación donde su juicio tenga el debido arraigo y provecho colectivo.

De ahí que apostar a la autonomía universitaria, es impulsar el libre desarrollo de la individualidad, el legítimo derecho a inventarse formas que den sentido a las expresiones del ser humano, la participación sin temor a importunar el espacio de la palabra. Asimismo, darle vuelo al ejercicio de la política como acertada razón de vida fortalecida y productiva.

La autonomía universitaria es un proceso continuo que, al concienciar al universitario en su papel de actor político tras la defensa del honor, la dignidad y la majestad de la educación libertaria, adquiere la fortaleza necesaria para consolidar la identidad institucional. Eso, sólo puede alcanzarlo el universitario consciente al demostrar -ante el entorno político, económico, cultural, científico, humanístico y social que cobija su vida- su disposición de apoyar la construcción de una sociedad más igualitaria, libre, solidaria, democrática y de propia determinación.

Por eso, el autoritarismo en subversiva complicidad con el totalitarismo que encubre la ofuscación y estupidez de gobernantes de indolente actitud, siempre reta la intelectualidad académica universitaria a enfrentar a la sórdida condición de las bayonetas. Aún así, y a pesar de la desigualdad de tan absurda confrontación, siempre se elevará por encima de cualquier circunstancia, crisis o desafío, el histórico grito que alcanzó a tramontarse sobre los cuatro vientos y enarbolarse sobre los cuatro puntos cardinales: “a la libertad por la Universidad”.

La caída del muro venezolano, por Carlos Valero

LA VENEZUELA DE HOY NOS HACE RECORDAR la historia de otros países. Nos remonta al año 89 del siglo pasado, vivir aquella Alemania dividida por una pared durante tres décadas. Similar nos sucede hoy: un muro -imaginario- de miseria, corrupción y apatía que nos ha mantenido bloqueando durante 20 años los avances del primer mundo y elementos tan básicos como los servicios públicos.

En aquella época, nadie imaginaba que los 155 kilómetros de concreto que los dividían iban a ser derrumbados una de esas madrugadas. Todos estos procesos de cambio frente a un régimen totalitario tienen esos bajones emociones, momentos de desesperanza inducidas por regímenes inhumanos y crueles.

Pero lo que viene sucediendo y lo que sentimos la mayoría de venezolanos este año me hace pensar que fue el mismo sentimiento que tuvieron los alemanes aquella madrugada del 10 de noviembre cuando derrumbaron las primeras piedras del muro de Berlín. Allí se abrieron las puertas a la libertad y a la unión entre sus ciudadanos.

¿No creen que nos pasa igual? O acaso, ¿qué siente usted cuando lee todo lo que hemos esquivado y atravesado los diputados de la Asamblea Nacional en los últimos 4 años? En 2015 comenzamos a derrumbar ese muro junto al pueblo que nos eligió, allí se abrió el camino a la libertad que hoy vemos más cerca que nunca.

20 años después de aquel 1999 cuando llegó Chávez al poder, hay una generación que no conoce la democracia, que lucha por un país libre y ¿como no acompañarlos y quedarnos de brazos cruzados? Venezuela vale la pena.

Por eso nos hemos arriesgado, hay compañeros que han perdido su libertad y hasta su vida, como Fernando Albán y nuestros héroes jóvenes que asesinaron en las manifestaciones.

Este año nos sorprendió una tarea que no estaba en agenda: liberar a Venezuela. De la mano de nuestro presidente Juan Guaidó hemos agarrado la faena. Calle, calle y más calle a pesar de las amenazas, el cerco comunicacional, la censura y la intimidación.

No van a poder con las ganas de libertad que tenemos y mucho menos cuando visitamos esos sectores populares y vemos cómo el hambre y la miseria han consumido y divididos a esos hogares. Ni hablar cuando escuchamos un testimonio de algún familiar pidiendo ayuda para conseguir un medicamento o cuando vivimos el llanto de unos padres deseando que sus hijos regresen. Eso nos duele y nos mantiene firmes.

Nos propusimos devolver la esperanza. Estas semanas nos ha tocado abrir las fronteras de la libertad. Así le llamo a la ayuda humanitaria que, para mí, representa esa caída del muro de Berlín. Pues en estos días hemos vivido lo que somos los venezolanos: cooperación, unión y trabajo.

Visitamos los estados fronterizos y es increíble como la gente entra y sale hacia Colombia o Brasil buscando satisfacer sus necesidades básicas que aquí no consiguen. Son incontables los testimonios de personas buscando medicamentos, hay quienes venden ¡todo! para poder viajar y salvarle la vida a su ser querido.

Mientras tanto, el régimen y los usurpadores que se mantienen en el poder niegan que hay una crisis humanitaria y nos acusan de traidores a la patria. Traicionar la patria es chantajear al pueblo con una caja de comida o con beneficios dentro del sistema de salud pública.

Pero estamos en dolores de parto. Esto que estamos viviendo es lo último que viviremos antes de la libertad. Estamos derrumbando esa especie de Muro de la vergüenza que ha levantado el régimen y usado para reprimir a unas Fuerzas Armadas que deberían estar protegiendo el ingreso y la distribución de alimentos y medicinas que tanto necesita nuestra gente.

Sin duda alguna habrá un cambio político este año, seguramente vendrá un nuevo gobierno, pero debemos garantizar que el modelo de inclusión y democracia que se construya, permita niveles de gobernabilidad y estabilidad en el futuro, para que no ocurran regresiones autoritarias como en Rusia. La Venezuela que construiremos será un crisol de ideas progresistas, modernas. Nuestro modelo de desarrollo será ejemplo al mundo. Atrás quedará la barbarie y el uso del poder para servir obscenamente a unos pocos. Se puede y vamos muy bien.

@carlosvalero08

¡Venezuela despierta! Falta que Europa no se quede dormida, por Orlando Viera-Blanco

La situación que está viviendo el país en los últimos días no tiene precedentes ni en tiempos de dictadura o democracia, ni en los gobiernos de Chávez y Maduro. Las circunstancias políticas, económicas y sociales de entorno son diametralmente diferentes, y la forma de enfrentar y contener el desmontaje republicano del Estado (protesta, cabildos, dimensión de las manifestaciones), también es inédita. Para colmo de complejidad, hoy tenemos nuevo presidente encargado y juramentado: El Ingeniero Juan Guiadó Márquez.

BREVE HISTORIA

Cuando Hugo Chávez se mandó hacer su traje a la medida, la Asamblea Constituyente de 1998 [no prevista en la Constitución de 1961], hizo parir la Constitución Bolivariana de 1999, llevando a Venezuela a un dramático retroceso histórico. Calcó las constituciones militaristas del siglo XIX y mediados del siglo XX, conductoras de una autonomía voraz en las FFAA, que propició la militarización de la función pública. Chávez se proclamó entonces como el gran Caudillo-Comandante (taita) de una nueva República Bolivariana, que dejaba de ser ciudadana y comenzaba a ser una granja…

Rápidamente la sociedad civil-con imborrable ADN democrático-comenzó a movilizarse en protestas abiertas contra las intenciones absolutistas y autoritarias de Hugo Chávez. “Con mis hijos no te metas” fue una de las primeras protestas en contra del Decreto 1011, promulgado por Chávez, para modificar el reglamento de práctica docente, creador de supervisores itinerantes con obvias intenciones de adoctrinamiento. Vinieron otras manifestaciones de la Industria Petrolera, sindicatos y gremios corporativos. Cuarenta leyes dictadas por Chávez en el marco de una ley habilitante-sic-enervaron la paciencia de los ciudadanos. Este movimiento desbordó los afanes confiscatorios de Hugo Chávez, originando los sucesos del 11 de Abril/2002, cuando lo obligaron a dejar el poder. Sin embargo la falta de planificación, agregación, consolidación y coherencia política y militar, permitió su regreso dos días después.

El país continuó resistiendo valiente y fervientemente. Salió masivamente a votar el Referéndum Revocatorio contra Chávez (2005), quien apoyado de un andamiaje plebiscitario defraudatorio (Smarmatic & Corp), pilló una evidente mayoría popular en contra. La gente volvió a la calle a defender la propiedad privada y la alternancia en el poder [2007], cuando que Chávez intentó modificar la constitución para eternizarse. La oposición ganó pero jamás se supieron los resultados. En 2009 Chávez pasó la reforma de reelección, apoyado de Smartmatic y una manifiesta parcialidad ventajista del Poder Electoral.

Las protestas más elocuentes fueron 2014 y 2017, ambas bajo la arenga de la salida, que condujeron a más de 5.000 detenciones arbitrarias, 3.000 juicios incriminatorios y más de 200 muertos en ambos períodos. Un sinnúmero de torturas y abusos represivos. Sin duda, estas protestas conocidas como marchas, enfrentaron un careo muy desigual contra un gobierno salvajemente represor donde los más jóvenes pagaron con sus vidas y su libertad. Muchachos ataviados de cartón y hojalata-que lucharon contra tanquetas de balines de vidrio, perdigones y balas- murieron o fueron gravemente heridos, diezmando los ímpetus de la gente y elevando sus miedos. Lo que nunca se vio en estas protestas-al menos de forma significativa-fue la presencia de los desposeídos, los miserables. Se quedaban en casa o salían a la calle pero buscando qué comer.

AHORA LA HISTORIA ES OTRA

Las movilizaciones que se están produciendo en Venezuela-decíamos-ahora van de abajo hacia arriba. De los pobres a los sectores medios. Tienen un entorno político, social, económico, táctico y militar distinto. Políticamente Maduro ha quedado desnudo, desconocido a lo interno y a lo externo del país. Su mandato expiró. No fue elegido de forma justa y transparente. Las elecciones fueron convocadas por una Asamblea Constituyente ilegítima y portátil. Su autoritas es casi cero…Al tiempo de escribir estas líneas, una cascada de países liderada por EEUU han reconocido a Juan Guiadó como Presidente Interino de Venezuela. Bendición previamente declarada por Donald Trump que facilitó la decisión de Guiadó de juramentarse. Ahora ir por él tendrá otras consecuencias internacionales.

Socialmente tenemos a un pueblo hambreado y moribundo que llegó a un punto donde la alternativa antes de morir o irse, es salir a la calle a dar la vida por sobrevivir…Económicamente somos un país en ruinas sin que Maduro tenga margen de maniobra para sacarlo a flote…En lo táctico por primera vez la protesta no va de autopista en autopistade plaza en plaza, correteada por colectivos, guardias o policías bolivarianos. Los Cabildos Abiertos han desarmado al gobierno. Por primera vez el pueblo de a pie se pliega a estas concentraciones. Y las FFAA no tienen disposición de reprimir a una masa crítica con la cual se identifican por verla con la misma piel, languidez y tristeza con la que ven a sus propios vecinos y familiares. Hoy oficiales, policías y soldados acumulan sus propios miedos y quieren saltar de bando, parar, desobedecer o irse.

Hoy es otra historia. Las concentraciones, cabildos y protestas no se reducen a centros urbanos y capitales entre Caracas, Táchira, Puerto La Cruz o Maracaibo. Al tiempo de escribir estas líneas sólo en un día se activaron-espontáneamente-más de 100 manifestaciones en 80 ciudades y poblados del país. El 23 de Enero es sólo el comienzo. Un movimiento de movimientos, horizontal, masivo, incontenible, popular, crítico y profundamente humano, que desbordará las maledicencias del régimen. ¿Resistirá Venezuela?

LA COMUNIDAD INTERNACIONAL VS. RESPONSABILIDAD DE PROTEGER

¡Venezuela: ahora sí! Es quizás la última gran oportunidad de oro. Si el país se desborda, Guaidó asume como Presidente Interino y el gobierno opta por una represión desmedida, la comunidad internacional, el euro centrismo representado en el Parlamento y la Comisión Europea, deberán permutar la diplomacia de micrófono por la diplomacia preventiva y restitutiva prevista en el Capítulo 7 de la Carta de las Naciones Unidas sobre Injerencia Legítima. Los venezolanos no sólo han luchado por su libertad. La han madurado, por lo que el costo en vidas, torturas y barbaries, no debería repetirse bajo la mirada impávida de Europa. Si Guaidó es detenido, perseguido o de algún modo agredido, Europa y el mundo deben responder con una coalición de países, comprometida a exigir la libertad y cese de hostigamiento de Guaidó y al pueblo venezolano, al punto de activar la justicia internacional, seriamente.

En dos oportunidades [2014 y 2017] Europa fue testigo de primera fila de las atrocidades impunes, espantosas y crueles perpetuadas por el régimen de Caracas. Si el pueblo venezolano hace lo suyo por desencadenarse, esperamos que Europa también haga lo propio por rescatarlo. Europa y el Mundo serían corresponsables de un holocausto en Latinoamérica, si ante un despertar de un pueblo indefenso sin armas, se quedan de brazos cruzados viendo masacres y detenciones por internet…

Kofi Annan S/G ONU a propósito del genocidio de Ruanda escribió en su discurso sobre La Responsabilidad de Proteger en la Cumbre NNUU/ 2004: “¿Por qué nadie intervino?. No deberíamos dirigir esa pregunta sólo a las Naciones Unidas, o siquiera a sus Estados Miembros. Nadie puede aducir ignorancia. Todos los que desempeñaban algún papel en los asuntos mundiales deberían preguntarse: ¿Qué más pude haber hecho? ¿Cómo reaccionaría yo la próxima vez, y qué estoy haciendo ahora para que sea menos probable que haya una próxima vez?

Espero Europa se lo cuestiones: ¿Por qué nadie interviene? ¿Por qué no intervenimos? ¿Qué haremos para evitar lo que sabemos sucederá? Ojalá Europa teniendo algo que evitar, lo evite y se lo premie, o por el contrario, evitando poco o nada: ¡se lo demande!

Venezuela despierta. Está encendida. Sólo falta que Europa y el mundo, no se queden en la cama…

 

@ovierablanco

Un triste intento de dilema hamletiano, por Alejandro Armas

 

EN ESTA COLUMNA, QUE ACABA DE CUMPLIR TRES AÑOS DESDE SU PRIMERA PUBLICACIÓN, se discuten los hechos del pasado en un esfuerzo por entender mejor los del presente. Aunque por lo general el retrovisor es enfocado para tener perspectiva de lo que ha ocurrido en tiempos relativamente distantes, aquello que arbitrariamente llamamos “historia”, en realidad no hay ninguna limitación fija sobre qué tan cerca podemos dirigir la mirada, aunque por otro lado comentar hechos acaecidos ayer haría que la columna perdiera su particularidad. En esta ocasión la marcha atrás no será muy larga. Nos atañen hechos que se remontan al año pasado, a propósito de la proximidad de una elección, votación o como lo quiera llamar, para designar concejales en todos los municipios del país.

Es verdaderamente lamentable ver que a estas alturas del partido los sectores en que se ha fragmentado la dirigencia opositora, junto con sus respectivos adláteres intelectuales, siguen peleando de manera encarnizada en torno a la pertinencia de la participación en el “proceso”, término empleado a falta de uno mejor para designar lo que sea que se llevará a cabo el domingo 9 de diciembre. Este patético enfrentamiento es quizás la manifestación más sobresaliente de un problema mayúsculo que embarga a todo el liderazgo disidente. A saber, la falta de una estrategia que coordine diferentes acciones orientadas a conseguir el cambio político que urge a un país hecho trizas.

La oposición venezolana jamás ha sido homogénea. En su seno conviven diferentes ideologías que van desde la socialdemocracia hasta el liberalismo, pasando por algunas organizaciones de tendencia democristiana, socialcristiana o conservadora. Lo que amalgama a todas es su repudio al chavismo y su aspiración a desalojarlo del poder. Pero es en este punto que surgen otras divergencias, puesto que cada partido político tiene más o menos una idea vaga de cómo lograr el objetivo. Las primeras aproximaciones al problema fueron bastante irregulares, pero a partir de 2006 y durante una década existió el consenso entre los partidos relevantes en torno a una estrategia con el voto como punto de partida. Así pues, la oposición participó en todas las elecciones durante ese lapso, esperando en algún momento acumular suficiente apoyo ciudadano para arrebatar el poder al chavismo. La Mesa de la Unidad Democrática fue la coalición creada para impulsar tal estrategia.

El detalle es que la MUD nunca se planteó, al menos de forma acertada, qué hacer con el poder conferido por el voto mayoritario, como quedó demostrado luego de la conquista de la Asamblea Nacional.  Dicho poder, como todos sabemos, fue confiscado por los poderes públicos subordinados a los intereses de la elite oficialista. Entonces, poco a poco, la coalición hizo implosión debido a diferencias irreconciliables sobre qué hacer más allá del voto. Las protestas del año pasado cohesionaron por un tiempo a los diferentes sectores, pero una vez que estas terminaron, la ruptura se volvió irremediable. Consciente de ello, el Gobierno permitió la convocatoria al proceso para designar gobernadores, tras un año de retraso flagrantemente inconstitucional.

Un grupo en la oposición, que a partir de ese momento integró el movimiento Soy Venezuela, estableció como punto de honor no participar más en ningún tipo de proceso, convencido de que de ninguna manera se lograría avanzar hacia la meta por ese camino y de que, peor aún, tal participación serviría para legitimar el régimen ante la comunidad internacional democrática. En cambio, los partidos que permanecieron en la MUD decidieron tomar parte, asegurando a los ciudadanos que serían capaces de propinar otra derrota al chavismo, contrarrestar cualquier fraude e incluso acercar la causa opositora a su objetivo final. Esta divergencia polarizó a ambos sectores opositores y desató un alto nivel de agresividad entre ellos que hasta hoy se mantiene.

En teoría, es incorrecto afirmar que el fin de los autoritarismos y las transiciones democráticas no pueden empezar con elecciones. De hecho, el siglo XX brindó varias ilustraciones de tales procesos. Para los latinoamericanos, la más conocida es el Chile de Pinochet. Incluso si el régimen no reconoce el triunfo opositor, la participación electoral puede ser el catalizador de un conjunto de hechos (normalmente protestas masivas, presión internacional o un conjunto de ambas) que precipiten una crisis en la cúpula gobernante y la obliguen a entregar el poder. Esa es la tesis tantas veces esgrimida por admirados especialistas, como el profesor John Magdaleno. No obstante, estos procesos requieren de una estrategia diseñada meticulosamente por el liderazgo opositor. Es indispensable estar preparado ante cualquier escenario luego de que todas las urnas hayan sido revisadas, da manera que los elementos de poder favorables se movilicen al instante.

Como todos ya sabemos, la MUD no contaba con esa estrategia cuando decidió participar en el proceso regional del año pasado. Grandísimo error. Aunque hubo factores alentadores, como el visto bueno de la comunidad internacional democrática, no se planificó qué hacer tras el día del sufragio. Como consecuencia, la coalición fue incapaz de hacer valer su reclamo contra los vicios de la jornada con el respaldo activo de los ciudadanos, quienes cayeron naturalmente en profunda decepción y frustración. Solo el veterano dirigente Andrés Velásquez pudo mostrar pruebas de fraude electoral, sin que eso bastara para desatar un evento importante.

Desde Soy Venezuela la reacción fue un “Se los dije”. Alegría de tísico, puesto que este movimiento adolece del mismo problema al no tener una estrategia que trascienda la abstención.

Luego de aquel día fatídico, la MUD terminó de resquebrajarse por nuevas diferencias entre sus integrantes sobre la participación en procesos. Pese a todas las advertencias de déjà vu, Henri Falcón y sus aliados se fueron por el mismo camino de las regionales buscando llegar a Miraflores y el fiasco fue aun mayor. A pesar de ello, hoy siguen llamando a votar sin más, esperando inexplicablemente un resultado distinto. Recientemente, el triunfo opositor en las elecciones de la Universidad de Carabobo fue presentado de forma abusiva por este sector opositor como prueba de que todavía es posible derrotar al chavismo en elecciones, sin tener en cuenta la obvia diferencia entre los costos para la elite oficialista de no controlar una organización estudiantil y los costos de no controlar el país. El símil, ya débil, recibió una estocada final con la sentencia del Tribunal Supremo de Justicia que obliga a la universidad a proclamar como ganadora a la abanderada del chavismo.

Finalmente, estamos de vuelta ante la perspectiva del proceso para las legislaturas municipales. La situación no ha cambiado ni un ápice con respecto a las regionales de 2017. Ergo, cualquier participación electoral sin una estrategia para el día después del voto está condenada a repetir la experiencia. Y de todas formas, si la dirigencia opositora hubiera contado con tal estrategia, el momento indicado para aplicarla habría sido el proceso presidencial de mayo, dado que hubiera estado el centro de todo el poder en juego. Por otro lado, la abstención en solitario tampoco supone ningún avance. En conclusión, el debate sobre votar o no, que tanta animosidad produce entre los bloques opositores, es fútil, un triste intento de dilema hamletiano. Solo una estrategia amplia puede hacer del voto o la abstención herramientas útiles para la causa opositora. Los sectores de la dirigencia deberían estar trabajando en construir esa estrategia. En vez de eso, se concentran en tratar de desplazarse los unos a los otros, mientras la nación se hunde en la miseria más atroz. Una vez más, me permito instarlos a evaluar prioridades.

Si usted, estimado lector, esperaba encontrar en estas líneas una respuesta a la pregunta sobre la conveniencia del voto el 9 de diciembre, no la encontrará. Esa es una decisión de cada ciudadano. Me limito a señalar que antes de decidir hay que entender la naturaleza del proceso. En primer lugar, por todo lo anterior, nada de hacerse ilusiones sobre el mismo como acelerador de un cambio nacional. A lo único que puede aspirar es a preservar aunque sea un poco la calidad de vida en su municipio, teniendo en cuenta que la elite oficialista puede quitar cuando quiera y de un zarpazo las atribuciones de los funcionarios electos, si es que los reconoce como ganadores en primer lugar. También tiene que considerar que muy probablemente, si su candidato gana, lo obligarán a juramentarse ante la “Asamblea Nacional Constituyente”. Si usted tiene todo esto en cuenta y quiere votar, hágalo.

Posdata: Como dije más arriba, esta columna está en su tercera semana de aniversario. De nuevo, quiero agradecer al maravilloso equipo de Runrunes por esta pequeña ventana que se da por satisfecha si contribuye dentro de sus modestas posibilidades al debate por una Venezuela mejor. En más de cien artículos publicados, jamás me han modificado una coma, lo cual vale mucho en tiempos de censura brutal. Por supuesto, también expreso mi gratitud a quienes me honran con su lectura, sobre todo si dejan comentarios. Elogios y críticas son bienvenidos por igual. En tres años me han brindado sonrisas y aprendizaje. A todos: ¡Mil gracias!

 

@AAAD25

Jaime López-Sanz: “Los lados oscuros de la historia están más presentes en el psiquismo moderno de lo que creemos”

@diegoarroyogil

JAIME LÓPEZ-SANZ ES PROFESOR DE LITERATURA Y PSICOTERAPEUTA. Su actividad docente se ha desarrollado, principalmente, durante varias décadas, en la Escuela de Letras de la Universidad Central, pero también ha dado clases en el Centro de Estudios Junguianos, en Caracas, y en otras instituciones. Renuente a conceder entrevistas para la prensa, el profesor López-Sanz es un conversador excepcional.

Gracias a una manera muy suya de proceder, en la que a veces hay bajones de voz inesperados, o, por el contrario, énfasis que ponen en alerta, el intercambio con él resulta bastante animado en tanto que siempre está presente la guía de una emoción. Lo fundamental, en todo caso, es que López-Sanz habla asomando imágenes o relatos que, a primera vista, pueden hacer preguntarse al interlocutor “¿A dónde va esto?”, pero que luego se revelan como dadoras de otro suelo para la reflexión y, por descontado, para la vida. (Cuestión de profesor de literatura y de psicoterapeuta, se supone). Es quizá por esto, por el valor que él atribuye a las indirecciones en la conversación, que al plantearle la posibilidad, ¡a quemarropa!, de explorar “la relación entre historia y psicología”, a ver si la psicología nos ayuda a comprender un poco más asuntos que competen al venezolano (dada la crisis en que estamos, que por momentos parece inabordable y nos lleva a la psique o al alma), López-Sanz diera inicio a la entrevista con una salvedad: “La invitación que me haces me suena demasiado académica. Hablas de ‘Historia’ y de ‘Psicología’, dos grandes disciplinas, pero el tipo de psicología que a mí me interesa es la que procura acercarse a lo que nos ocurre de la manera más espontánea y natural posible con lo que sentimos”.

–Comprendo, pero para ubicarnos permítame una pregunta que creo ineludible: ¿puede la psicología abordar la historia de un pueblo?

–Bueno. Sí, y la palabra crucial en ese abordaje es la palabra complejo. Los complejos históricos son importantes. En Venezuela, por ejemplo, la Independencia es un complejo muy tenaz en el laberinto de la psique venezolana. Todos sabemos de qué se trata la Independencia como episodio histórico que damos por obvio desde que estudiamos en la escuela primaria, pero entrar en el complejo ya es otra cosa. Tal vez una de las acepciones de “enterarse” sea “haber entrado”.

–¿Qué es un complejo?

–Pero ¿esto es una entrevista o una clase de psicología?

–Hay que poner en claro ciertos términos para entendernos mejor, para tratar de despejar.

–Claro… Un complejo es un núcleo de energía vital, del que estamos poco o nada conscientes, que compromete el funcionamiento de la psique personal o colectiva. En el caso de nuestra psique colectiva, la Independencia es una barrera que nos dificulta entrarle a lo que hay detrás de la propia Independencia desde un punto de vista histórico y humano… Pienso en todo lo que heredamos de la Colonia: los afectos familiares, de todo tipo; la relación viva con la tierra y con el paisaje, asuntos que con el complejo independentista se volvieron un lío y, desde entonces, el venezolano lo que quiere es libertad, pero no sabe libertad de qué, ni frente a qué, ni con qué elementos cuenta para ser libre. Pero eso habría que concretarlo más. Yo he insistido, durante años, mediante la literatura, la venezolana y la europea, en la necesidad que tenemos de explorar el complejo heroico venezolano, que está asociado con la Independencia.

–Es un asunto que usted ha estudiado y, precisamente, quería tocarlo: nuestra relación con el heroísmo…

–Discutir sobre eso es difícil. Una vez la profesora María Fernanda Palacios me dijo: “Yo no sé si se trata de heroísmo o de titanismo lo que nos pasa a nosotros”. Pero es que una cosa está muy cerca de la otra, aunque parte de la tarea consista justamente en diferenciarlas, siempre con la ayuda básica de la literatura. Fíjate que una vez un médico con cierto prestigio en Venezuela fue interrogado en un programa de televisión sobre la diferencia entre un héroe y un psicópata… Déjame apuntar que titanismo y psicopatía, según los estudios de la psique que siento más cercanos, se vuelven muy afines… La respuesta de este médico, quien fungía de consejero del gobernante de turno, fue que “un héroe es un psicópata que la pegó”. Para mí era obvio que, sin darse cuenta, se estaba refiriendo a su paciente. Yo sentí indignación, pues me cuesta creer que aquel médico desconociera la Ilíada, cuyo gran planteamiento es la conciencia del destino heroico, o siquiera al Cid Campeador, que cualquier estudiante sabe que es todo menos un psicópata. Debo añadir, sin embargo, que cuando yo llegué a estudiar en el Instituto Jung, en Zúrich, hace años, uno de los asuntos del que más oía hablar, en conversaciones fuera de clases, era por qué, en la psique moderna, el héroe no aparece sin que enseguida se deslice hacia la psicopatía. Tenía yo frescos episodios muy recientes y dolorosos de mi formación, de mi adolescencia y primera juventud.

–¿Cuál es el problema con el heroísmo entre nosotros?

–Me estás planteando una cuestión que me cuesta abordar así nomás. En todo caso, creo que el problema con el héroe y con lo heroico entre nosotros, los venezolanos, es que el héroe y lo heroico se disparan mucho hacia el mundo paradisíaco del poder mágico de las ideas. El héroe hace abstracción de donde está él como cuerpo: se abstrae del lugar en el que se encuentra. Entonces toda esa zona, cuerpo y lugar, abandonada a su suerte, se le hace un monstruo: la tierra convertida en una furia, o bien en un paraíso. El ejemplo más evidente, o más a mano, en nuestra literatura, es el caso de Santos Luzardo y Doña Bárbara. Las ideas de Santos Luzardo son de una virtuosidad sin savia vital, es decir, decadente. O, al menos, esa es la impresión que tengo.

–Es paradójico, porque desde el colegio se nos enseña que Santos Luzardo es el ideal de hombre al que debemos aspirar. Santos Luzardo es el hombre llamado a acabar con Doña Bárbara, con la barbarie que no nos permite avanzar.

–Es parte del asunto. Es obvio que Rómulo Gallegos está parcializado por Santos Luzardo, lo cual, desde el punto de vista novelesco, es un gran delito. Quiero decir, identificarse totalmente el escritor con sus personajes. Todo el mundo sabe que hay mucho de Cervantes en Don Quijote, pero uno no puede decir que Don Quijote sea enteramente Cervantes, o viceversa. Gallegos se le monta encima al personaje y no lo deja en libertad, en libertad incluso de que se estrelle, porque toda novela se supone que tiene un toque de “adiós al héroe”. Novelar es bajar al héroe del pedestal. No se trata de ignorar al héroe, ni de olvidarlo, sino de darle su lugar adecuado en la memoria sin identificarse con él. El héroe es una fuente de identificaciones literales del Yo.

–¿Y eso es peligroso?

–¿Cómo que si es peligroso? ¡Es terrible! Terrible para el vivir, para lo que Ortega y Gasset llamaba “el quehacer”. Julio César, en la obra de Shakespeare, dice que los cobardes mueren muchas veces antes de morir y que los valientes mueren una sola vez. El valiente es el héroe, claro. La muerte del héroe es una muerte única y sola, algo que inspira un enorme respeto, respeto que empieza por no permitir la identificación con él. El héroe muere una vez, sí, pero en la novela como género literario el personaje tiene que aprender a morir varias veces y, en ese sentido, a pasar por cobarde, incluso y sobre todo ante sí mismo. En toda novela auténtica el héroe se humaniza, es a lo que me refiero. Odiseo, que viene de la guerra de Troya, va aprendiendo poco a poco que él ya no puede sacar la tarjeta de presentación para cualquier cosa y decir: “Yo fui quien tomó Troya”. Es eso lo que nos cuenta la Odisea. Porque al terminar la guerra de Troya, Odiseo tiene que ir entrando en límites, aprender con dolor a dejar atrás la luminosidad heroica, y a vivir en una tonalidad más mediada por sus propias oscuridades.

–A ver si entiendo: ¿lo que usted plantea es que a los venezolanos nos cuesta pasar, psíquicamente, de la épica a la novela?

–¡Sí, eso! Pasar de lo luminoso heroico furioso, o bien lo paradisíaco, que en nosotros está puesto en la Independencia y en la palabra mágica “revolución”, al mundo cada vez más gradualmente humano, con sus límites. Porque el héroe es una criatura sobrehumana, una criatura que no está hecha para la vida común, que es la del presente inmediato, sino para el pasado fundacional, que en efecto ocurre una sola vez. Identificarse con el héroe es vivir en permanente actitud inflada y belicosa con los demás. Ve solamente lo que ocurre hoy, en Venezuela, en las redes sociales.

–¿Qué es lo que se frustra cuando aparece el complejo heroico?

–Las oportunidades de movimiento hacia algo más humano, más democrático, más abierto y más prudente e incluso piadoso… Ahora, tampoco es que lo que nos pasa a los venezolanos sea tan único nuestro. ¿Qué está pasando en Estados Unidos con Trump y su supuesta mayoría blanca original y olvidada? ¿Por qué Putin se embolsilla a los rusos? ¿Qué está pasando en España, en Italia, en Alemania? Los lados oscuros de la historia están en el psiquismo moderno más presentes y en la superficie de lo que creemos. No nos han bastado los horrores del siglo XX. Pensemos, por ejemplo, en la ideología nazi. Bueno, no podemos perder de vista que la “ideología” nazi no fue sino el constructo más simplista de complejos muy oscuros del alma alemana y, por lo tanto, esos complejos rebasan los límites del nazismo histórico. En ese caso específico hay que leer a Thomas Mann, quien, de paso, también nos puede ayudar a nosotros con lo nuestro.

–Eso da mucho miedo.

–¿Y no es esa la pregunta que Lorenzo Barquero le hace a Santos Luzardo en un momento crucial de la novela de Gallegos?

–¿Cuál?

–Acuérdate. Lorenzo Barquero, ese personaje que es un degredo humano, que tiene un conocimiento de la miseria muy verdadero porque la vive, le pregunta a Santos Luzardo: “¿No te das miedo, Santos Luzardo?”. La pregunta toca tanto lo vivo que hay ediciones de la novela donde ha sido alterada: “¿No te da miedo, Santos Luzardo?”. Santos replica: “Miedo ¿por qué?”. Y Barquero le responde: “¡No! No te pregunto para que contestes”, y le dice que aquel Lorenzo Barquero de la juventud que Santos admiraba, un hombre que había sido aparentemente genial, era una mentira, y que la verdad era la que veía ahora: un hombre reducido a la miseria. Barquero remata con algo muy duro: “Tú también eres una mentira que se desvanecerá pronto, Santos Luzardo. Esta tierra no perdona. Tú también has oído ya la llamada de la devoradora de hombres”. Lorenzo Barquero le dice a Santos todo eso que es tan importante y, sin embargo, Santos no oye. Piensa que Barquero está borracho.

–¿Qué es lo que esa conversación con Barquero pudo haberle dado a Santos?

–Ese es el punto. Le pudo haber dado una incipiente curiosidad por lo que podría convertirse en Santos Luzardo, más adelante, en conciencia de fracaso. Tomo la expresión “conciencia de fracaso” del título de un ensayo de Rafael López Pedraza que conviene releer periódicamente y que, no por nada, se basa en “Fracaso”, un poema de Rafael Cadenas.

–¿En qué consiste esa conciencia de fracaso?

–Te voy a responder con una historia. Hay un momento, en la Odisea, en que Odiseo desciende al inframundo, al Hades, la región de los muertos. A pesar de haber sido un combatiente de la guerra de Troya, va con pánico. Odiseo baja al inframundo no porque haya muerto, de hecho, está vivo, sino porque, por alguna misteriosa razón, dado que anda errante en los mares, sin hallar el regreso a su tierra, debe ir. Entre las figuras que se encuentra allá abajo está, nada menos, Aquiles, el máximo héroe épico de la guerra. Homero pone Aquiles en el Hades. Al verlo, Odiseo le dice: “Ningún hombre es más feliz que tú, Aquiles, pues antes, cuando vivo, te honrábamos igual que a los dioses, y ahora imperas sobre los muertos aquí abajo”, y Aquiles le responde: “No intentes consolarme de la muerte, noble Odiseo. Preferiría estar sobre la tierra y servir en casa de un hombre pobre, aunque no tuviera gran hacienda, que ser el soberano de los muertos”.

–Es lo que usted llama pasar de lo heroico a lo humano.

–Conciencia de fracaso, es decir, sentido de límites. Aquiles dice que prefiere ser un campesino, pero estar vivo, que ser un héroe entre los muertos. De allí que Lorenzo Barquero, quien a su manera está ya, también, en el inframundo, le recomiende a Santos que tenga una actitud más cautelosa con Doña Bárbara, que es como la tierra que te traga.

–El problema, a fin de cuentas, es que Santos Luzardo se enreda al querer luchar, con actitud heroica, contra eso que es oscuro y que, por esa misma actitud heroica, se lo lleva por delante. ¿Es eso?

–Eso es. Pero esa lucha, en Gallegos, no adquiere la forma de la guerra, del combate bélico. La lucha tiene que ser ahora de otro modo, a través de la imposición de la ley, porque el Gallegos novelista sigue siendo civil y abogado al escribir, y Venezuela está harta de rencillas armadas. La rectitud y la obediencia a la ley, a rajatabla, sin transición, allí se convierte, no obstante, en otro acto de violencia heroica… El título de la novela, Doña Bárbara, lo dice todo: lo da Ella, no él. Digo Ella con E mayúscula.

–Pero qué lío, profesor.

–Por eso te hablaba de la dificultad de hablar sobre este asunto para un medio de comunicación… Bien, hay otro diálogo muy importante en la novela, que se da entre Santos y un llanero ayudante suyo, un hombre leal. Un día él se acerca al patrón, a Santos Luzardo, y le pregunta si es verdad que él piensa ponerle una cerca al Llano. Esa es la cosa: cómo ponerle límites a la madre tierra. La empresa civilizadora, para Gallegos, consiste en cercar, alambrar, ese poder desmesurado. Es lo que yo siento que está detrás, como tema profundo, mítico, en Doña Bárbara. La traba, digamos, es que el método, la fórmula que plantea Gallegos obedece al mismo esquema de la tierra devoradora, y entonces nos quedamos dando vueltas, atrapados en ese cercado. Y ahí andamos. Que cada uno de nosotros vea a su alrededor: vivimos cercados. Nuestro complejo independentista, en el fondo, toma así el aspecto de una obediencia a la madre tierra salvaje, bárbara, de unos hombres que, como hijos suyos, fabricados por ella misma, se sienten también con poderes ilimitados, incluso al necesitar limitar los de ella.

–A propósito de este asunto se dice mucho en Venezuela que hay que “salir del héroe”, ¿usted está de acuerdo con eso, dicho así?

–No, no, no. ¡No! Cuidado. Lo que hay que hacer es escuchar la pregunta que nos fue propuesta a todos por boca de Lorenzo Barquero, quien no quiere respuestas precipitadas, sino que estamos atentos al miedo. Dejar que nuestro cuerpo hable, sin porqués, sin precipitación con el habla y las ideas. Eso de que “hay que salir del héroe” responde al mismo lenguaje de la tierra devoradora, es parte de su retórica. Odiseo no olvida a Aquiles, tal como, literariamente, la Odisea no sería posible sin el recuerdo vivo de la Ilíada. La memoria heroica necesita un lugar. Ese lugar se llamó siempre, entre nosotros, el Panteón Nacional, por ponerlo afuera, porque eso debería equivaler a un lugar interior en el que están sepultados nuestros héroes y siendo objeto de un ritual específico, periódico, que es el culto a los héroes. Eso siempre existió en Grecia y en el mundo occidental en general gracias a Grecia. Sin ese culto cívico los héroes muertos realizan una de sus tendencias más inquietantes, según los griegos, la tendencia a salir de sus tumbas. Y hay que recordar que todos nuestros muertos, nuestros ancestros, se “heroizan” en nuestros recuerdos. A los héroes se los rememora con mucho respeto y la población se educa, para la vida cívica, en ese culto. Eso es lo único que puede permitir que los héroes no anden por ahí saboteándonos la vida. El Panteón Nacional lo construyó Guzmán Blanco, y para mí Gómez dio otro paso en ese sentido. A pesar de todo su salvajismo, Gómez sembró el país con plazas con el nombre de Bolívar y con el busto del prócer. Una manera de darle al héroe, en cada pequeña población, un sitio, un culto urbano, un lugar de convivencia transeúnte. Ahí está el héroe: honrado y tranquilo… ¿Por qué yo discrepo de algunos historiadores que se refieren al culto a los héroes como algo nefasto e incluso se burlan de la palabra liturgia? Porque no se dan cuenta de que todo pueblo necesita de ese culto, y lo necesita porque en él toma forma un instinto legítimo de protección de la psique colectiva. Tú no le puedes quitar al pueblo el sueño heroico, ¿qué es eso? Ese sueño reaparece en períodos de vida colectiva agotada. Como personaje novelesco, Don Quijote está loco, pero como arquetipo del alma española, es un héroe al que Cervantes, gradualmente, va llevando a la humildad de su muerte, a la conciencia de su fracaso. Lo que nos queda, indeleble, a sus lectores, es la paradójica idealidad, no idea, de la emoción caballeresca.

–Me parece que los historiadores llaman “culto” a lo que no es un culto.

–Desde luego. No se puede prescindir del culto al héroe. Otra cosa es que se eduque el pueblo en darle un lugar debido a la figura psíquica del héroe. No se trata de prescindir racionalmente del héroe, sino de ir constituyendo el culto al héroe como la única manera de dejarlo en paz, de que se transforme en una figura si se quiere totémica de la cual no tengamos necesidad de hablar tanto, como si en realidad lo odiáramos. Decía López Pedraza que el culto a los héroes sigue el patrón del culto a los muertos, porque el héroe es el ancestro del colectivo. Los héroes son figuras protectoras que están en el Hades, pero que si son maltratadas porque el culto se equivoca o se plantea mal, se hacen destructoras. Sacar al muerto de su tumba: lo que se hizo aquí literalmente hace poco y que deshizo los dos momentos históricos en que, tengo la impresión, se iba elaborando en Venezuela ese culto.

–En esa acción de sacar los huesos de Bolívar, ¿no hubo culto al héroe?

–No, en absoluto. Eso fue un atentado contra lo sagrado en un grado extremo. Barbarie pura. Se respondía de esa manera a una visión totalmente regresiva de lo heroico. Con la exhumación de Bolívar se tocaron niveles muy profundos y oscuros que hicieron aparecer, incluso, lo supersticioso. Quien no sintió eso en ese momento estaba desatinando completamente, no tenía psique. A un alto funcionario le escuché decir, hace poco, que cuando él vio aquello sintió un estremecimiento como si estuviera ocurriendo algo tremendo… ¡Claro que estaba ocurriendo algo tremendo! Él lo refería como una maravilla, y resulta que era algo terrible, algo posesivo… “¿No te das miedo, Santos Luzardo?”. Cuando se desentierran arbitrariamente los muertos, los muertos se vengan, y no me refiero a nada esotérico sino a un hecho psicológico efectivo. De allí que la gente sienta que ese acto fue pavoso, como se decía antes en Venezuela. Ahí se incurrió públicamente en un trato irreligioso a los muertos, a todos.

–Entiendo que la diferencia entre las plazas Bolívar y la reciente exhumación de los huesos del héroe es la misma que existiría entre tener un portarretrato del abuelo fallecido o ir al cementerio, abrir la tumba y sacar su esqueleto.

–Bueno, bueno, espera…, es que hablar así ya es pavoso… Pero sí: sacar el esqueleto y llevártelo para tu casa para hablar con él. Comprenderás que eso lanza sobre cualquiera una fuerza psicológicamente nefasta. Sentir la emoción de lo religioso es lo que le pone un freno a lo sagrado. Lo sagrado por sí mismo es tanto dador de fuerzas extraordinarias como destructivo. A la humanidad le costó mucho darle imágenes a lo sagrado. Y cuantas más pudiera haber, mejor. Porque de esa manera el hombre se pone a salvo de lo que puede, desde su propio interior, acabar con él y, entonces, construye un espacio humano… No sé si nos damos cuenta de que estamos hablando del culmen del horror, de algo que la psique no puede procesar y que, por eso, la manda al territorio de la superstición. Aquí se cometió un sacrilegio, en el sentido original de esa palabra: una intromisión en el territorio destructivo de lo sagrado.

–¿Qué reacciones causa algo así en una psique colectiva?

–Para empezar, el shock de estar encantados por la mirada de la Gorgona, que mitológicamente es la señora del horror. ¿Tú crees que esos ojos que están pintados por todas partes en el país son accidentales? Esa mirada significa: “Te atreviste a abrir lo que debe permanecer oculto. Has visto lo que no se debe ver”. Esa mirada, que se pretende políticamente eficiente para controlar a la ciudadanía, a quien controló de una manera literal y definitiva fue a quien tuvo el atrevimiento de ver lo que no debía verse. El culto adecuado a los héroes, a nuestros ancestros, reside en el hecho de mantenerlos en el plano de lo que no debe exponerse a la vista pública. El culto a los muertos en Grecia consistía en lo que se ha llamado rituales de aversión, porque en ellos no se les daba la cara frontalmente, sino de un modo oblicuo. Y lo hacía un individuo en soledad. Otra manera de incurrir en esa insolencia salvaje consiste en pretender acabar con el apego a los ancestros de una manera solo racional. Ahora bien, ese colmo de nuestros excesos históricos en relación con el complejo del héroe no puede limitarse, entre nosotros, a una determinada persona o gobernante, que a fin de cuentas sería un instrumento inconsciente de lo que todos llevamos dentro, como riesgo, sin que podamos oír la pregunta de Lorenzo Barquero. A lo largo de estos años he mantenido la inquietud de qué fue lo que hizo con su paciente aquel médico que interpretaba el heroísmo como un azar psicopático.

–¿La mirada del horror nos puede llevar también a todos nosotros?

–¿A ti no te da temor hacer preguntas tan tajantes? No te olvides de que estamos hablando de algo tan frágil y delicado, a la vez tan fuerte, como la psique.

–Tiene razón. La cuestión, de solo plantearla, lo pone a uno un poco raro.

–Como cuando leemos una buena novela o un buen poema, ¿no? El caso es que, para un público culto medio de hoy, el horror es solamente una metáfora, y no es así. Una metáfora de cualquier cosa social, económica, política, y no es así, repito. No entendemos que el horror es una fuerza capaz de mover el psiquismo de un individuo y de un colectivo, pero también de paralizarlo. Por lo demás, no estoy inventado nada. Eso lo han dicho siempre los escritores y los artistas: el horror es algo vivo y actuante, y ellos lo saben porque se baten con eso, tomando más o menos precauciones, aun a riesgo de enloquecer. El horror es contaminante justo porque afecta a un nivel psicofísico. No creas que al responder a tus preguntas como lo estoy haciendo lo hago sin ese temor que te menciono.

–Se ha referido a los artistas. Uno es dado a pensar que están sufriendo de una manera tremenda.

–Tremenda es poco. A los artistas les toca lidiar con todo esto. Lo que, de paso, no es ningún privilegio. Sufriendo estamos todos.

–¿Qué pueden darnos los artistas?

–La conexión imaginal con los hechos. Digo “imaginal”, no imaginaria, porque no es una conexión caprichosa, ni fantástica, ni subjetiva. Es que la imaginación del artista da con certezas profundas y con objetividades que por otra vía no alcanzaríamos. Aristóteles decía que la poesía es más verdadera que la historia. Creo que aludía a esto de lo que estoy hablando… Mira, Enrique Bernardo Núñez escribió una vez que nuestra historia, en punto a lo que se llama “escribir historia”, está bastante bien elaborada, y que las lagunas y los vacíos que persisten no puede llenarlos el historiador: quien debe llenar esas lagunas y esos vacíos es el novelista. Solo el artista puede dar la conexión imaginal, y esa conexión no tiene que consistir, literalmente, en narrar sobre hechos históricos. Tampoco, necesariamente, sobre nuestras familias. También allí, con harta frecuencia, se han estrellado tantos escritores latinoamericanos, al querer hacer novela histórica. No se puede decir que todos, desde luego.

–¿El artista es una psique al servicio de los otros?

–Se puede decir así, pero no olvidemos que el artista trabaja, en primer lugar, en el saneamiento de su propia psique, trabajo en el cual van a aparecer los demás. Si no los vemos dentro de nosotros, esos que llamas “los otros” no van a ser abrazados o antagonizados, sanamente, afuera. La función del artista es ser mediador y servidor, y tener ojo para el peligro, conciencia del miedo. Los artistas son, pero no los únicos, sacerdotes de esa religión sin ortodoxias ni iglesias que es el trato habitual con las imágenes del alma. Les toca ir a lo hondo y regresar, para traernos nuevas imágenes, y así se nos educa el alma. Joseph Conrad dice, en el prólogo de una de sus novelas, que el escritor y el lector deben “sumergirse en el elemento destructivo”, el mar en el caso de esa novela, como en la Odisea. A nosotros se nos quiso sumergir en “el mar de la felicidad”, y mira donde estamos… Cuidado. No es que tenemos que hacer lo que dice Conrad en nuestra vida cotidiana, no se trata de una tarea en la agenda del Yo, sino en tanto lectores, es decir, como aprendices con el artista. El artista sabe, como dice James Hillman, que sin la fealdad no veríamos a los dioses. Al artista le toca hacerlo casi a diario por todos nosotros. Se entiende que no me refiero solamente al nivel de lo que a todos nos afecta: la carestía de la vida, los graves riesgos de salud, las colas para el pan, la inseguridad, etcétera. Ningún pueblo merece ser obligado a vivir en el horror o en el encantamiento cotidiano, sean cuales hayan sido sus errores.

–Según su experiencia como psicoterapeuta, ¿los sueños de los venezolanos deberían estar arrojando imágenes muy fuertes? Lo pregunto por la importancia que la psicoterapia atribuye a los sueños en la vida psíquica.

–Muy fuertes, sí. Y yo mismo, si “profesionalizo” el trato con esas imágenes, arriesgo perder aquel miedo del que hablaba Lorenzo Barquero.

–Disculpe. No le entiendo.

–Es muy importante que la psique elabore, y la psique siempre elabora porque la psique, en realidad, es muy noble. Al presentarnos imágenes terribles en los sueños está manteniendo vivo el miedo a la vez que conformándolo en imágenes. Es decir, la psique nos ayuda a que esas fuerzas que nos sacuden pasen a imágenes con las que podamos vivir. Porque resulta que esas fuerzas nos buscan para que les pongamos límites acogiéndolas conscientemente y pese, o gracias, al mismo miedo.

–¿Cómo nos ayuda la psique además de con los sueños?

–Con la estampida, que es el cuerpo básico defendiéndose, el instinto de huida física, corporal. La reacción animal ante lo repelente.

–Lo que no significa necesariamente huir del país, ¿o sí?

–Puede consistir en irse del país, y las terribles imágenes del éxodo que hemos visto últimamente nos hablan del asunto. Pero también puede consistir en eso que, en una conversación, Rafael Cadenas llamó “insilio”, que es otra forma en que el dios del cuerpo básico, el cuerpo más rústico, el dios Pan, nos protege del encantamiento del horror mediante el pánico. Pan no vive en el Olimpo sino encuevado. Esa huida hacia el exterior o hacia el interior hay que diferenciarla de las exageraciones histéricas, pues Pan es el dios en el que el cuerpo primordial actúa, por decirlo así, en legítima defensa. En cambio, encantamiento es estar privados de la conexión con nuestro cuerpo: lo que hace la Gorgona. No en vano es la cabeza de la Gorgona la que encanta, porque es la cabeza despegada del cuerpo. Es decir, es una cabeza consistente solamente, por ejemplo, en ideas, sin conciencia del cuerpo y del lugar que este ocupa, como lo sugerí al comienzo.

–Pero quiero insistir en esto: hay salida.

–Sí, claro que la hay. Y el cuerpo es el “religante”. El cuerpo es el único capaz de hacer del horror de lo sagrado algo religioso. La psique asimila un hecho crudo y devuelve una gestualidad, una imagen, haciendo con ese hecho lo que llamamos, normalmente, cultura. Y por eso es tan hermoso que en los sueños aparezcan imágenes incluso horrendas, porque es la psique tratando de expulsar el núcleo enfermo en un momento dado, como si nos dijera: “Esta es tu materia prima en este momento, ocúpate en esto, transforma esto en tu propio lugar y cuerpo”. Todos recordamos que los griegos antiguos llamaron a eso catarsis, un término médico, es decir, del arte de curarse, que por cierto no consiste meramente en una descarga ocasional sino en una elaboración artística, o sea, que requiere de un trabajo del lado consciente de la psique.

–Es importante, porque la gente necesita oír que hay salida.

–Sí, pero solo podemos oír eso bien y, en consecuencia, responder adecuadamente a las circunstancias, en defensa de la vida, si primero vemos la dimensión del horror en el que estamos. Si nos sentimos desesperados por una salida es porque todavía no hemos tomado suficiente conciencia de ese horror, y es la misma ansiedad por hallar una salida la que cierra las puertas. No me estoy refiriendo a una salida política, que sería, en última instancia, la consecuencia imprevisible de la otra a la que sí me estoy refiriendo, a la que entendí que aludía tu pregunta.

–Sí, cuando hablo de una salida quiero decir salida a una crisis psíquica.

–Ya… La psique también nos puede ayudar haciendo que nos demos cuenta de que la palabra crisis es un comodín vacío del lenguaje. La psique siempre vive en crisis, es un reiterado llamado a no olvidar el trasfondo de horror sobre el que se mueve el vivir… ¿Sabes que Atenea, la diosa de la polis, de la ciudad, lleva la imagen de la Gorgona en su escudo? Hay un vínculo entre el horror y la polis, entre el horror y la vida organizada de la ciudad. De todas las divinidades que ayudan a Perseo, que es quien le corta la cabeza a la Gorgona, Atenea es la principal, y ella se queda con el trofeo. Ella, no el héroe que llevó a cabo la tarea. De manera que Atenea es la Gorgona transformada en un poder benéfico. Ese es el meollo de la psicología profunda: trata sobre procesos de transformación de lo mismo en otra cosa que era su posibilidad oculta sana. Un remanente de aquel horror permanece, y entonces la ciudad, la polis, cuando tiene que protegerse, asoma su lado horrendo, que provoca prudencia, la mayor de las virtudes en momentos en que se nos proponen aventuras desmesuradas.

–Esas fuerzas actuantes, que se transforman en poderes benéficos, ¿funcionan igual tanto a escala personal como a escala colectiva?

–Nada que ocurre en una psique individual deja de ocurrir en una psique colectiva, y viceversa: lo que le ocurre a la polis le ocurre al individuo. Nada de lo que existe, como dice Jung, ha dejado de estar antes en el alma. Entre el alma del individuo y el alma colectiva hay, como ya dije a propósito del artista, un continuo subterráneo eficaz: eso que algunos llaman Ánima Mundi, el Alma del Mundo. Necesitaríamos más tiempo para entrar en eso y ahondar un poco más, pero podemos ver esa conexión entre lo individual y lo colectivo en las imágenes de horror de que venimos hablando y que propone la psique mediante los sueños… Una mujer de edad mediana sueña que, sobre la ciudad de Caracas, la polis, camina una gigantesca araña, y que todo el mundo huye corriendo. Ella misma entre todos, aterrada. Su huida la dirige hacia una antigua colina de Caracas, de una Caracas de hace muchos años, donde está un viejo hospital psiquiátrico… Bien, en la discusión sobre ese sueño la mujer recordó que, por motivos profesionales, ella trabajó intensamente una vez, tiempo atrás, en ese hospital. Es decir, la misma pesadilla le daba, como salvación del monstruo, una conexión entre su memoria personal, la memoria de la ciudad y el trabajo. A eso me refiero cuando hablo de la nobleza de la psique. Es bueno apuntar que historia es como hacer memoria mediante la imaginación.

–Ese sueño con la araña es un sueño que podría tener hoy cualquier venezolano.

–Sí, ese sueño no le concierne solamente a la persona que lo tuvo. Es el sueño de lo que estamos viviendo todos, pero fíjate que el mismo sueño orienta a una salida tanto en la historia personal como en la historia colectiva, salida que a su vez tiene la consistencia de un lugar preciso y perenne: un cuerpo urbano.

Advertencia: propuesta esperanzadora por José Domingo Blanco

 

Desde hace varios años, mi amigo, el profesor Werner Corrales, ha venido trabajando con un grupo de profesionales que siguen apostando a Venezuela. Se han dedicado a escuchar las opiniones de los sectores que estarían involucrados en la reconstrucción del país; con el rigor científico y metodológico que una gesta como esta requiere. El diagnóstico de la situación actual está hecho. Y los pasos para edificar el país que todos queremos, están claramente definidos. Pero, el tiempo apremia. El grupo del profesor Corrales sabe que el régimen entierra con saña sus gérmenes comunistas, infectando a Venezuela con una ideología perversa y miserable que está destruyendo todo. El comunismo avanza y los intentos de las oposiciones por detenerlo han sido fallidos o, hábilmente desmontados por el régimen criminal que nos gobierna.

El caos actual debe una parte de su éxito a los desaciertos de los políticos que alguna vez gozaron de liderazgo; pero que –consciente o inconscientemente- permitieron el avance de este experimento neo comunista. La complicidad también ha aportado elementos clave. A este régimen dictatorial le han favorecido las ansías de poder y el ego de los líderes opositores. Tal vez, por eso, en un comunicado preñado de buenas intenciones, como decimos coloquialmente, dirigido a políticos venezolanos – el cual copio a continuación-  el profesor Corrales, junto con un grupo de destacadas personalidades, les hacen un llamado a esos políticos que no han comprendido que, mientras no prevalezca la unión sobre los egos, el comunismo en Venezuela no tendrá vuelta atrás.

 

A LOS LÍDERES POLÍTICOS VENEZOLANOS

 

Venezuela atraviesa la crisis más aguda de su historia, calificada por órganos internacionales como una Emergencia Humanitaria Compleja que se expresa en el desmoronamiento de la economía y las estructuras estatales; el hambre, el colapso sanitario y el éxodo de la población. Negarla o ignorarla ha sido la conducta que siguen los criminales que la han originado y han convertido al Estado en una base del delito organizado y el terrorismo internacional. Criminales de cuello blanco o de uniforme militar que están enquistados en lo alto del poder político venezolano, quienes pretenden convencer al mundo de que nuestro trance resulta de una guerra económica del “Imperio”, mientras se mofan de quienes huyen de un país en ruinas.

Si quedaran dudas respecto a la magnitud sin precedentes conocidos de ese éxodo masivo, basta con observar como la prensa internacional ha registrado de forma insistente la dramática situación de hambre, miseria y carencias de toda especie que obliga diariamente a millares de venezolanos, a escapar hacia un futuro incierto pero que suponen mejor que lo que lo que deben soportar en su país. Sí, nos lo muestran desde fuera la prensa internacional y los organismos de derechos humanos porque la Dictadura controla los medios venezolanos, no quiere que se sepa que con esos hermanos se nos va la patria, que el país se desangra todos los días con los miles de compatriotas que huyen de él.

Tenemos conciencia y lo decimos con claridad: la crisis actual es un paso más hacia la instauración de una dictadura comunista en Venezuela. Un proyecto que emplea las carencias éticas de los altos dirigentes del gobierno, para hacer realidad unos designios políticos manejados desde Cuba. Sobre este proyecto de dominación totalitaria, que oculta sus intenciones en la inmoralidad y el cinismo de la mafia gobernante, llamamos la atención de todos los venezolanos para que hagan suya la urgencia de cerrarle el paso.

Registramos con real angustia la fragmentación de la oposición. Es una situación que hiere el entendimiento, crea incertidumbre y desesperanza y afecta gravemente la eficacia de la resistencia que opone la mayoría de los venezolanos.

Nos dirigimos a esos líderes que han conducido con sacrificio y entrega a la oposición venezolana, que han luchado y asumido riesgos, que han enfrentado una persecución brutal con muchas víctimas mortales en el camino y con presos políticos sometidos a torturas y tratos infamantes. Que han debido en muchos casos exiliarse para escapar del acoso de los esbirros judiciales y militares del régimen.

A esos líderes políticos los llamamos a unirse alrededor de un programa de acciones que frustre lo que de otra forma pudiera convertirse en la confiscación total de la democracia venezolana. Los ciudadanos les reclamamos concentrarse en la lucha por liberar a Venezuela sin perder de vista que no es posible confiar en la negociación con un gobierno de delincuentes, salvo si el tema a discutir es su salida del Poder. Los instamos a dejar de lado todo cálculo acerca de las ventajas que unos podrían sacar sobre otros cuando se recupere la democracia. Que no cometan el error de confiar demasiado en sí mismos y muy poco en los demás, que entiendan que lo que se exige de sus partidos es una unión férrea concentrada en desarmar la estrategia dictatorial.

Se lo pedimos con angustia movidos por la urgencia, por el drama de las mayorías. Sin esa unión no será posible vencer la tiranía porque el Poder ha sido penetrado en todos los niveles y en todos los ambientes, configurándose una situación que sólo una unión así podrá superar. Con la unión y una estrategia de lucha aceptada y seguida por todos, podremos dar inicio a la solución de este drama: salir de la dictadura y hacer elecciones libres. El sector político está obligado a respaldar un gran movimiento nacional de resistencia. Pero desde esa unión. Fuera de ella será imposible recuperar a nuestro país.

 

@mingo_1

Instagram: mingoblancotv

El derecho a la historia, por Asdrúbal Aguiar

 

Soy enemigo de la inflación en el campo de los derechos humanos. Se corre el riesgo de banalizarlos y, adicionalmente, de hacer casi imposible la eficacia de sus garantías. Ello, en modo alguno contradice lo inherente a los mismos derechos fundados en la dignidad humana, a saber, su progresividad, las ampliaciones de sus núcleos en la medida en que los hombres – varones y mujeres titulares de aquellos – desarrollan sus personalidades. Es lo propio del principio de la perfectibilidad de lo humano y de lo social.

Pero abordo la cuestión pues el perfil de lo histórico, como derecho, en beneficio de las generaciones actuales y futuras, está severamente trastornado y amenazado por dos aguas encontradas que no logran estabilizarse.

Una nace del perverso fenómeno de la “post-democracia” o el neopopulismo.

Regresan los mesías, los traficantes de ilusiones, ahora elegidos por ex-ciudadanos que se dicen huérfanos de la transición global, en medio fronteras geográficas que se hacen líquidas y a todos anega. Y aquéllos, apalancados por los medios y redes digitales de los que al paso denuestan a diario, a su vez propician, usándolos y hasta apropiándoselos, una relación directa con la gente. Tiran por la borda las mediaciones institucionales de la democracia; lo que agrava un fenómeno de vieja data, a saber, la del Estado – ahora personalizado – que se instaura para dominar bajo el régimen de la mentira.

De tal modo, asumen el poder quienes reescriben la historia a conveniencia y fijan verdades de conveniencia, como dogmas de fe. “Es como si la historia – lo señalo hace 16 años en mi libro Memoria, Verdad y Justicia – hubiese enterrado todos sus relatos dominantes, narrativas y cosmovisiones, no solo la democrática, negándolos en su ejemplaridad una vez como hace su ingreso el siglo XXI”.

La otra, consecuencia de la citada liquidez de las fronteras, que es objetiva e inevitable, al ocurrir la muerte del Estado como espacio acotado, hace que las sociedades civiles pierdan sus texturas, se vuelvan colcha de retazos y desprecien, por consiguiente, el valor de la memoria común, de la historia compartida, de las raíces a fin de cuentas.

En el más reciente de mis libros (Calidad de la democracia y expansión de los derechos humanos, 2018), afirmó, por lo mismo, que sobre nuestros viejos territorios quedan ahora legiones de indignados; todos a uno sirvientes de la tecnología digital globalizadora, pero todos a uno dictadores a su modo: dictan “verdades propias” sin cultura de la tolerancia.

Excluyen de sus redes y bloquean o le cierran sus nichos sociales a quienes consideran diferentes o molestos para sus ideas. Unos se desplazan sobre las autopistas de la información con espíritu de logofobia e inmediatismo, de suyo negados a la historia; mientras que otros, de igual procedencia estatal pero que se repliegan hacia patrias de campanario en una suerte de vuelta al estadio de naturaleza [afrodescendientes, defensores del ambiente o ecologistas, militantes de las más variadas ONG’s, participantes de movimientos neo-religiosos o comunitarios, feministas o LBGT, proabortistas], reclaman el “derecho a ser diferentes”. Elaboran sus propias historias, excluyentes de la otredad.

De suyo, entonces, la historia que se escriba, si acaso hoy se escribe, en una acera – la de los Chávez o la de los Berlusconi – abjura del pasado y no tiene más verdad histórica que la variable o útil, ajustable al interés de los palacios que ocupan los dictadores del siglo XXI. En la otra, quienes son presas del narcisismo digital y de la fugacidad “desinformativa” que alimentan, y en la que conviven también esos otros que han optado por la primacía de sus nichos culturales o de localidad, no hacen ni apelan a la historia, sencillamente porque el tiempo digital, con su vértigo, se los traga y pulveriza.

Dejo el asunto hasta aquí. Lo importante es el llamado de atención a los líderes verdaderos, quienes, por capaces de tener mirada fría, sosegado escrutinio de lo real, y por fundar el porvenir en principios que lo prometan mejor, han de forjar diques constitucionales que pongan freno a las aguas encontradas, al deslave de egoísmos y de relatividades que sólo amenaza con naufragios, indignos de pasar a la historia.  

Soy optimista, sin embargo, sobre aguas encontradas se inaugura la historia del continente que somos en 1498; a pesar de enterrarla el “cesarismo democrático” y la desmemoria.

“En la boca del Dragón o de Drago, como la bautiza Colón, en una suerte de lucha de contrarios como los que luego le dan movimiento a la historia que comienza a escribirse, sufre el encuentro entre las aguas dulces y encrespadas del río Orinoco y la salinidad del océano Atlántico”, reza la crónica de 1498. Un verdadero espectáculo en el que casi se va a fondo su expedición legendaria. Repite la trama de la Odisea.

En la antigüedad griega se cree que dos monstruos marinos, Sila y Caribdis, amenazan de lado y lado a Ulises quien atraviesa un estrecho canal de aguas furiosas y busca evitar que aquella con sus seis cabezas cada una y sus tres filas de dientes y un vientre de cabezas de perros que ladran se lo engulla, o que esta, con su torbellino le succione hacia los abismos como lo hace con el agua tres veces al día.

Sin derecho a la historia, en suma, no hay sociedad posible, ni posibilidad para el escrutinio de las ideas, menos para expresarlas como supuesto de la vida política.   

 

@asdrubalaguiar

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