“A la libertad por la Universidad”, por Antonio José Monagas - Runrun
“A la libertad por la Universidad”, por Antonio José Monagas

LA AUTONOMÍA UNIVERSITARIA, ha inspirado no sólo momentos de lucha académica, política y social. Ha sido el blasón que ha exaltado actitudes, tanto como ha prescritos episodios y guiado decisiones volcadas en palabras escritas o pronunciadas.

América Latina, ha sido escenario de importantes acontecimientos en defensa del espíritu de libertad que aviva la conciencia de quienes fundamentan la gestión universitaria en la comprensión y ejercicio de la autonomía universitaria.

Por ejemplo, Córdova, en 1918, lideró la reivindicación de la autonomía universitaria como la razón (política y social) de ser de la academia universitaria. Fue el espacio donde se conjugó la disposición necesaria para que de su esencia, se radiara y comprendiera todo lo que diera forma, sentido y dirección al lema que en América Latina cobijó la lucha por la autonomía universitaria. Así se vivió, entrada la década de los sesenta del siglo XX. Fue como bajo el expresión “a la libertad por la Universidad”, distintas comunidades académicas se volcaron a la calle para exhortar todo lo que cabía bajo tan connotada frase.

Así continuó animándose el quehacer universitario. De ese modo, se proyectaba lo que significaban los derechos académicos que infunden movilidad propia al libre desempeño sobre el cual se apoya la docencia, la investigación, la extensión y la gerencia universitaria. Los hechos que para entonces se dieron, enaltecieron el concepto de universalidad del pensamiento. Particularmente, en quienes sentían la vibración de la funcionalidad universitaria, Aquellos eventos prendían esperanzas de cambio. Así se abrían ventanas al futuro y puertas al estudio.

Es conveniente que se conozca el problema que, históricamente, ha significado la labor de una universidad en un contexto de libertades políticas, sociales y académicas. El hecho que ha representado ir tras la verdad, tanto como destacar los valores fundamentales del hombre desde el compromiso que su naturaleza académica determina, le ha ganado el desdeño de gobiernos que pretenden controlar al ciudadano. O que busca someterlo a través de forzados aprendizajes que colisionan con las libertades que respira la Universidad toda vez que enseña a pensar con criterio autonómico y crítico. Distinto de lo que significa enclaustrar el pensamiento en un ámbito de cerrada condición cultural, política y económica. O que es lo mismo, entubar el pensamiento por una brecha atascada de ignorancia.

La autonomía universitaria es un símbolo tan especial que, en su necesidad de fundamentar el conocimiento asido a la libertad de pensamiento, motiva un derecho político cuya soberanía sólo puede comprenderse y ejercerse mediante formas de articulación que vinculen necesidades e ideales con propuestas y realidades. Pero eso no es ni fácil de entender, ni tampoco sencillo de aplicar. Un marasmo de complicaciones inducidas por rivalidades, egoísmos y envidias, suelen trabar y tramar cualquier vía o canal que posibilite el acceso del hombre libre, cultivado bajo el amparo que puede permitir el sentido autonómico de del conocimiento, a posicionar sus valores en alguna situación donde su juicio tenga el debido arraigo y provecho colectivo.

De ahí que apostar a la autonomía universitaria, es impulsar el libre desarrollo de la individualidad, el legítimo derecho a inventarse formas que den sentido a las expresiones del ser humano, la participación sin temor a importunar el espacio de la palabra. Asimismo, darle vuelo al ejercicio de la política como acertada razón de vida fortalecida y productiva.

La autonomía universitaria es un proceso continuo que, al concienciar al universitario en su papel de actor político tras la defensa del honor, la dignidad y la majestad de la educación libertaria, adquiere la fortaleza necesaria para consolidar la identidad institucional. Eso, sólo puede alcanzarlo el universitario consciente al demostrar -ante el entorno político, económico, cultural, científico, humanístico y social que cobija su vida- su disposición de apoyar la construcción de una sociedad más igualitaria, libre, solidaria, democrática y de propia determinación.

Por eso, el autoritarismo en subversiva complicidad con el totalitarismo que encubre la ofuscación y estupidez de gobernantes de indolente actitud, siempre reta la intelectualidad académica universitaria a enfrentar a la sórdida condición de las bayonetas. Aún así, y a pesar de la desigualdad de tan absurda confrontación, siempre se elevará por encima de cualquier circunstancia, crisis o desafío, el histórico grito que alcanzó a tramontarse sobre los cuatro vientos y enarbolarse sobre los cuatro puntos cardinales: “a la libertad por la Universidad”.