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Los zombis chavistas que están penando este Halloween

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El chavismo tiene este Halloween su propio desfile de espantos. Algunos perdieron el palacio, otros el micrófono, la escolta o el despacho desde el que repartían órdenes y amenazas. Hay quienes terminaron tras las rejas, quienes fueron apartados por sus antiguos compañeros y quienes todavía deambulan por las redes sociales, repitiendo consignas como almas en pena que no terminan de enterarse de que la fiesta se acabó.

La captura de Nicolás Maduro y Cilia Flores, el 3 de enero de 2026, alteró el mapa de poder y dejó a varios de sus antiguos protagonistas en una suerte de cementerio político. No todos corrieron la misma suerte ni desaparecieron por las mismas razones, pero comparten una escena: ya no ocupan el centro del tablero que alguna vez controlaron. En este recorrido, los fantasmas no necesitan sábanas blancas. Algunos llevan uniforme de prisión, otros conservan la tiza, el micrófono pero salen cuando todo está oscuro, o vagan como La Llorona, llorando no por un hijo sino por el poder que se les escurrió entre los dedos.

El último baile de Pennywise

Composición hecha con IA

Durante años, Nicolás Maduro se presentó como heredero de Hugo Chávez y dueño de un poder que parecía no tener fecha de vencimiento. Bailaba en las tarimas, convertía sus discursos en remixes y hacía de cada acto público un espectáculo. Como Pennywise, el payaso de IT, parecía disfrutar de sus apariciones: sonreía, bailaba y lanzaba amenazas mientras intentaba mantener a todo un país atrapado en su función. Incluso cuando desafiaba a Donald Trump y hablaba de amenazas de guerra, lo hacía con la seguridad de quien se creía protegido por un Estado puesto a su servicio.

Pero el 3 de enero, aquella puesta en escena se vino abajo. Maduro fue capturado por fuerzas estadounidenses y trasladado a Nueva York. El hombre de los trajes elegantes, los relojes costosos, los banquetes y las fotografías con chefs de celebridades como Salt Bae apareció convertido en otro personaje: un detenido con conjunto deportivo y cholas grises sobre medias blancas.

La comparación es de película de terror: el hombre que se creyó invencible y que encabezó un aparato de represión señalado por la muerte de cientos de manifestantes desde 2014 y por la detención de miles de personas ya no decide quién entra a Miraflores o quién ocupa una celda. Pasó de los salones presidenciales al MDC Brooklyn. De los platos exquisitos a la dieta de prisión. De miles de escoltas a una celda de la que no puede salir a voluntad. 

El heredero político de Chávez terminó convertido en la reliquia más incómoda del chavismo: un expresidente detenido, sin tarima, sin cadena y sin la posibilidad de ordenar que vuelva a sonar la música. Un Pennywise que no pone a bailar a sus víctimas, sino que es el protagonista de su propia pesadilla.

El silencio de la primera combatiente 

De la cima a pedir clemencia. Hubo una época, no muy lejana, en la que la llamada primera combatiente, Cilia Flores, movía los hilos del poder en Venezuela. Sin embargo, hoy su aura de omnipotencia no es más que humo. Su anulación política no fue una jubilación dorada, sino un apagón fulminante luego de que el 3 de enero fuerzas estadounidenses la capturaran, junto a su marido Nicolás Maduro, para trasladarla a una cárcel de Nueva York.  

Y en el Centro de Detención Metropolitano de Brooklyn no hay magistrados ni diputados que respondan a sus guiños, no hay micrófonos donde resuene su voz ni tarimas para bailar junto a Maduro. Alejada de los pasillos de Miraflores y confinada a los tribunales de Nueva York, su capacidad de influencia se va desvaneciendo como el típico efecto de edición que ponen al final de cualquier video en redes sociales. La Presidencia interina, con el aval de Washington, ha ido retirando a sus aliados del tablero y las estructuras que alguna vez controló Flores, con puño de hierro, simplemente siguieron su curso.

Composición hecha con IA

De “Cilita, la bonita”, como le solía decir Maduro en sus actos públicos, no queda ni la sombra del poder que acumuló durante décadas. Actualmente sus días transcurren enfrentando audiencias y solicitando indulgencias, con el anhelo de que al menos le otorguen casa por cárcel. La “muerte en vida” política no requiere de ataúdes ni lápidas, sino de un completo y aterrador olvido.

Las ánimas compañeras

El nepotismo en Venezuela se remonta a la época de José Tadeo y José Gregorio Monagas, quienes gobernaron al país por más de una década de manera alternada entre 1847 y 1858.

Con la llegada del chavismo al poder, esa vieja práctica se retomó, pero inclusive peor porque al menos José Gregorio Monagas abolió la esclavitud, mientras que los precursores de la V Republica han hecho que el venezolano deba trabajar el triple para apenas adquirir algunos productos de la cesta básica.    

Como el refrán que dice “muerto el perro se acabó la rabia”, una vez fuera del tablero Maduro y Flores, sus familiares que ostentaban cargos en la administración pública rodaron, cual calabazas de Halloween.

Laura Guerra, hermana de Adriana Guerra, exesposa de Maduro, fue designada presidenta del Banco Central de Venezuela (BCV) en abril de 2025 y un año después renunció; Magaly Gutiérrez, exnuera de Cilia Flores, fue ministra del Poder Popular para la Salud desde 2022 y reemplazada en enero de 2026 por Nuramy Gutiérrez González y Walter Gavidia, exesposo de Flores, quien fue designado presidente de la Fundación Juntos Todos es Posible en mayo de 2025 fue destituido en marzo de 2026.

El poeta “mortuorio” de la revolución

Su palidez (o el exceso de panqué) siempre le ha dado un aura mortuoria y ahora, cuando ya no es defensor del Pueblo ni fiscal general de la República, realmente es un muerto viviente. Aunque hoy es jefe de la “Gran Misión Viva Venezuela, mi patria querida” —un instrumento burocrático que supuestamente promueve los valores esenciales del venezolano y está adscrito a la Presidencia— Tarek William Saab ya no pinta nada dentro del aparato gubernamental ni de justicia, aquel en donde hasta febrero de este 2026 se desempeñó como la máxima autoridad del Ministerio Público, aunque la mala fama se encargó de apodarlo como el “verdugo” de Maduro.

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Su papel en la Fiscalía, donde fue asignado desde 2017 por aquella Asamblea Nacional Constituyente y chavista en su totalidad, lo convirtió en el rostro de la (in)justicia en la era Maduro. A lo largo de casi una década, se le apuntó de aprobar acciones que daban más miedo que un nuevo mega apagón, como el encarcelamiento sistemático de opositores, a quienes señalaba como terroristas, y las ejecuciones extrajudiciales, abusos sexuales, torturas y tratos crueles y degradantes que jamás investigó. Por todo esto, diversas instituciones internacionales lo denunciaron por presuntas violaciones a los derechos humanos y por instrumentalizar el Poder Judicial. 

Pero el trabajo sucio de Saab no se quedó allí. “El Poeta de la Revolución”, como alguna vez lo bautizó Hugo Chávez, solía utilizar palabras como “aberrado”, “abominable” y “monstruo” en sus redes sociales, no para referirse a personajes terroríficos de la ficción o de sus obras sino a presuntos victimarios a los que acababa de imputar. Casi una década después, Saab renunció al Ministerio Público y hubo quien dijo que, días antes de anunciarlo, puso a su personal a destruir las pruebas documentales de sus supuestas canalladas.

El fantasma del overol naranja

Antes de que saltara a la fama como el gran contratista del Estado venezolano (desde alimentación, pasando por petróleo y construcción, hasta turismo) y presunto principal testaferro de Nicolás Maduro, la presencia de Álex Saab era espectral. Aunque acumulaba dinero y poder, nadie lo conocía y el gobierno se desentendía por completo de él cuando su nombre comenzó a aparecer en los reportajes de investigación de Armando.info. 

Pero cuando aquella sombra fantasmagórica fue atrapada en Cabo Verde y, meses después, enviada a Estados Unidos para enfrentar cargos de corrupción, sobornos y lavado de dinero, el Ejecutivo nacional lo convirtió en un héroe diplomático de carne y hueso y organizó actos para exigir su liberación. Saab volvió a Venezuela tras un canje de prisioneros entre Caracas y Washington y recibió su primer cargo público no inventado: presidente del Centro Internacional de Inversión Productiva (CIIP), en enero de 2024. Meses más tarde, ese mismo año, se convirtió en ministro de Industria y Producción Nacional. 

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No obstante, de nada le sirvió su investidura cuando llegaron los Delta Force para llevarse a Maduro. Días después de los bombardeos, se convirtió en uno de los primeros funcionarios que Delcy Rodríguez despojó de su cargo. Su esposa, Camila Fabri, corrió con la misma suerte semanas después y dejó de ejercer las dos posiciones paralelas que tenía: viceministra de Comunicación Exterior de la Cancillería y jefa de la Gran Misión Vuelta a la Patria. Sus cuerpos comenzaron entonces a desaparecer de los reflectores de los medios. Ya no se les veía por ninguna parte.

Y lo peor vino después: en febrero de este año, comenzó a correr el rumor de que el FBI y el Sebin lo habían apresado. Pese a que sus abogados lo desmintieron casi de inmediato, en mayo abordó un avión para volver a Estados Unidos a vestir el overol naranja de reo que combina con los tonos de Halloween. Allá se declaró culpable de conspiración para cometer lavado de dinero y transacciones financieras ilícitas. En Venezuela, su presencia espectral vuelve cada vez que se recuerdan los contratos que firmó con el Estado para desnutrir a los venezolanos a través de los CLAP o para construir las viviendas prefabricadas que, durante los terremotos del 24 de junio, tapiaron y mataron a miles de personas en La Guaira.

El “jinete sin cabeza”

Antonio “Potro” Álvarez, el del número 56 en la espalda, ha sido el único pelotero en vestir las ocho camisetas de la Liga Venezolana de Beisbol Profesional (Lvbp). El Potro dejó de cantar el “Bla, bla, bla” con Chyno y Nacho para ocuparse del Ministerio del Deporte y el Instituto Nacional de Hipódromos, pero en abril de 2026 y luego de once años frente al INH, cayó en desgracia y fue destituido de su Junta Liquidadora a raíz de una investigación que condujo la actual presidenta encargada de Venezuela bajo la tutela de Estados Unidos, Delcy Rodriguez, por supuestos cobros irregulares a grupos de empresarios. 

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Un mes antes de la destitución de “El Potro” fue detenido Ángel Félix Pino Márquez, a quien se le acusa de hacer fortuna con la plataforma El Inmejorable.  

Al parecer, el “Rodrigato” esperó que las fuerzas armadas del presidente de los Estados Unidos, Donald Trump se llevaran preso a Nicolás Maduro y a Cilia Flores para sacar de carrera al “Potro”, que ya venía trastabillando no solo en el INH, sino también en la dirección del Poliedro de Caracas. Actualmente se desconoce su paradero. Algunas versiones señalan que salió del país, otras que se encuentra bajo supervisión de las autoridades, “una vaina loca”, como diría su propia canción.

El espectro de la “guerrilla comunicacional”

Oswaldo Rivero ya estaba medio muerto políticamente, incluso antes del 3 de enero. Desde el año 2023, cuando fue despedido del canal del Estado Venezolana de Televisión (VTV) por criticar al gobierno que defendía con uñas y dientes, Cabeza e’ mango cayó del árbol como fruta descompuesta que se queda olvidada en el suelo. 

Desde entonces Rivero se convirtió en un “mango fantasma”: ya no pesa, no ensucia, no apesta y, aunque sigue haciendo ruidos, nadie lo oye ni lo toma en cuenta porque quedó deambulando en el limbo del olvido del chavismo disidente.

Convertido ahora en un espectro de lo que fue uno de los guerrilleros comunicacionales más acérrimos del régimen de Nicolás Maduro, hoy el fantasma de Cabeza e’ mango deambula por las calles del 23 de enero y Bogotá, murmurando viejas consignas de Zurda Konducta y despotricando insultos en contra del Ministerio de Comunicación e Información, al que ha acusado en reiteradas oportunidades de financiar a “mercenarios digitales” por 400 dólares.

Sin el aval del gobierno, sin su trinchera en VTV y sin el amparo de los cuerpos de seguridad, la “furia bolivariana” de Oswaldo Rivero quedó reducida a la nada y sometido a la orfandad política porque en la nueva dinámica de poder no hay espacio para él.

La Hojilla que ya no corta y quedó penando

Desde su trinchera en La Hojilla, que trasmitía VTV, Mario Silva se creía intocable: con una tiza en la mano, un mapa de conspiraciones imaginarias y la venia para destrozar reputaciones y estigmatizar opositores, se explayaba con la arrogancia de quien se cree dueño de la verdad absoluta. 

Las diferencias públicas con los nuevos líderes del chavismo post 3 de enero y una supuesta reorganización del canal del Estado, marcaron el ritmo de su caída en desgracia. De golpe, las luces del estudio se apagaron, los “patriotas cooperantes” se desvanecieron y Silva ahora pide donaciones para mantenerse hablando por sus cuentas personales en redes sociales. 

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Hoy, el otrora dueño de la verdad, vaga por el purgatorio del olvido político. Ya nadie tiembla con sus editoriales ni le importa a qué hora transmite sus monólogos lúgubres. Atrapado en la irrelevancia, experimenta el peor castigo para un ególatra del micrófono: la indiferencia sepulcral.

El hombre sin sombra

Cuenta la leyenda que en Halloween los espantos vagan reflejando lo que fueron en vida: La Sayona llora desconsolada porque asesinó a sus hijos por celos, mientras que el Silbón castiga a los hombres mujeriegos y a los borrachos en los llanos. Pero el fantasma de Freddy Ñáñez es un muerto que intenta aterrorizar presentando sus credenciales como poeta, editor, político, escritor y hasta cantante.

Sin embargo, las apariciones fantasmas de “Luchaalmada” no asustan a nadie; por el contrario, provocan una profunda indiferencia. Aunque anda penando desde el año 2016 ejerciendo varios cargos asociados a las comunicaciones y a la cultura, terminó convirtiéndose en el espectro de la irrelevancia: nadie lee sus poemas ni cantan sus canciones.

Desde el pasado 26 de junio, “Luchaalmada” califica como fantasma de lo que queda del chavismo porque no logró entrar en el nuevo juego político. Anda por ahí, vagando en columnas en un medio oficialista y sin nadie que le prenda una vela.

“Irisjuice”

Al igual que el famoso e irreverente fantasma cinematográfico de Tim Burton, Iris Varela aparece de la nada haciendo ruidos estrambóticos, rompiendo las reglas del decoro político y sembrando la confusión general.

Después del 3 de enero, Valera se ha quedado en la crítica zombie. Invoca el caos defendiendo el “Rodrigato”, criticando el sobrevuelo de aviones de EE.UU. en Caracas y hasta tildando de “pedófilo” a Donald Trump. Le dice a Mario Silva que «dudar es traición», pero desaprueba la mesa de diálogo entre el PSUV y la delegación de la oposición, representada por Dinorah Figuera —ambos bajo el aval de Estados Unidos—. 

Es un espíritu atrapado en sus propias contradicciones: jura que los centros de tortura señalados por la ONU son un invento, pero corre a levantar la mano para aprobar una Ley de Amnistía. 

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Sin embargo, el truco de este fantasma parlamentario tiene un límite. Si la “nombran tres veces” invocando los fantasmas del pranato, las torturas o las minas de la Amazonía, se desvanece de la escena sin dejar rastro.  Y sobre la intervención de Washington en el Arco Minero o la presunta muerte del “Niño Guerrero”, “Irisjuice” prefiere guardar un silencio sepulcral.

Ni desde el más allá ni desde el más acá ha querido responder por el colapso de las cárceles o la creación de colectivos mixtos; temas oscuros donde la prensa independiente y la ONU siempre terminan invocando su nombre.

El “prendevelas” que le reza a los ausentes

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Diego «Michello» Suárez pasó de tener el patronazgo del PSUV a criticar el interinato de los Rodríguez fuera de Venezuela. Después del 3 de enero de 2026, denunció que la cúpula del chavismo había entregado a Nicolás Maduro y a Cilia Flores a la justicia estadounidense. 

A los hermanos Rodríguez los ha llamado «judas» y «malditos» y a Mario Silva le critica que «quieren borrar la memoria del comandante [Hugo Chávez]». Su discurso, sin embargo, también ha tenido sus giros de guion: al principio cuestionó la extracción de Maduro y Flores, pero en mayo publicó en sus redes sociales que Delcy Rodríguez no había entregado a la pareja expresidencial.

Sus declaraciones han alimentado una confusión que parece sacada de una película de suspenso. La contradicción entre sus mensajes llevó a algunos seguidores a especular que había sido detenido arbitrariamente por los cuerpos de seguridad del Estado, debido a sus críticas al gobierno interino. Una sospecha que evocaba el caso de la venezolana Adreína Rodríguez, a quien el propio Suárez señaló en uno de sus videos y que terminó detenida sin que se respetara el debido proceso judicial.

Por ahora, Michello sigue encendiendo la mecha desde el exterior: sus publicaciones mantienen las acusaciones contra el interinato de los Rodríguez y el respaldo a Maduro y Flores, a quienes les sigue prendiendo velas como se hace en memoria de los que ya no están. En este aquelarre chavista, su alma en pena de propagandista chavista aparece de vez en cuando para echarle más leña al fuego.

*El periodismo en Venezuela se ejerce en un entorno hostil para la prensa, con decenas de instrumentos jurídicos dispuestos para el castigo de la palabra, especialmente las leyes “contra el odio”, “contra el fascismo” y “contra el bloqueo”. Este contenido está siendo publicado teniendo en consideración las amenazas y límites que, en consecuencia, se han impuesto a la divulgación de informaciones desde dentro del país.

Interinato pide a ONU cerrar expediente de Ley contra ONG sin responder a relatores   

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Con una estrategia diplomática enfocada en pasar página sin saldar cuentas pendientes, las autoridades interinas de Venezuela solicitaron formalmente a la Organización de las Naciones Unidas (ONU) dar por “concluido” el expediente referente a la controversial Ley contra las ONG.

En el escrito oficial enviado a la sede del organismo internacional, la representación venezolana omitió responder a las 12 interrogantes formuladas desde 2023 por cuatro relatores especiales en materia de derechos humanos. 

Dichas preguntas buscaban evaluar el impacto y los riesgos que este marco legal representa para el libre ejercicio de la sociedad civil y las organizaciones no gubernamentales en el país.

Justificaciones bajo modelos de control restrictivo

Para argumentar la vigencia del instrumento normativo, la postura oficial sostuvo que los derechos a las libertades de expresión y asociación “no tienen carácter absoluto”. 

En su defensa, la vocería gubernamental acudió a un ejercicio de derecho comparado al equiparar las regulaciones nacionales con los marcos legales y de control vigentes en países como Rusia, China y Nicaragua, conocidos por sus restricciones al espacio cívico.

Asimismo, la representación diplomática aseguró ante la ONU que el texto legal fue producto de un “amplio proceso de consultas públicas”. 

La afirmación contrasta directamente con las observaciones técnicas emitidas en su momento por los propios relatores del organismo, quienes advirtieron que el proyecto ni siquiera había sido publicado formalmente para el debate ciudadano.

Diversas organizaciones defensoras de los DDHH alertaron que esta respuesta extemporánea no es más que una maniobra para proyectar un supuesto apego formal al multilateralismo, mientras se mantiene intacto el andamiaje jurídico de control.

*El periodismo en Venezuela se ejerce en un entorno hostil para la prensa, con decenas de instrumentos jurídicos dispuestos para el castigo de la palabra, especialmente las leyes “contra el odio”, “contra el fascismo” y “contra el bloqueo”. Este contenido está siendo publicado teniendo en consideración las amenazas y límites que, en consecuencia, se han impuesto a la divulgación de informaciones desde dentro del país

María Corina y el poder invisible de la esperanza

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En hora buena, el daño antropológico sufrido por los venezolanos en su conjunto, a diferencia de quienes aún participan en los remates de cuotas de poder unidos a la buhonería mercaderil emergente en la coyuntura, ha renovado y desprendido una fuerza telúrica e inversa, humanizadora, en toda la geografía recorrida por María Corina

Vuelvo al lúcido ensayo de Pierre Rosanvallon sobre las instituciones invisibles (París, 2024), cómo reconocerlas y pensarlas, pues permiten entender a cabalidad el fenómeno de ruptura histórica que hoy se expresa en el liderazgo modelador de María Corina Machado en Venezuela. Mas que una mujer de Estado, que ya lo es, es la imagen de la nación que a diario se hace, con la mirada en el horizonte.

El tsunami popular provocado por su vuelta a la patria durante el domingo 25 de octubre de este año 2026, sin mediar convocatoria ni gastar palabras, ni arengar a las masas, solo mediando un gesto: “Estoy aquí. Con ustedes”, indica algo de profundidad e intransferible. Es imposible que sea entendido por quienes la miran desde el ángulo de los oficiantes como políticos o de la política como ciencia, y menos todavía por quienes han hecho del territorio venezolano su botín o premio del azar.

No se le permitió ingresar por el aeropuerto internacional de Maiquetía, acaso acompañada por un representante de quien ejerce la tutela del régimen agonizante de los Rodríguez, el Departamento de Estado. Lo hicieron los líderes de 1958 a sus venidas desde el exilio, a la caída de la dictadura de Marcos Pérez Jiménez.

Tras impedírsele repetidamente viajar por pedido del mismo régimen, argumentándose por los servicios de inteligencia norteamericanos y los mercenarios de la corrupción el derrumbe de su imagen y su rechazo por el país, al término aprendió de esa experiencia amarga, se las agenció y decidió transitar por los caminos verdes que la llevaron hasta Barquisimeto.

Su primera escala dice mucho. La Divina Pastora y su iglesia, adonde recala, evoca lo que desde allí ocurre cada año, cada 14 de enero, a saber, el momento en que la misma nación se confunde y se da un alto ―se zafa de la saña y los odios instaurados por las élites políticas y económicas tributarias de la dictadura― para abrazarse, los unos a otros y caminar sobre una senda con distinto derrotero, la esperanza, el creer como necesidad existencial.

Hace presente ese sitio de culto y recogimiento, además, ubicado en el pueblo de Santa Rosa de la capital larense, la histórica homilia del fallecido cardenal Rosalio Castillo Lara, venezolano hasta en los tuétanos, quien ejerció como gobernador del Estado de la Ciudad del Vaticano, predicada en 2006: “Cada uno tiene sus problemas personales y estará pensando qué favor pedirle a la Virgen: la curación de un enfermo, la solución de un problema familiar, o cualquier otro. En esta solemne ocasión deseo proponerles que todos juntos le pidamos fervorosamente a la Divina Pastora que salve a Venezuela”.

Mostró María Corina, así, que entiende y se identifica con la esencia de lo que se mueve moviendo en el subterráneo de la conciencia nacional, como lo es la convicción, en todos y en ella, en cuanto a que la cuestión que les embarga es sustantivamente moral y espiritual. Es alcanzar lo que nos es genético y negó la república tutelar durante sus dos centurias de existencia, la libertad, el verdadero protagonismo de la nación.

Mas he aquí, pues, la pobre y miserable exégesis de quienes solo contentos con la extracción de Nicolás Maduro y Cilia Flores por Estados Unidos, pretenden asumir de milagrosa la permanencia y prórroga en el poder de los “hermanos mellizos”, Delcy y Jorge, acostumbrados a que las cuotas de poder tienen su precio y se negocian en pública almoneda, incluida la impunidad, la purificación de los crímenes de lesa humanidad.

“La señora Machado cree estar por encima de las instituciones y la Constitución, poniendo fecha para las elecciones presidenciales; solo falta que ponga la hora…  no [tenemos] candidatos a gobernadores ni alcaldes en ningún estado… [estamos] jugando a la paz y al bienestar del país, a que venga la inversión extranjera para que el Estado venezolano se aboque a resolver los problemas”, afirma la narrativa miope, amoral, carente de toda empatía con la gente, con las víctimas e irrespetuosa de la dignidad de estas. La ha proferido un antiguo e innombrable opositor vuelto alacrán, revelando que a él y a quienes como él hacen comandita con los que transformaran a Venezuela en un Estado criminal fallido, apenas les interesa conservar un puesto, incluso irrelevante, en algún municipio o estado, que les asegure sobrevivir bajo un orden integralmente centralizado, militarista y presidencialista como el actual.

María Corina sabe eso. Entiende y es consciente con y junto a la propia nación de esa desviación grave en la política, por lo que las palabras huelgan. Estorban y resultan cínicas cuando media el dolor y el abandono, cuando sobre estos la fe se muestra como el único bálsamo.

¡Estoy aquí, con ustedes!, nos ha dicho. Y le ha bastado al país. Es su gesto invaluable de fraternidad. La expresión de la amiga que, sin esperársela o cuando menos se la espera llega al entierro y callada les da un abrazo a los deudos, prosiguiendo con recato y respeto. Es quien sorprende al enfermo, le visita, le mira a los ojos para comunicarle ¡estoy aquí! Nada más. Es empatía. Es algo muy ajeno al narcisismo digital de las sanguijuelas de la política.

Se encuentra María Corina, lo ha declarado, en las antípodas de los Chávez, de los Maduro, de los Cabello, de los Rodríguez y sus aúlicos; esos que, como lo diría Mariano Rajoy en Política para adultos (2021), “con su falsedades y polarización” siempre han buscado alejarnos de nuestra condición de ciudadanos maduros, prometiendo “un mundo sin límites y sin responsabilidad. Un mundo inexistente”, cuyo daño sobre nuestra convivencia no es ficticio. Y lo sabemos, todos. Pues aquellos, sustituyeron, prostituyéndola, la sana idea de los consensos, destruyéndole a la nación sus certidumbres, polarizando para mejor dominarla, y hacer carreras políticas, volátiles, por cierto, surfeando sobre las “olas de descontento e insatisfacción” generalizados.

La nación que las élites no consiguen comprender

Mientras trabajaba y preparaba María Corina su regreso a la tierra de sus mayores, la que le vio nacer, las élites que cohabitan con el «rodrigato» o que aún aspiran a beneficiarse del mismo, en el marco de su provisionalidad, reincidían en lo que, de mala fe y tocado por el morbo de la corrupción, se le sugirió a la Casa Blanca en vísperas del 3 de enero: ¡A ella no la quieren! Esta vez y hasta ayer insistían en que las encuestas se le derrumbaban. Que se abría un espacio amplio para otro candidato, un outsider.

Lo pletórico e hiperbólico del comportamiento de quienes solo ven a Venezuela como expresión partidaria o de poder, en un neto plano formal, o la estiman como realidad fallida que solo espera de los buitres, permanecen obnubilados de entendimiento. Son aguas de borrajas sus proyectos ―los petroleros y los eléctricos― y mero pasto con el que se alimentan a las redes.

No alcanzan a ver y se les oculta la realidad de la parálisis e incapacidad de ese régimen de facto que intenta prorrogarse y librarse de toda sanción internacional; pero sin aliento ni interés para conducir y reformar a nuestra sociedad, agobiada y agotada por esos autoritarismos ingobernables dispersos y codiciosos, que chocan unos con otros mediando la teatralidad de los aparatos constitucionales y su mesa de negociación. Antes fueron los causahabientes de Hugo Chávez Frías, y ahora lo son los de Nicolás Maduro Moros.

El caso, lo advierte el autor francés a quien he mencionado, es que el andamiaje del poder estatal y republicano ―que cree resolver ante su crisis y desmaterialización mediante transacciones o sincretismos― sigue poniendo de lado al otro universo, sin el que resulta imposible la vida familiar o en sociedad, la participación ciudadana y madura dentro de la plaza pública, hasta para atender las cuestiones que son comunes a todo el país.

Me refiero, justamente, a las instituciones invisibles: la confianza, la ejemplaridad del maestro o la auctoritas patrum como “memoria de los valores”, y la legitimidad. En suma, se trata de volver a la gente, de preferir sus problemas, de interpretar sus aspiraciones o proyectos de vida, de ayudarles a despejar sus prejuicios, de empujarle para que se consolide como nación en conciencia y en voluntad, tras el drama de su diáspora millonaria y sideral.

Conjugar a María Corina desde las categorías partidarias o de la experiencia pervertida de lo político ha sido el error mayúsculo en el que todavía persisten, tozudamente, sus adversarios. Se los traga el encono, desde cuando el pueblo, no ella, les purgó del panorama nacional en las elecciones primarias de 2023.

El no entender el credo sobre el que María Corina ha apuntalado su compromiso de solidaridad con los venezolanos, los llevó sucesivamente a la inesperada derrota que les propinase, a tirios y troyanos, a los del régimen y sus cortesanos, Edmundo González Urrutia, custodio de la soberanía popular desde el 28 de julio de 2024.

No hubo discursos ni promesas, ni ofertas de construcción de plazas públicas o nuevas vías de comunicación, tampoco la oferta de contratos petroleros o dádivas sociales a lo largo de ese trayecto o elipse aleccionadora y casi plebiscitaria, de rescate del espíritu de libertad individual responsable en cada venezolano.

Solo hubo acompañamiento a la nación victimizada por los oficiantes de la política que traicionaron el sentido de lo político, que es servicio desprendido al bien común y, de suyo, concreción del respeto a la dignidad de la persona humana. Se trató, antes bien, de darle la mano al conjunto de la nación para favorecer su reencuentro, el despertar su resiliencia y para que recobrase el sentido de la confianza ante el testimonio leal y la ejemplaridad dado por quienes la convocaban, Machado y González Urrutia.

De modo que, mientras los que piensan en que la dinámica social ancla únicamente sobre la idea de la conveniencia por imperio de un orden eventual de las cosas ―que se cree poder atenderlas desde una mesa que intenta reformar a las instituciones visibles de la república, como su poder electoral o la designación de unos jueces― otros, la mayoría casi total, más perspicaz, sabe y entiende que los andamiajes de los Estados y sus ministerios, así como se encuentran en crisis severa, mal encarnan las aspiraciones de los venezolanos que habitan en el siglo que avanza.

Tras las grandes revoluciones posmodernas de la ciencia, la digital y la de la inteligencia artificial, se ha formado un cosmos radicalmente diferente, una aldea humana, como la profetizase el filósofo y teórico de la comunicación canadiense Marshall McLuhan.

En el interregno, desnudas las sociedades del disfraz de Leviatán que les impuso la modernidad, el Estado nación, encontrándose huérfanas aquellas, agonalmente han buscado como en los grupos primitivos y de pequeñas dimensiones a lo común, dentro de lo similar. Sensiblemente, excluían al resto, al diluirse el sentido de la cooperación entre los diversos, por perderse las certezas y ampliarse la legión de los desconfiados. Así ha sido, hasta la emergencia de María Corina.

Mas sean cuales fueren las interpretaciones al respecto, lo veraz es que, por sobre la pulverización institucional y a la vez social que se inició en Venezuela a partir de 1989, lo peor de la política se entronizó una década más tarde, a partir de 1999. Aceleró las divisiones, estimuló las confrontaciones hasta el punto de inutilizar a la misma fuerza social y hasta los aparatos institucionales que ayer fuesen las palancas del cambio. Ocuparon sus espacios la saña cainita y el morbo desenfadado de la corrupción, que se sigue mostrando con desenfado al lado de la presidenta interina de facto y en sus trasmisiones desde Venezuela.

La confianza como fuente de autoridad y legitimidad de lo político

En hora buena, el daño antropológico sufrido por los venezolanos en su conjunto, a diferencia de quienes aún participan en los remates de cuotas de poder unidos a la buhonería mercaderil emergente en la coyuntura, ha renovado y desprendido una fuerza telúrica e inversa, humanizadora, en toda la geografía recorrida por María Corina.

Es la misma fuerza espiritual que se reafirmó tras el doble terremoto, memorioso de los años 2023 y 2024, cuando el pueblo llano, ahora desgarrado, vuelve a hacer patente su decoro y dignidad. Recobra su resiliencia e iniciativa. Antes controló desde la calle los procesos electorales de los años citados, desafiando al narcorrégimen de Maduro Moros y los Rodríguez, y venciéndolos. Es la fuerza y la ejemplaridad que después se hizo presente en La Guaira, eje de la destrucción sísmica, una vez como se la quiso explotar por los Rodríguez y Diosdado Cabello mediante dádivas clientelares, aprovechándose del sufrimiento desgarrador actuante, ofensivos para las vidas silenciadas, y que fueron rechazadas por los familiares de las víctimas más carenciadas.

El valor insobornable de la lealtad característico de María Corina Machado en su acompañamiento sostenido del pueblo venezolano, situándose a su lado y no al frente ni a la cabeza, sigue facilitando, justamente, su interacción modeladora con esa civitas moral que permanece en diáspora hacia afuera y hacia adentro de Venezuela; que espera del momento propicio para el retorno a la Casa Común y el reencuentro entre las familias separadas por décadas.

La lealtad, cabe destacarlo, es la clave y fuente de la confianza que se construye a lo largo del tiempo y en cada espacio mediante el testimonio. Y es de observar que la desconfianza prende allí en donde media la desinformación o la falta de información, o el engaño o la manipulación o la falsificación de las palabras, cuando se las alteran para restarle significados a los significantes de la comunicación.

Hablar y conducirse conforme a la verdad y sincero afecto hacia la gente, tal como se aprecia tras la reaparición de María Corina, es lo que da como ganancia al bien de la confianza. La lealtad paga, cabe insistir, cuando hay lealtad al pueblo, a la nación y a su voluntad, sin traicionarla ni desfigurarla.

No se trata de la confianza entre los íntimos o cercanos, que se presupone y permanece enclaustrada en el marco de las relaciones inmediatas como las familiares o las de un grupo de activistas, o en los dedicados a las tareas de la ciudadanía. La confianza genuina es algo más sublime y complejo. Nada hace con la forjada al instante o al detal, obra de candidaturas de ocasión, extraña al liderazgo transparente de quien guía y orienta asumiendo para sí la carga mayor. Aligerándola al compartirla con quienes avanza sobre el camino de una utopía posible, la del redescubrimiento de la dignidad a través del ejercicio individual de la libertad responsable, en el marco de la perfectibilidad de lo humano. Tiene un valor eminente la confianza, así, cuando ha lugar entre personas distantes o diferentes en lo personal y en lo geográfico, y quienes desde la distancia que les separa comparten el bien supremo de la libertad.

La nación que somos los venezolanos, que es una misma en su dispersión, emergió para rencontrarse con María Corina, justamente, por confiar en ella. Hizo patente, así, en y con los hechos, que la vanidad prepotente y la insolencia corruptora de los cortesanos de la política y de quienes les proveen de recursos, destruye toda forma de empatía. Y aquélla, María Corina, a la idea de la autoridad formal que causa siempre refracción, opuso la de su testimonio personal. Y he aquí el parteaguas irresoluble.

Mientras los que forman la mesa que en nombre de USA dicen estar resolviendo sobre el destino de Venezuela, pues se le dio poder para ello y, en lo particular, se le ha sostenido el poder a quien es la ocupa del Palacio de Miraflores, María Corina tremola su auctoritas, que es moral.

Construye a lo político como institución social. Se sitúa, diría Rosanvallon, no al lado de la política sino de lo político. La política y su mesa se limita al ejercicio del poder. La auctoritas de María Corina Machado, por bien entendida implica para ella responsabilidad sobre la vida de todos los que a la vez se hacen responsables de sus proyectos de vida. Encarna al porvenir, “afirma la permanencia de una memoria y de una promesa”, que debe traducirse, en el caso de la nación venezolana, exactamente, en memoria, en verdad, y en justicia reparadora.

Como resorte crítico y ético, la legitimidad, esa otra institución inexistente para los oficiantes actuales de la política y que tanto desprecian por creer en el ejercicio perpetuo del poder sin límites ni contrapesos, y con desprecio por el imperio de la ley, cuando mal se la entiende se cree que es la obra de una mayoría circunstancial, repito. Esa que le otorgaría a su beneficiario, que se traga las vergüenzas sin inmutarse y como lo cree, la nuda “propiedad” sobre el poder que busca detentar para usarlo, para tomarlo como ganancia propia.

La legitimidad fidedigna, esa que hemos observado a raíz del final reingreso de María Corina a Venezuela, es “una energía que se libera y viene desde abajo”, tal como se constata.

En suma, solo la nación es capaz de producir una auténtica legalidad constitucional y constituir poderes autónomos e independientes, primeramente, el de la Justicia, en manos de personas no solo competentes sino íntegras, honorables, para que sean confiables, acatados y respetados; a fin de que cuenten estabilidad, sin deserciones sociales, por capaces de asegurar el bienestar colectivo. Y cuyos yerros posibles, de consiguiente, pueda asumirlos la nación con madurez ciudadana, sin escapismos infantiles. La política, que debe aportar certidumbres en tiempos de zozobra, lo recuerda Rajoy, es “para adultos”. Es decir, no es para mayores ni para viejos, “es la hecha por personas responsables para ciudadanos igualmente responsables, sea cual sea su edad”.

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Santa Teresa presentó su nuevo ron 1796 X.O.

Ron Santa Teresa presentó su nuevo ron ultra premium Santa Teresa 1796 X.O. en una gala exclusiva en el Teatro Nacional de Caracas, que reunió a un selecto grupo de figuras reconocidas y referentes venezolanos para presenciar el encuentro entre los últimos 100 años en Venezuela y el legado de Ron Santa Teresa en una obra que combinó música, humor y celebración.

El reconocido humorista venezolano Laureano Márquez fue el protagonista de un extraordinario diálogo que recorrió un siglo de historia venezolana y convirtió la presentación en un homenaje a las raíces, la tradición y el tiempo como testigo de aquello que perdura. La producción general de Claudia Salazar junto a la producción audiovisual de ADS Master Group y dirección actoral de Doustin Zapata, reunió al elenco de actores de Clas Producciones y a la actriz Andreina Blanco para interpretar el guion original de Nacho Palacios y el equipo de Crack Estudio. La experiencia se complementó con la colaboración entre la Orquesta Sinfónica Gran Mariscal de Ayacucho, dirigida por la maestra Elisa Vegas, y el DJ Marco Allen, quienes fusionaron melodías clásicas y modernas que conectaron las distintas décadas del país.

La ceremonia reunió al talento aragüeño de reconocimiento internacional, como el de Efraín Mogollón y sus exclusivo con diseños cargados de sobriedad y elegancia, y el de Gerardo Rasetta, una de las figuras más emblemáticas de la sastrería tradicional y la moda masculina en Venezuela. El evento contó también con la exclusiva joyería artesanal de Kakalaka, piezas elaboradas por Vanessa Vinck y Alesia Chumaceiro. Durante la noche, Festejos Mar acompañó el brindis y la celebración del evento.

Una tradición ronera

“Con Santa Teresa 1796 X.O. seguimos elevando nuestra tradición ronera, honrando un legado construido a lo largo de generaciones. Santa Teresa 1796 ha conquistado el reconocimiento nacional e internacional por su excelencia y sus más de 120 medallas de oro en competencias internacionales, y esta innovación representa una nueva expresión de su maestría y cien años de conocimiento, que nos recuerda que lo extraordinario toma tiempo”, expresó Andrés Chumaceiro, director de Operaciones de Ron Santa Teresa.

Con esta nueva propuesta los maestros roneros seleccionaron líquidos de las reservas más exclusivas, con rones de hasta un siglo de historia que se unen para celebrar tres hitos fundamentales: los 230 años de la Hacienda Santa Teresa, el centenario de Alberto J. Vollmer y las tres décadas de Santa Teresa 1796. Su elaboración incorpora un proceso de maduración que combina el método de Solera junto con barricas y toneles de roble de Limousin francés para lograr una mezcla de gran complejidad y elegancia excepcional.

El resultado es un ron de mayor profundidad, que mantiene la suavidad y balance característicos de Santa Teresa 1796 y contiene notas de madera, frutos secos y tabaco. Una propuesta dirigida a consumidores que valoran la calidad, el origen y la diferenciación, y que buscan bebidas exclusivas para celebrar logros personales, compartir ocasiones importantes o elegir un regalo sofisticado.

“Lo que hace especial a Santa Teresa 1796 X.O. es la historia que hay detrás, una reserva familiar que comenzó en 1926 y hoy, cien años después, se encuentra presente en esta innovación. Es un producto que refleja el trabajo de generaciones de artesanos del ron, que con su experiencia y maestría han sabido cuidar ese legado y transformarlo en algo excepcional”, afirmó Nancy Duarte, Maestra Ronera de Santa Teresa.

230 años de tradición

Este nuevo producto de Ron Santa Teresa se incorpora de manera permanente al portafolio y busca darles a los consumidores del país la primicia de celebrar con un ron que representa su trayectoria y sus raíces. Está disponible únicamente en Venezuela y es la continuación del acompañamiento de la marca a los venezolanos en sus celebraciones más memorables. Por eso, se convierte en la opción ideal para regalar y compartir, llegando al mercado justo antes de la temporada decembrina, una época para brindar y celebrar.

Santa Teresa es la primera productora de ron de Venezuela, con 230 años de tradición y maestría venezolana. En la actualidad, se encuentra en más de 70 países con productos que ostentan con orgullo la Denominación de Origen Controlado Ron de Venezuela.

Qué se sabe de Impsa, la empresa estadounidense-argentina que recuperará capacidad eléctrica en Macagua y Tocoma

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La empresa encargada de recuperar la capacidad eléctrica en Macagua y Tocoma se llama IMPSA (Industrias Metalúrgicas Pescarmona S.A.) es una multinacional de ingeniería pesada y tecnología energética nacida en Mendoza, Argentina y que actualmente opera como una compañía argentino-estadounidense.

Impsa es ampliamente reconocida por ser la única firma en Latinoamérica con tecnología propia para equipos de generación hidroeléctrica de gran escala.

De acuerdo con información difundida en su página web, Impsa fue fundada en 1907 y ha instalado más de 50 000 MW de capacidad eléctrica.

Entre sus principales unidades de negocio destacan: el diseño y fabricación de grandes turbinas moderadoras, fabricación de componentes nucleares y grúas portuarias, además de soluciones en energía eólica y solar.

Tras haber atravesado un proceso de estatización transitoria en su país de origen; en febrero de 2025, IMPSA fue adquirida por el fondo norteamericano Industrial Acquisitions Fund (IAF). La empresa se convirtió en la primera gran compañía privatizada en Argentina bajo la gestión del presidente Javier Milei, reestructurando con éxito sus deudas financieras y expandiendose hacia mercados como Estados Unidos, Canadá y México.

Megaproyectos en Venezuela

Desde hace varios años, Venezuela enfrenta su peor crisis eléctrica. Denuncias en redes sociales afirman que en el interior de país los habitantes de estados como Carabobo, Sucre, Nueva Esparta y el Zulia pasan hasta 12 horas sin luz. Cabe recordar que en 2019 hubo dos megapagones que dejaron a oscuras a casi todo el país por espacios de varios días

Después del pasado 3 de enero, cuando Estados Unidos tomó el control del país mediante con un gobierno que encabeza Delcy Rodríguez bajo su tutela, se anunció un plan energético en coordinación con Corpoelec para rehabilitar, reactivar y modernizar el sistema eléctrico en las dos principales represas del país.

La Embajada de los Estados Unidos anunció a través de su cuenta en X este 30 de octubre que la empresa Impsa comenzará con la recuperación del sistema eléctrico.

En la Central Hidroeléctrica Macagua, ubicada en el río Caroní, en Ciudad Guayana, Estado Bolívar, Impsa inició las obras para la recuperación de los primeros 160 MW de potencia a corto plazo.

Mientras que en la Central Hidroeléctrica Tocoma o Manuel Piar, también en Bolívar, la embajada señaló que se está realizando una reactivación técnica para culminar el montaje de sus unidades generadoras.

Según información difundida por la empresa, la meta global es la recuperación de 672 MW en un plazo inicial de dos años, con una proyección a largo plazo de incorporar hasta 2640 MW de estabilidad energética al sistema. En Macagua, concretamente, aspiran a recuperar 240 MW mediante la rehabilitación de las unidades 4, 5 y 6, mientras que en Tocoma la recuperación será de 432 MW con la rehabilitación de las unidades 1 y 2. También comenzarán las obras civiles de la central.

Impsa también está al frente en el desarrollo de la infraestructura del Parque Eólico La Guajira.

Proyectos en otros países

En Argentina, la compañía suministró equipamiento y turbinas para la Central Hidroeléctrica Yacyretá y Los Caracoles. Brindó provisiones para el Dique Los Monos, el Parque Eólico Arauco y las centrales nucleares Embalse y Atucha II. También estuvo presente en el Proyecto Hidrógeno Verde y las refinerías de YPF.

En Brasil, Impsa ha participado en obras hidroeléctrica y de repotenciación de diversos proyectos de equipamiento y generación de energía en el sistema energético.

Con más de 100 años de trayectoria, Impsa también ha desarrollado proyectos en Estados Unidos, Chile, Colombia, Ecuador, México, Malasia, China, India, Filipinas, y Sudáfrica.

*El periodismo en Venezuela se ejerce en un entorno hostil para la prensa, con decenas de instrumentos jurídicos dispuestos para el castigo de la palabra, especialmente las leyes “contra el odio”, “contra el fascismo” y “contra el bloqueo”. Este contenido está siendo publicado teniendo en consideración las amenazas y límites que, en consecuencia, se han impuesto a la divulgación de informaciones desde dentro del país.

De la emoción a la abstención

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¿Cómo pudiera el venezolano sintetizar lo que ha vivido en este anno Domini 2026? Ninguna selección de palabras lo logra. Recurramos, pues, a la música, ya que ella, como bien indicó Schopenhauer, no precisa de imágenes platónicas y es un reflejo de la voluntad misma. Si tuviera que escoger, diría que la composición musical que mejor expresa lo que el venezolano ha experimentado en el año ya por concluir es la “Sinfonía no. 6” de Chaikovski, apodada “la Patética”. Pero no es patética por débil o mediocre. Su patetismo remite al pathos en sentido griego original. A la emocionalidad.

Este año ha sido, como ningún otro en muchísimo tiempo, el año de las emociones fuertes en Venezuela. Emociones diversas: tristeza, alegría, miedo, rabia. Pero siempre fuertes. Varios eventos se han asegurado de ello. Empezando, con el año mismo, por los acontecimientos de enero. Luego vino el triunfo de Venezuela en el Clásico Mundial de Béisbol. Después, el terremoto doble justo cuando en Curiepe y Naiguatá los tambores (ya ven cómo volvemos inevitablemente a la música) celebraban a san Juan el Bautista y el país entero conmemoraba las hazañas de Bolívar, Páez, Camejo, Plaza y demás en el Campo de Carabobo. Por último (¿por último? ¿no nos aguardarán más sorpresas emocionantes en los dos próximos meses?), el regreso de María Corina Machado al país.

Si no especifiqué la emoción que se sintió en cada uno de estos sucesos, es porque no hace falta. Todo el mundo lo sabe. Como ya dije, las palabras están de más. El último de estos hechos no es excepción. Hasta un hipotético extraterrestre oriundo de la galaxia Andrómeda lo entendería si viera las imágenes de miles de venezolanos en la calle acompañando a la líder opositora.

Ahora bien, si la euforia se mantendrá depende de lo que Machado haga ahora que está en el país. Pudiera equivocarme, pero me atrevo a prever que, al menos en el corto plazo, sus acciones no serán de alta intensidad. Es decir, no se propondrán alterar significativamente la política venezolana tal como se encuentra ahora. Ello puede sonar confuso y decepcionante para quienes esperan que un líder opositor actúe como tal y se lance a intentar transformar el entorno al cual se opone.

Pero hay que tener en cuenta que la política venezolana se encuentra en una situación sumamente peculiar, en la que los papeles tradicionales de los actores no pueden ser dados por hechos. El país atraviesa un conjunto de transformaciones impulsadas por el gobierno de Estados Unidos, cuyo desenlace sigue siendo incierto. Ya que Washington es la fuente de prácticamente todo el poder detrás de semejante metamorfosis, todos los actores relevantes internos han tratado de mantenerse en buenos términos con la Casa Blanca y el Departamento de Estado. Es lo que ha hecho el chavismo y es lo que ha hecho la oposición que Machado encabeza.

Por lo tanto, Machado se encuentra en una situación bastante complicada, que no admite soluciones fáciles y que no es resuelta por el mero hecho de que ella volvió a Venezuela. Mientras que el oficialismo públicamente se muestra alineado con las aspiraciones de Estados Unidos y espera así salir lo mejor parado posible del proceso sin importar lo que la ciudadanía venezolana desee, Machado y los dirigentes políticos aliados con ella sí tienen que enarbolar las banderas de la expectativa ciudadana mayoritaria, la cual sigue siendo un eventual cambio de gobierno.

Mientras las masas tengan razones para asumir que el “nuevo momento político” eventualmente producirá las condiciones para un cambio democrático de gobierno, la dirigencia opositora puede darse el lujo de la paciencia y la pasividad, hasta que llegue el día del resultado deseado. En cambio, si las masas creen que los cambios son solo cosméticos, o reales, pero sin permitir el cambio democrático de gobierno, se volverán a sus líderes y les exigirán que hagan algo al respecto, so riesgo de retirarles el apoyo. Van a exigirles algún plan de acciones para que la voluntad ciudadana mayoritaria sea escuchada, no solo en Miraflores, sino en la Casa Blanca.

Ese es el punto al que precisamente Machado y compañía no quieren llegar, ya que Washington no quiere imágenes de agitación y descontento en Venezuela. Donald Trump está presentando sus maniobras en nuestro país como el mayor éxito de política exterior de su segundo mandato y no quiere que nada estropee aquella imagen. Hasta Marco Rubio, a quien por años los venezolanos interesados en un cambio democrático han visto como su más firme y poderoso aliado en Estados Unidos, lanzó una advertencia contra protestas de calle que exijan cambios más rápidos. Si el liderazgo opositor desafía a Washington en tal sentido, pudiera hacer que Trump se ponga decididamente en su contra y se incline por abortar cualquier plan de transición en Venezuela, dejando así a una élite gobernante que sí le está dando lo que quiere y permitiéndole arremeter contra la disidencia.

Ya que, cæteris paribus, en los próximos meses la expectativa colectiva de que hay luz al final del túnel seguirá, creo que Machado se abstendrá, repito, de intentar sacudir considerablemente las cosas. Solo si para, digamos, mediados del próximo año las masas se sienten defraudadas por el “nuevo momento político”, tendrá ella que afrontar el dilema de reclamar a Washington o perder el respaldo masivo de los venezolanos.

Eso no significa que su regreso al país haya sido a la postre irrelevante. Mientras estuviera afuera, Machado no hubiera podido movilizar con éxito a sus millones de partidarios, si así lo deseara. Estos no iban a acatar el llamado de una líder ausente que no los acompañara en el riesgo. Al permitirle volver, Estados Unidos apostó a que ella colaborará con lo que sea que tiene en mente.

Hay otras variables que podrían alterar la situación más temprano que tarde. Por ejemplo, las elecciones al Congreso de Estados Unidos que se llevarán a cabo el próximo martes y sus posibles efectos en la capacidad de Trump para influir en Venezuela (pienso abordar el asunto de ser necesario en una próxima emisión de esta columna). Pero, por ahora, me inclino a creer que el “nuevo momento político” seguirá desarrollándose como lo ha hecho en los últimos meses y que Machado seguirá dándole el beneficio de la duda mientras pueda. No suena como algo digno de emociones fuertes, lo sé. Pero de esas ya hemos tenido bastantes. Si el proceso avanza bien, no necesitaremos más. En caso contrario, Machado, si quiere seguir siendo considerada líder, tendrá que alzar la voz. A propósito, Aristóteles identificó, junto al logos (coherencia) y el ethos (virtud) un tercer elemento en toda pieza exitosa de retórica: el pathos o emoción.

@AAAD25

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Jueza que asumió caso de Maduro ordena mantener todos los plazos y fechas del proceso   

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Como había sido vaticinado por algunos penalistas, la jueza de la Corte del Distrito Sur de Nueva York, Analisa Torres, ordenó que la causa penal contra Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores por narcoterrorismo, manejo de armas y ahora presuntas torturas a ciudadanos estadounidenses y venezolanos continúe con las fechas, audiencias y plazos fijados por el anterior magistrado Alvin Hellerstein, quien falleció el pasado miércoles 28 de octubre.

“Con el fin de garantizar una administración de justicia ordenada y eficiente, y evitar cualquier perjuicio, alteración o incertidumbre. Se ordena que todas las directrices, plazos y comparecencias programadas, incluida la fecha del juicio, establecidos por el juez Hellerstein, permanezcan plenamente vigentes y surtan todos sus efectos” escribió el abogado Nizar El Fakih en su cuenta de X.

El profesional del derecho, quien estuvo recientemente en la edición semanal de La Conversa de la Alianza Rebelde Investiga (ARI), escribió además que se ordenó que las partes cumplan estrictamente con el calendario procesal vigente, “salvo que sea modificado mediante orden de la Corte”.    

La magistrada con esta primera orden busca “garantizar una administración de justicia ordenada y eficiente, y evitar cualquier perjuicio, alteración o incertidumbre”, según dejó constancia en su primera resolución, firmada el 29 de octubre de 2026, en la cual también expresó su “profunda tristeza” por el fallecimiento de Hellerstein.

El fallecido juez había programado para el 17 de diciembre próximo una audiencia con la finalidad de revisar una moción de la defensa de Maduro sobre su supuesta inmunidad con el argumento de ser “jefe de Estado de Venezuela”.

Según la resolución de Hellerstein, quien falleció a la edad de 92 años por causas naturales y tuvo a su cargo el proceso penal desde la acusación original presentada por la Fiscalía en 2021, el 14 de junio de 2027 sería la audiencia de juicio.

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