En respuesta a la emergencia nacional, la Fundación Santa en las Calles anuncia el despliegue y la ampliación de su Plan de Atención Integral Posterremoto en Venezuela 2026. Desde las primeras horas de la contingencia, que comenzó el 24 de junio pasado, la organización activó de inmediato su centro de acopio y una red de voluntarios para brindar apoyo a hospitales, rescatistas y a la sociedad civil en La Guaira y Caracas.
Hasta la fecha, los insumos recolectados gracias a la solidaridad de la sociedad civil y aliados comerciales de la fundación ya han sido distribuidos en los principales centros de salud de la capital, como son los hospitales J. M. de los Ríos, Miguel Pérez Carreño, Domingo Luciani de El Llanito y Dr. Carlos Arvelo (hospital militar).
Un llamado a la acción
María Angélica Rodríguez, gerente general de la Fundación Santa en las Calles, indicó: “Actualmente miles de damnificados habitan en refugios y espacios públicos como canchas, campos deportivos y albergues. Estas personas se encuentran en un alto riesgo, por lo que es importante pensar en cómo podemos apoyarlas en las próximas semanas y meses”.
Ante este escenario de extrema vulnerabilidad, la organización no solo mantendrá operativo su centro de acopio y sus programas bandera preexistentes de reinserción social (Familia Panabus y Familia Panarosa), sino que ampliará sus operaciones a través de tres líneas de acción prioritarias en refugios:
– Atención médica primaria (Programa Panabus): despliegue de unidades y equipos médicos en refugios y campamentos, aplicando su modelo probado de jornadas de salud directamente en las comunidades afectadas.
– Atención médica especializada para la mujer (Programa Panarosa): asistencia obstétrica de emergencia directamente en los refugios para realizar monitoreo fetal, atención a embarazadas y prevención de complicaciones críticas.
– Cocinas comunitarias (Programa Comida para un Pana): activación de cocinas con voluntariado para la preparación y distribución diaria de raciones de comida caliente en refugios y hospitales.
¿Cómo puede ayudar la sociedad civil?
La Fundación Santa en las Calles hace un llamado a las empresas privadas, gremios y ciudadanos a sumarse a este esfuerzo humanitario. Para sostener las operaciones en hospitales y refugios, se solicita prioritariamente la donación de:
Insumos médicos y medicamentos.
Alimentos no perecederos y suministros.
Artículos de higiene personal.
Centros de acopio y contacto:
Para conocer los puntos exactos de recepción de donaciones, sumarse como voluntario o realizar aportes económicos, por favor comuníquese a través de las cuentas en Instagram: @panabusoficial / @panarosaoficial o al celular: +58 412 314 6570
La Fundación Santa en las Calles es una organización sin fines de lucro, con 20 años de compromiso social, dedicada a dignificar la vida de las personas en situación de calle y vulnerabilidad en Caracas y sus alrededores.
¡Hoy más que nunca, la reconstrucción de la esperanza empieza en la calle y en el corazón de cada venezolano!
Los riesgos sanitarios y los desafíos para la salud pública tras los terremotos de gran magnitud del pasado 24 de junio no han acabado. La vida en refugios o campamentos temporales, la concentración de personas en espacios compartidos y reducidos, la escasez y los problemas en el suministro de agua potable crean un ambiente propicio para la aparición de enfermedades contagiosas.
Ante esta nueva realidad, la Sociedad Anticancerosa de Venezuela (SAV) decidió compartir una serie de recomendaciones claves con el fin de resguardar a las familias damnificadas y contener los posibles riesgos sanitarios en las zonas de ayuda humanitaria.
El médico gastroenterólogo y presidente de la organización, el doctor Cono Gumina, explicó que los factores como el hacinamiento, las fallas en el acceso a los servicios básicos y la alteración de las rutinas diarias de higiene de cada individuo pueden representar los principales detonantes de afecciones estomacales y de la piel. Sin embargo, aclaró que se trata de una contingencia totalmente evitable si las comunidades logran adoptar de manera colectiva e individual medidas de control sanitario.
“En situaciones de emergencia, la prioridad epidemiológica es cortar las vías de transmisión de patógenos. Cuando el agua es escasa y convivimos estrechamente con otras familias, la disciplina en el manejo de lo que consumimos y cómo desechamos los residuos es lo que contiene un brote”, señaló Gumina.
Amenazas en la salud
Las mayores amenazas dentro de los refugios temporales se concentran en tres puntos importantes de infección. En primer lugar se ubican las enfermedades gastrointestinales, las cuales son provocadas por el consumo directo de agua no apta o alimentos que han perdido la cadena de frío, así como aquellos que se han contaminado con bacterias, virus o parásitos durante la manipulación, lo que puede traer consigo cuadros severos de diarrea y deshidratación.
El segundo peligro son las afecciones dermatológicas, que pueden empezar por el contacto prolongado con ropa húmeda, la falta de aseo corporal, el uso compartido de colchonetas o cobijas que no han sido ventiladas como se debe, la manipulación de escombros o de aguas estancadas sin protección, lo que puede facilitar la propagación de infecciones bacterianas, fúngicas, ectoparásitos o dermatitis.
Finalmente, el tercer factor de riesgo involucra los vectores y residuos, ya que la acumulación inadecuada de los desechos sólidos y las heces atrae moscas, roedores y zancudos. Estos pueden incrementar la posibilidad de contraer dengue o infecciones bacterianas combinadas.
“El hacinamiento natural en un campamento temporal facilita que un virus estomacal o una infección cutánea se extienda rápidamente de una persona a otra. El agua y los desechos se convierten en los vectores críticos que debemos controlar de inmediato”, añadió.
Protocolo y manejo de recursos
Para disminuir la acción de estos factores y romper eficazmente la cadena de transmisión de agentes infecciosos, el SAV recomienda aplicar protocolos estrictos tanto en las comunidades afectadas como en los centros de acopio.
La primera recomendación consiste en asegurar la potabilidad del agua cuando no se dispone del mismo embotellado y existe una duda sobre su pureza. Para ello, se debe hervir el agua durante al menos tres minutos completos, a partir del momento de la ebullición. En caso de no contar con la opción, se debe recurrir a la cloración agregando exactamente dos gotas de cloro comercial sin aroma por cada litro de agua y luego dejarla reposar durante treinta minutos antes de consumirla.
Por otra parte, la organización sugiere priorizar la higiene de manos antes de manipular o ingerir comidas, después de utilizar los baños o cambiar pañales y luego de tocar cualquier tipo de superficies comunes. Si el agua es muy escasa se debería de priorizar su uso para el lavado de las manos o emplear soluciones de alcohol al 70 %, lo cual representa una alternativa para la desinfección y limpieza de las manos.
El manejo de los alimentos también requiere un gran cuidado, que obliga a separar los crudos de los cocidos para evitar la contaminación cruzada; mantener los utensilios lavados con agua limpia; evitar la conservación de preparaciones a temperatura ambiente por más de dos horas, y prohibir el consumo de cualquier alimento cuya procedencia sea dudosa o muestre signos iniciales de descomposición.
Organización y vigilancia
El manejo de los desechos representa otro punto importante para la institución. Destacan que las áreas destinadas a baños deben ser para ese uso exclusivo y, ante la necesidad de habilitar zonas improvisadas, el personal a cargo debe asegurar el sellado constante de los pozos utilizando tierra o cal para impedir la proliferación de malos olores. Igualmente, los desperdicios y la basura deben almacenarse en bolsas cerradas herméticamente y distantes de los espacios para dormir y comer.
Con respecto a la prevención de infecciones respiratorias, se recomienda el uso obligatorio de tapabocas en lugares cerrados para todas las personas que manifiesten síntomas virales, como tos o estornudos.
Las autoridades del refugio deben tener un comité de salud encargado de realizar un censo diario entre los refugiados para evaluar síntomas como fiebre, erupciones en la piel o tos persistente. Estos hallazgos tienen que reportarse de inmediato al personal médico para evitar la automedicación, que puede empeorar cuadros epidemiológicos graves y complejos.
“La automedicación en estas circunstancias puede enmascarar cuadros epidemiológicos graves. Ante la presencia de los primeros síntomas, es perentorio reportar el caso de manera oportuna al personal médico, paramédico o de enfermería desplegado en el campamento temporal o al centro de salud más cercano. La detección temprana de un caso evita que este se transforme en un brote comunitario”, advirtió el presidente de la SAV.
Errores en la convivencia diaria
El presidente de la Sociedad Anticancerosa de Venezuela (SAV) resaltó que almacenar agua en envases destapados es uno de los errores más comunes, pues permite que entren polvo, insectos y bacterias del ambiente en los contendores; también puede promover que los ciudadanos introduzcan tazas o manos sucias para extraer el agua y terminen por contaminar todo el contenido y anular cualquier proceso previo de desinfección.
Alertó de que consumir alimentos con la idea de no botarlos, debido a la escasez, lleva a las personas a ingerir comidas cuya frescura es dudosa y puede detonar cuadros severos de diarrea. Recomendó también que los utensilios y prendas de vestir sean individualizados.
Con la difusión de estas recomendaciones, la institución reafirma su compromiso con la salud y recuerda que la higiene colectiva es la herramienta más potente para superar con éxito las fases posteriores de la emergencia nacional.
*El periodismo en Venezuela se ejerce en un entorno hostil para la prensa, con decenas de instrumentos jurídicos dispuestos para el castigo de la palabra, especialmente las leyes “contra el odio”, “contra el fascismo” y “contra el bloqueo”. Este contenido está siendo publicado teniendo en consideración las amenazas y límites que, en consecuencia, se han impuesto a la divulgación de informaciones desde dentro del país.
Venezuela es un país sísmico, y los terremotos del 24 de junio, que dejaron más de 4000 fallecidos y cerca de 19 000 damnificados, pusieron en evidencia esa realidad que, según dos historiadores de la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB), ha sido olvidada por buena parte de la población. Los investigadores Tomás Straka y María Soledad Hernández consideran fundamental fortalecer la educación y la memoria histórica para preparar a las nuevas generaciones frente a este tipo de desastres naturales.
En una entrevista publicada por El Ucabista, los especialistas recordaron que, en poco más de dos siglos, el país ha registrado al menos seis terremotos de gran magnitud, tres de ellos con impacto directo en Caracas. Entre estos destacan los sismos de 1812, 1900, 1967; así como los ocurridos en El Tocuyo en 1950, en Cariaco en 1997 y el registrado el pasado 24 de junio.
La memoria como herramienta de prevención
Straka explicó que la percepción de que los terremotos son eventos excepcionales responde, en parte, a la cantidad de tiempo que suele transcurrir entre un gran sismo y otro, lo que dificulta la transmisión de experiencias entre generaciones.
“Los terremotos muy grandes no son frecuentes, se distancian más o menos medio siglo o un siglo. Eso dificulta la narración en primera persona y la posibilidad de transmitir la experiencia a otras generaciones”, afirmó el historiador.
A su juicio, esa falta de memoria colectiva también refleja deficiencias en la formación educativa del país.
Por su parte, María Soledad Hernández sostuvo que la enseñanza sobre desastres naturales debe incorporarse de forma permanente en los programas escolares.
“En los textos escolares tiene que haber capítulos de desastres naturales. No para asustar a los niños, sino para prepararlos, para evitar una tragedia a futuro”, señaló.
La investigadora también destacó el papel de los medios de comunicación en la construcción de una cultura de prevención. Consideró que la información sobre riesgos naturales no debe limitarse a los momentos de crisis, sino mantenerse de manera constante y con un enfoque responsable que evite generar pánico.
Aprender de los terremotos del pasado
Los investigadores recordaron que el terremoto de 1812 marcó un punto de inflexión en la historia del país y fue utilizado políticamente durante la Guerra de Independencia como un supuesto “castigo divino”. Asimismo, desmintieron que existan pruebas históricas de que Simón Bolívar pronunciara la célebre frase: “Si la naturaleza se opone, lucharemos contra ella y haremos que nos obedezca“. Señalaron que proviene de un relato escrito por un adversario político del Libertador.
También resaltaron el impacto del terremoto de 1967, ocurrido pocos días después de la celebración de los 400 años de Caracas. Según Straka, aquella tragedia impulsó importantes avances en materia de ingeniería sismorresistente y contribuyó al fortalecimiento de la investigación científica, con la creación de la Fundación Venezolana de Investigaciones Sismológicas (Funvisis) en 1972.
Ambos historiadores alertaron de que la tragedia de 2026 debe servir para fortalecer la preparación del país frente a futuros sismos y consolidar una cultura de prevención basada en la educación, la planificación y la memoria histórica.
*El periodismo en Venezuela se ejerce en un entorno hostil para la prensa con decenas de instrumentos jurídicos dispuestos para el castigo de la palabra, especialmente las leyes «contra el odio», «contra el fascismo» y «contra el bloqueo». Este contenido fue escrito tomando en consideración las amenazas y límites que, en consecuencia, se han impuesto a la divulgación de informaciones desde dentro del país.
La Agencia Nacional de Inteligencia Geoespacial (National Geospatial-Intelligence Agency, NGA) de Estados Unidos emitió una alerta marítima para la zona donde se realizarán las reparaciones del cable submarino de fibra óptica South American Crossing (SAC), principal enlace internacional de Venezuela. El aviso estará vigente entre el 14 de julio y el 3 de agosto y solicita a todas las embarcaciones evitar transitar por el área mientras se desarrollan las labores.
La National Geospatial-Intelligence Agency (NGA) de EEUU. a emitido una alerta maritima en la zona donde se van a realizar las reparaciones del cable submarino de fibra óptica South American Crossing (SAC), a partir de mañana 14/07 y hasta 03/08, el aviso es para que todas las… pic.twitter.com/NFRNq6PzOi
La NGA, organismo del Departamento de Defensa de Estados Unidos encargado de producir inteligencia geoespacial y emitir avisos de navegación para la comunidad marítima internacional, publicó la alerta en momentos en que se espera el inicio de los trabajos sobre el cable averiado.
Reparación en camino
La reparación estará a cargo del buque especializado M/V Wave Sentinel, que actualmente realiza trabajos en la isla de Guadalupe y posteriormente se dirigirá al Caribe para intervenir el cable. La avería se produjo tras los terremotos del 24 de junio frente a las costas de La Guaira. El cable SAC, operado por Cirion Technologies, sufrió una ruptura que redujo de forma significativa la capacidad de conectividad internacional de Venezuela, lo que ocasionó fallas de internet en distintas regiones del país.
El 7 de julio, la Comisión Nacional de Telecomunicaciones (Conatel) confirmó que la ruptura del cable submarino estaba afectando el servicio de internet y advirtió que las interrupciones podrían prolongarse durante varios días mientras avanzaban las labores de reparación. El organismo explicó que los usuarios podrían experimentar lentitud en la navegación, conexiones intermitentes, retrasos en videollamadas, videojuegos en línea y mayor congestión durante las horas de más demanda, por lo que exhortó a la población a hacer un uso racional del servicio.
📢 Actualización sobre el servicio de Internet en Venezuela
Como consecuencia de los fuertes sismos registrados el pasado 24 de junio, se produjo una ruptura en el cable submarino de fibra óptica que conecta al país con la red internacional.#CableSubmarino#Conatel#Venezuelapic.twitter.com/2tqD2aM2dF
Dos días antes, Conatel había informado la activación de un plan excepcional de celeridad regulatoria para facilitar que empresas autorizadas como Thundernet, VNET, Fibex y Airtek incrementaran temporalmente la capacidad del tráfico internacional de datos desde estados fronterizos estratégicos, con el fin de mitigar el impacto de la contingencia mientras se restablece la infraestructura.
El periodista y especialista en telecomunicaciones William Peña, director de Telecomunicaciones360, ha señalado que la avería dejó fuera de servicio una parte importante de la capacidad internacional de internet del país y afectó especialmente a pequeños proveedores que dependen de Cirion. Según el experto, la emisión de la alerta marítima por parte de la NGA representa el primer indicio oficial de que la operación de reparación ya cuenta con una ventana de trabajo definida y que las maniobras en el área son inminentes.
Un representante de la empresa Silver Data, proveedora de internet en Caracas mediante tecnología de fibra óptica e internet inalámbrico para hogares y empresas, confirmó que el inicio de estos nuevos trabajos podría afectar el servicio, que ya había sido impactado tras los sismos, cuando según destacó, la capacidad general de internet en Venezuela se redujo a la mitad.
“Gracias a un esfuerzo de varias empresas que nos aliamos logramos unir capacidad de salida para dar algo de normalidad al servicio. También se logró conectar con un cable que llega a Colombia”, recalcó.
Se espera que en los próximos días se conozcan detalles sobre la llegada del buque especializado y el inicio de la inspección del cable submarino, pasos clave para avanzar en la reparación.
*El periodismo en Venezuela se ejerce en un entorno hostil para la prensa con decenas de instrumentos jurídicos dispuestos para el castigo de la palabra, especialmente las leyes «contra el odio», «contra el fascismo» y «contra el bloqueo». Este contenido fue escrito tomando en consideración las amenazas y límites que, en consecuencia, se han impuesto a la divulgación de informaciones desde dentro del país.
La cantante colombiana Shakira instó este 13 de julio a aumentar el apoyo internacional a un fondo educativo destinado a los niños afectados por los terremotos registrados en Venezuela el pasado 24 de junio, una iniciativa que busca ayudar a recuperar espacios de aprendizaje y garantizar la continuidad educativa en las zonas golpeadas por la emergencia.
La propuesta se enmarca en los esfuerzos del Fondo FIFA Global Citizen Education, que anunció recursos para apoyar a estudiantes y docentes afectados por los sismos, mientras organismos humanitarios y organizaciones venezolanas alertan sobre las consecuencias que la tragedia tendrá en miles de niños, niñas y adolescentes.
Unicef informó que los terremotos de magnitud 7,2 y 7,5 afectaron comunidades de Caracas y de los estados Aragua, Carabobo, Falcón, La Guaira y Miranda. El organismo señaló que aproximadamente 1,8 millones de personas, entre ellas 680 000 niños y niñas, requieren asistencia humanitaria por la emergencia.
En el ámbito educativo, reportes recopilados por organizaciones vinculadas a la protección de la infancia advierten daños en centros escolares que podrían dificultar el retorno seguro a clases. Un balance difundido por la Agencia de Periodistas Amigos de la Niñez y la Adolescencia (Agencia PANA), brazo de investigación de Cecodap, señala que al menos 900 escuelas en 9 estados del país están afectadas debido a los terremotos. Mientras tanto, continúan las inspecciones técnicas para determinar el alcance de los daños.
La organización también alertó de que la emergencia no solo implica daños materiales, sino también riesgos de separación familiar, afectaciones emocionales y vulneraciones de derechos. El informe, elaborado con base en reportes públicos, información hospitalaria y seguimiento de campo entre el 24 y el 26 de junio, identificó casos de niños, niñas y adolescentes fallecidos, heridos, desaparecidos, evacuados y rescatados en siete entidades: La Guaira, Distrito Capital, Aragua, Carabobo, Falcón, Miranda y Yaracuy.
La organización destacó que la respuesta debe incluir atención psicosocial, mecanismos de reunificación familiar y garantías para que los menores puedan regresar a escuelas seguras. Además de los daños en infraestructura, especialistas advierten que la interrupción prolongada de las clases puede profundizar problemas que ya afectan al sistema educativo venezolano, al dejar a estudiantes fuera de sus rutinas escolares y aumentar las brechas de aprendizaje.
Apoyo global
A la campaña también se han sumado personalidades internacionales como el cantante Charlie Puth, el músico venezolano Danny Ocean, el chef Marcus Samuelsson, el presidente de Zambia, Hakainde Hichilema, la vicesecretaria general de Naciones Unidas, Amina Mohammed, y el premio Nobel de la Paz Kailash Satyarthi.
La iniciativa cuenta además con el respaldo de una carta abierta firmada por una coalición internacional de antiguos jefes de Estado, líderes mundiales y filántropos, que insta a gobiernos, empresas y ciudadanos a contribuir al Fondo FIFA Global Citizen Education para garantizar el acceso a la educación.
Shakira llamó a gobiernos y organismos internacionales a sumar esfuerzos para que los niños y niñas afectados puedan recuperar su derecho a la educación y evitar que las consecuencias de la emergencia sísmica tengan efectos prolongados sobre una generación de estudiantes.
*El periodismo en Venezuela se ejerce en un entorno hostil para la prensa con decenas de instrumentos jurídicos dispuestos para el castigo de la palabra, especialmente las leyes «contra el odio», «contra el fascismo» y «contra el bloqueo». Este contenido fue escrito tomando en consideración las amenazas y límites que, en consecuencia, se han impuesto a la divulgación de informaciones desde dentro del país.
La urgencia de brindar ayuda tras los terremotos del 24 de junio se impuso a la rutina. Ángel Moreno, un joven 26 años, oriundo del estado Táchira y residenciado en Caracas desde hace años, ha sido uno de los miles de jóvenes que pausaron su vida personal para ayudar a las personas afectadas por el desastre.
El día de los sismos, resguardado en casa de unas amigas, experimentó una profunda ansiedad. La certeza de que el tiempo corría en contra de los sobrevivientes lo movilizó de inmediato.
Al día siguiente, compró unos panes, reunió tres bolsos con ropa que guardaba de donaciones anteriores y agarró camino hacia las zonas afectadas en un vehículo que colaboró con el traslado. Su objetivo inicial era Los Palos Grandes, pero las circunstancias lo llevaron hacia La Guaira, la zona más afectada por los terremotos.
El primer contacto con la magnitud del desastre
Ángel llegó a Catia La Mar el 25 de junio sin ningún equipo de protección; solo pudo comprar un tapabocas. Una vez en la zona entendió la verdadera escala del desastre. En el “Hospitalito” la emergencia sanitaria se le hizo evidente al ver el estado de los pacientes. Jóvenes de su misma edad presentaban heridas graves y estaban severamente afectados por lo ocurrido.
“Les di los sándwiches en las manos y les ví las caritas rotas, las piernas vendadas… muchachos de mi edad en pañales, ¿sabes? Y dejé la ropa allí y me fui caminando hasta Playa Grande”, relató en entrevista con Runrun.es.
Se dirigió a ese sector motivado por los reportes en redes sociales que advertían sobre la falta de asistencia. El recorrido por las calles de Catia La Mar lo enfrentó a un panorama de desolación y estructuras colapsadas. Ante la percepción de que la ayuda institucional no llegaba a los puntos críticos, consideró que, por su propia condición física, podría ser útil para las labores de búsqueda.
“Yo sé que yo tengo fuerza, que tengo un cuerpo ágil, estoy sano, que no me pasó nada. Afortunadamente, en este terremoto estuve seguro, y siento que no es casualidad, porque si estoy bien, (…) si tengo un cuerpo que puedo utilizar para ayudar a otros, ¿por qué no?”, dijo.
Ángel Moreno acudió a las labores de rescates al día siguiente del doblete sísmico sin tener equipos de protección
Labores de búsqueda sin amparo institucional
El primer punto de intervención directa fue una de las torres de las Residencias Belo Horizonte. “Ese primer día solo éramos voluntarios y las personas que vivían allí”, relató Moreno, quien destacó la ausencia de bomberos, policías o personal de Protección Civil en las horas más cruciales posteriores al sismo.
La demanda de los familiares de las víctimas determinó la continuidad de las jornadas de búsqueda, a pesar de los riesgos estructurales y de la falta de implementos de seguridad. Ángel ingresó en espacios reducidos con desprendimientos constantes de escombros para verificar la presencia de personas atrapadas.
Al descender de la edificación, los residentes solicitaban nuevas inspecciones en niveles específicos donde presumían que se encontraban sus allegados. “A pesar de que ya había revisado, era como, ‘no importa, vuelvo a subir y vuelvo a buscar”, señaló.
Contrastes institucionales y colapso logístico
La dinámica en el terreno expuso diferencias en el despliegue de las autoridades según la localidad. Mientras que en Caracas –donde también colaboró en labores de rescate– se observaba el uso de maquinaria pesada y una presencia coordinada de rescatistas, bomberos y delegaciones extranjeras, en La Guaira la situación inicial estuvo marcada por el colapso logístico.
El incremento del tránsito hacia el litoral central en los días posteriores al doblete sísmico generó un embotellamiento que dificultó el acceso de los suministros y los equipos especializados. En sus palabras, la movilización fue tan masiva que “entorpeció la ayuda, porque colapsó La Guaira”.
En el contexto de los rescates no ejecutados por entes oficiales o institucionales, se presentaron interrupciones por parte del personal oficial en las zonas de escombros. Moreno describió situaciones específicas en Macuto donde las labores de recuperación de cuerpos fueron detenidas momentáneamente por funcionarios públicos con fines de registro fotográfico.
“Yo estoy metido en un hueco donde hay un cadáver al lado mío, un hueco inaccesible (…) y llega un funcionario a sacarme. Me pasó dos veces. El funcionario me sacaba para meterse, tomar unas fotos y se iba”, contó. Añadió que las expectativas del equipo de voluntarios era que los uniformados ayudaran, pero se retiraban del sitio tras obtener las imágenes.
El impacto de la cercanía y las pérdidas personales
La labor comunitaria adquirió una dimensión distinta cuando se trasladó al entorno cercano. Ángel acompañó a un amigo hasta el edificio donde este residía, en el piso nueve, con la misión inicial de encontrar a su mascota. Durante el ingreso a los niveles inferiores de la estructura dañada, recolectó artículos personales y fotografías familiares antes del arribo de su allegado.
“Fue muy complejo porque, claro, yo soy el que entra a los escombros y el que manipula. Me afectó mucho el olor a descomposición (…). Yo me he ido acostumbrando a los diferentes olores de descomposición desde el día uno hasta ese momento, porque el primer día olía a sangre fresca y los demás días se percibía una descomposición progresiva”, relató.
El hallazgo de la mascota de su amigo confirmó lo que se temían, en un entorno donde las labores de extracción total resultaron inviables debido a las condiciones del colapso. Posteriormente, ambos ascendieron al apartamento para asegurar bienes personales ante el riesgo latente de saqueos en la zona.
Ángel Moreno recupera pertenencias en el edificio donde vivía su amigo
La jornada concluyó con palabras de apoyo y acompañamiento emocional para su amigo ante la pérdida total de la vivienda. “Fue un pequeño espacio, un pequeño momento de decirle como ‘okay, despídete de este espacio, agradécele porque este fue tu hogar”, recordó Moreno.
Para Ángel, fue duro ver a su amigo “quebrarse porque lo acababa de perder todo y se tenía que ir de ese lugar”. Darle ese abrazo, estar con él y tratar de sacarle una sonrisa fue fuerte: “Porque cuando es una persona que no conoces, igual lo haces, pero cuando es un amigo se siente diferente”.
Alteración de la rutina y el costo de la ayuda
El impacto de la contingencia transformó la cotidianidad de Ángel. Los traslados diarios en moto hacia La Guaira y la compra de insumos médicos básicos fueron costeados principalmente con recursos propios, complementados después por donaciones.
Esta dedicación exclusiva generó la suspensión temporal de sus rutinas de entrenamiento físico, afectó el cumplimiento de sus compromisos laborales remotos y generó repercusiones en el manejo de su bienestar personal.
Los días en los que se ha quedado en Caracas no los ha usado para descansar, sino para apoyar en el centro de acopio de la iglesia San Bernardino de Siena en Caracas. Diariamente despierta pensando en ayudar, bien sea yendo a La Guaira o al centro de acopio.
Su vida ha cambiado completamente. “Antes de esto yo era como Ángel, el chico que entrena todos los días, el que tiene su trabajo en un proyecto de salud de prevención de VIH, que trabaja también los fines de semana en su trabajo remoto en casa”, detalló.
Ángel Moreno en labores de rescate en La Guaira
A pesar del agotamiento acumulado y de las recomendaciones de su entorno para pausar las actividades, el compromiso con los afectados se mantiene vigente debido a las carencias estructurales que persisten en las comunidades.
“Quizás, en algún momento, todos como venezolanos retomaremos nuestras vidas, pero eso no va a borrar lo que pasó. Y no va a borrar que la necesidad va a seguir existiendo”, concluyó.
Puede ver la entrevista completa a continuación:
*El periodismo en Venezuela se ejerce en un entorno hostil para la prensa con decenas de instrumentos jurídicos dispuestos para el castigo de la palabra, especialmente las leyes «contra el odio», «contra el fascismo» y «contra el bloqueo». Este contenido fue escrito tomando en consideración las amenazas y límites que, en consecuencia, se han impuesto a la divulgación de informaciones desde dentro del país.
La cifra de fallecidos por el doblete sísmico del pasado 24 de junio ascendió a 4561 personas, según datos publicados por Jorge Rodríguez, presidente de la Asamblea Nacional oficialista, en su cuenta de Telegram.
Este balance, correspondiente al lunes 13 de julio, mantiene la cifra de heridos sin variación desde hace días, en 16 740. Asimismo, señala que 6462 personas han sido rescatadas, otras 17 907 quedaron sin vivienda, y han sido atendidas 128 324 familias.
En cuanto a las personas que requirieron atención médica, Rodríguez informó que un total de 33 085 pacientes fueron atendidos en centros de salud.
Refugios, alimentos y rescatistas
Con respecto a los campamentos transitorios, el reporte publicado por Rodríguez indica que hay 107 instalados, los cuales albergan a 20 231 personas. Según los reportes que publica Héctor Rodríguez, vicepresidente sectorial para el Socialismo Social y Territorial, a la fecha hay 40 campamentos en Caracas, 28 en La Guaira, 20 en Miranda y 10 en el estado Aragua.
De acuerdo con el balance que difundió Jorge Rodríguez, se han distribuido 10 063 toneladas de alimentos y un total de 19 676 197 litros de agua. Además, se mantienen desplegados 2471 rescatistas internacionales, 30 989 funcionarios nacionales y 30 692 voluntarios que están en las zonas afectadas por el desastre.
Hasta este lunes 13 de julio, según las cifras que publica el interinato, se han registrado 1254 réplicas del doblete sísmico y 856 edificios resultaron afectados, de los cuales 190 colapsaron en su totalidad.
*El periodismo en Venezuela se ejerce en un entorno hostil para la prensa con decenas de instrumentos jurídicos dispuestos para el castigo de la palabra, especialmente las leyes «contra el odio», «contra el fascismo» y «contra el bloqueo». Este contenido fue escrito tomando en consideración las amenazas y límites que, en consecuencia, se han impuesto a la divulgación de informaciones desde dentro del país.
El magnífico artículo de Soledad Morillo Belloso, El pecado del silencio, nos obliga a mirar más allá de las imágenes del desastre. No basta con llorar a las víctimas ni con contabilizar edificios derrumbados. Hay que preguntarse por qué cayeron.
Un terremoto es una tragedia natural. Que un edificio se desplome puede no serlo (al menos la mayoría de las veces, diría yo).
Si las investigaciones demuestran que hubo estructuras mal calculadas, materiales de inferior calidad, modificaciones ilegales, inspecciones complacientes o permisos obtenidos mediante corrupción, entonces la responsabilidad dejará de ser geológica para convertirse en humana.
Durante años, demasiados venezolanos aprendimos a convivir con una palabra terrible: “coima”. Se pagaba para obtener permisos, para acelerar trámites, para cerrar los ojos frente a irregularidades. En la construcción, esa corrupción no producía únicamente sobreprecios: podía costar vidas.
Cada cabilla que se dejó de colocar, cada saco de cemento sustituido por materiales de menor calidad, cada plano alterado, cada inspección firmada sin verificaciones reales, cada funcionario que convirtió su sello en mercancía, fue una apuesta contra la vida de familias enteras.
Es verdad, como señala Soledad, que el silencio también tiene víctimas. Pero hay una responsabilidad más profunda aun: la de quienes participaron, por acción o por omisión, en un sistema que convirtió la corrupción en método de construcción.
No hablo de condenas colectivas. Sería tan injusto como irresponsable. Venezuela cuenta con extraordinarios ingenieros, arquitectos, calculistas e inspectores que ejercieron y ejercen su profesión con una ética ejemplar. Precisamente por respeto a ellos, es indispensable separar a los profesionales íntegros de quienes, si las investigaciones así lo establecen, utilizaron sus conocimientos para avalar irregularidades o aceptaron mirar hacia otro lado.
La justicia no puede detenerse en los contratistas. Debe recorrer toda la cadena de responsabilidades. Quién diseñó, quién calculó, quién construyó, quién supervisó, quién inspeccionó, quién aprobó y quién cobró para aprobar. Nadie debería quedar al margen si incumplió deliberadamente el deber de proteger vidas humanas.
La casa de mis padres fue construida en 1968. Nosotros vivíamos al lado, en la casa de mis abuelos. Presenciamos todo el proceso de construcción. El ingeniero encargado de la obra era el querido Alejandro Loynaz. Venía todos los días. Y recuerdo también que, al menos un par de veces porque yo los vi, se presentaron los inspectores del MOP (Ministerio de Obras Públicas) a revisar la obra. Yo hoy vivo en esa casa, 59 años después, y no sufrió ni un rasguño.
Porque una firma no es tinta sobre un papel. Es una garantía de seguridad. Un sello oficial no es un trámite administrativo. Es un compromiso con la vida de quienes habitarán ese edificio durante décadas.
Las familias que hoy lloran a sus muertos merecen algo más que condolencias. Merecen la verdad. Merecen saber si esas muertes pudieron evitarse. Y, si hubo corrupción, negligencia grave o fraude, merecen que los responsables respondan ante la justicia con todo el peso de la ley.
La reconstrucción de Venezuela no comenzará cuando se levanten nuevos edificios. Comenzará cuando entendamos que ningún profesional, ningún empresario y ningún funcionario puede enriquecerse poniendo en riesgo la vida de otros sin afrontar las consecuencias.
La tierra ya hizo su juicio.
Ahora le corresponde a la justicia hacer el suyo. ¿Lo hará?