La transferencia de la culpa, por Antonio José Monagas - Runrun
La transferencia de la culpa, por Antonio José Monagas
Cuando la verdad aparece o la contradicción quiebra la conjetura, la suposición estalla

 

@ajmonagas

Entender que la política “es el arte de aplicar en cada época de la historia aquella parte del ideal que las circunstancias hacen posible”, asintió Antonio Canovas del Castillo, figura capital de la política española de mitad del siglo XIX. Sin embargo, no siempre las circunstancias muestran el ideal que identifica el contexto correspondiente. Tampoco resulta fácil reconocerlo, dado los múltiples intereses que giran alrededor del aludido ideal toda vez que oscurece sus particularidades.

Generalmente, así sucede. Es ahí cuando dichos intereses estimulan al hombre político a hacer suposiciones en torno a lo que no puede distinguir por causa de los avatares que envuelven al ideal. Este es el problema de no comprender el ejercicio de la política. Tan complicada situación refleja lo que bien refería William Shakespeare, cuando se aventuró a definir el concepto de “política”. Decía que “la política está por encima de la conciencia”, lo cual es una forma de hacer ver que el entendimiento compromete la visión como perspectiva que trasciende la realidad.

Una lectura desde la teoría política

Este exordio debe interpretarse a colación de las elecciones colombianas. Acá, es donde entra la teoría política. La situación en estudio debe entenderse y atenderse al momento en que las circunstancias posibiliten la lectura de la situación. A partir de la información veraz y oportuna que mejor pueda disponerse.

Los hechos suscitados con motivo del proceso electoral vivido por Colombia el pasado 19 de junio obligaron a un segundo cotejo entre los contendientes con mayor votación. Ya los resultados de un primer momento comicial habían reflejado la pugna entre posturas adversas.

Asimismo, generaron suposiciones de todo tipo. Algunas más atrevidas que otras. Sin embargo, todas demostrativas de la temeridad que, además de manipuladora, fue conocida por la opinión pública. Paradójicamente, es posible decir que las elecciones colombianas han sido lo más parecido al hecho de dar un caramelo a quien se comporta el antojo de degustarlo. Es indudable que dichas elecciones impacientaron la crítica de quienes antagonizaron o concordaron con sus procesos y procedimientos.

Especulación de insidiosas facturas políticas

Se ha hablado de fraude electoral, de manipulación del acto de votación, de forjamiento del patrón electoral, de reubicación de mesas electorales a último momento y de voto castigo al gobierno. Han sido algunas acusaciones que responsabilizan a actores políticos y funcionarios electorales. Pero no se trataba de Venezuela.

También se ha escuchado hablar de decisiones próximas dirigidas a reacomodar el aparato público. Rediseñar la función pública, el ideario del desarrollo, los programas de industrialización nacional, entre otros. Tanto como se han señalado delitos políticos que, sin fundamento alguno, incitan cualquier desorden capaz de perturbar la sociedad. Todo, con la tétrica intención de poner a prueba el refrán popular “a río revuelto, ganancia de pescadores”.

En consecuencia, la acostumbrada predilección de hacer suposiciones en torno a realidades donde solo cabe la incertidumbre, constituye precedente de ofensivas interminables que indispone a la política. O, por lo contrario, la excita. Es cuando emerge la difusión de insultos, vejámenes, imputaciones, injurias y querellas.

En fin, toda una tempestad de pronunciamientos capaces de acentuar las crisis que por doquier campean. O de remachar viejos espacios donde ha imperado el deporte del odio, del resentimiento, de la envidia, de la revancha y del egoísmo. Blancos posibles de muerte política, moral y física.

Del desafecto de causas al duelo de posturas

Estas situaciones conflictivas son rutas que empeoran la realidad. Acá, personas sin conciencia de las consecuencias son tentadas por hipótesis (al voleo) que sueltan al viento de las murmuraciones con la ayuda de otros tan ignorantes e indiferentes como quien induce la suposición. Cuando la verdad aparece o la contradicción quiebra la conjetura, la suposición estalla.

Quienes lanzan suposiciones, sin base de ninguna índole, son quienes se sienten culpables de lo que acontece a su alrededor. Por eso la suposición compromete una situación imaginaria que, además de causar problemas, representa una transferencia de culpas. O como lo expresa el vulgo, “remordimiento de conciencia”.

Tal conjunto de acusaciones, realizadas para inculpar a otros o a afectar eventos ya procesados, dejan sin protagonismo a quien difunde la suposición. Posiblemente, ni para bien, ni para mal. Solo hace la presunción con la intención solapada o disfrazada de culpar a otros luego de experimentar como propia una culpa ajena.

No se advierte que jugar con suposiciones o a las suposiciones, es indicativo de un problema de “victimismo”. Por eso, valerse de eventos políticos sensibles de conjetura infundadas o que no cuentan con argumentos válidos, como representa toda coyuntura política en el caso de las elecciones colombianas, es un acto inmoral de culpar a otros. Sin saber que su actitud defensiva y desconfiada lo involucra en un problema que la psicología política denomina la transferencia de la culpa.

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