Mes del Orgullo. Una cuestión de derechos, por Dhayana Fernández-Matos - Runrun
Mes del Orgullo. Una cuestión de derechos, por Dhayana Fernández-Matos

@dhayanamatos

 La mujer de la Plaza Madariaga

Hace muchos, pero muchos años, en mi época de estudiante universitaria, estaba esperando un autobús en la parada de la plaza Madariaga, esa que estaba o está en frente del Colegio San José de Tarbes de El Paraíso y extrañamente (generalmente había mucha gente), solo estaba junto a mí otra persona: una mujer trans.

Lo dejo así en trans, sin entrar a identificar si era transexual o transgénero, porque, en primer lugar, desconozco si se había hecho la cirugía de reasignación de sexo; aunque yo diría que en un país como Venezuela y hace más de 20 años, es difícil creer que una persona que esperaba un autobús tuviera los recursos para someterse a este tipo de intervenciones. En segundo lugar, porque mi intención no es entrar en debates teóricos, incluso epistemológicos, sino enfocar este tema como una cuestión de derechos.

El caso es que el bus se demoraba más de lo previsto y, en una zona de alta afluencia vehicular, era bastante normal que pasaran muchos carros.

Pero lo que me llamó la atención ese día fue la cantidad de insultos, groserías, humillaciones y odio que salía de los conductores y de sus acompañantes hacia la mujer trans que estaba en la parada. La situación fue tan espantosa que en algún momento me dieron muchas ganas de llorar y me preguntaba ¿qué les hizo?, ¿por qué la insultan?, ¿no se dan cuenta que es un ser humano?

¡Un ser humano! Y para mí eso era lo único que importaba.

Ella no les había hecho nada malo. Seguramente en cinco minutos o menos, la mayoría de quienes la agredieron ni se acordarían de lo que hicieron. Sin embargo, estoy segura de que para ella esa humillación, que sabemos que era (y en muchos casos sigue siéndolo) sistemática, reiterativa y cotidiana, no pasó desapercibida.

Esa situación me impactó tanto que todavía el día de hoy puedo recordar con bastante exactitud dónde estaba parada y cómo estaba vestida la víctima de los insultos y la violencia.

 La doctora en Filosofía de la Ciencia

Hace unos años, en la universidad donde trabajo en Colombia, se realizaron unas jornadas que se titularon Derechos que salen de un clóset. El objetivo fue debatir, desde una perspectiva académica, sobre el vínculo entre educación, género y diversidad sexual.

Entre las personas invitadas internacionales estaba una profesora trans, bióloga de profesión y doctora en Filosofía de la Ciencia, quien en esa época iniciaba su transición. Se trata de una mujer brillante y con mucha profundidad en sus planteamientos, donde el análisis teórico se vincula, se amplía, se genera desde la experiencia corporal, de lo vivido, encarnado y experimentado.

Como eran varias las personas que había que atender, nos dividimos para poder acompañarlas. Y a mí me tocó ser su anfitriona, compañera y guía turística, lo cual me encantó porque me pareció una gran oportunidad de compartir con una mujer tan culta.

Nuevamente me tocó ser testigo de la discriminación y la violencia que sufren las personas trans. Entre algunos de los hechos sobre los que puedo dar testimonios están los golpecitos en el codo y las risitas cuando ella pasaba, que muchas personas estuvieran pendientes de a cuál baño entraría si de hombres o de mujeres, que los taxistas –a propósito, con desdén– la trataran como a un hombre cuando yo me refería a ella como mujer y que en una noche de relax después de una intensa jornada, en un bar, la gente se le quedara mirando de manera impertinente y burlona.

Para una persona tan inteligente, estas cosas no pasaban desapercibidas. Y aunque es una mujer empoderada, activista trans y defensora de los derechos de la diversidad sexual, estos actos, como a cualquier ser humano, le afectaban. ¿A quién no le va a molestar que el derecho a decidir sobre tu cuerpo, sobre tu vida, sobre tu identidad sea motivo de burlas y agresiones?

 La futbolista sudafricana que había que corregir

Eudy Simelane era una futbolista sudafricana y activista por los derechos de la población de lesbianas, gais, bisexuales, transexuales, transgénero y queer (LGBTQ) que, en 2008, fue brutalmente violada y luego apuñalada por ser lesbiana.

Aunque su caso llamó la atención a la opinión pública, no se trató de un hecho aislado, sino que formaba parte de una práctica generalizada según la cual, el o los agresores, violan a las mujeres lesbianas para que se transformen en heterosexuales. Se les denominan “violaciones correctivas”.

En Sudáfrica no es el único lugar en el mundo donde se da este tipo de prácticas. Esta forma de disciplinamiento y control de los cuerpos que se salen de la heteronormatividad se reproduce en distintas partes del mundo.

 Víctimas de grupos armados

En el contexto del conflicto armado colombiano, la población LGBTQ fue víctima de todos los grupos armados. Incluso, en algunos casos, fueron las propias comunidades quienes solicitaron a los grupos armados que cometieran actos de violencia contra quienes se consideraban personas “desviadas” porque se salían de los cánones de la heterosexualidad normativa.

En el informe realizado por el Centro Nacional de Memoria Histórica de Colombia, titulado Aniquilar la diferencia, se sistematizan los testimonios de esta población y los distintos tipos de agresiones, violencias sexuales y de otros tipos que padecieron las personas LGBTQ.

La población LGBTQ son personas con derechos

Traigo a colación esta pequeña muestra de cómo constantemente se están violando los derechos de las personas LGBTQ y las distintas manifestaciones de discriminación a las cuales son sometidas, porque es necesario concienciar sobre estas situaciones y generar reflexiones que lleven a que estas prácticas desaparezcan.

El 28 de junio se conmemora el Día del Orgullo y todo el mes se conoce como Mes del Orgullo, son treinta días en los que se busca visibilizar la situación de esta población y sensibilizar sobre las múltiples exclusiones a la que se ve sometida.

Pero no se trata de ver a las personas LGBTQ solo como víctimas, sino como titulares de derechos en igualdad de condiciones con el resto de las personas; sin que su orientación sexual, identidad de género o expresiones de género, sean un motivo que anule, limite o restrinja el ejercicio de sus derechos humanos, incluidos el respeto a su dignidad humana, a la intimidad y al libre desenvolvimiento de la personalidad.

En el caso venezolano, es necesario hacer un llamado a quienes hacen vida política en el país para que incorporen en las agendas estos temas. Venezuela está entre los últimos lugares del continente en cuanto al aseguramiento de los derechos de esta población.

El gobierno no protege ni garantiza los derechos de las personas LGBTQ. Esta comunidad no ha obtenido ningún beneficio luego de más de dos décadas de gobierno supuestamente revolucionario y socialista; no ha visto ni el más mínimo avance en el reconocimiento de sus derechos. Tampoco por parte de la oposición.

Llama la atención, en relación con la oposición que, aunque se privilegia el principio de libertad por encima de la igualdad (se ha impuesto una visión bastante conservadora lamentablemente), ya que se habla de libertad económica, de libertad de expresión, o de la no privación arbitraria de la libertad, entre esos distintos tipos de libertades no se incluyen aquellas vinculadas con el derecho a decidir sobre su propio cuerpo, sobre la orientación sexual y sobre la identidad de género.

Así como hemos dicho reiteradamente que sin mujeres no hay democracia, tampoco se puede hablar de que esta exista en países donde las personas LGBTQ no pueden ejercer libremente y en igualdad de condiciones sus derechos humanos.

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad. Y no comprometen la línea editorial de RunRun.es