Mujeres presas y hambrientas, por Carlos Nieto Palma - Runrun
Mujeres presas y hambrientas, por Carlos Nieto Palma

Foto de Ana María Arévalo Gosen, de la serie Días eternos, en phmuseum.com (intervenida por N. Silva / Runrunes).

 

@cnietopalma

La grave situación de hambruna que viven los presos venezolanos no es exclusiva de los hombres recluidos en las cárceles y calabozos policiales; las mujeres, a pesar de ser solo un 8 % de la población penitenciaria, la sufren por igual.

Al grito de “¡Hambre y libertad!”, en la mañana del pasado 14 de enero, las más de 500 presas del Instituto Nacional de Orientación femenina (INOF) iniciaron una protesta y huelga exigiendo celeridad procesal y la destitución de la directiva que las tiene “pasando hambre y en castigo”.

La protesta se inició cuando, en la cena del miércoles 13 de enero, les dieron una arepa con dos filetes de sardina podridos. Fue el disparador para que las reclusas se retiraran a sus celdas e iniciaran una protesta pacífica.

Esta nueva protesta carcelaria, iniciando este nuevo año 2021, es solo una muestra de la grave crisis que vive nuestro sistema penitenciario, que en vez de mejorar tiende a empeorar cada día. Y de la cual las mujeres privadas de libertad no están excluidas.

Las mujeres privadas de libertad viven las mismas carencias de los hombres prisioneros, pero se les suman otras por su condición de ser mujeres, con necesidades diferentes a las de los hombres.

Debemos recordar que en las conclusiones detalladas del informe de la Misión internacional independiente de determinación de los hechos sobre la República Bolivariana de Venezuela, presentada el 15 de septiembre del año pasado, se cita una denuncia que, desde Una Ventana a la Libertad, organización que dirijo, habíamos hecho en uno de nuestros informes. Este establecía que: 

“Mujeres bajo custodia también enfrentaron riesgos adicionales de explotación sexual y sexo transaccional coercitivo. La Misión considera tales actos como violencia sexual precisamente por su carácter coercitivo. No se proporcionó protección adecuada contra estos actos, ni se pusieron bienes o productos básicos sin costo a disposición de todas las personas detenidas para evitar la necesidad de relaciones sexuales transaccionales”.

Son muchas las violaciones a los derechos humanos perpetradas contra las mujeres en las prisiones venezolanas. Que, como todas las cometidas hacia personas privadas de libertad, son invisibilizadas por esa falsa creencia de que estas no tienen derechos humanos.

Esto, en el caso de las mujeres en prisión, es mucho más marcado que en los hombres, pues se les priva también de los derechos propios que les corresponden por el hecho de ser mujeres.

Aparte de la hambruna a que están sometidas las mujeres encarceladas en Venezuela y los maltratos de los funcionarios encargados de su custodia, tenemos las graves condiciones higiénicas en que se encuentran. La falta de agua para su aseo personal es parte del día a día de nuestras cárceles y centros de detención preventiva. Igualmente no se les provee de toallas sanitarias, jabón y otros insumos que necesitan para su higiene personal.

Así mismo, las mujeres embarazadas en los calabozos policiales no se les permite tener a sus hijos recién nacidos durante la fase de amamantamiento, a pesar de que la ley habla que deben permanecer con ellas hasta los 3 años. Contraviniendo la norma, los hijos son separados de las madres una vez nacen.

Los problemas de las mujeres, así como los de los hombres encarcelados, se agravan cada día ante la indiferencia de las autoridades del país. Pareciera que al fiscal, el defensor del pueblo y las ministras del Servicio Penitenciario e Interiores y Justicia el tema de las mujeres privadas de libertad, al igual que los hombres, parece importarles poco. O nada.

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