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#MonitordeVíctimasCaracas | Hombre finge suicidio de su pareja para ocultar que la mató

Yngrid Loregnis Alviarez trabajaba, desde hace algunos meses, en la Superintendencia Nacional de Cooperativas (Sunacoop). Foto: Cortesía

El femicidio ocurrió en un edificio del centro de Caracas. La víctima, Yngrid Loregnis Alviarez Ropero, era una administradora de 36 años, nacida en Táchira

@loremelendez

Andrés Fuentes estaba en medio de los preparativos del cumpleaños de su madre, el lunes 17 de octubre de 2022, cuando se enteró de la tragedia: su prima, Yngrid Loregnis Alviarez Ropero, de 36 años, se había suicidado en su casa, un apartamento en la avenida Lecuna del centro de Caracas, donde vivía desde hace tres años con su pareja. El festejo se truncó y desde las 9:00 am de ese día, las horas siguientes de los familiares transcurrieron entre papeleo, declaraciones, idas y venidas. Poco a poco surgieron incongruencias que hicieron pensar a Fuentes que su prima no se había quitado la vida.

Lo primero que le hizo «ruido» a Fuentes fue que la pareja de Alviarez Ropero llamara a un allegado para informar el suceso, en lugar de comunicarse con su propia familia. El hombre, un comerciante de 56 años, aseguró que no tenía los números telefónicos y que por eso no se había contactado directamente con sus tíos y primos. En el tiempo que llevaba de relación con la víctima, había visto a sus parientes unas tres o cuatro veces.

Fuentes también visitó la escena del crimen: el apartamento del piso 8 del edificio de la esquina El Cristo, en el centro de la capital venezolana. Allí vio que la cerradura de la puerta principal estaba rota. La versión de la pareja es que Alviarez Ropero había escondido las llaves y por eso su cónyuge había tenido que romperla. «Pero el funcionario del Cicpc y yo las conseguimos en cinco minutos», comentó el primo de la víctima.

 

Recuerda Fuentes que la puerta de la habitación secundaria, en donde murió su prima, también había sido forzada. La pareja aseveró que ella se había encerrado allí desde la noche anterior tras una pequeña discusión entre ambos, así que tuvo que utilizar la fuerza para abrirla a la mañana siguiente, cuando intentaba despertarla para que fuese a trabajar. Pero esa explicación no era congruente con la que más temprano había dado a los tíos, pues simplemente había dicho que la vio muerta en el piso al entrar a la recámara. Además, la hija menor de Alviarez Ropero, que había estado de visita hace un mes en el lugar, afirmó que esa puerta no tenía cerradura y que se ajustaba con una toalla.

En horas de la tarde, las dudas de la familia se confirmaron. A la pareja de Alviarez Ropero lo detuvieron bajo averiguaciones. Aunque faltaban pruebas, todo indicaba que la mujer había muerto por asfixia mecánica. Ya el martes se borraron las sospechas: el hombre confesó el femicidio, le había presionado el cuello hasta causarle un edema cerebral y matarla.

La víctima era licenciada en Administración y trabajaba desde hace algunos meses en la Superintendencia Nacional de Cooperativas (Sunacoop), perteneciente al Ministerio de Comunas y Movimientos Sociales. Era de Michelena, estado Táchira, pero había venido hace más de cuatro años a Caracas en busca de empleo y había laborado como manicurista, comerciante y hasta en el frigorífico de sus primos.

Tuvo dos hijos: uno mayor de edad que vive en Colombia y otra menor de edad que está en Michelena, el pueblo donde años atrás ocurrió el femicidio de una prima de Alviarez Ropero. Ella es la segunda mujer que muere por razones de género en su familia.