Niños venezolanos que estudian en Cúcuta claman por la apertura de la frontera - Runrun

Niños venezolanos que estudian en Cúcuta claman por la apertura de la frontera

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Trabajadores que viven en Venezuela y laboran en Colombia esperan que pronto se levante el cierre. Temen pasar por las trochas

@loremelendez

 

EN UREÑA, ESTADO TÁCHIRA, Mayuri vistió a sus hijas, de 11 y 8 años, con camisa blanca y jumper a cuadros, el uniforme del colegio en donde estudian en Cúcuta a pesar de que el puente Francisco de Paula Santander continúa completamente cerrado. Es martes, 26 de febrero, y las pequeñas están a punto de perder su segundo día de clases. “En el grupo de Whatsapp, las maestras nos dijeron que si faltaban esta semana perdían el cupo, porque allá hay niños que necesitan la plaza”, comenta la madre mientras mira hacia el paso fronterizo obstruido por el “murciélago”, el vehículo militar que la Guardia Nacional suele utilizar para bloquear vías con placas metálicas.

Las niñas de Maryuri no son las únicas que esperan. Desde las 6:00 am, varios habitantes de la zona se apostaron frente al puente con sus chicos para pedir que les concedieran una excepción en el cierre de la frontera. Ella, que el año pasado tenía a ambas niñas en la escuela local Pedro María Ureña, decidió sacarla porque los maestros entraron en paro y no iban a dar más clases. 

 “Ya prácticamente todos los niños de Ureña estudian allá (…) Aquí hay como seis escuelas, pero faltan los profesores”, afirma la madre que tiene en brazos a otro de sus hijos, un pequeño de dos años. 

Tener al más pequeño con ella le hace imposible pasar a las niñas por alguna de las trochas cercanas a Ureña, las del caserío de La Mulata, para que puedan estudiar. Ya hay otras madres que han pensado en hacerlo, pero a muchas, como a Maryuri, les da miedo por la delincuencia que azota el lugar. Se trata de un lugar tomado por la guerrilla del ELN, que controlan todos los pasos fronterizos ilegales.

 

 

Mientras, las niñas con su uniforme insisten en pasar. Junto a ellas, otra estudiante porta un cartel en el que se lee: “Queremos estudiar. Déjennos pasar”.

“Ellas (las hijas) lo único que dicen es que tienen que ir a estudiar, que tienen exámenes, que tienen que ir. Ellas no quieren comprender que está cerrada la frontera, no lo quieren aceptar” . 

La mujer cuenta que en las bodegas del pueblo, como consecuencia del cierre de la frontera, comenzó a faltar la comida y la poca que se consigue vale el doble que la semana pasada. “Imagínese, ya no hay pañales y ayer el bebé andaba con diarrea. Y aquí estamos con la frontera cerrada y sin medicinas”, añadió.

Pero no solo los estudiantes aguardaban cerca del puente para pasar. María Medina, una costurera que trabaja en una fábrica de Ureña, también esperaba este martes. Aunque en su trabajo comprenden la situación y le recomiendan que no pase por la trocha para que no se arriesgue, diariamente ella pierde los 30 mil pesos que gana por jornada. Se está quedando sin dinero.

Con resignación, sabe que ni el gobierno de Venezuela ni el de Colombia han aprobado la apertura de los puentes. El de Bogotá prorrogó el lunes el cierre fronterizo y se espera que la medida acabe a la medianoche del miércoles. Sin embargo, en Caracas no se ha dicho nada sobre el tema.

“Colombia le tiende una mano a los venezolanos que se van, pero a uno, que trabaja allá y vive aquí, no. Uno no tiene apoyo ni de Colombia ni de Venezuela”, sentencia con los brazos cruzados. Hoy perderá otro día de trabajo.

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