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Distrito Capital

#MonitordeVíctimas | Violencia homicida ha cobrado la vida de 85 niños y adolescentes en lo que va de 2018
La mañana de este jueves 11 de octubre un pequeño de apenas 12 años fue asesinado al quedar atrapado en un tiroteo entre funcionarios policiales y delincuentes. El niño iba a su escuela junto a su papá y un hermano

 

@carlos_dhoy

UN TOTAL DE 85 NIÑOS Y ADOLESCENTES han sido asesinados entre el primero de enero y el 31 de octubre de 2018 en Caracas, 55 de ellos murieron en el municipio Libertador del Distrito Capital y 30 en el estado Miranda.

La última víctima de la violencia homicida contra menores de edad fue un niño de 12 años quien murió la mañana de este jueves 11 de octubre cuando se dirigía a su colegio junto a su padre. El vehículo en que se dirigían quedó en el medio de una balacera entre funcionarios policiales y presuntos delincuentes, en el tiroteo el pequeño, quien recibió un tiro en la cabeza, murió en el acto.

Otra víctima de la violencia capitalina fue un adolescente de 15 años identificado como Joyce Bolívar González quien el pasado lunes en horas de la noche murió acribillado en el callejón del Amor en el sector Santa Eduvigis de El Cementerio.

La víctima se encontraba desaparecida desde el pasado lunes 8 de octubre cuando salió de su casa a visitar a su novia en el sector Villa Zoila de la Cota 905. Al salir llevaba un morral con parte de su ropa que quería lavar, ya que no había agua en su residencia.

Algunas versiones señalan que cuando llegaba al sector Villa Zoila fue interceptado por un grupo de entre 6 y 10 menores de edad, integrantes de una banda que opera en el sector, quienes bajo amenaza se lo llevaron a un lugar desconocido.

Aproximadamente a las 10:00 pm los vecinos del sector Santa Eduvigis, en El Cementerio Parroquia Santa Rosalía, denunciaron que escucharon una ráfaga de tiros, minutos después al salir a ver qué había ocurrido encontraron el cadáver del adolescente, quien había sido totalmente  despojado de su ropa, zapatos, del morral que llevaba, de su teléfono y otros objetos que cargaba y luego procedieron a dispararle en más de 10 oportunidades en la cara y espalda.

Familiares desconocen las causas por las que fue asesinado.

Joyce Bolívar González era estudiante de bachillerato en el liceo Pablo Vila, de El Paraíso.

Allegados denunciaron que a pesar de que el cadáver fue descubierto por vecinos del sector a las 10:00 pm del lunes, no fue sino 17 horas después, pasadas las 3:00 pm del martes 9 de octubre, cuando comisiones del Cuerpo de Investigaciones Científicas Penales y Criminalísticas acudieron al lugar a realizar el levantamiento de los restos mortales del adolescente.

Violencia desatada

Según datos recopilados por el Monitor de Víctimas en el período comprendido entre el primero de enero y el 31 de octubre de 2018 un total de 1.254 personas fueron asesinadas en los cinco municipios que integran la ciudad de Caracas, de ellos 1.183 eran hombres, 85 tenían eran menores con edades comprendidas entre 1 y 17 años.

El 68% de las víctimas murieron por heridas provocadas por armas de fuego, en total fueron 856 los muertos por balas en Caracas.

Libertador fue municipio más violento para los niños y adolescentes, en lo que va de año han sido asesinados 55 niños y adolescentes.

30 murieron en el estado Miranda, en esa jurisdicción el municipio Sucre encabeza el listado de fallecidos con 10 muertos menores de edad, en Baruta murieron cinco menores, El Hatillo reportó la muerte de tres menores, mientras que en Chacao no se registró ningún deceso violento en el período.

MIJP: 6.363 homicidios se cometieron durante el primer semestre del año en todo el país

Un total de 6.363 asesinatos fueron registrados entre el primero de enero hasta el 15 de julio d 2018 por el Observatorio Venezolano de la Seguridad (OVS), ente adscrito al Ministerio del Interior, Justicia y Paz (MIJP).

En un trabajo publicado por el portal lapatilla.com, se presenta un resumen de la semana 28 en el que se indica que la tasa de homicidios en el territorio nacional se ubicó en 20 homicidios por cada 100 mil habitantes para una población de 31 millones 828 mil 110 habitantes.

El estado Aragua gobernado por el oficialista Rodolfo Clemente Marco Torres posee la tasa de muertes más alta con 32 por cada 100 mil habitantes, seguido de Monagas con 29, Miranda con 28, y Bolívar con 27.

Sin embargo al observar el número de homicidios, el estado Miranda, gobernado por el también oficialista, Héctor Rodríguez, posee la cifra de homicidios más alta con 927 personas asesinadas durante los primeros seism meses de 2018.

Las entidades que suman los cinco primeros lugares con más fallecidos a causa de la violencia y la inseguridad, detrás de Miranda, son Aragua con 597, Zulia con 569, Carabobo con 542, Bolívar con 499 y Distrito Capital con 470.

Las estadísticas oficiales reflejan una tendencia a la baja en comparación con los primeros seis meses del año 2017, fuentes consultadas por La Patilla en el MIJP manifestó que la diáspora venezolana y la situación social han influido en la reducción de los índices delictivos. Indicó además que hay un importante número de bajas y deserciones policiales.

Vale destacar que las cifras de homicidios del Ministerio de Interior Justicia y Paz, excluye de las muertes en enfrentamientos con los organismos de seguridad, que no son considerados homicidios, por lo que la data de muertes violentas puede ser sensiblemente superior, debido que la violencia policial es la segunda causa de muerte violenta en Venezuela.

En otro punto, el informe de incidencia delictiva en el territorio nacional expresa que 70.048 delitos han quedado denunciados desde el inicio hasta la semana número 28 del año, siendo el Distrito Capital el que encabeza la lista con una tasa de 382 por cada cien mil habitantes, seguido de Vargas con 381, Monagas con 331, Anzoátegui 329, y Nueva Esparta 328.

#MonitordeVíctimas | Fiscalía acusa a cuatro adolescentes por muerte de 18 personas en Los Cotorros

EL MINISTERIO PÚBLICO ACUSÓ a cuatro adolescentes de 16 y 17 años de edad por su presunta responsabilidad en la muerte de 18 personas, ocurrida el 16 de junio de 2018 tras la activación de una bomba lacrimógena durante una fiesta que se realizaba en el Club Social El Paraíso, popularmente conocido como Los Cotorros, en la parroquia El Paraíso, del municipio Libertador.

Según una nota de prensa de la Fiscalía, los implicados en el caso fueron señalados por las autoridades de haber activado una bomba lacrimógena monofásica, tras generarse una riña en el baño del citado establecimiento. Adicionalmente, uno de los acusados “impedía la salida de las víctimas del lugar portando un arma de fuego falsa”.

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Sin embargo esta versión contrasta con la suministrada por testigos de los hechos que señala que los jóvenes detenidos luego de activar el artefacto, salieron del local y cerraron la puerta, lo que generó que los gases se acumularan en el local y terminara ocasionando la estampida humana en la que fallecieron la mayoría de las víctimas.

Ante esta situación irregular, efectivos adscritos a la División de Investigaciones de Homicidios del Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas detuvieron a los jóvenes el 17 de junio, quienes estaban bajo resguardo de las autoridades policiales desde el día de la tragedia, el caso está en manos de los fiscales 66 nacional y 117 del área metropolitana de Caracas.

A los jóvenes se les acusa de ser coautores de los delitos de homicidio intencional calificado y homicidio intencional calificado frustrado, ambos ejecutados con alevosía y por motivos fútiles, y detentación de artefacto explosivo; además de agavillamiento.

Dos de los adolescentes además fueron acusados de uso de facsímil y privación ilegítima de libertad agravada.

En el documento, consignado en el Tribunal 8° de Control de esta jurisdicción, el Ministerio Público solicitó la admisión de la acusación y las pruebas que la sustentan, así como el enjuiciamiento de los involucrados, quienes permanecen en la Entidad de Atención Socioeducativa de Coche.

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Es preciso destacar que por este hecho se encuentran privados de libertad Jean Manolo Celestin (41) y Gilberto Alejandro Petit Quintero (19), como coautores en los delitos de homicidio intencional calificado y homicidio intencional frustrado, ejecutados con alevosía y por motivos fútiles.

A Petit Quintero le fueron precalificados, además, los tipos penales de uso de adolescentes para delinquir, detentación de artefacto explosivo y agavillamiento.

Los dos hombres fueron presentados el 19 de junio de 2018 ante el Tribunal 5° de Control, instancia que fijó como centro de reclusión el Internado Judicial Rodeo II.

#MonitordeVíctimas | Denuncian que el Faes hizo de las suyas en edificios de la Misión Vivienda de Montalbán
Aunque uniformados aseguran que los tres hombres murieron tras un enfrentamiento, familiares de las víctimas denuncian que fueron ajusticiados

 

@DaiGalaviz

TRES PRESUNTOS DELINCUENTES MUERTOS fue el saldo que dejó un operativo de las Fuerzas de Acciones Especiales de la Policía Nacional (Faes) la mañana del miércoles 13 junio en uno de los edificios de la Misión Vivienda de Montalbán, municipio Libertador.

Desde la madrugada funcionarios se acercaron al sector Juan Pablo Segundo presuntamente en búsqueda de jóvenes que se encontraban solicitados por las autoridades. Tras su llegada, y según como señala el parte policial, se registraron varios enfrentamientos, que dejaron como resultados a tres jóvenes muertos.

Las víctimas quedaron identificados como Rowan Pineda, William José Torín y Luis Manuel Torres Ríos.  En el procedimiento policial  fueron incautados dos escopetas y una pistola calibre 9mm, con la que presuntamente se enfrentaron los fallecidos.

Denuncian ajusticiamientos

Familiares desde la medicatura forense de Bello Monte calificaron al hecho de “ajusticiamiento” y negaron la versión policial de enfrentamiento.

Luis se ganaba la vida como mototaxista, el cual fue el regalo que le dio su hermano mayor antes de emigrar a Colombia y, con respecto a Rowar, sus familiares comentaron que funcionarios del Faes le pusieron una capucha en la cabeza, sacaron a todos sus parientes de la vivienda y le dieron varios disparos.

Es de agregar que los deudos también denunciaron robo de pertencientes y comidas a los apartamentos en los que ingresaron los efectivos policiales.

 

 

#MonitordeVíctimas | Un mototaxista duró cinco días desaparecido y lo hallaron enterrado en El Junquito
Familiares de Howard Manuel Rivas Martínez de 39 años tardaron cinco días en ubicar su cuerpo. El miércoles 6 de junio salió a hacer una carrera de mototaxi y jamás regresó

 

@DaiGalaviz

HOWARD MANUEL RIVAS MARTÍNEZ, UN MOTOTAXISTA de 39 años, salió a llevar a un cliente en su moto  a los Flores de Catia y no regresó a su hogar. El hombre, que residía en el barrio Isaías Medina, fue localizado por autoridades sin sus pertenencias y enterrado en el kilómetro 3 de El Junquito, específicamente, en el sector Coco Frío.

Yoleidy Rivas, hermana de la víctima cuenta la agonía que pasaron sus familiares para saber del paradero de su hermano. Narra que el miércoles 6 de junio Howard salió de su vivienda a llevar a un cliente alrededor de las 8:30 de la noche, era una mujer que iba a los Flores de Catia. Luego que pasaron las horas y como vieron que no se comunicaba, sus familiares salieron a buscarlo en carros y motos por sectores cercanos, también se dirigieron a los hospitales  Magallanes de Catia, Pérez Carreño y Lídice, pero no lo consiguieron.

Cuando el reloj marcaba las 12 de la medianoche, la hermana nuevamente marcó el teléfono de Howard -a quien describe como un hombre no mujeriego ni tomador-y alguien le respondió. Asegura que era él, pero el sonido se escuchó entrecortado, por lo que supone que estaba dentro de un carro en marcha.

Desde el jueves 7 de junio no dejaron de visitar la morgue de Bello Monte para conocer si llegaba un cadáver con el nombre de Howard. El sábado cuando se cumplieron 72 horas de su desaparición pusieron la denuncia en el Cuerpo de Investigaciones Penales y Criminalísticas (Cicpc),  en la avenida Urdaneta. Los funcionarios no les entregaron la denuncia, en cambio, les dijeron que se pasaran de dos a tres días más tarde para que conocieran el progreso de las investigaciones.

Tras el proceso de búsqueda fallida, tanto la hermana como la madre de Howard, se dirigieron nuevamente a la morgue de Bello Monte y conocieron que había ingresado un hombre con su nombre y número de cédula desde el hospital de Coche, sin embargo, cuando procedieron a la verificación del cadáver conocieron que tenía cicatriz en el pecho que no tenía su familiar. Para salir de dudas también   hicieron la prueba dactilar y no coincidió.

La desesperación reinó de nuevo, en primer lugar Howard seguía desaparecido, a eso se le sumaba que en la medicatura forense había un cuerpo con sus datos, pero no era él.

Yoelidy Rivas cuenta que tras las horas de agonía un conocido que labora en la morgue les dijo a eso de las 11 de la noche del lunes 11 de junio que el cadáver de su familiar está allí. Portaba la misma ropa. Pero faltaban algunas pertenencias como reloj, cartera, celular. También la moto con la que se ganaba la vida: una Empire, modelo Horse, color negro de placa AE5R8M.

El expediente del cuerpo que reposa en la morgue asegura que la víctima fue localizada enterrada en las inmediaciones del sector Coco Frío, ubicado en el Kilómetro de El Junquito, municipio Libertador.

La víctima deja una niña de seis años. Su hermana con los ojos nublados en lágrimas dijo: “Yo no estuviera tan triste si mi hermano hubiese sido un malandro porque sabría que le había llegado la hora, pero no, él era inocente Pido justicia por su memoria”.

Inseguridad en El Junquito

Desde el mes de enero a mayo de 2018 Monitor de Víctimas registró que 27 homicidios en El Junquito, municipio Libertador.  De ese número 22 víctimas fueron de sexo masculino y, al menos, 10 de ellos tenían más de 30 años al igual que Howar Manuel y dos se ganaban la vida como mototaxistas.

#MonitorDeVíctimas | Dos hermanos y una mujer murieron en operativo de las FAES en Artigas
Rusmary Katiusca Aguilar Fernández quedó atrapada en el fuego cruzado entre presuntos delincuentes y funcionarios de seguridad

 

@loremelendez

DOS MIEMBROS DE LA FAMILIA PALMA TOVAR MURIERON el pasado miércoles, 26 de abril, en medio de un operativo policial en Artigas, parroquia San Juan del municipio Libertador de Caracas. A uno de ellos, según el relato de familiares, lo mataron las Fuerzas de Acciones Especiales (FAES) de la Policía Nacional Bolivariana (PNB), dentro de su casa. Al otro, hermano del primero, le dispararon en la calle, cerca de donde residía, cuando supuestamente se enfrentó a los uniformados. En el fuego cruzado, de acuerdo con información de los cuerpos de seguridad, cayó también una víctima inocente, una joven mujer de 19 años.

El primero en morir fue Gilmer Abraham Palma Tovar, de 21 años. Eran las 2:00 pm cuando los funcionarios de las FAES arribaron a su vivienda, en la Tercera Vuelta del sector El Atlántico, y tumbaron las puertas.

“Él estaba haciendo una torta para su hermano, pero en eso llegaron los policías y sacaron a todos de la casa menos a él”, contó un pariente de la víctima. La madre y el menor de los hermanos permanecieron afuera. Poco después, dentro de la residencia, quedó el cadáver del joven con varios impactos de bala. Era padre de tres niños y estaba desempleado.

“Más tarde, esos mismo policías mataron al hermano”, relató el familiar, cuya identidad se mantiene bajo reserva por temor a represalías. En la avenida principal de El Atlántico le dispararon a Eligua Palma Tovar, de 18 años, hermano de Gilmer. Aunque sus allegados no precisaron si estaba armado, versiones de vecinos señalan que se enfrentó con los uniformados. Según ellos, lo apodaban “El Chino” y pertenecía a una banda armada que opera en el sitio.

En esa misma balacera cayó Rusmary Katiusca Aguilar Fernández, de 19 años, quien había salido hacer compras en una bodega de la calle El Carmen del sector mencionado, cuando se halló en el fuego cruzado entre las FAES y los presuntos delincuentes de una banda de la zona.

La muchacha, quien recibió un impacto de bala en el costado derecho, fue trasladada al hospital Dr. Miguel Pérez Carreño, donde fue sometida a una cirugía. Murió un par de horas después.

Aguilar Fernández ayudaba en la distribución de cajas CLAP en el barrio y era miembro del Movimiento Somos Venezuela. Tenía previsto emigrar próximamente a Perú o Ecuador.

#MonitorDeVíctimas | Secuestran y asesinan a cantante de hip hop en Caracas
El joven, de nacionalidad dominicana, vivía en Caracas desde hace seis años. Planeaba irse del país en los próximos meses

 

@loremelendez

LA ÚLTIMA VEZ QUE JUANA BÁEZ HABLÓ CON SU HIJO, Carlos Villar Báez, fue la noche del 18 de abril de 2018. Solían comunicarse con frecuencia para contarse cómo le iba a cada uno. A él en Venezuela, donde había vivido en los últimos 6 años, y a ella en Aruba. Ambos eran de República Dominicana pero habían partido de su tierra para buscar mejor futuro en otro sitio. Después de aquella llamada, la siguiente información que la madre tuvo de Carlos fue que habían hallado su cadáver semi enterrado en un terreno baldío cercano a su casa.

De acuerdo con el testimonio de algunos familiares, a Villar Báez, de 28 años, lo secuestraron durante la madrugada del 19 de abril, alrededor de las 2:00 am. A esa hora había salido de su casa –una vivienda en las adyacencias de la avenida Panteón, en el municipio Libertador del Distrito Capital, donde tenía alquilada una habitación– a atender una llamada telefónica. Vecinos les contaron que allí lo interceptaron dos hombres vestidos de negro que arribaron a pie y armados.

Horas después de lo sucedido, a una ex pareja de la víctima le llegó a su teléfono una foto del cadáver de Villar Báez. La imagen fue llevada hasta el Centro de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas (Cicpc), que halló el cuerpo en un terreno baldío ubicado al final de la avenida Fuerzas Armadas. Tenía varias puñaladas en el cuello. Le habían robado su cadena y reloj.

Villar Báez trabajaba como zapatero en el centro de Caracas, aunque lo que realmente le gustaba hacer era cantar hip hop. Era conocido como “The Mago de la música”. El año pasado estuve preso unos meses porque tenía papeles falsos de residencia en Venezuela.

Los familiares del joven solían enviarle dinero a una cuenta bancaria de su ex pareja, con quien tuvo una hijo que hoy tiene dos años. Se supone que allí también llegaron los fondos que le habían transferido para que pudiera irse del país. Ese era su siguiente plan.

Lo único que había detenido a Villar Báez para salir del país era que esperaba por una autorización que le permitiera, posteriormente, llevarse a su hijo con él. Tenía la idea de volar hasta Dominicana para estar un tiempo con la hija de 7 años que vive allá. Posteriormente, partiría a Chile donde se establecería.

El pasado sábado, 21 de abril, familiares de Villar Báez hacían los trámites para llevar su cadáver a Dominicana. “Le tengo que llevar su papá a mi nieta”, afirmó la madre del cantante.

De acuerdo con cifras recogidas por Monitor de Víctimas, entre mayo de 2017 y marzo de 2018 han sido asesinadas 119 personas por arma blanca en la Gran Caracas.

Carlos Moreno: Los 18 años que truncaron los colectivos en San Bernardino durante las protestas de 2017
Al joven, estudiante de Economía de la UCV, lo mataron tres días antes de que cumpliera su mayoría de edad. Había salido de su casa con la idea de ir a jugar fútbol, pero paramilitares que arremetieron contra una concentración en la plaza La Estrella, en Caracas, le cegaron la vida antes de que llegara a su destino. Hace un año, se convirtió en el primer caído en la capital venezolana en medio de las protestas

 

Lorena Meléndez G. | @loremelendez

ANA BARÓN RECUERDA QUE CARLOS, su hijo menor, tenía apenas tres años cuando le detectaron déficit de atención. Fue así como halló explicaciones a la impulsividad e hiperactividad del niño y cómo ella comenzó una búsqueda para asegurarle que pudiera ser educado de la mejor forma posible. Lo cambió de escuelas, acudió a médicos y psicopedagogos, le aplicó tratamientos, supervisó cada una de sus tareas, lo infló de ánimo cuando no quería hacer nada, lo consoló cuando cuestionaba su condición, lo impulsó a que pasara sus materias, a que nunca le quedara un año escolar. Carlos se volvió el centro de su vida, tanto así que Alejandra, la mayor, a veces le reclamaba un poco de atención. “El asesino de mi hijo no sabe todo lo que yo luché”, comenta mientras aprieta los labios y trata de contener las lágrimas que ya recorren su rostro, mientras hace su mejor esfuerzo para que la voz, ya rota, no se le quiebre. Su nombre completo era Carlos José Moreno Barón y tenía 17 años de edad cuando el miembro de un colectivo paramilitar lo mató en medio de la protesta del 19 de abril de 2017.

“Yo lo veía y pensaba ‘él es mi reto, yo quiero salir adelante con él’. Trabajé para él, todo lo hice para él. Yo decía, mi hijo ya va a cumplir los 18 años (…) y pensaba que iba a ser un reto más grande porque me iba a decir que era mayor de edad y que podría hacer lo que él quisiera. Pero ahí iba a estar yo, luchando, lo iba a seguir haciendo. Y nada, me mataron todo”, asevera.

Carlos, quien era estudiante del primer semestre de Economía en la Universidad Central de Venezuela, fue la primera víctima que cayó en Caracas durante las manifestaciones. Solo en el municipio Libertador del Distrito Capital mataron a 24 personas en el contexto de las movilizaciones antigobierno que se extendieron por cuatro meses de 2017. En ese período, en todo el país, cayeron 20 menores de edad. Quince de ellos eran parte de los 38 jóvenes que cursaban bachillerato o carreras universitarias.

Aquella mañana del 19 de abril, alrededor de las 9:30 am, había convencido a su mamá de darle permiso para salir a jugar fútbol con unos amigos. Era feriado, no había clases y la oportunidad era perfecta para irse a hacer lo que más le gustaba. Sin embargo, no era un día cualquiera. En 26 puntos de la capital venezolana se concentrarían manifestantes para marchar hasta la Defensoría del Pueblo para exigir la anulación de las sentencias del Tribunal Supremo de Justicia que días atrás habían disuelto la Asamblea Nacional. Uno de estos lugares de concentración era la Plaza La Estrella, en San Bernardino, apenas a cinco cuadras de la casa del muchacho.

Ana no quería que él saliera, precisamente porque el sitio a donde iba Carlos, unas canchas de la urbanización Chuao, estaría lleno de marchistas. Temía que lo tocara de cerca la represión que había visto en día anteriores y que, para la fecha, ya había dejado cinco muertos. Pero él insistió.

“¿Tú me ves a mí vestido para ir a una marcha?”, le dijo el adolescente a su madre. Melvin, su hermano de crianza, cuestionó también su salida. Al final, ambos cedieron. A Carlos nada lo detenía. “Yo le di permiso porque los 365 del año él quería ir a jugar fútbol y quería salir con sus amigos”, comenta hoy Ana, sabiendo que era imposible conocer qué iba a pasar horas después.

Carlos se marchó con el morral negro que siempre cargaba, en donde llevaba el efectivo que le había dado su madre para que desayunara unas empanadas, su teléfono y poco más. Sus familiares, todavía hoy, desconocen por qué fue a parar a la plaza La Estrella de San Bernardino, hacia el norte, cuando debía encaminarse hacia el sureste de la ciudad. Tampoco encontraron mensajes en su teléfono o en sus redes sociales que confirmaran que se iba a encontrar con otros muchachos para anotar unos goles, tal como lo había avisado.

El adolescente, apunta su madre, nunca mentía sobre lo que iba a hacer. Ana piensa que quizás había desistido de ir a Chuao e iba a las canchas del Hotel Ávila, en San Bernardino, donde también solía jugar fútbol. Días después de su muerte, a ella le llegaron muchos comentarios de personas que estuvieron en la marcha. Hubo quienes lo vieron allí solo y le advirtieron que era muy jovencito para andar en una protesta, pero él siguió en el sitio. No se sabe si esperaba encontrarse en ese lugar con otros compañeros, si solo estaba de paso, o si realmente se había ido a protestar, tal como se lo había manifestado a su mamá en otras oportunidades y ella le negaba el permiso.

Lo cierto es que Carlos estaba en la concentración cuando llegaron los pistoleros. Los manifestantes, con pancartas, pitos y gorras tricolor, habían comenzado a congregarse puntualmente en las esquinas que conforman La Estrella, que no es más que la intersección de la avenida homónima con la Caracas, Gamboa, Cajigal, Este 5, Anauco y El Parque. Justo en esta última se había ubicado un piquete de la Policía Nacional que, de acuerdo con testimonios recogidos por Runrun.es, se retiró cinco minutos antes de la llegada de los colectivos. A esa hora, ya la zona estaba repleta. Cientos de personas habían llenado la plaza y sus alrededores. “Aquí estábamos bien apretados”, apuntó un manifestante que estuvo ese día en el sitio.

Otro episodio que llama la atención es el paso de un camión, que los testigos identifican como del gobierno, en medio de la concentración. El vehículo pesado recorrió la avenida Gamboa, en dirección a la plaza y, pese al poco espacio, cruzó hacia la avenida La Estrella sin importar que iba en contrasentido. Los marchistas gritaron al conductor, pero este siguió su camino. En medio de ese caos, cuando ya el camión había avanzado, se escucharon los balazos.

Testigos del hecho aseguran que, cerca de las 10:30 am, al menos 15 colectivos bajaron en moto por la avenida Anauco. Esa es, por cierto, la vía más rápida para llegar a la plaza desde Cotiza, en donde está la sede del Frente 5 de Marzo, cuyos miembros fueron los presuntos responsables del asesinato. Para arribar hasta allí, debieron bajar por el Mercado de Las Flores, tomar la avenida Fuerzas Armadas, cruzar en la avenida Panteón y luego seguir por la avenida Anauco, un tramo que sin tránsito –como estaba Caracas en ese feriado– se cruza en unos seis minutos.

Los motorizados arribaron al sitio cerca de las 10:30 am haciendo disparos y lanzando bombas lacrimógenas. Quienes pudieron, huyeron por las distintas avenidas del gas y los tiros. El final de la avenida La Estrella, en donde estaba Carlos, había quedado revuelto luego del paso del camión. El muchacho cayó justo en la intersección. Su cabeza y la sangre que derramaba quedaron encima del rayado.

Ana vio una y otra vez los videos que circularon sobre los momentos posteriores al ataque. En dos de ellos, Carlos está en el suelo, mientras los manifestantes que lo rodean gritan, se lamentan, maldicen. Una joven, con uniforme médico, reconoció que aún tenía signos vitales y alertó que debían llevarlo rápido al hospital más cercano. Un hombre cargó en sus brazos al muchacho, ya inconsciente, y lo montó en la moto que lo trasladó hasta el centro de salud.

Poco después, Ana supo que le habían disparado a un joven en la manifestación de San Bernardino. Se enteró porque a su hija Alejandra se lo contó una vecina. “¿Ven? Por eso es que no me gusta que vayan a marchas”, soltó la madre para recordar las veces que se había negado a asistir a cualquier acto político. En los minutos siguientes, sonó el teléfono. Llamaban del Hospital de Clínicas Caracas para informarle que había sucedido algo con Carlos. Del otro lado del auricular, nadie tuvo el valor de contarle del disparo, solo le dijeron que fuese al centro de salud en compañía de alguien más.

Ana, Alejandra y Melvin salieron cuanto antes a la clínica. “Yo pensaba que lo habían detenido porque le había dicho algo a un policía en la calle”, cuenta la madre, quien recalca que la impulsividad de Carlos le hacía alterarse ante cualquier injusticia, así que una reacción contra algún uniformado era de esperarse. Mientras caminaban, se dieron cuenta que todas las vías que conducían hacia la clínica estaban cerradas por las movilizaciones, así que tuvieron que rodear la plaza La Estrella para poder llegar. “Yo ni siquiera pasé por donde estaba la sangre”, dice.

Al llegar, Ana se identificó y ahí lo supo todo. A pesar de que lloraba, no comprendía la gravedad de lo que acababa de pasar. “Yo todavía, viéndolo que estaba acostado en una camilla, no reaccionaba”, agrega. Pensaba que lo iban a operar, porque eso le habían dicho los médicos, escuchaba cuáles eran las consecuencias del disparo y la posibilidad de que quedara tetrapléjico, lloraba, pero aún así estaba segura de que Carlos iba a “salir de eso”. Sin embargo, en medio de la intervención quirúrgica, el muchacho sufrió un paro respiratorio. No pudo resistir más.

Los 16 del 5 de Marzo

“En mi mente, yo ni siquiera me he puesto a indagar la vida del que mató a mi hijo, porque es que a mí no me ha dado chance de pensar en nada sino en Carlos. Yo sé que (quien lo asesinó) está preso y que así están cuatro más y todo eso, pero que yo sepa quién era ese señor, dónde andaba él, si tiene familia o no tenía familia, a mí no me importa porque, qué me puede importar a mí una persona si a mí quién realmente me importa es mi hijo y ya no lo tengo”, sentencia Ana mientras seca con la punta de los dedos sus párpados húmedos. El dolor de aquel 19 de abril de 2017 continúa intacto un año después a pesar de que ella se haya dedicado a trabajar y a ocupar el tiempo para evadir la ausencia de su muchacho, que hoy ya sería mayor de edad.

Del procedimiento judicial que se abrió sobre el asesinato de su hijo, apenas conoce detalles. Ana sabe que aunque hay solicitudes de arresto para 16 miembros del Frente 5 de Marzo, solo cuatro han sido capturados y acusados. Uno de ellos es el supuesto autor material de la muerte del adolescente: Jonathan Ramón Camacho Delgado, apodado “Jonathan 38”, de 36 años de edad, quien fue detenido el 16 de mayo de 2017 e identificado como oficial jefe de la Policía del municipio Sucre, adscrito a la división de Patrullaje y al puesto de control permanente de la urbanización Macaracuay. El arma con la que impactó a Carlos la consiguió el Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas (Cicpc) en su casa durante un allanamiento. Por su cargo policial, el ministro de Relaciones Interiores y Justicia, Néstor Reverol, quiso implicar a Polisucre en el caso. Sin embargo, desde allí se respondió que ese día el oficial no estaba prestando servicio.

La aprehensión de Camacho Delgado se produjo un día después de la de otro miembro del colectivo: Alexander José Linares, de 40 años de edad. A él lo apresaron en las adyacencias de la avenida Fuerzas Armadas de Caracas. Tras un interrogatorio, señaló a Camacho Delgado como la persona que había disparado. Lo imputaron por homicidio calificado, lesiones y agavillamiento. Un año después del asesinato, ninguno de los dos acusados ha sido sometido a juicio. Los mantienen en la cárcel de El Rodeo.

No es la primera vez que el nombre del colectivo 5 de Marzo aparece en los titulares. Su líder fue José Odreman, asesinado el 7 de octubre de 2014 en el edificio Manfredy de Quinta Crespo, en Caracas, por funcionarios del Cicpc. Su muerte provocó la destitución del ministro de Interior y Justicia de la época, Miguel Rodríguez Torres. De acuerdo con un reportaje de Efecto Cocuyo, en los último tres años han caído al menos nueve miembros del “frente” en distintos hechos que van desde enfrentamientos armados hasta rencillas con bandas criminales.

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Carlos fue la tercera víctima de los colectivos armados que, en total, mataron a 28 personas durante las protestas de 2017, y el segundo menor de edad que murió en manos de estos grupos paramilitares. El primero fue Brayan Principal, de 14 años, quien cayó el 11 de abril en medio de un ataque a una protesta que se efectuaba en las adyacencias del urbanismo Alí Primera, al norte de Barquisimeto, estado Lara. El caso de Carlos es uno de los seis, cometidos por colectivos, en los que hay victimarios acusados. No obstante, ninguno ha recibido sentencia.

Rebelde y libre

El estandarte de la Escuela de Economía de la UCV se extendió el lunes pasado en la sala Bernardo Ferrán (aula 307) de la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales de la casa de estudios. A media mañana, una delegación del Centro de Estudiantes le rindió un homenaje a Carlos para recordar cómo, hace un año, lo habían perdido.

“Este no es un evento para estar tristes, es un evento de júbilo (…) Aceptamos lo que pasó, pero no olvidamos”, dijo al comienzo del acto Félix Ruiz, organizador y compañero de estudios de Carlos. Pero después de hacer un acróstico en la pizarra, de las palabras de José Guerra –diputado de la AN y profesor de la Escuela– y de entonar una canción en su memoria, los testimonios de los estudiantes rompieron el protocolo. Hablaron con la voz quebrada, con la impresión aún de la muerte repentina. Una y otra vez repitieron que jamás pensaron que la tragedia los tocaría tan de cerca. Ana, en primera fila, los escuchó conmovida.

Fernando Bustamante, secretario de Finanzas del Centro de Estudiantes, rememoró lo duro que fueron los días de las protestas. “Lo más bonito que me pasaba cada día era cuando, en la noche, llegaba vivo a la casa y saludaba a mi mamá. Que no se haya logrado eso con Carlos es una razón más para luchar”, comentó justo antes de admitir que lloraba cuando veía en los medios noticias relacionadas con el asesinato del chamo rebelde al que pudo convencer de que votara por él en unas elecciones estudiantiles luego de jugar una partida de voleibol.

“Hoy Carlos no podrá estar bajo las nubes, hoy está sobre ellas”, afirmó el secretario de Cultura estudiantil, Moisés Medina, quien nunca imaginó que tendría que despedir a un compañero durante su vida universitaria.

Richard Mujica, uno de sus más cercanos compañeros, lo describió como un muchacho tratable y excelente amigo. “Él no estaba interesado en la política, sino centrado en su carrera y en el fútbol (…) A él le arrebataron la vida por la incompetencia de los que nos gobiernan”, señaló.

Jonathan Pérez, uno de sus amigos, se enteró del asesinato a través de un grupo de Whatsapp. Varios de su clase comentaban que habían matado a Carlos en una manifestación, pero Jonathan, al borde de su cama, buscaba cualquier otra vía para confirmar si lo que decían era verdad. Se sintió desesperado.

“Yo había hablado con Carlos dos días antes y nunca llegué a pensar que esa fuera la última vez que lo iba a ver, que no iba a estar otra vez sentado en clases o que nunca más iba a voltear en un examen y me iba a encontrar su rostro con una expresión con la que me preguntaba cómo iba. Es algo que no esperas, es algo muy duro”, añadió fuera del micrófono.

Ana dice que el mayor anhelo de Carlos siempre fue ser libre. “Quizás por eso murió un 19 de abril”, agrega. Todavía, algunas tardes, se asoma al balcón de su apartamento, justo al lado de las bicicletas con las que salía a recorrer la ciudad, con la idea de que lo verá jugando en el callejón.