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Carlos Patiño Abr 07, 2018 | Actualizado hace 2 años
Indignarse no basta, por Carlos Patiño

“Cuando una cosa avanza, otra retrocede.”

STÉPHANE HESSEL

En Venezuela no faltan motivos para la indignación. Las razones políticas, sociales y económicas son harto conocidas. Al cumplirse un año de la rebelión popular de 2017, cuyo balance fue de 6.729 protestas en rechazo al gobierno de Nicolás Maduro, 124 personas asesinadas, 1.958 heridos y más de 5.000 detenciones arbitrarias; vale la pena rescatar las reflexiones que el co-redactor de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, Stéphane Hessel, expresó en su obra ¡Comprometeos!

En conversaciones con el activista Gilles Vanderpooten, Hessel opina que nuestra capacidad para indignarnos puede y debe llevarnos a acciones constructivas motivadas por el rechazo a la pasividad y la indiferencia. Es decir, que la indignación por sí sola no es suficiente si no actuamos. Es necesario denunciar, protestar y resistir. Incluso desobedecer, si fuere necesario, frente a lo que nos parece ilegítimo y cercena las libertades y los derechos fundamentales. Tomar parte en la “insurrección pacífica” que nos permita dar respuestas a un mundo que no nos conviene. En una palabra: comprometerse.

Indignarse y actuar vendría a ser lo contrario del derrotismo y la resignación. Hay que generar el cambio a partir del compromiso individual de cada quien. Evaluar el escenario con realismo pero también con el optimismo de la voluntad. Las luchas de nuestro tiempo requieren que nos movilicemos, no para lograr el mejor de los mundos, sino un mundo viable; no el sistema de gobierno perfecto y utópico con un mesías al mando, sino uno democrático, con instituciones independientes que permitan el control ciudadano.

Es preciso indignarse, en especial los jóvenes, y  resistir. Resistencia supone considerar que hay cosas vergonzosas a nuestro alrededor que deben ser combatidas con vigor, por ejemplo, la coexistencia de una pobreza extrema y una riqueza prepotente vinculada al poder. La resistencia no es sólo intelectual; exige la puesta en práctica, el paso a la acción. Es necesario mantenerse organizados, denunciar, movilizarse. Avanzar y no detenerse.

¿Cómo conseguir que esta actitud desemboque en un resultado práctico? Para Hessel, no se puede hacer progresar la historia por medio de acciones violentas, “revolucionarias”, que derriben las instituciones existentes. Más bien reivindica la incidencia política en los organismos internacionales de protección como la ONU, haciendo presión en el concierto de naciones, dejando en evidencia las graves y sistemáticas violaciones a los derechos humanos y las políticas destinadas a reprimir el disenso.

Vivimos en un mundo de interdependencias en el que los cambios suelen darse con la suma de voluntades. Lo cual implica solidaridad. Concretamente, esta solidaridad toma cuerpo en las redes de organizaciones cívicas, de defensa de los derechos humanos, de lucha por el desarrollo. Así es como se constituye lo que, a su modo de ver, es capaz de hacer mover al mundo, reafirmándose en el Preámbulo de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, que reconoce el “supremo recurso de la rebelión contra la tiranía y la opresión.”

Si bien la rebelión popular iniciada hace un año no logró alcanzar los objetivos propuestos (calendario electoral, liberación de los presos políticos, respeto a la Asamblea Nacional y canal humanitario), logró otros no previstos. Según balance de la ONG Provea, la rebelión posicionó la crisis de Venezuela en la agenda internacional, desenmascaró el autoritarismo del gobierno y dejó en evidencia que estamos en dictadura.

A pesar de las lamentables muertes y la precaria continuidad de Nicolás Maduro en el poder, la rebelión dejó saldos positivos. Los Informes del Alto Comisionado de la ONU y de la CIDH, las sanciones económicas a altos funcionarios del gobierno, así como el inicio de un examen preliminar por parte de la Fiscal de la Corte Penal Internacional, lo confirman. Hoy, los organismos internacionales de protección y los gobiernos del mundo están más sensibilizados y alertas ante la gravedad de las violaciones a los derechos humanos en el país, y desarrollan iniciativas condenando a los autores materiales e intelectuales de estos hechos.

¿Tenemos razones para seguir luchando y no dejarnos arrastrar por la desesperanza? Sin duda alguna, y ahora con más razón, pues tal como concluye Hessel:

“No hay que olvidar que la estabilidad de las democracias, pero también de las tiranías, es realmente frágil.”

@carlosdpatino

Alto comisionado ONU cuestiona legitimidad de elecciones venezolanas

 

El alto comisionado de Naciones Unidas (ONU) para los Derechos Humanos, Zeid Ra’ad Al Hussein, dijo hoy que la situación política y social en Venezuela no reúne “las mínimas condiciones” para poder celebrar elecciones presidenciales.

Zeid presentó hoy su informe anual sobre la situación de los derechos humanos en el mundo ante el Consejo de Derechos Humanos de la ONU, en el que dedicó un apartado a denunciar la crítica situación política, social y humanitaria en Venezuela.

El máximo responsable de derechos humanos de la ONU recordó que los dos partidos de la oposición han sido descalificados por la Comisión Electoral, y que la “coalición opositora oficial” ha sido invalidada por la Corte Suprema.

“La libertad de expresión, opinión, asociación y asamblea pacífica están siendo reprimidas y severamente restringidas”, denunció Zeid.

“Estoy seriamente preocupado porque en este contexto no se cumplen de ninguna manera las mínimas condiciones para unas elecciones libres y creíbles”, sentenció.

El gobierno de Nicolás Maduro ha convocado elecciones para el próximo 20 de mayo, unos comicios boicoteados por la oposición y cuestionados por organismos internacionales como la Organización de Estados Americanos (OEA) por no contar con los requisitos mínimos.

Diálogo de sordos, por Marianella Salazar

Diálogo

 

En la oposición no terminamos de entendernos. Después de tantos estropicios dejados por las protestas de abril a julio, con un saldo espeluznante de 133 muertos, 4.000 heridos, más de 5.000 presos, desapariciones forzosas y casos de personas torturadas –que han sido denunciadas en el informe sobre Venezuela del Alto Comisionado para los Derechos Humanos de la ONU–, la dirigencia representada en la MUD, la misma que no supo o no quiso cobrar la rotunda victoria del plebiscito del 16 de julio, como si no hubieran ocurrido todos esos horrores, llama a participar en unas elecciones de gobernadores aceptando las reglas de juego impuestas por un organismo electoral tramposo y un gobierno dictatorial cada vez más aislado de la comunidad internacional, pero que avanza en su propósito de instaurar un Estado comunal.

El llamado lo hace la MUD el mismo día cruel en que el alcalde opositor David Somlansky es destituido y condenado a prisión. Con razón el depuesto alcalde de El Hatillo, desde la clandestinidad, sostiene que el contexto actual del país no es el apropiado para participar en los comicios electorales y que no hay garantías para unas elecciones libres y transparentes.

Smolansky pone el dedo en la llaga al señalar que “muchos de los que aspiran a gobernaciones quizás les toque su número antes de las elecciones”, en alusión a los dictámenes de la comisión de la verdad, que ha desatado una verdadera cacería de brujas contra toda disidencia. Igual que el exiliado alcalde Ramón Muchacho, señala que en este momento no hay salida electoral.

Me resultan incomprensibles los argumentos sobre la no entrega de los “espacios”, cuando en realidad no pudieron defender el gran espacio que ha sido la Asamblea Nacional, y dejaron pasar el tiempo sin tomar las decisiones oportunas para evitar la tragedia de verse despojados de sus competencias y ser disueltos de facto. Al final, las retrecherías de Ramos Allup, que fueron tan aplaudidas por la galería, resultaron inútiles e ineficientes.

En esta dictadura los únicos espacios que están garantizados se encuentran en Ramo Verde o en la sede del Sebin, en el Helicoide. Si ganas un espacio te lo arrebatan con las trampas automatizadas del CNE, como lo acaba de confesar Smartmatic. Hay un CNE fraudulento y unos dirigentes opositores que lo avalan, porque es el mismo delito inflar votos que no cumplir con el mandato popular del 6 de diciembre de 2015 y del 16 de julio de 2017.

No se entiende por qué la MUD no participó en la asamblea nacional constituyente y le dejó al oficialismo todo ese espacio con suprapoderes incluidos, pero ahora sí cree que serán respetados los resultados de las elecciones regionales. No se explica o no entendemos.

Se está formando una atmósfera espesa en la oposición que gira circularmente sin encontrar salida. Es el llamado diálogo de sordos. Escuchamos argumentos pueriles para justificar la participación en este proceso electoral, como uno repetido por algunos dirigentes de que, al concurrir la oposición, el gobierno no las realizaría porque se sabe derrotado. Muy por el contrario, las adelantó para octubre.

He escuchado a más gente que habla en vano. Allí están las declaraciones de un hombre inteligente y ponderado, como el alcalde de Baruta, Gerardo Blyde, señalando que “las regionales son un teatro y la oposición participa para desmontarlo”. ¿Qué quieren que les diga? Hay escenarios que no cambian en el gran teatro de la política venezolana; las regionales son un tremendo montaje y saldrá de nuevo la rectora Tibisay Lucena, con sus predecibles resultados alterados, llevándose por el medio hasta la tela del telón.

@AliasMalula

El Nacional