[CRÓNICA] “No podíamos respirar y la gente, como loca, quería romper los vidrios” - Runrun

[CRÓNICA] “No podíamos respirar y la gente, como loca, quería romper los vidrios”

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Vilma Monroy fue testigo del descarrilamiento del Metro de Caracas el día sábado, 17 de agosto y asegura que fue una experiencia traumática
El tren que se quedó en el túnel entre Los Dos Caminos y Miranda estaba abarrotado y no tenía aire acondicionado, lo que provocó la desesperación de los usuarios

@Saracosco

“AGARRE EL METRO EN LA ESTACIÓN Los Cortijos e iba para Miranda. Pero ya el Metro tenía retraso y el tren que iba dirección Palo Verde estaba en el riel de Propatria. Es decir, iba a contravía en el andén contrario al que le corresponde. Entonces una miliciana que estaba ahí me dijo: ‘Móntese, señora, que viene el tren con mucho retraso’.

“Yo me fui en dirección Palo Verde para regresarme y en Petare eso se abarrotó de gente; se montó un gentío loco y nos faltaba aire porque no había aire acondicionado en el tren. 

“El tren venía sin aire, con retraso y por el riel que no le correspondía. Cuando llegó a Los Dos Caminos hacia Miranda empezó a sonar raro. Se adelantó un poco y ahí mismo retrocedió y se escuchó como una explosión. Nos asustamos porque fue como que el Metro cayó del riel al suelo. 

“Yo estaba en el vagón que se dislocó. En la parte que parece como un acordeón, que es la división de los vagones, un lado agarró hacia la izquierda y otro hacia la derecha. Yo iba sentada en los asientos azules para adultos mayores. Todos los que iban de pie nos cayeron encima.

“En ese momento todo el mundo empezó a gritar. La gente estaba desesperada porque no había aire acondicionado. Las ventanas y las puertas estaban cerradas. Yo no sé cuánto tiempo pasó, pero para mí fue una eternidad porque no podíamos respirar y la gente, como loca, quería romper los vidrios.

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“Luego empezó a hablar un operador pero no se oía bien porque todo el mundo estaba gritando. Al poco tiempo apareció un muchacho y nos dijo que en la tercera puerta había una manilla roja y con eso podíamos abrir la puerta. No sé si él era operador o trabajador del Metro.

“Como pudieron abrieron esa puerta y organizaron el desalojo de todos los que íbamos en ese tren. Primero las mujeres con niños – los que se habían desmayado pasaron primero también- y de último los hombres, que se quedaron en la puerta y nos iban ayudando a pasar, porque de la puerta a la pared del túnel había una distancia y teníamos que levantar bien el pie para poder pasar y caminar por el túnel, en una parte alta. 

“En esa parte alta, que era como un muro, caminamos hasta el principio del tren, donde estaba el chofer. El túnel no estaba tan oscuro porque el tren seguía con las luces prendidas y, de todas maneras, había mucha gente con sus teléfonos y ponían la linterna. 

“En el trayecto por el túnel había como unas barandas. Teníamos que subir la pierna y pasarlas para poder seguir. La respiración en el túnel era muy dificultosa, porque no había suficiente aire. 

“Luego me conseguí con un operador del metro que casualmente es esposo de mi sobrina y me dijo: ‘Quédate tranquilita que ya te faltan como 20 metros’. En efecto, caminé un poquito más y ya salimos a la estación de Los Dos Caminos.

“Fue una experiencia horrible y no se la deseo a nadie. Había un señor en silla de ruedas, yo lo vi dentro del túnel, pero no sé cómo hicieron para pasarlo por las barandas. También había una señora con un bebé recién nacido, a ella le dimos paso para que saliera primero. 

“Yo salí con toda la ropa sucia, las manos, los brazos y la cara negros. No sé si hubo heridos, porque no me quedé, solo quería llegar a la casa para cambiarme de ropa. 

“El lunes salí y no quise montarme en el Metro, pero al final lo tuve que usar, porque las camionetas amanecieron cobrando mil bolívares, no tenía efectivo y era feriado bancario. 

“Pero venía con el corazón en la boca porque de verdad fue traumático”.

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