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Los voluntarios independientes que socorrieron a La Guaira tras los terremotos

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Los terremotos del 24 de junio pasado causaron gran devastación en La Guaira. En las horas inmediatamente posteriores al desastre, fue gracias a la redes sociales como se pudo conocer la magnitud de la tragedia en el litoral central. La primera respuesta no vino de los entes gubernamentales, sino de la propia ciudadanía, que acudió al socorro de las personas afectadas.

Entre esos casos están Joselyn Pereira, música y productora audiovisual de 31 años, y Jonathan Ravelo, un diseñador gráfico y editor de video de 37; dos caraqueños que, a pesar de vivir en carne propia el terror de los terremotos, decidieron no quedarse de brazos cruzados y ayudar a otros. 

Sus historias reflejan las dos caras de la misma moneda del voluntariado: el desgaste físico y económico de abrirse paso donde nadie llegaba por el colapso.

Motorizados bajando a La Guaira para apoyar como voluntarios

El motorizado que desafió el colapso para salvar vidas

Jonathan Ravelo sintió el llamado de urgencia. Decidió que su motocicleta —prácticamente nueva para el momento— sería su mejor herramienta de trabajo y también su vehículo de rescate.

Se adentró en los terrenos más difíciles de La Guaira, recorrió Chichiriviche de la Costa, Caribe, Macuto y Tanaguarena. “Bajamos de todo: insumos médicos, comida, agua y ropa donada. También trasladamos a personal médico a las zonas donde los camiones o las gandolas simplemente no podían pasar por el estado de las vías”, detalla en entrevista con Runrun.es.

Además de la entrega de insumos, Jonathan y otros compañeros motorizados apoyaron activamente en las labores de búsqueda de personas desaparecidas. Uno de los episodios más duros que le tocó vivir fue la búsqueda de Isaac, un niño de 11 años conocido de su entorno. 

“Me mandaban pistas de diferentes lugares y fui a buscarlo por todos lados con la esperanza de hallarlo con vida. Al final, los rumores eran falsos. Lo encontraron sin signos vitales dentro de su apartamento destruido. Fue un golpe muy fuerte para todos”, lamenta.

La travesía sobre dos ruedas dejó secuelas tanto físicas como materiales. Las carreteras destrozadas y las largas jornadas desgastaron severamente su motocicleta, lo que le exigió un costoso mantenimiento correctivo que debió pagar por su cuenta. Además, la desorganización gubernamental en los accesos dificultó las labores de los voluntarios independientes.

“Los primeros días bajó demasiada gente a lo loco y todo era un caos. Inventaron lo del código QR y el chalequito para los voluntarios, pero eso para mí fue puro pote de humo. Allá abajo no había ni luz ni señal para andar revisando QR de nada”, señala Jonathan, que se registró como voluntario en el Poliedro de Caracas, porque así lo había exigido el gobierno.

Jonathan Ravelo con el chaleco que entregaban a voluntarios registrados en el Poliedro de Caracas

A Jonathan nunca se le aceró ningún funcionario a pedirle ese código QR. “Al final, la desorganización seguía igual, pero si te veían con el chalequito, asumían que andabas en lo tuyo y no te hacían perder tiempo trancándote el paso”, dice.

Jonathan resalta la gratitud de las comunidades a las que acudió a llevar ayudas. Recibió donativos de personas que se encuentran en el exterior y, para garantizar la transparencia de su labor y generar confianza, todo lo que hacía con sus amigos lo publicaba en redes sociales.

Ayudar a otros como un acto de gratitud

Joselyn Pereira es música y se le conoce en el gremio artístico como “Jossy Bonham”. Para ella, la tragedia comenzó en el piso 12 del bloque 1 de Simón Rodríguez, en Caracas. Allí se encontraba con su pareja y su madre, quien padece de esclerosis lateral amiotrófica (ELA), una condición que limita casi por completo su movilidad.

“Fue aterrador. Pensé que íbamos a morir allí. Nos abrazamos muy fuerte bajo el marco de la puerta mientras veíamos cómo se agrietaban brutalmente las paredes”, relata Joselyn. Una vez que cesó el movimiento, el instinto de supervivencia se activó. Con el apoyo de varios vecinos, logró cargar a su madre y bajar los 12 pisos por las escaleras hasta el estacionamiento, donde pasaron la primera noche.

Tras poner a salvo a su madre en Guatire, estado Miranda, Joselyn recibió el llamado para sumarse a los despliegues de apoyo en las zonas afectadas. “Regresé a Caracas con todo el temor del mundo, subí los 12 pisos para buscar ropa y me activé de una vez (…). Mi mejor manera de agradecer todo el privilegio que tengo, en comparación con muchas personas que han tenido pérdidas de vivienda, de familias o de las dos, es ayudando a la gente”, señala.

Con su equipo de trabajo de un programa social en el que labora, se desplegó apenas dos días después del doblete sísmico. Ha recorrido puntos críticos como Caraballeda, Catia La Mar, Playa Grande, el Polideportivo y el estadio César Nieves.

Su labor no se limitó a su horario de trabajo. A título personal y junto con un grupo de amigos, Pereira también se organizó de forma independiente como voluntaria para llevar insumos a las zonas más vulnerables de Naiguatá y apoyar a los rescatistas que trabajan removiendo escombros en las OPPE de Caraballeda.

El impacto de la tragedia la tocó de cerca: un primo de Joselyn y su esposa fallecieron bajo los escombros de su casa en Playa Grande. A pesar de estar a solo cinco minutos del sitio durante un despliegue, el colapso vial de la zona y las restricciones de seguridad le impidieron llegar a tiempo para acompañar a su familia. “Había demasiada tranca y desorden por el flujo de ayuda que bajaba. Fue duro, pero entendí que la zona estaba colapsada”, comparte con resignación.

Para Joselyn el voluntariado ha sido su propia terapia: “Hacer labor humanitaria es lo que más me ha ayudado emocional y psicológicamente. No importa si tengo que trabajar horas extra de forma voluntaria, aliviar el dolor de otros sana el mío”.

A pesar del desgate, siguen ayudando

Ser voluntario independiente en Venezuela requiere un sacrificio que va más allá de las fuerzas físicas. En el caso de Jonathan Ravelo el impacto económico fue devastador. Como diseñador gráfico y editor de video independiente (freelancer), sus ingresos dependen de las entregas diarias.

“Pasé varias semanas sin poder trabajar. Aunque algunos de mis clientes fueron flexibles al principio, la cosa con varios terminó bastante mal (…). No todo el mundo entiende que te retrases o no entregues a tiempo por andar metido en un voluntariado”, manifiesta.

A pesar de las deudas acumuladas, su espíritu sigue intacto: ya tiene planificada otra rodada en moto para llevar más insumos.

Por su parte, Joselyn divide sus horas entre las responsabilidades de trabajo y el apoyo social, esperando que pronto la música y la producción audiovisual puedan volver a ser su centro. Sin embargo, tiene claro que el compromiso no ha terminado.

“Esto no acaba ahorita. La situación de tragedia en La Guaira, partes de Caracas, El Junquito, Valencia y Maracay requiere que sigamos atendiendo y abordando a nuestras comunidades. Hay que seguir ayudando a nuestros hermanos afectados”, concluye.

Gracias al apoyo que brindan personas como Jonathan y Joselyn, así como miles de voluntarios que acuden a llevar insumos o a participar en las labores de rescate, La Guaira ha encontrado un motor de esperanza impulsado exclusivamente por la voluntad de ayudar al prójimo.

*El periodismo en Venezuela se ejerce en un entorno hostil para la prensa con decenas de instrumentos jurídicos dispuestos para el castigo de la palabra, especialmente las leyes «contra el odio», «contra el fascismo» y «contra el bloqueo». Este contenido fue escrito tomando en consideración las amenazas y límites que, en consecuencia, se han impuesto a la divulgación de informaciones desde dentro del país.

Apure enfrenta nuevas inundaciones mientras persiste la emergencia por el doble sismo

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Venezuela continúa sumida en una emergencia múltiple que combina los efectos del doble sismo del pasado 24 de junio con una crisis socioambiental que se agrava en distintos puntos del territorios. Mientras organizaciones civiles, universidades, organismos internacionales y comunidades locales trabajan bajo el principio de “reconstruir mejor”, nuevas afectaciones golpean en el sur del estado Apure.

En el municipio Rómulo Gallegos, la población de La Victoria registra graves inundaciones que han dejado cerca de 2000 personas sin vivienda, sin enseres y sin medios de vida. Las aguas anegaron sectores completos y han obligado a las familias a evacuar y a improvisar refugios temporales en zonas más altas. 

Los especialistas advierten que emergencias de este tipo se repiten cada año y responden, en gran medida, al desconocimiento de las dinámicas ambientales de los territorios, la ausencia de planes de ordenamiento y la falta de medidas de protección para las comunidades más vulnerables. La situación en Apure se suma a un panorama nacional marcado por fallas estructurales y riesgos acumulados.

Además de las inundaciones en Apure, se reportan afectaciones en los estados Portuguesa y Amazonas; derrames petroleros recurrentes; deforestación acelerada en el semiárido larense; y la expansión de la minería ilegal en la Amazonía. En paralelo, ciudades como Cumaná enfrentan crisis prolongadas de servicios: la capital de Sucre acumula 144 días sin agua por tubería.

En medio de este escenario, organizaciones sociales insisten en que la reconstrucción tras los terremotos no debe invisibilizar las demás emergencias que continúan destruyendo vidas y profundizando la pobreza. Piden atención urgente para las comunidades afectadas en Apure y para los territorios que, año tras año, quedan expuestos a inundaciones, contaminación y degradación ambiental.

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Identidades contra el olvido

Lista preliminar de fallecidos de los terremotos del 24J en Venezuela #PeriodismoQueResiste

Detrás de las cifras hay personas con una historia, una familia y una comunidad. Este memorial elaborado por Monitor de Víctimas –con el apoyo de El Pitazo, Runrun.es y CONNECTAS– reúne los nombres de más de 1.000 personas que murieron tras los terremotos en Venezuela.

Aquí presentamos una lista preliminar de 1.055 nombres verificados de personas que perdieron la vida. Los datos provienen de obituarios y mensajes publicados en redes sociales (Instagram, TikTok, Facebook, X y grupos de WhatsApp) por parientes, empresas y amigos de las víctimas.

También se obtuvo información directa de los familiares y conocidos de los afectados. Adicionalmente, cada nombre se verificó en otras plataformas oficiales, como la página del Instituto Venezolano de los Seguros Sociales (IVSS), así como en medios de comunicación y las redes sociales de personas cercanas a los fallecidos.

Queremos honrar su memoria y recordarlas como algo más que una estadística.

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*El periodismo en Venezuela se ejerce en un entorno hostil para la prensa con decenas de instrumentos jurídicos dispuestos para el castigo de la palabra, especialmente las leyes «contra el odio», «contra el fascismo» y «contra el bloqueo». Este contenido fue escrito tomando en consideración las amenazas y límites que, en consecuencia, se han impuesto a la divulgación de informaciones desde dentro del país.

Etiqueta roja no implica demolición inmediata de edificios dañados, aclara el CIV

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El Colegio de Ingenieros de Venezuela (CIV) informó que las edificaciones marcadas con etiqueta roja por los daños causados por los terremotos del 24 de junio serán sometidas a nuevas evaluaciones técnicas antes de determinar si deben ser rehabilitadas, restauradas o demolidas.

El presidente del Colegio de Ingenieros de Venezuela, Enzo Betancourt, explicó que la etiqueta roja no significa una demolición inmediata de la estructura, sino que activa nuevas fases de revisión por unos 3200 especialistas que están encargados de inspeccionar viviendas, escuelas y otras edificaciones afectadas por los sismos.

Agregó que una segunda y una tercera fase de evaluación de las edificaciones marcadas en rojo serán ejecutadas por brigadas intermedias y brigadas élite, integradas por patólogos estructurales con amplia trayectoria. Estas revisiones determinarán si los inmuebles pueden ser rehabilitados, restaurados o si, como última alternativa, deben ser demolidos.

Apoyo de estudiantes avanzados

Betancourt también argumentó que el CIV capacitó a estudiantes de los últimos semestres de Ingeniería y Arquitectura, además de bomberos y funcionarios de Protección Civil, para reforzar las labores de inspección y diagnóstico estructural.

Las revisiones se realizan mediante la metodología del “semáforo“, un sistema de clasificación rápida que establece el nivel de afectación de las edificaciones. La etiqueta verde corresponde a estructuras seguras y sin daños comprometedores; la amarilla identifica inmuebles con daños moderados que requieren atención, y la roja señala edificaciones con daños severos.

El CIV indicó que la mayoría de los casos evaluados hasta ahora en Distrito Capital tienen etiqueta verde. Las inspecciones continúan en sectores del municipio Sucre, como Petare, Terrazas del Ávila y Los Dos Caminos, y se prevé que el levantamiento de datos culmine a finales de julio.

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Hospital de campaña español también alivia el colapso sanitario estructural

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El hospital de campaña que el Gobierno de España instaló en el parque Generalísimo Francisco de Miranda —conocido como Parque del Este— para atender afecciones causadas por el doble terremoto y, en particular, a las víctimas de La Guaira, terminó recibiendo a cientos de venezolanos que no vivieron la tragedia en el litoral, pero que llevan años padeciendo la crisis del sistema de salud. 

Gabriela Suárez, adulta mayor y residente de Caracas, acudió para que la atendieran en el hospital español. Un vecino le aseguró que en el Parque del Este estaban tratando “todas las patologías” y, por eso, llegó el martes desde temprano, con la esperanza de ser evaluada por la artrosis de segundo grado que tiene en las rodillas. 

Foto: María Gracia Lacruz

“Yo venía por traumatología, porque me duelen mucho las rodillas y me cuesta caminar, pero aquí solo están atendiendo emergencias; lo demás lo remiten, como acaba de pasarme a mí. Me llenaron un informe para que fuera al hospital Domingo Luciani”, narró. 

Gabriela resume su diligencia en el hospital de campaña español como “una pérdida de tiempo”, aunque entiende que los médicos españoles no pueden dar respuestas a todas las emergencias de salud que el Estado venezolano no ha atendido durante años por el colapso del sistema sanitario. 

Foto: María Gracia Lacruz

Entre el desastre sísmico y la crisis previa

Desde el 4 de julio, el hospital de campaña de cooperación española —conocido popularmente como los “chalecos rojos”— está en Venezuela con el objetivo de atender las emergencias vinculadas al doblete sísmico que sacudió al país el pasado 24 de junio. 

Marta Catalinas, jefa del Área de Emergencias en la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (Aecid), explicó que desde que se instalaron en el Parque del Este han atendido a 2200 pacientes que acuden con traumas, heridas, crisis nerviosas e infecciones respiratorias, pero que también “llegan personas que no tienen relación con la emergencia”.

Foto: María Gracia Lacruz

Catalinas, quien coordina misiones humanitarias ante catástrofes globales, comentó que, durante el día, pueden asistir la misma cantidad de pacientes provenientes de La Guaira como de los que no fueron afectados directamente.

Foto: María Gracia Lacruz

Resaltó que la mayoría de los pacientes que esperan ser atendidos son adultos mayores con patologías típicas de la edad, pero también ha habido niños, adolescentes y mujeres embarazadas.

Foto: María Gracia Lacruz

Las carpas blancas como salvación 

Al igual que la señora Gabriela Suárez, los cientos de venezolanos que han llegado al parque buscando atención médica —sin importar el sol, el calor y las horas de espera— ven en las carpas españolas una oportunidad única de recibir la atención que el sistema de salud público les ha negado y que el privado les impide costear.

Las diez carpas —de gran tamaño— que la misión dispuso en el Parque del Este, cuentan con los equipos e insumos necesarios para atender a todos los pacientes. Además, tienen plantas eléctricas, ambulancias y sistemas de agua. Los funcionarios de Inparques y la Polisucre se encargan de la seguridad.

Foto: María Gracia Lacruz

El personal de salud de España ofrece los servicios de medicina general, pediatría, gineco-obstetricia, traumatología, cura de heridas, psiquiatría, psicología y fisioterapia, y están bien equipadas para atender cualquier emergencia. 

La jefa de los “chalecos rojos” detalló que, ante la gran afluencia de personas, debieron incorporar personal de triaje venezolano para filtrar los casos crónicos que el hospital de campaña no puede asumir. 

Foto: María Gracia Lacruz

La misión estará en el país hasta el 20 de julio y, para ese momento, habrá cumplido su objetivo de atender a las víctimas de los terremotos. A partir de esa fecha, las carpas dejarán libre el espacio de la Concha Acústica del parque, pero la otra emergencia —la que apretaba antes de los sismos— no desaparecerá. El país tendrá que enfrentarse solo al mismo colapso sanitario, pero esta vez magnificado por la tragedia.

*El periodismo en Venezuela se ejerce en un entorno hostil para la prensa, con decenas de instrumentos jurídicos dispuestos para el castigo de la palabra, especialmente las leyes “contra el odio”, “contra el fascismo” y “contra el bloqueo”. Este contenido está siendo publicado teniendo en consideración las amenazas y límites que, en consecuencia, se han impuesto a la divulgación de informaciones desde dentro del país.

Organizaciones civiles a congresistas de EE. UU.: Sin justicia ni Estado de derecho no habrá recuperación económica en Venezuela

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“La democracia no es un favor sino un derecho”, afirmó Isabel Carlota Roby, abogada senior del Programa para América Latina del Robert & Ethel Kennedy Human Rights Center cuando estaba por finalizar la audiencia “Derechos Humanos en Venezuela: situación y oportunidad” en la Comisión Tom Lantos de Derechos Humanos de la Cámara de Representantes del Congreso de Estados Unidos este miércoles, 15 de julio. A esa frase le siguió una demanda urgente: “Espero que el Gobierno de Estados Unidos entienda eso”.

Roby fue una de las cuatro mujeres, y un hombre, que participaron en el acto donde un grupo de organizaciones civiles ofreció un diagnóstico detallado a los parlamentarios norteamericanos de lo que sucede en Venezuela luego del arresto por Washington de Nicolás Maduro y Cilia Flores, y en medio de la emergencia humanitaria que han causado los terremotos del pasado 24 de junio, día de San Juan, que devastaron al estado La Guaira y afectaron decenas de edificaciones en otros cinco estados del país.

El panel lo completaron Martha Tineo, directora de Justicia, Encuentro y Perdón; Beatriz Borges, directora ejecutiva del Centro de Justicia y Paz (Cepaz); Laura Cristina Dib, directora del programa para Venezuela de WOLA, y Andrés Martínez-Fernández, analista senior de políticas para América Latina de The Heritage Foundation, una organización identificada con las políticas de Donald Trump.

El grupo se encargó de describir el panorama nacional y de dejar claro que, pese a las buenas relaciones que Trump mantiene con la presidenta encargada y exvicepresidenta de Maduro, Delcy Rodríguez, las prácticas represivas, persecutorias y de censura, la inexistencia del Estado de derecho y de las instituciones y la no independencia de los poderes públicos continúan igual que cuando el exgobernante estaba al mando.

Señalaron que, contrario a las promesas propagandísticas del presidente estadounidense, los ingresos petroleros provenientes de las operaciones de intercambio hechas con el país norteamericano no han beneficiado a los venezolanos en los últimos seis meses. Al contrario, la falta de transparencia ha evitado que se conozca el destino de esos fondos.

Bajo estos argumentos y de acuerdo con el análisis de Runrun.es, hay cinco elementos que destacaron dentro del discurso de las organizaciones:

Organizaciones civiles en medio de la audiencia con congresistas de EEUU

El (falso) cambio de autoridades 

Las organizaciones civiles aclararon que aunque Maduro ya no está en el gobierno, todo su equipo sigue allí y al mando del país. No basta con los cambios que Delcy Rodríguez implementó en su gabinete y en las Fuerzas Armadas, porque lo que realmente hizo fue reciclar funcionarios. Esto se demuestra en el nombramiento como ministro de la Defensa de Gustavo González López, militar que en la época de Maduro dirigió al Sebin y fue señalado de participar en persecuciones políticas y torturas; o con el caso de Vladimir Padrino López, quien salió del Ministerio de la Defensa a ocupar la cartera de Agricultura y Tierras. 

“No podemos hacer una diferenciación porque es una continuación”, afirmó Roby, quien posteriormente cuestionó que Estados Unidos negociara con el “régimen autoritario y criminal” que se mantenía en Venezuela.

Ese mismo grupo, dijeron, es el que aún ejerce la persecución y represión política, así como la censura en Venezuela, los cuales se han instaurado como políticas de Estado y no se han detenido porque Maduro salió de Miraflores.

los terremotos

Elecciones, justicia e instituciones

Para Martha Tineo, las próximas elecciones en Venezuela pueden considerarse un avance hacia la transición solo si se cumplen las necesidades políticas (libertad para que todos los políticos puedan postularse sin trabas) y técnicas (con un CNE independiente y legítimo, observadores internacionales no sesgados, garantía de inscripción en el Registro Electoral a los venezolanos en el exterior) que exige un proceso como ese.

Pero, además de las elecciones, apuntó Tineo, esa transición también debe desmontar el aparato represivo del gobierno actual, conformado por un sistema judicial que no es independiente y por una serie de leyes vigentes que motivan las encarcelaciones en masa a quienes se oponen al chavismo. “Por eso insisto en que el tema debe tratarse con un enfoque amplio en derechos humanos”, recalcó.

Para Borges, los cambios democráticos llevarán tiempo, por eso las prioridades deben enfocarse en “proteger a la sociedad civil y reconstruir las instituciones democráticas”.

Las organizaciones civiles enfatizaron que sin justicia y Estado de derecho es imposible la recuperación económica que forma parte de la estrategia de Marco Rubio para la reconstrucción de Venezuela. Y que no habrá transición mientras continúe la impunidad y no se hable de responsabilidades.

Presos políticos y ley de Amnistía

presos políticos

Las organizaciones advierten que la liberación de los presos políticos es un punto clave e impostergable para hablar de una transición. Durante sus intervenciones, recordaron casos como de Emirlendris Benítez, quien estaba embarazada cuando la apresaron, perdió a su hijo a raíz de las golpizas que le propinaron y hoy está en silla de ruedas por una lesión en la columna producto de las torturas que sufrió. Fue condenada a 30 años de prisión.

Insistieron en que pese a las excarcelaciones masivas ocurridas durante los primeros meses de 2026, aún hay más de 700 prisioneros políticos tras las rejas, y que muchos de los que salieron de la cárcel todavía tienen medidas que impiden su libertad plena, como la prohibición de salida del país o la presentación ante tribunales de manera periódica.

Tineo subrayó que la Ley de Amnistía dictada por la Asamblea Nacional chavista fue “diseñada como una medida cosmética para aliviar la presión internacional” sobre el gobierno de los Rodríguez y ha sido un instrumento aplicado con discrecionalidad y para revictimizar a los excarcelados.

Terremotos de San Juan en un contexto autoritario

Las defensoras de derechos humanos aseguraron que la tragedia ocurrida en el país tras el doblete sísmico del 24 de junio llegó cuando Venezuela tiene más de una década sumida en una “crisis humanitaria, institucional y política” y, también, dentro de un contexto autoritario que frena las iniciativas sociales y las libertades de los ciudadanos. 

“Esto lo cambia todo”, destacó Roby, quien advirtió que este tipo de emergencias sirven a los autoritarismos porque son “expertos en ganar tiempo y capitalizar las crisis”.

Borges recalcó que los terremotos revelaron que la sociedad civil es una de las mayores fortalezas del país, porque fue esta la que se movilizó para “salvar vidas, documentar las necesidades urgentes, coordinar la asistencia humanitaria y apoyar a las comunidades afectadas”.

También afirmó que esta coyuntura es una oportunidad única para que Estados Unidos ayude a construir el “futuro democrático de Venezuela”. Roby apoyó el comentario y añadió que es momento de que Trump demuestre un interés por el país que vaya más allá de lo económico

Jorge Rodríguez terremotos

La importancia de la sociedad civil

Una de las recomendaciones de Borges fue la de “sostener a la sociedad civil independiente mediante apoyo flexible y de largo plazo”. Esto se traduce en un necesario respaldo a las organizaciones no gubernamentales que están en el país, que cuentan con bajos recursos y trabajan con dificultades en un territorio en donde se les criminaliza, se detiene a sus representantes y se restringe el espacio cívico.

Pero las organizaciones civiles no solo hablaron de las ONG venezolanas. Dib pidió que se diera acceso territorial a los distintos mecanismos internacionales de derechos humanos y que se restableciera la libertad de información. Borges pidió que se apoyara “la asistencia humanitaria a través de actores locales confiables”.

Ante los congresistas, las representantes subrayaron la relevancia de la Iglesia Católica en la sociedad venezolana, que ha abogado por la lberación de los presos políticos y que podría tener un papel en la reconciliación en Venezuela.

Los congresistas presentes, republicanos y demócratas, escucharon e hicieron preguntas. Ya luego se sabrá si, como lo pidió Roby, Estados Unidos habrá entendido que los venezolanos tienen derecho a la democracia.

Cuando el aula también tiembla: una lección fuera del currículo

En La Guaira y Caracas, los sismos del 24 de junio —un doblete sísmico de magnitudes 7,2 y 7,5 ocurridos con apenas segundos de diferencia— dividieron la vida cotidiana en dos. Para estas comunidades, el regreso a clases no es un asunto de encender pantallas o mover una fecha en el calendario; supone un intento de reconstruir la normalidad sobre un suelo que todavía no se siente seguro.

Mientras las familias procesan el impacto y las autoridades evalúan los daños, el Estado ya anunció medidas preventivas para el sistema educativo. Primero, suspendió las actividades escolares debido a los movimientos telúricos; posteriormente, extendió la pausa académica, a la vez que avanzan las inspecciones de infraestructura y la atención en las zonas afectadas.

Ese mismo proceso de revisión y cautela se extendió al ámbito universitario. En la Universidad Central de Venezuela (UCV), el Consejo Universitario (CU) suspendió inicialmente las actividades académicas y administrativas hasta nuevo aviso para evaluar las condiciones del campus tras el sismo —en medio del impacto por la pérdida de integrantes de la comunidad universitaria y mientras la institución se convertía también en centro de acopio para apoyar a los afectados—. Luego de las evaluaciones correspondientes, la universidad acordó retomar sus actividades a partir del 1 de septiembre.

Más allá de los comunicados oficiales, la suspensión alteró la rutina de miles de estudiantes. Para Valentina Guzmán, de 22 años, estudiante de Comunicación Social en la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB), la crisis se siente como una especie de pausa forzada que, por fortuna, la agarró con las materias prácticamente listas. 

“No me asusta perder el semestre porque quedaban solo dos semanas. La universidad resolvió rápido y nos fuimos a modalidad 100 % virtual”, comenta. 

Valentina vive una realidad privilegiada dentro del caos: tiene luz, internet estable y la estructura de una universidad privada que reaccionó en horas; pero sabe que su tranquilidad no es la norma. “Siento que la educación no se va a ver afectada en general, solo se correrán los tiempos, sin embargo, a las familias que perdieron vidas y viviendas les va a costar muchísimo más surgir”, reflexiona. 

Esta disparidad se observa en la UCV, donde la emergencia se transformó en una necesidad de acción. Según el balance más reciente de la institución, actualizado al 14 de julio, 48 integrantes de la comunidad ucevista murieron a causa de los sismos del 24 de junio y 166 están desaparecidos —las cifras se mantienen sin variación respecto al reporte anterior, mientras continúan los procesos de identificación y búsqueda—. Además, 493 miembros de la universidad resultaron damnificados, entre estudiantes, profesores, trabajadores y obreros.

Marialejandra Díaz, quien cursa una carrera en la UCV y otra en la Universidad Bolivariana de Venezuela (UBV), no sufrió pérdidas materiales. “El nivel de angustia y miedo que uno maneja es real. Te hace actuar. Desde el momento cero, mi reacción fue salir a ayudar para aplacar ese sentimiento de culpa de saber que alguien más está sufriendo y tú no”, relata. 

Por eso, Díaz, de 22 años, dedicó jornadas a clasificar ropa y a ordenar los insumos que llegaban al centro de acopio estudiantil de la UCV. Para ella, el panorama es mucho más sombrío que el que se percibe en los campus privados.

“La educación pública va a recibir un golpe durísimo, un deterioro enorme desde preescolar hasta el nivel universitario. No es solo la pérdida de infraestructura, sino el fallecimiento de profesionales y estudiantes, y el trauma psicológico de volver a un aula en un sistema público que no te garantiza que la estructura sea segura”, lamenta.

La pausa que no aparece en el calendario

Esa misma preocupación por los que ya no están o quienes lo perdieron todo frena el impulso de algunos de avanzar con sus vidas. Mariana Bolívar, estudiante de Nutrición y Dietética en la UCV y voluntaria en la cocina de nutrición que envió insumos a La Guaira, confiesa que los primeros días ni siquiera recordaba que era estudiante.

“Ahora me preocupa el semestre, pero me preocupa más que decidan empezar las clases sin que aquellos compañeros que perdieron sus casas o sus familiares tengan la posibilidad de retomar con nosotros”, declara.

Ese obstáculo emocional que describe Mariana no es un caso aislado. Desde los terremotos, una agitación emocional ha rodeado a la comunidad estudiantil y docente de la capital. El psicólogo y profesor de la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB) Asdrúbal Espinoza explica que esta sensación se conoce formalmente como el síndrome o la “culpa del sobreviviente“.

“Es un fenómeno que se ha documentado y observado durante muchas décadas en personas que han presenciado o han sido expuestas a la muerte o daño de otra persona y han sobrevivido a la experiencia. Sea una guerra, un desastre natural, algún conflicto armado, o puede sobrevenir incluso después de eventos como un accidente automovilístico con fatalidades y pocos o un solo sobreviviente”, añadió.

En el entorno académico este síndrome se manifiesta como un conflicto interno de la persona al intentar retomar las evaluaciones, las actividades del trabajo o la rutina diaria que no forman parte directa de los esfuerzos de rescate o apoyo. “Las necesidades personales se perciben como que contradicen a las necesidades del país y en querer estar presentes”, destaca el experto, y aclara de inmediato que es una percepción, pues ambas cosas pueden coexistir: el ayudar y el continuar con la propia vida.  

En el sureste de Caracas, la Universidad Simón Bolívar (USB) intenta medir el impacto de los sismos en sus estructuras. Una estudiante, que pidió no ser mencionada, que cursa Ingeniería y Economía, argumenta que, aunque los daños reportados por las autoridades hasta ahora en fachadas y paredes no comprometen las edificaciones, el proceso de inspección es lento por la cantidad de edificios

Además, la naturaleza de su universidad plantea un reto distinto: “La USB no trabaja con la modalidad 100 % virtual, las evaluaciones siempre son presenciales, así que no se contempla un trimestre bajo esa modalidad”.

Ella es crítica de la respuesta del sector educativo y del Estado, y logra sacar a colación una reflexión que hace énfasis en todo lo que sucedió después del 24 de junio. “Esta es una tragedia, sí, pero hay muchas cosas que se deben analizar de ella en todos los campos: el estudio de los suelos, la estructura, el funcionamiento eléctrico y de telecomunicaciones… ¿Por qué nada funcionó? El nivel de exigencia debe subir, no hicimos lo suficiente”, reflexiona.

Al igual que los estudiantes de la UCV y la USB, el vicerrector académico de la UCAB, José Juárez, confirma que la universidad no sufrió daños estructurales graves, y que los registrados se pueden solucionar con reparaciones menores de tuberías y frisos. Sin embargo, el verdadero impacto para la población académica está en el censo que la institución activó de inmediato.

“Hasta los momentos, el número de miembros de nuestra comunidad que perdieron sus casas o tienen afectaciones graves ronda las setenta personas. Lamentablemente, tenemos que registrar el fallecimiento de nueve estudiantes y una profesora”, lamenta Juárez, el 8 de julio. 

Para evitar la deserción y no dejar rezagados a quienes hoy no cuentan con conectividad o un techo, la UCAB aplicó una metodología de flexibilidad: cierre del semestre de forma remota, ajustes de evaluaciones, atención de los casos socioeconómicos excepcionales por escuela y asistencia psicológica inmediata en las zonas de desastre. Esto último, a través de sus iniciativas de salud mental, como la Clínica Santa Inés y el Centro de Asesoramiento y Desarrollo Humano (CADH) en el edificio de Ingeniería.

En este contexto, la UCAB junto con su Escuela de Educación, publicó el Decálogo para la Continuidad Escolar Segura, un informe pedagógico que establece que “un cerebro bajo estrés o miedo no puede procesar el aprendizaje de la misma manera”. El documento contiene una planificación basada en la flexibilidad y la compasión, propone la suspensión de las evaluaciones rígidas, la ayuda integral para la salud mental de los docentes y estudiantes y la máxima empatía en los compromisos económicos para evitar que la crisis financiera sobrevenida se traduzca en exclusión escolar.

La Constitución establece, en el artículo 102, que la educación es un derecho humano y un deber social fundamental que debe ser garantizado por el Estado; a su vez, la Ley Orgánica para la Protección de Niños, Niñas y Adolescentes (LOPNNA), en el artículo 53, reconoce el derecho a una educación integral en condiciones adecuadas. Mientras, la Ley de Gestión Integral de Riesgos Socionaturales y Tecnológicos (LGIRST) dispone la incorporación de la gestión de riesgos en los procesos educativos, pero el doblete sísmico demostró que no hay ejecución de esos mecanismos.

El fin del año en los salones de bachillerato

La incertidumbre por el cierre del año escolar no es exclusiva de las universidades. En la educación media básica, donde el tercer lapso estaba por terminar, el doblete sísmico congeló las clases en la recta final de las evaluaciones de julio.

Santiago Guzmán, de 13 años, cursa primer año de bachillerato en el Colegio San Agustín de El Paraíso, una institución en el oeste de Caracas que sufrió graves daños en su infraestructura con los terremotos. Desde ese día, su rutina escolar quedó reducida a cero, ya que no hay clases presenciales, las aulas están vacías y el contacto se ha limitado a mensajes y llamadas de profesores y maestras para monitorear cómo están las familias en casa. 

“Ya estábamos terminando el año; en general, de todas las materias solo nos faltaban como dos notas para cerrar. Por ahora el colegio no ha confirmado qué va a pasar con eso. Este viernes, 16 de julio, tenemos una reunión por Google Meet donde apenas van a explicarnos cómo proceder”, contó.

Entre los estudiantes de bachillerato de esta institución se comenta  la idea de promediar las notas acumuladas de todos los lapsos para dar por cerrado el año escolar, pero en los hogares la expectativa persiste. Sin seguridad sobre cómo se totalizarán las notas en las  boletas escolares ni si habrá entregas de actividades a distancia, los jóvenes cerrarán el año frente a una pantalla en una ciudad que no ha terminado de normalizarse.

La necesidad de enseñar sobre los estados de emergencia

Tras los terremotos del 24 de junio, niños, niñas y adolescentes empezaron a preguntar qué hacer durante un sismo. Otros buscaron información para compartir con sus familias. Algunos reconocían el miedo, aunque no siempre sabían cómo expresarlo.

La trabajadora social y orientadora María Hernández explica que las consecuencias emocionales de una emergencia no siempre son visibles ni afectan únicamente a quienes sufrieron pérdidas materiales o humanas:

“Después de una emergencia, el impacto psicológico puede extenderse mucho más allá de las pérdidas evidentes. En niños, niñas y adolescentes, las reacciones suelen manifestarse de formas sutiles: cambios en el comportamiento, dificultades para concentrarse, alteraciones del sueño o un temor constante a que algo malo vuelva a ocurrir. Aunque no hayan perdido a un familiar o su vivienda, pueden experimentar una profunda sensación de inseguridad porque se rompe la confianza en que el mundo es un lugar predecible y seguro. Por eso, es fundamental que cuenten con adultos que los escuchen, validen sus emociones y les ayuden a recuperar esa sensación de estabilidad. En ese proceso, la escuela desempeña un papel esencial como espacio de contención, acompañamiento y reconstrucción de la rutina”.

Cecodap, organización dedicada a la defensa de los derechos de niños, niñas y adolescentes, señaló después de los terremotos que el regreso a clases no podía entenderse únicamente como la reanudación del calendario escolar, sino como parte de un proceso de recuperación integral.

La organización destacó que, después de un desastre, la escuela puede convertirse en un espacio de protección donde los estudiantes recuperan rutinas, vuelven a encontrarse con sus compañeros y docentes, expresan lo que sienten e identifican si necesitan apoyo especializado.

La advertencia tenía una razón: volver a clases no significa necesariamente que la emergencia haya terminado. En muchos casos, apenas comienza la parte menos visible.

Sarahí Suárez, docente de la Unidad Educativa Privada Juan Gutenberg y especialista en Educación, explica que el proceso de enseñanza cambia cuando estudiantes y docentes deben adaptarse a nuevas realidades:

“Con el terremoto quizás detuvimos la agenda, porque así lo indicaron las instancias, pero incluso esa incertidumbre fue un espacio de aprendizaje. Ahora sería interesante hablar de una reforma educativa que abarque todo lo que debería hacerse en estos estados de emergencia, no porque se pueda predecir, sino porque es importante y es parte del sentido común. Eso implica revisar qué aprendizajes son necesarios para todos: así como en la universidad todas las carreras tienen metodología, también podrían existir contenidos comunes como primeros auxilios, educación financiera o herramientas para responder ante situaciones que forman parte de la vida”, sostiene.

En el ámbito académico, Paola Duarte, estudiante de la Universidad del Zulia (LUZ), enfrentó otra contradicción. Mientras en Caracas muchas personas intentaban recuperar sus viviendas y sus rutinas, en Maracaibo la universidad se debatía entre la necesidad de retomar sus actividades y la preocupación por las condiciones posteriores al doblete sísmico. 

El Consejo Universitario (CU) de la institución suspendió inicialmente las actividades académicas y administrativas durante los días jueves 25 y viernes 26 de junio, como medida preventiva tras los movimientos telúricos. Luego se anunció una reincorporación para el lunes 29 de junio, pero la decisión generó rechazo entre estudiantes que consideraban prematuro el regreso; tras las protestas, el CU acordó extender la suspensión hasta el 7 de julio.

La pausa llegó en un momento complejo para los estudiantes, por coincidir con cursos vacacionales y procesos académicos que debían continuar. Paola pensaba inscribirse en estas actividades. 

—Hay que seguir viviendo, pero también hay que respetar el dolor de quienes lo perdieron todo —reitera.

Para Paola, el problema no era estudiar o ayudar, era aceptar que ambas cosas podían ocurrir al mismo tiempo.

Durante los primeros días después de la emergencia, los estudiantes universitarios organizaron centros de acopio y campañas para reunir insumos. Así, personas que normalmente solo coincidían en los pasillos comenzaron a coordinar entregas y buscar formas de apoyar.

Paola participó en esas actividades. Lo que más recuerda es la rapidez con la que apareció la solidaridad, pero, también, cómo fue disminuyendo con el paso de los días.

—Al principio todo el mundo estaba pendiente. Después el siniestro dejó de estar tan presente.

En ese mismo contexto, la politóloga y docente de la Universidad del Zulia (LUZ), María Colina argumenta: “La tragedia hace visible una necesidad básica: la presencia de un Estado capaz de acompañar a la ciudadanía en momentos críticos. No un Estado que sustituya a la sociedad, sino uno que tenga capacidad de comunicar, coordinar y responder. Cuando ocurre una emergencia, la ausencia de una respuesta clara también se convierte en parte de la experiencia del daño, así no haya sido directo, como ocurrió en La Guaira y parte de Caracas”.

Regresar al aula permitió recuperar una parte de la rutina al abrir un espacio para entender algo que muchos estudiantes comenzaron a experimentar después de los sismos: que una emergencia no termina cuando deja de aparecer en la agenda periodística, sino que también existe en un sistema que debe saber cómo garantizar educación segura cuando la próxima crisis vuelva a tocar la puerta.

*El periodismo en Venezuela se ejerce en un entorno hostil para la prensa, con decenas de instrumentos jurídicos dispuestos para el castigo de la palabra, especialmente las leyes “contra el odio”, “contra el fascismo” y “contra el bloqueo”. Este contenido está siendo publicado teniendo en consideración las amenazas y límites que, en consecuencia, se han impuesto a la divulgación de informaciones desde dentro del país.

Balance #15Jul | Cifra de fallecidos a causa de los terremotos se eleva a 4829

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El presidente de la Asamblea Nacional (AN), Jorge Rodríguez, informó este miércoles 15 de julio que la cifra de fallecidos por los dos terremotos del pasado 14 de junio se elevó a 4829.

De acuerdo con el reporte, difundido a través de su cuenta en Instagram, no se registran variaciones en la cantidad de heridos, que se mantiene en 16 740 personas. Tampoco se han reportado más personas rescatadas, cuyo número sigue en 6462. 

La cifra de familias atendidas es de 128 324, número que se mantiene sin variación desde el pasado 13 de julio.

El parte oficial indica que hay 106 campamentos transitorios, en los cuales están albergadas 20 857 personas.

Tras los dos sismos que sacudieron al país, 17 907 personas quedaron sin viviendas, 856 edificios resultaron afectados y 190 colapsaron.

El total de réplicas registradas desde el pasado 24 de junio es de 1284.

Atención a las víctimas

Según información oficial, a la fecha se han distribuido 10 063 toneladas de alimentos y 21 751 407 litros de agua, y 33 652 personas han sido atendidas en centros de salud.

Producto de la emergencia que generó el doblete sísmico, 2471 rescatistas internacionales actuaron en el terreno junto a 30 989 funcionarios nacionales y 31 050 voluntarios.

*El periodismo en Venezuela se ejerce en un entorno hostil para la prensa con decenas de instrumentos jurídicos dispuestos para el castigo de la palabra, especialmente las leyes «contra el odio», «contra el fascismo» y «contra el bloqueo». Este contenido fue escrito tomando en consideración las amenazas y límites que, en consecuencia, se han impuesto a la divulgación de informaciones desde dentro del país.