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Identidades contra el olvido

Lista preliminar de fallecidos de los terremotos del 24J en Venezuela #PeriodismoQueResiste

Detrás de las cifras hay personas con una historia, una familia y una comunidad. Este memorial elaborado por Monitor de Víctimas –con el apoyo de El Pitazo, Runrun.es y CONNECTAS– reúne los nombres de más de 1.000 personas que murieron tras los terremotos en Venezuela.

Aquí presentamos una lista preliminar de 1.055 nombres verificados de personas que perdieron la vida. Los datos provienen de obituarios y mensajes publicados en redes sociales (Instagram, TikTok, Facebook, X y grupos de WhatsApp) por parientes, empresas y amigos de las víctimas.

También se obtuvo información directa de los familiares y conocidos de los afectados. Adicionalmente, cada nombre se verificó en otras plataformas oficiales, como la página del Instituto Venezolano de los Seguros Sociales (IVSS), así como en medios de comunicación y las redes sociales de personas cercanas a los fallecidos.

Queremos honrar su memoria y recordarlas como algo más que una estadística.

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*El periodismo en Venezuela se ejerce en un entorno hostil para la prensa con decenas de instrumentos jurídicos dispuestos para el castigo de la palabra, especialmente las leyes «contra el odio», «contra el fascismo» y «contra el bloqueo». Este contenido fue escrito tomando en consideración las amenazas y límites que, en consecuencia, se han impuesto a la divulgación de informaciones desde dentro del país.

Etiqueta roja no implica demolición inmediata de edificios dañados, aclara el CIV

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El Colegio de Ingenieros de Venezuela (CIV) informó que las edificaciones marcadas con etiqueta roja por los daños causados por los terremotos del 24 de junio serán sometidas a nuevas evaluaciones técnicas antes de determinar si deben ser rehabilitadas, restauradas o demolidas.

El presidente del Colegio de Ingenieros de Venezuela, Enzo Betancourt, explicó que la etiqueta roja no significa una demolición inmediata de la estructura, sino que activa nuevas fases de revisión por unos 3200 especialistas que están encargados de inspeccionar viviendas, escuelas y otras edificaciones afectadas por los sismos.

Agregó que una segunda y una tercera fase de evaluación de las edificaciones marcadas en rojo serán ejecutadas por brigadas intermedias y brigadas élite, integradas por patólogos estructurales con amplia trayectoria. Estas revisiones determinarán si los inmuebles pueden ser rehabilitados, restaurados o si, como última alternativa, deben ser demolidos.

Apoyo de estudiantes avanzados

Betancourt también argumentó que el CIV capacitó a estudiantes de los últimos semestres de Ingeniería y Arquitectura, además de bomberos y funcionarios de Protección Civil, para reforzar las labores de inspección y diagnóstico estructural.

Las revisiones se realizan mediante la metodología del “semáforo“, un sistema de clasificación rápida que establece el nivel de afectación de las edificaciones. La etiqueta verde corresponde a estructuras seguras y sin daños comprometedores; la amarilla identifica inmuebles con daños moderados que requieren atención, y la roja señala edificaciones con daños severos.

El CIV indicó que la mayoría de los casos evaluados hasta ahora en Distrito Capital tienen etiqueta verde. Las inspecciones continúan en sectores del municipio Sucre, como Petare, Terrazas del Ávila y Los Dos Caminos, y se prevé que el levantamiento de datos culmine a finales de julio.

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Hospital de campaña español también alivia el colapso sanitario estructural

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El hospital de campaña que el Gobierno de España instaló en el parque Generalísimo Francisco de Miranda —conocido como Parque del Este— para atender afecciones causadas por el doble terremoto y, en particular, a las víctimas de La Guaira, terminó recibiendo a cientos de venezolanos que no vivieron la tragedia en el litoral, pero que llevan años padeciendo la crisis del sistema de salud. 

Gabriela Suárez, adulta mayor y residente de Caracas, acudió para que la atendieran en el hospital español. Un vecino le aseguró que en el Parque del Este estaban tratando “todas las patologías” y, por eso, llegó el martes desde temprano, con la esperanza de ser evaluada por la artrosis de segundo grado que tiene en las rodillas. 

Foto: María Gracia Lacruz

“Yo venía por traumatología, porque me duelen mucho las rodillas y me cuesta caminar, pero aquí solo están atendiendo emergencias; lo demás lo remiten, como acaba de pasarme a mí. Me llenaron un informe para que fuera al hospital Domingo Luciani”, narró. 

Gabriela resume su diligencia en el hospital de campaña español como “una pérdida de tiempo”, aunque entiende que los médicos españoles no pueden dar respuestas a todas las emergencias de salud que el Estado venezolano no ha atendido durante años por el colapso del sistema sanitario. 

Foto: María Gracia Lacruz

Entre el desastre sísmico y la crisis previa

Desde el 4 de julio, el hospital de campaña de cooperación española —conocido popularmente como los “chalecos rojos”— está en Venezuela con el objetivo de atender las emergencias vinculadas al doblete sísmico que sacudió al país el pasado 24 de junio. 

Marta Catalinas, jefa del Área de Emergencias en la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (Aecid), explicó que desde que se instalaron en el Parque del Este han atendido a 2200 pacientes que acuden con traumas, heridas, crisis nerviosas e infecciones respiratorias, pero que también “llegan personas que no tienen relación con la emergencia”.

Foto: María Gracia Lacruz

Catalinas, quien coordina misiones humanitarias ante catástrofes globales, comentó que, durante el día, pueden asistir la misma cantidad de pacientes provenientes de La Guaira como de los que no fueron afectados directamente.

Foto: María Gracia Lacruz

Resaltó que la mayoría de los pacientes que esperan ser atendidos son adultos mayores con patologías típicas de la edad, pero también ha habido niños, adolescentes y mujeres embarazadas.

Foto: María Gracia Lacruz

Las carpas blancas como salvación 

Al igual que la señora Gabriela Suárez, los cientos de venezolanos que han llegado al parque buscando atención médica —sin importar el sol, el calor y las horas de espera— ven en las carpas españolas una oportunidad única de recibir la atención que el sistema de salud público les ha negado y que el privado les impide costear.

Las diez carpas —de gran tamaño— que la misión dispuso en el Parque del Este, cuentan con los equipos e insumos necesarios para atender a todos los pacientes. Además, tienen plantas eléctricas, ambulancias y sistemas de agua. Los funcionarios de Inparques y la Polisucre se encargan de la seguridad.

Foto: María Gracia Lacruz

El personal de salud de España ofrece los servicios de medicina general, pediatría, gineco-obstetricia, traumatología, cura de heridas, psiquiatría, psicología y fisioterapia, y están bien equipadas para atender cualquier emergencia. 

La jefa de los “chalecos rojos” detalló que, ante la gran afluencia de personas, debieron incorporar personal de triaje venezolano para filtrar los casos crónicos que el hospital de campaña no puede asumir. 

Foto: María Gracia Lacruz

La misión estará en el país hasta el 20 de julio y, para ese momento, habrá cumplido su objetivo de atender a las víctimas de los terremotos. A partir de esa fecha, las carpas dejarán libre el espacio de la Concha Acústica del parque, pero la otra emergencia —la que apretaba antes de los sismos— no desaparecerá. El país tendrá que enfrentarse solo al mismo colapso sanitario, pero esta vez magnificado por la tragedia.

*El periodismo en Venezuela se ejerce en un entorno hostil para la prensa, con decenas de instrumentos jurídicos dispuestos para el castigo de la palabra, especialmente las leyes “contra el odio”, “contra el fascismo” y “contra el bloqueo”. Este contenido está siendo publicado teniendo en consideración las amenazas y límites que, en consecuencia, se han impuesto a la divulgación de informaciones desde dentro del país.

Organizaciones civiles a congresistas de EE. UU.: Sin justicia ni Estado de derecho no habrá recuperación económica en Venezuela

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“La democracia no es un favor sino un derecho”, afirmó Isabel Carlota Roby, abogada senior del Programa para América Latina del Robert & Ethel Kennedy Human Rights Center cuando estaba por finalizar la audiencia “Derechos Humanos en Venezuela: situación y oportunidad” en la Comisión Tom Lantos de Derechos Humanos de la Cámara de Representantes del Congreso de Estados Unidos este miércoles, 15 de julio. A esa frase le siguió una demanda urgente: “Espero que el Gobierno de Estados Unidos entienda eso”.

Roby fue una de las cuatro mujeres, y un hombre, que participaron en el acto donde un grupo de organizaciones civiles ofreció un diagnóstico detallado a los parlamentarios norteamericanos de lo que sucede en Venezuela luego del arresto por Washington de Nicolás Maduro y Cilia Flores, y en medio de la emergencia humanitaria que han causado los terremotos del pasado 24 de junio, día de San Juan, que devastaron al estado La Guaira y afectaron decenas de edificaciones en otros cinco estados del país.

El panel lo completaron Martha Tineo, directora de Justicia, Encuentro y Perdón; Beatriz Borges, directora ejecutiva del Centro de Justicia y Paz (Cepaz); Laura Cristina Dib, directora del programa para Venezuela de WOLA, y Andrés Martínez-Fernández, analista senior de políticas para América Latina de The Heritage Foundation, una organización identificada con las políticas de Donald Trump.

El grupo se encargó de describir el panorama nacional y de dejar claro que, pese a las buenas relaciones que Trump mantiene con la presidenta encargada y exvicepresidenta de Maduro, Delcy Rodríguez, las prácticas represivas, persecutorias y de censura, la inexistencia del Estado de derecho y de las instituciones y la no independencia de los poderes públicos continúan igual que cuando el exgobernante estaba al mando.

Señalaron que, contrario a las promesas propagandísticas del presidente estadounidense, los ingresos petroleros provenientes de las operaciones de intercambio hechas con el país norteamericano no han beneficiado a los venezolanos en los últimos seis meses. Al contrario, la falta de transparencia ha evitado que se conozca el destino de esos fondos.

Bajo estos argumentos y de acuerdo con el análisis de Runrun.es, hay cinco elementos que destacaron dentro del discurso de las organizaciones:

Organizaciones civiles en medio de la audiencia con congresistas de EEUU

El (falso) cambio de autoridades 

Las organizaciones civiles aclararon que aunque Maduro ya no está en el gobierno, todo su equipo sigue allí y al mando del país. No basta con los cambios que Delcy Rodríguez implementó en su gabinete y en las Fuerzas Armadas, porque lo que realmente hizo fue reciclar funcionarios. Esto se demuestra en el nombramiento como ministro de la Defensa de Gustavo González López, militar que en la época de Maduro dirigió al Sebin y fue señalado de participar en persecuciones políticas y torturas; o con el caso de Vladimir Padrino López, quien salió del Ministerio de la Defensa a ocupar la cartera de Agricultura y Tierras. 

“No podemos hacer una diferenciación porque es una continuación”, afirmó Roby, quien posteriormente cuestionó que Estados Unidos negociara con el “régimen autoritario y criminal” que se mantenía en Venezuela.

Ese mismo grupo, dijeron, es el que aún ejerce la persecución y represión política, así como la censura en Venezuela, los cuales se han instaurado como políticas de Estado y no se han detenido porque Maduro salió de Miraflores.

los terremotos

Elecciones, justicia e instituciones

Para Martha Tineo, las próximas elecciones en Venezuela pueden considerarse un avance hacia la transición solo si se cumplen las necesidades políticas (libertad para que todos los políticos puedan postularse sin trabas) y técnicas (con un CNE independiente y legítimo, observadores internacionales no sesgados, garantía de inscripción en el Registro Electoral a los venezolanos en el exterior) que exige un proceso como ese.

Pero, además de las elecciones, apuntó Tineo, esa transición también debe desmontar el aparato represivo del gobierno actual, conformado por un sistema judicial que no es independiente y por una serie de leyes vigentes que motivan las encarcelaciones en masa a quienes se oponen al chavismo. “Por eso insisto en que el tema debe tratarse con un enfoque amplio en derechos humanos”, recalcó.

Para Borges, los cambios democráticos llevarán tiempo, por eso las prioridades deben enfocarse en “proteger a la sociedad civil y reconstruir las instituciones democráticas”.

Las organizaciones civiles enfatizaron que sin justicia y Estado de derecho es imposible la recuperación económica que forma parte de la estrategia de Marco Rubio para la reconstrucción de Venezuela. Y que no habrá transición mientras continúe la impunidad y no se hable de responsabilidades.

Presos políticos y ley de Amnistía

presos políticos

Las organizaciones advierten que la liberación de los presos políticos es un punto clave e impostergable para hablar de una transición. Durante sus intervenciones, recordaron casos como de Emirlendris Benítez, quien estaba embarazada cuando la apresaron, perdió a su hijo a raíz de las golpizas que le propinaron y hoy está en silla de ruedas por una lesión en la columna producto de las torturas que sufrió. Fue condenada a 30 años de prisión.

Insistieron en que pese a las excarcelaciones masivas ocurridas durante los primeros meses de 2026, aún hay más de 700 prisioneros políticos tras las rejas, y que muchos de los que salieron de la cárcel todavía tienen medidas que impiden su libertad plena, como la prohibición de salida del país o la presentación ante tribunales de manera periódica.

Tineo subrayó que la Ley de Amnistía dictada por la Asamblea Nacional chavista fue “diseñada como una medida cosmética para aliviar la presión internacional” sobre el gobierno de los Rodríguez y ha sido un instrumento aplicado con discrecionalidad y para revictimizar a los excarcelados.

Terremotos de San Juan en un contexto autoritario

Las defensoras de derechos humanos aseguraron que la tragedia ocurrida en el país tras el doblete sísmico del 24 de junio llegó cuando Venezuela tiene más de una década sumida en una “crisis humanitaria, institucional y política” y, también, dentro de un contexto autoritario que frena las iniciativas sociales y las libertades de los ciudadanos. 

“Esto lo cambia todo”, destacó Roby, quien advirtió que este tipo de emergencias sirven a los autoritarismos porque son “expertos en ganar tiempo y capitalizar las crisis”.

Borges recalcó que los terremotos revelaron que la sociedad civil es una de las mayores fortalezas del país, porque fue esta la que se movilizó para “salvar vidas, documentar las necesidades urgentes, coordinar la asistencia humanitaria y apoyar a las comunidades afectadas”.

También afirmó que esta coyuntura es una oportunidad única para que Estados Unidos ayude a construir el “futuro democrático de Venezuela”. Roby apoyó el comentario y añadió que es momento de que Trump demuestre un interés por el país que vaya más allá de lo económico

Jorge Rodríguez terremotos

La importancia de la sociedad civil

Una de las recomendaciones de Borges fue la de “sostener a la sociedad civil independiente mediante apoyo flexible y de largo plazo”. Esto se traduce en un necesario respaldo a las organizaciones no gubernamentales que están en el país, que cuentan con bajos recursos y trabajan con dificultades en un territorio en donde se les criminaliza, se detiene a sus representantes y se restringe el espacio cívico.

Pero las organizaciones civiles no solo hablaron de las ONG venezolanas. Dib pidió que se diera acceso territorial a los distintos mecanismos internacionales de derechos humanos y que se restableciera la libertad de información. Borges pidió que se apoyara “la asistencia humanitaria a través de actores locales confiables”.

Ante los congresistas, las representantes subrayaron la relevancia de la Iglesia Católica en la sociedad venezolana, que ha abogado por la lberación de los presos políticos y que podría tener un papel en la reconciliación en Venezuela.

Los congresistas presentes, republicanos y demócratas, escucharon e hicieron preguntas. Ya luego se sabrá si, como lo pidió Roby, Estados Unidos habrá entendido que los venezolanos tienen derecho a la democracia.

Cuando el aula también tiembla: una lección fuera del currículo

En La Guaira y Caracas, los sismos del 24 de junio —un doblete sísmico de magnitudes 7,2 y 7,5 ocurridos con apenas segundos de diferencia— dividieron la vida cotidiana en dos. Para estas comunidades, el regreso a clases no es un asunto de encender pantallas o mover una fecha en el calendario; supone un intento de reconstruir la normalidad sobre un suelo que todavía no se siente seguro.

Mientras las familias procesan el impacto y las autoridades evalúan los daños, el Estado ya anunció medidas preventivas para el sistema educativo. Primero, suspendió las actividades escolares debido a los movimientos telúricos; posteriormente, extendió la pausa académica, a la vez que avanzan las inspecciones de infraestructura y la atención en las zonas afectadas.

Ese mismo proceso de revisión y cautela se extendió al ámbito universitario. En la Universidad Central de Venezuela (UCV), el Consejo Universitario (CU) suspendió inicialmente las actividades académicas y administrativas hasta nuevo aviso para evaluar las condiciones del campus tras el sismo —en medio del impacto por la pérdida de integrantes de la comunidad universitaria y mientras la institución se convertía también en centro de acopio para apoyar a los afectados—. Luego de las evaluaciones correspondientes, la universidad acordó retomar sus actividades a partir del 1 de septiembre.

Más allá de los comunicados oficiales, la suspensión alteró la rutina de miles de estudiantes. Para Valentina Guzmán, de 22 años, estudiante de Comunicación Social en la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB), la crisis se siente como una especie de pausa forzada que, por fortuna, la agarró con las materias prácticamente listas. 

“No me asusta perder el semestre porque quedaban solo dos semanas. La universidad resolvió rápido y nos fuimos a modalidad 100 % virtual”, comenta. 

Valentina vive una realidad privilegiada dentro del caos: tiene luz, internet estable y la estructura de una universidad privada que reaccionó en horas; pero sabe que su tranquilidad no es la norma. “Siento que la educación no se va a ver afectada en general, solo se correrán los tiempos, sin embargo, a las familias que perdieron vidas y viviendas les va a costar muchísimo más surgir”, reflexiona. 

Esta disparidad se observa en la UCV, donde la emergencia se transformó en una necesidad de acción. Según el balance más reciente de la institución, actualizado al 14 de julio, 48 integrantes de la comunidad ucevista murieron a causa de los sismos del 24 de junio y 166 están desaparecidos —las cifras se mantienen sin variación respecto al reporte anterior, mientras continúan los procesos de identificación y búsqueda—. Además, 493 miembros de la universidad resultaron damnificados, entre estudiantes, profesores, trabajadores y obreros.

Marialejandra Díaz, quien cursa una carrera en la UCV y otra en la Universidad Bolivariana de Venezuela (UBV), no sufrió pérdidas materiales. “El nivel de angustia y miedo que uno maneja es real. Te hace actuar. Desde el momento cero, mi reacción fue salir a ayudar para aplacar ese sentimiento de culpa de saber que alguien más está sufriendo y tú no”, relata. 

Por eso, Díaz, de 22 años, dedicó jornadas a clasificar ropa y a ordenar los insumos que llegaban al centro de acopio estudiantil de la UCV. Para ella, el panorama es mucho más sombrío que el que se percibe en los campus privados.

“La educación pública va a recibir un golpe durísimo, un deterioro enorme desde preescolar hasta el nivel universitario. No es solo la pérdida de infraestructura, sino el fallecimiento de profesionales y estudiantes, y el trauma psicológico de volver a un aula en un sistema público que no te garantiza que la estructura sea segura”, lamenta.

La pausa que no aparece en el calendario

Esa misma preocupación por los que ya no están o quienes lo perdieron todo frena el impulso de algunos de avanzar con sus vidas. Mariana Bolívar, estudiante de Nutrición y Dietética en la UCV y voluntaria en la cocina de nutrición que envió insumos a La Guaira, confiesa que los primeros días ni siquiera recordaba que era estudiante.

“Ahora me preocupa el semestre, pero me preocupa más que decidan empezar las clases sin que aquellos compañeros que perdieron sus casas o sus familiares tengan la posibilidad de retomar con nosotros”, declara.

Ese obstáculo emocional que describe Mariana no es un caso aislado. Desde los terremotos, una agitación emocional ha rodeado a la comunidad estudiantil y docente de la capital. El psicólogo y profesor de la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB) Asdrúbal Espinoza explica que esta sensación se conoce formalmente como el síndrome o la “culpa del sobreviviente“.

“Es un fenómeno que se ha documentado y observado durante muchas décadas en personas que han presenciado o han sido expuestas a la muerte o daño de otra persona y han sobrevivido a la experiencia. Sea una guerra, un desastre natural, algún conflicto armado, o puede sobrevenir incluso después de eventos como un accidente automovilístico con fatalidades y pocos o un solo sobreviviente”, añadió.

En el entorno académico este síndrome se manifiesta como un conflicto interno de la persona al intentar retomar las evaluaciones, las actividades del trabajo o la rutina diaria que no forman parte directa de los esfuerzos de rescate o apoyo. “Las necesidades personales se perciben como que contradicen a las necesidades del país y en querer estar presentes”, destaca el experto, y aclara de inmediato que es una percepción, pues ambas cosas pueden coexistir: el ayudar y el continuar con la propia vida.  

En el sureste de Caracas, la Universidad Simón Bolívar (USB) intenta medir el impacto de los sismos en sus estructuras. Una estudiante, que pidió no ser mencionada, que cursa Ingeniería y Economía, argumenta que, aunque los daños reportados por las autoridades hasta ahora en fachadas y paredes no comprometen las edificaciones, el proceso de inspección es lento por la cantidad de edificios

Además, la naturaleza de su universidad plantea un reto distinto: “La USB no trabaja con la modalidad 100 % virtual, las evaluaciones siempre son presenciales, así que no se contempla un trimestre bajo esa modalidad”.

Ella es crítica de la respuesta del sector educativo y del Estado, y logra sacar a colación una reflexión que hace énfasis en todo lo que sucedió después del 24 de junio. “Esta es una tragedia, sí, pero hay muchas cosas que se deben analizar de ella en todos los campos: el estudio de los suelos, la estructura, el funcionamiento eléctrico y de telecomunicaciones… ¿Por qué nada funcionó? El nivel de exigencia debe subir, no hicimos lo suficiente”, reflexiona.

Al igual que los estudiantes de la UCV y la USB, el vicerrector académico de la UCAB, José Juárez, confirma que la universidad no sufrió daños estructurales graves, y que los registrados se pueden solucionar con reparaciones menores de tuberías y frisos. Sin embargo, el verdadero impacto para la población académica está en el censo que la institución activó de inmediato.

“Hasta los momentos, el número de miembros de nuestra comunidad que perdieron sus casas o tienen afectaciones graves ronda las setenta personas. Lamentablemente, tenemos que registrar el fallecimiento de nueve estudiantes y una profesora”, lamenta Juárez, el 8 de julio. 

Para evitar la deserción y no dejar rezagados a quienes hoy no cuentan con conectividad o un techo, la UCAB aplicó una metodología de flexibilidad: cierre del semestre de forma remota, ajustes de evaluaciones, atención de los casos socioeconómicos excepcionales por escuela y asistencia psicológica inmediata en las zonas de desastre. Esto último, a través de sus iniciativas de salud mental, como la Clínica Santa Inés y el Centro de Asesoramiento y Desarrollo Humano (CADH) en el edificio de Ingeniería.

En este contexto, la UCAB junto con su Escuela de Educación, publicó el Decálogo para la Continuidad Escolar Segura, un informe pedagógico que establece que “un cerebro bajo estrés o miedo no puede procesar el aprendizaje de la misma manera”. El documento contiene una planificación basada en la flexibilidad y la compasión, propone la suspensión de las evaluaciones rígidas, la ayuda integral para la salud mental de los docentes y estudiantes y la máxima empatía en los compromisos económicos para evitar que la crisis financiera sobrevenida se traduzca en exclusión escolar.

La Constitución establece, en el artículo 102, que la educación es un derecho humano y un deber social fundamental que debe ser garantizado por el Estado; a su vez, la Ley Orgánica para la Protección de Niños, Niñas y Adolescentes (LOPNNA), en el artículo 53, reconoce el derecho a una educación integral en condiciones adecuadas. Mientras, la Ley de Gestión Integral de Riesgos Socionaturales y Tecnológicos (LGIRST) dispone la incorporación de la gestión de riesgos en los procesos educativos, pero el doblete sísmico demostró que no hay ejecución de esos mecanismos.

El fin del año en los salones de bachillerato

La incertidumbre por el cierre del año escolar no es exclusiva de las universidades. En la educación media básica, donde el tercer lapso estaba por terminar, el doblete sísmico congeló las clases en la recta final de las evaluaciones de julio.

Santiago Guzmán, de 13 años, cursa primer año de bachillerato en el Colegio San Agustín de El Paraíso, una institución en el oeste de Caracas que sufrió graves daños en su infraestructura con los terremotos. Desde ese día, su rutina escolar quedó reducida a cero, ya que no hay clases presenciales, las aulas están vacías y el contacto se ha limitado a mensajes y llamadas de profesores y maestras para monitorear cómo están las familias en casa. 

“Ya estábamos terminando el año; en general, de todas las materias solo nos faltaban como dos notas para cerrar. Por ahora el colegio no ha confirmado qué va a pasar con eso. Este viernes, 16 de julio, tenemos una reunión por Google Meet donde apenas van a explicarnos cómo proceder”, contó.

Entre los estudiantes de bachillerato de esta institución se comenta  la idea de promediar las notas acumuladas de todos los lapsos para dar por cerrado el año escolar, pero en los hogares la expectativa persiste. Sin seguridad sobre cómo se totalizarán las notas en las  boletas escolares ni si habrá entregas de actividades a distancia, los jóvenes cerrarán el año frente a una pantalla en una ciudad que no ha terminado de normalizarse.

La necesidad de enseñar sobre los estados de emergencia

Tras los terremotos del 24 de junio, niños, niñas y adolescentes empezaron a preguntar qué hacer durante un sismo. Otros buscaron información para compartir con sus familias. Algunos reconocían el miedo, aunque no siempre sabían cómo expresarlo.

La trabajadora social y orientadora María Hernández explica que las consecuencias emocionales de una emergencia no siempre son visibles ni afectan únicamente a quienes sufrieron pérdidas materiales o humanas:

“Después de una emergencia, el impacto psicológico puede extenderse mucho más allá de las pérdidas evidentes. En niños, niñas y adolescentes, las reacciones suelen manifestarse de formas sutiles: cambios en el comportamiento, dificultades para concentrarse, alteraciones del sueño o un temor constante a que algo malo vuelva a ocurrir. Aunque no hayan perdido a un familiar o su vivienda, pueden experimentar una profunda sensación de inseguridad porque se rompe la confianza en que el mundo es un lugar predecible y seguro. Por eso, es fundamental que cuenten con adultos que los escuchen, validen sus emociones y les ayuden a recuperar esa sensación de estabilidad. En ese proceso, la escuela desempeña un papel esencial como espacio de contención, acompañamiento y reconstrucción de la rutina”.

Cecodap, organización dedicada a la defensa de los derechos de niños, niñas y adolescentes, señaló después de los terremotos que el regreso a clases no podía entenderse únicamente como la reanudación del calendario escolar, sino como parte de un proceso de recuperación integral.

La organización destacó que, después de un desastre, la escuela puede convertirse en un espacio de protección donde los estudiantes recuperan rutinas, vuelven a encontrarse con sus compañeros y docentes, expresan lo que sienten e identifican si necesitan apoyo especializado.

La advertencia tenía una razón: volver a clases no significa necesariamente que la emergencia haya terminado. En muchos casos, apenas comienza la parte menos visible.

Sarahí Suárez, docente de la Unidad Educativa Privada Juan Gutenberg y especialista en Educación, explica que el proceso de enseñanza cambia cuando estudiantes y docentes deben adaptarse a nuevas realidades:

“Con el terremoto quizás detuvimos la agenda, porque así lo indicaron las instancias, pero incluso esa incertidumbre fue un espacio de aprendizaje. Ahora sería interesante hablar de una reforma educativa que abarque todo lo que debería hacerse en estos estados de emergencia, no porque se pueda predecir, sino porque es importante y es parte del sentido común. Eso implica revisar qué aprendizajes son necesarios para todos: así como en la universidad todas las carreras tienen metodología, también podrían existir contenidos comunes como primeros auxilios, educación financiera o herramientas para responder ante situaciones que forman parte de la vida”, sostiene.

En el ámbito académico, Paola Duarte, estudiante de la Universidad del Zulia (LUZ), enfrentó otra contradicción. Mientras en Caracas muchas personas intentaban recuperar sus viviendas y sus rutinas, en Maracaibo la universidad se debatía entre la necesidad de retomar sus actividades y la preocupación por las condiciones posteriores al doblete sísmico. 

El Consejo Universitario (CU) de la institución suspendió inicialmente las actividades académicas y administrativas durante los días jueves 25 y viernes 26 de junio, como medida preventiva tras los movimientos telúricos. Luego se anunció una reincorporación para el lunes 29 de junio, pero la decisión generó rechazo entre estudiantes que consideraban prematuro el regreso; tras las protestas, el CU acordó extender la suspensión hasta el 7 de julio.

La pausa llegó en un momento complejo para los estudiantes, por coincidir con cursos vacacionales y procesos académicos que debían continuar. Paola pensaba inscribirse en estas actividades. 

—Hay que seguir viviendo, pero también hay que respetar el dolor de quienes lo perdieron todo —reitera.

Para Paola, el problema no era estudiar o ayudar, era aceptar que ambas cosas podían ocurrir al mismo tiempo.

Durante los primeros días después de la emergencia, los estudiantes universitarios organizaron centros de acopio y campañas para reunir insumos. Así, personas que normalmente solo coincidían en los pasillos comenzaron a coordinar entregas y buscar formas de apoyar.

Paola participó en esas actividades. Lo que más recuerda es la rapidez con la que apareció la solidaridad, pero, también, cómo fue disminuyendo con el paso de los días.

—Al principio todo el mundo estaba pendiente. Después el siniestro dejó de estar tan presente.

En ese mismo contexto, la politóloga y docente de la Universidad del Zulia (LUZ), María Colina argumenta: “La tragedia hace visible una necesidad básica: la presencia de un Estado capaz de acompañar a la ciudadanía en momentos críticos. No un Estado que sustituya a la sociedad, sino uno que tenga capacidad de comunicar, coordinar y responder. Cuando ocurre una emergencia, la ausencia de una respuesta clara también se convierte en parte de la experiencia del daño, así no haya sido directo, como ocurrió en La Guaira y parte de Caracas”.

Regresar al aula permitió recuperar una parte de la rutina al abrir un espacio para entender algo que muchos estudiantes comenzaron a experimentar después de los sismos: que una emergencia no termina cuando deja de aparecer en la agenda periodística, sino que también existe en un sistema que debe saber cómo garantizar educación segura cuando la próxima crisis vuelva a tocar la puerta.

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Balance #15Jul | Cifra de fallecidos a causa de los terremotos se eleva a 4829

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El presidente de la Asamblea Nacional (AN), Jorge Rodríguez, informó este miércoles 15 de julio que la cifra de fallecidos por los dos terremotos del pasado 14 de junio se elevó a 4829.

De acuerdo con el reporte, difundido a través de su cuenta en Instagram, no se registran variaciones en la cantidad de heridos, que se mantiene en 16 740 personas. Tampoco se han reportado más personas rescatadas, cuyo número sigue en 6462. 

La cifra de familias atendidas es de 128 324, número que se mantiene sin variación desde el pasado 13 de julio.

El parte oficial indica que hay 106 campamentos transitorios, en los cuales están albergadas 20 857 personas.

Tras los dos sismos que sacudieron al país, 17 907 personas quedaron sin viviendas, 856 edificios resultaron afectados y 190 colapsaron.

El total de réplicas registradas desde el pasado 24 de junio es de 1284.

Atención a las víctimas

Según información oficial, a la fecha se han distribuido 10 063 toneladas de alimentos y 21 751 407 litros de agua, y 33 652 personas han sido atendidas en centros de salud.

Producto de la emergencia que generó el doblete sísmico, 2471 rescatistas internacionales actuaron en el terreno junto a 30 989 funcionarios nacionales y 31 050 voluntarios.

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Empresas y marcas se transforman en infraestructura de asistencia humanitaria tras terremotos

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El doblete sísmico del pasado 24 de junio dejó profundas secuelas en el país, pero también desencadenó una respuesta solidaria sin precedentes. Lejos de esperar instrucciones o planes externos, las marcas locales, pequeños emprendimientos y grandes empresas privadas venezolanas evaluaron sus propias capacidades operativas y las adaptaron de inmediato para convertirlas en herramientas de asistencia humanitaria.

La infraestructura cotidiana de un país, desde sus aplicaciones móviles y flotas de transporte hasta sus talleres de costura y cocinas, se transformó, en cuestión de horas, en un sistema de soporte vital para asistir o contribuir con la asistencia de los afectados por los sismos.

A continuación se detalla cómo se organizaron estas iniciativas según su campo de acción:

Tecnología, datos y conectividad

En La Guaira, la comunicación se perdió casi en su totalidad por los terremotos. No había señal telefónica ni de internet en gran parte del litoral central. En ese escenario, la tecnología digital sirvió de columna vertebral para coordinar los esfuerzos de rescate y mantener comunicada a la población.

La plataforma de movilidad Yummy congeló por completo sus tarifas dinámicas y subsidió traslados directos hacia hospitales, refugios y centros de acopio. La empresa también activó un botón de donaciones en su interfaz y se comprometió a igualar el 25 % de cada aporte recibido hasta un límite de 100 000 dólares.

Por su parte, el sector de las telecomunicaciones reaccionó con rapidez para garantizar el flujo de información. Digitel liberó llamadas y mensajería de texto (SMS) sin costo durante las primeras 48 horas en las regiones más afectadas. Movistar extendió esta medida ofreciendo llamadas nacionales libres por 72 horas, implementó el servicio satelital de Starlink Mobile en La Guaira mediante mensaje de texto (SMS) y activó puntos de WiFi gratuitos en refugios de La Guaira.

Logística de suministros, agua y asistencia vial

Mantener activos los canales de distribución de insumos básicos para apoyar a la población afectada requirió de una coordinación logística masiva por aire, mar y tierra.

La cadena de farmacias Farmatodo trasladó desde Cartagena, Colombia, más de 40 toneladas de medicinas, alimentos y agua embotellada. Para garantizar el acceso al agua potable, Pasteur instaló puntos de hidratación y filtrado gratuito en las sedes de Farmatodo, mientras que Empresas Polar distribuyó 120 000 litros de agua potable a cajas de productos alimenticios esenciales.

Debido a que la inoperatividad temporal del aeropuerto de Maiquetía, TuGruero asumió esta tarea movilizando equipos clave, incluidos los enviados, como ayuda humanitaria por el gobierno de El Salvador. Adicionalmente, la compañía brindó asistencia vial motorizada de forma gratuita tanto a sus afiliados como al público general.

Salud y atención médica de emergencia

El colapso de las vías terrestres y la alta concentración de heridos, especialmente en Caracas y La Guaira, generaron la necesidad de obtener soluciones médicas inmediatas y sin barreras burocráticas.

La red de salud Venemergencia desplegó clínicas móviles directamente en Los Palos Grandes, una de las zonas del este de Caracas con mayor índice de lesionados. Asimismo, la organización abrió las puertas de sus Urgent Care Centers de manera gratuita para cualquier ciudadano lesionado, sin necesidad de afiliaciones o seguros médicos.

Para llegar a los sectores incomunicados, Venemergencia unió esfuerzos con Yummy y la CAF (Banco de Desarrollo de América Latina) para activar helicópteros y aeroambulancias que facilitaron traslados médicos y rescates aéreos críticos.

Confección y reciclaje textil

El diseño local y la academia se unieron no solo para vestir a los afectados por los terremotos, sino para dar un uso inteligente a los materiales donados que de otro modo terminarían en la basura.

La academia de costura @zubarraganacademy movilizó a su comunidad para confeccionar de inmediato ropa interior y pijamas infantiles, así como monos cómodos para adultos en los refugios. De igual forma, @promoda.ven amplió su capacidad de producción para fabricar mantas protectoras, monos ajustables, prendas íntimas y muñecos de apego para el soporte emocional de los niños.

La tecnología también optimizó la recolección de ropa gracias a @tiigreapp, una aplicación de moda de segunda mano que adaptó su plataforma para clasificar y dirigir de forma ordenada las donaciones textiles de los ciudadanos.

Para aquellas prendas donadas que llegaron dañadas, un bloque de diseño conformado por Taller Neo, la UCAB, la Universidad Central de Venezuela (UCV), @esbaratao.ve y Diana’s Behavior impulsó un programa de supra-reciclaje. Con descartes textiles y retazos, confeccionaron bolsos utilitarios de gran capacidad, cojines y ropa interior nueva.

Alimentación y apoyo de pequeños comercios

Los pequeños locales comerciales y emprendimientos gastronómicos también demostraron que el tamaño de una empresa no limita el alcance de su solidaridad para con los afectados.

En el sector de alimentos, el proyecto Ecosistema activó su programa “Manos a la Mesa”, una red que enlaza a diversos restaurantes aliados con solicitudes de comida preparada en tiempo real para abastecer los comedores de emergencia. En esta línea, el restaurante de comida rápida Pepitería 13 transformó su propio establecimiento en un centro de acopio temporal para clasificar víveres.

Por su parte, la marca de ropa interior El Palacio del Blumer sumó el esfuerzo de su capital humano y puso a su personal a disposición de los cuerpos de rescate para colaborar directamente en labores de voluntariado y apoyo logístico en el terreno.

También surgió la iniciativa Barra SOS, enfocada exclusivamente en ayudar a quienes ayudan. Conscientes de que rescatistas, médicos y voluntarios pasan horas trabajando sin detenerse a comer, el proyecto produce una barra energética hecha a mano (a base de maní, avena, miel y ajonjolí) que aporta 300 calorías de forma inmediata.

Acompañamiento, solidaridad financiera y respeto en el duelo

La asistencia también abarcó la salud mental de los niños y el trato digno para las familias que sufrieron pérdidas humanas.

El proyecto @elhospitaldepeluche asumió la sensible tarea de recolectar, desinfectar y reparar peluches y muñecas usadas, entregándolos como herramientas de contención y consuelo psicológico para los infantes en los albergues.

En el ámbito financiero, Banesco se comprometió a donar un bolívar adicional por cada bolívar que se transfiriera a la Cruz Roja Venezolana, mientras que el banco Mercantil integró botones de donación rápida en sus portales y aplicaciones de banca en línea para agilizar las transacciones de emergencia.

Finalmente, las marcas de moda @promessabytefisanchez y @byefrainmogollon unieron el trabajo de sus talleres para confeccionar y donar bolsas mortuorias, asegurando un trato humano y respetuoso para las víctimas del sismo en el momento de su partida.

*El periodismo en Venezuela se ejerce en un entorno hostil para la prensa, con decenas de instrumentos jurídicos dispuestos para el castigo de la palabra, especialmente las leyes “contra el odio”, “contra el fascismo” y “contra el bloqueo”. Este contenido está siendo publicado teniendo en consideración las amenazas y límites que, en consecuencia, se han impuesto a la divulgación de informaciones desde dentro del país.

Sanadores también requieren atención psicológica 

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Como parte de las actividades de atención psicológica que promueve la Federación de Psicólogos de Venezuela (FPV), se realizó el encuentro virtual “El sanador herido ante la catástrofe: El impacto de la sombra y el trauma secundario en el terapeuta”, que contó con una nutrida asistencia de profesionales del gremio y de otras áreas de la salud. La ponencia principal estuvo a cargo del psicólogo David Sucre, quien analizó las repercusiones psicológicas del terremoto del 24 de junio.

El especialista advirtió que el escenario de una emergencia conmueve no solo a los sobrevivientes, sino también a los terapeutas encargados de brindar los primeros auxilios psicológicos.

Explicó el impacto de los fenómenos naturales bajo la mirada de la “psicogeografía y la terrapsicología”. Detalló que la psicogeografía es un área de la psicología que estudia cómo los ambientes generan efectos y afectos en el comportamiento humano. La terrapsicología, por su parte, tiene que ver con la relación del ser humano con la naturaleza.

Con base en estas explicaciones, Sucre señaló que en la realidad de las crisis postraumáticas actuales, tanto las personas afectadas como los profesionales de la salud mental comparten las mismas amenazas, el mismo cielo y el mismo ambiente que trajo la tragedia. 

Este shock compartido puede quebrar el tradicional método clínico de neutralidad y distancia que se enseña en las universidades, al situar a todos los involucrados en una situación de vulnerabilidad mutua que podría resultar imposible de ignorar en este contexto de crisis.

La invulnerabilidad profesional

La gran demanda de contención emocional que ha recibido la FPV en las últimas semanas ha empujado a muchos psicólogos a asumir una carga excesiva. Sucre enfatizó que, ante la urgencia social y la vocación de ayuda, suele activarse de manera instantánea en el gremio el “complejo del salvador”. 

Así, esa postura de supuesta “invulnerabilidad”, aunque puede ser inicialmente útil para dar respuesta a la situación a corto plazo, también puede resultar perjudicial a mediano plazo, ya que desconecta a los psicólogos de su propia realidad humana y los conduce paulatinamente hacia un gran agotamiento mental.

“Nos exigimos estar listos, enteros y dispuestos las 24 horas del día con un cansancio que parece que no termina, pero que sí impacta en la psique y que bloquea nuestra genuina capacidad operativa y empática con nuestros consultantes”, advirtió Sucre.

Frente a esta situación, el especialista recalcó que los manuales y protocolos de primeros auxilios psicológicos son reglas necesarias, pero corren el riesgo de volverse obtusas si el profesional opera de forma automatizada, rígida o fragmentada. Los pacientes pueden percibir la distancia, por lo que la técnica jamás debe dejar de lado el factor humano.

Para poder procesar el impacto emocional del desastre sin abandonarse a sí mismo, indicó Sucre, se vuelve indispensable traer a colación el arquetipo del “sanador herido”, el cual es la encarnación en el mito clásico del centauro Quirón, quien cura gracias a su dolorosa familiaridad con el sufrimiento. 

El golpe del sismo

La sobrecarga clínica se manifiesta de forma directa a través de síntomas físicos que los expertos no deben de pasar por alto, tales como el insomnio crónico, los estados de hipervigilancia por temor a réplicas, la sensación de incertidumbre prolongada y la opresión en el pecho. 

Al absorber diariamente testimonios devastadores, el personal de salud mental puede experimentar un desgaste silencioso que debilita su propia psique y puede hacer que se filtren situaciones personales del especialista durante las consultas.

“Si la vasija del psicólogo se rompe, se agrieta por su propio material no procesado, la intervención fracasa. Se produce una intoxicación; por lo tanto, es fundamental que en situaciones de desgaste hagamos eco y escuchemos la contratransferencia para poder diferenciar qué es mi angustia, qué es mío”, recalcó David Sucre.

Cuando el psicólogo reconoce de forma honesta su propia historia personal, puede utilizar su herida para conectar con el dolor del paciente sin verse arrastrado por él. De este modo, la intervención de emergencia se aleja de una mera aplicación técnica para convertirse en un espacio empático.

El autocuidado

La propuesta central del encuentro apuntó a la construcción de una ética del autocuidado que pase por encima de las prácticas superficiales de desconexión. Sucre propuso construir espacios grupales de contención emocional, supervisión clínica y terapia individual liderados por la Federación de Psicólogos de Venezuela.

Esta ayuda buscaría romper el aislamiento común de las prácticas de los psicólogos y permitir que la vulnerabilidad individual se integre en un soporte mutuo que alivie el peso de esta labor. 

“Nadie puede dar de comer desde un plato vacío. Nadie puede ofrecer suelo firme si se niega sus propias grietas internas”, sentenció Sucre.

El foro concluyó con un llamado a los psicólogos del país a desmontar las máscaras profesionales para aceptar el miedo, cansancio y la duda en medio de esta situación. La psicología de emergencia en Venezuela podría ser llevada de mejor forma con sus intervenciones y así transformar la ayuda en una reconstrucción que sea duradera basada.

*El periodismo en Venezuela se ejerce en un entorno hostil para la prensa, con decenas de instrumentos jurídicos dispuestos para el castigo de la palabra, especialmente las leyes “contra el odio”, “contra el fascismo” y “contra el bloqueo”. Este contenido está siendo publicado teniendo en consideración las amenazas y límites que, en consecuencia, se han impuesto a la divulgación de informaciones desde dentro del país.