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Guía cronológica de expectativas para una transición

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Muy a menudo me veo en la necesidad de una expresión que sintetice la magnitud y amplitud de la calamidad que aconteció en Venezuela en los últimos 27 años. La que viene a mi rescate es “daño antropológico”, acuñada por el autor cubano (tenía que ser alguien de una nacionalidad hermanada con la nuestra en el nivel de infortunio) Dagoberto Valdés. El adjetivo “antropológico” alude a la humanidad en todas sus dimensiones. Eso es lo que en efecto se nos dañó en Venezuela: toda nuestra humanidad fue vapuleada. No hay ningún aspecto que se haya salvado. Ni el político, ni el económico, ni el social ni el cultural.

Por eso ahora, cuando ocurre una oportunidad sin precedentes para enmendar las cosas, son muchas las heridas que necesitan sanar. El deseo natural es que todas sanen rápido y en simultáneo. Pero eso lamentablemente no es posible. En el mejor de los casos, habrá un avance ininterrumpido, pero por carriles diferentes, cada uno con su propio paso. Dada la severidad del deterioro en todos los ámbitos, el paso puede ser decepcionante para las masas, y sobre todo para los sectores más vulnerables de la población. Ya he visto a varias personas caer en la desesperación y lamentarse de que “poco o nada ha cambiado”. Creo que, por urgente que sea la necesidad de reformas, se armaron expectativas irreales que ahora las llevan a la frustración.

Se me ocurrió, por tanto, escribir una breve guía sobre expectativas cronológicas razonables para los cambios. Antes de entrar en ella, debo aclarar las premisas desde las que parto. En primer lugar, el proceso político que se está llevando a cabo en Venezuela es muy particular, pues es impulsado desde afuera. Específicamente, por Estados Unidos. La oposición venezolana no fue la que desencadenó el proceso, ni la que tiene la mayor capacidad para influir en él. Sí, hemos visto manifestaciones opositoras relativamente modestas en las últimas semanas, y puede que esa actividad se intensifique más adelante, permitiendo a la oposición incidir más. Pero no puedo darlo por hecho. La segunda premisa de la que parto es que, como supervisor del proceso, el gobierno de Estados Unidos es sincero en su plan de una transición política que permita eventualmente el regreso de la democracia a Venezuela. No estoy asegurando tal sinceridad, pero, repito, la asumiré como auténtica para estas líneas. Si no lo es, podemos descartar entonces que el resultado sea, al menos en lo político, algo muy distinto al statu quo antes de enero. Ahora, sí pasemos a la guía.

Comenzaré con aquellos aspectos en los que es sensato contemplar la posibilidad de cambios rápidos. Estos cambios dependen en buena medida de la voluntad de la elite gobernante y nada más. Solo tienen que impartirse las instrucciones a los organismos responsables de ejecutar las medidas y listo. Tenemos aquí todo lo relacionado a las libertades cívicas y políticas. La tolerancia a la crítica y al disenso. Es precisamente el ámbito en el que se ha visto, en tan solo un par de meses, cierto avance. Cientos de presos de conciencia han sido excarcelados y es posible que la cifra aumente. Ello incluye a varios de los individuos más prominentes que han pasado por ese calvario, como al dirigente Juan Pablo Guanipa. Decenas de personas han obtenido sobreseimientos o amnistías y ahora están en libertad plena. A otros, aunque ya no están tras las rejas, se les ha negado esto último, lo cual es ciertamente una señal preocupante a la que hay que prestar atención.

Algo parecido ocurre con la libertad de expresión. Ha habido una relajación de la censura. Irónicamente, se ha manifestado sobre todo en la televisión, el primer medio que fue censurado por Hugo Chávez. Dirigentes y activistas opositores que por años estuvieron vetados ahora aparecen en programas de entrevistas. Las protestas de la disidencia han obtenido cobertura. En cambio, el cierre arbitrario de emisoras de radio no ha cesado.

¿Qué hay de los exiliados? No he sabido de ninguno que haya regresado al país. Como el destierro es más bien una forma de eludir la persecución que un castigo formalmente decretado desde el poder, técnicamente nada les impide retornar. Es una decisión propia, por el miedo a las represalias. Puede que ninguno se aventure en el corto plazo y que no veamos eso hasta que haya un clima generalizado de más liberalización política.

En cuanto a la realización de elecciones libres y justas, pues eso me lleva a lo que no tiene sentido esperar en el corto plazo. Sean estas presidenciales, parlamentarias, regionales o locales. Si no ha habido una mejora considerable en los ámbitos políticos previamente aludidos, cualquier comicio será como lo que se ha visto en los últimos años. Los partidos opositores necesitan garantías de que se competirá en igualdad de condiciones. Hará falta una profunda reforma institucional. Nada de eso se hace de la noche a la mañana.

Salgo de ahora de la política para examinar las otras aristas del daño antropológico. No es que las libertades políticas y civiles sean menos importantes, pero, si nos sinceramos, su ejercicio no es algo que la mayoría de los ciudadanos comunes lleven a cabo a diario. La inmensa mayoría de los ciudadanos, en cualquier país del mundo y sin importar el tipo de gobierno, dedica casi todo su tiempo a actividades privadas: a la economía personal mediante la producción y el consumo, a la vida social con familiares y amistades, etc. En estos aspectos, por desgracia, es muy poco lo que puede mejorar en el corto plazo.

Tal vez lo que más angustia al ciudadano común en su cotidianidad es aquello por lo que no en balde he visto más quejas por la falta de progreso: la extrema precariedad de los ingresos individuales o familiares, en forma de salarios y pensiones, así como el resultante poder adquisitivo en el subsuelo. Pongámonos en contexto. La economía venezolana ha pasado en los últimos doce años por una catástrofe para la que es difícil conseguir ejemplos similares. Años de hiperinflación, seguidos por inflación sin el prefijo “híper” pero que sigue siendo sistemáticamente muy elevada. Una reducción dramática del producto interno bruto. Y sin aumento en la productividad, no hay aumento en salarios y pensiones que la inflación no haga sal y agua muy rápidamente. En todo caso, pudiera concretarse un aumento restringido del poder de compra mediante una reducción de la brecha cambiaria que presiona el alza en los precios. Esto a su vez pudiera lograrse con una alineación entre el tipo de cambio oficial y el precio de las divisas subastadas en el mercado oficial. Sería un alivio moderado mientras se concretan las reformas económicas estructurales profundas (¡te lo pedimos, Señor!) que sí permitirían en el largo plazo un incremento de la productividad y, con ella, de los salarios y pensiones.

Otra cuestión que incide en el día a día de las masas y que es fuente de grandes quebrantos de cabeza es la calidad de los servicios públicos. Reparar los sistemas eléctrico y de distribución de agua no es algo que se decreta y ya. Exige inversiones millonarias y el levantamiento de infraestructura que pudiera durar años incluso con la mejor disposición a trabajar y los fondos requeridos. Pasa lo mismo con el transporte público, y no me refiero solamente al Metro de Caracas y lo demás en manos del Estado. Hace apenas unos días la capital experimentó un paro por parte de las cooperativas de autobuses, que exigían un aumento en el pasaje. Hubo aumento, publicado en Gaceta Oficial, pese a las objeciones airadas de los usuarios, quienes se quejaron de que la medida suponía un golpe adicional a sus ya mermados bolsillos y que, para colmo, los aumentos anteriores no sirvieron para mejorar la calidad del servicio. He ahí una paradoja de economías que han sufrido tanto como la venezolana. Por la inflación, las tarifas de servicios sometidas a un control gubernamental a duras penas permiten cubrir costos operativos, y ni hablar de mejoras, pero, al mismo tiempo, son muy onerosas para los usuarios. En otras palabras, se paga “caro” por un servicio defectuoso. Solo una mejora en las condiciones macroeconómicas puede solucionar el problema.

Por último, las escuelas y los hospitales públicos aglutinan las dificultades mencionadas en los dos párrafos anteriores. Necesitan cuantiosas inversiones en infraestructura y, al mismo tiempo, que la economía en general mejore para que docentes, médicos, personal de enfermería, etc. puedan devengar salarios que hagan atractivo trabajar en estas instalaciones. Si ya captaron la idea, pueden adivinar: las expectativas de mejoras en este ámbito también son razonables únicamente en el largo plazo.

Esta lista de problemas y de deseos sensatos sobre su posible resolución no es exhaustiva. El daño antropológico tiene otras caras. No aspiro a cubrirlas todas por razones de tiempo, concisión textual y por los límites de mis propios conocimientos. Profesionales de otras áreas pudieran brindar una mejor opinión que la mía en cuanto a los aspectos restantes. Espero, sin embargo, que el lector tenga algo más de claridad ahora sobre lo que es realista esperar en el “nuevo momento político”.

@AAAD25

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad y no comprometen la línea editorial de RunRun.es

Tres municipios de Sucre en colapso: Un mes de una crisis de agua que vulnera la dignidad humana

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En el estado Sucre habitantes sufren una crisis de agua potable que lleva un mes y sigue sin mejorías. Todo comenzó el pasado 22 de febrero cuando se produjo un sismo de magnitud 5,2, el cual ocasionó un derrumbe de rocas y obstruyó el túnel Guacamán, el cual lleva el servicio de agua potable desde la represa Turimiquire hacia los municipios Sucre (Cumaná), Simón Bolívar y Cruz Salmerón Acosta.

No fue sino hasta inicios de marzo que los habitantes de los municipios afectados supieron por qué no recibían el servicio de agua. Por esos días, la presidenta encargada con el aval de Estados Unidos, Delcy Rodríguez, realizó una visita a la ciudad de Cumaná, donde prometió que se normalizaría el servicio por los trabajos técnicos para desbloquear el túnel.

También, la Gobernación del Estado Sucre declaró “emergencia hídrica” por la falta del servicio en Cumaná y otras localidades. En un comunicado fechado el 5 de marzo, el organismo regional confirmó que la falta de agua se debía a una “falla estructural crítica en el sistema de trasvase de la represa del Turimiquire causada por un reciente evento telúrico”.

De acuerdo con una nota publicada por El Tiempo, la gobernadora Jhoanna Carrillo activó la “Operación Turimiquire”, la cual contaría con más de 100 funcionarios trabajando en la limpieza manual del ducto obstruido en condiciones de alto riesgo.

Promesa incumplida

A pesar de los anuncios y los trabajos por recuperar el túnel, los habitantes de los tres municipios afectados siguen sufriendo los embates por la falta del servicio, lo que los ha llevado, ya en múltiples oportunidades, a realizar protestas y cierres de calle para exigir que el servicio sea restablecido lo antes posible.

Muchas personas estaban recibiendo cisternas para poder subsanar la falta de agua. Sin embargo, algunos ciudadanos advierten que los camiones llevan días sin acudir a sus hogares. Durante este viernes, 20 de marzo, vecinos del sector La Copita en Cumaná, trancaron la calle tras debido a que desde hace al menos 15 días que no reciben agua mediante el Plan de Abastecimiento por Cisternas.

También, en la localidad de Mundo Nuevo, los residentes pidieron a las autoridades respuesta ante el suministro provisional prometido y señalaron que no tienen tanta capacidad de almacenamiento como muchas personas que poseen tanques de gran tamaño. “Nosotros contamos con pipotes y cuñetes de agua. Necesitamos que nos apoyen y que nos surtan el agua para poder sobrevivir a esta crisis”, señaló uno de los ciudadanos afectados.

“Desde el domingo no viene una cisterna, la gente no tiene en sus casas un abastecimiento grande como para almacenar agua por tantos días. No entiendo a los gobernantes cómo pretenden que la gente viva con dos tobos de agua o unas botellitas de refresco. ¡Es algo que se sale de las manos de todos!”, declaró a Radio Fe y Alegría Noticias la ciudadana Yerimar Pino.

Foto: Mariana Arias/Cortesía Radio Fe y Alegría Noticias

Muchas de las ayudas que han recibido los ciudadanos provienen de organismos de ayuda humanitaria como la Cruz Roja, organización que mediante su red de voluntarios de la Filial Cumaná, puso en marcha una operación para garantizar el suministro de agua potable en Cumaná, donde estiman atender a más de 16.000 personas.

Preocupante impacto en la salud

Presidentes de diversos colegios médicos, agrupados en una intergremial de la salud, advirtieron sobre los riesgos sanitarios en Sucre por la falta de agua potable. En un comunicado, alertaron sobre la aparición de dolores abdominales, náuseas y diarreas, “vinculados a la utilización de aguas no potabilizadas del río Manzanares y a la falta de un sistema de potabilización adecuado”.

Los profesionales recordaron que la situación no solo afecta a la salud pública, sino que además vulnera los derechos humanos y la dignidad humana. En ese sentido, señalaron que la transparencia y comunicación efectiva por parte de autoridades regionales “son imprescindibles para orientar a la población y evitar mayores riesgos sanitarios”.

Asimismo, demandaron que se brinde información oficial precisa sobre la situación actual del embalse Turimiquire, así como permitir la asesoría de expertos como el Colegio de Ingenieros y organismos internacionales especializados en recursos hídricos.

Finalmente, exhortaron a la comunidad y población afectada a mantener las medidas sanitarias básicas para evitar mayores complicaciones, priorizando la salud y el bienestar común.

*El periodismo en Venezuela se ejerce en un entorno hostil para la prensa, con decenas de instrumentos jurídicos dispuestos para el castigo de la palabra, especialmente las leyes “contra el odio”, “contra el fascismo” y “contra el bloqueo”. Este contenido está siendo publicado teniendo en consideración las amenazas y límites que, en consecuencia, se han impuesto a la divulgación de informaciones desde dentro del país.

Realizan segunda colecta solidaria para apoyar a familiares de presos políticos

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El Comité por la Libertad de los Presos Políticos (Clippve) realizó este sábado, 21 de marzo, la segunda “colecta solidaria”, para recibir donativos destinados a apoyar a los familiares de detenidos por razones políticas que siguen pernoctando a las afueras de los centros de reclusión.

Desde las 11 de la mañana del sábado, familiares de presos políticos y defensores de derechos humanos se reunieron en la Plaza del Rectorado de la Universidad Central de Venezuela (UCV), en una jornada en la que se recolectaron alimentos no perecederos, artículos de higiene personal, ropa, abrigos y mantas.

“Hoy es la segunda colecta solidaria después de 73 días de los familiares durmiendo fuera de las cárceles, esperando las excarcelaciones masivas pero que lamentablemente no se han materializado en su totalidad”, expresó Andreína Baduel, miembro del Clippve y hermana del preso político Josnars Baduel.

La también periodista y defensora de DDHH señaló que sostener a los familiares en las distintas cárceles representan un reto y un “desgaste físico, emocional y económico”, recordando que en Venezuela todavía hay más de 700 presos políticos.

A la fecha, muchos familiares siguen pernoctando a las afuera de las cárceles. Un ejemplo es la situación de El Rodeo, en el estado Miranda, donde son muchas las madres, hijas y esposas que todos los días están en las inmediaciones de este recinto carcelario esperando que sus familiares sean liberados.

*El periodismo en Venezuela se ejerce en un entorno hostil para la prensa, con decenas de instrumentos jurídicos dispuestos para el castigo de la palabra, especialmente las leyes “contra el odio”, “contra el fascismo” y “contra el bloqueo”. Este contenido está siendo publicado teniendo en consideración las amenazas y límites que, en consecuencia, se han impuesto a la divulgación de informaciones desde dentro del país.

Así queda el nuevo mapa de mando en las REDI tras designaciones de Delcy Rodríguez

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Este viernes, 20 de marzo, se oficializaron los cambios y ratificaciones en las jefaturas de las Regiones Estratégicas de Defensa Integral (REDI), las unidades que coordinan el despliegue militar en todo el territorio venezolano.

El anuncio, realizado por la presidenta encargada con el aval de Estados Unidos, Delcy Rodríguez, define quiénes estarán al frente de las ocho áreas geográficas clave para la seguridad nacional.

Esta reconfiguración de la estructura de mando combina la ratificación de oficiales que ya venían desempeñando funciones estratégicas y ocurre tras la movida de mata de Delcy Rodríguez del gabinete ministerial.

MG César Augusto Lugo Rivera (REDI Capital)

Es Mayor General del Ejército. Antes de asumir la REDI Capital (que abarca Caracas, La Guaira y Miranda), sustituyendo al al M/G Johan Hernández Lárez. Se desempeñó como Viceministro de Planificación y Desarrollo para la Defensa y Jefe del Estado Mayor de la Guardia de Honor Presidencial (GHP).

MG Pedro Esteban González Ovalles (REDI Occidental)

Mayor General del Ejército. Es ratificado en el occidente del país (Zulia, Falcón y Lara) tras ser designado en enero por Delcy Rodríguez. Fue el Comandante de la Zona Operativa de Defensa Integral (ZODI) de la Capital.

MG Pablo Ernesto Lizano Colmenter (REDI Los Andes)

Proviene del Ejército y fue ratificado en el cargo, designado en enero de 2026 por Delcy Rodríguez.

MG Erasmo Eduardo Ramos Iriza (REDI Oriental)

Mayor General de la Guardia Nacional Bolivariana (GNB). Antes de dirigir la zona oriental (Anzoátegui, Monagas y Sucre), fue Comandante Nacional de la Guardia del Pueblo.

MG Wilfredo Alexander Medrano Machado (REDI Guayana)

Mayor General del Ejército. Tiene bajo su responsabilidad la región más extensa (Amazonas, Bolívar y el Esequibo), cargo que ya ocupada desde octubre de 2024.

MG Gustavo Adolfo Serrano Urdaneta (REDI Los Llanos)

Es Mayor General de la Aviación Militar Bolivariana. Antes de esta designación, fue director de Apresto Operacional de la AMB. Su nombramiento destaca por ser uno de los pocos oficiales de la Aviación al mando de una región predominantemente terrestre.

MG Ángel Daniel Balestrini Jaramillo (REDI Central)

Mayor General del Ejército. Fue era Director General de la Oficina de Gestión Administrativa del Ministerio de la Defensa. Ahora supervisa la defensa integral de los estados Aragua, Carabobo y Yaracuy, una zona con alta concentración industrial y militar.

Almirante Víctor Hugo Borjas Trujillo (REDI Marítima e Insular)

Es el único representante de la Armada Bolivariana en este grupo de comandos regionales. Su jurisdicción abarca todo el espacio marítimo, las islas y el estado Nueva Esparta. Anteriormente fue comandante de la Aviación Naval Bolivariana.

*El periodismo en Venezuela se ejerce en un entorno hostil para la prensa, con decenas de instrumentos jurídicos dispuestos para el castigo de la palabra, especialmente las leyes “contra el odio”, “contra el fascismo” y “contra el bloqueo”. Este contenido está siendo publicado teniendo en consideración las amenazas y límites que, en consecuencia, se han impuesto a la divulgación de informaciones desde dentro del país.

Reporte anual de IPYS: 2025 consolidó la censura estructural en Venezuela

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El Instituto Prensa y Sociedad de Venezuela (IPYS Venezuela) publicó su Reporte Anual 2025, titulado “Las formas del silencio: periodismo en clandestinidad”, un documento que retrata la etapa más crítica para la libertad de expresión en la historia reciente del país.

Según el informe, el panorama actual no solo se define por la censura institucionalizada, sino por la consolidación de un entorno hostil donde el miedo y la criminalización han forzado a los comunicadores a operar bajo dinámicas de supervivencia, despojando a la ciudadanía de su derecho fundamental a estar informada.

La cifra que encabeza la gravedad de este período es el registro de al menos 25 trabajadores de la prensa privados de libertad, el número más alto documentado hasta la fecha. Esta estrategia de encarcelamiento, lejos de ser un hecho aislado, es descrita por IPYS como un mecanismo de intimidación colectiva que ha logrado su objetivo: el repliegue de los profesionales de la información.

La mutación del riesgo

En 2025, IPYS Venezuela registró un total de 111 casos que abarcaron 139 violaciones a la libertad de expresión. Aunque la cifra numérica es inferior a años anteriores, el informe advierte que esto no representa una mejora, sino una mutación de las condiciones del ejercicio periodístico: el miedo a la cárcel ha generado una autocensura sistémica.

Variación temporal: El mayor pico de agresiones ocurrió en enero con 43 casos, coincidiendo con tensiones políticas poselectorales. A partir de allí, las cifras descendieron no por mayor libertad, sino por un repliegue forzado de los periodistas.

Tipos de vulneraciones: Las categorías con mayor incidencia fueron las restricciones en internet (33), seguidas por agresiones físicas o verbales (29), discurso estigmatizante (19), detenciones arbitrarias (17), restricciones de acceso a la información (15), restricciones administrativas (12), hostigamiento judicial (6), desapariciones forzadas (5) y censura (2).

Víctimas y Victimarios: Se identificaron 217 victimarios, destacando los proveedores de internet (113) y los cuerpos de seguridad del Estado (40). Entre las víctimas directas figuran 60 hombres y 17 mujeres; por rol, los más afectados fueron reporteros (31), medios de comunicación (22) y reporteros independientes (16).

Percepción del riesgo: El 88,5% de los periodistas consultados percibe que los riesgos para el ejercicio independiente aumentaron mucho en 2025. Además, el 83,1% afirma que su forma de ejercer el oficio cambió respecto a años anteriores.

En la clandestinidad

El periodismo independiente ha entrado en una fase donde los profesionales deben pasar inadvertidos para evitar la criminalización estatal. Esta clandestinidad se manifiesta en dos tendencias principales:

Cobertura remota: El 89,7% de los periodistas realizó un trabajo mayoritariamente remoto frente a solo un 10,3% presencial. El 55,9% citó la inseguridad personal y el riesgo de detención como la razón principal para no estar en el lugar de los hechos, mientras que el 27,9% lo atribuyó a la falta de recursos para traslados.

Anonimato y reserva de identidad: El 80% de los comunicadores mantuvo bajo reserva su identidad como autores de los contenidos publicados para evitar represalias. De ellos, el 55,7% ocultó su firma “siempre” o “la mayoría de las veces”.

    Otras estrategias de supervivencia incluyen el borrado de chats (WhatsApp/Telegram) para no dejar evidencia de fuentes ante revisiones arbitrarias de dispositivos en la vía pública. Además, solo el 42,3% participó en proyectos colaborativos o alianzas de medios como forma de diluir el riesgo de ataques focalizados.

    Periodistas encarcelados

    El año 2025 marcó un hito oscuro con un registro de 25 trabajadores de la prensa tras las rejas, la cifra más alta en la historia del país. El hostigamiento judicial se convirtió en la herramienta de control más distintiva, utilizando acusaciones de terrorismo, incitación al odio y asociación para delinquir con penas de hasta 20 años.

    El impacto del miedo: El 91,4% de los periodistas señaló que su principal temor es ser detenido, juzgado y condenado. Este miedo ha sido tan paralizante que el 95,8% de los encuestados admitió haber recurrido a la autocensura por temor a represalias.

    Casos emblemáticos: Entre los detenidos figuran periodistas como Roland Carreño (17 meses preso), Carlos Julio Rojas (más de 20 meses), Biagio Pilieri (16 meses) y Víctor Ugas (más de 16 meses). También se documentaron casos de desapariciones forzadas temporales, como la de Ángel Godoy y Rory Branker, quien permaneció 11 meses detenido tras un allanamiento sin orden judicial.

    La degradación del periodismo

    La presión y la precariedad han erosionado la calidad de la información disponible para la ciudadanía, dando paso a un “periodismo light” que evita temas conflictivos.

    Pérdida de acuciosidad: El 53,6% de los periodistas calificó como “menor” la profundidad y rigor de su trabajo en 2025 en comparación con años anteriores.

    Temas silenciados: Los asuntos más evitados por miedo a represalias fueron la persecución política (56,7%), la corrupción (56,7%), la gestión gubernamental (55,2%) y la represión policial-militar (50,7%).

    Precarización económica: El periodismo ha dejado de ser una actividad económicamente viable para muchos; el 76,1% de los consultados vio disminuir sus ingresos. Como consecuencia, el 78,9% tuvo que realizar actividades ajenas al periodismo para subsistir.

    Desigualdad territorial: En regiones como Táchira y Bolívar, el riesgo se agrava por la presencia de grupos armados y minería ilegal, mientras que en el interior del país el periodismo independiente casi ha desaparecido por falta de financiamiento y recursos para coberturas.

    *El periodismo en Venezuela se ejerce en un entorno hostil para la prensa, con decenas de instrumentos jurídicos dispuestos para el castigo de la palabra, especialmente las leyes “contra el odio”, “contra el fascismo” y “contra el bloqueo”. Este contenido está siendo publicado teniendo en consideración las amenazas y límites que, en consecuencia, se han impuesto a la divulgación de informaciones desde dentro del país.

    Cómo se vive el ejercicio de la medicina siendo una persona trans

    En los pasillos de la Universidad Central de Venezuela (UCV), Diego Rosal aprendió que el cuerpo humano es un mapa de sistemas complejos. Lo que los libros no le enseñaron fue cómo navegar un sistema de salud que, en lo legal y administrativo, se empeña en no reconocer su propia existencia. 

    Diego tiene 26 años y es un hombre trans graduado como médico cirujano en 2024. Nació en Maturín, estado Monagas, pero su vocación por cuidar y sanar a otros lo llevó hasta Caracas a estudiar Medicina en la “casa que vence las sombras”.

    Actualmente, ejerce como Oficial de Salud en el proyecto VIHvos y VIHsibles, donde su bata blanca no solo representa conocimiento científico, sino un refugio de identidad para poblaciones que históricamente han sido vulneradas por la sociedad y el Estado. 

    En el marco del Día de la Visibilidad Trans, que está próximo a conmemorarse el 31 de marzo, Diego conversa sobre cómo se vive la medicina cuando tu título profesional es, al mismo tiempo, un recordatorio de una deuda del Estado.

    Una certeza temprana

    Diego cuenta que todo comenzó con una “certeza muy temprana”. Desde niño supo que le atraían las mujeres y recuerda que, estando en preescolar, practicaba la escritura redactando cartas a sus amigos. “Entre ellos había una niña que yo adoraba”, dice, y un día, le pidió a su mamá que le enseñara a escribir “te amo” a esa niña.

    “Mi mamá, con mucha dulzura, intentó corregirme: ‘Hijo, a las amigas no se les dice te amo, se les dice te quiero’. Mi respuesta, con apenas cinco años, fue inmediata y firme: ‘Mamá, es que tú no entiendes… yo la amo’“, relata en entrevista con Runrun.es. Ese fue el preámbulo de una adolescencia en la que exploró cómo se sentía más cómodo en sus relaciones.

    Aunque, dice, vivió “experiencias emocionantes y enriquecedoras”, siempre sentía que “algo no terminaba de encajar”. Pero añade: “No era un problema con la otra persona; era algo en mí que no cuadraba en esas interacciones”.

    ​”Siempre tuve una expresión masculina. Crecí haciendo deportes con entusiasmo, jugué fútbol profesional y me relacionaba desde códigos que la sociedad lee como masculinos. En el camino, tuve intentos de ‘corrección’: traté de obligarme a encajar en lo que se esperaba de mí, pero el resultado siempre fue una profunda infelicidad. No estaba viviendo mi vida; estaba cumpliendo un guion ajeno”, señala.

    ​Para él, su primer gran paso “hacia la libertad” fue cortarse el cabello. Ese, el que considera un acto simbólico, abrió la puerta a cambios en su vestimenta y, eventualmente, la elección de sus pronombres. “Fue un proceso de afuera hacia adentro, hasta que finalmente, a los 18 años, todo cobró sentido. Comprendí que siempre había sido Diego, y que simplemente me había tomado un tiempo transitar la vida hasta encontrar el nombre que hoy porto con tanto orgullo”.

    El proceso de renacer

    Diego cursaba tercer año de Medicina en la UCV cuando tomó la decisión de iniciar su transición social. Él era del interior y vivía hacía tres años en Caracas de forma “prácticamente autofinanciada”. Se sentía agotado y solo, y aunque siempre contó con la cordialidad de sus compañeros y semejantes, confiesa que esa “fue probablemente la época de mayor distress emocional” de su vida.

    Durante mucho tiempo su narrativa interna se centró en la pérdida: “pensaba que para ser yo mismo tendría que sacrificarlo todo, incluso mi carrera”, cuenta. Pero hubo un punto de quiebre. “Un momento en que me vi frente al espejo y me atreví a reconocer los ojos que me miraban de vuelta y lloré, no de tristeza, sino de alivio“. En ese momento la balanza cambió: “entendí que no estaba abandonando nada, sino sumando vida desde una experiencia que finalmente me pertenecía. Elegirme a mí mismo fue el primer paso para ser, hoy, el médico y la persona plena que soy”, recuerda.

    Salir al mundo como ‘Diego’ fue un proceso de renacimiento. Él entendía que esto involucraba presentarse nuevamente no solo con su círculo social cercano, sino con espacios universitarios y hospitalarios donde ya hacía vida activa.

    “Como toda reintroducción, no fue un proceso fácil, experimenté casos puntuales de exclusión deliberada, resistencia en algunos otros, pero a pesar de ello, también vino acompañado de mucha curiosidad, que antecedió a una ola de respeto y validación”, relata. Aunque para él este proceso estuvo lleno de incertidumbre, siempre apostó por la “cordialidad de sus semejantes”, y eso le permitió “abrir caminos que antes parecían cerrados”.

    Se considera afortunado al haber tenido “padrinos y madrinas”, quienes se aseguraban de que cada servicio en el que rotara de forma intrahospitalaria supiera de él y lo recibiera haciéndolo sentir, no solo bienvenido, sino celebrado. 

    La deuda del Estado

    Para Rosal, ejercer la medicina en Venezuela siendo un hombre trans “es vivir en una contradicción constante”. Señala que, por un lado, tiene la responsabilidad de cuidar la vida de sus pacientes “con el máximo rigor”, pero por el otro, el sistema lo obliga a firmar documentos, recetas y registros con un nombre que, dice, no le pertenece. 

    “Me he sentido vulnerado en situaciones cotidianas donde el sistema aún no está actualizado —trámites administrativos o legales donde tu identidad no coincide con un documento— esos momentos recuerdan que todavía hay mucho trabajo por hacer en materia de políticas públicas”, relata. 

    Pero, por otro lado, se sintió “inesperadamente aceptado” en el lugar que más le importaba: el gremio médico y sus pacientes. “Entender que mis colegas y pacientes valoran mi capacidad profesional por encima de cualquier prejuicio fue el impulso definitivo para caminar con seguridad”, dice.

    Destaca también el recordatorio de la “deuda histórica del Estado”, al ver su título de médico cirujano y su cédula de identidad, ya que en todos estos documentos figuran su nombre y género asignados al nacer. “Cada vez que sello un informe o presento mi credencial, hay una fricción: el sistema ve un nombre legal, pero mis pacientes y mis colegas ven al doctor Diego”, reflexiona. A pesar de ello, su enfoque ha sido el de ofrecer un trato humano y ético, de manera que eso sea lo que vean sus pacientes en él.

    En Venezuela, a pesar de que la Ley Orgánica de Registro Civil de 2009 permite el cambio de nombre, el Consejo Nacional Electoral (CNE) mantiene un bloqueo administrativo de facto al no emitir el reglamento para procesar estas solicitudes. 

    Según el informe anual publicado en febrero de 2026 por el Observatorio Venezolano de Violencias LGBTIQ+, esta falta de identidad legal forza a las personas trans a una “muerte civil cotidiana” que afecta su derecho al trabajo, a la educación y a la salud.

    Del “miedo institucional” a la organizaciones inclusivas

    Diego Rosal lamenta que su identidad de género “ha sido utilizada como un condicionante directo” de sus capacidades, y que por ella ha sido privado del acceso a cargos y empleos en clínicas convencionales.

    Señala, además, que la mayor traba que ha encontrado es “el miedo institucional”. Especialmente, en el sector privado, pocas instituciones se atreven a encarar el reto de enfrentar la realidad que él representa siendo un médico trans. Para él, es “más fácil” ignorar su currículo o su trayectoria en la práctica clínica, antes que adaptar procesos administrativos o su cultura organizacional a su identidad legal y social.

    Ese contraste hace que Rosal valore profundamente los espacios en los que actualmente hace vida profesional, entre ellos, el Proyecto VIHvos y VIHsibles, donde llevan casi un año realizando pruebas de tamizaje de VIH y sífilis a poblaciones clave, educando y concientizando sobre infecciones de transmisión sexual (ITS) y estrategias de prevención combinada.

    “En este proyecto, mis particularidades no han sido un obstáculo, sino el motor que me ha permitido crecer organizacionalmente y ampliar los alcances de lo que significa un espacio seguro. Mi visión como médico y persona trans es vista como una pieza fundamental para construir una respuesta técnica y sensible frente al VIH”, relata.

    Para el médico, poder estar en este proyecto es el ejemplo vivo de que, cuando una organización apuesta al talento sin prejuicios, el crecimiento no solo es profesional, sino que también se transforma la calidad de la atención para toda la comunidad. “Estamos demostrando que la salud inclusiva es, ante todo, salud de primera calidad y al alcance de todos por igual”, expresa.

    La “lotería de la empatía”: vacíos en la formación médica

    Para Diego Rosal, los vacíos en la medicina venezolana son profundos y los vive en carne propia. Según relata, la formación académica tradicional aborda la salud trans como una “nota al margen”, con pinceladas en endocrinología o psiquiatría que no cubren la complejidad clínica, ética y humana del acompañamiento en la transición. En ese contexto, identifica tres vacíos fundamentales que marcan la atención sanitaria en el país:

    • Ausencia de protocolos: No existe un estándar de atención transafirmativa en programas de estudio ni en hospitales universitarios. Esto obliga a cada médico a improvisar según su criterio, convirtiendo la calidad del servicio en una variable dependiente de la sensibilidad individual. “Eso no es medicina, es una lotería”, afirma.
    • Invisibilización de intersecciones clínicas: La formación actual no contempla la interacción entre condiciones médicas de base y la identidad trans. Diego cita su propio caso de Hiperplasia Suprarrenal Congénita, una realidad que prácticamente no existe en la literatura médica nacional ni en la malla curricular de postgrado.
    • El miedo como factor clínico: La estructura educativa no enseña a manejar el historial de experiencias médicas invalidantes que cargan las personas trans. Para Rosal, el primer contacto médico debe ser “reparador”, una sensibilidad que no se imparte en los auditorios tradicionales.

    A pesar de esos vacíos, para Diego, su identidad no es algo que se deja en la puerta del consultorio; es la herramienta de empatía clínica más poderosa que posee. “Cuando trabajo con poblaciones HSH (hombres que tienen sexo con hombres) o personas dentro del paraguas trans, la barrera del estigma se rompe en el instante en que cruzan la puerta, porque el paciente no ve a una figura de autoridad distante que lo va a juzgar, sino a un semejante que entiende sus miedos desde la vivencia propia”.

    Esta confianza genera una mayor compenetración en los procesos de salud y enfermedad, fomentando la adherencia al tratamiento. Un paciente que se siente seguro, visto y representado es un paciente que regresa a consulta, se realiza sus exámenes y confía en el proceso.

    Aunque un médico cisgénero (persona cuya identidad de género y sexo asignado al nacer son coincidentes) pueda tener la mejor intención técnica, Diego destaca que existe una “conexión de códigos compartidos” que surge al saber lo que es habitar los márgenes del sistema. Su presencia le dice al paciente:“Yo también ocupo este espacio, y tu salud me importa porque tu vida es valiosa para mí”.

    Sanar los vacíos desde la consulta

    En su ejercicio profesional, Diego intenta llenar estas carencias mediante tres ejes de acción inmediata:

    1. Validación de la identidad: Utiliza el nombre y pronombre correctos desde el primer momento, evitando el nombre legal a menos que sea estrictamente necesario para trámites administrativos.
    2. Escucha activa: Prioriza entender la historia de vida de la persona antes que el protocolo frío, integrando la vivencia del paciente como parte fundamental del diagnóstico.
    3. Derivación informada: Cuando un caso supera su alcance, Diego no “deriva a ciegas”. Acompaña al paciente hacia especialistas con la sensibilidad y el conocimiento técnico necesarios para continuar el proceso de forma segura.

    Para el doctor Rosal, este enfoque no es una postura política: “La consulta transafirmativa no es un acto de activismo; es simplemente medicina bien hecha”.

    Barreras para transiciones hormonales

    Para Diego Rosal, la Terapia de Reemplazo Hormonal (TRH) no ha sido un camino lineal, sino un sendero recorrido desde la espera y la resiliencia en dos momentos clave de su vida. El primero ocurrió a los 18 años, cuando se enfrentó a un sistema médico que, ante la falta de información, intentaba disuadirlo de iniciar su transición. Sin una ruta clara ni especialistas sensibles, la incertidumbre lo hizo desistir en aquel entonces.

    Hoy, en su segundo intento, el proceso es activo pero complejo. Diego revela que su transición no es convencional debido a una condición de nacimiento: Hiperplasia Suprarrenal Congénita (HSC). Esta condición hace que su cuerpo produzca una carga basal mayor de hormonas masculinas, lo que condiciona un grado de intersexualidad. Como médico, entiende que su dosis de testosterona debe ser calculada de forma milimétrica para evitar complicaciones de salud.

    Diego además es claro en señalar que acceder a una transición supervisada en Venezuela va más allá de adquirir el fármaco; implica costear consultas especializadas y exámenes de monitoreo que se han convertido en un “privilegio inalcanzable” para la mayoría. Ante la brecha de servicios públicos, reconoce la labor de organizaciones como Fundaunitrans y Transafab, cuyo acompañamiento técnico y humano evita que las personas transicionen en soledad o riesgo.

    Para Rosal, el objetivo final trasciende la hormona: “El enfoque real debe ser abogar por una atención médica transafirmativa genuina”. Su realidad es la de una comunidad que sigue trabajando para que la salud deje de ser una carrera de obstáculos y se convierta en un derecho humano garantizado, regulado bajo protocolos internacionales.

    La “huella de protocolo”: transformar el hospital desde la bata blanca

    En el mundo hospitalario, donde el uniforme, la credencial y el uso de los espacios están rígidamente normalizados, la presencia de Diego Rosal como hombre trans obliga a las instituciones a mirar sus propios vacíos protocolares. Ante esta realidad, su estrategia ha sido la “profesionalidad absoluta”. Para él, su uniforme y su bata no son solo vestimenta, sino el símbolo de su competencia profesional.

    “He procurado que mi desempeño clínico sea tan impecable como sea posible, de forma que el debate sobre qué baño uso o qué dice mi credencial pase a un segundo plano frente a la calidad de mi atención”, explica.

    Sin embargo, el camino no ha sido sencillo; ha requerido gestionar espacios de forma estratégica y recurrir al diálogo directo con actores institucionales para establecer acuerdos que respeten su dignidad. Su objetivo es que su paso por estos centros deje una “huella de protocolo” que facilite la atención de futuros profesionales o pacientes trans.

    Más allá de la urgencia de una base legal en Venezuela, Rosal identifica tres cambios estructurales mínimos de gestión y sensibilidad necesarios para que el sistema evolucione hacia una atención basada en el respeto y el principio de no maleficencia:

    • Protocolos de atención transafirmativa: Implementar manuales de procedimientos que garanticen un trato digno, técnico y libre de prejuicios desde el triaje hasta el alta médica.
    • Enfoque de diversidad en la formación académica: Incorporar la identidad de género como objeto de estudio clínico y de atención integral en las facultades de medicina —como la UCV— y postgrados hospitalarios.
    • Espacios de trabajo seguros para profesionales: Crear políticas internas de no discriminación que permitan a los profesionales trans ejercer, ascender y ocupar cargos de toma de decisiones sin frenos administrativos por su identidad.

    Diego cierra con una reflexión: cuando el sistema de salud sea seguro para todos, se convertirá en un verdadero refugio tanto para quienes padecen, como para quienes alivian el padecimiento. “No estamos pidiendo privilegios; estamos pidiendo institucionalidad y rigor científico aplicado a la diversidad humana”.

    *El periodismo en Venezuela se ejerce en un entorno hostil para la prensa, con decenas de instrumentos jurídicos dispuestos para el castigo de la palabra, especialmente las leyes “contra el odio”, “contra el fascismo” y “contra el bloqueo”. Este contenido está siendo publicado teniendo en consideración las amenazas y límites que, en consecuencia, se han impuesto a la divulgación de informaciones desde dentro del país.

    “Trump, esto sigue pasando en Venezuela”: Negaron nuevamente libertad a adolescente Samanta Hernández

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    Abogados se acercaron a los tribunales de Caracas para denunciar que le fue negada la libertad a la adolescente Samanta Hernández.

    “Samanta tiene 16 años y es la única adolescente presa a propósito de la represión poselectoral, igual que su hermana Aranza”, dijo el abogado del Programa Venezolano de Educación Acción en Derechos Humanos (Provea), Eduardo Torres.

    Profesionales del derecho y familiares denunciaron que ambas permanecen presas por el simple hecho de ser hermanas de un militar que se encuentra en el exilio.

    “El llamado es a la Asamblea Nacional, aquí está un caso para hacerle seguimiento, también a Delcy y a Jorge Rodríguez, incluso al presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y a Marco Rubio, para que vean que esto sigue pasando en Venezuela”, dijo Torres.

    Los profesionales del derecho denunciaron que el gobierno de la presidenta encargada Delcy Rodríguez sigue aplicando el metro sippenhaft, implementado por la Alemania nazi, y el cual consiste en secuestrar o detener a familiares de objetivos politicos para hacerlos doblegar.   

    Samantha, estudiante de bachillerato, fue detenida el pasado 9 de noviembre de 2025 tras un allanamiento a la residencia de sus abuelos en Caracas.

    La adolescente fue aprehendida por funcionarios de la Dirección General de Contra Inteligencia Militar (DGCIM).

    Varias organizaciones entre ellas, Justicia Encuentro y Perdón (JEP) exigieron su liberación inmediata y solicitaron la intervención de organismos internacionales. 

    “Ningún Estado puede justificar el encarcelamiento de una adolescente ni someter su vida, su desarrollo y su futuro al peso de una prisión”, expuso la ONG.

    *El periodismo en Venezuela se ejerce en un entorno hostil para la prensa, con decenas de instrumentos jurídicos dispuestos para el castigo de la palabra, especialmente las leyes “contra el odio”, “contra el fascismo” y “contra el bloqueo”. Este contenido está siendo publicado teniendo en consideración las amenazas y límites que, en consecuencia, se han impuesto a la divulgación de informaciones desde dentro del país.

    3 x 3 | Cuba al borde del colapso y sin el apoyo de Venezuela

    67 años tiene Cuba con un régimen de izquierda. Desde que el fallecido Fidel Castro llegó al poder en 1959, los antillanos han estado sometidos a un gobierno vinculado en primera instancia a la extinta Unión Soviética y, posteriormente, a administraciones ideológicamente similares como la de la Alemania Oriental, que duró hasta 1990; así como China, la Rusia post caída de la cortina de hierro, naciones del Medio Oriente, la Nicaragua de Daniel Ortega, el México de la presidenta Claudia Sheinbaum y la Venezuela primero del fallecido Hugo Chávez y luego del encarcelado Nicolás Maduro, entre otros gobiernos transitorios latinoamericanos de similar tendencia.

    Pero ahora, con la administración tutelada por parte del presidente, Donald Trump, el chorro de petróleo que regalaba o “vendía” Venezuela a Cuba a precios módicos llegó a su final y ello, sumado a un arrecio del bloqueo de Estados Unidos, han colocado a la isla al borde del colapso.   

    Además de la crisis de servicios que ya padecían producto la crisis estructural, la población de la isla ha sufrido apagones prolongados y escasez de combustible.  

    El presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel, aseguró recientemente que el país lleva tres meses sin recibir petróleo. Trump firmó en enero de este año una orden ejecutiva que amenaza con imponer aranceles a países que suministren el mineral a la isla. 

    “Toda mi vida he estado oyendo hablar de Cuba y Estados Unidos. Creo que tendré el honor de tomar Cuba. A decir verdad, puedo hacer lo que quiera con ella. Son una nación muy debilitada en este momento”, dijo recientemente Trump en una de sus tantas alocuciones en la Casa Blanca.

    “Ante el peor escenario, a Cuba la acompaña una certeza: cualquier agresor externo chocará con una resistencia inexpugnable”, escribió Díaz-Canel en la red social X, en respuesta a las declaraciones del mandatario estadounidense. 

    El sucesor de Raúl Castro sostuvo que desde 1962 el gobierno americano mantiene un embargo a Cuba. 

    “Estados Unidos amenaza públicamente a Cuba, casi a diario, con derrocar por la fuerza el orden constitucional. Y usa un indignante pretexto: las duras limitaciones de la debilitada economía que ellos han agredido y pretendido aislar hace más de seis décadas”, añadió. 

    Trump aseguró que La Habana desea “concluir un acuerdo” con Washington, tesis que en principio fue negada por el régimen cubano, pero que después fue flexibilizada con el reconocimiento de “diálogo” entre las dos naciones.  

    Para analizar este tema, Runrun.es conversó con Melissa Cordero Novo, editora del portal digital elTOQUE; Jorge Luis García Pérez Antúnez, expreso político cubano y José Ignacio Amador Brú, periodista independiente.

    ¿Cómo calificas la situación en Cuba en este momento de precariedad de vida en comparación con el pasado?

    Melissa Cordero Novo: “Las crisis en Cuba siempre han existido. Son cíclicas. Y derivan, fundamentalmente, de tres puntos específicos: el modelo socialista no funciona, la economía estatal solo ha llevado a la ruina al país y el modelo político-ideológico se sostiene a base de represión. Cambia el contexto, cambian los tiempos, pero los picos de las crisis tienen la peculiaridad de siempre estar in crescendo. Cada crisis es peor que la anterior o, al menos, se suma algún elemento que la hace más terrible. En los momentos en los que el Gobierno ha perdido subvenciones, ya sea de la Unión Soviética o de Venezuela, esas crisis se agudizan. Se agudizan para los cubanos comunes, los cubanos de a pie, que durante estas décadas han perdido todo o casi todo, que no es lo mismo, pero es igual. No tienen luz ni comida ni salud, ni dinero que valga. No tienen prosperidad ni democracia, ni felicidad. Y todo eso no tiene otro culpable ni responsable que no sea el régimen de La Habana.

    Lo que sucede con la crisis actual es que tiene un suelo de cultivo fértil; Cuba está en un momento de acumulación de desgracias: dirigentes cada vez más incapaces, corrupción de los emporios militares que durante décadas han acumulado riquezas, un sistema electroenergético depauperado por falta de mantenimiento a tiempo, empresas estatales incapaces de producir (ya sea alimentos, productos de necesidad básica o cualquier bien exportable), fuga masiva de cubanos al exilio, dolarización de la economía, una industria azucarera desmantelada, inflación desenfrenada, represión sostenida a cualquier muestra de disenso, cada vez más presos políticos, una industria turística en picada y en la que se sigue invirtiendo millones. Si a lo anterior le sumas la concentración del poder en una cúpula que ha vivido ajena a la gente durante casi 70 años, tienes como resultado un malestar general bastante extendido: ya sea que se manifieste en forma de cacerolazos en las noches en medio de un apagón, ya sea que se manifieste mediante una desafección intensa y una desconexión con esa idea de la Revolución caribeña que convertiría a Cuba en un lugar próspero. Hace muchas décadas que la vida de los cubanos se precariza mientras sostienen sobre sus espaldas a una casta que engorda, se aprovecha y miente”.

    Jorge Luis García Pérez Antúnez:  “La situación de Cuba en estos momentos es de precariedad en comparación con la del pasado. Cuba está pasando por una situación económica y energética única en su historia y lo más significativo no es tanto la situación como la imposibilidad del régimen de encontrar una solución. Porque es un problema estructural. Es un inconveniente que denota la inoperabilidad de un sistema totalmente fracasado. El pueblo se ha dado cuenta de que no valen las promesas, de que todas son maniobras de la dictadura para mantenerse en el poder. La única solución que tiene esta situación es el abandono del poder por parte del régimen y que se permita al pueblo dar pasos a un verdadero proceso de democratización, porque la recuperación económica del país, el bienestar, la felicidad y la paz solo es posible con un sistema democrático y libre”.

    José Ignacio Amador Brú: “La situación económica y social de Cuba está empeorando cada día en todos los aspectos. La diferencia entre el inicio de este año y el final del año pasado es considerable. Salvando pequeños matices, hay dos grandes realidades en Cuba. Una es la situación en la capital del país y otra distinta en las provincias. Aunque la situación general del país es mala, en La Habana es un poco más pasable. El transporte público está casi paralizado, el privado está reducido debido al precio del combustible. El gobierno ha restringido al mínimo la cantidad de gasolina que expende a privados, concentrando la venta para los automóviles de turistas extranjeros. La parálisis del transporte público llevó al cierre de la mayoría de los centros laborales estatales, la población está sintiendo está medida debido a que pierden su fuente de ingresos. Los precios de los alimentos están a la alza y producto de los apagones se hace imposible para muchas familias almacenar comida. Los apagones suelen durar entre 14 y 16 horas en la capital y en las provincias los ciclos pueden ser de dos o cuatro horas al día de electricidad al día. Salvo parte de La Habana, en que las casas disponen de gas por tubería, el resto de los cubanos están enfrentando serios problemas para cocinar. El suministro de gas es mínimo, muchas familias optan por cocinar todo lo del día en las horas de electricidad que tienen, siendo el carbón y la leña prácticamente la única opción. El abastecimiento de agua corriente está afectado por los apagones en las estaciones de bombeo. En La Habana pueden pasar hasta dos semanas sin suministro, pero en ciudades del interior como Santiago de Cuba hay ciclos de entre 20 y hasta 40 días sin agua. Los problemas de agua y los apagones han llevado a una parte importante de las personas a protestar por todo el país. A las protestas por estos problemas se han sumado el reclamo del cese de la represión y el fin del régimen político”.

    ¿Crees que Trump realmente vaya a realizar una intervención en la isla y qué consecuencias podría tener?

    Melissa Cordero Novo: Es poco probable que Trump realice una intervención militar en Cuba, mucho menos ahora mismo cuando está en medio de un conflicto armado en Irán. Pero yo no puedo asegurar qué va a pasar y qué no. Mañana puede cambiar diametralmente el deseo o la idea o el plan de la administración Trump o puede cambiar cualquier variable en el cuadrante geopolítico (en uno u otro estrecho), y es difícil predecir en qué dirección cambiará. Lo que habría es que escuchar qué quieren y desean los cubanos que viven ahora mismo en la isla para ellos y para el futuro del país. Hay bastante gente que desea un cambio profundo en la isla, desean que haya libertad, que puedan cubrir las necesidades básicas con su salario, que liberen a los presos políticos, que no castiguen más por disentir, que no tengan que vender su casa y arriesgarse en una travesía por América central o por Asia para vivir decentemente.  Los cubanos llevamos 67 años con bastante poco, no hemos vivido en nuestro país con democracia, al menos no el que sea menor de esa edad. Queremos a Cuba libre. No lo hemos podido lograr en seis décadas. Para que algo se mueva quizá haga falta una fuerza, que ojalá venga desde dentro, desde el mismo pueblo que sufre. Si esa fuerza es externa y tuviera consecuencias negativas para el futuro soberano de Cuba, pues tocará seguir luchando”.

    Jorge Luis García Pérez Antúnez: No lo sé, es difícil de pronosticar. “Muchas veces la nueva administración se ha mostrado imprecisa en muchas cosas, pero lo que yo sí puedo ver y asegurar es que el nuevo gobierno de los Estados Unidos en esta fórmula que encabeza Donald Trump y Marco Rubio sí se han tomado en serio el tema de Cuba y eso es un elemento estimulante que nos llena de optimismo, nos llena de fe y sobre todo de entusiasmo”.

    José Ignacio Amador Brú:  “El malestar social está cerca de alcanzar una masa crítica, lo que podría conducir a protestas masivas. Esto es difícil de predecir debido al control y miedo que infunden en la población las fuerzas de seguridad del gobierno. La captura de Maduro generó muchas expectativas positivas entre los cubanos que queremos un cambio. En las calles se puede escuchar, en mucha mayor medida que antes, críticas de ciudadanos comunes al liderazgo del régimen. Al mismo tiempo la imagen de Trump es positiva y se espera con cierta ansiedad y optimismo que acabe de “meter mano aquí” o que actúe de una vez contra el gobierno. No puedo asegurar que Trump vaya a intervenir en la Isla, pero ciertamente la mayoría de los que queremos un cambio estamos conscientes de que sin su intervención en respaldo de la sociedad civil un cambio no sería posible. Según el tipo de intervención se pueden crear conflictos alternativos, como insurgencia de parte de fuerzas de seguridad del régimen que se resistan a deponer el poder. Cuba está en una situación límite y en caída libre hacia el abismo. Para un número creciente de cubanos, más allá de las consecuencias, lo importante es que se dé el cambio cuanto antes. Se nota en medios oficiales y alocuciones de dirigentes que las presiones del gobierno de Estados Unidos están haciendo efecto y los obligan a tomar medidas. Tengo la impresión de que buena parte de los cubanos ven las medidas que está tomando el régimen como parches y no como soluciones reales. El accionar de Estados Unidos ha debilitado la posición de fuerza del régimen de cara a la opinión pública. Hasta hace poco, el gobierno se negaba a que existiesen negociaciones con Estados Unidos, en medios oficiales se decía que era una campaña contrarrevolucionaria, el descrédito que les costó reconocer este hecho es enorme”.

    ¿Existe la tesis de que el interés por Cuba por parte de Estados Unidos no es tan fuerte como el de Venezuela porque en la isla no hay petróleo ¿Cuál es tu opinión al respecto?

    Melissa Cordero Novo: “No creo que debamos reducir el “interés” o “desinterés” de Estados Unidos y el conflicto histórico (real y mitológico) entre ambos países solo a cuestión de si hay o no hay petróleo en Cuba. Va más allá. Es asunto de política interna, de votos electorales, de geopolítica, de ideología y de derechos. Hablar de Cuba colocando su democratización en perspectiva solo con Estados Unidos hace un daño terrible, sobre todo, para los cubanos que se desviven en la isla. Hablemos de Cuba como sujeto de la oración. En Cuba hay un régimen dictatorial opresivo, hay miles de presos políticos y hay desgracia y sufrimiento. Eso debería ser, por sí solo, de interés internacional, sin importar que esté Estados Unidos en la ecuación. Cuba debe ser libre y democrática porque no hay Estado de derecho ni libertades básicas en el país; porque millones de nosotros estamos regados por el mundo, por la fuerza. No coloquemos el futuro y la felicidad de los cubanos bajo ese lente. Yo no quisiera tener que esperar a que hubiera un interés por Cuba de otro país ‘superior’ para hablar de la liberación de la isla; para que dejemos de ser un pueblo que ha sido expulsado de su propia tierra”.

    Jorge Luis García Pérez Antúnez: “Obviamente Estados Unidos tiene sus intereses geopolíticos, geoestratégicos y económicos. Es normal que una potencia como Estados Unidos tenga esos intereses. Hay potencias europeas y especialmente las que formaban parte del eje del mal, las que están permanente amenazando a los Estados Unidos de muchas formas, como es el caso de Rusia, China y en este momento Irán. Los intereses de nosotros son la libertad y la democracia y que el pueblo cubano pueda enrumbarse al concierto de las naciones libres y democráticas, que sea un cambio verdadero donde el pueblo pueda participar en el rumbo que debe tener la nación. Sería triste que por intereses mercantilistas o ambiciones políticas, algunos personeros de la dictadura en Cuba se vayan a acercar a los Estados Unidos para hacer un falso proceso de transición, eso sería terrible para los que están dentro de Cuba y también para los que estamos en el exilio. En Cuba, a diferencia de Venezuela, ha corrido mucha sangre, hay una una tiranía institucionalizada. En Venezuela hay oposición, la persiguen, pero existe. En Venezuela pueden hacer elecciones, se las roban, pero hay. Cuba es un país sin derechos y debe analizarse la diferencia entre una situación y la otra. Nosotros no podemos aceptar a una Delcy Rodríguez dentro de Cuba por razones morales y de principios. Nosotros necesitamos libertad, pero también necesitamos justicia”.

    José Ignacio Amador Brú: “La economía cubana está en números rojos. Pero si se invierte en sectores como el turismo y la agricultura no serían del todo complicados de reestablecer. En Estados Unidos viven un número considerable de cubanos y descendientes de estos que verían con buenos ojos que hubiera un cambio de régimen. Es difícil asegurar si el interés de Trump y Rubio por intervenir en Cuba sería propiamente económico o político, pero sí creo que hay un interés de la actual administración norteamericana por implicarse de manera activa en promover un cambio de gobierno en la isla”.

    *El periodismo en Venezuela se ejerce en un entorno hostil para la prensa, con decenas de instrumentos jurídicos dispuestos para el castigo de la palabra, especialmente las leyes “contra el odio”, “contra el fascismo” y “contra el bloqueo”. Este contenido está siendo publicado teniendo en consideración las amenazas y límites que, en consecuencia, se han impuesto a la divulgación de informaciones desde dentro del país.