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Segundo equipo de rescatistas sale de Panamá a Venezuela con 17 toneladas de provisiones

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Un total de 50 rescatistas panameños y dos unidades caninas partieron este sábado, 27 de junio, hacia Venezuela, para sumarse al primer equipo que se incorporó a la operación de búsqueda inmediata de personas que aún permanecen desaparecidas entre escombros producto de terremoto ocurrido en el país.

Igualmente, tras una jornada de acopio de provisiones realizada por el Despacho de la Primera Dama, en el Parque Omar, donde el pueblo panameño y residentes de diferentes nacionalidades aportaron enseres y comida, se envían las primeras 17 toneladas de provisiones, contenedores que serán enviados por vía marítima.

Otras de las recolecciones, se empacarán y enviarán vía aérea. Para este mismo sábado las autoridades del Instituto de Mercadeo Agropecuario movilizaron furgones de carga al puerto para el traslado de donaciones hacia Venezuela. Asimismo, se está en la búsqueda de bodegas adicionales, tomando en cuenta la desprendida colaboración con donaciones, motivo por lo cual el Centro de Acopio haya suspendido las recepciones hasta organizar y despachar lo recolectado.

No obstante, la cadena logística continua en el Hub Humanitario donde se sigue recibiendo las donaciones recaudadas en los Centros de Acopio, en este se organizan en pallets para ser remitidos en los vuelos salientes, lo que nos posibilita el lograr nuevo espacio para poder recibir nuevos aportes.

Para esta labor, muchas entidades del Estado han servido como colaboradores, entre ellos cadetes de la Policía Nacional, así como motorizados de la Dirección de Operaciones del Tránsito que han escoltado los camiones con ayuda hacían el aeropuerto de Panamá Pacífico.

El viernes, 26 de junio, arribó al aeropuerto de Maiquetía, Venezuela, el primer equipo que fue registrado en el RDC Reception and Departure Center de Naciones Unidas en el Aeropuerto quienes se incorporan inmediatamente al equipo de búsqueda y rescate; la noche de ayer, igualmente, el Consulado en Venezuela hizo las coordinaciones para recoger a 34 personas que llegaron a Valencia vía COPA en vuelo Comercial.

Este primer grupo de rescatistas llegó pasadas las 11 de la noche al aeropuerto internacional de Maiquetía Simón Bolívar donde fueron recibidos por la cónsul de Panamá en Venezuela, Susana Thornhill.

Otras entidades como el Ministerio de Seguridad Pública también desarrollaron jornadas de recolección de artículos de primera necesidad como papel higiénico, alimentos no perecederos, agua embotellada, productos de higiene personal, ropa y otros insumos esenciales.

Del total de personal que viajó al apoyo, el Servicio Nacional Aeronaval asignó a 09 unidades del Departamento de Búsqueda y Recate, personal con capacidad y entrenamiento de búsqueda y rescate en estructuras colapsadas y 01 paramédico de rescate.

Se destaca que la aeronave AN-255 C212 AVIOCAR y su tripulación se mantiene Aeropuerto Internacional de Maiquetía Simón Bolívar, en apoyo a la misión de ayuda humanitaria, aeronave que cuenta con veinticinco (25) horas de vuelo a disposición del Estado venezolano, destinadas al apoyo logístico humanitario, transporte de insumos de primera necesidad, rescatistas y demás capacidades operativas requeridas ante la situación de emergencia que se mantiene.

El periodismo venezolano reporta en el epicentro de la emergencia de los terremotos

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El Día del Periodista en Venezuela transcurre este 27 de junio de 2026 sin celebraciones debido a la emergencia provocada por el doble terremoto del pasado 24 de junio. Decenas de periodistas se han desplegado en las zonas afectadas por los terremotos que a la fecha, suman más de 1400 fallecidos según información oficial.

Las cámaras, teléfonos, micrófonos y libretas de apuntes se concentran hoy en las calles de La Guaira, donde los comunicadores documentan los daños, entrevistan a los afectados y transmiten en vivo para orientar a una población que demanda datos precisos frente a las réplicas y la incertidumbre.

Como describe la comunicadora Deisy Terán Tosta en una nota de prensa, la celebración tradicional del Día del Periodista quedó en pausa. Los profesionales de la comunicación dejaron a un lado los festejos para asumir la información como un servicio esencial, desplegándose en las calles de La Guaira, la entidad más afectada por los terremotos.

“En momentos de incertidumbre, la información deja de ser un simple contenido para convertirse en una herramienta de tranquilidad colectiva. Cada dato confirmado ayuda a disminuir rumores. Cada reporte responsable evita el pánico. Cada transmisión en vivo permite que miles de familias sepan qué está ocurriendo y cómo actuar”, se lee en el texto de Terán Tosta.

La respuesta gremial

La frase “Hoy La Guaira está cerca” sintetiza la reacción del gremio periodístico ante la gravedad de la situación. Como respuesta directa a la crisis que reportan los colegas en el terreno, el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Prensa activó una jornada de recolección de insumos en Caracas.

El punto de acopio opera este sábado 27 de junio en Parque Cristal, Los Palos Grandes, sobre la avenida Francisco de Miranda, hasta las 7:00 de la noche. Los Bomberos de la Universidad Central de Venezuela reciben todo el material recaudado en este espacio para gestionarlo y distribuirlo en las comunidades afectadas.

En este lugar se estarán recibiendo donativos de alimentos no perecederos e hidratación, insumos de limpieza, desinfección, aseo personal y consumibles de apoyo como baterías, linternas, entre otros. Todo esto para ayudar tanto a las víctimas del terremoto como a todos los rescatistas que están en el terreno en labores de búsqueda en los edificios que colapsaron.

Testimonios de cobertura en terreno

La cobertura informativa de la emergencia combina procesos de acreditación con algunas dificultades propias de registrar el colapso en los centros de salud y en las comunidades de la capital.

La periodista Daniela Gastón, miembro del equipo de Runrun.es, indica que las autoridades centralizan el acceso a la zona de desastre en La Guaira mediante una carpa instalada en la base aérea La Carlota. Gastón detalla que el proceso exige presentar la identificación y aportar datos básicos como el tipo de sangre y el rol técnico para recibir un brazalete de cobertura.

Respecto al traslado de los corresponsales, la periodista explica que “estaba saliendo un autobús con periodistas internacionales que van a bajar a La Guaira hoy en autobuses oficiales. Es la única manera que puedan bajar hoy”.

Carpa de registro de periodistas en La Carlota – Foto: Daniela Gastón/Runrun.es

El panorama en los centros de salud de Caracas muestra una dinámica de atención rudimentaria y control de acceso para los reporteros. Gastón constató en el Hospital Vargas que inicialmente las autoridades impidieron el ingreso de la prensa a las instalaciones internas, aunque permitían fotografiar las listas de ingresados que cuelgan en las entradas de las emergencias. Estos listados, escritos a mano en hojas de papel y actualizados con horas específicas, congregan a cientos de familias que buscan datos sobre sus parientes.

“Hay cientos de familias buscando todavía a sus familiares en esas listas que están poniendo en las entradas de las emergencias, son listas escritas a mano, hechas con papel”, añadió Gastón.

*El periodismo en Venezuela se ejerce en un entorno hostil para la prensa, con decenas de instrumentos jurídicos dispuestos para el castigo de la palabra, especialmente las leyes “contra el odio”, “contra el fascismo” y “contra el bloqueo”. Este contenido está siendo publicado teniendo en consideración las amenazas y límites que, en consecuencia, se han impuesto a la divulgación de informaciones desde dentro del país.

Cuando la tierra se abre, el país se junta

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El primer sonido no vino del suelo.

Vino del celular.

En Maracaibo, a esa hora donde el calor se pega a las paredes y el ventilador ya suena como un electrodoméstico cansado, los mensajes empezaron a repetirse con una insistencia casi nerviosa: “¿Estás bien?”, “Contesta”, “Tembló fuerte en Caracas”, “Dicen que fue grande”.

Después llegaron los videos.

Edificios partidos como si fueran de cartón, calles cubiertas de polvo, gente corriendo sin dirección fija, sirenas, gritos. Y algo más difícil de explicar: el silencio posterior. Ese silencio digital que no es ausencia de ruido, sino ausencia de respuestas.

En cuestión de minutos, el país entero ya estaba en dos lugares a la vez: el que había resistido el sismo y el que intentaba entender cuánto había perdido.

A más de 500 kilómetros del epicentro, el Zulia empezó a moverse de otra forma. No por la tierra, sino por la urgencia.

El país que no se cayó, pero se volcó

El Rectorado Nuevo de la Universidad del Zulia, en Maracaibo, no estaba diseñado para esto.

Pero en Venezuela rara vez espera diseño. *Sandra, vecina del oeste de la ciudad, llegó temprano con una bolsa plástica que parecía pequeña, pero pesaba más de lo que aparentaba. Dentro llevaba medicamentos, gasas, analgésicos, lo que había conseguido en farmacias del barrio.

—Aquí estamos trabajando con Cáritas —dice, mientras señala las mesas improvisadas—. Se pide de todo: agua, toallas húmedas, alimentos no perecederos, colchones… lo que la gente pueda.

Las donaciones empezaron a llegar desde la madrugada del día posterior al sismo. Primero pocas, tímidas. Luego en oleadas.

Cajas de cartón cerradas con cinta adhesiva. Bolsas negras de basura llenas de ropa. Botellas de agua apiladas como si fueran ladrillos de emergencia. Medicamentos clasificados a ojo, con nombres escritos en marcadores.

Las colas, según relatan varios voluntarios, comenzaron a extenderse hasta las calles cercanas. No eran filas ordenadas. Eran ríos humanos.

—Había gente que venía solo a dejar algo y se quedaba ayudando —dice una estudiante que prefiere no dar su nombre—. Pero también había caos. Mucho caos. Demasiada necesidad junta.

A ratos, el ambiente parecía una mezcla extraña entre feria improvisada y hospital de campaña sin médicos suficientes.

Alguien gritaba que faltaba agua. Otro pedía cajas. Un tercero organizaba sin saber bien si alguien lo obedecía.

Y en medio de todo, la sensación de que el país estaba funcionando sin manual.

Donar en Venezuela: colas, desorden y una solidaridad que no se rinde

En distintos puntos de Maracaibo —Bella Vista, Circunvalación 2, zonas populares— se replicó el mismo fenómeno: centros improvisados de acopio que crecían más rápido que su capacidad de organización.

En un local comercial de Bella Vista, *Pedro describe una escena que se repetía con variaciones.

“Era una mezcla rara. Gente cargando cajas como si fuera mudanza colectiva, y otras normalizando esto, porque no está mal que la gente de afuera ayude, pero qué se hace en un país que no tiene cultura de absolutamente nada, es simplemente un atraso, uno que unos asumen y otros que lo niegan”.

Las donaciones incluían agua potable, leche en polvo, ropa, medicinas básicas, alimentos enlatados. Pero también objetos inesperados: linternas, cargadores portátiles, mantas térmicas, incluso herramientas de construcción.

Las colas, según varios testimonios, podían extenderse varias cuadras. Y no siempre en orden.

—Había momentos en los que no se sabía quién estaba donando y quién estaba organizando —resume una voluntaria—. Todo el mundo quería ayudar, pero nadie sabía exactamente cómo.

Pero también llegaba otra cosa: la puesta en escena.

—Pero vimos a gente que se grababa todo el tiempo —cuenta—. Como si ayudar necesitara cámara obligatoria. Otros cargaban una caja y ya. Era raro, porque convivían las dos cosas.

Las filas, según varios testimonios, se extendían por varias cuadras. El calor hacía el resto: convertía la espera en prueba física.

En algunos puntos, las donaciones incluían cantidades importantes de agua potable, leche en polvo, medicamentos para dolor, antibióticos básicos, alimentos enlatados. En otros, aparecían aportes más estructurales: colchonetas, mantas térmicas, herramientas de construcción ligera.

Pero la logística no siempre acompañaba.

—El problema no era la gente ayudando —dice una voluntaria—. Era que todo llegaba al mismo tiempo y sin estructura suficiente.

En ese desorden apareció también la tensión.

Algunos voluntarios relatan —sin poder confirmarlo de forma independiente— discusiones sobre el control de las donaciones. Otros hablan de “desapariciones puntuales” de cajas. Son versiones, rumores que circulan en voz baja, en pausas, en conversaciones que nadie quiere firmar del todo.

Pero incluso el rumor tiene un papel aquí: refleja la desconfianza acumulada de años donde la gestión de crisis nunca fue solo humanitaria.

Jazmín, estudiante universitaria, lo resume con una frase que se repite en distintos tonos:

—Ayudamos, pero con miedo.

En algunos centros de acopio, según relatan asistentes, se vivieron momentos de tensión por el control de las donaciones. En otros, la preocupación era más básica: que no alcanzara.

—Esto me recuerda a Vargas, a todo eso —dice Jazmín—. Siempre sentimos que estamos improvisando sobre tragedias anteriores.

La referencia no es casual. Venezuela arrastra una memoria sísmica que no es solo geológica, sino social: Vargas 1999, Cariaco 1997, y otros episodios donde la tierra se movió y el país, también, pero sin estabilidad institucional suficiente para sostener el golpe.

A cientos de kilómetros, el paisaje es distinto. Más brutal. Más urgente.

En La Guaira, los rescatistas internacionales —más de 1600 según datos oficiales— trabajan entre estructuras colapsadas donde el concreto se ha convertido en un laberinto.

Ahí, cada sonido importa.

Un golpe. Un silencio. Un perro que se detiene.

Porque entre los escombros no todo es pérdida. Los rescatistas hablan poco en los videos. Gritan lo justo. Aplauden cuando toca. Y el país, desde la distancia, mira esos rescates como pequeñas derrotas de la muerte.

Trabajar mientras tiembla: horarios que no esperan al país

En Maracaibo, mientras las colas de donaciones crecen y las cajas se multiplican en patios universitarios y locales improvisados, otra discusión se abre paso entre el murmullo: el trabajo.

No como sustento, sino como obligación.

En algunos casos —según relatan trabajadores consultados— hubo empresas que mantuvieron la jornada laboral con normalidad o con ajustes mínimos, incluso en medio de la emergencia nacional. La queja no siempre se formula en voz alta, pero aparece en frases sueltas, en conversaciones de pasillo, en mensajes reenviados.

“Uno no entiende cómo el país se está cayendo en otra parte y aquí te piden llegar a la hora igual. No es solo que haya un terremoto afuera. Es que uno siente que todo se está rompiendo al mismo tiempo: las ciudades, los sueldos, la paciencia, la confianza. Y aun así te dicen que la vida sigue normal. Como si lo normal no estuviera también hecho pedazos desde hace años”, dice un zuliano que prefirió resguardar su identidad.

No es un debate nuevo en Venezuela: la frontera entre productividad y crisis se ha vuelto difusa con los años. Pero en momentos como este, esa frontera se vuelve más visible.

Porque afuera hay cajas de comida acumulándose mientras que adentro, hay computadoras encendidas como si nada.

En paralelo, circulan versiones —no confirmadas de forma independiente— de que en algunos puntos de concentración de ayuda se habría solicitado control de registro de quienes participaban, bajo el argumento de “ordenar la colaboración” en un contexto de emergencia. En otros relatos, se habla de presencia de funcionarios o supervisión de actividades de acopio.

Nada de esto aparece como un sistema homogéneo ni verificable en su totalidad, pero en el ambiente se instala una sensación: la ayuda también es observada, pero en los bordes de la conversación aparece también la política, pero no como discurso estructurado, sino como cansancio acumulado.

Algunos voluntarios lo dicen sin énfasis, casi como comentario de paso:

“Aquí mandan los mismos de siempre, pero la ayuda la pone la gente de abajo.Y lo más raro es que ya ni siquiera se menciona al dictador de Nicolás Maduro como antes, como si se hubiera vuelto parte del ruido de fondo, como si el propio poder se estuviera tragando sus propios nombres. Se olvidan de él por momentos, pero no porque no exista, sino porque la gente está demasiado ocupada sobreviviendo como para seguirle el hilo a quién manda exactamente. Y al final es eso: se están comiendo entre ellos mismos, mientras el país sigue igual de asfixiado. Nadie sabe cuándo va a cambiar el clima político, ni si va a cambiar de verdad, porque lo único constante es que seguimos atrapados en lo mismo, con distintos rostros, pero la misma presión encima”, expresó un voluntario bajo condición de anonimato.

La oposición tampoco aparece como salvación unánime en esas conversaciones fragmentadas. Más bien como otro actor con sus propias fisuras, incapaz de convertirse en respuesta total para una sociedad que ya no cree en respuestas totales.

Lo que sucede hoy

El terremoto dejó cifras, escombros, rescates y pérdidas. Pero también dejó otra cosa menos medible: una narración simultánea, un país ocurriendo en varias capas al mismo tiempo.

Mientras en La Guaira los equipos siguen buscando vida bajo el concreto —con perros que se detienen, manos que excavan sin horario y bebés rescatados que en minutos pasan de la oscuridad a convertirse en símbolo— en el resto del país se organiza otra escena más silenciosa pero igual de constante: la de un pueblo que intenta sostener lo que puede, como puede, con lo que tiene. Donaciones de agua, medicinas, alimentos, colas largas y centros de acopio improvisados donde la ayuda circula entre el orden precario, el cansancio y una solidaridad que no espera permiso.

Y en medio de todo eso, el periodismo.

Precario, cuestionado, interrumpido, saturado de ruido digital, pero todavía presente. Este 27 de junio, Día Nacional del Periodista, parte del gremio zuliano se reunió en la Basílica de Nuestra Señora de Chiquinquirá, en Maracaibo. 

No hubo celebración: hubo concentración. Un encuentro sobrio, de oficio más que de acto, donde la fecha sirvió para mirarse entre colegas en medio de un país que no da tregua.

Un reportero lo comentó sin rodeos: hoy no estamos celebrando el periodismo, lo estamos sobreviviendo. Y en paralelo, mientras las voces oficiales intentan ordenar la emergencia desde arriba —teniendo como presidenta a Delcy Rodríguez, persona que nadie eligió y que intenta lavarse la imagen como si la gente no supiera su pasado—. Pero nada de esto está cerrado.

Todavía siguen aumentando la cifra de personas fallecidas y desaparecidas, aún están los edificios que siguen siendo revisados y las zonas donde el polvo no termina de asentarse.  Y quizá por eso esto no suena a final, sino a tránsito.

Entre lo que se sabe y lo que todavía no aparece, queda una esperanza extraña, casi obstinada: la de un país que, incluso golpeado, insiste en recomponerse sin manual.

Cuando la tierra se abre, el país se junta. Sin discurso. Sin rueda de prensa. Sin versión que alcance. Y ahí queda la ironía, sin necesidad de explicarla: cuando la tierra se abre, el país se junta, pero el que llega primero no es el Estado. Es la gente que está igual de golpeada, pero también de pie.

*El periodismo en Venezuela se ejerce en un entorno hostil para la prensa, con decenas de instrumentos jurídicos dispuestos para el castigo de la palabra, especialmente las leyes “contra el odio”, “contra el fascismo” y “contra el bloqueo”. Este contenido está siendo publicado teniendo en consideración las amenazas y límites que, en consecuencia, se han impuesto a la divulgación de informaciones desde dentro del país.

Un sismo con impactos políticos

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El terremoto del 24 de junio forma parte de una de estas contingencias naturales que puede venir con sorpresas añadidas para el desarrollo -y eventual desenlace- de la prolongada crisis política venezolana. No forma parte de una ley de la historia; no es nada sencillo atenerse a un pronóstico concreto; no estamos en condiciones de saber cuáles serán sus efectos, o hacia cuál dirección van a empujar los contenidos emocionales acumulados.

Pero lo cierto es que esta tragedia natural encuentra a una sociedad desencantada; desprotegida como nunca antes en su contrato con el estado nacional. Con un agotamiento emocional que le abre campo a un estado general de escepticismo y decepción. Los márgenes de impaciencia de la población se pueden seguir horadando. En el chavismo tiende a subestimarse este problema.  En este punto de la crisis, podría estarse acumulando un volumen adicional de inconformidad con el actual de estado de cosas en Venezuela, ya de suyo especialmente calamitoso e inmanejable.

El propio desempeño de los cuerpos de seguridad está siendo escrutado con mucho detalle por la mayoría. Al momento de escribir estas líneas, los temas que tenemos a la vista son los vinculados al destino de los sobrevivientes; los daños; los centros de acopio; los escombros a remover y, por supuesto, los afectos que puedan seguir con vida entre las ruinas. Pero dentro de unas semanas, lo que la opinión pública va a estar calibrando es el compromiso y la conducta de los cuerpos de seguridad en este trance; la eficacia y apresto en las maniobras de rescate; la disponibilidad de equipos existentes y la resolución concreta de problemas. Cuánto metros ha podido separarnos del infierno el trabajo de los cuerpos internacionales de auxilio que están llegando al país.

La lentitud del poder

No podrá dejar de describirse la paradoja: el régimen chavista siempre estuvo dispuesto a hacer alarde de su solidaridad ante eventos desafortunados de otros confines del mundo, desplegando ayuda con efectivos militares y rescatistas. Pero acaso ahora, cuando la población venezolana lo necesita como nunca antes, el terremoto del 24 de junio encuentra a un poder nacional lento, que no ha estado particularmente presente en las zonas de tragedia. Son muchos los videos y testimonios expresos de personas que aguardan por la ayuda oficial mientras se esfuerzan por rescatar a sus seres queridos de las tapias y las paredes venidas abajo.

No le queda mucho margen a aquel peregrino argumento según el cual “no se debe politizar la tragedia”, para abonar en la causa de la unidad nacional en un momento tan delicado. No solo ocurre que las obligaciones del estado frente a la población son totalmente intransferibles: es que el oficialismo tiene años sobre politizando la vida pública con un objetivo estratégico de dominio, al renegar de las formalidades de la democracia liberal

La molestia que pueda tener la población sobre la calidad y el alcance de la ayuda estatal ante una emergencia de este calibre no forma parte de algún antojo especulativo, o un empeño que pueda tener a la gente en malponer a las autoridades con los demás. Las naciones terminan siendo la concreción del ensamblaje entre la sociedad y el estado. Es completamente legítimo que una sociedad que tiene tanto tiempo pasándola mal, emboscada en un espejismo de excusas, sin poder atender sus necesidades inmediatas, le formule exigencias a quienes se empeñan en gobernarla, incluso sin que exista consenso para eso. Es una pulsión que forma parte del hábito cultural de cualquier país que tenga una memoria viva sobre los derechos ciudadanos que se adquieren en una democracia (como es el caso).

Las consecuencias políticas del terremoto no están todavía medidas en términos demoscópicos. Puede que sea temprano para evaluar de manera concluyente el desempeño de las autoridades venezolanas frente a una desgracia que nadie habría podido prever. Los hechos están en desarrollo.

Por supuesto que también la oposición venezolana, en líneas generales -con la notable excepción de María Corina Machado- cruzando un desierto en materia de aceptación popular, también tienen un enorme reto político frente a la conducción responsable de las potenciales consecuencias políticas de este terremoto.  Puede que incluso se planteen nuevas oportunidades para el regreso de la líder caraquena a Venezuela.  

Pero lo que acaba de suceder tiende a acumular tensión emocional y agotamiento. Hasta el propio chavismo luce en ocasiones cansado de sí mismo.  Ese pasivo puede conocer desarrollos que hagan combustión en el terreno de la política, y que necesariamente se tendrían que concretar en paz para que tengan utilidad. La propia presencia de los Estados Unidos en el país podría intensificarse con la excusa del auxilio a la población. Eso traería consecuencias, buenas y malas.  

Además, desde el gobierno hay poco margen para maniobrar. Es casi imposible adelantar una gestión desde el estado en una circunstancia política como la actual, incluso si fuera brillante y eficaz, que pueda traducirse en utilidades y popularidad. Aquí la única operación que pueda proceder desde el poder es la de tratar de contener la caída. Lo que estamos apreciando es la administración de calamidades individuales y colectivas dentro de zonas de ruina.

El terremoto que ha vivido Venezuela puede alterar algunas consecuencias adicionales dentro del mundo de la política.

Médicos Unidos Venezuela presenta plan de respuesta humanitaria para atención de afectados por los sismos

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La organización Médicos Unidos Venezuela presentó un Plan de Respuesta Humanitaria para la emergencia sísmica posterior que está sobrellevando el país, un documento que busca ofrecer una guía para la recolección y distribución de la ayuda necesaria tras los dos eventos sísmicos que afectaron al país el pasado 24 de junio.

La propuesta por la organización está basada en estándares internacionales como el Proyecto Esfera y la Organización Mundial de la Salud. La intención es recomendar pautas para la atención de la emergencia nacional, ante el colapso de los servicios públicos de agua, electricidad y salud en los puntos impactados por los terremotos.

El plan está diseñado para atender a una población 40 000 personas damnificadas, que pueden ser equivalentes a unas 8000 familias, durante un periodo de 90 días, con el fin de facilitar la delegación logística y permitir que distintos donantes se sumen a la causa según sus capacidades. Todos los requerimientos han sido calculados por este grupo de expertos para que cada unidad de 1000 sea suficiente para cada afectado.

Agua, saneamiento e higiene

El primer sector crítico que fue abordado por la organización es el agua, saneamiento e higiene, considerado como la primera defensa para evitar enfermedades de transmisión hídrica como el cólera y otras enfermedades de diarrea aguda tras el colapso de acueductos. 

El informe recomienda un consumo mínimo de 15 litros diarios de agua por persona para cubrir necesidades de bebida, cocina e higiene y esto puede representar un acumulado de 54 millones de litros para toda la población afectada por tres meses. Para hacer viable este proceso, la estrategia se podría llevar a cabo por medio de pastillas potabilizadoras.

De esta misma forma, el plan incluye la entrega de dos bidones de agua de 10 litros y un balde de alta resistencia con un grifo integrado para cada núcleo familiar para evitar la contaminación en los hogares junto a 54 000 kilogramos de jabón multiuso para aliviar los malestares diarreicos.

Medidas para la atención en salud

El segundo sector importante se enfoca en la salud esencial y el suministro de insumos médicos quirúrgicos para evitar muertes prevenibles por traumas físicos, infecciones y complicaciones obstétricas básicas.

Médicos Unidos Venezuela propone un “Kit Médico de Emergencia interinstitucional”, el cual está diseñado para satisfacer las necesidades de atención básica para cubrir a los 40 000 afectados.

La distribución de este plan se divide en tres fases estrictas: la primera fase atiende el trauma agudo y el shock quirúrgico en las primeras 72 horas del evento, la segunda fase aborda infecciones secundarias y la estabilización de pacientes crónicos en los primeros 15 días, y la tercera fase -la más tardía- se extiende hasta los 90 días para garantizar la asistencia y enfrentar enfermedades derivadas al deterioro ambiental y el posible aislamiento.

A continuación, la lista de algunos de los medicamentos que debería de tener el Kit recomendado por Médicos Unidos Venezuela:

  • Paracetamol: Tabletas y jarabe para el manejo del dolor y la fiebre.
  • Ibuprofeno: Tabletas para el dolor moderado y la inflamación.
  • Aspirina: Tabletas de uso analgésico y antiagregante plaquetario.
  • Amoxicilina: Cápsulas y suspensión oral para infecciones respiratorias y bacterianas comunes.
  • Ciprofloxacina: Tabletas para infecciones gastrointestinales o urinarias severas.
  • Doxiciclina: Cápsulas para diversas infecciones bacterianas y prevención de brotes endémicos.
  • Cotrimoxazol: Tabletas y suspensión.
  • Ceftriaxona: Polvo para solución inyectable, utilizado en trauma agudo y sepsis.
  • Sales de Rehidratación Oral (SRO): Sobres de polvo para diluir, críticos en el tratamiento de diarreas agudas.
  • Zinc: Tabletas dispersables para el manejo de la diarrea en niños.
  • Atenolol o Enalapril: Tabletas para el control de la hipertensión arterial.
  • Metformina o Glibenclamida: Para la continuidad del tratamiento en pacientes diabéticos.
  • Epinefrina: Ampollas inyectables para el tratamiento del shock anafiláctico y paro cardíaco.
  • Salbutamol: Inhalador para crisis asmáticas o problemas respiratorios agudos.
  • Lidocaína: Vial inyectable para anestesia local durante suturas y cirugías menores.
  • Ketamina: Inyectable para anestesia general de corta duración en procedimientos de emergencia.

Refugio y artículos no alimentarios

El tercer sector fundamental de esta lista de ayuda humanitaria abarca el refugio, los artículos que no son comida, la energía y las herramientas comunitarias. Se resalta la importancia de la asistencia, alojamiento temporal y ayuda a nivel físico, para resguardar la dignidad y bienestar de los damnificados en las zonas afectadas.

Al coordinar estos tres sectores de forma simultánea, la organización busca mejorar el control de inventarios y asegurar la vigencia de los medicamentos esenciales, así como ofrecer una ruta clara sobre el transporte de artículos y almacenamiento bajo las difíciles condiciones climáticas y operativas del país.

*El periodismo en Venezuela se ejerce en un entorno hostil para la prensa, con decenas de instrumentos jurídicos dispuestos para el castigo de la palabra, especialmente las leyes “contra el odio”, “contra el fascismo” y “contra el bloqueo”. Este contenido está siendo publicado teniendo en consideración las amenazas y límites que, en consecuencia, se han impuesto a la divulgación de informaciones desde dentro del país.

Incertidumbre, solidaridad y escombros invaden La Guaira a tres días de los sismos

Frente a la emergencia del hospital Dr. José María Vargas de La Guaira, en unas gradas convertidas en sala de espera al aire libre, Ernesto Monge, de 60 años de edad no sabía a dónde ir. Al mediodía de este viernes 26 de junio contó que en el sismo de hace dos días resultó herido, perdió su hogar y a su esposa, Dayuselis Benitez.

El miércoles 24 de junio, feriado en Venezuela por conmemorarse la Batalla de Carabobo, dos potentes terremotos de magnitudes 7,2 y 7,5 sacudieron gran parte del territorio nacional en un intervalo de apenas 39 segundos. El último balance oficial contabiliza 920 personas fallecidas y 3330 heridas. Se estima que al menos 172 personas estarían atrapadas bajo los escombros y más de 4.000 están damnificadas. La Guaira es el estado más afectado, declarado por las autoridades como zona de desastre.

“En el momento de la tembladera me cayó una pared encima”, explicó Monge mientras levantaba su camiseta para mostrar el apósito que cubría su estómago. “Mi familia, mis hijos, están todos fuera del país. Ahora quedé en la calle. No tengo dónde pasar la noche. Ando recién operado y no hallo qué hacer”, dijo.

En la pared al final de la sala de espera había pegadas tres hojas de papel con listas con aproximadamente 300 nombres de personas que resultaron heridas en la Guaira tras el terremoto y fueron trasladas a centros de salud en Caracas como el hospital Domingo Luciani o el Pérez Carreño. Las personas subían a revisarlas y les tomaban fotos. También hubo alguien que pegó una foto de una mujer y una niña, madre e hija, diciendo que las buscaban porque estaban desaparecidas.

Al centro de salud, que dispuso unas camillas en la entrada para atender pacientes, llegaban muchas personas con donaciones de todo tipo: ropa, insumos médicos, comida. Un médico joven se acercaba de tanto en tanto a la zona de espera preguntando si había alguien que necesitaba atención. Cuando le consultaron algo que no manejaba explicó que él era del Hospital Militar.

Ir a la Guaira a ayudar

Pasadas las 10:00 a.m. la autopista Caracas-La Guaira tenía tráfico pesado. Sin embargo, cada vez que se oía la sirena de una ambulancia sonar, la masa de carros, camionetas y motos se abría para dejarla pasar.

En el trayecto se observaron cientos de personas en motos, cargados de pacas de agua, bolsas con ropa, y otros insumos, incluyendo palas para cavar. Algunos llevaban banderas de Venezuela y otro llevaba pegado en la maleta una foto de una persona que también buscan tras los sismos.

La ayuda también llegaba directamente a las zonas donde se desplomaron edificios enteros. A pasos de los escombros del edificio Puerto Coral, en el sector Macuto, una mujer y un hombre esperaban sentados por alguna noticia de sus familiares que vivían ahí. En el lugar había un par de bomberos, pero también muchos civiles ayudando con la búsqueda.

Un escenario similar se vivió en las residencias Gradisca, donde la docente María Taborda relató que vino con un grupo de padres y profesores a buscar a la familia Velásquez Gavidia que habitaban en ese conjunto residencial. “Somos muy cercanos a esa familia, queremos saber de ellos, su familia está desesperada en Caracas esperando tener noticias”, contó.

La noche de este viernes, autoridades indicaron que a partir de las 8:00 p.m. se cerraría el paso para todas aquellas personas que no formen parte de las labores oficiales de atención, según dijo el ministro de Interior, Justicia y Paz, Diosdado Cabello. El funcionario argumentó que, presuntamente, los habitantes de la Guaira han manifestado que tanta cantidad de personas en la zona obstaculizan las labores de rescate.

Pasadas las 9:00 p.m. hubo momentos de tensión en las instalaciones de El Poliedro, donde el Gobierno encargado dijo que había que acudir para hacer un registro oficial de voluntarios que desearan ayudar ante la emergencia. “El pueblo quiere ayudar”, “Estamos perdiendo tiempo, la gente lo necesita”, gritaban algunos cuando los funcionarios les dijeron que ya había cerrado el proceso y que volvieran a la mañana siguiente. Sin embargo, poco después, se conoció que retomaron el registro.

Severos daños en el Aeropuerto de Maiquetía tras los sismos

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Se han conocido las primeras imágenes del interior del Aeropuerto Internacional Simón Bolívar de Maiquetía, en las cuales se evidencian los destrozos de la estructura de concreto armado tan emblemática del edificio.

TalCual pudo conocer que entre los daños del aeropuerto se incluyen las pasarelas externas hacia los estacionamientos, así como los puentes movibles que conducen a los pasajeros del terminal a las aeronaves.

En una notificación del Instituto Nacional de Aeronáutica Civil de Venezuela se indicó que el cierre de la pista 10R/28L de Maiquetía, se mantendrá al menos hasta el 2 de julio. El aeropuerto tiene otra pista operativa, la 09/27, aunque tiene restricciones a su uso, según el portal especializado Aviación Online.

Desde el día del doblete sísmico, también Aeronáutica Civil de Colombia activó un plan de apoyo para respaldar técnicamente a Venezuela, debido a las afectaciones en sistemas de control y las comunicaciones en la Región de Información de Vuelo (FIR) de Maiquetía.

Voces de la contingencia: Relatos de evacuación y resguardo en Caracas por doblete sísmico

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Campamentos y refugios en parques, escuelas, plazas y las zonas aledañas de edificios afectados fue el panorama de este viernes, 26 de junio en Caracas, tras el doblete sísmico registrado el miércoles 24 de junio.

En un recorrido realizado por el equipo reporteril de Runrun.es, se pudo constatar múltiples zonas y estructuras afectadas en el oeste y centro de la capital del país.

El parque Alí Primera, conocido como “Parque del Oeste”, ubicado en Gato Negro, es una de las zonas que más alberga familiares afectados por el impacto de los terremotos. La mayoría de las personas refugiadas allí provienen del estado La Guaira, donde muchos perdieron sus viviendas por el colapso de edificios y casas. Quienes llegan de la entidad litoral están ubicadas en el Liceo Miguel Antonio Caro, dentro del parque.

Fotos: Andrea González/Runrun.es

Una de las historias que llegan desde La Guaira hasta el Parque Alí Primera es ela de la señora Carmen Vegas, de 63 años. Residente de Playa Verde, la señora Vegas presenció el desastre desde su lugar de trabajo en la playa, un negocio propio que hoy da por perdido. El colapso del edificio El Purel, ubicado en Playa Grande, desencadenó la destrucción generalizada de su hogar.

En medio de la emergencia, Carmen corrió a rescatar a su nieta y a su otra hija. A pesar de los daños materiales, ella valora la supervivencia de su núcleo familiar y de sus vecinos cercanos, un grupo de los cuales ya se trasladó hacia Santa Teresa para buscar refugio con sus parientes. Pero si hay algo que lamenta es haber dejado a sus gatos, solo pudo rescatar a sus perros. “Mis gatitos se quedaron tristes viéndome cuando me vine”, relató.

Los estragos en Pinto Salinas

En el bloque 5 de Pinto Salinas Este, una de las alas se derrumbó durante los terremotos. Seis personas se encontraban en esa ala del edificio al momento de los sismos. Cuatro de ellas murieron; todas mujeres. Para este viernes, todavía estaban en labores de recolección de escombros.

Los sobrevivientes de las alas que no se derrumbaron están refugiados en la Unidad Educativa Distrital Simón Rodríguez, a unas cuadras del urbanismo. Allí, una persona que presta apoyo a los familiares informó a Runrun.es que se encuentran 42 personas del bloque 5, ya que quedó inhabitable. En el grupo hay dos niños, seis adolescentes, tres personas con discapacidad y dos adultos mayores.

Ana Julia Sojo, de 47 años, una de las afectadas del bloque 5, relató lo que vivió al momento de los sismos. El adolescente de 15 años a quien ella cría le advirtió sobre el temblor. La gravedad de la situación se hizo evidente cuando el mobiliario comenzó a sacudirse de forma violenta, lo que obligó a Ana Julia a actuar con rapidez para proteger a los suyos:

“Cuando empecé a ver que la cama se movía así horriblemente y todo se movía, ay no, yo agarré a la niña que la tenía en la cama y la abracé y me metí debajo de un marco de la puerta. Y empecé a pegar gritos porque mi otro hijo, mi otro hijo de cuatro años, estaba en el piso de arriba con él, con el abuelo”, relató.

Tras el desalojo, se trasladaron al recinto educativo, donde su esposo, el adolescente de 15 años, su hijo de 4 años y su bebé de tres meses reciben la atención necesaria para afrontar las secuelas del evento.

Fotos: Andrea González/Runrun.es

Familias desalojadas por afectacciones en sus viviendas

En varios sectores de la ciudad hay edificios que debieron ser desalojados por seguridad de los habitantes, uno de ellos el edificio Embajadores, ubicado frente a la plaza Parque Carabobo, en la parroquia La Candelaria. Henry Moreno, habitante del inmueble, reporta el desprendimiento de múltiples estructuras y la aparición de grietas profundas en las paredes de los apartamentos. Ante el riesgo inminente, Protección Civil ordenó el desalojo preventivo del lugar:

“Protección Civil hizo una pequeña inspección ocular del edificio, mandó a evacuar todo el edificio, de manera que estamos durmiendo en la plaza Parque Carabobo, acá de la parroquia La Candelaria”, relató Moreno a Runrun.es.

También, el Edificio Riga, de la avenida Fuerzas Armadas, parroquia San José, resultó con daños de importancia. Varias viviendas quedaron inhabitables. Las familias muestran lo que quedó, también piden inspección y ayuda de las autoridades, pero esto no ha ocurrido. Frente a este edificio se encuentran las residencias Serenísima, en la avenida Fuerzas Armadas, dos torres que sufrieron daños. Los vecinos están desalojando y piden ayuda con vehículos para remover escombros.

En San Bernardino siguen buscando cuerpos bajo los escombros

Los edificios Moisés y Rita son dos de los que colapsaron en la parroquia San Bernardino, una de las más afectadas por los sismos del 24 de junio.

Según una sobreviviente que residía en el edificio Moisés, hasta este viernes todavía había cinco personas bajo los escombros que no han logrado encontrar. Otras cinco personas fueran encontradas, pero tres de ellas fallecieron.

La sobreviviente declaró a Runrun.es que las autoridades revelaron que el colapso de la estructura se debió a un tanque aéreo de concreto, de 30 000 litros, que estaba ubicado en la parte superior del edificio.

Gran parte de la avenida Arauco, donde está el Moisés, está acordonada.

Fotos: Andrea González/Runrun.es

Unas cuadras más arriba, en la avenida Los Próceres, están los escombros del edificio Rita, otro de los que colapsó durante los terremotos. Allí el ambiente es más intenso. Funcionarios policiales no permiten el acceso hacia el lugar, exceptuando a personas voluntarias y quienes llevan insumos a los rescatistas. En este lugar hay una gran cantidad de rescatistas, bomberos y voluntarios trabajando para encontrar los cuerpos de las personas que se encontraban en el edificio.

Fotos: Andrea González/Runrun.es

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