Derechos humanos, ¿para humanos derechos?, por Carlos Dorado - Runrun

Derechos humanos, ¿para humanos derechos?, por Carlos Dorado

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La violencia en cualquiera de sus formas y expresiones es siempre un fracaso de las sociedades que la viven, y debe ser castigada; ya que la finalidad del castigo es asegurar que el culpable no reincida en el delito y lograr que los demás se abstengan de cometerlo.

Aquellas sociedades que no logran lo anterior, están enviándoles un mensaje de impunidad, pues premian al violento y castigan al pacífico impulsándolo a la violencia. ¡Misericordia sin justicia es una gran crueldad hacia la víctima!

Una mezcla de la situación económica, influencia mediática para que la violencia sea un tema común en casi todas las películas, y la falta de principios y valores en el hogar; son algunos de los ingredientes que llevan a las sociedades, sobre todo en  Latinoamérica, a tener la violencia a flor de piel, y donde la vida de un ser humano termina valiendo muy poco o casi nada.

Una persona que le quita la vida a otra, por un par de zapatos, por robarle un celular, e inclusive en algunas ocasiones sin motivo alguno, simplemente por el  placer de hacerlo; ¿Merece vivir?, ¿Qué castigo debería aplicársele? Muchos son los activistas, pacifistas y organizaciones que apelan a los derechos humanos del que mata. ¿Pero quién le devuelve los derechos humanos que tenía la víctima? ¿Quién le devuelve su vida? ¿Quién paga los sufrimientos de sus seres queridos?

Todo esto viene a colación, porque me impresionó y me hizo reflexionar una carta que le escribió una madre a otra madre, y que dice lo siguiente:

“Vi tu enérgica protesta delante de las cámaras de televisión. Vi cómo te quejabas de la distancia que te separa de tu hijo, y de lo que supone económicamente para ti el ir a visitarlo como consecuencia de esa distancia.

Vi también, toda la cobertura mediática que le dedicaron a dicha manifestación, así como el soporte que tuviste de otras madres en la misma situación, y de otras personas que querían ser solidarias contigo; y que contabas con el apoyo de otras organizaciones y sindicatos populistas, comisiones pastorales, entidades en defensa de los derechos humanos, ONGs, etc.

Yo también soy madre y puedo comprender tu  protesta e indignación.

Enorme es la distancia que me separa de mi hijo. Trabajando mucho y ganando poco, e idénticas son las dificultades y los gastos que tengo para visitarlo. Con mucho sacrificio sólo puedo visitarlo los domingos. Porque trabajo inclusive los sábados, para el sustento y educación del resto de la familia.

Felizmente también cuento con el apoyo de amigos, familia, etc. Si aún no me reconoces, yo soy la madre de aquel joven que se dirigía al trabajo, con cuyo salario me ayudaba a criar y mandar a la escuela a sus hermanos menores, y que fue asaltado y herido mortalmente a balazos disparados por tu hijo.

En la próxima visita cuando tú estés abrazando y besando a tu hijo en la cárcel, yo estaré visitando al mío y depositándole unas flores en su tumba, en el cementerio.

¡Ah! Se me olvidaba: ganando poco y sosteniendo la economía de mi casa, a través de los impuestos que pago, tu hijo seguirá durmiendo en un colchón y comiendo todos los días. O dicho de otro modo: seguiré manteniendo a tu hijo malhechor.

Ni a mi casa, ni al cementerio, vino nunca ningún representante de esas entidades (ONGs) que son tan solidarias contigo para darme apoyo, o dedicarme unas palabras de aliento. Ni siquiera para decirme cuáles son mis derechos”

¡Los derechos humanos deberían ser para los humanos derechos!

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