¿Hijos sin padres o padres sin hijos? por Carlos Dorado

¿Hijos sin padres o padres sin hijos? por Carlos Dorado

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El otro día, tenía una cita con el Comisionado Bancario de Puerto Rico, y  mientras me anunciaban, vi un afiche que me llamó la atención por su título: “Peligros a la virtud humana”. Me puse a leerlos, y quedaron grabados en mi memoria:

1.- Riqueza sin trabajo.

2.- Placer sin conciencia.

3.- Conocimiento sin carácter

4.- Negocios sin ética

5.- Ciencia sin humanidad.

6.- Religión sin sacrificios

7.- Política sin principios

8.- Casas sin hogar.

9.- Hijos sin padres

Me quedé pensando en toda la sabiduría  que contenía. Me imagino que serán muchos los que lo leen, ya que el Comisionado después de un saludo y un estrechón de manos, me preguntó: ¿Cuál le parece a Usted que es el mayor de los peligros? Claramente se refería al contenido del afiche.

La respuesta es difícil, porque todos atentan contra la virtud humana, pero si tuviese que nombrar uno, quizás me inclinaría por el de: ¡Hijos sin padres!, condicionado por la frase que tantas veces le escuché a mi padre, quien  siempre solía decirme: “Para que los hijos tengan los pies sobre la tierra, hay que ponerles responsabilidades sobres sus hombros”

Pero los que tenemos que poner esas responsabilidades sobre los hombros de nuestros hijos, somos los padres a través del ejemplo y de nuestra obligación como padres. No es que tenemos que dar ejemplo; ¡Estamos en la obligación de dar ejemplo!, ya que no es sólo la principal manera de influir sobre nuestros hijos; ¡Es la única manera! Ser un padre no significa tener un hijo, al igual que tener un piano, no significa que uno sea pianista. ¡Ser Padre, es adquirir una obligación, y tener una responsabilidad!

Sin embargo; en muchas oportunidades, confundimos nuestro rol, y les damos cosas, pero no les damos principios; y en nuestro afán de darles aquello que nosotros no tuvimos, terminamos sacándole la oportunidad de tener todo lo que podrían tener; sin darnos cuenta de que cuando hacemos demasiado por ellos, terminan ellos no haciendo nada por ellos mismos. Olvidamos que mucho de lo que nosotros tenemos, quizás haya sido producto de carencias, no de excesos.

Es difícil; por no decir imposible, sembrar tomates y recoger zanahorias. Es imposible recoger respeto, amor, confianza y responsabilidad, sin haber sembrado el ejemplo y esa responsabilidad. ¡Recogemos lo que sembramos!, y  no son las malas hierbas lo que arruina a las buenas semillas, sino la negligencia del campesino por no saber arrancar esas hierbas.

Muchos de los problemas que vive actualmente nuestra sociedad tienen su origen en el hogar, al abandonar nuestro rol  y nuestras obligaciones como padres, como orientadores, formadores y educadores de nuestros hijos; preocupándonos si acaso (y no en todos los casos), por ser unos proveedores de ingresos. Todo esto bajo un ambiente social que conspira contra los valores y principios, que acaba premiando al más vivo, al más atrevido, al más sinvergüenza.

Una publicidad constante y despiadada, basada en los antivalores, y donde terminan sabiendo el precio de todo y el valor de nada, confundiendo las necesidades con los deseos; y perdiendo así los padres todo tipo de control y guía sobre sus hijos. También se pierde la autoridad para establecer normas, y para hacerlas cumplir.

Las consecuencias terminan pagándolas, esos  que nos jactamos al decir que son el gran amor de nuestras vidas: ¡Nuestros Hijos!

¿Hijos sin padres, o padres sin hijos? ¡Obviamente, Hijos sin Padres!

 

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