Se reserva el derecho de admisión, por Brian Fincheltub - Runrun
Se reserva el derecho de admisión, por Brian Fincheltub
Los que gritaron una vez igualdad le pusieron al mapa nacional un cartel que dice “se reserva el derecho de admisión”.

 

@BrianFincheltub

La desigualdad siempre ha representado un gran reto para los gobiernos del mundo y fundamentalmente los gobiernos de la región. Las sociedades con mayor desigualdad son generalmente suelo fértil para el auge de proyectos populistas y la caída en desgracia de los sistemas tradicionales, incapaces de responder a las crecientes demandas de la población. Es así como las grandes mayorías, históricamente excluidas, apuestan a quien se presenta como semejantes y les prometen “igualdad”.

Lamentablemente para quienes depositan su confianza en este tipo de liderazgos, la igualdad no existe y el populismo igualitario lejos de corregir las enormes diferencias sociales, las perpetúa haciéndolas incluso más grotescas.

El mejor ejemplo de ello es Venezuela. El chavismo llegó al poder prometiendo acabar con la desigualdad de la llamada “cuarta república”; y veintitrés años más tarde, nuestro país marcha a paso acelerado hacia un sistema de castas, donde tu lugar en la pirámide lo determina el tipo de moneda al que tienes acceso. En la base de pirámide se encuentran todos aquellos venezolanos que siguen ganando en bolívares en una economía completamente dolarizada; en este grupo se encuentran, aunque usted no lo crea, los maestros, los profesores universitarios, los médicos, enfermeras, empleados públicos y quienes le dedicaron su vida productiva al país y hoy el país les paga con el equivalente a dos dólares mensuales: hablamos de los pensionados y jubilados.

Aquel “dólar criminal” que una vez prometieron volver “polvo cósmico”, terminó suplantando, de facto, nuestra moneda nacional y todavía tienen el descaro de llamarse “bolivarianistas”. No me imagino a la rancia izquierda venezolana si, en tiempos de AD o COPEI, algún presidente democrático se hubiese atrevido a algo parecido. Hoy, con su lengua bien guardada en el bolsillo, aplauden que todo se facture en verdes, al punto de que ya hay lugares donde rechazan recibir bolívares. Y no es para menos. El chavismo hizo que un puñado de papel higiénico tuviese más valor que el billete de mayor denominación nacional.

Si en tiempos del general Gómez se decía que Venezuela era gobernada como una finca, la Venezuela bajo el dominio de esta variante del chavismo llamada madurismo se asemeja cada vez más a un bodegón. Uno de esos que jamás estará a tu alcance si eres de los venezolanos que sigue sobreviviendo en bolívares.

Los que gritaron una vez igualdad le pusieron al mapa nacional un cartel que dice “se reserva el derecho de admisión”. En la nueva normalidad, mientras tengas dólares eres bienvenido; de lo contrario la realidad te expulsa, te obliga a buscar suerte lejos para ayudar a sobrevivir a los tuyos que aún viven en Venezuela. Pero también con la esperanza de volver y disfrutar de ese país que extrañas y que sabes es mucho más que el restaurante del hotel Humboldt o la posada de moda del parque nacional Canaima, sino esa tierra de oportunidades que el chavismo destruyó y que solo será posible reconstruir en democracia.

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