¡Chito! No haga preguntas impertinentes al gobierno interino, por Isaac Nahón Serfaty - Runrun
¡Chito! No haga preguntas impertinentes al gobierno interino, por Isaac Nahón Serfaty

@narrativaoral

Hacer preguntas incómodas es un derecho que nadie puede limitar, ni el más poderoso o estruendoso de los funcionarios públicos. Al menos así debería ser en una democracia. Hugo Chávez las descalificaba con sus típicos ataques ad hominem, humillando a los periodistas que se atrevían a retar su discurso sobre el país de fantasía que presentaba en sus largas alocuciones. Donald Trump hace lo mismo con los periodistas que hacen su trabajo de preguntarle lo que no le gusta al todavía presidente de Estados Unidos. Según Trump, estos periodistas serían “serviles” instrumentos de la conspiración mundial que lo quiere sacar del poder. Pareciera que en Venezuela la herencia del chavismo ha contaminado también a las llamadas fuerzas democráticas. Hay preguntas que es mejor no hacer, pues resultan “impertinentes” (o en el lenguaje técnico jurídico “capciosas”).

Viene a cuento esta reflexión a propósito de la próxima consulta popular que la oposición venezolana y organizaciones de la sociedad civil celebrarán en el país y en el mundo (donde viven millones de venezolanos expatriados) desde el 5 al 12 de diciembre. Esta consulta busca darle un nuevo aire al gobierno interino presidido por Juan Guaidó, relegitimar la Asamblea Nacional electa en 2015, y pretende volver a movilizar a los venezolanos alrededor de la causa por la libertad y la restauración de la democracia. Aunque las preguntas de la consulta no se conocen todavía (no, al menos, cuando escribo esta nota), está claro que se quiere renovar el mandato de la coalición que tiene como cabeza visible a Guaidó para que continúe con sus esfuerzos locales e internacionales con el fin de desalojar a la dictadura de Nicolás Maduro.

No pregunte eso que me duelen los oídos

La pregunta impertinente (o “capciosa” según me dijo un destacado miembro del equipo del gobierno interino) que uno puede hacerse es la siguiente: ¿cómo la consulta popular ayudará el gobierno interino a ser más eficaz en su acción política interna y externa?

La interrogante no tiene una respuesta fácil, porque la situación de Venezuela es tremendamente compleja, y porque la figura del gobierno interino ha ido perdiendo fuerza.

Aunque las encuestas en Venezuela no son confiables (se hacen en un ambiente de terrorismo de Estado), la popularidad de Guaidó varía entre el 17% y el 40% dependiendo de la empresa encuestadora y del momento en el que se haya hecho el sondeo de opinión. El brillo inicial de su gestión se ha ido opacando. La crisis económica y social, más la pandemia de covid-19, se han ido imponiendo en la cotidianidad de la mayoría de los venezolanos. La preocupación por sobrevivir es la prioridad.

Sin embargo, los venezolanos siguen protestando. Lo han hecho los trabajadores de la salud, los jubilados, los maestros, los trabajadores petroleros y los de las empresas básicas en Guayana. Piden mejoras salariares en una economía literalmente dolarizada donde los ingresos son de hambre (el salario mínimo es de 0,75 dólares y unos 1,52 dólares si se considera el beneficio de los llamados “cesta tickets”).

Pero no hay articulación de las protestas en un movimiento colectivo. Se concentran en pedirle a un régimen indolente como el de Maduro que mejore su situación, cuando no ha sido capaz de controlar la hiperinflación, ha destruido la industria petrolera y la infraestructura del país. Las protestas no se enfocan en la única vía para abrir el camino hacia una solución de la tragedia venezolana: el cambio de gobierno.

¿Cómo entonces la consulta popular de este diciembre ayudará al gobierno interino a realizar una gestión más eficaz para lograr el cambio de régimen en Venezuela?

Esta pregunta “impertinente” hay que hacerla una y mil veces, aunque moleste a los sensibles oídos de algunos funcionarios nombrados por Guaidó. Primero, porque es un derecho que cualquier venezolano, dentro o fuera del país, tiene. Hacer preguntas a funcionarios públicos no es “capcioso”, y menos si los sensibles funcionarios dicen que quieren restaurar la democracia. Segundo, porque la única manera de lograr el tan ansiado cambio, que la gran mayoría de los venezolanos queremos, pasa por unir y no fragmentar a quienes desean que Maduro y su mafia salgan del poder. Cuando se descalifica a quien hace una pregunta lo único que se logra es debilitar la necesaria cohesión entre quienes comparten un objetivo común. Suena al “chito” del dictador Juan Vicente Gómez, que tan bien personificara el actor Rafael Briceño.

No conozco las respuestas a esta pregunta. Tampoco las obtuve cuando hice la pregunta. Se argumentó que era la típica posición que buscaba sembrar el desánimo en la gente. No era mi intención. El desánimo ya está sembrado después de años de represión y violencia del régimen, e incoherencia de nuestra clase política de oposición. Participaré en la consulta popular. Siempre he colaborado con todas las iniciativas que han puesto en marcha las fuerzas democráticas desde que vivo fuera del país. He denunciado una y mil veces al régimen criminal de Chávez y de Maduro en los medios de comunicación nacionales e internacionales.

No serán los oídos sensibles de un funcionario del gobierno interino los que me hagan cambiar de opinión sobre cuál es mi deber con Venezuela.

Pero, caramba, hasta cuándo tendremos que aguantar los venezolanos que quienes han decidido asumir posiciones de gobierno nos descalifiquen por querer ejercer nuestro fundamental derecho de pedirles cuentas. Desterremos la semilla del autoritarismo y del personalismo. Eso nos ayudará a ser mejores venezolanos.

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