Ahora hay una gran polémica por el Premio Internacional de Novela Rómulo Gallegos 2020, que el régimen de Nicolás Maduro desea perpetuar poniendo como cebo una jugosa fortuna en dólares. ¿Los inventores de la neolengua para el escarnecimiento, los desarrolladores del eufemismo para ocultar sus crÃmenes, dan el premio que se han ganado antes Vargas Llosa y GarcÃa Márquez, en tiempos de democracia? Oh, qué maravilla.
Una vez asistà a una ceremonia de premiación del «Rómulo Gallegos» en la casa que lo honra en Altamira. HabÃa, en el hall del primer piso, un bello mosaico, una serie de figuras en la estética de los petroglifos de Guri, obra del querido VÃctor Hugo Irazábal. Uno pasaba jornadas fabulosas en ese edificio, con cualquier excusa: una exposición, una obra de teatro, la presentación de un libro, una pelÃcula de Buñuel o una conferencia del peruano Bryce Echenique, borracho y lúcido como él solo podÃa estarlo. En el auditorio de aquel primer piso se bautizó el partido Factor Democrático, fracasado proyecto de 1997. Apoyaban a Irene Sáez y solo Dios podÃa saberlo en ese momento, porque ni sus mismos promotores, intelectuales venidos de otro fracaso, estaban en capacidad de suponer cuánta razón llevaban, cuán vital era que aquella Barbie sifrina le ganara la partida al golpista de Sabaneta. Pero Factor Democrático, caramba, como parte del paÃs, llevaba marcado el suicidio colectivo en su frente.
Lo que le haya sucedido al edificio de Altamira, igual ha debido sucederle al premio que lleva el nombre de Gallegos. El sÃmil perfecto.
Todo lo que toca el chavismo se llena de ratas y de cucarachas, quizás es que no conocen el uso del DDT. Si lo que tocan los chavistas huele a civilización, a cultura, a escritura, peor todavÃa. La cultura va con el enaltecimiento humano, remite a la reflexión, sube una empinada cuesta o baja a las oquedades buscando el alma o los dioses imaginados.
El chavismo, mixtura de arrogancia brutal, kitsch del más burdo, decrepitud cerebral e histérico dogmatismo, es también una cultura… una cultura al revés, necrosada, panza arriba. Los artistas que se pliegan al chavismo, si abrazaron alguna forma de arte alguna vez, se quedan paralÃticos, les da una apoplejÃa: ahà tienen al poeta Luis Alberto Crespo, al novelista Luis Britto GarcÃa, al cuentista Earle Herrera. Despojos de sà mismos. DeberÃan ser los jueces del Premio, es lo que les toca.
El chavismo sabe crear destrucción, en eso sà hay destreza (al menos). Si sigue por el camino que va, el madurismo llegará a parecerse a una obra de arte, o al menos a una escena de una gran obra de arte, lo cual no deja de comportar cierto mérito: la escena de los mazazos entre orangutanes que describe Stanley Kubrick en la pelÃcula 2001, una odisea del espacio.
Quizás puedan darlo, pero entonces deberán cambiarle el nombre. Pónganle «Hugo Chávez FrÃas». Al fin y al cabo, no se puede negar que el golpista era tremendo fabulador, un echador de historias nato.
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Supe que el chavismo se habÃa adueñado con todas las de la ley de la casa de don Rómulo Gallegos el dÃa en que estaba viendo una pelÃcula y me cayó lluvia encima. No les importaba que el techo goteara. Lo confirmé cuando el aire acondicionado dejó de funcionar. Eso sÃ, te lo advertÃan con un papel colgado en la taquilla, incluyendo errores de acentuación y puntuación.
El sÃmil entre edificio y galardón literario es, de nuevo, perfecto.
El diario Granma, que al parecer todavÃa sigue saliendo en papel, perpetra una nota firmada por el cagatintas Pedro de la Hoz. Conclusión de la nota: hay una maniobra «orquestada desde medios de comunicación de orientación pronorteamericana» que se cierne, aviesa, malévola, contra el «Rómulo Gallegos» 2020.
Dice el señor De la Hoz que un grupo de escritores, algunos con fama y otros simplemente ávidos de protagonismo, han puesto el grito en el cielo y tratan de desacreditar la convocatoria porque, malditos ellos, les duele que hayan respondido doscientos autores de 17 paÃses de Iberoamérica. Los que están en contra de la premiación, alega, son enemigos de la democracia y se han dedicado a «demonizar éticamente el certamen», enviando misivas a novelistas concursantes y a las casas editoriales para que retiren las obras.
No solo misivas, señor De la Hoz. Incluso artÃculos en portales de información y opinión como este también son utilizados, fÃjese usted, para dirigirse a quienes aún no se han retirado. Esos articulistas les piden encarecidamente a los autores, sobre todo a ellos, que echen marcha atrás. Que todavÃa están a tiempo. Que lo piensen. Que busquen la pelÃcula Mephisto. No podrán decir después que nadie les advirtió. Los artistas que han cohonestado regÃmenes criminales luego han pagado su falta de responsabilidad o de ética. Su nombre y el de sus hijos han quedado manchados por la vergüenza. RetÃrense. Están a tiempo. No les sigan el juego a las editoriales. El reino de las editoriales es sucio y tiene como héroes a dos bellacos: la autoayuda y Paulo Coelho, imagÃnense ustedes.
Por cierto, señor De la Hoz, ¿sabe que el mismo Fidel Castro, el mismÃsimo Caballo de sus sueños húmedos, decÃa que Granma es una porquerÃa que nadie en su sano juicio puede leer? Lo dejo, voy a seguir leyendo a Eduardo Sánchez Rugeles, que me tiene atrapado con El sÃndrome de Lisboa. Supongo que a él no lo han nominado al Rómulo Gallegos de este año. Escribe de maravilla y tiene más futuro que usted, que no puede imaginar una muletilla porque se le echa encima con avidez. DeberÃa colaborar con las letras de Ricardo Arjona.
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