Sebastián de la Nuez, autor en Runrun

Sebastián de la Nuez

[ENTREVISTA] Ewald Scharfenberg: Documentar la cleptocracia chavista
El portal de periodismo de investigación ArmandoInfo acaba de recibir la mención especial del premio Moors Cabot, de la Universidad de Harvard. Su fundador, Ewald Scharfenberg, está contento por el premio y porque sus seguimientos informativos están contribuyendo a poner en evidencia la criminal corrupción del gobierno de Nicolás Maduro en el mundo

“La cleptocracia nunca se da en términos pacíficos, siempre tiene que matar y coaccionar”, afirma Ewald Scharfenberg, cabeza de ArmandoInfo, cuyos informes o reportajes, cargados de datos duros sobre las andanzas de Maduro, Cabello y compañía, resultan escandalosamente verídicos y, sin embargo, parecen caer en una blanda piscina de almas aletargadas.

ArmandoInfo, junto a El Pitazo, Runrunes, Efecto Cocuyo y otros medios digitales, constituyen el frente beligerante del periodismo que ha debido darse en Venezuela desde hace mucho tiempo y es ahora, en medio de la inabarcable desgracia del país, cuando lo viene a tener.

Está llamando la atención del mundo, al menos del mundo occidental. Notas de ArmandoInfo han servido, recientemente, para que Washington imponga nuevas sanciones o la Fiscalía colombiana impute al comerciante Alex Saab.

Exiliado en Bogotá tras una amenaza de encarcelamiento por las denuncias en torno a los Clap, Scharfenberg, de padre alemán y madre venezolana, define a su portal como site dedicado a documentar la creación y desarrollo de la corrupción chavista. Junto a tres colegas en el tren fundador y directivo —Joseph Poliszuk, Alfredo Meza y Roberto Deniz— le sigue el rastro a un Estado criminal. Hacen un periodismo de investigación factual, sin adjetivos, junto a 18 profesionales contando periodistas, diseñadores, administrativos, etc., en la sede central de Caracas. Los cuatro líderes no pueden estar allí pues las garras de la injusticia andan pendientes. Ni piden cuartel ni lo dan: Scharfenberg anuncia nuevos informes producto de filtraciones que se están procesando, y probablemente dos libros sobre sendos casos estrella: Odebrecht y Clap.

—Les ha ido bien, se mantienen operativamente. Pero desde afuera uno tiene la percepción de que es cuesta arriba vivir de eso, del periodismo de investigación.

—Es parte de la debilidad de estos nuevos medios. Hasta nuevo aviso, al menos, esto va a ser una lucha por levantar fondos. Como bien sabes, con la quiebra del modelo de negocios tradicional del periodismo se perdieron las dos principales fuentes de sustentación: la publicidad y la compra del ejemplar en circulación. Eso nos puso a inventar. En el caso nuestro, sobre todo hablo por Joseph y por mí, creo que sesenta por ciento de nuestro tiempo se va en búsqueda de financiamiento: contactar posibles donantes, a las ONG internacionales que soportan el periodismo independiente. Es la realidad que impone el nuevo esquema de funcionamiento de las empresas periodísticas. Al principio pensábamos vivir de las suscripciones, pero con la involución de la situación venezolana lo que haríamos, de seguir en eso, sería recolectar bolívares inútiles, que no financian nada. Eso nos ha obligado a cambiar.

Pero no es lo único que hemos tenido que cambiar de nuestro plan original. Al principio queríamos hacer una especie de cooperativa de periodistas, una empresa en la cual los profesionales se podrían ir incorporando como si se tratase de un bufete. Pusimos un sistema de pago para tener acceso a ciertos contenidos. Llegamos a unos 600 suscriptores y se registraron unos veinte mil usuarios durante una primera etapa. Pensábamos perseverar en eso hasta que el año pasado comenzamos a sufrir un bloqueo constante por parte del gobierno, básicamente una avalancha de peticiones buscando colapsar nuestro servidor. Luego, directamente una agresión, al parecer, desde la propia CANTV que nos hace perder nueve de cada diez personas que hacen click desde dentro de Venezuela.

CÓMO DEFENDERSE

Ha sido una lucha constante ante el acoso gubernamental. No es el único medio que ha sufrido esto, desde luego. Scharfenberg asegura que se trata de bloqueos constantes, al estilo cubano o chino. Decidieron que, ya que apenas uno de cada diez usuarios tiene acceso, abrirlo completo a los contenidos, y ahora la página es completamente libre. Por eso empezaron a apostar más por las donaciones voluntarias, con varias opciones. Y están los otros financistas, las ONG. ArmandoInfo publica cada cuatro meses un informe de transparencia que recoge logros de audiencia y da cuenta de los financistas.

—¿Cuál es el futuro, entonces, en esta perspectiva?

—De ahora en adelante, todos estos medios, al menos los pequeños llevados por periodistas, van a tener que estar todo el tiempo viendo cómo financiarse, haciendo un mix cada vez más renovado de las fuentes de financiamiento. Es parte de lo que nos toca en esta época.

—Esta trágica situación venezolana ha hecho que el periodismo tenga un repunte, a pesar de sus carencias tradicionales en el país, ¿no?

—Sí, Venezuela es ahora, digamos, un caso “sexy” de la Prensa internacional pues finalmente, después de casi veinte años, ha concitado la atención de la Academia, de los medios y también de los donantes internacionales, que notan los esfuerzos que están haciendo estos pequeños medios electrónicos. Aunque suene un poco cínico, es verdad, la crisis venezolana le ha dado cierta vitalidad al periodismo. Y, aunque te suene un poco darwinista, ha hecho que la nueva generación haya logrado templanza al calor de esas dificultades. Por supuesto no es algo general, sigue habiendo las mismas falencias y dificultades y taras que como sabes siempre ha tenido el periodismo en Venezuela. Pero sí te podría identificar a una treintena de periodistas que hoy en día están haciendo periodismo con estándares internacionales.

—¿Cómo funciona esta red de bases de datos y acceso a leaks de los que han podido extraer información que hasta ahora permanecía oculta?

—Somos el primer medio con una unidad interna de bases de datos y a partir de allí hemos hecho varios trabajos. Uno de ellos ganó un premio, hace dos años, de periodismo de investigación: cruzamos la data de diez años de la Gaceta Oficial venezolana con el registro nacional de contratistas que antes era público, luego el gobierno lo tumbó pero nosotros tuvimos la previsión de bajarlo. Lo cruzamos además con un libro que tiene todas las graduaciones de las diferentes cohortes militares. Ese trabajo nos permitió encontrar que más de 200 militares en activo eran contratistas del Estado. Sabes que por ley los militares tienen prohibido contratar con el Estado.

 

En Venezuela los registros no están informatizados, se ha tumbado información que antes estaba en línea pero, a la vez, este gobierno es amante de las bases de datos como medio de control social: saber qué personas están en cuál misión, quién ha votado por el PSUV alguna vez. Eso es una buena fuente y supongo yo que por la misma crisis del gobierno de Maduro algunas fuentes, que hasta ahora estaban cerradas, han empezado a soltar información. Eso nos ha puesto contentos porque hemos sentido que estamos preparados para recibirla y procesarla. Pronto tendremos temas como producto de algunas filtraciones que hemos recibido.

—¿Cómo ves, desde esta atalaya privilegiada, el caso Venezuela como centro de una red internacional de corrupción?

—Diría que a final de cuentas nuestra misión es documentar la evolución de un Estado que es una cleptocracia. Forma parte de los gobiernos que, más que ideológicos, son concertaciones de grupos del crimen organizado para usar los recursos del Estado en su favor. En ese grupo incluiría a Rusia, por ejemplo, muchos estados africanos e islas del Caribe dedicadas al off shore. Hemos ido entendiendo que este es nuestro trabajo, centrarnos en la cleptocracia venezolana. El dinero venezolano, que ahora no es tanto pero antes sí era mucho, contribuyó a corromper administraciones públicas e instituciones privadas en el exterior. Dicho de otra manera, queremos documentar cómo se han desarrollado las grandes fortunas del chavismo. Lo documentamos para que algún día la justicia pueda tomar acciones a partir de esos datos o bien quede como memoria histórica. Y, además, documentar las consecuencias de eso en términos de derechos Humanos, porque la cleptocracia nunca se da en términos pacíficos, siempre tiene que matar y coaccionar.

—¿Qué piensas del comportamiento de España respecto al flujo de capitales provenientes de la corrupción entre las dos orillas?

—En general es vergonzoso y se puede corroborar tanto en las administraciones del PP como del PSOE. España en primer lugar, y luego República Dominicana, son los dos grandes aliviaderos de las fortunas hechas de manera corrupta durante la revolución bolivariana. Y a veces es tan obvio que uno no puede sino preguntarse cómo es que las autoridades españolas no hacen nada frente a eso. Probablemente haya un tema allí de procesos judiciales que yo desconozco. Pero la Prensa española ha denunciado estos casos de propiedades mal habidas, y sin embargo las autoridades permanecen bastante inactivas.

 

-ArmandoInfo saca casos de miles de millones. ¿La gente ha perdido su capacidad de escandalizarse quizás? ¿Incluso los organismos internacionales la han perdido?

—En efecto, al menos en Venezuela estamos hablando de miles y miles de millones de dólares. Y son cosas que ocurren mientras la sociedad se iba hundiendo en esta espantosa tragedia. Sí, a veces uno se siente frustrado: uno dice, oye, mira, esta historia es sensacional y debería tener un efecto, y no lo tiene. Por supuesto, esto tiene que ver con la situación venezolana, como el control de los medios masivos por parte del gobierno y ese cierto carrusel de fake news que se producen a diario: si te escandalizaras por todo lo que aparece en Twitter todos los días, llegaría un momento en que te saturarías. Una vez hablaba con Ricardo Uceda, del Ipys [Instituto Prensa y Sociedad, una institución que nació en Perú durante el fujimorato]: él personalmente cubrió varias cosas terribles, de matanzas y actos de corrupción. Sentían los periodistas peruanos cierta frustración porque publicaban esas cosas y pensaban, bueno, esto sería suficiente para tumbar cualquier gobierno. Pero eso no sucedió hasta que aparecieron los famosos vladivideos. Pero entonces, comentaba Uceda, hay que pensar que quizás no hay una sola “bala de plata” que hace que esto suceda, sino que lo que uno puede esperar es el efecto acumulativo.

—¿Y ha habido feedback por parte de organismos financieros internacionales frente a lo publicado por ustedes?

—Eso ha sido un consuelo frente al silencio del público local. De hecho, la semana que nos anunciaron que nos habían dado el premio Moors Cabot fue la misma semana en que Estados Unidos impuso sanciones financieras a la pareja Saab-Pulido [protagonistas del comercio Clap] y la misma en que un tribunal de Florida les abrió un juicio por lavado de dinero en Miami. Esas dos cosas las sentimos casi como un trofeo, nos alegramos tanto como con el premio. Y en Colombia se abrió una investigación contra esa pareja. La Fiscalía imputó a Saab, incluso. En esos casos sabemos que nuestros datos les han sido útiles a las autoridades.

@sdelanuez

Un proyecto que pinta otro país, por Sebastián de la Nuez
Myriam Tibisay Wendehake asumió la presidencia del Instituto de Previsión Social del Periodista en 2015. Con ella, y al cumplir este organismo cincuenta años de vida, se produjo una revolución positiva (ya se sabe que hay revoluciones negativas). Hoy, en Madrid, con la muy legítima excusa de recabar fondos para los agremiados, se ha desplegado una exposición a través de la cual se conoce un poco más, un poco mejor, el empuje de las artes plásticas de un país machacado pero no vencido

 

Ya se sabe que el oficio del periodista nunca ha estado muy bien remunerado que se diga, aun con excepciones. En tiempos de madurismo, los peores de la Historia, surgen sin embargo proyectos y acciones audaces, solidarios, esperanzadores. Lo que están haciendo desde el Instituto de Previsión Social del Periodista las líderes Myriam Tibisay Wendehake y Arlette Danglades debe ser reconocido por, al menos, 25 mil almas, aquellas registradas en el Colegio Nacional de Periodistas. En 2015 el  IPSP cumplió cincuenta años y Wendehake, quien acababa de estrenarse como presidenta y venía de promover artistas y exposiciones, propuso una subasta de arte venezolano para recabar fondos. 

—¿Por qué?

—Porque asumí el 17 de julio de ese año y estábamos en la raya. Ya yo venía en la junta directiva. Aunque quienes me precedieron, Fernando Delgado y Rossana Ordóñez, trabajaron en ese sentido, estábamos en la raya. 

¿Y por qué estaba esta cincuentenaria entidad en la raya? Porque el país es así y la inercia también. No había eventos especiales sino que se venía administrando, como siempre, el edificio del CNP en la avenida Andrés Bello (el mismo que una vez, en tiempos idílicos, albergó al Cine Prensa y al que le quedaban enfrente, olorosos y en plena esquina, los pollos en brasas de los Hermanos Riviera). Pues eso, que se mantenía con esa tarea administrativa en un país depauperado por causas que no viene a cuento enumerar aquí, y no existían los aportes de antes, los de la cotización de cada afiliado pues desde 1997 los estatutos cambiaron con vistas a la creación de unos fondos regionales que en teoría proporcionarían ingresos… Bueno, estaba en boga la descentralización pero eso jamás funcionó.

El cambio era necesario. En la directiva instalada en 2015 hubo consenso en torno a la necesidad de mirar más allá de lo visible. Ha habido consecuencias: se han creado delegados en 26 seccionales del instituto regadas por la geografía nacional y esa es la figura que existe ahora, bajo una nueva visión administrativa. Pero lo crucial ha sido una idea-potencia, movilizadora, surgida al calor de la celebración de los  50 años: exposición y subasta de arte venezolano, con los consagrados y los nuevos. Con todos los que quieran sumarse y tengan genio creador. 

Con el aporte de Magdalena Arias, de la galería Graphic Art, salió adelante la primera convocatoria para 2016. Dice Myriam Tibisay:

—Hubo una movida bien interesante y logramos reunir 101 artistas.

—¿Qué los inspiraba a ustedes, desde la junta?

—Buscar los fondos necesarios y también la memoria de aquellas cenas de la Prensa, algo que creó Chepino Gerbasi. Era una ocasión especial, anual. Se invitaba a empresarios, personalidades de cada gobierno,  incluso al presidente de la República. Allí se recolectaban fondos para trabajar a favor de los periodistas. Esa cena resulta inviable en estos tiempos, de allí que surgiera esta posibilidad de la subasta que se ha convertido en una cita anual, cada vez en una ciudad distinta.

—¿Qué gana el artista convocado?

—Es una relación ganar-ganar. Puede hacer una donación total de la obra o puede establecerse una parte de la venta para él. Muchos artistas asumen esto. Hacemos una buena campaña de divulgación y el artista visibiliza su obra. Para nosotros es estimulante.

—¿En qué sitio de Caracas hicieron esa primera exposición?

—En la Asociación Cultural Humboldt, entre mayo y junio de 2016. La participación de los patrocinantes ha sido fundamental. Y sí, se ha rentabilizado gracias al esfuerzo de todos. La suma de patrocinantes, artistas y nuestro esfuerzo organizativo dan eventos exitosos. Y en la medida en que hemos ido desarrollando el proyecto vamos puliendo algunas cosas. Es mejor poner el precio para la exposición y no depender de una subasta, por ejemplo. Cada quien, en la exposición, ya sabe cuál es el precio de cada obra, siempre sugerido por el artista.

 

OTRO AMANECER

Periodistas y arte: un punto de interés. Lo que ha hecho el IPSP puede servir de ejemplo para otras instituciones gremiales en Venezuela. Es una audacia en buenas manos. Hasta los folletos impresos en cada cita anual son una bella muestra del bien hacer. Para 2017 se plantearon lo mismo pero afuera, y miraron hacia Miami, donde se han refugiado tantos profesionales. Lo primero que hicieron fue buscar una sede y encontraron una aliada, Milagros Maldonado, quien había sido una mecenas del arte en Venezuela a través de la Fundación La Previsora. Lleva actualmente una galería con un espacio bien grande. Con el aval de haber conseguido en Caracas convocatoria y venta, pudieron reunir a 72 artistas plásticos con cierta facilidad. Varios repitieron pues ya habían acompañado la idea en Caracas. En 2018 eligieron Nueva York y hacia allá dirigieron los esfuerzos. El proyecto tomaba vuelo y hallaron pronta receptividad tras hacer contacto con ArteLatAm, una fundación sin fines de lucro que gerencian unos ecuatorianos con la actitud proactiva de apoyar a los artistas latinoamericanos. En la galería Saphira & Ventura, bien céntrica, se reunió el aporte fundamental de los patrocinantes y el genio de 57 artistas con obras transportadas desde Caracas y Miami, más las que estaban en Nueva York. 

—¿Qué han hecho con los recursos obtenidos?

—Hemos instalado un consultorio odontológico.  Lo primero que hicimos fue comprar la silla odontológica con su compresor. Con eso aseguramos la inversión, y luego seguimos recabando insumos hasta que hoy en día ofrecemos asistencia odontológica, además, con una doctora maravillosa.

—¿Y qué más han hecho?

—Abrimos una pequeña sala de arte y formación. En eso nuestra querida Argélida Gómez, que en paz descanse, fue fundamental. Este año, al inaugurar el consultorio odontológico, le pusimos su nombre. Fue al cumplir el IPSP sus 53 años.

Un fotógrafo venezolano que vive en Viena, Enrique Moya, donó una colección de 24 fotografías de Chernobyl, realizadas en 2015, y con esta muestra o buena parte de ella se abrió la sala a la que se refiere Tibisay. “El extraño mundo de Chernobyl, 31 años después” se denominó esta exposición. Después, colectiva de fotógrafos criollos sobre la Venezuela de estos momentos: fotos dramáticas, cómo no, pero también fotos del optimismo y la esperanza. Siempre con la idea de vender y compartir ganancias con cada uno de los profesionales de la cámara. Y este año, en ocasión del Día del Periodista, otra muestra fotográfica llamada “Qué significa ser caraqueño”.

—Han tenido buen apoyo de patrocinantes, ¿cuál es su motivación?

—La propuesta nuestra es organización y divulgación. Hacemos que su marca sea vista, y esa es una de nuestras fortalezas. El hecho de sumar imagen corporativa y apoyo a un gremio asociado por naturaleza a la democracia y al valor de la libertad, es algo atractivo. Este año hemos conseguido el patrocinio de Air Europa.

En años anteriores han contado con transportistas especializadas, venezolanas, así como con bancos y vinateras que repiten este año. Cita, en especial, el apoyo de Pomar y de los chocolates Franceschi. Desde el principio, además, se produjo la bendición de Carlos Cruz-Diez, de su hijo y de su Fundación. La primera respuesta que recibieron, al hacer en Caracas la primera convocatoria (cuando aún vivía el maestro), fue precisamente del atelier Cruz-Diez. Era un día que estaban en plena junta directiva y les llegó la noticia. Se formó el gran alboroto.

Este año, es lógico, se le rinde homenaje a Cruz-Diez y hay varias obras de él en exhibición. Hay, en total, 42 artistas representados. Se pensó en Madrid sobre todo porque la asociación de periodistas venezolanos que ha nacido en la capital del Reino es una de las más fuertes en el mundo. Arlette Danglades, una consecuente activista a favor de los trabajadores de la Prensa, aprovechó un  viaje que hizo en marzo para establecer contacto con Venezuelan Press. Inmediatamente surgió el nombre de Linda D’Ambrosio, una eficaz emprendedora que organiza eventos y los promueve. Ella ha sido el enlace con Miguel Santana, otro venezolano solidario, propietario de Santana Art Gallery, sita en el afamado Paseo de La Castellana. Hacia allá, en estos días de octubre ya en pleno otoño, concurren venezolanos que desean manifestarse y disfrutar. Y españoles que se sorprenden. Hay arte cinético, desde luego, pero también muestras de otras tendencias. El legítimo embajador de Venezuela en España, Antonio Ecarri, pronunció unas palabras el día de la inauguración, el domingo pasado.

En alguna parte de la Santana Art Gallery, no cabe duda, vigilan los espíritus ingrávidos y gentiles de Chepino Gerbasi y Gustavo Aguirre. Inolvidable Aguirre, campechano y tertuliano, de guayabera blanca, conversando un día cualquiera sobre la baranda de la parte baja del edificio CNP.

Muchos periodistas obtuvieron en préstamo (a bajísimo o cero intereses) su inicial para una vivienda propia en el IPSP, o la plata necesaria para remodelar su cocina. La solidaridad gremial continúa hoy, el país encuentra sus propios cauces de superación y progreso con inventiva, con creatividad, tendiendo puentes.

 

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[ENTREVISTA] Feliciano Reyna, madera de héroe
El activista Feliciano Reyna estuvo el 5 de julio junto a Michelle Bachelet. Fue el vocero venezolano clave en el grupo que discutió el informe de la alta comisionada de Naciones Unidas para los Derechos Humanos (ACUNHR) sobre Venezuela, que confirma, con datos fehacientes, el carácter criminal del régimen de Nicolás Maduro. Reyna habló inmediatamente después de Bachelet, y lo que dijo lo amplió y explicó en esta entrevista realizada a su paso por Madrid, hace unos días

 

FELICIANO REYNA ES LO MÁS PARECIDO a un héroe de los Derechos Humanos y en esto de ser extraordinario solo le han hecho falta dos virtudes: sentido común y auténtico amor por el prójimo. Reyna es fundador de la organización Acción Solidaria, que forma parte de Sinergia, y de Civilis Derechos Humanos, creada en 2010. Son parte de Civicus, una alianza global para la participación ciudadana. Feliciano Reyna ha ido tomando un papel cada vez más protagónico en la tarea de difundir la tragedia que vive el país y defender a su ciudadanía.

«Creo que es fundamental ver la situación de Venezuela deslastrándose del prisma ideológico», dice cuando se le pregunta qué les diría a las ONG españolas que se ocupan de los Derechos Humanos (quizás lo diga porque tradicionalmente han apoyado al chavismo, influidas por el populismo izquierdoso de Podemos y partidos similares. Una vez aplaudieron las expropiaciones, sin mirar contexto y consecuencias.) 

Pero Reyna desea destacar algo, de arrancada: «Es fundamental que el gobierno de Maduro reconozca la emergencia humanitaria». ¿Por qué? Porque la ayuda externa seguirá limitada si no lo hace. Si no se abren de verdad las puertas. El aporte del exterior, hasta ahora, no responde a la gravedad de la situación, al horror que padece el pueblo pues la protección o asistencia brindada alcanza para dos millones de personas, y Reyna es bien tajante: «No basta. Quienes trabajamos en materia de emergencia, las ONG, pensamos que no hay menos de diez millones de personas  en necesidad. ¿Qué significa eso? Que se necesitan los recursos para salvarles la vida, para aliviarles los sufrimientos y para buscar recuperar sus condiciones de vida digna. Diez millones de personas, no dos millones».

 

La no indiferencia

En el diálogo donde fue coprotagonista al lado de Bachelet hubo 46 participaciones, tres de ellas grupales: una de la Unión Europea, otra del Grupo de Lima —presentada por Perú— y otra del Alba, presentada por Cuba. De las 46, hubo diez a favor de Venezuela (es decir, a favor del chavismo-madurismo). Sus voceros aludían a la muletilla de la no interferencia y hablaron de las sanciones como causa de los males aunque sin entrar en los temas planteados en el informe de la alta comisionada. Además de Alba-Cuba, estas intervenciones fueron las de Rusia, Bielorrusia, Corea del Norte, Myanmar, Laos, Argelia, Nicaragua, Siria y Bolivia. El vocero argentino comentó, por otra parte, que le parecía interesante que los países que apelan siempre a la no intervención son los más autoritarios, los más cerrados, y en algunos, dictatoriales. «Lo que debería aplicar es el principio de la no indiferencia», dijo. Le dio gusto, a Reyna, ver que los países europeos estaban muy alineados con la idea de que se establezca la oficina formal  de la alta comisionada en Venezuela

—¿Cuál es el balance que hace, del propio informe y de la reunión número 27, la del 5 de julio?

—Lo que refleja el informe es algo que venía expresando la Comisión Interamericana [de Derechos Humanos] desde 2013, al poner a Venezuela en el capítulo cuarto de su informe anual, referido a los países que tienen problemas graves de DDHH. Pero este tiene unos elementos que identifican la falta de justicia, denuncia un sistema que no responde a las necesidades del pueblo venezolano. Es un gobierno que no está cumpliendo con sus obligaciones de protección, y esto no solo ya referido a derechos civiles y políticos, sino en salud y alimentación. Ese es el valor tremendo del informe.

—¿Qué significará en la práctica esta confirmación, digamos universal, de los horrores del madurismo?

—Este informe puede servir para establecer no solo responsabilidades del Estado sino responsabilidades individuales, como las que puede resolver la Corte Penal Internacional. 

—¿Ha cambiado algo en la actitud de los voceros ante este tipo de foros internacionales? Allí, en el diálogo, estuvo William Castillo.

—He sido testigo de la comparecencia de voceros oficiales ante organismos de Naciones Unidas en la época de Chávez y ahora. El patrón de respuesta sigue siendo el mismo: en lugar de tomar en cuenta las recomendaciones, disponerse a implementar los mecanismos y mostrar interés en solventar la situación, lo primero que hacen es descalificar al mensajero sea la CIDH anteriormente o ahora la propia alta comisionada. En segundo lugar, descalificar las fuentes de información. Además, buscan siempre desviar la atención de los temas de fondo. No hacen caso, pues, de las recomendaciones, y en esas recomendaciones, que vienen haciéndose desde hace años, está buena parte de la ruta para que el pueblo pueda recuperar condiciones de vida dignas.

—¿Piensa que el gobierno madurista sería capaz, incluso si lo intentara ahora, de lograr algún avance?

—Hemos llegado a tal punto de destrucción que no podría: aun disponiéndose a resolver, ya no tiene cómo porque se destruyeron capacidades en salud, en producción de alimentos y de bienes. Se ha destruido parte de la industria petrolera y ya, antes de las sanciones contra PDVSA, venía decayendo la producción nacional. Hemos visto cómo se destruyó el salario real y hoy en día, como dice el informe, la gente se encuentra en condiciones mínimas de supervivencia. El enorme esfuerzo debe hacerse buscando mecanismos que impidan llegar a una situación de violencia pero para darle cauce a la crisis económico-política, porque está en la raíz de todo. Esto no es solucionable si no se busca una salida política. Eso lo ha expresado incluso el general de los jesuitas, Arturo Sosa, que se requiere un cambio de conducción.

—En su segunda intervención en la reunión en Naciones Unidas del 5 de julio usted hizo, al final, tres recomendaciones expresas. 

—Sí, se las hicimos al Consejo de DDHH sabiendo que ellos las pueden promover. La primera es la creación de una comisión internacional de investigación. Esto tendría mucho peso, porque una comisión de ese tipo no solo haría un trabajo de documentación exhaustiva en algunas materias sino que tendría, además, la potestad de establecer esas responsabilidades individuales que nos pueden ayudar a obtener justicia y a prevenir la impunidad, así como a dar reparación a las víctimas de DDHH. Es decir, que pueda haber responsabilidades en el alto gobierno por las muertes en salud o por hambre o desnutrición.

—¿La segunda recomendación?

—Que se haga un exhorto, desde el Consejo de DDHH, a los Estados de acogida de emigrantes y refugiados pues está actuando cada uno por su lado y algunos han tomado medidas que han hecho mucho daño. La última, de Sebastián Piñera, que de un día para otro pidió una visa particular, creó situaciones muy graves. No pueden tomarse medidas aisladas, esta no es una salida por razones económicas, esto es una crisis de refugiados.

—¿Y la tercera recomendación?

—Que el Consejo abogue por una solución política dialogada, concertada, con las condiciones que hacen falta. Que el diálogo pueda seguir adelante; incluso hablábamos de los esfuerzos de Noruega. En la raíz de todo esto, lo dice el informe, está un grupo en el poder que no tiene ya cómo dejar de causar daño. De nuevo: ni que quisiera puede solucionar la tragedia. Por lo tanto es fundamental mantener esos esfuerzos de negociación.

 

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La insumergible Iris Varela, por Sebastián de la Nuez

UNA PELÍCULA, LA INSUMERGIBLE MOLLY BROWN, retrataba a la activista feminista Margaret Brown, nacida en 1867, en todo su hermoso esplendor. Debbie Reynolds la encarnó en este biopic que se centró, desde luego, en la travesía del Titanic donde ella iba entre los pasajeros. Se comportó como una valiente, sobrevivió y siguió a la vanguardia en la lucha por las mujeres, los pobres y los mineros.

Iris Varela, alias La Fosforito, también es insumergible y anda a la vanguardia por los pranes de toda Venezuela. Ha debido ser internada, bajo cuidados intensivos, en el Psiquiátrico de Lídice hace muchos años, desde que le cayó a patadas a un diputado copeyano en la Asamblea Nacional. Pero no. Sigue ahí, a la siniestra de Maduro, ofreciendo ahora al contingente de 45 mil “privados de libertad” como defensores de la patria si los marines osan poner pie en playas o puertos venezolanos. Si están privados de libertad, como ella dice, habría que ver cómo demonios van a hacer para encarar a los marines. Quizás lo hagan por telefonía móvil, que suele ser el modo en que los presos criollos coordinan el secuestro, la extorsión y el crimen desde el encierro.

Iris Varela es auténtico material humano moldeado por el comandante Chávez en sus momentos estelares. Es un producto no contaminado de la era bolivariana, un prototipo, una ecuación de carne y hueso. A estas alturas de 2019 continúa mandando, planificando, anunciándose en letras doradas, desbordada de afán revolucionario. Si hay un hombre nuevo también debe haber una mujer nueva, y ella la representa. Para Chávez, en su cargo al frente del pranato nacional, era la propia Madre Teresa de Calcuta nacida en el Táchira. La consagró.

Ha resultado insumergible. Se hundieron muchos ministros o colaboradores directos de Chávez con la llegada de Nicolás (y Cilia, ojo) al poder, pero ella sigue. Persevera, incombustible. Para dar una idea de su condición anfibia: viene desde los tiempos de la conversión de Miraflores en universidad, de la constituyente económica como vía para salir del modelo rentista petrolero, del programa de mantenimiento de ciudades, pueblos, caseríos y carreteras y del plan de emergencia alimentaria coyuntural con su correspondiente red de comedores populares.

Cuando el 19 de agosto de 2000, al juramentarse por tercera vez como mandatario, el golpista juró que transformaría el «modelo económico salvaje» o dejaría de llamarse Hugo Chávez, ya Varela andaba por los alrededores del poder con su amigo el de la lista. Viene del eje Orinoco-Apure, del MBR-200, de cuando Ismael García todavía era chavista, de cuando Chávez se llenaba la boca de flores y todo el mundo se lo creía o celebraba sus tremenduras como aquella desdichada alusión a Marisabel.

Viene de la oscuridad y hacia la oscuridad va. Mientras compañeros suyos de generación y de gabinete han sucumbido, sigue en su cargo como ministra de prisiones. Iris Varela es la misma que acuñó el término “sorprendimiento” y la Real Academia de la Lengua calló seguramente porque dio el caso por inútil. Mafalda tuvo a su Manolito. Venezuela, su Fosforito.

De todos los crímenes cometidos por el régimen chavista, el de las cárceles es paradigmático. En este sector, casi como en ningún otro, se aprecia plenamente una clave: tomar un problema nacional, grave y delicado, y llevarlo a unos confines de empeoramiento dantesco. No hay alquimia en el procedimiento, sino locura.

Una de las primeras cosas que hizo la Fosforito fue echar a una de las pocas ONG que invertía recursos y gente, sin costo alguno para el Estado, en reeducar a los reclusos, rescatándolos para un oficio, señalándoles alternativas en la vida. Esta ONG era la Confraternidad Carcelaria de Venezuela (parte de la Pastoral Penitenciaria). Venían haciendo, sus voluntarias, un trabajo de hormiguita en Yare, El Rodeo y otros lugares. Llegó la anfibia y mandó a parar.

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Herencia maldita, por Sebastián de la Nuez

EL POETA CUBANO MANUEL DÍAZ MARTÍNEZ, quien hoy en día vive tranquilo en una casa frente al mar de Las Palmas de Gran Canaria, sabe de las torturas del gobierno castrista. Las sabe porque vivió el régimen desde una atalaya cultural que lo mantenía en contacto con la realidad. Asistió de cerca, además, al caso Heberto Padilla (1968). El poeta, ahora con 83, se asombró ante las declaraciones públicas del portugués José Saramago en diciembre de 1999, inmortalizadas por la agencia EFE. Saramago fue designado Premio Nobel de Literatura en 1998. En aquellas declaraciones reconocía, aun siendo hombre de izquierdas, la existencia de torturas y presos políticos en Cuba. Agregaba el autor de Ensayo sobre la ceguera que tales asuntos los trataría en su siguiente visita a la isla, faltaría más.

Cuando estuvo frente a Fidel Castro no dijo ni pío. Ni después. Dijo, eso sí, que los problemas cubanos deberían ser tratados por los cubanos. El flamante Nobel de entonces, recuerda Díaz Martínez en su obra autobiográfica Solo un breve rasguño en la solapa, «olvidó todo lo que había dicho días atrás por la radio lisboeta y se apresuró a mostrar su mejor cara a la dictadura». 

Por cierto, ¿han abierto sus boquitas el poeta Luis Alberto Crespo, el escritor Luis Britto García, el periodista Earle Herrera, el comentarista Roberto Hernández Montoya, para referirse a los casos muy recientes de Rafael Acosta Arévalo y Rufo Chacón? ¿Lo habrán hecho y uno sin enterarse? 

No digamos el fiscal, cuyo nombre no vale la pena citar. Su envilecimiento no conoce, a estas alturas, frontera alguna. 

El exlíder polaco antisoviético, Lech Walesa, se muestra muy asombrado en unas declaraciones de hace pocos días por el carácter inédito del régimen venezolano, un caso que no se le parece a nada, una novedad digna de estudio para la Historia a futuro puesto que se trata de un país secuestrado (no sometido propiamente a una dictadura) por una pandilla criminal. En su carácter único lo compara con el nazismo.

No le falta razón pero los métodos siguen siendo los mismos de cuando Gómez o Pérez Jiménez. Los mismos del castrismo. En realidad, por mucho que se asombre el señor Walesa, no hay grandes innovaciones bajo el sol.

Beatriz Catalá es (o quizás fue, no se sabe) chavista. Hija del gran editor y luchador adeco José Agustín Catalá, vio muy de cerca los efectos de la tortura en tiempos de Pérez Jiménez. Su padre, estando confinado, le pidió que escribiera a los presos, con la intención de que así obtuvieran algún aliento y supieran noticias del exterior. Desde los 15 años, la joven se había colocado en la cigarrera Bigott. Eran cinco en la casa. Su mamá, además de atender a la muchachera, cosía para una fábrica de ropa interior. Beatriz, trabajando en la Bigott, conseguía cigarrillos para los reclusos.

Comenzó a cartearse, siguiendo las indicaciones del padre, con varios reos de la dictadura, entre ellos Jesús Faría y Ramón J. Velásquez —aunque este llegó ya hacia el final—; también con José Vicente Abreu. Abreu se convertiría en el amor de su vida. El preso político le escribió un poema desde el encierro, «Canto a Beatriz». Así empezó la relación. 

Salió de la cárcel al exilio en septiembre de 1957. Ahí fue cuando lo vio personalmente, por unos breves instantes. 

Abreu retrató su sufrimiento en el libro Se llamaba SN. 

Beatriz lleva en su seno, o al menos llevaba hasta hace unos años, esas torturas aun no habiéndolas sufrido directamente. Las llevaba como pegadas a su piel junto a la memoria vívida y lacerante. Una vez que permitieron visita —recordó en Caracas, antes de marchar al exterior gracias al gobierno chavista— en la Cárcel Modelo, fueron formados los presos en media luna, en un salón muy grande. Estuvo allí. Narró:

«Todos estaban recién torturados; a mi papá no lo podían tocar ni siquiera para saludarlo, las manos muy hinchadas, muy enrojecidas… Él no habla de eso, pero sufrió horrores. Eran rin y latigazos. Todavía tiene marcas en el cuerpo, cicatrices de esa época (…). Él no lloraba, él es muy llorón pero en esa oportunidad no. Todo el mundo callaba. Aquello parecía un entierro. En Ciudad Bolívar nunca permitieron visitas.»

¿No suena todo esto como demasiado vigente, como una herencia maldita que ha permanecido latente durante años pero que ha vuelto a resurgir con unos bríos sorprendentes?

En cuanto a José Vicente Abreu, Beatriz pensaba, mientras aún no lo conocía sino por carta, que debía de ser un gigante «con ese nombre tan grande y además periodista: ¡José Vicente Abreu Rincones!» El exreo regresaría a Caracas, tras el exilio obligado, el 29 de enero de 1958 e inmediatamente le propuso matrimonio. «Eso era una época de mucho romanticismo. Yo estaba muy enamorada de él». Dejó a un novio con quien llevaba cuatro años y se comprometió con Abreu, contra la voluntad de José Agustín Catalá. El 7 de febrero se casaron. «Mi papá no quería que me casara con él, decía que había sido muy torturado, que quizás había quedado hasta estéril».

Pues sí se casaron y Beatriz conoció de cerca a un atormentado. Recordaba algo en especial. Cuando le tocó volver a imprimir Se llamaba SN, se acostaba en el suelo en posición fetal. Todas las marcas de la tortura le revivían. Lo habían quemado con cigarrillos, le había aplicado electricidad…

«Tener que corregir pruebas para Se llamaba SN era terrible. Se acostaba en el estudio y de ahí no se podía parar, hasta se hacía pipí. Se ponía como en la prisión, como si lo estuvieran torturando. Todas las marcas se le volvían a recrudecer. Llegó un momento en que se lo dije a mi papá».

Por otra parte, Beatriz también recordaba a su padre al regresar en 1957 a la casa familiar en El Silencio. No reconocía a miembros de su propia familia, el primer día:

«Para todos era un choque emocional muy fuerte. Había todo tipo de emociones, desde el amor más grande hacia el padre hasta la sorpresa de verlo así y la interrogante del qué va a pasar».

Abreu estuvo preso después, de nuevo, en la cárcel de Ciudad Bolívar, durante el periodo de Rómulo Betancourt por haber participado en El Carupanazo. Allí se reencontró con sus exverdugos, ahora compañeros de prisión. Con esas formas irónicas juega el destino de los hombres. 

Y ahora, en 2019, ¿cuántas experiencias habrá para llenar una cantidad inmensa de volúmenes semejantes a Se llamaba SN? Puede que el madurismo tenga características inéditas, pero sus métodos son los mismos de siempre, elevados, eso sí, a la quinta potencia por la banalidad del mal. 

Por eso, este viernes 5 de julio, todos a la calle.

 

@sdelanuez
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Qué es el periodismo, por Sebastián de la Nuez

¿QUÉ ES EL PERIODISMO? Un oficio en el cual tenemos la posibilidad de tomar un drama por los cachos y entregárselo, entero y sin anestesia, a quienes hasta entonces han permanecido indiferentes. El periodista tiene la oportunidad de captar los hechos y colocarlos ante ojos, oídos y nariz del espectador o lector en forma de relato, con lo cual adquiere entidad, coherencia y trascendencia lo hasta entonces fragmentado. Habría que agregar dos elementos para que, en efecto, esa oportunidad sea aprovechada: voz propia y actitud. Hoy en día, estas cosas no deberían depender de un tercero, sea una empresa o un social manager.

¿Cuál es el punto de vista adecuado para narrar una realidad? La sensibilidad es el primer chicharrón en el asado. Hay varios géneros fundamentales: la nota, el reportaje, el perfil, la crónica y la entrevista son campos interconectados. Sus claves preservan el oficio suceda lo que suceda en el mundo, cualesquiera sean las plataformas tecnológicas. La lengua es su vehículo, el puente que comunica con mayor o menor efectividad según las herramientas de cada cual. 

Hay un tipo de periodismo seco y otro empapado. Es una forma de separar la nota simple —un hecho puntual, la declaración de una autoridad, una novedad más o menos importante— del llamado periodismo interpretativo o del asociado, en Estados Unidos sobre todo, con el Nuevo Periodismo que prosperó en los sesenta con la banda de muchachos que escribía torcido al mando de la cual estuvo Tom Wolfe.  Los nombres por los que sea conocido el periodismo que sobresale es lo de menos; lo importante es una cosa: cuenta una historia. Pasa que, cuando uno habla de Periodismo con pe mayúscula, acordándose de Fallaci, Kapuscinski, Guerriero, Poniatowska, García Márquez, etc., sabe que detrás de todo palpita un sentido literario y allí se complican las cosas. Hay algo del colombiano Plinio Apuleyo Mendoza que viene de perlas en esa discusión de lo literario y lo periodístico pues alega que no le da la gana de elegir entre dos oficios: «Mi reflexión al respecto es bastante simple: si uno necesita de sus dos manos, no tiene por qué escoger entre la una y la otra.»

El Periodismo al cual se refiere PAM revela, en una historia, cualquiera sean el tema o las fuentes, zonas en penumbra. Eso es clave. Ese Periodismo se empeña en indagar y narrar más allá de la efímera noticia del día. Como Martín Barbero y Javier Darío Restrepo, el periodista debe ser entendido no como simple intermediario en la sociedad de masas sino como mediador. ¿Hay opinión, entonces, entremezclada con los hechos puros y duros? Desde luego, en todo hay subjetividad. Pero la principal virtud del periodista debe ser la honestidad, no la objetividad. La objetividad es hueca.

El Periodismo necesita tres condiciones: talento, rigor y ética (además de inclinación literaria, pero eso conllevaría otra discusión). El talento no se compra en botica; el rigor es cuestión de cabezonería y método, y su manía, darse golpes contra diferentes piedras. La ética es el alma del oficio y debe acompañar al reportero y, luego, al redactor cuando se sienta a revisar el material recopilado y a escribir o armar un guion. Si no, tendrá razón esa terrible primera frase del libro de Janet Malcom, El periodista y el asesino:

Todo periodista que no sea tan estúpido o engreído como para no ver la realidad sabe que lo que hace es moralmente indefendible. El periodista es una especie de hombre de confianza que explota la vanidad, la ignorancia o la soledad de las personas, que se gana la confianza de estas para luego traicionarlas sin remordimiento alguno.

Eso es o puede ser así, en ciertos casos. Pero no deja de ser una provocación para amarrar el lector a un libro que ciertamente relata un caso excepcional. Esa frase inicial es, también, una traición o una coartada.

En suma: para ejercer el Periodismo se debe asegurar la ilación, colocar el énfasis en los hechos pero también en los claroscuros y en las reflexiones que el reportero o redactor cuela entre líneas o expresa abiertamente. Es lícito. El periodista que cuenta una historia hace tanteos y acercamientos; no significan la verdad completa, absoluta o única ni lo pretenderá. Pero esos tanteos, al ser compartidos, al tomar forma dentro de un cuerpo con principio, desarrollo y remate, dejarán al receptor formándose su propia idea.  

Nada de esto que se refiere al Periodismo puede confundirse o relacionarse con el batiburrillo gritón y promiscuo de las redes sociales. El gran zoco de lo banal, lo efímero, lo escatológico y lo epidérmico no constituye el marco preciso del Periodismo. El Periodismo va por otros caminos aun cuando se sirva de estas redes para promoverse.

En las redes la reflexión resulta irreflexiva, pasa a toda velocidad sin dejar rastro. Prevalece lo no elaborado. O el estallido anecdótico. Desde luego, puede servir para que cualquiera, teniendo a mano un móvil y estando en el lugar adecuado a la hora señalada, dé el alerta de un suceso o atestigüe un acto criminal. Y eso podrá convertirse en el punto de arranque de una buena crónica a cargo de un profesional. O en el detalle que redondeará uno de esos tanteos mencionados. O complementará la descripción de un contexto, colocando quizás la nota colorida en un drama. Uno de esos dramas terribles que están al doblar cada esquina de un país muy querido, muy agobiado, muy vaciado de sí mismo en estos días aciagos.

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Normandía en la memoria, por Sebastián de la Nuez

LA CARRETERA QUE CONDUCE HACIA las playas de Normandía parece que la hubiesen sacado de la fábrica ayer tarde, de lo nuevecita que está. Dos canales por sentido con una amplia separación arbolada en medio. Se desliza a través de campos rizados de verde cuando es primavera y hace buen tiempo. El paisaje es la propia tapa de un rompecabezas: decorado ideal para filmar un picnic dominical en familia o reproducir en vivo un cuadro de Edouard Manet. Nadie diría —es un lugar común pero viene al pelo— que en estos campos y pueblos que parecen cromos de un álbum idílico se produjo en junio de 1944, hace exactamente 75 años, una de las batallas más espantosas y sangrientas de la Segunda Guerra Mundial.

 

EL LUGAR DE LOS ACONTECIMIENTOS

Basta con el GPS para llegar sin problemas. El aparatito le aconsejará al más despistado dónde desviarse y le conducirá entre grandes casas campestres de techos a dos aguas hasta una rotonda. Ordenará, entonces, tomar a la derecha —no hacia la izquierda, que va a Cherburgo— para llegar a Omaha Beach en Saint Laurent. La carretera ahora es estrecha y sinuosa, con edificios de piedra de dos plantas a ambos lados, y esas casas campestres muy distanciadas entre sí. De una localidad a otra, andando en automóvil, apenas unos segundos. Se anuncia a la derecha el cementerio militar americano. No hay gente caminando por los bordes de la carretera, que son siempre de césped bien cortado y verdecito. Pocos autos transitando; no hay gente al frente de las casas en un día cualquiera de septiembre. En un amplio prado, junto a la vía, pastan unas cincuenta vacas lecheras que parecen maquilladas para un comercial de quesos. El cielo es de un azul transparente. Llega un momento en que el camino se divide en T. Tomando la dirección izquierda se llega a una gran explanada con un monumento grueso en el medio, y detrás, la amplia franja de mar eterno y amenazante. Por ahí entraron miles de soldados hace 75 años. Llegaron de madrugada a liberar a una Europa acogotada hasta la asfixia por el nazismo. Esta es la playa emblemática de la liberación, donde tuvo lugar el comienzo del fin de la opresión. Pero a la vez debe advertirse, en honor a la realidad, que allí no fue donde se filmó Buscando al soldado Ryan.

La playa muestra todo el tiempo un copete de espuma bajo cielo encapotado. Es la primera impresión que da: aun cuando el tiempo sea primaveral en el resto de Normandía, la atmósfera sobre su costa siempre lucirá tormentosa, cargada de plomo gris. La segunda impresión es la permanente huella de lo norteamericano. Todo en los alrededores luce muy intervenido, urbanizado y turístico. El restaurant con nombre gringo, el museo que maneja alguna asociación de veteranos estadounidense. Lo que la gente ve en fotografías y películas no se relaciona con esta franja de playa sin bañistas cortada por una larga lámina de cemento armado. Las casas del otro lado de la vía —asfaltada, por supuesto— parecen mansiones veraniegas y llevan encima, casi todas, la bandera de las barras y las estrellas.

La mano del ayuntamiento respectivo que vela por el turismo está demasiado presente; y ese tono a suburbio californiano opera en contra de la memoria. Quizás el visitante tenga la sensación de que la zona ha sido preparada para los paseos patrióticos de los bachilleres de fin de curso.

Y sin embargo, ese mar con mala cara es el mismo de entonces. Eso no se puede cambiar. Como sigue siendo el mismo aquel búnker en un recodo desde el cual, a lo lejos, parece sobresalir el cañón de una ametralladora. Hay vestigios o asuntos de la madre Naturaleza que congregan, a pesar del nuevo ropaje, los fantasmas nacidos aquí hace 75 años.

La noche anterior al 6 de junio del 44, 18 mil paracaidistas británicos y estadounidenses se habían lanzado tierra adentro y trataban de capturar puentes esenciales. También buscaban desbaratar las líneas de comunicación alemanas. La ciudad de Caen es hoy una preciosa combinación de lo citadino moderno y lo rural medieval, con una impresionante iglesia gótica que se ofrece al visitante apenas llegar a su perímetro central. Caen fue el pueblo más sufrido durante la toma de la costa por parte de los aliados. Es una prueba de la capacidad re-constructiva del hombre.

A las 6:30 am desembarcaron las primeras tropas, primero las de Estados Unidos con sus carros anfibios por la playa Utah, y luego las tropas británicas por Gold y Sword seguidas, en la playa de Juno, por dos mil 400 canadienses apoyados por 76 carros de combate anfibios. Todos esos nombres clave de las playas quedaron para siempre.

Solo en la de Omaha los alemanes habían logrado inmovilizar a las fuerzas de ataque estadounidenses, compuestas por casi 35 mil hombres en un perímetro de kilómetro y medio de ancho. Tanto los estadounidenses como los británicos perdieron más de mil hombres cada uno, solo el primer día de la batalla. También murieron 355 canadienses. El general Spraatz dio la orden de convertir a las plantas de petróleo alemanas en el principal blanco de las fuerzas aéreas estratégicas. Los británicos habían descifrado un mensaje alemán donde se señalaba que este era su punto débil, la escasez de petróleo.

A las 10:15 llegó la información sobre la invasión hasta el mariscal de campo Erwin Rommel —el zorro del desierto—, quien se encontraba en Alemania. De inmediato regresó a Francia con la instrucción de «devolver al mar» a los intrusos antes de la medianoche. Era la orden directa de Hitler.

Pues bien: no pudo cumplirla. A medianoche de ese 6 de junio ya estaban en tierra 155 mil militares aliados.

Lo que va quedando de los testimonios directos de la Segunda Guerra Mundial es su eco, vestigios orales traspasados de una generación a otra. Hay millones de fragmentos, pequeñas historias que no necesariamente se encuentran en las grandes narraciones que han recogido hasta la saciedad lo ocurrido. La crónica paralela ha corrido una vida mediática frondosa y seguirá, no pierde interés la heroicidad y la Historia que se escribe con mayúscula. Otra cosa son las pequeñas historias de la penumbra. Las que yacen bajo tierra, o son recuerdos perdidos en un desván o en una gaveta. Sobreviven, pero hay que saber detectarlas y rescatarlas. Puede que no sean sino ligeros datos sueltos como los que atesora la profesora Anne. Anne siempre recordará la afición de su padre por el swing. ¿De dónde le nació esa especial sensibilidad sonora? Muy sencillo. El padre de Anne contaba apenas 8 años cuando ocurrió el desembarco en Normandía. Había nacido en Le Havre, ciudad portuaria muy cercana al punto del desembarco. Fue ese caballero comandante de tanqueros, como su propio padre, o sea, el abuelo de Anne. Una estirpe marinera, pues. ¿No es cierto que todo marinero adora la libertad?

Anne da clases desde hace tiempo en la Universidad de las Antillas, cuya sede principal se encuentra en la isla de Martinica. Recuerda a su padre con cariño, ese que amaba el jazz. ¿Por qué no habría de amarlo, él al jazz, si le recordaba a quienes llegaron el 6 de junio de 1944 a liberarlo, a él y al resto de sus seres queridos y, de paso, a toda Europa?

Spielberg mintió al trampear la playa que le sirve de fondo a su película. No mintió en la matazón espantosa. No mintió al describir la valentía de sus coterráneos, aunque, por supuesto, también hubo ingleses y canadienses que no les iban a la saga en arrojo.

Los norteamericanos llevaron la voz y pusieron el alma y el cuerpo por miles aun viniendo desde el otro lado del Atlántico. La aureola de nación que da la vida por la libertad la trae Estados Unidos hasta el presente, hasta estos remansos del siglo XXI cuando renacen fascismos, de izquierda y de derecha, en varios puntos del mundo, incluso en su llamado patio trasero. Es una responsabilidad histórica, como quiera que se vea y a pesar de la leyenda negra, que también arrastra en paralelo y con sus razones.

En honor a la Norteamérica libertaria, hoy, me sentaré a escuchar el piano maravilloso de Bill Evans en su disco Explorations. Tal como hubiese hecho el papá de Anne.

 

@sdelanuez

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Un buen padre, por Sebastián de la Nuez
No serán tan solo una estadística los jóvenes asesinados durante las manifestaciones de 2014 y 2017. Tendrán rostro e historia. La memoria se escribe cada día, se documenta cada caso y muchos se llevarán a La Haya. El padre de David José Vallenilla Luis, tiroteado frente a la base aérea de La Carlota, está en Madrid para hacer justicia. Y la hará

DAVID VALLENILLA LLEGÓ A MADRID hace tres meses y desde esta ciudad luchará por llevar a Nicolás Maduro a la Corte Penal Internacional de La Haya. Ese es su objetivo, eso es lo que tiene entre ceja y ceja. Que Maduro, Padrino López y otros militares sean condenados por crímenes de lesa humanidad. No es fácil, pero parece moverlo una determinación serena.

—Tengo que ser un buen guerrero, como David José. Quiero tener esa misma gallardía que él tuvo —dijo, durante una conversación, sentado en un banco del parque del Retiro.

Llegó del país donde los padres entierran a sus hijos, y no al revés. Llegó de la tierra arrasada donde los estudiantes les enseñan a los demás ciudadanos a ser valientes y enfrentarse a la barbarie. Tomó buena nota de las lecciones que le dejó su muchacho. Cuando se conversa con David hay que estar preparado para que su voz se le quiebre en ciertos momentos, puede que baje la cabeza —siempre cubierta con una gorra— o que se le pongan los ojos aguados; pero enseguida se repone.

Se ha quedado a vivir en Madrid porque su hijo tenía la nacionalidad española y se supone que el Estado español hará algo a favor de la justicia. A fin de cuentas, se trata de un súbdito del Reino, asesinado el 22 de junio de 2017 por un miembro de la Aviación venezolana, un sargento de 28 años con un nombre de pila tan ridículo como Arli Cleiwy. Le disparó casi a quemarropa desde detrás de la reja que protege La Carlota. El muchacho tenía el siguiente armamento, peligrosísimo para los defensores de la base aérea: un morral, un envase vacío de su última comida, unos lentes de natación y un trapo o pañuelo.

22 DE JUNIO DE 2017, EN CÚA

David José nació el 20 de septiembre de 1994 en Ocumare del Tuy. Su padre lo conoció a través de un vidrio en la sala de maternidad de una clínica privada. Lo acompañaba su propia madre, todavía vivía. Su comentario fue: “Es igualito a ti cuando naciste”.

Se separaron apenas a los dos años de casados, David y Milagros Luis. Ella se fue a vivir a Caricuao con el muchachito. Cuando entró en bachillerato, el cambio lo afectó y comenzó a tener problemas, incluso tuvo que repetir primer año. El padre pidió llevárselo y encargarse de él en Cúa, de modo que todo ese periodo estuvo viviendo en los Valles del Tuy y terminó allí su bachillerato siendo el segundo de su curso. Lo llamaban nerd, cosa que quizás le molestase pues se la comentó al padre. Apenas se graduó de bachiller se fue a Caracas a estudiar Enfermería en la Universidad. Se graduó muy rápido y con notas excelentes.

Al hablar con Vallenilla cualquiera puede darse cuenta: fue un buen padre. Hay tres episodios claves: el muchacho quiso ser modelo a los 18 años, inscribirse en una escuela y todo eso. David convino en ello aunque le advirtió seriamente de algunas cosas. David José hizo su curso, lo transformaron físicamente, fue seleccionado para su primer desfile en el Sambil y al regresar le dijo al papá que no quería saber más de ese oficio.

El segundo episodio fue una perrita que se consiguieron en la calle y que estaba enferma. Le dedicó una noche de desvelo a hidratarla. Puede que entonces se le haya despertado su vocación por la salud. Puede, también, que un tío suyo, el médico Jean Carlo, hermano de crianza de David, le haya acicateado esa vocación. Hay otro familiar importante, Gabriel, que arrastraba problemas por cierta discapacidad y fue una persona muy querida. Murió a los 45, justo un año antes que David José. El joven no quiso asistir al entierro, seguramente no se sintió preparado para aguantar esa despedida. Ahora descansan juntos en el mismo lugar.

El tercer episodio es el negocio que montaron padre e hijo, una administradora de condominios. El muchacho solo ayudaba en el cobro recorriendo los apartamentos, pero seguramente se sentía partícipe de un emprendimiento familiar y esto ha debido tener importancia en su formación.

David vio a David José por última vez el día del padre de 2017, en un almuerzo en el apartamento de su exmujer en Charallave.

—Compartimos ese domingo y al siguiente jueves lo asesinaron.

Después de eso su exmujer y él, que habían mantenido una relación de amistad a pesar del divorcio, se han distanciado.

LA LENTA RESPUESTA

No hay manifestación alguna, al cabo de tres meses, del gobierno socialista de Pedro Sánchez de que apoyará a Vallenilla en su cometido. No ha sido entrevistado por la TV local, que lanza todos los días informaciones sobre la crisis venezolana. Los sagaces reporteros españoles quizás no se hayan dado cuenta de lo que representa Vallenilla y su causa; suelen tenerla, la sagacidad, para llamar “polarización” al exterminio de un pueblo por parte de una mafia enquistada en el poder. Un sacerdote jesuita primero atendió a Vallenilla y ahora le rehúye. Por su parte, él no quiere que su caso sea utilizado como un arma arrojadiza por los partidos políticos ni sirva de catapulta para algunos adalides de los Derechos Humanos en busca de pantalla y viralidad tuitera. Eso lo tiene claro.

Su lucha, también en este lado del charco, luce cuesta arriba. En el acto de presentación del libro de Carol Prunhuber, Sangre y asfalto («135 días en las calles de Venezuela»), el lustroso Antonio Ledezma se quiso robar el show al perorar más de la cuenta sobre lo que debe hacer o dejar de hacer la oposición, y eso que se trataba de un homenaje a las víctimas de la barbarie pues de eso va el libro de Prunhuber. Ledezma habla más de la cuenta en cada oportunidad, quizás alguien debería hacerle entender que en ciertas ocasiones se ve de lo más elegante con la boca cerrada.

Vallenilla, antes, fue supervisor en el Metro de Caracas, donde conoció al OTS (operador de transporte superficial) Nicolás Maduro. Ahora es un activista de los Derechos Humanos, por David José pero también por otros tantos jóvenes que siguen muriendo en las calles de Venezuela. Asegura que existe denegación de justicia, en este caso, pues el culpable fue identificado en su oportunidad por Néstor Reverol (ministro del Interior) y Tarek William Saab (defensor del Pueblo); sin embargo, no fue privado de libertad inmediatamente, tal como indica la ley. Seis meses después fue cuando apareció en los tribunales, en una audiencia preliminar. Es la única vez que lo tuvo frente a frente. Hasta el día de hoy no se ha llevado a cabo la primera audiencia de juicio. El criminal no admitió los hechos, se acogió al precepto constitucional al declararse no culpable. Si hubiera aceptado los cargos, el juez de Control procede a sentenciarlo de una vez, concediéndole una rebaja en la pena.

—Dudo que esté encarcelado. Hubo seis diferimientos. Hay otro caso que lleva 19 diferimientos de la audiencia preliminar —dice Vallenilla.

Armó un escándalo en las redes y por eso probablemente fue que se consiguió la audiencia preliminar, pero de allí en adelante, nada. El propio juez, en los pasillos del palacio de Justicia, le reclamó que lo estuviera nombrando públicamente.

—Usted haga su trabajo y yo no lo mencionaré —le contestó Vallenilla.

Estuvo a punto de írsele encima a ese individuo, el juez 21 de Control del área metropolitana de Caracas, José Maximino Márquez, cuando se atrevió a preguntarle que por qué su hijo, en vez de irse a la Universidad, había salido a protestar.

El director de la Escuela de Derecho de la UCV lo llamó, a poco de suceder la tragedia, y le dijo que todos los profesores de esa Escuela estaban a su orden para llevar el caso. Escogió a tres de ellos, que hoy en día siguen trabajando y no le cobran un céntimo. Uno de esos profesionales es la abogada María Alejandra Poleo, quien hace unos meses fue a Ramo Verde a verificar si el individuo seguía preso allí. La autoridad que la atendió le dijo que no le daba la gana de decirle si en efecto estaba privado o no de libertad. A los militares no les gusta que el caso se lleve en la jurisdicción civil. Lo que desearían es que el sargento de nombre ridículo fuese juzgado en tribunales militares.

Hay otro protagonista en esta historia, el periodista gocho Golcar Rojas, quien también vive en Madrid y fue quien promovió este encuentro en el parque del Retiro con Vallenilla. Rojas encontró, durante los peores días de la represión en 2014 y 2017, la forma de exorcizar su angustia ante la orfandad de la población civil, ese dolor por el país, ese descorazonamiento por las víctimas de la represión. Durante muchas noches, hasta las tres de la mañana, insomne, escribía con obstinada pasión unos obituarios dedicados a los jóvenes caídos. Insiste escribiendo, dice que lo hace para mantener la memoria viva. Tiene unos 75 obituarios escritos hasta ahora y los juntó en forma de libro que subió a la plataforma online de Amazon. La obra se titula Obituarios de un no-país y es accesible colocando el nombre de Golcar Rojas en el buscador de la tienda digital.

El régimen está empeñado en hacer ver lo que no fue: que las víctimas eran delincuentes, drogadictos o cualquier cosa. El régimen está empeñado en la desmemoria. El régimen cree que sus líderes saldrán impunes de esto. El deber de los periodistas, de los activistas de Derechos Humanos como Vallenilla y de cualquier venezolano con uso de razón y corazón en el pecho, es preservar cada uno de esos nombres, saber cuál fue su historia y cuál su verdad. Creer en la justicia internacional. David Vallenilla no está solo tampoco en España (a pesar de lo anotado más arriba).

 

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