Siguiendo los manuales de Yeltsin y Putin, por Alejandro Armas - Runrun

En la edición pasada de esta columna discutimos qué similitudes y diferencias hay entre el retiro informal de controles económicos llevado a cabo por el régimen chavista y las reformas de Mijaíl Gorbachov en la extinta Unión Soviética. Hoy toca discutir otro modelo sobre el cual, hipotéticamente, Miraflores puso el ojo, con el propósito de aproximarnos al tipo de orden que los jerarcas del PSUV aspiran a imponer en Venezuela. De nuevo, es necesario mirar en dirección hacia la tierra de Mussorgsky y el caviar de esturión.

Incluso antes de que Nicolás Maduro ensalzara las virtudes de una dolarización caótica y, con discreción, se interrumpiera la tradición navideña chavista de apretar las tuercas al control de precios y obligar a comerciantes a vender su mercancía con montos ruinosos hacia diciembre, se ha especulado sobre la posibilidad de que el régimen, solo por sobrevivir, reemplazara a Cuba como principal referente por China o Rusia, sus dos grandes amigos mucho más formidables. Sin embargo, emular a la China post Mao luce sumamente cuesta arriba. No hay ningún Deng Xiaoping en la elite chavista. La rapacidad y la ineptitud son tales que la idea de un crecimiento estratosférico como el de Pekín es risible. En el mejor de los escenarios, el chavismo podría aspirar a perfilarse como el equivalente tropical a la Rusia de Vladimir Putin. Es decir, tener una economía mediocre pero considerablemente mejor a la que hoy hay en Venezuela. China creció sin interrupciones durante esta década y el año pasado su producto interno bruto (PIB) fue el triple de lo que era en 2008, de acuerdo con cifras del Banco Mundial. En Rusia, ese mismo indicador ha sido una montaña… rusa, pues, con varios picos y valles. De hecho el PIB cerró el año pasado ligeramente por debajo de lo que alcanzó en 2008. Ello después de haber gozado del mayor boom de precios del petróleo en la historia. Seguramente el relato es familiar para los venezolanos, con la diferencia que la conclusión de los tiempos de vacas gordas en Rusia no supuso una tragedia humanitaria.

En fin, para seguir el ejemplo que Moscú dio, el chavismo tendría que renunciar explícitamente a buena parte de su bagaje ideológico, al menos en la práctica. Cuando la Unión Soviética se desplomó, Rusia, bajo la conducción de Boris Yeltsin, buscó integrarse al orden democrático y capitalista que en aquel entonces Fukuyama y otros creyeron imbatible. Sin embargo, el caos que supuso la desaparición de la URSS se tradujo en una oleada de privatizaciones no precisamente basada en principios de libre mercado. Personalidades que discretamente acumularon poder durante el ocaso del Estado soviético se hicieron con el control de varios de los sectores clave de la economía y los usaron para enriquecerse de forma grotesca. Esta fue la primera generación de los infames oligarcas rusos, que tantos quebrantos de cabeza le dio a Yeltsin, puesto que aplicó su influencia económica enorme para obtener del Gobierno lo que convenía a su bolsillo. En el proceso contribuyó con la durísima debacle de la economía rusa a finales de los años 90 y con la desilusión de sus compatriotas con el ensayo democrático. Se le atribuye a Lenin, otro hábil animal político eslavo, una expresión que describe el poder como un ente suelto por las calles cuando el descontento social es enorme, listo para ser recogido por alguien. En efecto, cuando terminó el segundo milenio después de Cristo, la mesa estaba servida para que un político de bajo perfil pusiera en práctica su talento perverso y oportunista.

En fin, para seguir el ejemplo que Moscú dio, el chavismo tendría que renunciar explícitamente a buena parte de su bagaje ideológico, al menos en la práctica. Cuando la Unión Soviética se desplomó, Rusia, bajo la conducción de Boris Yeltsin, buscó integrarse al orden democrático y capitalista que en aquel entonces Fukuyama y otros creyeron imbatible.

 

Putin centralizó la administración pública en detrimento de los gobiernos regionales, que se aprovecharon de la debilidad de su predecesor para captar ingresos por cuenta propia. También quebró el poder de los oligarcas de la era Yeltsin, persiguiendo a algunos, haciendo tratos con otros y formando su propio entorno de empresarios leales. Desde entonces, buena parte de la economía rusa ha estado en manos de oligarcas millonarios muy dependientes de sus vínculos con el Kremlin. A cambio de permitirles gozar de sus fortunas, tener un estilo de vida colmado de lujos y hasta fomentar agresivamente sus intereses dentro y fuera de Rusia, el gobierno espera de ellos no solo que se abstengan de usar su dinero para financiar actividades opositoras, sino que además colaboren activamente con la permanencia de Putin en el poder. Todo esto en un entorno de corrupción desbordada y dependencia de unos pocos recursos naturales. Un retrato, de nuevo, familiar para los venezolanos.

El chavismo, pese a sus fuertes inclinaciones marxistas, nunca abolió la propiedad privada ni ordenó una colectivización plena de los medios de producción. Es harto sabido la existencia de una élite empresarial favorable al régimen. Maduro los llama “empresarios patriotas”. Formaron organizaciones patronales y gremiales paralelas para mermar la influencia de las tradicionales e independientes. Hasta tienen un espacio en la ANC, el ente que el chavismo lleva dos años usando como intento de legitimación de su “medalaganaísmo”. Ahora, con el retiro de varios controles, estos señores podrían ver su lealtad recompensada en nuevas oportunidades de negocios. Más aun si la elite chavista le toma la palabra a una de sus “estrellas en ascenso”, Rafael Lacava, sobre privatizar servicios públicos. Privatizar en sí mismo no tiene nada de malo, pero no creo que nadie, excepto sus beneficiarios, lo vean como algo bueno si apesta a crony capitalism. No puede esperarse otra cosa. El chavismo no permitirá un empresariado autónomo fuerte, puesto que el empresariado es parte de la sociedad civil, y una sociedad civil autónoma alienta la democracia.

Así que no es descabellado imaginar que el régimen tenga en mente una relajación continua de regulaciones económicas y privatizaciones que sigan el manual de Yeltsin en cuanto a las preferencias por unos pocos empresarios selectos se refiere, pero que mantenga a estos sometidos, como hace Putin. Por cierto, dejando de lado los aspectos económicos, hay otro aspecto de la Rusia actual que el chavismo pudiera estar buscando imitar. En Rusia hay una distinción entre la oposición permitida y la proscrita. La primera está compuesta por todas o casi todas las organizaciones políticas ajenas a Rusia Unida (el partido de Putin) que cuentan con representación parlamentaria. Se les permite participar en elecciones y controlar algunos gobiernos regionales, siempre y cuando sigan las reglas del juego establecidas por el Kremlin y no lo desafíen realmente. Su principal motivación es el acceso a recursos públicos y a cuotas de poder minúsculas.

Así que no es descabellado imaginar que el régimen tenga en mente una relajación continua de regulaciones económicas y privatizaciones que sigan el manual de Yeltsin en cuanto a las preferencias por unos pocos empresarios selectos se refiere, pero que mantenga a estos sometidos, como hace Putin.

En cambio, la oposición proscrita está vetada de los comicios y es perseguida sistemáticamente con el pretexto de que constituye una amenaza para la seguridad del Estado. Su situación es muy parecida a la de partidos políticos venezolanos como Primero Justicia, Voluntad Popular o Vente Venezuela. Mientras tanto, siguen habilitados para elecciones las organizaciones que se han rehusado a desviarse del orden impuesto por el régimen y que “dialogan” con él. No puedo asegurar que lo hacen por motivos crematísticos, pues no me consta, pero, aunque sea por pura ingenuidad, están desempeñando el mismo papel que la oposición “oficial” en Moscú. Qué tristeza que colaboren con la metamorfosis de Venezuela en un pobre intento de Rusia caribeña. Tristísimo cambio para la que alguna vez fue la democracia modelo de América Latina. Recuperarla sigue siendo el deber de todos los ciudadanos.