El verdadero valor de una oposición no es mentir, es decir la verdad, por Armando Martini Pietri - Runrun

Los integrantes de la connivente mesita-casa-amarilla enmascarados de oposición, sin querencia ciudadana, desconectados de la realidad país, no aguantaron dos pedidas y aparecieron sonrientes en Miraflores, con su cara lavada, estrechando la mano ensangrentada del usurpador, condimentada a la salida con una menguada, blandengue declaración sobre la lucha contra el régimen, restaurar la democracia y la apreciación inverosímil que existen condiciones para renovar el CNE. Por supuesto, con voluntad pacífica e interesada convicción electorera. Mientras otro grupo que también se califica de oposición -con más fuerza, hay que reconocerlo-, de sentimiento muerto, intimidante con la unidad como chantaje, se lanza hipócrita con un pacifista mensaje de rebelión sin salsa ni explicación, sin causa razonable y con la pausa del vamos a ver qué pasa. Oposición no es mentiras bonitas sino verdades.

El país está dividido en dos minorías sin empatía ni conexión con el pueblo, que componen el status quo, con poder mediático y económico, pero sin legitimidad y muy poca credibilidad; la que languidece, se desvanece, pero aun con soporte, la otra que contrariamente se fortalece; y en el medio la sociedad mayoritaria que clama coherencia, rendición de cuentas, respeto, decoro, dignidad y soluciones. Una mescolanza opositora que carece de sabor.

 

La primera pregunta que hacerse ¿cuál es el sentido de esta declaración de un sector opositor? Allí no están todos los que adversan al régimen. La segunda interrogante, ¿cuántos palos, violaciones a los Derechos Humanos, bombas lacrimógenas, muertos, exiliados, presos políticos, embustes, burlas, encarcelados, torturados, negociaciones y diálogos falsos necesitan para entender que, aunque no se llame a la violencia, hablar tánto de protestas pacíficas y florecitas no parece ser el lenguaje que entiende la dictadura castrista? Que le gusta, sí, que comprenda ni mucho menos le atemorice, no. Una tercera cuestión, ¿cómo pueden hablar de pacifismo y sobriedad democrática dirigentes metidos hasta los tuétanos en el ejercicio del Gobierno paralelo que, para bien o mal, conduce el grupo colegiado que rodea al presidente encargado? ¿Hasta dónde están dispuestos a llegar?

Y entonces la cuarta duda, si es un acuerdo de toda la oposición ¿por qué no aparecen en esa declaración Vente Venezuela y otros? Es decir, ahora tenemos tres oposiciones. La servicial, encubridora, solícita con el régimen al punto de ser socia comercial, con acumulación de dirigentes olvidados y de bajo impacto; una segunda, opositora de espíritu colaboracionista, negociadora en oscuridades y boreales nórdicos, los del legado, encargados de crear la narrativa de que Chávez hizo algo bueno, presuntamente -porque quienes lo aconsejan parecen sus enemigos- alrededor de Juan Guaidó al punto de formar parte de su equipo de Gobierno. Y una tercera que ninguno se atreve a nombrar porque le temen a la verdad, sinceridad, autenticidad, coraje y coherencia.

Y ahora traten de explicarse cómo puede formarse una organización opositora sin la participación de Vente Venezuela, partido político fortalecido alrededor de María Corina Machado, estadista y líder que ha venido sostenida incrementando con fuerza su prestigio, credibilidad, respetabilidad y admiración entre los venezolanos debido a su coraje y, especialmente, porque no ha cambiado su mensaje; lo que planteó originalmente lo mantiene inflexible sin concesiones ni diálogos para discutir cohabitación, abstracciones o conveniencias específicas, porque no es una populista que sólo busca complacer oídos toscos, sino una venezolana que piensa, analiza, concluye. No hace pactos con el demonio ni adoradores, donde la estulticia de percibir positiva la falsa normalidad de una nación destrozada, económicamente en ruinas, descompuesta como sociedad en una inconfesable degradación moral, sin libertades ni derechos, es la verdadera patria en la cual se lucha por reivindicaciones sin exclusión.

Eso no significa, como algunos acusan, que María Corina y Vente son radicales, tercos. Representa los que no engañan, dicen la verdad, no ceden ante presiones, tienen posiciones definidas, claras, públicamente conocidas, principios éticos, valores morales, buenas costumbres ciudadanas, no disimulan ni dialogan su posición contraria al desastre, malversación, errores y corrupción que a lo largo de los veinte años vienen postrando y lacerando cada vez más a Venezuela.

 

Machado y Vente Venezuela no son radicales intransigentes, enfrentan con valentía al castrismo, comunismo, socialismo, Foro de Sao Paulo y Grupo de Puebla -por cierto, deberían ser catalogados como organizaciones terroristas, y sus miembros juzgados por el delito de intento de arruinar un continente-; son ciudadanos de palabra, que la honran y cumplen, ése es su valor, que van adelante y cada día ganan más el respeto. Por eso, no aparecen en el patético mensaje de cambio con complacencia y cohabitación, ni en la Casa Amarilla ni en la Asamblea Nacional.

Pero sí están en las pesadillas del régimen y en la esperanza de la ciudadanía, que es donde debe estar una oposición verdadera. La izquierda castrista chavista, comunista, socialista y demás hierbas aromáticas, lucen nerviosos, tartamudean, les incomoda María Corina Machado y Vente Venezuela. Es comprensible, no están acostumbrados a tener delante a un partido valiente con coraje que desmonte la funesta doctrina totalitaria denunciando abusos y excesos. Es lógico y normal que quieran amedrentarlos para silenciarnos. Para ser oposición hay que tenerlas bien puestas, y el ciudadano, ante la evidencia, está consciente de la falsa oposición, y comienza a no seguir más sus lineamientos.

@ArmandoMartini