¿Unidad o chantaje?, por Armando Martini Pietri - Runrun

Es la pregunta que se hacen los ciudadanos, en Venezuela y el resto del mundo. Si existe un país en el cual sobran razones y circunstancias que justifican la unión de voces opositoras a un régimen perverso, patibulario, violador de los Derechos Humanos y decadente, es sin duda Venezuela. Sin embargo, ese esfuerzo unitario detrás de la línea que la concentre y tenga fuerza para derrumbar lo que está corroído, no se logra por la infinidad de pequeñeces, por las cuales el interino dilapidó el capital libertario.

Para empezar, se ha hecho de la unidad un chantaje absurdo para beneficio de pocos, con alardes e hipocresías cacareadas que esconden los motivos reales, la inconsistencia entre aquello que se defiende y lo que realmente se hace, sin el menor propósito de enmienda ni contrición.

Quienes vociferan “¡unidad!”, acusan de divisionistas a quienes tienen un pensamiento profundo, comprometido con la realidad ciudadana, de “romperla”, lo hacen con interés egoísta de exigencia obligada, coaccionando el deseo mayoritario de una población angustiada, deseosa de cambio, que muere de hambre, padece problemas de salud, además de frustración, y en consecuencia la furia creciente, por la pobreza, miseria, y evidente indiferencia del régimen, ése sí “unido” en el desastre corrupto.

Con falsedades, estafadores lanzan mentiras y se enmarañan en ellas, obscurecen perspectivas y pierden el horizonte, mientras los estafados aprenden en carne propia a no creer en neblinas ni aromas que desprenden fragancias que atraen para envenenar.

 

Se busca entrampar a los ciudadanos con demandas de unidad mediante requerimientos que rayan en la coerción -de hecho, lo son- con el deleznable argumento de que “atacas a la oposición más que al régimen”. Son tramposos que justifican así su simpleza y, peor, se ocultan en la impunidad perversa en la que se cobijan, es decir, guardar silencio; lo que se convierte en complicidad de la porquería en que están inmersos políticos y no políticos que se favorecen, usufructúan y lucran del absolutismo que se busca imponer disfrazado de democracia, estrategia similar a la del régimen. Han hecho de la unidad una estafa continuada en la que algunos sucumben de buena fe. Esa defensa a ultranza, perniciosa de una unidad construida con dobleces, falsedades y disimulo es prueba irrefutable de que trabajan para mantener el estatus que precisa quien gobierna para sobrevivir y permanecer.

La convicción altanera de quienes se consideran descendientes de héroes libertadores, herederos y dueños del futuro, por tanto, libres de compromiso y cumplimiento de la palabra empeñada, en los acuerdos, en el Estatuto que Rige la Transición a la Democracia. Asimismo, existen personajes retorcidos, bolichicos titiriteros, que trazan fórmulas intermedias y posturas acomodaticias, que consisten en realizar algunos cambios para que en esencia todo siga igual, salvo para ellos que lograrían conformar, una aparente legítima, pero sumisa oposición. Dócil a la dictadura, no a la voluntad ciudadana.

La opción que no insista en el cese inmediato de la usurpación, no tendrá posibilidad de éxito ni sustentabilidad. Mientras no entiendan la catadura del régimen, su calibración de estado fallido, fracasarán. Y partiendo de esa base, convencidos de que en la unidad está la fuerza y tiempo, hoy, probablemente no dé para que exista otra oportunidad; de aceptar, lograr lo que la inmensa mayoría desea, cese de la usurpación, gobierno de transición y elecciones libres, en ese orden. Solo cuando se logre será el momento histórico para Venezuela.

El Foro de Sao Paulo es un desecho fecal. El plan desestabilizador que se acordó, en el XXV encuentro en Caracas, apenas comienza, y se disponen ajustarlo con el nuevo encuentro de ese disfraz hediondo y pestilente llamado Grupo de Puebla.

 

Mientras el continente se alborota, cierta clase política venezolana evade la realidad e insiste terca en participar en elecciones fraudulentas sin el cese de la usurpación. Muchos afirman que usurpador e interino son, a simple vista, enemigos políticos, pero al observar en detalle la confrontación entre ellos, destaca un rasgo, hasta ahora clandestino: la convivencia, cohabitación, que han desarrollado a pesar de las inminencias de acabarse mutuamente, al menos en la visión tergiversada de quienes enarbolan la unidad como control y obediencia, no como voluntad de luchar.

En Venezuela no hubo rescate democrático, la posibilidad humanitaria fue discutida, estuvo sobre la mesa, pero fue la comitiva del gobierno interino quien la descartó por negligentes colaboracionistas y mal cálculo. La comitiva interina, con embustes y medias verdades, persuadió a los aliados con la teoría improbable de que Maduro saldría corriendo por la simple amenaza. Cometieron el error de creer semejante estulticia que sólo pueden proponer cohabitantes, cómplices y socios comerciales cooperantes. De allí, el fracaso del 30 abril y recelo de la Casa Blanca. Lo cierto es que, tras descubrir la estafa provisoria y su línea pro socialista, han decidido -por lo pronto- hacer mutis y vigilar. No se desvinculan, pero tampoco se comprometen. Con gente como esta hay que ser prudentes. No pueden quitarle el respaldo a Guaidó, sin admitir el fracaso dentro de la opinión pública de sus países; se limitan a manifestar preocupación. No arbitrarán mientras siga la mediocridad dirigiendo.

El discurso combativo alivió, no tendría lógica emplear recursos en salir de la dictadura castrista si quienes la sustituyen son chavistas light, y se agregan a la falsa transición funcionarios responsables de la ruina y destrucción. Pero ¡cuidado!, continuaran las sanciones, ningún culpable está libre de investigaciones, aunque sea parte del fracasado y disminuido interinazgo.

 

La tensa calma que vive Venezuela ocurre mientras el castrismo venezolano busca sobrevivir, continúan los desplazamientos y la calidad de vida se deteriora. Son pocos los días para la renovación de la Directiva en la Asamblea Nacional, para ello, deben cuadrar votos en subasta, activar la calle y reforzar el apoyo de los países aliados, hoy, incrédulos, engañados y decepcionados.

@ArmandoMartini