Crónica del perdón, por Orlando Viera-Blanco - Runrun
Crónica del perdón, por Orlando Viera-Blanco

“No hay mejor autoridad que la del Papa Francisco para que desde un territorio pastoral, demande magnanimidad al gendarme que no es más que el cese de la usurpación, el desquite y la soberbia.”

Venezuela está a punto de experimentar el retorno republicano y espiritual más importante de su historia contemporánea. Nunca había ocurrido en tierra de gracia un fenómeno de tanta elocuencia grupal y ciudadana en el cual después de una devastación social, política, cultural y económica sin precedentes, los tiempos nos devuelvan la paz, la prosperidad y la felicidad.  ¿Qué nos falta?

El escenario de la violencia sigue latente. Pero un desenlace no violento luce más plausible. ¿Lección aprendida? Nadie puede seguir creyéndose más que otro en términos ciudadanos. Veamos…

 

El perdón bendice dos veces…

Desde el referéndum revocatorio 2005 Venezuela no había salido de una dolorosa polarización. El discurso divisionista de la lucha de clases encolerizó y revolvió nuestros reflujos históricos. Una sociedad que por más de medio siglo vivió una sangrienta guerra federal (siglo XIX), cuyas montoneras acabaron con un tercio de la población [uno de tres millones de personas]. Llegamos al siglo XX con sensibles falencias, mutilados de afectos y quiebres sociales insoslayables.

El mestizaje no encontró alivio en la mantuanidad. Por el contrario. Nuestra independencia mantuvo una elevada carga de castas propia de la hispanidad. El siglo XX vino marcado por la era petrolera desde la cual vivimos el proceso de movilización social más importante de toda Latinoamérica. De los años 40 hasta los 80, no hubo país en la subregión que se des-ruralizara más.  Records en vialidad, liceos, universidades, hospitales y centros urbanos. Y todos migraron a Venezuela, al tiempo que exhibíamos el Bolívar como uno de los  tres signos monetarios más fuertes del mundo, a la par del franco suizo y al dólar.

Pronto el fantasma del minotauro (oro negro) aparecería. El confinamiento social. Una sociedad de reparto, rentista, populista, que filtró un Estado clientelar hacia el ostracismo. Una selectividad partidista bipartita y miliciana, sacaba de abajo a esa Venezuela de la decadencia mientras otros quedaban encallados en la indiferencia. Vivimos un inmenso proceso de profesionalización, empoderamiento y educación masiva, pero también de desprecio y banalización alejada  de todo pasado humilde y menesteroso. Brota entonces el rechazo, la exclusión, los nuevos ricos, los pijos. Y los des-queridos se van haciendo una  notable y peligrosa mayoría. Olvidados que pronto encontraron su “ángel” vengador: Hugo Chávez Frías…

 

El taita abusó

Chávez profanó una posición de poder- militar y política-para volcar a un pueblo mísero contra una sociedad desenfadada, presumida e inadvertida, que por no aprender a aliviar la carga del pobrecitismo, pagó el injusto precio de la revancha y el odio inducido.

Años de investigación nos han arrojado el por qué de la polarización: desprecio, clasismo, discriminación, rebote, mimetismo. Violencia pasiva. Al pobre ni lo ignoro, aun viniendo uno del mismo caserío. Fue elocuente la respuesta que muchos grupos focales Chavistas light o duros [2005] martillaban a la pregunta: “¿Qué debe hacer un opositor para que Ud. les vote? Respondían:“!Que me pidan perdón!” Un “abajo cadenas” que gritaba un pueblo en abandono hecho cenizas. Una sociedad barrida como desecho. El clamor de un país portátil que no tuvo la oportunidad de movilizarse, estudiar, emprender, cultivarse o salir del barrio como otros. Los reflujos y los reconcomios hicieron estragos. Violencia [pasiva] que trajo violencia…ultraje republicano.

El perdón que piden los miserables a los justos-diría San Agustín-es un llamado a la piedad, a la misericordia. Es la manera que el pueblo “hace justicia”. Compensa el olvido.  Sana una humillación generacional. Es el potaje para curar heridas muy profundas que arrastramos desde la colonia, pasando por montoneras, revoluciones multicolores; la Venezuela saudita y la opacidad de la Venezuela made in Cuba. El gesto de Maduro sería irse para viabilizar y visibilizar la conciliación espiritual y republicana de los venezolanos. Es la reivindicación del “buen salvaje”.  Y no hay mejor autoridad que la del Papa Franciscopara que desde un territorio noble, feligrés y pastoral, le demande magnanimidad al gendarme que no es más que el cese la usurpación, el desquite y la soberbia. Ha sido suficiente…


Justicia, paz y libertad

Perdón no es amnistiar a la cadena de mando responsable de delitos de lesa humanidad y corrupción. Un tema es la redención del pueblo y la paz entre los ciudadanos. Otro es que los crimínales que nos condujeron a esta división histórica, que agitaron todos los demonios, desmantelaron el Estado y saquearon la república paguen por sus actos. Para ellos todo el peso de la ley y de la justicia republicana.

Una anécdota: En un conversatorio en Toronto se levanta de su asiento una Venezolana y me dice sentidamente: ”Embajador yo formo parte de esa Venezuela despreciada que aun va por ahí destilando suficiencia. Yo he sufrido los golpes de la indiferencia por venir de un barrio de la Guaira, del mismo de donde es Guaidó. Y todavía siento rabia por ese desprecio que muchos sudan por ser uno humilde. Gracias por llamar su atención contra esa dolorosa manera de ser, que aun no entienden fue el caldo de cultivo de la violencia y de los odios” Tomé el micrófono, y conmovido le dije: “Os pido perdón…”

@ovierablanco