¿Cómo sobrevivir sin Twitter?, por Carlos Dorado

¿Cómo sobrevivir sin Twitter?, por Carlos Dorado

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El otro día me encontraba en una reunión, y se comenzó a hablar de personas del sector político y económico, y cada vez que salía un nombre a relucir, alguien del grupo comentaba: “ese es un vendido”, “ese es un ladrón”, “ese es un bandido”, “ese es un corrupto”. Siempre con calificativos muy insultantes y peyorativos. Otros, más irresponsables decían: “a mí me dijeron que ese señor era…”, “una persona que lo conoce me contó que es…”. Chismes y desprestigio eran los protagonistas de la reunión.

 

Parece que todo el mundo en nuestro país es ladrón, corrupto y vendido, menos por supuesto, el que está hablando o criticando. ¿Por qué nos cuesta tanto reconocer los méritos y valores ajenos? ¿O es que pensamos que reconociendo el de los demás, estamos pisoteando los nuestros, o subimos los nuestros a costa de desprestigiar a los demás?

Pero ahora para insultar, para chismear o para hacer comentarios degradantes, no hace falta ir a una reunión o hablar con un amigo, simplemente con acceder a las redes sociales, ya encontramos una plataforma ideal de difusión masiva. ¿Ustedes han leído los comentarios que le hace la gente a los artículos de prensa, o a un Twitter? La mayoría usan un lenguaje vulgar, resentido, acusador y casi todos tienen un denominador común: una ortografía de niño de primaria (y de los primeros grados). Estoy seguro de que si no permitiesen comentarios con errores ortográficos, quedarían las redes huérfanas de comentarios.

Las redes sociales se han vuelto muy peligrosas, y la prensa rigurosa está siendo sofocada y exterminada por un montón de aficionados, manipuladores, acomplejados y espontáneos que forman un grupo heterogéneo en el que prima la ausencia de rigor, de criterio y de principios básicos de convivencia y respeto al ser humano.

Ese rigor que se le exige al periodista profesional y serio, y que se le debe exigir a toda persona que pueda ser leída por un determinado número de lectores, pierde la batalla frente al populismo, al insulto, a la demagogia, a la noticia sin confirmar y al sensacionalismo fácil de las redes sociales.

En un mundo como éste -inculto, complejo, lleno de ruido, insatisfecho, resentido, con muy poco criterio y sin valores-; las redes sociales son el mejor de los vehículos; porque no tienen reglas, no se filtra nada, y cualquiera puede decir lo que le da la gana, a sabiendas de que ni su identidad estará al descubierto. ¡Dan la oportunidad de hablar a legiones de mediocres!

Al final, la gente termina comportándose y pensando más según lo que le ofrece las redes sociales populistas, irresponsables y degradantes, que a lo ofrecido por el medio riguroso y contrastado. ¡La información veraz ha sido sustituida por el ruido y el rumor de las redes sociales!

Claro, que no se puede negar que son un medio de comunicación muy potente, y en crecimiento exponencial (¡esto me preocupa!), donde fluye muchísima información; pero lamentablemente, no discrimina, no jerarquiza, no filtra, no exige ningún tipo de méritos, principios, investigación o conocimientos. ¡Ni siquiera la identidad de la persona!

“¿Carlos, cómo puedes vivir, sin una cuenta en Twitter, Instagram o Facebook?”, me preguntaron casi al final de la reunión. “Más bien me gustaría preguntarles a ellos cómo pueden vivir con cuentas de Twitter, de Instagram o Facebook”.

Yo definitivamente soy de la vieja guardia, y no me avergüenza. Todavía vale más para mí un buen libro que un Twitter o un Instagram.

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