Cadáveres fríos y ambiciones calientes, por Armando Martini Pietri

Cadáveres fríos y ambiciones calientes, por Armando Martini Pietri

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Antes que, con injusticia y notable aprensión el régimen ignominioso decidiera sepultar los cadáveres de las víctimas de El Junquito, lo aceptasen o no sus familiares, previa emisión de las actas respectivas en las cuales se establece sucumbieron de disparo en la cabeza, ya ciertos “opositores” habían decidido complacer condescendientes el mandato oficial, de volver a contarse a ritmo constituyente para después, cuando se les ordene, ir dóciles a primarias o consenso y luego concurrir al certamen cómico del chiste presidencial.

Con algunas excepciones, partidos y dirigentes calientan motores para participar en la próxima burla ciudadana, creyendo como tontos que el castrismo dispondrá un sistema electoral transparente, serio e imparcial, y como si la ciudadanía estuviese dispuesta a dejar de lado su indignación y hambre para entusiasmarse con elecciones que a oficialistas conviene y necesitan para legitimarse, porque de pensar que algún candidato distinto pueda ganar es, por decir lo menos, una pendejada. Afortunadamente la comunidad internacional no cree en cuentos de caminos y rechaza contundente semejante argucia impositora del castrismo. Por cierto, que ingratos con la comunidad internacional, quienes pidieron auxilio y recursos, suplicaron solidaridad. Los escucharon y atendieron sus exigencias. Hoy les dan la espalda, los engañan y se burlan, para rendirse a la dictadura haciéndole comparsa en una elección fraudulenta.

Saltan de alegría y emoción, corren a constituyentizar nóminas partidistas, mientras familiares de los asesinados esperaban entre paciencia y furia que les entregaran los restos, en una de las actuaciones más vergonzosas de policías y militares, además de la preocupante intervención de civiles armados presuntos carnetizados por organismos de seguridad.

La dictadura despótica, abusiva y arbitraria enterró los cuerpos, repitiendo la historia pérezjimenista del año 1952 cuando una madrugada y sin testigos -solo la policía represiva- sepultó a Ruiz Pineda; hoy parte de la oposición dialogante y buscadora de espacios entierra su propia historia y conciencia.

¿Quieren los venezolanos elecciones? Sí, por querer si quieren. El problema es saber por quién votar, a quien elegir. Los restos enterrados, están advirtiendo por quiénes no hacerlo.

La Asamblea cubana ha sido eficaz en resaltar la evidente y notoria incoherencia de sectores opositores. Los convocan al diálogo, a viajar como corderos engordados al sacrificio, validar su existencia, volver con la patraña de no ceder espacios porque eso es resistir. ¿Se rebelarán algunos ante tanta afrenta? Unos menos procaces, dicen que no se contarán constituyentemente, pero que si votarán en las anunciadas primarias.

Frente a esta incoherencia contradictoria los ciudadanos se sienten engañados, burlados, tras los constantes secretos previos a los encuentros con la dictadura, sus conclusiones baladíes después de cada reunión, los muertos sepultados a la fuerza ya derramada su sangre. La única rebelión ha sido sentirse ofendidos por el Ministro del Interior, pero aclarando que la injuria oficial no significaba el final del diálogo ni su habitual comportamiento digno sólo en los reconocimientos del retorcido Rodríguez Zapatero.

Bien alimentados, no necesitan buscar comida en las bolsas de basura ni en los CLAP -hay quien señale con cruel ironía que la única diferencia entre bolsas es el tamaño-, financiados sigilosos, refrescados por el aire acondicionado que los aleja del pesado sol dominicano y el ruidoso clamor popular en Venezuela, siguen pensando en términos estrictamente partidistas y en espacios, su eterna pesadilla, y quieren que hambrientos desnutridos, enfermos, hartos venezolanos les den la razón, y los apoyen.

Varios partidos han sido algo más discretos, el conteo tendrá su importancia. Por una parte, tranquilizarán al oficialismo aceptando la imposición renovadora bajo la vigilancia comprometida del Poder Electoral. Por la otra, el CNE será quien oficialice cual tiene más militantes inscritos, dato que permitirá calcular dónde están parados.

Ciertos plantean unión en torno a una única tarjeta electoral, pero algunos en su actual sectarismo turbado y miope han dicho que no. Luego se sorprenden y lamentan con lloriqueos infantiles sobre el desprecio popular. Aunque participar en esta tramoya, tiene el rechazo nacional e internacional.

Lo que llama poderosamente la atención es que la cúpula desmemoriada, proscribiendo su historia de clandestinidades heroicas y sacrificadas, sus presos, muertos y mártires en defensa de la democracia y libertad, echando al pipote de la basura a tantos líderes, convoca públicamente salir a la calle, pero no a protestar, sino a escoger candidato.

No a la morgue o las sedes policiales y militares, a reclamar claridad por el ataque a ciudadanos dispuestos a rendir sus armas. No a la fachada de la embajada cubana para rechazar la humillante invasión castrista en cargos y responsabilidades burocráticas del régimen madurista. No a las oficinas responsables de la distribución pordiosera de los Claps. Ni al Cementerio a prestar testimonio popular de condolencias.

No, sólo convocan para que validen y expresen su preferencia de sectores complacientes, timoratos, mentirosos y serviciales con el régimen, que lleva años cometiendo errores, emplazando movilizaciones que después abandona, los mismos que afirmaron, Maduro saldría de Miraflores en seis meses luego que ellos fueron consagrados en la Asamblea Nacional que ha hablado mucho y poco o nada ha hecho. Si señoras y señores, los mismos que el 16J se burlaron del mandato y voluntad de 7.5 millones de ciudadanos.

Vendrán elecciones y un pequeño sector de la oposición participará, sus integrantes ya no tienen ni siquiera la capacidad de aliarse inteligentes, para defender el enorme malestar de la ciudadanía, y tener así oportunidad de expulsar al castro-chavismo-madurismo del poder, que volverá a recurrir a la trampa. ¿O acaso lo dudan? Siempre y cuando, claro, esa desunión sea capaz de cubrir los testigos en los centros electorales cuando llegue el día soñado, responsabilidad en la cual han fallado en todos los procesos anteriores.

¡Que los muertos entierren a sus muertos! Entre tanto, cadáveres, recuerdos y rumores sobre la infamia de El Junquito y muchas otras, se enfriarán hasta desaparecer, lo que conviene a ambas partes.

@ArmandoMartini

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