¿En qué conflicto vivimos? por Marcos Tarre Briceño
Ago 09, 2016 | Actualizado hace 3 años
¿En qué conflicto vivimos? por Marcos Tarre Briceño

conflicto

 

1º de julio. Ataque terrorista en Dacca, Bangladesh. 28 muertos y 50 heridos.

8 de julio. Atentado suicida en la ciudad iraquí de Balad. 35 muertos y 65 heridos.

9 de julio. Reservista afroamericano dispara contra policías de raza blanca en Dallas. Mata a 5 y hiere a 7 antes de ser muerto por la policía.

14 de julio. Tunecino residente en Francia, se lanza con un camión por el Paseo de los Ingleses en Niza, mata a 84 personas y hiere a más de 300 hasta caer abatido.

15 de julio. Un intento de golpe de estado en Turquía deja un saldo de 256 muertos, cerca de 1500 heridos y miles de detenidos.

22 de julio. En Munich, Alemania, un joven ataca con una pistola a sus compañeros de clase reunidos en un centro comercial. Mata a 8, hiere a 19 y luego se suicida.

23 de julio. En Kabul, Afganistán, estallan dos bombas al paso de una manifestación. 80 muertos y más de 260 heridos.

24 de julio. En Ansbach, Alemania, un terrorista suicida se hace explotar en un restaurante, durante un festival de música al aire libre. 15 heridos.

26 de julio. Dos hombres entran a la iglesia de Saint-Etienne-du-Rouvray, al norte de Francia, degüellan a un anciano sacerdote. Son abatidos por la policía.

26 de julio. Un hombre ataca en un centro para discapacitados en la ciudad de Sagamihara, Japón. Asesina a 19 pacientes, hiere a 26 y se entrega a la policía.

31 de julio. En Venezuela, sin titulares en los medios de comunicación, de acuerdo al promedio existente, habrán sido asesinadas unas 2.250 personas en éste mes.

 

Ante esa avanlancha de atentados, crímenes, atrocidades y muertes, algunos pueden preguntarse: ¿En qué tipo de mundo vivimos? Pero quizás sería más acertado preguntarnos ¿Qué tipo de conflicto estamos viviendo?

 

Cuando viajaba hacia Cracovia, en esas informales declaraciones que suelen darse en el avión, el Papa Francisco sorpendió a los periodistas señalando que estamos en guerra y quizás aportando algunas luces sobre el conflicto que vivimos: “Esta es la guerra. ¿Alguno piensa en la guerra de religión? No, todas las religiones quieren la paz. La guerra la quieren los otros. ¿Entendido? Quiero aclarar una cosa: cuando hablo de guerra, hablo en serio de eso pero no hablo de guerra de religión. Es una guerra por el dinero, por los recursos, por la naturaleza, por el dominio”.

 

Desde el ya famoso libro “La guerra sin límites” escrita en 1999 por los coroneles chinos Qiao Liang y Wang Xiangsui, en cierta forma precursores de las nuevas teorías de los conflictos, han ocurrido hechos en el mundo que han marcado la historia y lo siguen haciendo, como los atentados de Alqaeda, el más reciente surgimiento del terrorismo de Daesh y también se han publicado otros analisis con esclarecedores puntos de vista sobre los nuevos tipos de conflictos. Uno de ellos es de la inglesa Mary Henrietta Kaldor, profesora del London School of Economics. En su libro “Las nuevas guerras – violencia organizada en la era global” señala: “Las nuevas guerras surgen en situaciones en las que los ingresos del Estado disminuyen por el declive de la economía y la expansión del delito, la corrupción y la ineficacia, la violencia está cada vez más privatizada, como consecuencia del creciente crimen organizado y la aparición de grupos paramilitares, mientras la legitimidad política va desapareciendo. Por tanto, las distinciones entre la barbarie externa y el civismo interno, entre el combatiente cómo legítimo portador de armas y el no combatiente, entre el soldado o policía y el criminal, son distinciones que están desvaneciéndose. La barbarie de la guerra entre Estados puede acabar siendo una cosa del pasado. En su lugar surge un nuevo tipo de violencia organizada que está más extendida, pero que es, tal vez, menos extrema.”

 

Desde muy temprano, el fallecido presidente Hugo Chávez comenzó a mencionar los términos de “guerra asimétrica” o “guerras de cuarta generación”. Según un analista argentino, el doctor Mariano César Bartolomé, nunca estuvo muy claro a qué se referia exactamente Chávez y asoma hasta cinco interpretaciones en su trabajo “Las guerras asimétricas y de cuarta generación dentro del pensamiento venezolano en materia de seguridad y defensa”, publicado en la “Military Review” de enero-febrero de 2008. El analista separa definitivamente los conceptos de “guerra asimétrica” del de “guerra de cuarta generación”, aclara que la “guerra asimétrica” no es una vía del imperialismo para subyugar estados revoltosos, como tampoco es una herramienta de resistencia contra el imperialismo; y que la “guerra asimétrica” y “guerra de cuarta generación” adquieren en Venezuela contenidos diferentes a los que predominan en el campo de la seguridad intenacional…

 

Cada quién entonces estaría usando éstas terminologías a su conveniencia. El gobierno de Nicolás Maduro insiste en presentarse como “víctima” de una guerra mediatica, económica, política y social, responsabilizando a factores externos por sus fracasos sistemáticos y jamás asumiendo o rectificando los errores cometidos. Pero, una de las hipótesis del investigador Bartolomé que sugiere que la “guerra asimétrica” venezolana sería una gigantesca operación orientada a profundizar e incrementar el control sobre la ciudadanía, no deja de presentar elementos que llaman la atención.

 

En primer lugar, una retorcida y sistemática estrategia del fallecido presidente Chávez siempre fue acusar a otros, a terceros, de procederes incorrectos que él mismo, en secreto, instrumentaba. De ese modo, se presentaba como “víctima” de una agresión asimétrica internacional cuando en realidad aplicaba interna y localmente técnicas de la guerra asimétrica para controlar a su país. En segundo lugar, sólo en el marco de ésta hipótesis tiene sentido la permisividad del gobierno frente a la criminalidad y haber permitido, o propiciado, que Venezuela se convirtiera en pocos años en el segundo país del mundo con la peor tasa de homicidios, según las Naciones Unidas; igualmente se entendería la impunidad sistemática, la tolerancia fente a los criminales, el triste invento de las “Zonas de Paz” o la entrega de las cárceles a las mafias, todo como parte de un plan maquiavélico de dominio y control interno… En tercer lugar, llama poderosamente la atención que en ningún régimen comunista o radical socialista, entiéndase Cuba, Nicaragua, China o Corea del Norte; o los antiguos países de la Cortina de Hierro, los respectivos gobiernos mostraron o muestran mano dura frente a la delincuencia común y reprimen de forma brutal y hasta despiadada a los criminales, lo que en ningún momento ha ocurrido en Venezuela.

 

Muchos no creen que el oficialismo tenga capacidad para ejecutar un plan tan elaborado; o que no son suficientemente perversos, que el problema de la inseguridad es por simple ineficiencia gerencial; o que quizás al principio fue parte de un plan pero se les fue de las manos… Pero, al margen de sus causas y orígenes, la realidad es que hoy en Venezuela estamos viviendo y padeciendo un escenario de “guerra asimétrica” contra la sociedad civil, la gente y los ciudadanos, tal como la afirma el Papa Francisco y como bien señala la analista inglesa Kaldor: “También la nueva guerra intenta evitar el combate y hacerse con el territorio a través del control político de la población… …la nueva guerra toma prestadas de la contrarrevolución unas técnicas de desestabilización dirigidas a sembrar “el miedo y el odio”. El objetivo es controlar a la población deshaciéndose de cualquiera que tenga una identidad distinta (e incluso una opinión distinta). Por eso el objetivo estratégico de estas guerras es expulsar a la población mediante diversos métodos.”

 

Entonces estamos en Venezuela en medio de un diferente tipo de violencia, de insurgencia criminal, que demandará por parte de nuevas autoridades unas políticas, unas estrategias y unas medidas muy distintas a las tradicionales para poder combatirla con posibilidades de éxito.

 

@marcostarre