Entre sueños y pesadillas: Al son de La Habana por Armando Martini Pietri

Entre sueños y pesadillas: Al son de La Habana por Armando Martini Pietri

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Los atardeceres en La Habana suelen ser hermosos, y se deslizan, como en tiempos de otros dioses, de las profundidades del Océano Atlántico a los misterios de México y Centroamérica. Sin embargo las noches de la capital de Cuba ya no son lo que los ya muy viejos cuentan que fueron antes de la revolución, cuando los cubanos eran más o menos felices y no lo entendían. Hoy sobreviven centros concentrados alegres, pero en general son más como las noches de los viejos barrios caraqueños de antes de Pérez Jiménez. Umbrosos, aunque sople la brisa en el malecón.

Ni Hugo Chávez ni los turistas están conscientes de esas cosas, porque cuando él era niño consentido de los hermanos Castro Ruz a personas de interés como él, viajeros y visitantes especiales sería muy difícil pensar que los llevaran a ver oscuridades; y cuando errónea y tercamente viajó a tratarse el cáncer en la capital cubana, bueno en una clínica de lujo no hay rincones oscuros. ¿O sí?

Los Castro Ruz –antes ocupadas por Fidel Alejandro y ahora por Raúl Modesto- tienen instalaciones  amplias, con muchos bombillos, sedes del poder absoluto, de la presidencia, de la jefatura militar, de la revolución que envejece y se convierte en más ruina de la conocida, y hasta de los almendrones –milagros falsos porque han estado siendo reparados y sostenidos en marcha con lo que se ha podido y no con lo que se ha debido, pero sí demostración de que el ingenio de los pueblos se le escapa a las revoluciones, tiranías y militarizaciones. El capitalismo cubano cambió mucho antes de que transcurriera su primera década, se uniformó de rojo sangre y de revolución, echó fuera de la isla a cuantos ricos no lograron fusilar el Ché Guevara y los hermanos comandantes en jefe. Crearon nuevos generales y jefes políticos para ser el amo de una economía que nunca aprendido administrar; economía del dame o me muero de hambre, de largos discursos y amplias concentraciones, blá blá del desastre anunciado.

Los primeros generosos proveedores fueron los rusos, para quienes Cuba no era un país sino un puente oportuno y frente a la Unión Soviética los Estados Unidos tenían a Europa, particularmente Alemania dividida en la exitosa capitalista y la sombría comunista -tomen nota de la diferencia-. Los Castro fusilaron, encarcelaron y echaron a los cubanos con iniciativa pero por ello mismo no castro comunismo, y se quedaron con los camaradas rusos. Cuando los soviéticos se enfrentaron finalmente a su propio fracaso y se fueron al piso, la realidad castro cubana quedó desnuda: escasez, restricción, carestía y finalmente hambre.

Sin embargo unos años después sopló nuevamente el viento cálido del Caribe y hay que reconocerles a los hermanos Castro, particularmente a Fidel Castro Ruz todavía entonces físicamente fuerte y con la astucia de la veteranía, haber entendido al entonces joven y de fresca imagen aunque militar y políticamente fracasado Hugo Chávez como su llave a la riqueza del petróleo. Castro vio la rendija que no habían visto los dirigentes venezolanos, y por ahí se coló.

El edecán de Fidel anuncia la visita de Raúl al ambiente tropical del hermano mayor –pero ya no jefe- y comienza una reunión que al principio toca temas familiares pero que rápidamente deriva a lo que les interesa, tópicos políticos tanto de carácter nacional como de interés internacional. Es un diálogo e intercambio de perspectivas entre dos ancianos, uno enfermo y devaluado el otro casi tan viejo pero aguantador. Ambos están sobregirados inclusive de la tercera edad, en consecuencia el cansancio de la vejez llega inmisericorde y ambos se quedan dormidos -al menos eso piensan- cuando de repente sin aviso ni mención protocolar se produce la aparición del comandante favorito Hugo Chávez quien, siempre ruidoso exclama con cariño: “¡Acere que Bola! Padre Fidel, hermano Raúl, ¿cómo están? ¿Cómo se sienten?.”

 

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A las edades de los hermanos Castro temerle a la muerte es más o menos una necedad y la verdad es que los octogenarios son más audaces que miedosos y todo lo que han venido preparando desde que lograron ese tesoro personal que se llamó Chávez y ahora cambió de nombre a Maduro y compañía, es justamente preparación para el fallecimiento. Reaccionan y responden casi al unísono: “¡Hugo, muchacho!, ¿qué te pasa chico?, te veo deprimido!”, dice Raúl frotándose los ojos;  “No luces nada contento, ¿qué podemos hacer para alegrarte?”, agrega Fidel, siempre más político.

Pero cuando el comandante venezolano se dispone a responder…Fidel reacciona con rapidez, angustia propia y sin vacilar pregunta: “¿Será que ha llegado la hora de despedirme de esta vida?”. Chávez sin titubeo, con una risa y picardía llanera habla: “tranquilo Fidel el día que te vayas de esta tierra no vendré a buscarte, te estaré esperando con un cóctel de bienvenida”.

Aclarada la duda, Chávez con tristeza y decepción reflexiona: “No vengo a conversar de economía” “Venezuela está muy mal, como nunca estuvo; la crisis se hace más grave cada día, el anunciado ‘dakazo’ no termina de llegar y no sé si llegará”.

Interrumpe Fidel: “Hugo, hijo, no te preocupes, nosotros por más de 50 años hemos sometido al pueblo cubano con penuria y restricción; inclusive una de las diferencias que tuve con Raúl y el Che in illo tempore, fue que al pueblo le diera un poco de hambre para que se ocuparan de algo y dejaran de conspirar. Lo que si le damos en exceso es circo, nacionalismo y patrioterismo. Eso nos funcionó. Tú lo entendiste y es lo que estamos haciendo en Venezuela, date cuenta que los jefes de las campañas son Bolívar y tú, a eso apostamos.”

Raúl entra en la conversa: “estamos al tanto de esos temas con Nicolás –que es mas rollo que película- y su gente. Preparamos muchas sorpresas que vendrán en su momento”.

Chávez, no se siente conforme, indica: “no crean ni por un momento que el pueblo venezolano es tonto nunca hay que subestimarlo; una cosa es ser paciente e ilusionado, y otra pendejo”.

Cambia el tema Hugo y suelta con zozobra: “Me angustia la cuestión electoral, ¿qué piensan?, ¿qué vamos a hacer?”

Fidel se excusa en discutir el tema y solo expresa: “nosotros solo hacemos elecciones que ya hemos ganado ‘como sea’…” y de inmediato Raúl resalta: “mientras muchos estaban pendientes de la supuesta muerte, otros de su hospitalización en Brasil y los menos de su reclusión en Caracas, por aquí conversábamos y repasábamos las tareas y detalles que debemos realizar en estas semanas restantes al 6D para asegurar las elecciones parlamentarias.”

Chávez pregunta: “¿Pero cómo es eso, se arriesgaron mucho y si se descubre?”.

Raúl continua con seguridad y chispa cubana: “Jamás y nunca se sabrá nada. Distraíamos a la gente con la denuncia en la Fiscalía contra Mendoza –Polar- y con el cuento de un supuesto conflicto en Carabobo.” Sonríe con maldad Raúl: “todo planificado con mucho cuidado.” Y agrega: “lo que nunca imaginamos fue lo del traidor Fiscal, pero eso nos ayudo tanto que divide la oposición y resalta el liderazgo de López enfrentándolo con los demás; sea verdad o mentira lo que expone el ingrato”.

Raúl enciende un puro, se sirve un Habana Club Reserva Especial con hielo toma un sorbo y continúa: “no te preocupes por el tema electoral las camaradas-patriotas son fuertes, leales, expertas y saben lo qué hay que hacer. La sala esa, que ustedes llaman situacional nos informa en tiempo real. Maduro está muy débil, el rechazo es muy alto –más del 75%- eso es grave. Pero le hemos recomendado que no participe en la campaña porque no se discute la presidencia sino la Asamblea. Sin embargo la oposición, una vez más la quiere convertir en un plebiscito cometiendo el mismo error de siempre. ¡Coño es que no aprenden!”. En todo caso el comandante Raúl continúa su relato: “nosotros vemos y analizamos las elecciones por circuitos es decir, 100 y tantos de procesos independientes y por eso ganaremos la mayoría. Ciertamente tendrán más votos, pero no mas diputados”.

Sin embargo Fidel interviene con voz de experto: “aun falta mucho por pasar; esperemos e iremos ajustando las estrategias según las circunstancias, porque no se trata de la junta directiva de la asamblea que ya es grave perderla sino también: el manejo del presupuesto asignado, la televisión y radio, los periódicos, la imprenta, el personal, la direcciones sectoriales, los empleados, las presidencias de las comisiones permanentes, en fin no permitiremos que la oposición le ponga la mano a nuestros recursos económicos y políticos.”

Chávez quiere coger un diez, cambia el tema y se va a lo internacional: “los felicito ganaron –casi unánime- la votación en la ONU, Israel y USA como siempre en contra.” Fidel con desconfianza expresa: “qué carajo importa si esos cabrones nunca le han hecho caso a nada, para prueba, aun estamos embargados felizmente.”

“Por cierto Raúl”, indica Fidel: “hay que llamar a Nicolás y felicitarlo por haber ganado la votación para continuar en la Comisión de Derechos Humanos.” Y agrega: “te fijas Chávez a pesar de la guerra mediática los vencemos.”

El comandante eterno quiere saber más y pregunta: “¿Cómo han visto el desempeño de Maduro y el gobierno en el caso de Colombia y Guyana?.”

Raúl con la simpatía y zamarrería característica de la cubanidad manifiesta: “Hugo allí además del traslado de votos, debemos reconocer que tus hijos han sido obedientes cumpliendo nuestras recomendaciones. Lo de Colombia surtió el efecto que esperábamos sin embargo aun la necesitamos por aquello de la guerra económica y todo lo demás que viene; y con Guyana el locato que la dirige ya entro en cintura y está más tranquilo”

“Qué bueno me contenta” expresa Chávez y de inmediato pregunta a Raúl: “¿cómo va la cosa con los gringos?.”

Interrumpe entre sollozos Fidel: “los gringos y el imperio son unos cínicos de mucho cuidado te dicen una cosa y a la vez te dan una puñalada. La votación en la ONU lo demuestra”.

Raúl retoma la palabra: “Lento Comandante pero con paso firme ya conoces a los yankis, son complejos y complicados”. Por cierto advierte Raúl: “le hemos dicho a Maduro que se deje de tantas estupideces y arregle las relaciones diplomáticas con Obama antes que deje la presidencia porque lo que viene no es nada fácil. Hillary no tiene competidor y no siente ninguna simpatía por nosotros, no tendrá  consideración. Tendremos que ver como la engatusamos por la vía de Bill, a lo mejor con alguna visita de una tosta trigueña y un buen habano resolvemos … Y por el otro lado, cualquiera es peor -ni decir- del loco de Trump y/o el radical de Rubio.”

Chávez se nota inquieto, incomodo y no muy convencido e insiste en el tema electoral: “¿pero aun no comprendo la maniobra?.”

Raúl hace pausa en la espera que el comandante Fidel manifieste opinión: “Hijo te reitero no te preocupes la estrategia consiste en molestar, fastidiar, intimidar al ciudadano para evitar a toda costa se dé el voto castigo a favor de la MUD. De nuevo el patrioterismo y el circo son las claves para unir, el ataque psicológico y mental de amedrentamiento que a diario hace el psiquiatra capitalino es demoledor, lo del mazo dando y la hojilla es apabullante, la exaltación de la figura de Chávez es clave y arrollador, la confusión, la inserción del miedo, la inoculación de la mentira, en fin … forman parte de la maniobra para que nuestra maquinaria actué con máxima eficiencia y las camaradas procedan con plena tranquilidad …”

El comandante eterno vuelve con preocupación: “pero no sé, no estoy seguro tengo muchas dudas.” Ya Fidel no responde y entra Raúl: “todos las tenemos. Perdóname pero es que el gobierno sus peleas dentro y fuera de su esfera… es que son malos!”

Ya pesa mucho la edad están abatidos, el cansancio y el fastidio son evidentes, la conversación y repetición de frases -características de la ancianidad- se hacen axiomáticas. Chávez que aun mantiene la energía y el deseo –desesperado- de continuar la tertulia, recibe como respuesta; ronquidos emitidos en perfecta armonía acompañados de emanaciones por ventosidad del vientre.

 

@ArmandoMartini    

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