Maduro desempolva el Grupo de Boston para romper el cerco de Trump

Maduro desempolva el Grupo de Boston para romper el cerco de Trump

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Antes de declararle la guerra –verbal– al “imperio”, el líder de la revolución chavista visitó la casa de Edward Kennedy y dijo apostar por la hermandad. Ahora retoma los contactos de su época de parlamentario para enfrentar el aislamiento internacional

 

@pppenaloza

¿EN QUÉ LUGAR DEL MUNDO PODRÍAN COINCIDIR un Presidente de la República Bolivariana, una primera combatiente de la revolución, un secretario de Estado de Estados Unidos, un “león” de la dinastía Kennedy, un magistrado de la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia y una rectora del Consejo Nacional Electoral? Respuesta: en el Grupo de Boston.

Nacido tras el golpe del 11 de abril de 2002 como una iniciativa para fortalecer los maltrechos lazos entre la Asamblea Nacional y el Congreso norteamericano, el Grupo de Boston pasó años desactivado y ahora de manera sorpresiva retoma protagonismo ante la opinión pública por su participación en la liberación del misionero mormón Joshua Holt, preso desde julio de 2016 en la sede del Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (Sebin) ubicada en El Helicoide bajo la acusación de porte ilícito de armas de guerra.

El encargado de revivir esta iniciativa binacional fue el gobernador del estado Carabobo, Rafael Lacava, quien el 17 de diciembre pasado fungió de anfitrión en el hotel Hesperia de Valencia en un encuentro con miembros fundadores del Grupo de Boston.

La nota de prensa oficial recoge que en la reunión participaron “el coordinador del grupo”, Pedro Díaz Blum, los constituyentes Elvis Amoroso, Saúl Ortega y Victoria Mata, el comunicador chavista Francisco “Frasso” Solórzano, y los antiguos parlamentarios opositores Ángel Emiro Vera, Pedro Pablo Alcántara y Luis Beltrán Franco.

El Grupo de Boston se conformó de manera paritaria en 2002. Diez legisladores oficialistas y otros tantos de la oposición. El chavismo incluyó a Nicolás Maduro, José Khan, Luis Acuña, Calixto Ortega, Tania D’Amelio, Saúl Ortega, Victoria Mata, Francisco Solórzano, Amalia Sáez, Héctor Vargas y Rodolfo Gutiérrez. Más tarde se sumó Cilia Flores.

Por la oposición intervinieron Pedro Díaz Blum, Ramón José Medina, Leopoldo Puchi, Luis Beltrán Franco, Carlos Tablante, Ángel Emiro Vera, Julio Montoya, Pastor Heydra, Néstor López y Rafael Parra Barrios. Dirigente de Proyecto Venezuela para la época, Díaz Blum encabezaba el grupo de amistad Venezuela-EEUU en la AN y posteriormente asumió el liderazgo del Grupo de Boston.

La delegación del Congreso norteamericano estaba compuesta por los representantes Cass Ballenger, republicano que presidía el Subcomité de Asuntos Hemisféricos Occidentales, y los demócratas William D. Delahunt y Gregory Meeks. Completaban la instancia los senadores demócratas John Kerry y Edward Kennedy, y los asistentes Caleb McCarry, Ted Brennard y Paul Oustborg.

El amor y la guerra

La idea de acercar a legisladores venezolanos y estadounidenses contó con el apoyo de la Cámara Venezolano Americana de Comercio e Industria (Venamcham), la Organización de Estados Americanos (OEA), cuyo secretario general era el expresidente colombiano César Gaviria, y el embajador de EEUU ante la OEA, Roger Noriega.

En septiembre de 2002, la comisión paritaria de la AN realizó su primer viaje a Washington y Brewster, Massachusetts. Tres opositores que vivieron aquella experiencia coinciden en calificarla como “muy positiva”. “Fueron jornadas de estudio sobre la resolución de conflictos con el apoyo de expertos de la Universidad de Harvard, participamos en debates muy interesantes”, resume una de las fuentes consultadas.

Dos fundadores chavistas observan que el intercambio en tierras norteamericanas “permitió que pudiéramos compartir respetando nuestros puntos de vista y diferencias ideológicas, con el objetivo de trabajar en función del país”.

En paralelo a la agenda oficial, los norteamericanos se tomaron en serio eso de promover la convivencia entre sus pares venezolanos. Para sorpresa de los involucrados, acomodaron en una misma cabaña a Nicolás Maduro y Ramón José Medina. Sin embargo, una falla en el aire acondicionado obligó al ex subsecretario ejecutivo de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) a mudarse a otra habitación junto con su colega Luis Beltrán Franco.

Edward “Ted” Kennedy, fallecido en 2009, recibió a la comitiva criolla en su residencia levantada a la orilla de la playa en Cape Cod, Massachusetts. “Allí estuvieron Nicolás y Cilia, encantados con ese icono de la política norteamericana que era Kennedy, eso realmente generó mucha distensión”, relata un opositor. El futuro Presidente congenió inmediatamente con los demócratas Delahunt y Meeks, quienes asistieron a las exequias del comandante Hugo Chávez en marzo de 2013.

Un chavista agrega que “Ted” los trató con mucha deferencia, recordando que Venezuela fue uno de los primeros destinos en el exterior que visitó su hermano John como presidente de EEUU. “Nos permitió conocer el museo de John Kennedy, dijo que sentía una gran afinidad con Venezuela y que por eso nos abría su casa, algo que no hacía con todo el mundo”, comenta el oficialista.

Los tres opositores entrevistados que compartieron con Maduro lo describen como “un tipo cordial”. “No hablaba mucho, pero claramente era el jefe de los chavistas, en contraste con nosotros que éramos un grupo de ‘libres pensadores’”, suelta uno. “Nicolás y Cilia actuaban en tándem, iban a las reuniones con interés, disciplina, había un ambiente de camaradería”, expone otro. “La menos dada con nosotros era Cilia”, subraya el tercero.

Así como observaron una interpelación hecha al general Colin Powell en el Comité de Política Exterior del Senado y presenciaron actos de campaña electoral, en un segundo viaje organizaron un juego de sofbol en la isla de Nantucket, a unos 50 metros al sur de Cape Cod, que terminó empatado “para evitar conflictos”.

Las partes acordaron “asumir el compromiso de defender la democracia de Venezuela a través del diálogo, el respeto mutuo y la tolerancia”, y coincidieron en la necesidad de fortalecer la AN. Con ese fin, el Congreso norteamericano donó equipos al Parlamento venezolano para que instalara su televisora (ANTV).

Inspirados por ese espíritu de concordia, desempolvaron parcialmente las labores de control parlamentario, y la mayoría prometió frenar su aplanadora en la discusión de la Ley de Responsabilidad Social en Radio y Televisión (Resorte). “Por eso invitaron a los dueños de medios al debate, aunque el resultado no fue el mejor”, reconoce un exdiputado.

Pronto el catálogo de buenas intenciones chocaría con la realidad. El paro petrolero y la pelea por el referendo revocatorio de 2004 subieron la temperatura al límite y en 2005 la oposición resolvió no competir en las elecciones parlamentarias, perdiendo su representación en la AN. El Grupo de Boston quedaba en el limbo.

Los golpes de Mr. Robinson

El Grupo de Boston vuelve a escena a bordo del carro de Drácula. Hace 18 años, Lacava era un diputado suplente “simpático” que se entendía con sus pares opositores y siempre estaba en la Cámara por las reiteradas ausencias del principal, Francisco Ameliach.

Ahora el dirigente del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) gobierna Carabobo y es visto como un hombre de confianza de Maduro, con quien habría acordado relanzar este puente de comunicación con el Congreso de EEUU. A su favor tiene su experiencia diplomática como embajador en Italia y su conocimiento del inglés.

El mandatario regional contó con el apoyo de Díaz Blum, presidente del Grupo de Boston que fue vocero de Proyecto Venezuela, luego suplente en el Consejo Nacional Electoral (CNE) del rector Vicente Díaz y que compitió sin suerte como independiente por Carabobo en las parlamentarias de 2010. “Díaz Blum hizo una buena amistad con Nicolás y Cilia, siempre fue un opositor light”, asevera un antiguo parlamentario.

Díaz Blum se excusó de brindar su testimonio para esta nota, argumentando que los miembros del Grupo de Boston acordaron no ofrecer declaraciones. Se limitó a indicar que prefieren mantener el bajo perfil para no torpedear la agenda de trabajo que vienen desarrollando y adelantó que en las próximas semanas retomarán la columna que publicaban en el diario El Universal.

En el norte el promotor del reencuentro fue Caleb McCarry, asesor del republicano Robert Corker, presidente del Comité de Relaciones Exteriores del Senado que se reunió con Maduro el 25 de mayo en Miraflores para sellar la liberación de Holt.

Los opositores resaltan la influencia de McCarry, quien habla español y desde un principio se preocupó por forjar un vínculo cercano con Maduro, Flores y el resto de los venezolanos del Grupo de Boston. Nombrado en 2005 por el presidente George W. Bush como “coordinador para la transición a la democracia en Cuba”, jugó un papel clave en la solución del caso del misionero mormón.

Reactivada la iniciativa, sus miembros se reunieron en la embajada de EEUU con el encargado de negocios, Todd Robinson. Dos opositores utilizan la misma palabra para describir el inicio de aquella conversación: “áspera”. “Robinson dijo que jamás lo habían tratado tan mal, se quejó porque no le permitían ofrecer asistencia consular a Holt, y cuestionó severamente al chavismo por desconocer la AN”, cuentan los testigos sorprendidos por el tono “poco diplomático” de aquella bienvenida.

El segundo vicepresidente de la Constituyente, Elvis Amoroso, respondió que en el Parlamento no conseguían con quien dialogar, y Lacava buscó disminuir la tensión hablando con Robinson sobre su afición por los Mets de Nueva York y el FC Barcelona. Al final, Amoroso y el gobernador carabobeño se comprometieron a colaborar en el caso de Holt, privó el tono institucional y la charla culminó de forma “medianamente grata”.

Después hubo otro cónclave en la embajada norteamericana, con motivo de la visita del senador demócrata Dick Durbin, recibido por Maduro en Miraflores el 6 de abril. Amoroso abrió fuegos culpando a las sanciones del “imperio” por la grave crisis económica que padece Venezuela y Robinson lo desmintió con acritud. Para evitar que el intercambio pasara a mayores, todos confluyeron en la necesidad de recuperar los lazos bilaterales.

Nuevo comienzo

La historia terminó con Robinson expulsado del país el 22 de mayo, Holt fuera de El Helicoide cuatro días más tarde, y el Grupo de Boston gozando de un protagonismo inusitado, publicando en su cuenta Twitter una foto en la que aparecen sonrientes Lacava, Díaz Blum, McCarry y Corker celebrando este final feliz.

“Sería un despropósito atribuir al Grupo de Boston la liberación de Holt”, advierte uno de sus miembros fundadores. Si en sus albores esta instancia era una expresión de la pluralidad política del país, hoy se ha convertido en un instrumento de uso exclusivo para el oficialismo, que se ha negado a incorporar a los nuevos diputados de la Unidad.

Un opositor considera que en esta nueva etapa el Grupo de Boston puede utilizarse como una “fachada política” para facilitar las gestiones diplomáticas de Lacava, “quien está empoderado por Maduro”, y contrarrestar el aislamiento del régimen chavista, sometido a sanciones por parte de la administración del presidente Donald Trump.

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