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La aeronave está entre las que la OFAC sancionó hace semanas y que son propiedad de Pdvsa

Estados Unidos continuó endureciendo sus sanciones a Venezuela tras el encuentro del ministro de Transporte español José Luis Ábalos con la vicepresidenta Delcy Rodríguez. Solo 24 horas después de que se vieran, la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC, en inglés) del Departamento del Tesoro de Estados Unidos anunció que había decidido incluir en su lista negra los aviones que utiliza el Ejecutivo venezolano para moverse por el mundo y que incluye el que usó Rodríguez días después de verse con Ábalos.

La medida afectó a 15 aviones propiedad de Petróleos de Venezuela SA, entre los que se encuentra el Dassault Falcon 2000EX con matrícula YV3360 en el que viajó la vicepresidenta. Aunque no es con el que aterrizó en Madrid, Rodríguez lo empleó este jueves para volver a Caracas tras su visita oficial de cuatro días a Turquía.

Estambul era su destino final cuando hizo escala en la Terminal Ejecutiva del aeropuerto de Barajas en la madrugada del domingo al lunes. Allí llegó en un Falcon 900LX matrícula TC-AKE operado por la compañía privada Sky Valet y, tras la parada técnica de 14 horas en la que mantuvo el encuentro con el secretario general del PSOE, volvió a subirse al mismo aparato para despegar rumbo a Estambul.

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Los documentos del testaferro de Maduro: 5.600 millones de dólares del dinero público en Suiza

Raúl Gorrín Belisario, presidente del canal televisivo Globovisión y socio financiero prioritario de los gobiernos bolivarianos, movió entre 2011 y 2013 en cuentas en bancos suizos no menos de 5.600 millones de dólares procedentes de caudales públicos de Venezuela. Gorrín y su socio Gustavo Perdomo eran los últimos beneficiarios de 10 cuentas en los bancos suizos EFG Bank de Zurich y Compagnie Bancaire Helvétique (CBH) de Ginebra, desde donde se recibieron y ordenaron cientos de transferencias millonarias. Gorrín y Perdomo se convirtieron en testaferros de Nicolás Maduro y su mujer, Cilia Flores, desde 2014, según explican a El Confidencial servicios de Inteligencia y la ex fiscal general de Venezuela, hoy en el exilio en Colombia, Luisa Ortega. “Gorrín es el testaferro de Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores”, asegura Ortega a este medio.

Ambos socios diseñaron y desarrollaron tramas de malversación de caudales públicos y el pago de sobornos multimillonarios a altos funcionarios públicos. Estas actividades ilícitas les han enriquecido hasta límites que son inconcebibles para el común de los mortales. También a sus representados.

Todas estas afirmaciones se sustentan en documentación a la que El Confidencial ha tenido acceso en exclusiva. Incluye investigaciones policiales, comunicaciones intervenidas a los involucrados, multitud de movimientos bancarios en entidades financieras con sede en varios países, entrevistas a los personajes de los entramados y sentencias y autos de acusación judiciales en diversas jurisdicciones. Todo este caudal de información proporciona por primera vez una mirada pormenorizada a las entrañas de los procesos de corrupción masiva en el seno del chavismo en un contexto en el que se dirime el futuro inmediato de Venezuela.

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EL GENERAL HUGO ARMANDO CARVAJAL BARRIOS hizo un pronunciamiento público en un vídeo en favor de que Nicolás Maduro abandone el poder, de que los militares se rebelen contra el presidente y se celebren elecciones libres. Asimismo, se pone al servicio de Juan Guaidó, proclamado presidente de Venezuela el pasado mes de enero, y le dice: “Aquí está un soldado más por las causas de la libertad y la democracia, para ser útil en la consecución del objetivo de reestablecer el orden constitucional que nos permita convocar elecciones libres”.

La rebelión de parte de la cúpula militar se viene fraguando desde el domingo 27 de enero en coordinación con la administración Trump y con conocimiento pleno del propio Guaidó, según El Confidencial.

En el texto de la declaración, el mayor general Carvajal Barrios exhorta al alto mando militar y a Nicolás Maduro a poner fin a “la más profunda crisis republicana y humanitaria de nuestra historia moderna”. “No puede ser posible que ese mismo ejército (ahora en manos de unos cuantos generales subyugados a lineamientos cubanos) se haya convertido en el mayor colaborador de un sistema de gobierno dictatorial, diseñado para plagar al pueblo de miserias”, añadió.

Mayor general del Ejército ahora retirado y diputado a la Asamblea Nacional por el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), Carvajal Barrios es más conocido por haber sido el director de la Dirección General de Contrainteligencia Militar (DGCIM) durante más de ocho años. Siempre se ha mostrado leal a Hugo Chávez, pero ha sido muy crítico con sectores del gobierno de Nicolás Maduro.

 

PERFIL Entérese quién es Hugo Carvajal, el militar chavista que ahora se pone a la orden de Juan Guaidó

 

“El orden comenzó a perderse con la creación de la Asamblea Nacional Constituyente (en contra de la cual me expresé en su momento), que luego pasó por la realización de unas elecciones amañadas, y se terminó de echar por la borda el pasado 10 de enero con la usurpación del poder de Nicolás Maduro”, dijo Carvajal Barrios en su declaración.

El manifiesto firmado por el general Hugo Carvajal clama la situación deplorable del ejército venezolano: “El día de hoy, técnicamente no tenemos capacidad para enfrentar a ningún enemigo. El que diga lo contrario, miente. La fuerza armada no es ajena a la desastrosa realidad venezolana. Igual se encuentra sin comida, sin medicinas, sin munición y con la mayor parte de los equipos bélicos obsoletos, canibalizados y con partes robadas”.

El apodado “Pollo Carvajal” apuesta por una Ley de Amnistía porque “es una puerta abierta hacia el futuro, solo depende de ustedes cruzarla hacia la libertad o cerrarla y quedarse atrapados para siempre”.

En su alocución, Carvajal hace mención de una carta que le dirigió Hugo Chávez en 2005 donde hace mención de los atropellos a los derechos humanos que cometían los funcionarios del Estado en los gobiernos de Acción Democrática y Copei.

Esto sucede a escasas horas de que la oposición venezolana trata de que la ayuda humanitaria enviada por Estados Unidos a Colombia entre en Venezuela. El pasado lunes, 18 de febrero, Donald Trump amenazó a los militares venezolanos si impedían el paso de la ayuda.

Nuestra #FANB [Fuerza Armada Nacional Bolivariana] debe estar alerta y preparada ante las conspiraciones de un grupo de desertores que se han convertido en mercenarios para atentar contra la Patria.¡Máxima Alerta!”, escribió Maduro en su cuenta de Twitter el pasado miércoles 30 de enero

 

 

Casi 13 mil venezolanos han solicitado asilo en España en 2018

CADA DÍA SOLICITAN ASILO EN ESPAÑA 56 VENEZOLANOS. Desde principios de año y hasta el 15 de agosto, 12.785 han cursado esa petición, y muchos más están a la espera. España es el país europeo donde los que huyen del régimen de Nicolás Maduro más solicitudes han presentado, pero el fenómeno abarca al conjunto de la Unión Europea, publica El Confidencial de España.

La Oficina Europea de Apoyo al Asilo (EASO, según sus iniciales en inglés) señala que desde 2014 a 2017 el número de venezolanos que aspiran a obtener protección internacional en los 28 estados miembros se ha disparado un 3.500%. Ninguna otra nacionalidad ha experimentado tal incremento.

Los solicitantes de asilo solo son una pequeña parte de los venezolanos que llegan a España. Exentos del requisito del visado Schengen, la mayoría de los venezolanos se presentan con su pasaporte y con los recursos que han podido sacar del país. Los más acaudalados obtienen la residencia haciendo una inversión de medio millón de euros en un piso o una empresa, explica el abogado caraqueño Juan Carlos Gutiérrez, que se ha incorporado en Madrid al bufete Cremades Calvo-Sotelo.

“También están los que consiguen una residencia no lucrativa al demostrar que poseen medios de vida para al menos un año”, prosigue el letrado Gutiérrez. “Hay visas de estudiantes y, por último, las hay de talento, como la que yo obtuve”, recuerda, porque en Venezuela era un abogado acreditado y un prestigioso bufete español solicitó sus servicios. Se calcula además que al menos unos 10.000 venezolanos que también poseían la nacionalidad española han cruzado el Atlántico sin la intención de regresar.

or eso, la Organización Internacional de Migraciones estimaba que hasta finales del año pasado 208.333 venezolanos se habían instalado en España, una cifra solo superada entonces por los que acogía Colombia, que casi la triplica, y por EEUU, que la superaba en 90.000. A mediados de este año, rondan ya el cuarto de millón, según estimaciones oficiosas. Stéphane Dujarric, portavoz de Naciones Unidas, señaló a finales de agosto que, a causa de la crisis que padece Venezuela, habían salido del país, sobre todo en dirección a sus vecinos, 2,3 millones de personas (el 7,2% de la población del país). Se trata del mayor movimiento migratorio en América Latina.

Sin debate político salvo Zapatero

La llegada de los venezolanos apenas suscita debate político en España, a diferencia de lo que sucede con los subsaharianos. Pablo Casado, el líder del Partido Popular, levantó la voz el pasado fin de semana para pedir que se mejoren las condiciones de su acogida y que se legalice cuanto antes su situación. Si logran no ser rechazados en frontera, concretamente en el aeropuerto de Madrid-Barajas, dijo, “son cinco meses los que han de esperar hasta que solicitan el asilo, seis meses más hasta que pueden tener un trabajo”. “Con lo cual les tienes en el limbo durante 11 meses”, se lamentó. En realidad, los plazos son aún más largos.

Las declaraciones del expresidente José Luis Rodríguez Zapatero son las únicas que levantan cierta polvareda. En una entrevista, achacó el éxodo de los venezolanos a las sanciones impuestas por EEUU al régimen de Maduro desde marzo de 2017. “Quien, en definitiva, en última instancia, lo paga no es el Gobierno sino los ciudadanos, es el pueblo”, declaró el pasado fin de semana a la agencia EFE.

En paralelo a la inmigración irregular, que probablemente rebasará este año el récord de la llamada ‘crisis de los cayucos’ en 2006, las peticiones de asilo alcanzan también en España un máximo histórico, y no solo las de los venezolanos. Superan incluso a las registradas en el Reino Unido, un país con mucha más tradición de acogida de exiliados que España, pero siguen situándose por debajo de Alemania o Francia.

En lo que va de año, hasta el 15 de agosto, último dato recogido en un informe reservado del Ministerio del Interior, han pedido protección en España 32.688 personas. A este ritmo, la Oficina de Asilo y Refugio, que depende de ese ministerio, prevé que en diciembre tendrá sobre la mesa un total de 50.000 solicitudes presentadas a lo largo de 2018, un número que supera con creces al de inmigrantes irregulares. A día de hoy, la oficina ya tiene 52.699 expedientes pendientes de resolución, que en un 62% corresponden a las cursadas este año y el resto a las que colean de años anteriores. Hay incluso cuatro pendientes desde 2011.

Los solicitantes de protección en España poseen nacionalidades diferentes de los ‘sin papeles’ que desembarcan en las costas andaluzas. Estos son en su mayoría marroquíes y después subsaharianos, encabezados por los inmigrantes de Guinea-Conakry. Los que aspiran al asilo son, además de venezolanos, de otros países iberoamericanos y sirios: colombianos (5.078 desde enero de 2018), sirios (1.574), hondureños (1.527), salvadoreños (1.470), etcétera. Los marroquíes son pocos (356) y casi todos inician los trámites en los centros de Internamiento para Exteriores en los que están recluidos con vistas a ser expulsados.

Solo el 4,45% de las 13.350 solicitudes examinadas en 2017 acabó en concesión del estatuto de refugiado, y un 30% en protección subsidiaria, un nivel más bajo de amparo. De una forma o de otra, casi un 35% obtuvo una respuesta positiva, un porcentaje 10 puntos inferior a la media de la UE. Los sirios son, con diferencia, los que más fácilmente consiguen protección en España.

El colapso en la tramitación del asilo en España es garrafal. “Las demoras en la iniciación del procedimiento provocan graves perjuicios a los solicitantes de asilo, que tienen serias dificultades para acceder a los dispositivos de acogida hasta que acrediten que han formalizado la solicitud y la mayoría carece de recursos, por lo que quedan en situación de calle durante meses”, denunciaba ya el Defensor del Pueblo en su informe de 2017.

Atascados y desbordados

El atasco se ha acentuado aún más este año, pero viene de lejos. Desde 2013, todos los años aumenta el número de solicitantes. En 2015, el incremento fue del 150%, y el año pasado de casi el 92%. Por eso, el defensor del pueblo en funciones, Francisco Fernández Marugán, se sorprendía en su informe de 2017 de que el Gobierno de Mariano Rajoy no haya “solicitado a la UE fondos del Instrumento de Ayuda de Emergencia para financiar la concesión de ayuda humanitaria” a los aspirantes al asilo. Estos fondos están disponibles desde 2016.

Para intentar resolver el cuello de botella, los ministerios de Interior y Trabajo convocaron, el 31 de julio, 231 y 92 puestos de funcionarios respectivamente para acelerar la tramitación del asilo y reforzar la acogida de refugiados. Estos sustituirán, como pronto dentro de año y medio, porque la oposición lleva sus trámites, a los 80 funcionarios interinos de Interior y a los 70 de Trabajo que, a fin de año, se irán a la calle.

Los nuevos serán, cuando se incorporen, más numerosos, pero tardarán en ocupar sus puestos y además carecen de experiencia. En ese intervalo entre la salida de los actuales interinos y la llegada del relevo funcionarial, transcurrirán 12 o más meses en los que la Oficina de Asilo y Refugio se quedaría en manos de una treintena de funcionarios de carrera. Si los 110 que hay hoy en día están desbordados, cabe imaginarse lo que sucederá si sus efectivos se quedan en casi una cuarta parte. No parece que sea esa la mejor manera de acabar con el embudo del asilo.

¿Modelo Venezolano? Fuerzas armadas de Cuba, los verdaderos señores económicos de la isla

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Si un ciudadano extranjero intenta tomar fotografías o videos de una de las tiendas recaudadoras de divisas en Cuba -conocidas como ‘shoppings’ por los lugareños-, se le llamará discretamente la atención. Si el implicado es un cubano, la respuesta puede no ser tan condescendiente. Por obra y gracia de una disposición administrativa, a estos establecimientos se les considera “unidades militares”. Una de tantas peculiaridades que origina la organización política y económica de la isla, conformada por el poder que ejercen los militares sobre prácticamente todos los ámbitos de su sociedad.

Puede ser muy peligroso poner en entredicho tal orden de cosas, porque las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) y el Ministerio del Interior (Minint) conforman el núcleo duro del sistema: de sus filas proceden 7 de los 17 miembros del Buró Político (el máximo órgano del Partido Comunista, y en consecuencia, del poder real). Incluso las facultades del presidente del país, cuyo cargo se conoce oficialmente como Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, están por debajo de las que posee el Primer Secretario del Partido, quien cimienta buena parte de su poder en el hecho de encabezar además el Consejo de Defensa Nacional.

Las circunstancias se prestan casi “de oficio” para innumerables desencuentros, algunos de corte kafkiano. A finales de 2016 el diario de una de las principales ciudades de la isla recogía la historia de un lector que había sufrido agresiones por parte de una dependienta, tras haber intentado fotografiar varios adornos navideños. Su objetivo era mostrárselos a su suegra y que esta decidiera cuáles prefería comprar. Para el gerente local de la cadena Cimex, responsable de la tienda, se había actuado según lo establecido, pues existen “regulaciones internas que incluyen este particular sobre la toma de fotografías y filmaciones de vídeos al azar”. Su justificación no podría resultar más peregrina: “En un momento determinado esas acciones pueden debilitar la seguridad o el control interno”.

El origen: la ‘Perestroika tropical’

Los orígenes de Gaesa se remontan a mediados de la década de 1980, cuando después del tercer congreso del Partido Comunista, Fidel Castro lanzó la campaña de “Rectificación de Errores y Tendencias Negativas”, una versión tropical de la Perestroika. En lo económico el proceso se caracterizó por una primera –y muy limitada– ley de inversión extranjera, por la búsqueda de mercados que sustituyeran a los de la cada vez más caótica Europa del Este, y por la creación de una estructura que asumiera los gastos de la defensa y encontrara vías “alternativas” para evitar el embargo de los Estados Unidos.

Gestión estilo militar

“El trato con los militares es más difícil que con los civiles, pero son los que mandan en Cuba”, reconocía hace algún tiempo un ejecutivo español de visita en la Península. Basta repasar el listado de compañías que integran el consorcio para comprobar lo acertado de sus palabras.

Vea el trabajo completo en El Confidencial

 

13 consejos para cuidar la salud de los huesos

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El de la ósea es similar al de la y de los . Se necesita invertir en ella durante los primeros años de . Casi como una pensión, ninguna persona joven se siente muy entusiasmada en ahorrar para el futuro, pero cuando llegue el momento estará contenta de haberlo hecho.

Con nuestros huesos ocurre lo mismo. Los años más importantes para fortalecerlos son hasta mediados de los 20. Ya que luego, alrededor de los 35 años, se produce una pérdida gradual de la densidad ósea debido a los procesos naturales de envejecimiento.

Sin embargo, incorporar hábitos saludables, como tener una dieta sana y equilibrada que incluya calcio y la ingesta suficiente de vitamina D, puede ayudarnos a mantener la masa ósea adecuada durante la edad adulta.

Se debe tener presente que nuestros huesos se forman a partir de dos ingredientes: sales de fosfato de calcio para la dureza (65%) y matriz de colágeno para la flexibilidad (35%). Además, se requieren nutrientes adicionales tales como magnesio, fósforo, boro, cobre, manganeso, zinc, vitamina C, D, K, B6 y ácido fólico (B9) para construir un esqueleto fuerte.

Las semillas de girasol y de calabaza aportan minerales esenciales y aceites saludables

 

Por lo tanto, ¿cómo podemos mejorar la salud ósea durante la infancia? el Servicio Nacional de Salud del Reino Unido (NHS, por sus siglas en inglés) recomienda estos cuatro puntos:

– Ingerir variedad de frutas y verduras.
– Incluir carbohidratos como las patatas, pasta, arroz y pan (preferiblemente integrales) en la dieta.
– Comer proteínas como carnes, huevos, legumbres, nueces y semillas.
– Consumir productos lácteos.

 

Pero, ¿qué debemos comer para tener huesos fuertes en nuestra vida adulta? Los expertos recomiendan, además de incorporar hábitos para tener una vida saludable, los siguientes grupos de alimentos:

 

1. Muchas verduras, especialmente las que tienen hojas verdes.
2. Caldo de pescado, pollo o ternera preparado con los huesos del animal y una cucharada de vinagre para ayudar a liberar los minerales (de la médula).
3. Cereales integrales para la fibra y carbohidratos complejos.
4. Productos lácteos orgánicos.
5. Las semillas de sésamo son una excelente fuente de calcio adecuado para veganos.
6. Las semillas de girasol y de calabaza aportan minerales esenciales y aceites saludables.
7. Alimentos fortificados con calcio como el pan, la harina de trigo y los productos horneados que han sido elaborados con harina de trigo fortificada; así como la leche de soja y otros productos a base de ésta.
8. El pollo orgánico y la ternera de libre pastoreo son excelentes fuentes de proteína.
9. El aceite de coco y de oliva virgen extra, así como semillas de chía y linaza aportan ácidos grasos esenciales.
10. Vitamina D que provenga de fuentes de calidad, tales como el salmón, las sardinas, los huevos y productos fortificados con vitamina D como los cereales para el desayuno.

 

Por otro, para ayudar a nuestra salud ósea a medida que envejecemos se recomienda:

 

1. Realizar ejercicio por lo menos 30 minutos cada dos días.

2. Mantener un nivel adecuado de vitamina D a través de una exposición segura a la luz solar o de suplementos de vitamina D. Recuerda ver cuáles son los horarios seguros para exponerse al sol y que la cantidad de tiempo dependerá de tu tipo de piel.

3. Prevenir las caídas mediante la práctica de ejercicios de fuerza y ​​equilibrio. Para esto puede ayudar la disminución de los peligros latentes en nuestro hogar y el trabajo, realizarse de forma regular un examen de la vista y la supervisión de los medicamentos que pueden afectar nuestro equilibrio.

Otros factores que influyen en la osteoporosis son la historia familiar, el peso corporal, el tabaquismo, el alcoholismo, el sedentarismo y los medicamentos

Según el instituto de salud, prevenir este tipo de accidentes puede evitar hasta siete mil muertes innecesarias al año por una fractura de cadera. Es decir, se podrían salvar 19 personas al día.

Además, se debe tener presente que las fracturas de muñeca, cadera y vértebras son las lesiones más comunes que sufren personas con osteoporosis; una condición que debilita los huesos, haciéndolos frágiles y más propensos a la rotura.

Ahora, ¿cómo saber si estás en riesgo de desarrollar osteoporosis? Según The Mayo Clinic, el riesgo depende principalmente de la cantidad de masa ósea que has alcanzado hasta los 30 años y de la velocidad a la que puedes perderla. Otros factores que influyen son: la historia familiar, el bajo peso corporal, el tabaquismo, el alcoholismo, la anorexia, el sedentarismo, tener fracturas previas, desequilibrios hormonales, y ciertos medicamentos como los esteroides.

Es importante tener hábitos saludables desde pequeños. Y en este sentido, cuidar la salud ósea es muy importante para el desarrollo de nuestra vida social. Por esto, se debe recordar que el cuidado de la salud está basado en una alimentación sana, realizar ejercicio de forma regular y las revisiones médicas periódicas.

El Confidencial: Venezuela a través de los ojos de la 'generación Chávez'

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Quienes nacieron en 1999 han visto el mismo discurso, el mismo modo de hacer las cosas, el mismo rostro durante 14 años. El 6 de diciembre de 1998 Hugo Chávez ganaba las elecciones presidenciales en Venezuela. Lo hacía con el respaldo de 3.673.685 votos, un 56,20% del censo electoral. El 2 de febrero de 1999 juró su cargo ante la “moribunda Constitución” de 1961. Horas después decretó el inicio de un proceso constituyente para cambiarla. Fue desde el Palacio de Miraflores, donde tuvo su silla desde entonces. Sólo lo sacarían de allí el breve y fallido golpe de Estado de abril de 2002 y la muerte, que se lo llevó el 5 de marzo de 2013. En las elecciones del 14 de abril de 2013 la silla presidencial fue para Nicolás Maduro, “el hijo de Chávez”. Dieciséis años de chavismo. Dieciséis años que marcan un modo de ver la vida, la política y Venezuela en los ojos de sus adolescentes.

 

Fabrizio

Nació en 2002. Como a cualquier adolescente, le encanta jugar con videojuegos. Y, sobre todo, adora el deporte. No le gusta el béisbol, pero le encanta el fútbol, el voleibol y hasta el ping-pong. Los practica cada semana, al igual que uno de sus hobbies favoritos, el parkour, “eso de la patineta que haces acrobacias y te caes mucho… Pues eso. Que te caes. Pero cayendo se aprende”, dice mientras abre sus ojos marrones, coronados por una grandes pestañas. Y, sobre todo, le fascina la escalada. La practica desde los 8 años.

También le gusta el cine, pero no va tanto como quisiera. “Hay que planificarlo bien, hay muchas colas (tráfico) y es un fastidio. Y muchos amigos no salen por la inseguridad”. Vive en Montalbán, una zona residencial de clase media en Caracas, de las pocas zonas con sus calles en forma de cuadrícula. Pero, como casi todas, solitaria y oscura como la boca de un lobo por la noche. Aunque dice que no hace falta que sea de noche para tomar precauciones. A varios de sus amigos les han robado al salir del colegio.

Las advertencias de su madre llegan hasta la recomendación de con quién juntarse o no y cómo llegar a la casa. “Me voy rápido. (Mi mamá) me dice que no me vaya caminando, que si en camionetica (autobús) o en metro. En taxi está demasiado caso y un taxista te puede robar”. Otra cosa que aprendió Fabrizio a sus 13 años es a no fiarse de nadie: “Ves a una persona que crees que es buena gente y no lo es. Por eso dice uno que Venezuela es uno de los países más peligrosos del mundo”.

Y por eso dice que sus amigos, la mitad de su clase, se van o se ha ido del país. Él también se quiere mudar. No es por la política, algo de lo que no le gusta hablar y de lo que le dejan conversar en su colegio privado. Para Fabrizio sólo hay un problema en Venezuela. “El país es muy hermoso pero la inseguridad está quebrando todo. No veo casi que nada más, porque la inseguridad conforma todo, que si el robo, el asesinato… Es horrible”. Incluso dice que el reciente encontronazo con Estados Unidos debido al decreto del presidente Barack Obama contra el país, es por esto, por la inseguridad.

Si en su mano estuviera mejorar algo, no duda el qué: “Contrataría a unos policías más responsables. Lo que hace falta aquí es policía, ya hay inseguridad“.

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Un niño venezolano antes de un combate de boxeo en Caracas (Reuters).

Santiago y Marta

Son hermanos. Él de 1999, ella de 2002. Hablan con respeto absoluto al turno del otro, dan respuestas al unísono. Se podría decir que son clase media, pero viven la estrechez económica y cuentan que hay muchas cosas que ya ni piensan en comprar, como un videojuego o ropa. Santiago escucha rap nacional e internacional. Marta está fascinada por los libros de fantasía y distopía, entre ellos, La historia interminable o 1984, donde todo le parece “feo, dictatorial, muy lavado de cerebro”. Los dos son parte desde hace unos años del Modelo de Naciones Unidas, donde “juegan” a ser como la ONU y a resolver conflictos del pasado, presentes y otros que aún no se han dado. Sólo hay algo que no les gusta hacer en el Modelo, que es representar a Venezuela y a su Asamblea Nacional. “Es muy desastrosa, nadie se lo toma en serio. Si un día no se gritan o no se insultan, no es la Asamblea de Venezuela”.

Tienen la percepción de que “antes” era todo mejor. Que había una competencia más sana. Lo creen por lo que les cuentan sus mayores. Para ellos, el principal problema del país es la ignorancia y el desdén de la gente con el tema político. “Hablan de política y ya, pero no hay algo más allá de eso, no hay un cómo podemos resolver la cosas”, dice Santiago. Y Marta completa la idea: “Las personas discuten, no se escuchan”. El resto de los problemas son “normales”, así mismo, entre comillas. Porque, aunque creen que la inseguridad es algo normal en el país, imaginan que “aunque en todos los sitios la hay, es posible que los adolescentes como nosotros puedan salir más libremente a la calle”.

Chávez era un líder y lo reconocen como tal, aunque no comulguen con sus ideas. “Era un buen orador, empático. Lo que hizo ha perjudicado la vida de muchas personas, pero también ha mejorado la de otras”, dice Santiago, para quien las intenciones del presidente fueron buenas, pero que en algún momento “se corrompió por el dinero o por el poder”. Marta también piensa que quiso mejorar Venezuela, poner a producir todo el país, explotar la agricultura, que hubiera una crecida económica y social… “Pero no le dio el tiempo, porque se descentró. Aunque le salió bien, ayudó a la mayoría, a los estratos más pobres, y eso le ayudó a mantenerse en el poder, pero no a cumplir las metas que se había planteado”.

Ven a Maduro como una persona no preparada, no válido como opción para el país. “Todavía no lo considero presidente. Sigo pensando como si estuviera en 2013, esperando que digan que Chávez murió, cuando decían si estaba vivo o no. Me han metido tanto en la cabeza que si está vivo, que todavía lo creo. Sigo creyendo que estamos esperando que se recupere y vuelva”. Y sobre la oposición, responden al unísono: “No me gusta”. Porque ven que las ideas son 100% opuestas al chavismo, que los extremos no son buenos, que no hay punto medio. “Me dan mala espina, mala impresión y son amarillistas”, dice ella.

 

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Una niña salta junto a una silueta de Chávez en la Plaza Bolívar, en Caracas (Reuters).

 

Igual les da mala espina la gente de su país. “La gente venezolana en general es muy corrupta: si tiene la oportunidad de ganar más dinero del que ganan o tener más poder, seguro hacen lo necesario para tenerlo”.

Los dos quieren estudiar fuera. Santiago porque piensa que las universidades venezolanas “antes estaban muy rankeadas (con mucho estatus), pero ahora te miran con prejuicio si dices que vienes de una de ellas”. Marta ve más a largo plazo. Quiere irse a España o Alemania, donde sea, pero lejos de Venezuela. “No siento que pueda aportar nada a este país. Tiene muchos problemas y son políticos”.

Ninguno quiere vivir con los problemas del país, “escasez, inseguridad, problemas económicos”. Dicen que han sufrido la escasez, que no es raro estar en casa sin azúcar o sin algún producto básico. Y que ir a cualquier lado es estar pendiente por el rabillo del ojo para que a uno “no le den un susto”. El fenómeno se extiende a sus compañeros de clase. Una de las amigas de Marta ya está inscrita en un instituto español. Empezará clases en septiembre.

Si tuvieran el poder de cambiar algo en el país, disolverían “todo órgano extraño, como el Ministerio de la Suprema Felicidad”. Santiago explica su plan de iniciar un curso de ética y moral a todos los policías y Marta haría que las leyes fueran más estrictas, “o que las penas fueran más estrictas y se cumplieran”. También cambiaría la educación, la moneda y acabarían con el adoctrinamiento político. “Pondría una cátedra que oriente a los niños a respetar las ideologías, seas cuales sean”, dicen.

Puede leer el artículo completo en El Confidencial

El Confidencial: Viaje a la miseria del negocio petrolero chavista

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Se llama Yipsi. Puede que no lo sepa, pero su nombre se pronuncia como gipsy. Pero ella no tiene el destino nómada de los gitanos. Ella ha vivido ya 12 de sus 21 años en la casa de barro que hizo su padre, con proporciones de expresionismo alemán y cercada por una valla de troncos irregulares y alambre de la que cuelga la ropa aún húmeda, desgastada, de sus tres hijos de 1, 3 y 5 años. El suelo es de tierra, como toda la calle. Tierra fina, casi arena, que se mete por los ojos, por los pulmones, que mancha los pies descalzos de Yipsi y sus hijos. Tierra que mancha los pantalones de los niños. Tierra que no se lava apenas porque hay que ahorrar el agua que el camión cisterna trae cada ocho días. Y poca tierra, apenas cinco kilómetros, la que separa la casa de Yipsi deuna fuente de la que manan 321.000 dólares diarios: un pozo de extracción de petróleo.

Para llegar a Zuata, el poblado de Yipsi, hay que viajar ocho horas en un autobús desde Caracas a El Tigre, en el estado oriental de Anzoátegui. Sea de día o de noche no verá nada del camino, o muy poco. Por motivos de seguridad los conductores no dejan que las cortinas vayan abiertas. De El Tigre hay que recorrer 148 kilómetros más por una carretera con muchos baches, apenas asfaltada, entre campos que se extienden planos y largos como los de Castilla, a ratos con árboles salpicados en las lindes, vencidos a un lado por el fuerte viento. Casi todo el camino, paralelo a esa carretera, hay un tubo grande, gordo, oxidado, con pinturas de propaganda de elecciones pasadas. Es un oleoducto.

Zuata está dentro de la mayor reserva de petróleo del mundo, la Faja Petrolífera del Orinoco, 55.000 kilómetros cuadrados repartidos entre los estados de Monagas, Anzoátegui y Guárico. Según los cálculos de Petróleos de Venezuela S.A. (PDVSA), en la Faja hay 61 campos petroleros operativos, 2.606 pozos de extracción activos y una producción diaria que ronda los 838.000 barriles. Esos barriles daban más de 83 millones de dólares cuando el barril estaba a USD100. Con la caída del crudo, la cifra se queda en casi 37 millones de dólares diarios.

“Váyanse al carajo, yanquis de mierda”

 

Son los días en los que el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, ha firmado un decreto en contra de algunos altos cargos venezolanos y el Gobierno de Venezuela ha iniciado una campaña en contra. En la televisión pública se repite un vídeo de Hugo Chávez diciendo “váyanse al carajo, yanquis de mierda” y suena la canción de Alí Primera “Yankee go home”. El presidente Nicolás Maduro repite que los “gringos” quieren el petróleo de Venezuela. Pero Venezuela sigue vendiendo crudo a Estados Unidos. Según el Informe de Departamento de Energía de EEUU, 700.000 barriles diarios. Una cantidad que aporta unos ingresos al día de más de 31 millones de dólares con el barril a 44.

Y en Venezuela siguen las petroleras “gringas”. Desde hace años se cambió el modelo de empresa y todas son mixtas. Según la página de PDVSA, el 60% pertenece al Estado venezolano y el 40% a las empresas asociadas. Chevron es una de esas empresas. Según su informe de 2014 tiene el 39,2% de Petroboscan, el 25% de Petroindependiente y, en la Faja del Orinoco, el 34% de Petroindependencia y el 30% de Petropiar. En el mar la ley parece diluirse. En la Plataforma Deltana, tiene el 60% del llamado ‘Bloque 2’ y el 100 del ‘Bloque 3’.

 

El sabor del petróleo

 

La carretera principal es casi la única vía asfaltada en Zuata. El resto es tierra fina, como arena de playa. Hay casas de obra, casas de la Gran Misión Vivienda, hechas por el Gobierno al estilo de las de Protección Oficial en España, y hay casas como las de Yipsi, de bahareque. El padre de sus hijos trabaja en otro estado, en Bolívar, y va y viene cada 3 meses. Su padre, el abuelo, trabaja en el campo. Dice que la niña mayor no está en la escuela porque el uniforme –obligatorio en todas las escuelas públicas y privadas del país–? y los útiles le salen muy caros. Hace poco más de un año pidió una de las casas asignadas por la Misión Vivienda. “Estaba embarazada y sufro de los riñones. Me pedían ir en persona a montar las vigas, pero no podía ir en ese estado. Me quedé sin casa”.

También hay viviendas como las de Carmen Yanes, de obra y con el techo de asbesto. Más conocido como amianto, está prohibido en numerosos países, entre ellos España. Provoca asbestosis, una enfermedad pulmonar causada por respirar las fibras del amianto, y cáncer. Carmen ha pedido muchas veces que le cambien el techo. “Aquí no resuerven (sic) en nada, manita. Esa gente se agarra los reales para ellos y ya. Y yo sigo con mis picores”. Cuenta que le pica la piel y la garganta. Y están las casas de las hijas de Carmen, recién hechas, de obra, con los ladrillos grises a la vista.

Es miércoles, pero en esa vivienda pareciera que no es día laborable. En la parte trasera, bajo la sombra de un árbol de aceite, un grupo de hombres habla sentados; dos de ellos en sus motos, otro, de pie. “He mandado mi currículum varias veces a PDVSA para trabajar, así sea para maniobrar la grúa, y nada. Trabajo chanceando (haciendo ñapas) en lo que se puede”, dice uno de los nietos de Carmen Yanes.

A veces tienen suerte y hay un cupo temporal de trabajo. Si sale alguna oportunidad, algún cupo en PDVSA, tiene prioridad la comunidad de alrededor de los pozos. Pero, como casi todo en Venezuela, hay quien aprovecha la oportunidad en la desgracia de otros. Los “vendecupos” ofrecen trabajo, pero a cambio de algo. “Ellos te dan el trabajo, pero si se paga a 9.000 bolívares, ellos se quedan 3.000. No es mal dinero. Nadie dice que no”, explica otro de los hijos.

El campo es grande, pero no es una opción. “Cómo voy a sembrar, si el cable para cercar al ganado está en 12.000 bolívares. Es muy caro todo”, dice el hombre más joven del grupo. Otro, cercano a los cuarenta, pantalón por las rodillas, barriga oronda, pies descalzos, sentencia: “El que ha saboreado el salario petrolero no quiere otra cosa. Hay uno aquí (en Zuata) que ordeñaba vacas. Ya no quiere hacerlo más. Lo que hace (de dinero) en un mes lo hace en PDVSA en una semana”. Cuenta que en la zona se sembraba frijol, maíz y algodón. “PDVSA se comió la producción”, se queja.

Otro de los jóvenes dice que en tres años que lleva PDVSA en la zona, los han visitado, pero no han resuelto nada. “No tenemos cañerías, no hay agua corriente. Tenemos esos tanquecitos y a esperar”, dice la señora Carmen mientras lava en un barreño las tacitas de café que acaba de servir. Los tanques los entregó PDVSA como solución a la falta de agua. Con los mil litros que tienen, una familia de siete miembros cocina, bebe, limpia, se lava, por ocho días. También hay problemas con la luz. “Muchas veces se va un viernes y espere usted hasta el lunes, que vuelve”.

Si en Caracas el abastecimiento de comida es un problema, en el interior alcanza tintes dramáticos con algunos rubros. “La harina de maíz, cuando se consigue, está en 100 bolívares (su precio normal es de 17). Un paquete de pañales cuesta 1.000 bolos y la leche en polvo, 600. El beneficio que ha dado este montón de compañías es que todo está más caro”, dice el señor de la barriga. La opción de comprar a precios regulados por el Gobierno no existe en Zuata: “Había un Mercal y lo cerraron”, dice Carmen.

Juana Guerra pertenece, junto a su marido, al consejo comunal. Se le pregunta  quién lleva la alcaldía de la parroquia donde vive y dice “son de los nuestros”, del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV). “Dicen que Zuata es una tacita de plata. Y no. PDVSA no se pone a abrir un pozo de agua, la luz se va a cada rato, hay personas que viven en hacinamiento y han asignado muy pocas casas, gente que vive en casas de barro”, se queja en el quicio de su puerta, donde reposa, a la derecha y sobre un montoncito de arena, un barril de petróleo viejo.

 

“Quien se queja recibe amenazas”

Dice que ha ido a la Vicepresidencia del  Gobierno en Caracas, pero que no ha obtenido respuestas. “En las elecciones vino el actual gobernador (Aristóbulo Istúriz), vio cómo estábamos. Y seguimos igual. Las calles están en estado lamentable, se levanta mucho polvo, los niños sufren de asma. No hay alcantarillado, la fosa séptica se llena en invierno…”. Y continúa una letanía de quejas que pasa por la salud, por lo impagable de algunos productos y por los vendecupos: “Eso los controla el sindicato y quien se queja recibe amenazas”. Y, posiblemente, no recibe más nunca trabajo. Dice que su marido tuvo suerte, fue de los primeros que empezó a trabajar fijo en PDVSA y ahí sigue.

“Se llevan el petróleo de aquí, se lo llevan y lo que nos queda aquí son los barriles con los que juegan los niños”, dice Juana. Este diario contactó con el gobernador para conocer su versión, pero no fue posible concertar una entrevista.

Es el límite con el estado Anzoátegui, ya en Monagas, pero el paisaje es distinto. Grandes árboles, un río caudaloso. Sigue siendo parte de la Faja Petrolífera del Orinoco. Y la carretera sigue siendo irregular, con baches. En una parte del camino, a la derecha, un vertido que ocupa varios metros cuadrados. Un camión tuvo un accidente hace 15 días. Está controlado, dice un señor con cara de pocos amigos. “No tomen fotos, porque esto lo usan mal. Capaz viene alguien y dice que es contaminante, pero no lo es. No es petróleo, es diluyente”, asegura. El diluyente se usa para aligerar el petróleo. Entre otros componentes tiene nafta y gasoil. “Mira las matas, siguen creciendo. No les pasa nada. Esto es normal aquí”.

Hace casi un año el Gobierno decidió eliminar el Ministerio del Medio Ambiente, el primero de América Latina. Lo reintegró con otro y nació el Ministerio de Vivienda, Hábitat y Ecosocialismo. En esta semana se reinstauró nuevamente bajo el nombre de Ministerio de Ecosocialismo y Aguas.

El pueblo kari’ña está asentado en Anzoátegui, Monagas, Bolívar y Sucre. Junto a un río, en Anzoátegui, hay uno de los asentamientos. Allí tenían conucos, pequeñas parcelas de tierra donde sembraban plátano macho, yuca, hortalizas y verdura. En 2002 un integrante de la comunidad fue a medir unos terrenos y vio el río alborotado. “Como unas grandes burbujas”, cuenta. Reventó una bolsa de gas “de los bielorrusos”, dicen los kari’ñas. “Se ha decretado estado de emergencia en la zona, no se puede tomar el agua, no podemos sembrar, no podemos tener apenas animales porque el agua que tenemos es de los tanques que nos ha dado PDVSA”, cuenta Orlando Martínez, el gobernador, rodeado de otros miembros de la comunidad, justo antes de una reunión.

Lo que hay en el río es gas metano. El caso se ha llevado a la Asamblea Nacional y a PDVSA. “No se hizo una investigación a fondo. Hubo quien dijo que era algo normal, de la naturaleza”. Siguen esperando para que les abran un pozo de agua bueno.

A 14 kilómetros de El Tigre, está el campo laboral y residencial de San Tomé. Es una ‘pdvsalandia’. Trabajadores en mono rojo, autobuses con el logo de la empresa gubernamental, imágenes de Hugo Chávez y del presidente Nicolás Maduro. Y bellas casas. Al pasear por sus calles se viene a la cabeza la canción ‘Las casitas del barrio alto’, de Víctor Jara. Pero aquí las casas no son rosadas y celestitas, sino color crema y con los techos rojos. Pero con la entrada para el coche –ocupada por grandes autos, grandes camionetas–, jardín de césped alrededor y árbol con su respectivo columpio. Hay un hospital industrial, dos clubes recreacionales, cancha de golf, tenis… Y áreas verdes, muchas áreas verdes que se mantienen lozanas gracias a los aspersores de agua que hay cada tantos metros.

Y a la salida de San Tomé, un cartel: “Clase Obrera de la Faja rechaza injerencia fascista del Imperio”.