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Observatorio Venezolano de la Violencia

17 homicidios hubo en el estado Táchira durante el mes de agosto

EN AGOSTO DE 2019 SE REGISTRARON, según la prensa regional del estado Táchira, diecisiete (17) casos de homicidio, cuyas víctimas, en un 84,6%, fueron hombres con edades comprendidas entre 20 y 29 años. En 28,6% de los casos fueron más de dos (2) víctimas las encontradas en el lugar del suceso y de estos registros el porcentaje más alto de hechos estuvo presente en los municipios García de Hevia, Pedro María Ureña y Bolívar, los tres municipios fronterizos con Colombia.

Los hechos violentos durante el mes agosto se presentaron durante días laborales en horario diurno, y 71,4% de los mismos fueron reseñados como ocurridos en vías públicas de la entidad tachirense; a su vez, en un 38,1% de los casos los sucesos fueron cometidos por personas desconocidas, pero en un 19% los victimarios fueron funcionarios de seguridad y en un 14,3% fueron familiares o conocidos de la víctima.

También en el Táchira se registró que en 81% de los sucesos, el arma de fuego fue el principal instrumento para cometer el delito y el móvil del suceso más constante en el mes de agosto fue el ajuste de cuentas en 23,8% de los casos, seguido de la resistencia a la autoridad con presencia en 19% de los hechos y la riña, también con 19% de incidencia.

Sólo en 19% de los casos, los familiares de las víctimas realizaron la respectiva denuncia a las autoridades.

Migrantes venezolanos violentos son pocos, pero producen gran impacto

LA NOTICIA DE DESCUARTIZAMIENTO de dos ciudadanos en Perú presuntamente a manos de venezolanos, entre ellos dos mujeres, ha ocupado buena parte de la prensa latinoamericana, no solo por lo cruel del crimen, sino porque actos como ese atizan el rechazo creciente hacia los cada vez más migrantes que huyen de la crisis de Venezuela.

La prensa peruana quiso profundizar e ir más allá del registro noticioso. Acudió entonces a unos de los investigadores más acuciosos y productivos en los estudios de violencia en América Latina, el sociólogo Roberto Briceño-León, director del Observatorio Venezolano de Violencia (OVV) y del Laboratorio de Ciencias Sociales (LACSO).

La entrevista giró en torno al incremento de crímenes de gran impacto en Perú, protagonizados muchos de ellos por ciudadanos venezolanos que han emigrado para ese país. El periodista quería saber cuál es el perfil del criminal venezolano, su nivel de crueldad y las actividades delictivas en las que están inmersos. Más aún, quería conocer a qué se enfrentan las autoridades peruanas.

Lea el reportaje en El Comercio, Perú

Fuera del interrogatorio periodístico quedó el comportamiento de millones de venezolanos que han emigrado a diversos países del mundo, entre ellos Perú. Comportamiento que, por correcto, normal, pasa desapercibido para los medios de comunicación.

egún la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) y el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), la cifra de migrantes venezolanos llega a 4 millones, siendo Colombia, Perú, Chile y Ecuador, los países que más connacionales han recibido en sus territorios. De ellos una minúscula cantidad, casi imperceptible en porcentajes, pero escandalosamente activa, sacude la prensa internacional por estar involucrada en actos violentos.

¿Por qué ocurren los descuartizamientos?

-El descuartizamiento es fundamentalmente un mensaje enviado a otras personas. Por supuesto que puede haber algunos casos en los cuales hay un componente patológico de ensañamiento, crueldad o de sadismo individual. A nosotros nos parece que los descuartizamientos son una acción racional que procura enviar un mensaje a otros.

¿Quiénes son esos otros?

-Sus víctimas o sus potenciales víctimas o, de una manera muy marcada, los cuerpos policiales o las bandas rivales. El descuartizamiento es un acto simbólico, es un ritual de la violencia que tiene un propósito comunicacional de enviar un mensaje y que ese mensaje tenga como consecuencia un mayor poder, una mayor respetabilidad para el grupo que cometió el descuartizamiento.

¿Puede usarse para escalar?

-Sí, en algunos momentos se utiliza para escalar dentro de las organizaciones, eso ocurre sobre todo en las organizaciones de una jerarquía importante: se da un mensaje a sus otros pares, también a los otros miembros de las bandas si no lo hacen en conjunto, es decir, es mostrar las agallas, los dientes afilados, es demostrar insensibilidad, que busca tener un efecto práctico para quien lo ejecuta.

¿Cómo es el delincuente venezolano?

-El delincuente venezolano tiene tres rasgos fundamentales: es joven, en general pudiéramos decir que está entre los 15 y los 30 años, porque después de los 30 años o está muerto o cambia en su forma de ejercer el delito o deja el delito o se dedica a ser menos violentos o a dirigir desde más lejos la acción delictiva.

La segunda característica es que es hombre. Si bien puede haber algunas mujeres, y recientemente hay una incorporación de ellas más alla de ser compañeras, en general tienden a ser hombres los que actúan en las bandas.
Y en tercer lugar, es pobre. Si bien es cierto que el 99% de los venezolanos pobres y el 99% de los que emigraron de Venezuela y que deben estar en Perú es gente honesta, hay un 1% del cual derivan estos delincuentes violentos. El delincuente violento viene de los sectores pobres.

Estos tres rasgos: joven, hombre y pobre, son quizás los mismos rasgos que uno encuentra en las víctimas del homicidio en Venezuela y eso lo hemos ido trabajando y mostrando en nuestros estudios.

Pandilla y bandas, dos extemos en el delito organizado
¿Cómo se organiza el delincuente en Venezuela?

-Las bandas en Venezuela tienen diversas formas de organización. En el libro Delito Organizado, Mercados ilegales y Democracia en Venezuela (Editorial Alfa, 2015) hice una clasificación de los grupos hamponiles y de las diferentes formas de organización que tienen. Grosso modo hay dos tipos:
• La pandilla de barrio, de esquina, de favela o de pueblo joven, como llaman allá en Perú, que controla ese territorio y que ejerce dominio, que por lo regular no roba en su propio barrio sino en las zonas aledañas, tiene un ejercicio incontrolado de la violencia; son bandas pequeñas que pueden tener cuatro, seis miembros, no muchos más, y que viven fundamentalmente del delito depredador, del robo, del hurto.
• Las bandas de crimen organizado, algunas de ellas con conexión internacional. Esas han podido llegar a tener muchísimos miembros, en un cálculo que hicimos en aquel momento una de las mayores bandas podía llegar a tener 600 miembros; es decir, era una organización muy fuerte, muy poderosa, que fundamentalmente vivía captando rentas y extorsión, tenía fuentes de ingresos permanentes, que pueden cometer en algún momento dado un delito depredador como un robo, pero que por lo regular trabajan con secuestros de personas, secuestros de bienes, extorsión y se dedican paralelamente a eso, a la venta de seguridad personal, al estilo de la mafia.
Son dos organizaciones completamente distintas. El armamento de la pandilla es pequeño, armas cortas. La banda, en cambio, tiene una forma mucho más sofisticada; tiene armas cortas, pero tiene igualmente armas largas, fusiles de asalto, incluso recientemente ha hecho uso muy continuo de las granadas, es decir, tiene una capacidad de fuego mucho más grande y letal. Eso da una diferencia importante en la violencia porque la pandilla tiende a usar la violencia de una manera más emocional, más circunstancial, a tener un control menor, una administración menor de la violencia. La banda organizada puede tener crueldades extremas, pero hay una racionalidad en el ejercicio de la violencia, es decir, tiene una mayor capacidad de administrar la violencia.

Yo tengo la impresión que muchos de los grupos que han emigrado y que generan esos fuertes enfrentamientos están actuando como las pandillas pequeñas, que usan la violencia de una manera fuerte e inmediata para intentar imponerse en un territorio, intentar generar un control del delito en una determinada área y, por lo tanto, tienen que demostrar mucha fuerza, mucha crueldad, es decir, mucho poderío.

¿Por qué muestran esos niveles tan altos de crueldad, como el descuartizamiento?

-Cuando yo comencé a hacer estudios sistemáticos en violencia para la Organización Panamericana de la Salud (OPS), hace 25 años, yo hacía la misma pregunta en relación a Colombia. Venezuela no era un país particularmente violento, aunque ya estaba en unos niveles altos de homicidios, pero nada que ver con la situación actual; en cambio, Colombia tenía una situación de muchísima más violencia histórica para aquel momento. Ahora la situación ha cambiado, Colombia no tiene el nivel de violencia que tiene Venezuela.

Pero me hiciste recordar porque era la misma pregunta que uno se hacía. Hoy puedo decir que hay diferencias sustantivas. En aquel momento, hace un cuarto de siglo, entrevisté a un colombiano al que le debían un dinero y él me dijo “ese fulano, ese paisano se salva porque estamos en Venezuela, si estuviéramos en Colombia ya yo le hubiera mandado alguien, ya yo lo hubiera mandado a matar”. Él entendía que el contexto social de Venezuela era distinto al de Colombia en ese momento.

Lo que ha cambiado en Venezuela esencialmente es el contexto social y político, una situación dramática de impunidad y de elogio a la violencia y a los violentos en los últimos veinte años.

¿Qué es lo que ha pasado en el país? Que estos jóvenes que hoy tienen veinte años y asesinan y descuartizan, tienen dos décadas viendo un crecimiento sostenido de la violencia, observándola, familiarizándose con ella, familiarizándose con la crueldad de una manera inmediata y continua, es cercana a ellos y eso les ha dado un rasgo fundamental que es cercanía, no extrañeza frente a la violencia, una suerte de normalización y de insensibilidad ante el dolor de la víctima.

Hay un segundo elemento que le ha dado este período a los individuos: el acostumbramiento a la violencia les permite un muy fácil y muy rápido pasaje al acto -así lo llamamos científicamente- es decir, el momento en el cual el deseo de hacerle daño a otra persona deja de ser una intencionalidad, una rabia, un odio y se convierte en una acción. Normalmente en otras sociedades esos deseos son mediados y limitados por un conjunto de ideas, nociones, valores, ética, temor de castigo. En Venezuela, esas mediaciones sociales se cayeron, se derrumbaron, por ello el pasaje al acto es muy cercano, muy pronto.

Un tercer elemento que explica el incremento de la crueldad en Venezuela es la impunidad. Los delincuentes sienten que no les va a pasar nada. En Venezuela la impunidad es gigantesca. Los cálculos que publicamos en un libro hace unos tres, cuatro años, era que de cada 100 homicidios que se cometían en el país, se detenían entre 8 y 9 personas, es decir, que en el 91 o 92% de los casos no había ni siquiera una detención. Esta situación no solo no ha cambiado, sino que probablemente puede haber aumentado.

Aunado a la impunidad, se encuentra otro factor: no hay discriminación en el castigo, es decir, para el delincuente robar o matar implica una pena más o menos similar en el país, no formalmente, no lo que establece la ley, sino lo que ocurre en la práctica. Entonces el delincuente no tiene ningún motivo para contenerse de asesinar. En otros lugares del mundo, en otras sociedades, el delincuente sí se cuida porque sabe que por un robo puede tener una pena, pero por un homicidio tendrá una pena muy superior y, por lo tanto, prefiere no pasar al acto y no llegar a cometer el homicidio.

Lo que no se ve

Briceño-León calcula que solo 1% de los migrantes venezolanos son delincuentes. Unos 40 mil individuos si tomamos en cuenta los 4 millones de venezolanos -estimados por los organismos internacionales- que han buscado un nuevo futuro fuera de su frontera natal.
“Entre esos delincuentes que han huido del país hacia otros destinos son pocos los que realmente son violentos. Pero esos pocos hacen escándalo. Como lo hacen también los venezolanos que piden en las calles extranjeras, una minoría, la más pobre, la última en escapar del país y que está todavía en la búsqueda de un acomodo, esa es la que se ve. La que no se ve, la que no se nota, la silenciosa, es la mayoría de la diáspora que está integrada y trabajando, aportando al bienestar de esos países con su educación y trabajo honesto; son médicos, ingenieros, técnicos. Hacen allá lo que no pudieron seguir haciendo en Venezuela”.

OVV: En el Zulia la policía sigue apretando el gatillo

CON EL EUFEMISMO DE RESISTENCIA A LA AUTORIDAD, los cuerpos policiales en el Zulia se han convertido en ejecutores de sentencias de muerte y han introducido un castigo que no existe en la legislación venezolana: la pena de muerte.

Hasta el mes de julio de 2019, cuatro de cada diez muertes violentas en el Zulia se produjeron por el uso de la violencia ejercida por el gobierno, violatoria del Estado de Derecho y del debido proceso. De los 757 homicidios ocurridos en la región zuliana en los primeros siete meses del año, 301 de esas muertes sucedieron en manos de los cuerpos policiales y militares que operan en el estado.

De enero a julio se ha dado un crecimiento constante de muertes violentas en las que el gatillo ha sido apretado por funcionarios de algún organismo de seguridad del Estado. El aumento de la letalidad policial en el Zulia hace que el 40% de las muertes violentas sean en manos de los cuerpos policiales y militares, con el agravante de que la tendencia es al crecimiento.

En estos sucesos de muertes violentas que las autoridades justifican como resistencia a la autoridad, han participado como ejecutores: las Fuerzas de Acciones Especiales (FAES) con 96 muertes para un 32%; el Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas (Cicpc) con 78 muertes que representan el 26% de las muertes por resistencia en la región; las policías municipales, que en su conjunto tienen bajo su responsabilidad 101 fallecidos lo que equivale a 33,6%. La Guardia Nacional (GN) y el Ejército participaron con el 8% y el 0,3%, respectivamente; los primeros han asesinado a 25 personas y los segundos son responsables de 1 caso.

En los estudios realizados por el OVV Zulia se evidencia, a partir de los testimonios de familiares de las víctimas, que hay un patrón que se repite en cada ajusticiamiento: allanamiento, tortura, robo y muerte. A este ciclo le sobreviene el montaje de una escena del crimen en el que predomina la justificación deresistencia a la autoridad.

En Aragua delincuencia organizada tiene más credibilidad que organismos de seguridad

PRODUCTO DEL ANÁLISIS DE LOS TESTIMONIOS de veintiún (21) entrevistas realizadas por el OVV Aragua a testigos y familiares de víctimas de violencia policial en el estado, se evidencia que la violencia y letalidad policial es una patología social que devela la profunda y prolongada crisis civilizatoria en que está sumergida la ética y la mística de la institucionalidad pública venezolana. Se retroalimenta de la arraigada inversión de valores que rige el imaginario colectivo de nuestra sociedad, que gracias a la crónica impunidad del abuso y la delincuencia policial originan un estado de permanente vulnerabilidad que sienten los ciudadanos de ser sometidos aleatoriamente a  situaciones asimétricas, que implican la violación de sus derechos y la vejación de su dignidad humana.

En este sentido, la violación sistemática de los Derechos Humanos por parte de los funcionarios policiales ha generado el rechazo y la pérdida de confianza de los ciudadanos hacia los organismos de seguridad y da origen, en las comunidades, a una paradójica idealización de los líderes de la delincuencia organizada que ejercen el control social de las zonas de paz, quienes, según los informantes, gozan de mayor credibilidad que los funcionarios policiales.

La propuesta colectiva de los informantes, para emprender la titánica tarea de recuperar las condiciones éticas y humanas necesarias para la reconstrucción del país y recuperar la democracia y la calidad de vida de los venezolanos, se sintetiza en “la recuperación de los valores humanos y el relanzamiento de la institucionalidad, pública y privada”.

60,7% de muertes violentas registradas en Lara durante primeros siete meses del año fueron responsabilidad de las Faes

COMO PARTE DEL TRABAJO DE INVESTIGACIÓN realizado por el Observatorio Venezolano de Violencia del estado Lara (OVV Lara), se presenta gráficamente parte de los resultados -correspondientes a los primeros siete (7) meses de 2019- de su Observatorio de Prensa (OP), una de las metodologías utilizadas por esta organización para analizar el fenómeno de la violencia en esta entidad federal.

Con más de tres años de trabajo diario, el OVV Lara ha podido recabar data e informar de manera oportuna, objetiva y transparente, los resultados de sus investigaciones, desarrolladas por especialistas pertenecientes a la Universidad Centroccidental Lisandro Alvarado (UCLA).

Gracias a esta metodología, se presenta la cantidad de muertes violentas mensuales. En particular, y para esta ocasión, mostramos por medio de infografías la cantidad de muertes violentas en el estado Lara, de enero a julio de 2019.

En total, durante los primeros siete (7) meses de 2019, se cometieron 322 muertes violentas en el estado Lara. En comparación con el año 2018, en 2019 hubo una reducción de al menos 30%, ya que para ese año se cometieron 481 muertes violentas, entre enero y julio.

Estos registros para el 2018 se obtuvieron de un total de 805 delitos reportados en los sucesos, mientras que para el 2019 esta cifra se obtuvo de 501 delitos en los sucesos. Es decir, así como disminuyeron las muertes violentas, de enero a julio, disminuyó el total de otros delitos reportados, según esta metodología, lo que permite ver que el homicidio pasó a representar el 64% del total de delitos que la prensa escrita informa, a diferencia del 2018 cuando el homicidio representó el 59%.

 

 

El análisis realizado por el coordinador del OVV Lara, Carlos Meléndez, sobre la reducción de las muertes violentas durante los primeros siete (7) meses del año, apunta hacia dos direcciones. La primera, determinada por la censura e imposibilidad que tienen los medios para registrar la cantidad de asesinatos que existen en la entidad. “La prensa escrita en Lara tiene en el 2019 a varios medios físicos y digitales que hacen un esfuerzo gigantesco por informar, pero en la medida que la crisis económica se profundiza hemos visto, por ejemplo, que los periódicos impresos dejan de salir a la calle algunos días de la semana y reducen la cobertura de la noticia. Sin embargo, a diferencia de otros estados, en Lara esta metodología es funcional en la medida que las empresas de comunicación logran cubrir una parte importante de los hechos violentos”, afirmó.

Por otra parte, el sociólogo dijo que “la violencia urbana ha cambiado. Se transforma con las nuevas relaciones que imponen la dinámica migratoria y el empobrecimiento, que también suponen otras formas de violencia en el sentido amplio del concepto”. Para el investigador, “hay menos robos, porque hay menos a quienes robar, menos efectivo, menos objetos suntuosos, menos comida”, así como también hay menos delincuentes, que ante el efecto de la pobreza, disminuyen sus actividades delictivas o han decidido migrar. Es decir, la violencia se ha transformado a otras formas de violencia, que de igual forma afectan las condiciones de vida de los larenses”.

La violencia policial crece sobre la violencia delincuencial

Además de las transformaciones de la violencia urbana, debido al empobrecimiento y la migración, existe otra tendencia que por medio de la metodología del OP se puede reconocer. La violencia policial representa el 35,5% del tipo de violencia registrado en prensa. Los policías han aumentado su participación en hechos violentos durante los primeros siete (7) meses de 2019 en comparación con el 2018, cuya violencia policial llegó al 14,2% del total de lo ocurrido. ¿Pero de qué participación se trata? Según los análisis realizados por los investigadores del OVV Lara, esta participación no se ajusta a las responsabilidades que por deber los funcionarios de los organismos policiales deben promover: la defensa de la seguridad ciudadana. Por el contrario, el aumento de esta participación se ha debido al acelerado incremento de las ejecuciones extrajudiciales, extorsiones y lesiones que los policías han realizado desde mediados de 2018 en adelante.

 

 

 

 

Como puede notarse en la sistematización de datos del OVV Lara, la llegada de las Fuerzas de Acciones Especiales (FAES) de la Policía Nacional Bolivariana (PNB) aceleró el protagonismo de policías en ejecuciones de asesinatos, con el argumento de resistencia a la autoridad y ataques a cuerpos policiales. Ahora, este aumento se logró con el esparcimiento por los barrios populares de la ciudad de Barquisimeto y otros municipios del estado de las FAES, a tal punto que en los primeros siete (7) meses de 2019, ejecutaron 6 de cada 10 de los asesinatos que realizó la policía.

“Los funcionarios que visten de negro, con su carabela y su lema de lealtad, aterran a la sociedad larense, que ve, por un lado, al delincuente disminuir sus actividades, huir del país o morir a manos de quien ahora lo sustituye con el argumento de aplicar la ley”, señaló Meléndez.

La seguridad como propuesta ciudadana no se construye en estado Lara. Para el también director de la Licenciatura en Desarrollo Humano, “en la práctica solo se observa la pena de muerte, que es acompañada por un accionar sistemático de diversos delitos: tortura, violación de domicilio, robo y homicidio”.

 

Otro dato importante que arroja el monitoreo con metodología científica, que realizan los investigadores del OVV Lara y de la UCLA, es sobre el tipo de arma utilizada para cometer el delito. En 2019, el registro evidencia un uso mayor de armas de fuego y, entre ellas, armas largas. Con respecto a 2018, hubo un aumento de 3 puntos porcentuales de su utilización.

Siguen muriendo los jóvenes hombres del barrio

Con respecto a las características de las víctimas de violencia, existe una tendencia que se mantiene en el tiempo: las principales son los hombres jóvenes de los sectores populares de Lara.

 

Ago 26, 2019 | Actualizado hace 5 meses
Violencia contra la mujer desatada en Lara

SUS PIERNAS QUEDARON MARCADAS POR LA VIOLENCOA. Una mujer de 30 años fue agredida físicamente por su pareja, quien le dobla la edad, en el norte de Barquisimeto, el hombre la golpeó con una correa tan fuerte que en una de sus piernas le quedó un rasguño de 15 centímetros de largo y 13 de ancho. Los vecinos al escuchar los gritos llamaron a la policía y detuvieron en flagrancia al agresor.

Caso similares son los que reciben a diario en el Instituto Regional de la Mujer en Lara. Mayra Rojas, presidenta de Iremujer detalló que en la entidad recibieron 203 casos entre junio y finales de julio, donde la violencia no solo fue física, sino psicológica y patriarcal.

Rojas detalló que en la mayoría de los hechos las mujeres no saben qué hacer y por eso recurren al Instituto para buscar ayuda, explicó que allí no solo las atienden con psicología, sino que también tienen un personal capacitado para asesorarlas jurídicamente y las llevan hasta la Fiscalía 28 en competencia de derecho hacia la mujer para que denuncien a sus agresores.

“Estamos haciendo campañas para sensibilizar sobre la violencia de género, no solo en las comunidades sino en los órganos de receptores de denuncias, pues aún hay machismo patriarcal y eso debemos atacar”, comentó la directora de Iremujer.

Tanto Iremujer como otras Organizaciones No Gubernamentales en defensa de los derechos de la mujer encendieron las alarmas por los casos de violencia que se han registrado en el estado, además de los femicidios perpetrados y por eso han decidido realizar campañas para que todos conozcan sobre el violentómetro, que explica que la violencia inicia desde que un hombre le alza la voz a una femenina y termina cuando las matan.

Hisvet Fernández, coordinadora de Observatorio Venezolano de los Derechos Humanos de las Mujeres, informó meses atrás durante una entrevista para LA PRENSA que en “todas partes hay violencia de género”, detalló que no solo existe la violencia cuando agreden a una dama, sino también en hechos sociales, por ejemplo cuando hacen colas muy largas para comprar alimentos o en los trabajos.

Pocas van a denunciar en el mes

De 15 a 20 denuncian sobre violencia de género reciben al mes los funcionarios del Cicpc en Lara, según informó una fuente policial a LA PRENSA, estas cifras han descendido en varios municipios y presumen que sea por los programas de prevención que realizan tres veces por semana.

Los funcionarios de las diferentes Subdelegaciones del cuerpo detectivesco se trasladan a comunidades más vulnerables y que poca información tienen sobre las leyes en defensa contra la mujer.

Se pudo conocer que en Palavecino en 2018 recibían alrededor de 15 denuncias mensualmente, pero ahora las cifras redujeron a solo 6, también ocurre en otros despachos, según comentaron las fuentes del cuerpo policial.

“Es importante que toda mujer que haya sido víctima de violencia de género por su pareja o algún familiar denuncie”, soltó una fuente del Cicpc-Lara.

OVV Lara: Violencia institucional viene creciendo y supera a la delincuencia

Según  estadísticas del diario La Prensa en el primer semestre de 2019, de las 274 personas que fueron asesinadas en el estado Lara, 154 fueron muertas por los cuerpos de seguridad, mientras que 119 perdieron la vida a manos del hampa.

A juicio de Carlos Meléndez, coordinador del Observatorio Venezolano de la Violencia en Lara, la violencia institucional del Estado viene creciendo y está superando a la delincuencia.

En los ultimos doce meses, las FAES han matado a 233 personas en Lara. De esa cifra, 85% presentaron registros policiales, mientras que el otro 15 % no tenían antecedentes o no se consiguieron.

De las 233 victimas, 232 son hombres y una mujer,  4 son menores, entre 17 y 14 años y el resto con edades comprendidas entre 18 y 47 años.

En los últimos tres meses de 2019 han muerto 47 hombres.

En ocho de los nueve municipios de Lara, las Faes han matado personas, siendo Iribarren el que registra mayor número de cifras rojas

 

Solo 8,3% de sucesos violentos son denunciados en el estado Aragua

SOLO 8,13% DE LOS SUCESOS VIOLENTOS registrados en el estado Aragua han sido denunciados, de acuerdo a un estudio del Observatorio Venezolano de la Violencia de octubre de 2018 a mayo de 2019.

De 553 sucesos violentos, solamente se denunciaron 45. Según el OVV, la violencia delincuencial fue el más frecuente con 44,48%, seguido de la violencia policial con 39,42%, violencia, intrafamiliar 2,17%, de género 1,81% y política 0,18%. 

El OVV Aragua reveló que los casos de violencia policial y delincuencial son los que menos se denuncian por temor a las represalias contra los familiares.

 De octubre de 2018 a mayo de 2019 se han registrado 727 homicidios.

 

Violencia policial