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El mal se llama socialismo, por Víctor Maldonado C

 

El mal es real, y tiene consecuencias reales. No es solamente una disquisición académica. Es una pregunta que queda por responder en el transcurso de esto que estamos viviendo en términos de violencia, crueldad, muerte, hambre, enfermedad, infortunio y la indiferencia colectiva respecto de lo que otros conciudadanos están padeciendo. Algunos temen el planteamiento explícito de la vivencia del mal. Esto es así porque su reconocimiento obliga a la denuncia y a la decisión personal sobre cual flanco escoger. El mal, su presencia, obliga a las definiciones, y a las consecuencias de esas definiciones.

Los cuatro jinetes del apocalipsis están cabalgando sobre el país. Comencemos por lo obvio. El jinete de la muerte nos está afligiendo. Los venezolanos estamos sufriendo los estragos de una incomprensible violencia. 307.920 víctimas de un sistema que inhabilita el derecho a la vida equivalen a la afectación del 1% de la población actual. El jinete que complementa y da sentido a este baño de sangre es el de la guerra. Una guerra civil no declarada, cuyos argumentos son la impunidad y un estado en condiciones fallidas, colocan a todos los venezolanos en riesgo mortal. Una guerra civil emprendida contra la protesta civil, a la que se aplasta a sangre y fuego, con el costo terrible en vidas humanas, cárcel y exilio. Una estrategia de aniquilamiento que se hizo patente en los excesos aplicados al caso de Oscar Pérez, y que ahora permite al gobierno ir más allá de cualquier frontera del estado de derecho para lograr sus objetivos. El régimen tiene años en guerra contra la libertad.  El jinete del hambre se ceba en los sectores más vulnerables de la población. Las cifras de desnutrición anticipan generaciones enteras desvalidas de la posibilidad de encarar, en condiciones competitivas, sus propios proyectos de vida. El hambre asola la capacidad para pensar y crear, pero sobre todo la capacidad para reaccionar. Los que comen basura han descendido a los infiernos donde la dignidad y los derechos se han subordinado a la precaria supervivencia. No es menos pavorosa la presencia del jinete de la conquista. A pesar de que nos cuesta reconocerlo, estamos invadidos por los intereses del narcoterrorismo regentados por Cuba, que actúa como potencia imperial, a pesar de lo insólito que resulta la forma como se apropió de nuestro territorio, recursos y centros de decisión. Hugo Chavez fue a la vez el mal encarnado y su canal más conspicuo. No puede ser otra cosa que el mal en acción el que permite tanto ultraje sin que nosotros consigamos sacarnos de encima toda esa iniquidad. O la conquista interna que supone la ocupación de los espacios institucionales a través del despotismo destructivo que practica la espuria entidad constituyente. Somos población invadida, cercada, confinada a los grises espacios de la sobrevivencia.

El mal es un resultado que tiene actores. Es a la vez protagonismo y secuelas. El mal es el poder corrompido que deja de ser útil para el orden social de la libertad, y comienza a propagar la servidumbre. Y no hay puntos medios. Por eso mismo resulta inaceptable la práctica del “perdonavidismo de los promedios”. La descripción del mal no es exacta si se practica la tibieza argumental. Encararlo exige claras definiciones y la visualización de dolorosas tendencias. No hay derecho a la vida donde hay temor por la vida. No se respeta la propiedad si un funcionario, ejerciendo la más obscena impunidad, decide si la vas a conservar o no. No hay dignidad cuando para sobrevivir necesitas hurgar entre la basura. No hay felicidad si tienes hambre. No hay visión de futuro cuando el temor es constante. No hay humanidad en el silencio, la censura y la represión. Y la soberanía es una mascarada si las decisiones estratégicas y el destino de los recursos esenciales son decididos por Cuba. Como se aprecia, no es un tema de estadísticas, mucho menos de encuestas. No se trata de si el mal es popular. Se trata de que es inaceptable. Hitler era muy popular, y ya sabemos los ardores internos que provocaba Fidel Castro. Lo que pasa es que el mal se sirve de la seducción y el engaño. Por eso San Pablo en la segunda carta a los Corintios advertía contra su táctica: “No debe sorprendernos, porque el mismo satanás se disfraza de ángel de luz”.

El mal se aprecia en el sufrimiento de los demás. Permitir el desconsuelo, el dolor y la desolación de los otros exige primero un esfuerzo de cosificación mediante el cual se despoja de la condición humana a quienes se quiere someter o destruir. Por eso el mal se vale de la indiferencia criminal y de la explotación de los perjuicios. Se es indiferente desde la inacción o desde la mera expectación.  Cuando el régimen deja morir de hambre a un preso, o no le importa dejar sin medicinas a los trasplantados, ejerce una apatía criminal que los hace culpables y responsables. Cuando un ciudadano no se escandaliza de los infortunios del prójimo, cuando no levanta su voz y sus manos exigiendo rectificación, está siendo corresponsable de lo que por cuenta del régimen está ocurriendo. El pecado capital de pereza se exhibe cuando en lugar de hacer, exigimos a los otros propuestas y acciones. No es endosable la responsabilidad ni la virtud. El mal abunda en la descalificación. Es desgraciadamente rico en la posibilidad de segmentar entre los propios y los demás. Es por eso por lo que gusta de la división y es abundoso en descalificativos. Ellos siempre se adjudican la esencia de lo indispensable, el resto terminan siendo descartable. El mal es discriminación ¿Por qué no nos rebelamos a seguir en el pozo de la displicencia?

El mal se solaza en el análisis y en la digresión retórica. En el plano de la teoría el mal se hace pasar por bien. Transforma crímenes en costos, y abismos en plataformas para seguir avanzando. El mal reducido a estadísticas se hace leve. El mal se despliega cómodamente en el cálculo de las conveniencias que asumen como perfectamente normales los tiempos de espera, progresividad y exigencias de conversión que resultan imposibles de implementar. El mal se alimenta y fortalece con esos desplantes de corrección política, de falsa decencia republicana que pide al hambriento que siga pasando hambre, al enfermo que se inmole, al preso que aguante y al que padece violencia y represión que siga sacrificándose, mientras ellos, los adalides de la falsa decencia juegan a los dados, negocian, y se pasean por el mundo pidiendo mejoras incrementales en la calidad de los procesos electorales. ¿Cuántos muertos, lágrimas y vidas desgastadas se habrán sacrificado en el altar de las malas estrategias, de la ingenuidad culposa, de los arreglos subyacentes?

San Agustín propone que el mal es la privación de todo bien, que nos conduce a la nada. En eso consiste la liquidación de cualquiera que se oponga, y para eso sirve la brutal capacidad que en la actualidad tiene el poder para violentar la promesa originaria de servir a la vida y a la propiedad de los ciudadanos a su cuidado.  El mal siempre tiene vocación totalitaria, absoluta. El filósofo argentino Víctor Massuh lo narra como “la quiebra de la razón y la locura que pierde su pudor”. Toda experiencia totalitaria es irracionalidad lujuriosa, que se va perfeccionando con cada crimen. Parafraseando a Jorge Semprún, en nuestro caso “nada es verdad, salvo la lista personalizada de todos aquellos que han padecido y perecido por esta ráfaga de violencia socialista. Nada es verdad, salvo la ausencia y el vacío que todos ellos han dejado. Nada es verdad salvo el miedo, el sufrimiento acumulado, la rabia, la decepción y la desbandada”.

Algunos previenen contra este discurso centrado en el mal. Lo tildan de pretencioso y peligroso, porque ¿quién asegura que ellos son los malos, y que en todos los casos ellos participen de esta lógica del mal? ¿Quién nos permite escindirnos entre ellos y nosotros? El mal es actor y consecuencias, y también se ceba en nuestro recato. ¿Cómo sabemos que ellos son el mal y nosotros estamos en el flanco del bien? Jesús nos da la pista. Es malo quien produce el mal. Es bueno quien provoca el bien. Por sus obras los conoceréis, dice el evangelio. El mal germina en esos momentos de nuestra historia en los que las normas de moralidad mínimas, aquellas necesarias para la convivencia desaparecen o son fatalmente eliminadas.  Y de allí se extiende hasta confines inenarrables de muerte, violencia y destrucción. ¿No es eso lo que estamos viviendo? ¿No sabemos nosotros cual es la causa raíz de todas nuestras angustias? ¿No hemos inventariado una y otra vez nuestras derrotas, duelos, traiciones, represión, sacrificios y muertes? ¿No nos sentimos ahora más desvalidos? ¿No se nos hacen lejanas la felicidad, la autonomía y la libertad? ¿No son acasos malos frutos, agrios y ponzoñosos, esos que nos da todos los días el socialismo del siglo XXI? Sus frutos son el mal, y el mal produce esos frutos.

Dos lecciones adicionales servirán de epílogo a esta larga reflexión. La primera lección es la irreversibilidad del mal. No puede el buen árbol dar malos frutos, ni el árbol malo dar frutos buenos, dice el evangelio. La segunda lección es la necesidad de extirpar de raíz la causa del mal. Todo árbol que no da buen fruto es cortado y echado en el fuego. No se preserva, se elimina porque no se puede convivir con el mal absoluto que siempre significa la desgracia del otro, el envilecimiento del otro, la ignominia del otro.

 

@vjmc 

Familiares de las víctimas esperan que se haga justicia                              Foto Miguel Gutiérrez EFE

Con la muerte de Yorman Alexander Trejo Morales, se elevan a 69 las víctimas que dejó el incendio que el pasado 28 de marzo arrasó los calabozos de la sede de la Policía del estado Carabobo, ubicada en avenida Navas Spinola de la ciudad de Valencia.

Con esta muerte ascienden a 67 los presos muertos en el siniestro, en el que además perecieron dos mujeres que se encontraban pernoctando junto a los reclusos.

Trejo Morales habría muerto la mañana del pasado viernes 6 de abril en la Ciudad Hospitalaria Dr. Enrique Tejera (CHET) de Valencia donde permaneció recluido durante diez días luego de haber sufrido quemaduras graves en la cara, un hombro, brazo, costado y pierna.

En la tragedia de Policarabobo además unos 100 reclusos presentaron quemaduras y reseñó la agencia ACN.

Por el caso el Ministerio Público dictó cinco órdenes de captura contra igual número de funcionarios de la Policía del Estado Carabobo, aun cuando la fiscalía no descartó que pudiesen dictarse otras medidas.

Los detenidos son el subdirector del organismo, el comisionado José Luis Rodríguez Ramírez, el jefe del Reten, el comisionado agregado José Antonio Carrera Loaiza, el supervisor jefe Aníbal Antonio Padrón Pacheco, el oficial José Rafael Colina Palencia y el oficial Sergio Enrique Rodríguez Rodríguez.

Por su parte la ministra de Asuntos Penitenciarios, Iris Varela, se deslindó de la tragedia, al señalar la semana pasada que su despacho no tenía nada que ver con la muerte de prisioneros en calabozos de policías, que eran competencia de las gobernaciones, alcaldías y organismos policiales nacionales.

Este viernes se produjo la trágica muerte del periodista Alejandro Cañizales, reconocido comunicador social egresado de la Universidad Central de Venezuela, quien durante más de 16 años fue la voz de la emisora Traffic Center.

Cañizales fue la voz del programa “La Máquina del Aire”. En el año 2007 ganó el Premio Nacional de Periodismo Informativo mención Radio “por su trabajo periodístico a diario a bordo de un helicóptero en el que orienta a los caraqueños sobre el estado del tráfico”.

Además fue embajador de Unicef.

En los últimos años había iniciado emprendimientos comerciales exitosos.

Su muerte llena de luto al gremio periodistico venezolano.

Compañeros de labores expresaron su pesar por la sensible pérdida.

Fiscalía emite órdenes de aprehensión por tragedia de Policarabobo

El Ministerio Público emitió cinco órdenes de aprehensión en contra igual número de funcionarios de la Policía del Estado Carabobo por la tragedia ocurrida el pasado miércoles en la que fallecieron 68 personas que se encontraban privadas de la libertad en los calabozos de la sede de la policía regional.

El anuncio lo hizo Tarek William Saab, el fiscal designado por la Asamblea Nacional Constituyente, a través de dos tweets publicados en su cuenta de la red social Twitter.

Saab anunció la detención del sub director del organismo policial, José Luis Rodríguez, quien había sido detenido la víspera y prometió que se esclarecerán los trágicos hechos, sancionando a los responsables.

 

El silencio del gobierno se mantiene tras la muerte de 68 personas en Carabobo

El silencio oficialista se ha mantenido casi inpertubable tras los acontecimientos originados por un presunto motín en la Comandancia Policial de Carabobo, donde fallecieron 68 personas.

La ministra del servicio penitenciario, Iris Varela, no se ha pronunciado sobre los hechos acontecidos hasta la mañana del jueves 29.  Néstor Reverol, ministro de Interior, Justicia y Paz, solo ha publicado informaciones con respecto a Semana Santa y las playas aptas para turistas. El presidente Nicolás Maduro tampoco ha hecho mención de los sucesos de Carabobo.

El fiscal general designado por la Asamblea Constituyente, Tarek William Saab, fue el primero en dar información oficial más de 12 horas después de lo sucedido. En tres tuits dio cuenta de lo sucedido, tras los cuales continuó retuiteando citas sobre budismo.

Por su parte, el gobernador de la entidad, Rafael Lacava, admitió sentir “gran consternación” por los hechos ocurridos, y confirmó el inicio de una investigación “seria y profunda para dar con las causas y los responsables”.

Mientras tanto, políticos opositores e instancias internacionales lamentan los hechos y exigen se lleve a cabo investigaciones para conocer las causas de muerte de estas personas.

 

 

 

 

Cerca de 80 presos mueren en incendio en calabozos de Policarabobo

Familiares lloraron al no saber qué pasó con sus parientes detenidos   Foto Miguel Gutiérrez EFE

Carlos D´Hoy

@carlos_dhoy

Cerca de 80 reclusos perdieron la vida y más de 30 resultaron heridos, entre ellos dos funcionarios policiales, durante un motín y un incendio que se desató en horas de la madrugada del  miércoles 28 de marzo en los calabozos de la sede de la comandancia de Policía del estado Carabobo, ubicada en la avenida Navas Spinola de la ciudad de Valencia.

Extraoficialmente se pudo conocer que entre los fallecidos se encontrarían 66 hombres y 2 mujeres, cuyas identidades no fueron suministradas por las autoridades. Otras fuentes indican que serían 78 los fallecidos, entre ellos diez mujeres.

Según cálculos de fuentes policiales, el centro de detención preventiva tendría una población de 255 reclusos.

Informaciones extraoficiales señalan que todo comenzó por un motín generado por  un “cambio de gobierno”, o pelea entre grupos rivales por el control de los calabozos. Durante el enfrentamiento se habría provocado un  incendio del cual se perdió el control con las consecuencias conocidas.

El incendio se desató a primeras horas de del miércoles 28 de marzo                                       Cortesía

Otra versión apunta a un intento de fuga. Al parecer los internos habrían provocado el incendio para escaparse, pero no se les permitió salir mientras el fuego se extendía y el humo ahogaba a los detenidos, lo que terminó causando la muerte por asfixia y por quemaduras de quienes se encontraban en los calabozos.

Represión contra familiares y periodistas

Parientes de los reclusos acudieron desde tempranas horas al centro policial con el objetivo de solicitar información sobre la salud de sus familiares, pero ante la falta de respuestas protestaron exigiendo datos  sobre el número de víctimas y su identidad.

La protesta fue disuelta por funcionarios de la brigada de orden público de Policarabobo cuando un grupo de los manifestantes intentó ingresar a la comandancia policial.

Los uniformados además agredieron a los periodistas que cubrían los hechos, e intentaron hacerles borrar el material que había sido grabado durante la jornada.

Familiares de los presos protestaron ante la falta de respuestas             Foto Miguel Gutiérrez EFE

Solicitarán medidas cautelares ante la CIDH

Humberto Prado, coordinador del Observatorio Venezolano de Prisiones (OVP) señaló que solicitará medidas cautelares ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) a favor de los presos que se mantienen en la comandancia de la Policía del Estado Carabobo.

“Informaremos sobre la situación por la que atraviesan los detenidos en ese centro, particularmente sobre los hechos ocurridos la mañana  del miércoles 28 de marzo. Además continuaremos denunciando sobre el hacinamiento que afecta a la población detenida en los centros policiales del país, la falta de atención por parte del gobierno a la situación penitenciaria y sobre el grave retardo procesal que se acerca a 450%”, indicó Prado.

Responsabilizan a ministra Iris Varela

Carlos Nieto Palma, coordinador de la ONG Una Ventana a la Libertad, organización dedicada a velar por los derechos de los privados de libertad, responsabilizó a la ministra Iris Varela por  la situación ocurrida en el centro policial de Carabobo.

“Responsabilizamos de manera directa a al Ministerio de Servicio Penitenciario y a su titular por este hecho. Esto lo hemos venido denunciando desde hace varios años”, destacó el activista de DDHH.

Agregó que el caso será denunciado ante el Ministerio Público la próxima semana, debido al feriado decretado por el Ejecutivo nacional, “además notificaremos a los organismos internacionales sobre esta nueva masacre ocurrida en las cárceles venezolanas”.

Nieto Palma señaló que los informes de la ONG sostienen con cifras, la dramática situación que se vive en los calabozos policiales del país. “Lo que ocurrió en Carabobo es una muestra de lo que se padece en toda Venezuela”, dijo.

Aseguró que todas las policías del país se encuentran en caos por la negligencia del ministerio debido a que desde hace varios años prohibió  el ingreso de nuevos reclusos a los centros penitenciarios si no son autorizados por ellos”.

“Hace 11 años prometieron construir nuevas cárceles y no lo hicieron, ahora tenemos esta tragedia en las manos”, sentenció.

Apoyo a patólogos desde Caracas

Comisiones del Servicio Nacional de Medicina y Ciencias Forenses de Caracas (Senamecf) y del Cuerpo de Investigaciones Científicas Penales y Criminalísticas (Cicpc), integradas por un médico patólogo, un odontólogo forense, un antropólogo y un tanatólogo, se trasladaron hasta Valencia con el objetivo de prestar apoyo al equipo de patólogos en las autopsias correspondientes .

Murió el comisario Elisio Guzmán, ex director de Polimiranda

Elisio Guzmán fue un policía ejemplar                                                                                               Cortesía

Elisio Guzmán, ex Comisionado de Seguridad Ciudadana del estado Miranda, ex director de Polimiranda y ex director del Cuerpo Técnico de Policía Judicial (CTPJ), falleció cristianamente en horas de la tarde de este martes producto de una larga enfermedad.

Guzmán se formó policialmente como experto en el área antiexplosivos y de inteligencia.

Guzmán estuvo al frente del Instituto Autónomo de Policia del estado Miranda durante la gestión de Enrique Capriles Radonski.

Guzmán a finales de junio del año pasado fue nombrado Comisionado de Seguridad Ciudadana del estado Miranda, luego de que la policía regional fuese intervenida por el Ministerio de Interior, Justicia y Paz.

El pasado mes de diciembre fue operado de una enfermedad de larga data que lo aquejaba y se encontraba en recuperación.

El comisario será velado este miércoles a partir de la 1:00 pm en la funeraria Vallés.

Vida y muerte de Sofía Ímber: Un testimonio personal

@diegoarroyogil

Ha transcurrido un año desde la muerte de Sofía Ímber y tengo la doble sensación de que fue hace más de un año y de que fue hace menos de un año que murió. La muerte de personas a las que uno quiere o admira mucho –al principio, yo admiraba a Sofía más de lo que la quería, y terminé queriéndola tanto o más de lo que al principio la admiraba– nos altera considerablemente la percepción del tiempo humano. En el orden del tiempo humano, la gente nace, vive y se muere. El afecto, cuando es herido por la pérdida, lo cambia todo. Una de las grandes preocupaciones de Sofía era precisamente esa extraña relación que se establece, para los que quedan vivos, entre el tiempo y la muerte después de la muerte. Ella mencionaba, por ejemplo, a Carlos Rangel, su segundo esposo, o a su hijo Pedro –ambos fallecidos antes que ella–, y hablaba de ellos en presente, como si estuvieran en la sala o en la cocina, pero, al cabo de un rato, se ponía a decir lo mala que es la muerte, “porque cuando alguien se muere, desaparece para siempre, deja de existir, y mí eso me choca mucho”.

Era un ser fascinante Sofía. Tenía un mundo interior complejísimo que, aunque a veces te podía desconcertar e incluso desesperarte, te hacía conocer giros de la inteligencia que tú no te imaginabas que pudieran mostrarse con tanta naturalidad mientras te tomabas un trago con una amiga, que era ella, una noche cualquiera. Cuando yo comencé a frecuentarla, Sofía acababa de cumplir 89 años. Lo recuerdo muy bien porque ordenó que me sirvieran un pedazo de una torta de chocolate que, según ella, era la mejor del mundo, “pues no tiene harina”. Educadamente, aparté el postre y le dije que no, que muchas gracias. Me miró con sus ojos de tigre, como brasas.

–Esa torta me la manda Patty Phelps todos los 8 de mayo. Yo la estoy compartiendo contigo y tú la vas a rechazar.

El 8 de mayo era el día de su aniversario y acababa de pasar: la torta de la señora Phelps aún estaba fresca. Yo sonreí y cogí el plato. “Con que esta es Sofía –pensé–. La fama no es de gratis”. Era la primera vez que ella y yo nos sentábamos a conversar y ya me llevaba a su terreno: allí donde quien entraba estaba obligado a librar con ella el buen combate. Nunca, en adelante, a lo largo de los miles de encuentros que tuvimos, dejé de sentir el reto que era estar con ella. Nunca me aburrí. Jamás. Nunca dejé de aprender algo. Nunca, tampoco, me dejó ir sin confiarme que yo también le había enseñado algo, o que, por el contrario, ese día no le había enseñado nada en absoluto.

–Hoy estuvimos mal, Dieguito. Yo estoy estúpida, y tú, callado –y canturreaba–: “Te vas, sin dejar una huella en el camino” –como dice la copla del Amor Viajero.

Mis amigos no entendían. ¿Tres horas, dos días a la semana… con Sofía Ímber? Y es que a veces eran más de tres horas y más de dos días a la semana. A veces yo iba de lunes a viernes, y también el sábado y el domingo, desde el mediodía hasta las siete de la noche, o desde las cinco hasta las diez… No, mis amigos no entendían. Hasta que comencé a invitarlos a ir conmigo a visitarla. Y ella, que ya confiaba en mí, me sometía sin embargo a un exhaustivo interrogatorio… ¿Quién es? ¿Cómo se llama? ¿Qué hace? ¿Qué edad tiene? ¿De dónde se conocen? ¿Bebe? ¿Le gusta el maní?, porque lo único que tengo para ofrecer es maní, aunque puedo mandar a hacer unos tequeños… Mentira. Los días de doble o triple visita Sofía era tan espléndida como siempre: ponía whisky, cervezas, café, maní, merey, tequeños y, si daba la hora de comer, que era lo usual, pedía sándwiches de muerte lenta, además de pasta seca y dulcitos. Y mis amigos, abrumados, preguntaban: “Me vas a volver a traer, ¿verdad?”. Y Sofía, que no perdía ocasión de ejercer su influencia avasallante, salía de inmediato al quite:

–¡Claro! No hace falta que él te invite. Tú ya sabes dónde vivo.

–Antes fue sábado que domingo –soltaba yo, para provocarla.

–¿Te das cuenta? –se dirigía ella a la visita–. Diego me quiere tanto que no soporta competencia.

Sofía amaba muchas cosas, pero por sobre todas amaba la juventud. No me refiero solo a la juventud del cuerpo, cuya belleza sin duda la entusiasmaba, como supongo que a todos. (Al que no, ese sí está muerto). Hablo de la juventud de la propia vida, de ese no enmohecerse a pesar de lo difícil que es vivir, a pesar del sufrimiento, a pesar de los malos entendidos, a pesar de los errores, a pesar del odio y del amor. A pesar de uno mismo y de todo lo que existir implica.

No creo cometer una infidencia al contar que Sofía adolecía de una condición bastante inusual. Una condición anímica que ella descubrió cuando tenía, apenas, 21 años, en 1945. En ese momento ella no supo decir ni decirse bien de qué se trataba, pero con el tiempo, gracias a la ayuda de especialistas, lo puso en claro. Gracias al doctor Daniel Lagache, una eminencia del psicoanálisis en el siglo XX, Sofía supo que su interioridad era un caballo desbocado, un caballo que le exigía que tomara conciencia de su propia energía y que la condujera para que no destruyera su vida. Lo explicaré como ella y yo nos lo explicábamos a nosotros mismos cuando hablábamos del asunto: a Sofía el solo hecho de existir le causaba angustia. Así mismo, léase bien: a Sofía el solo hecho de existir, el solo hecho de estar viva, le causaba angustia.

–Pero, ¿angustia de qué? –le preguntaba yo.

–De nada –decía–. Eso es lo peor, que no es angustia de nada. Angst, le llaman los alemanes, una cosa que parece que te ahoga por dentro.

Me costó un buen tiempo captar la singularidad del fenómeno, hasta que un día todo se hizo evidente, y Sofía, que ya era un ser especial para mí, se convirtió en algo más que eso. Se convirtió en una criatura excepcional, de esas que sabes que vas a conocer solo una, dos, máximo tres veces en la vida. Como decir que conociste a Jeanne Moreau, o a Saint Laurent, o a Chanel, o a Diaghilev. Todo se hizo evidente, no porque Sofía hiciera algo en particular, sino porque el misterio se dio la vuelta para revelarse solo. Se hizo evidente que ese caballo que era su interioridad, y que le provocaba una angustia que ella odiaba, era su don. Esa angustia era su mayor virtud y su mayor defecto. Su ángel y su demonio. Su duende tutelar. Su inmensa fuerza. Su magnetismo animal. Esa angustia era el combustible que la había llevado a hacerse a sí misma, que la había llevado a ser Sofía, un ser humano con quien el mundo no había perdido su tiempo.

Por esto y más, cuando, la madrugada del 20 de febrero de 2017, me llamaron para avisarme que había muerto, dije que no podía ser. La muerte de personas a las que uno quiere o admira mucho –al principio, yo admiraba a Sofía más de lo que la quería, y terminé queriéndola tanto o más de lo que al principio la admiraba– nos altera considerablemente la percepción del tiempo humano. Era como si me dijeran que se había muerto la naturaleza. Ha transcurrido un año y tengo la doble sensación de que fue hace más de un año y de que fue hace menos de un año que murió.

–Yo no soy mujer de estar dos días en ninguna parte –me dijo una noche. Y yo entendí: cuando Sofía llegaba a tu vida, se instalaba para siempre.

A mí me parece ver en la distancia dos ojos de tigre, como brasas, que siguen amando la vida y odiando la muerte.