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Gustavo Petro

Colombia expulsa a venezolano asesor de embajada de Caracas en Bogotá

LAS AUTORIDADES MIGRATORIAS DE COLOMBIA informaron sobre la detención y expulsión del país ciudadano venezolano Carlos Manuel Pino García, sobre quien pesa la medida por habérsele encontrado incurso en actividades contrarias a las leyes del vecino país.

A través de un comunicado, Migración Colombia señaló que la expulsión de Pino está apoyada en la legislación que establece que podrán hacerlo si a su juicio los extranjeros realizan “actividades que atenten contra la seguridad nacional, el orden público, la salud pública, la tranquilidad social o la seguridad pública”.

También, “cuando existan informaciones de inteligencia que indiquen que representa un riesgo para la seguridad nacional, el orden público, la seguridad pública, o la tranquilidad social”.

Igualmente, aclara que Pino “no goza de inmunidad diplomática” ya que no se encuentra acreditado como tal ante el Gobierno colombiano.

Pino es esposo de Gloria Flórez Schneider, excandidata al congreso colombiano y exsecretaria de gobierno durante la alcaldía de Gustavo Petro en Bogotá. Llevaba 19 años viviendo en Colombia.

Las autoridades colombianas señalaron que a Pino García se le han respetado todos sus derechos constitucionales que incluyen la oportunidad de contactarse con las personas que consideró convenientes para exponer su situación”.

https://youtu.be/gJ15LUkt6VU

La medida de expulsión del ciudadano venezolano se realizó a las 5:30 de la mañana, cuando se abrió la frontera entre Venezuela y Colombia en el puente internacional Simón Bolívar, donde fue entregado a funcionarios del Servicio Administrativo de Identificación, Migración y Extranjería (Saime) de Venezuela.

Según la sanción impuesta por la Regional Andina de Migración Colombia, Pino no podrá ingresar al territorio colombiano por un periodo de diez años a partir de la fecha y después de la terminación de la misma requerirá una visa para su ingreso.

Uno de los primeros en manifestarse en contra a la expulsión de Pino fue el senador Gustavo Petro. A través de Twitter, el excandidato presidencial aseguró que la acción “es un atentado contra la Colombia Humana y es propio de dictaduras”.

Los Runrunes de Bocaranda de hoy 16.11.2018: BAJO: Otrora compinches

BAJO

EL PETRO: 

No es la criptomoneda. Me refiero a Gustavo Petro, el dirigente político colombiano, exalcalde de Bogotá y excandidato presidencial quien señalaba días atrás a través de su cuenta de Twitter que “así como en Venezuela en Colombia también quiere poner presos a los estudiantes y criminalizar la protesta social”. De inmediato en su programa “Con el Mazo Dando “ fue Diosdado Cabello quien ni corto ni perezoso le contestó: “Para acá vino una vez ese señor Petro a pedir apoyo para su campaña, para acá, para Venezuela y ahora los chavistas le hieden. Por eso es que perdió y no va a ganar nunca porque los pueblos desprecian a los cobardes, los pueblos desprecian a los guabinosos, los pueblos desprecian a los que no asumen responsabilidad”. Minutos después Petro ripostó con esta perlita: “La última vez que hablé con Chávez fue en el año 2006 para salvar de una guerra a Colombia y Venezuela y luego fui a su funeral. No me interesa el apoyo a Maduro porque no hay revolución en una rosca que se perpetúa solo para captar rentas petroleras. Eso no es una revolución”. ¿Hasta aquí serán las “coplas” o vendrán más de lado y lado? Este gobierno está tan mal que hasta sus otrora compinches hoy no quieren saber nada. A excepción de Piedad y su combo CLAP. Por cierto, que ella e Iván Márquez han estado abogando por la libertad de los guerrilleros del ELN apresados por el Ejército tras matar a tres efectivos de la GNB. Por ese incidente fue que el ministro Padrino, sin nombrarlos y calificándolos de paramilitares, les pidió “por favor váyanse de nuestro territorio”.

RESPUESTA CUBANA:

 Tras el presidente electo de Brasil, Jair Bolsonaro ofrecer la libertad a los “esclavos” médicos cubanos, permitirles la revalida y darles un salario íntegro junto a su familia para sacarlos de la esclavitud a la que son sometidos por el régimen castrista, la decisión de la isla fue retirarlos y regresarlos a Cuba. Bolsonaro les instó a quedarse y ejercer la medicina legal tras completar los estudios necesarios. Mientras aquí anunciaron la llegada de otros 500 médicos integrales cubanos para sumar 21,700 en diciembre según informó Granma, el diario oficial del partido comunista cubano. El anuncio dice que ya “han trabajado en Venezuela mas de 140.000 especialistas y técnicos. Ante esto la Federación Médica Venezolana rechazó la llegada de estos supuestos galenos que podría obedecer a las medidas anunciadas por Bolsonaro.

Iván Duque es el nuevo Presidente de Colombia

 

Iván Duque, del partido Centro Democrático, ganó las elecciones presidenciales en Colombia, luego de enfrentarse al candidato de izquierda Gustavo Petro durante los comicios de este domingo.

Duqué encabezó los boletines oficiales de este domingo. El boletín n°7, con  84,50% de las mesas escrutadas,  lo lideró con 8.703.640 votos, equivalentes a 54,76%, mientras que Petro obtuvo  6.532.713 sufragios, que representaron 41.10%.

 

Informe Otálvora: Gobierno chavista inhibe contactos diplomáticos con opositores

 El diplomático Todd Robinson, expulsado de Venezuela, en una visita al centro de Caracas el 28DIC17. Foto: Embajada EEUU en Venezuela

 

Colombia va a segunda vuelta electoral este domingo 17JUN18. Todas las mediciones conocidas dan como un hecho el triunfo de Iván Duque Márquez quien se impondría sobre el izquierdista Gustavo Petro.

Duque, como  en el pasado lo fue Juan Manuel Santos, se presenta apadrinado por el expresidente Alvaro Uribe Vélez quien de esta manera llevaría a un segundo pupilo a la Presidencia de Colombia. La candidatura de Duque ha reunido a su alrededor una alianza política que concentra las viejas corrientes liberales y conservadoras.

La izquierda mundial, desde las Farc colombianas hasta el partido Podemos de España, pasando por los integrantes de la alianza latinoamericana  Foro de São  Paulo controlada por el gobierno de Cuba, han hecho manifestaciones de respaldo a la candidatura de Petro, quien se ha convertido en el primer izquierdista en tener posibilidades reales de hacerse con la Presidencia de Colombia.

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En términos de su política exterior Duque continuaría la línea tradicional colombiana de alta vinculación con EEUU y ha ofrecido un aumento del activismo internacional de Colombia en confrontación al régimen chavista. Duque promete retirar a Colombia de Unasur y de la Celac, las dos organizaciones regionales creadas una década atrás durante la predominancia de gobiernos castrochavistas en la región.

En medios bogotanos se especula con el nombre de Carlos Holmes Trujillo como el eventual próximo Ministro de Relaciones Exteriores de Colombia. Holmes, quien ha actuado en cargos oficiales de alto nivel desde los años setenta reúne conocimiento de gobierno y de diplomacia amén de ser un hombre de confianza de la confianza de Uribe.

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En violación de las convenciones internacionales que norman las relaciones diplomáticas entre gobiernos, el régimen chavista intenta crear una suerte de muro entre los miembros de la Asamblea Nacional y las misiones diplomáticas extranjeras acreditadas en Caracas. Según varios jefes de misiones diplomáticas consultados la cancillería de Maduro exige ser notificada previamente de cualquier visita de los diplomáticos a la sede del poder legislativo procurando inhibir las relacionarse de diplomáticos con los diputados y líderes opositores. La medida causa sorpresa en las cancillerías extranjeras porque precisamente una de las típicas tareas de los cuerpos diplomáticos es mantener relaciones con las diversas instituciones del país donde se actúa.

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La misión diplomática de EEUU en Caracas permanece sin Embajador desde el año 2010 y desde entonces la jefatura de la Embajada ha estado en manos de un funcionario de alto rango y con carácter de “Encargado de Negocios”. Desde el 18DIC17 la jefatura de la misión fue asumida por  Todd Robinson en calidad de “encargado de negocios e.p.”. El Informe Otálvora del 03ENE18 comentaba que “la llegada de Robinson ha significado un inmediato cambio en las prácticas informativas de la Embajada de EEUU. Amén de un inusual video promocional de Robinson difundido en Youtube informando sobre su llegada y objetivos en Caracas, la cuenta Twitter de la misión estadounidense comenzó a emitir mensajes, de su propia autoría, críticos contra el régimen chavista en materia de presos políticos y actuaciones de la “asamblea constituyente”. El estilo confrontacional que Robinson ya mostró durante su tránsito por Guatemala pareciera que pudiera ser el detonante de una nueva ola de tensiones entre el gobierno chavista y la misión diplomática de EEUU. Robinson fue recibido el 28DIC17 por el canciller de Maduro, Jorge Arreaza, para un encuentro de sólo 20 minutos”.  Robinson sólo duró cinco meses en funciones en Caracas: el régimen chavista no tolera diplomáticos extranjeros hiperactivos.

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El 22MAY18 el gobierno chavista ordenó la salida del país de dos funcionarios de la Embajada de EEUU, uno de ellos fue justamente Todd Robinson acusado por Maduro de conspiración e injerencia.  El reemplazo de Todd como Encargado de Negocios de EEUU en Caracas es el diplomático Christopher Lambert quien el 08JUN18 visitó el Palacio Federal en el centro de Caracas para realizar una visita institucional al diputado Omar Barboza que preside la Asamblea Nacional a quien, según la versión de la Embajada, “reiteró el apoyo del gobierno estadounidense para las instituciones democráticas de Venezuela”. La visita que fue usual actividad de un funcionario diplomático fue calificada como “acto injerencista” y como un “grave desconocimiento a las autoridades legítimas y constitucionales de la Patria de Bolívar”. De hecho, Lambert fue convocado para que compareciera el 11JUN18 en la sede de la Cancillería donde le fue entregada una nota de protesta como advertencia.

Mientras el Encargado de Negocios de EEUU en Caracas era amenazado por reunirse con parlamentarios venezolanos Jorge Arreaza, el canciller de Maduro,  visitaba en Washington a senadores y representantes en la sede del Congreso de EEUU como parte de la usual práctica diplomática.

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Alberto Acosta, intelectual ecuatoriano de izquierda, uno de los padres ideológicos del movimiento que llevó a Rafael Correa a la Presidencia de Ecuador en las elecciones de 2006, acaba de publicar junto al también economista John Cajas Guijarro el libro “Una década desperdiciada. Las sombras del correísmo”. Acosta, quien fue Ministro de Minas al inicio del gobierno de Correa y luego presidió la Asamblea Constituyente, rompió con Correa en 2008 convirtiéndose en un férreo contradictor de la “Revolución Ciudadana” desde la izquierda.

En su reciente libro Acosta afirma que “Correa, utilizando el poder centralizado de un Estado relativamente modernizado, normalizó, disciplinó, controló y ordenó a la sociedad. Para conseguirlo, por ejemplo, restringió la libertad de expresión; limitó los lugares públicos –plazas y calles– para impedir cualquier manifestación de rechazo al régimen; aprobó una normativa legal con claros rasgos represivos como el Código Orgánico Integral Penal; introdujo normas para disciplinar a las organizaciones de la sociedad civil; golpeó y hasta dividió a los movimientos sociales; pretendió intervenir en la vida sexual de las mujeres; prohibió la venta de licor los domingos… Todas estas cuestiones, y muchas otras más, limitaron la vida democrática de una sociedad”.

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En otra sección, Alberto Acosta escribe: “si agregamos todos los casos descritos sobre el despilfarro e irregularidad en el manejo que el gobierno hizo de los fondos públicos, resulta que en la década correísta se habrían desperdiciado, al menos, unos 12 mil millones de dólares. Para hacernos una idea de semejante década desperdiciada por el correísmo, recordemos que entre 2007-2016, al sector público no financiero ingresaron 84.292 millones de dólares por exportaciones petroleras. Así, al menos un 14,3% de todos los ingresos petroleros obtenidos por el correísmo se desperdiciaron, y eso sin contar con todos los casos de despilfarro y corrupción que no hemos podido abordar y que seguirán saliendo a la luz”.

El libro de Acosta y Cajas dibuja el fracaso del modelo económico de Correa, el endeudamiento externo que ha dejado por herencia, la corrupción y el gasto superfluo como esquema de gobierno. La aparición del libro coincide con la inclusión de Correa en un juicio por ordenar una operación parapolicial para secuestrar en Bogotá a un político opositor ecuatoriano.

Rafael Correa actualmente se encuentra bajo el ala protectora del gobierno de Vladimir Putin quien lo contrató como entrevistador en el canal de propaganda ruso RT. Su nueva actividad televisiva le permite a Correa estar en constante movimiento en las principales capitales latinoamericanas donde suele entrevistar a las figuras del jet set izquierdista internacional.

 

Edgar C. Otálvora

@ecotalvora

Diario Las Américas

Colombia elige presidente en inédita segunda vuelta entre derecha e izquierda

La guerra postergó por décadas el tradicional duelo entre derecha e izquierda. Con el futuro de los acuerdos de paz en discusión, Colombia elige este domingo a su nuevo presidente entre un ex guerrillero y el discípulo del ex mandatario más popular del siglo.

La segunda vuelta de las elecciones presidenciales enfrenta al derechista Iván Duque y al izquierdista Gustavo Petro. Ambos ofrecen rutas diametralmente opuestas para la cuarta economía de Latinoamérica.

Más de 36 millones de votantes tienen la posibilidad de definir la suerte del acuerdo de paz que desarmó a la ex guerrilla FARC. Pese a que el año pasado evitó cerca de 3.000 muertes, el acuerdo dividió profundamente a una sociedad anestesiada por más de medio siglo de violencia.

La jornada electoral se inició a las 08H00 locales (13H00 GMT) con la apertura de las mesas, que cerrarán ocho horas después.

La autoridad encargada de organizar los comicios alertó de lluvias en varias zonas que podrían afectar las votaciones de una nación donde la abstención históricamente ronda el 50%.

Más información en La Patilla.

Candidata de Petro a Vicepresidencia cree que en Venezuela no hay democracia

La candidata vicepresidencial de la izquierda en Colombia, Ángela María Robledo, afirmó hoy a Efe que, en su opinión, en este momento “no se vive una democracia” en Venezuela, por lo que su posición está enfrentada a la del Gobierno de Nicolás Maduro.

“En el último tiempo, con las condiciones y la actuación de Maduro no podemos decir que viven en democracia, nosotros defendemos la democracia y (queremos) fortalecerla y enraizarla en Colombia, queremos que también el pueblo venezolano lo haga”, dijo Robledo en una entrevista que se publicará completa mañana.

Robledo es la compañera de fórmula del izquierdista Gustavo Petro, del movimiento Colombia Humana, que pasó a la segunda vuelta en las elecciones del 27 de mayo al obtener 4,8 millones de votos (25,08 %).

En la segunda ronda, que se celebrará el próximo 17 de junio, se enfrentarán al candidato uribista Iván Duque, cuya compañera de fórmula es la conservadora Marta Lucía Ramírez, un dúo que consiguió 7,5 millones de sufragios (39,14 %).

El vencedor tendrá que lidiar por un lado con las relaciones exteriores con su vecino venezolano, pero también con la llegada de centenares de miles de ciudadanos de ese país que buscan en Colombia un futuro mejor.

En este sentido, Robledo dijo que Colombia afronta “dos escenarios”, un es el de “la acogida a los hermanos venezolanos”, para lo cual considera que van a necesitar apoyo internacional, y el otro es el de hacer “un llamado al Gobierno venezolano y a la comunidad internacional para que Venezuela regrese a la democracia”.

“Hay una carta de Gustavo Petro al sistema internacional de derechos humanos y de protección de la democracia para que haga un llamado a Venezuela y regresen a la democracia”, subrayó.

Pese a ese distanciamiento de Petro con respecto al chavismo y el Gobierno de Nicolás Maduro, que ha reiterado en numerosas ocasiones, los ataques han arreciado contra su candidatura al recordar los halagos que dirigió hacia l fallecido presidente Hugo Chávez hace años.

Por ello, Robledo, que ha desarrollado buena parte de su carrera política en el partido Alianza Verde y es psicóloga de profesión, pidió entender que hoy Colombia tiene que acoger a los venezolanos que llegan al país, del mismo modo que está haciendo Europa con los refugiados.

Según las cifras oficiales de Migración Colombia, cerca de 35.000 venezolanos cruzan cada día la frontera común en busca de bienes de primera necesidad o para huir definitivamente de la crisis humanitaria que se vive en su país.

Al ser preguntada acerca de la polarización política colombiana con el paso a segunda vuelta de las dos opciones más escoradas, Robledo fue contundente al asegurar que la causa “es la guerra” de la que considera que el país está saliendo tras la firma del acuerdo de paz con las FARC.

“Donde se produce el verdadero antagonismo es entre enemigos, que es la lógica de la guerra. Cuando (ahora) nos asomamos a una democracia que en Colombia ha sido frágil y hay que fortalecer con justicia social, eso no puede entenderse como polarización”, afirmó la candidata vicepresidencial que considera que el acuerdo de paz está en riesgo si gana Duque.

Robledo también afirmó que en las últimas semanas “hubo una arremetida fuerte” contra ellos por parte de Sergio Fajardo, que fue candidato de la Coalición Colombia (centroizquierda), en la que estaba integrada la Alianza Verde y que quedó en tercera posición en la primera vuelta.

“Decían que (los colombianos) vamos a dar un paso al vacío, ese paso lo vamos a dar si queda Iván Duque (como vencedor) porque ahí se habla de revocar el Congreso para disminuir su tamaño, de revocar las cortes (judiciales) para disminuir su tamaño”, consideró Robledo.

Además, aseguró que Duque quiere “retocar el acuerdo en dos puntos centrales como es la (Jurisdicción Especial para la Paz) JEP que es para las víctimas”, así como la no participación de las antiguas FARC en política.

Por ello, consideró necesario que el siguiente gobierno proteja y fortalezca la paz, así como que “se abra el espacio a la palabra” con otras fuerzas políticas.

Un “porque” sobre las elecciones colombianas, por Alejandro Armas

 

Las encuestadoras en todo el mundo han pasado un mal rato en materia electoral en la era de la llamada “posverdad”. Sus recientes desaciertos más memorables incluyen los comicios presidenciales estadounidenses, el plebiscito sobre el Brexit y la consulta a propósito del acuerdo de paz entre el Gobierno de Colombia y las FARC. Sin embargo, en este último país las firmas de análisis estadístico tuvieron un respiro cuando Iván Duque y Gustavo Petro pasaron a la segunda vuelta por el Palacio de Nariño, con sendas votaciones más o menos de acuerdo con lo pronosticado.

Dada la extendida sensación de estancamiento en la política venezolana desde el punto de vista opositor, el cual abarca a la enorme mayoría de los ciudadanos, es tristemente razonable que resulte más interesante discutir la situación de otras tierras. Debido a nuestra cercanía geográfica y cultural con Colombia, es natural que las elecciones en casa del vecino sean tema muy discutido por aquí. En tal sentido, destaca una corriente de opinión casi uniforme: la inquietud sobre un hipotético triunfo de Petro. El perfil ideológico del ex alcalde de Bogotá, caracterizado por el populismo de izquierda, así como su pasado de fusil al hombro, inevitablemente hacen que el venezolano común lo identifique como una suerte de versión neogranadina de Hugo Chávez. De cara al estado abismal en que Venezuela se encuentra actualmente, en este lado de la frontera el hecho de que Petro haya pasado a la segunda ronda y tenga aún posibilidades de ganar resulta desconcertante.

Duque, por el contrario, es percibido en Venezuela como un nuevo adalid de la libertad y la democracia. ¿Por qué? En esencia, por tratarse de un protegido de Álvaro Uribe, uno de los políticos latinoamericanos más populares entre la oposición venezolana debido al tono fuerte que mantuvo hacia Chávez (entre uno que otro abrazo, hay que recordar) y que hoy mantiene hacia los sucesores del “eterno”.

Así pues, quien escribe estas líneas pudo ver el domingo pasado reacciones de perplejidad entre sus conciudadanos por el hecho de que Duque no ganara la Presidencia en primera vuelta y de que aún tenga que pasar por otro careo con Petro. Más aun sorprendieron los argumentos de politólogos y periodistas colombianos sobre la posibilidad de que, si bien Duque entró a la segunda etapa con mucho mejor pie que su contrincante, haya posibilidad de que el resultado definitivo sea inverso. Las probabilidades de que tal cosa ocurra aumentarían si el grueso de las elites políticas colombianas se inclinaran por Petro, más por rechazo al uribismo que por por otra cosa, aunque no necesariamente los votos de los candidatos que no pasaron a balotaje se transferirán hacia quien estos o sus respectivos partidos apunten. En fin, la sola posibilidad de una alianza con Petro y contra el Centro Democrático (partido de Uribe) a los ojos de muchos venezolanos luce como un disparate colosal. No siento ninguna simpatía por el señor Petro ni creo que sea bueno para Colombia. Lo que viene a continuación solo busca ayudar a entender por qué se está dando esta segunda vuelta.

Si bien el fin de la insurrección de las FARC y las negociaciones con el ELN podrían significar el cese del conflicto interno en el país, los efectos de la guerra se mantienen vivitos y coleando y es muy probable que así sea por años. Tales efectos han permeado las elecciones. Son el más reciente producto de la violencia política que ha caracterizado a Colombia de forma casi ininterrumpida desde la independencia. Un verdadero baño de sangre a menudo vinculado con las fortísimas desigualdades sociales que también han sido rasgo distintivo de la república vecina.

Comencé a informarme por cuenta propia sobre el conflicto colombiano durante mi primer año universitario. Antes de eso, mis referencias al respecto se limitaban a lo que desde mi niñez se comentaba en casa. Para mi familia, la guerra en Colombia se resumía a que un grupo de facinerosos estaba empeñado en acabar por las armas con la democracia e instaurar una dictadura comunista, con disposición a matar y a secuestrar inocentes, así como a traficar drogas, para lograr su objetivo. Y si bien en esto había mucha verdad, era solo uno de varios aspectos del conflicto. Puede que me equivoque, pero tengo la impresión de que muchos venezolanos ven el asunto teniendo únicamente en cuenta estos elementos.

En mi casa nunca se habló de los paramilitares, factor de peso enorme curiosamente omitido, y no por interés, sino porque mis familiares sabían poco o nada sobre ellos. Originalmente estos grupos armados surgieron por iniciativa de agricultores y ganaderos que buscaban protegerse a ellos mismos y a sus propiedades de las guerrillas de extrema izquierda, ante el fracaso del Estado en la provisión de seguridad. Por eso adoptaron el nombre de “autodefensas”. No obstante, los paramilitares no tardaron en  pasar a la ofensiva con el propósito de acabar con las guerrillas y defender las posiciones más conservadoras de la sociedad colombiana. El combate al comunismo fue su bandera y argumento para justificar algunas de las acciones más horripilantes del conflicto, siempre dirigidas hacia aquellos considerados como aliados de los rojos. Segovia, Mapiripán, El Aro, Villanueva y Macayepo son nombres que aún resuenan con terror en la memoria de muchos colombianos, por tratarse de los sitios donde las autodefensas llevaron a cabo masacres. Y así como las guerrillas comunistas se han visto implicadas en el narcotráfico al menos desde los años 80, otro tanto puede decirse de los paramilitares. Si no lo creen, averigüen sobre Salvatore Mancuso y otros líderes de grupos armados ultraderechistas extraditados a Estados Unidos por comercio de estupefacientes.

Uribe llegó a la Presidencia en 2002, con el compromiso de tener mano dura hacia las FARC y similares. Al poco tiempo su gobierno comenzó a negociar con los paramilitares para conseguir su desmovilización, proceso que duró entre dos y tres años, para que solo el Estado, como ente con monopolio sobre la violencia legítima, se encargara de eliminar la actividad guerrillera. No obstante, en 2006 se desató un escándalo por la revelación de vínculos y colaboraciones entre paramilitares y miembros connotados de las elites políticas colombianas. Senadores, representantes, gobernadores, alcaldes, directores de entes públicos y demás fueron procesados por el Poder Judicial y varios de ellos terminaron tras las rejas. Entre ellos había personas del entorno cercano al propio Uribe. Tal situación produjo varios roces entre el Gobierno y la Corte Suprema colombiana.

Adicionalmente, el Centro Democrático ha defendido enérgicamente a militares señalados de estar involucrados en violaciones graves de Derechos Humanos cometidas en el marco del combate a las guerrillas. Al menos uno de estos, el coronel retirado Alfonso Plazas Vega, se unió al partido. La conjunción de todos estos elementos explica por qué una buena parte de las elites políticas, sociales y culturales de Colombia, y también de la ciudadanía común, adversa al uribismo.

En cuanto a Petro, otro factor que pudiera anonadar a los venezolanos es la disposición a sufragar por un ex guerrillero. No obstante, se debe tener en cuenta que el dirigente de izquierda no viene de las FARC ni del ELN. No se trata de alguien que dejó las armas hace poco. Petro militó en el Movimiento 19 de Abril (M-19). Esta organización armada estuvo activa en los años 70 y 80 y fue en todo ese lapso una de las más peligrosas. Su primera acción destacada fue más bien simbólica: el robo de una espada de Bolívar. Luego protagonizaron el asesinato del sindicalista José Raquel Mercado, la toma de rehenes en la embajada dominicana en Bogotá y el especialmente traumático asalto al Palacio de Justicia. Todas fueron operaciones deleznables, pero a finales de la década de 1980 el M-19 negoció su desmovilización e incorporación a la vida política democrática. Desde entonces, sus ex combatientes han sido alcaldes, representantes, senadores y ministros. Petro es uno más.

En solo dos semanas se sabrá quién tendrás las riendas de Colombia, en un balotaje cuyo resultado también impactará sin duda la política venezolana. Mi deseo es que los colombianos no acaben padeciendo ni siquiera algo cercano a lo que nosotros experimentamos hoy. También que puedan encontrar un camino hacia el fin definitivo de las guerras que los han atormentado por casi dos siglos. ¡Éxito, amigos!

 

@AAAD25

 

Acaba de ganar el candidato Iván Duque, pero no con suficientes votos para evitarse la segunda vuelta. En pocas semanas tendrá que enfrentar el poderío de la izquierda afiliada al socialismo del siglo XXI. No es poca cosa. En Gustavo Petro se concentran todo ese potencial nefasto que ha traído dos décadas de dolor, represión y ruina para nuestro país. Y el dinero de muchos años de actividad guerrillera y negocios ilícitos que seguramente se pondrán a disposición de una nueva versión de la misma tragedia.

La izquierda latinoamericana descubrió con Chávez que podían tomar al poder aprovechándose de las instituciones democráticas y las reglas del juego limpio. Pero una cosa es llegar apalancados por el estado de derecho, y otra muy diferente es gobernar apegados a la ley. La trama ya está cantada y probada con algún éxito en Bolivia, Nicaragua y Ecuador. Una versión mejorada de la rudeza castrista, pero sin alejarse demasiado de la lógica fundamental: apropiarse del poder y ponerlo a disposición de una versión delirante de una ideología atroz.

Petro está en la etapa del lobo disfrazado con piel de cordero. Es la época de las promesas, la unidad, el amor, la compasión con los pobres, la denuncia de la injusticia, el ataque feroz a las instituciones, la promesa de una nueva constitución, el planteamiento de un estado fuerte, interventor, expandido, avalado para redistribuir la propiedad, empoderado para quitarle a los ricos y devolverles a los pobres, comprometido con la paz y la reconciliación, y por supuesto, alejado del capitalismo, los capitalistas y la oligarquía colombiana. En este momento todo puede parecer dirigido a transformar al país en la utopía de la igualdad y la restauración de la justicia. Pero eso dura hasta que lo proclamen presidente.

Al tener el poder de inmediato se despliega el verdadero plan. La implementación de un contubernio del resentimiento para destruir las instituciones burguesas, la demolición del estado de derecho, el derrumbe de la autonomía de los poderes públicos, la degradación de las fuerzas armadas, la renuncia a las relaciones con los países democráticos, la proposición de una nueva geopolítica “multipolar” donde los relegados son las democracias occidentales y los nuevos privilegiados son los otros, los que practican los fundamentalismos militantes, irrespetan los derechos de las gentes y tienen planteados varios tipos de guerra santa contra la cristiandad.

Por supuesto que las zonas rurales recibirán lo suyo. Establecerá zonas de paz, donde ni la policía ni el ejército estarán autorizados para intervenir. Serán las organizaciones comunales las que estarán a cargo. Muy pronto se multiplicarán los secuestros y los delitos contra la propiedad, incluidas las invasiones, que no encontrarán reparo en los organismos de administración de justicia.

En paralelo surgirán colectivos populares, milicias armadas organizadas para proteger la revolución. Si, la revolución, porque más temprano que tarde el gobierno de Petro inventará una épica y se asumirá como líder supremo de su propia gesta. El aplauso y la convalidación de esa narrativa delirante estará a cargo de los corifeos del caribe organizados a través del Alba, que terminará siendo el único mecanismo de integración que use el gobierno. Ya no serán los negocios y la productividad los objetivos esenciales sino “la solidaridad de los pueblos” eufemismo que encubre el latrocinio de los fondos públicos y la corrupción continental.

La frontera funcionará como un aliviadero para las organizaciones de la delincuencia internacional y se potenciará el perfil trasnacional de las guerrillas ahora devenidas en una gran corporación de negocios ilícitos. Para la izquierda revolucionaria todo lo que arruine a occidente es bueno, incluidas las drogas y el terrorismo. La alucinación grancolombiana estará presente como excusa para hacer malos negocios para los colombianos, pero muy buenos para el eje cuyo nodo principal seguirá siendo Cuba.

Ya sabemos que los negocios petroleros privados serán nacionalizados. El estado crecerá a costa de la depredación del sistema de mercado y de buenos negocios privados. Los empresarios honestos se conseguirán muy pronto extorsionados por un intervencionismo obsceno, el incremento grosero de los impuestos y todas las dificultades imaginables para constituir nuevas empresas. Pero no solo será eso. Las carreteras y rutas logísticas serán más peligrosas y no serán extrañas las confiscaciones sediciosas que poco a poco irán agotando la paciencia y el ánimo empresarial. Si alguna vez se instrumentó con éxito una política de seguridad democrática, a partir de ahora será todo lo contrario. El país será balcanizado entre diferentes expresiones revolucionarias cuyo único punto en común será la revolución y su líder, a quien endiosarán para que esa presencia fulgurante les garantice su dominio feudal por muchos años.

En algún momento las fuerzas armadas pasarán a ser un ejército santanderista, petrista, profundamente revolucionario y antimperialista. Ese proceso es sinuoso y lento, pero constante. Primero la división entre los diferentes cuerpos, luego la fusión, en el transcurso se eliminarán los controles legislativos y concomitantemente se incrementará la importancia del comandante en jefe y presidente de la república. Las chaquetas de camuflaje serán parte de la simbiosis, para hacer pasar al civil por un comandante militar. Toda esta capacidad mimética y camaleónica será debidamente acompañada por una apropiada rectificación histórica. Algunos héroes caerán mientras que otros serán ensalzados, dependiendo de cual personaje se ajusta más a la neo-épica socialista. Lo mismo harán con las iglesias, a las que fragmentarán entre socialistas e impostoras, ya que Jesús fue revolucionario, así como Bolívar el padre de la gran nación anfictiónica.

Una asamblea constituyente será objeto de un rápido plebiscito, aprovechando la luna de miel de los primeros cien días. Excusas sobrarán, pero se pondrá de relieve el agotamiento de la vieja política, los años perdidos en manos de la oligarquía, la necesidad de romper todas las amarras que impiden la felicidad del pueblo, y el objetivo supremo de darle pleno sentido a la paz. No se puede despreciar el papel que en toda esta trama tienen los intelectuales orgánicos y las clases medias resentidas. Todos ellos serán pasto de la oferta de revolcar al país y de castigar a los impíos cuyo proyecto histórico era el saqueo de las riquezas del país.

La mentira será el signo de los tiempos de la revolución Petrista. La verdad será relativizada y subordinada a los intereses supremos de la revolución. Mentira y destruccionismo, o mejor dicho, la difamación constante como arma de destrucción de todo lo establecido será usado como parte del esfuerzo de construir una hegemonía comunicacional desde donde tomarán ventaja contra todos sus adversarios o contendores. Petro ya comenzó en su discurso de aceptación de los resultados de la primera vuelta. Dijo literalmente que “son dos largas historias que vienen de muy atrás. Es una historia que ha marcado a Colombia con la desigualdad, violencia, autoritarismo y exclusión de las minorías…”. Esa es la marca de origen del socialismo del siglo XXI. Un discurso grandilocuente pero falsario, aprovechado, removedor de los peores imaginarios latinoamericanos, falaz y equívoco en las relaciones causales que plantea, y por supuesto, muy peligroso.

Los socialismos del siglo XXI en cualquiera de sus versiones son elíxires inútiles. No resuelven los problemas que denuncian, pero crean otros. No sanan a la sociedad, la intoxican y la enferman. El populismo marxista se vale del gasto público creciente, desordenado y sin respaldo para lubricar la etapa de decisiones trascendentales. Dependiendo de cada país, estos tramos se recorren más rápido o más lento, pero al final el resultado es la inflación, la escasez, la violencia, la ruina social, la debacle de los servicios públicos, el deterioro de los derechos de propiedad, la censura y el cierre de los medios de comunicación libres, la persecución de la disidencia y una vivencia en donde el miedo se alterna con el terror. El circo socialista tiene alegres payasos en la entrada, es animado por ilusionistas y magos, pero las salidas están obstaculizadas por fieras hambrientas de sangre y de libertad.

Ningún pueblo aprende de las experiencias ajenas. Además, cada circunstancia es inédita. Cuando los venezolanos visitábamos a la disidencia cubana, ellos tempranamente advirtieron los peligros que significaban ese acercamiento tan animoso entre Fidel y Chávez. No hubo un solo venezolano, y yo me incluyo, que presintió el riesgo. Todo lo contrario, con una jactancia que encubría un profundo desprecio, respondíamos que nosotros no éramos una isla, que Venezuela era diferente. Cuando hemos tenido la oportunidad de conversar con los fraternos colombianos, la respuesta es similar. Dicen que Colombia no es Venezuela. Ojalá, porque a nosotros, víctimas indefensas del socialismo del siglo XXI, lo único que podría empeorar lo que ya es oprobioso sería tener una Colombia gravitando alrededor de un único proyecto totalitario.

No hay otro antídoto que el más estricto sentido de realidad. Hay que evitar a toda costa la más mínima posibilidad de una entente chavista entre el Petrismo y el régimen Diosdado-Madurista. Eso significa votar por Iván Duque, ahora que todavía es posible cerrarle el paso a la conjura. El foco en la realidad también debería inmunizar a los colombianos de creer cualquier oferta alucinógena y almibarada de reivindicación, igualdad, rectificación histórica y justicia. Detrás de todas esas palabrerías se encuentra un ansia voraz de poder total que es capaz de acabar con la paz, el progreso y la prosperidad que mediante el trabajo productivo han logrado los colombianos.

La historia no tiene fin. Problemas, déficit y errores son el signo de lo humano. No es el momento de juzgar las alternativas al socialismo con exigencias preciosistas. Algunos pretenden votar a favor de la utopía aun sabiendo que los sueños, sueños son. El resentimiento y la envidia son vicios capaces de provocar exterminio y desolación, y estamos seguros de que esas son las emociones que están detrás de la oferta de Petro. Ojalá los colombianos no se permitan caer en esas tentaciones. El mundo funciona con otras reglas, las del mercado y las de los gobiernos prudentes y contenidos, que no ofrecen el paraíso aquí en la tierra, pero que garantizan un futuro sin complejos ni falsas facturas, con progreso y libertad para todos.

Ojalá que no tengamos que vivir con tristeza y sin remedio la esencia de ese bello poema de León de Greiff:

Y el tiempo he perdido

y he perdido el viaje…

Ni sé adónde he ido…

por ver el paisaje

en ocres,

desteñido,

y por ver el crepúsculo de fuego!

Pudiendo haber mirado el escondido

jardín que hay en mis ámbitos mediocres!

o mirado sin ver: taimado juego,

buido ardid, sutil estratagema, del Sordo, el Frío, el Ciego.

Dios quiera que Colombia no pierda ni el tiempo ni postergue el viaje hacia lo que queda de siglo.

@vjmc