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Diaspora venezolana

La diáspora, esperanza de Venezuela, por Asdrúbal Aguiar

Refugiados, escultura de Bel Borba. Paseo de Recoletos de Madrid. Foto Andrey Filippov / Wikimedia Commons, 2019.

@asdrubalaguiar 

A propósito del Día Mundial del Refugiado (20/6/2020), la Coalición por Venezuela realiza su primera asamblea. Reúne a 61 organizaciones de las Américas vinculadas a la diáspora, a las víctimas del ostracismo, el desplazamiento y la explotación de sus hombres y mujeres. Junta a los núcleos de venezolanos que por millones transitan como desheredados sobre los caminos extranjeros y se dispersan. Aspira a mostrar otra óptica, la más exacta, del drama que viven estos al perder las seguridades de la tierra-patria. Han de emprender una reconstrucción desde el imaginario que trascienda y les devuelva su sentido de pertenencia.

Al caso la historia de las migraciones es la misma historia de la Humanidad, sea con propósitos de realización y para otear otros arraigos que ayuden a perfilar mejor los proyectos de vida.

El Libro de los libros, desde el Génesis, cuenta que Dios se muestra y revela como un extranjero de paso por la tienda de Abraham, que le acoge benevolente (18, 1-15). Antes nos dice cómo aquél planta al hombre a quien forma dentro de un jardín, en Edén (2, 8), dándole su primera patria. A la emigración inaugural, la de Abraham desde Ur hasta Canaán (11, 31 y 12, 1-8), sigue la de Moisés en el Éxodo. La primera fija la idea de la migración como misión y la segunda la de la esperanza, justamente en una hora en que el hombre judío ve pisoteada su humanidad y huye del oprobio egipcio.

La razón de poder que expulsa a los venezolanos, como narrativa, por utilitaria y atada a intereses de suyo insensibles a lo humano se ha vuelto inútil e ineficaz. Ella conjuga en términos políticos y de derechos políticos. Se mira en el Estado y sus actores, quienes pugnan por administrar el poder.

Desea la coalición, así y como lo espero, conjugar en términos similares a los de los padres de las declaraciones de derechos humanos, hacerlo pro homine et libertatis, construir la esperanza desde la mirada de las víctimas.

La diáspora es, pues, un concepto que mal calza o se aviene con el que ve a las migraciones como una bandera ideológica o de oportunidad. De significación mercaderil y hasta de violencia que fomenta el desarraigo o la pérdida de las raíces e identidades para destruir patrias ajenas y sostener la peregrina idea una Madre Tierra o Pachamama libre de parcelas y de culturas. Pero buscan encarnarla, eso sí, quienes aspiran a regentarla desde las plataformas globales, las digitales y las de quienes esperan nos metabolicemos en la Naturaleza como partes de esta, una vez concluyan los distanciamientos sociales impuestos.

El primer trasiego de hombres y de mujeres que a tenor de las crónicas llegan a América y a lo que luego será Venezuela – los españoles de la península, invadidos por los musulmanes desde el siglo VI al XV de la era cristiana y cuya empresa repiten estos ahora sobre suelo europeo – lo forman desplazados. Les titula de criminales la leyenda negra. Tal y como algunos califican a los venezolanos de la actual diáspora.

Se trataba entonces de judíos sefardíes a quienes los reyes católicos obligan a convertirse, a que salgan del país o les condenan a muerte por desacato de la orden real. Así, la patria venezolana se vuelve de tal forma tierra de acogida.

Llegada la hora de la república se reafirma como tal bajo José Antonio Páez. Revierte las proscripciones y exclusiones de los decretos de Guerra a Muerte y, el 13 de junio de 1831, el Senado y la Cámara de Representantes promueven la inmigración de los naturales de las islas Canarias a quienes se les otorgan cartas de naturaleza y asignan en propiedad tierra para el trabajo.

Destruida como se encuentra la república que fuese Venezuela, rotos su andamiaje y texturas de nación, los venezolanos arriesgamos vagar al desnudo por caminos extraños y perder nuestra inacabada concreción moral histórica, siempre huidiza y de presente, si obviamos a Ulises y a Ítaca como el ancla memoriosa que lo salva.

El tránsito puede sernos corto o largo y hasta la vuelta. El acompañamiento recíproco a la luz de las pérdidas sufridas y que nos son comunes, más allá de un tricolor patrio que es símbolo, y el escuchar de los corazones lacerados por la arritmia de las emociones al momento de partir o esperar por el regreso, puede servirnos de estrella polar. 

El discurso prepotente que no deja ejemplaridad, como el repetir que en Caracas se adoptan las Convenciones de Asilo Diplomático y Territorial, o el afirmar que compartimos lo nuestro con quienes viven sus iguales oscuranas dictatoriales en América Latina, revela mezquindad. Es la negación de nuestra predicada generosidad.  

Es más aleccionador saber que fuimos parte de aquellos discursos desembozados y altisonantes, patrioteros, que condenaban la Matricula General de Extranjeros dispuesta por el gobierno de Luis Herrera; o la firma por Carlos Andrés Pérez de un decreto de regularización de indocumentados que les devolvía la dignidad e identidad perdidas.  

Don Andrés Bello, orgullo de nuestras letras y emblema de nuestra diáspora pionera, que debe irse a Chile y separarse de su Venezuela, escribe que ella alcanza su regeneración civil y consistencia política a fines del siglo XVII, dado el feliz “malogramiento de las minas”. Quizás sea este, de cara al derrumbe de nuestro mito de nación petrolera, el signo auspicioso que vuelve por sus fueros.

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Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad. Y no comprometen la línea editorial de RunRun.es

Ni son de aquí, ni son de allá, por Froilán Barrios Nieves 

Los desplazamientos migratorios derivan en muchas ocasiones en situaciones indeseables, cuando se trata de numerosos contingentes de seres humanos que se trasladan forzosamente en procura de una mejor condición de vida, debido a que su tierra por avatares sociales o económicos no le brinda satisfactoriamente. La gran mayoría huye por la sobrevivencia alimentaria, así también para preservar la vida en peligro por persecuciones políticas, y ahora implosionando en pleno siglo XXI  una pandemia de tan brutales efectos, que cambiará el rumbo de la Aldea Global, término que acuñara Mcluhan a finales del siglo pasado para definir la interconexión de la humanidad.

En ese contexto hay mucha diversidad. Veamos el caso de los rohinyás, que forman un grupo de alrededor de un millón de personas, concentradas como grupo étnico en el norte del estado de Rakhine, en Birmania hoy Myanmar. A diferencia del 90 % de la población birmana, que profesa el budismo, los rohinyás son musulmanes. La dictadura birmana no los considera ciudadanos, no tienen reconocimiento como grupo étnico ni libertad de movimiento, pero el Estado birmano asegura que son en realidad migrantes musulmanes de Bangladesh que cruzaron a Myanmar durante la ocupación británica. De ahí que se les considere “advenedizos”, término usado en ocasiones por las autoridades para justificar la violencia contra ellos, confinándolos en guetos en condiciones precarias y propiciando un genocidio a este grupo étnico de 900.000 personas, que los ha desplazado a Bangladesh, hoy sin patria ni tierra donde vivir en paz, aun cuando la ONU los ha definido como su prioridad.

Otro caso de características diferentes son los “pied noirs”. Se denomina pieds-noirs (literalmente en francés, pies negros) a los ciudadanos de origen europeo por el calzado, en su mayoría de origen francés, que residían en Argelia y que se vieron obligados a salir de ese país tras la independencia en 1962. El término se aplica a todos los repatriados de Argelia, que habían apoyado a las fuerzas políticas y militares francesas durante la contienda, pues bien a lo largo de décadas estos eran segregados en Francia al considerarlos árabes, y por los argelinos al considerarlos franceses, sufriendo en todo caso xenofobia y discriminación, hasta que los idus del tiempo fueron olvidando su origen.

En nuestro caso es la llamada diáspora venezolana, que injustamente debió salir en estampida buscando sobrevivir al apocalipsis generado por esta gestión. Pues ahora con la pandemia de la COVID-19 son echados de sus arriendos, algunos de ellos han logrado mantenerse gracias al apoyo de diversas ONG en Colombia, de la embajada venezolana en Bogotá e instituciones colombianas, pero otros en contingentes numerosos han decidido regresar a Venezuela.

Vienen de todos lados, de Perú, Ecuador, de ciudades y regiones colombianas de Bucaramanga, Valledupar, del Putumayo, del norte de Santander, de Bogotá, en caravanas de buses, otros a pie, en condiciones de precariedad absoluta, creyendo incluso en la demagogia gubernamental del “bienvenidos a la patria bolivariana”, para ser recibidos en San Antonio del Táchira como parias en un campo de concentración, maltratados y golpeados por la fuerzas militares.

En definitiva, regresan con las manos vacías, excluidos y llamados “venecos”, descalificativo con el que se excluye a los venezolanos en los países andinos, para encontrarse un país en ruinas, en la miseria generalizada, mucho peor que el país del que partieron años atrás, sin poder encontrar un lugar donde continuar su vida.

Este es el drama actual de estos compatriotas venezolanos que siendo muchos de ellos profesionales universitarios, trabajaron en condiciones de precariedad laboral absoluta para lograr la sobrevivencia, y se encuentran en el límite, donde son descalificados en los países andinos y al regresar a su país son tratados como extranjeros, en pocas palabras apátridas sin destino cierto.

Froilán Barrios Nieves | Movimiento Laborista

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad y no comprometen la línea editorial de RunRun.es

Hospitalidad y acuerdos en pandemia, por Eddie A. Ramírez S.

En estos días los medios han destacado dos tópicos: el rechazo de venezolanos a otros venezolanos obligados a regresar por perder sus trabajos informales en países vecinos, y la presión de algunos compatriotas para que narcotráfico y democracia se pongan de acuerdo para enfrentar la pandemia del coronavirus.

La hospitalidad con el forastero ha sido una virtud del género humano a través de la historia. El rechazo a quien nos visita ha sido la excepción. Todas las religiones la mencionan como una actitud grata a los ojos del Ser Supremo. La Torá dice No maltrates, ni oprimas al extranjero, ya que ustedes también fueron extranjeros en Egipto y Cuando cortes el trigo en tu campo, si te cae alguna gavilla no volverás a recogerla, sino que quedará para el forastero. En el Nuevo Testamento, Mateo nos dice Fui forastero y me acogiste en vuestra casa; estuve desnudo y me vestiste.

El Corán exhorta  A los ya establecidos en su casa y en su fe, amar a los que han emigrado a ellos… y el profeta Mohamed afirmó No es creyente aquel que come hasta la saciedad, cuando su prójimo tiene hambre. En el hinduismo, el Código de Manú establece que al visitante hay que ofrecerle asiento, agua, comida y conversación. También se destaca la hospitalidad en las prédicas budistas.

Lamentablemente, en la historia hay hechos repudiables de rechazo a quien es diferente por color de la piel, religión o por venir de otras tierras. Frecuentemente se escucha que Venezuela ha sido siempre un país hospitalario, lo cual no es tan cierto. En 1902 hubo persecución a los judíos en Coro, aunque en 1939 Eleazar López Contreras autorizó el desembarco de  rechazados por otros países. Hubo una época en las que no se aceptaban ciudadanos de “raza amarilla” y tampoco  árabes.

Durante nuestro boom petrolero vinieron muchos colombianos, ecuatorianos y peruanos, no faltando quienes criticaban esa inmigración por copar nuestros servicios hospitalarios. Sin embargo, en general tuvimos las puertas más abiertas que otros países, especialmente para españoles, italianos y portugueses. A raíz de la guerra civil española y de las dictaduras del cono sur vinieron destacados intelectuales. Toda esa inmigración fue positiva.

Se acepta fácilmente a inmigrantes cuando la economía está boyante, pero la situación cambia en recesión o cuando la inmigración es masiva. La diáspora venezolana ha vivido estos cambios. Nuestros compatriotas de menos recursos que tuvieron que escapar del país mejoraron su situación practicando en elevado porcentaje la economía informal, pero por la crisis del coronavirus muchos están regresando.

Lógicamente, tienen que ser sometidos a dos semanas de aislamiento. La incompetencia del régimen para manejar esta situación y ofrecer condiciones adecuadas, así como la ignorancia de algunos, ha ocasionado que nuestros sufridos compatriotas la estén pasando mal y que incluso sean rechazados. En emergencia se justifica que, una vez agotados los espacios públicos apropiados, sean alojados en locales de propiedad privada, pero el régimen debe acordar con los propietarios. Por otra parte, los ciudadanos de las zonas fronterizas deben entender que si ingresan casos positivos y permanecen aislados no hay peligro para el resto de la población. Nuestros compatriotas deben ser recibidos con respeto y consideración. 

Sanciones y pandemia

El otro tópico es la iniciativa de algunos de solicitar se levanten las sanciones económicas para enfrentar la pandemia. Algunos solicitantes lo hacen de buena fe, otros no tanto. Alimentos y medicinas no están sujetos a sanciones y gente relacionada con el régimen importa licores y automóviles de lujo. Por otra parte, las exportaciones petroleras están reducidas a un mínimo por la incompetencia de la PDVSA roja, por lo que este producto no tiene capacidad para reactivar la economía. Un gran porcentaje del petróleo que va a Rusia y a China es para pagar deuda. La escasez de gasolina se debe a que los rojos destruyeron las refinerías y una parte de la poca que importan la regalan a Cuba.

El régimen es el que ha impedido el ingreso de la ayuda humanitaria. El gobierno (e) de Guaidó tiene poco que ofrecer por carecer de recursos. Alguien asomó, de mala fe, que puede traer dinero depositado en el exterior por los rojos corruptos, pero estos recursos están por ahora congelados legalmente. En cambio, algunos personeros del régimen podrían destrancar el juego facilitando el Gobierno de Emergencia propuesto por Guaidó o cualquier otra fórmula que permita un gobierno de transición que pueda acceder a préstamos internacionales y los maneje con transparencia.

La pandemia pasará, dejando su secuela trágica, pero para que desaparezcan los otros males tiene que instalarse ese Gobierno de Emergencia que dé paso a elecciones libres. No hay otra opción.

Como (había) en botica

* ¿Hasta cuándo la Fuerza Armada permitirá paramilitares rojos y del ELN en zonas fronterizas? El excelente documental Chavismo: la peste del siglo XXI, de Gustavo Tovar Arroyo, es un importante material para la historia.

* El teniente Alberto Maita lleva dos años secuestrado en Ramo Verde y ha sido torturado.

* ¡No más prisioneros políticos, ni exiliados!

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En Colombia ya hay más de 1,7 millones de venezolanos, según las autoridades
De esta cifra, 754.085 son regulares en tanto que 1.017.152 lo hacen en condición de irregulares

Más de 1,7 millones de venezolanos viven en Colombia, pero la mitad de ellos está en el país de forma irregular, informó este martes el director de la oficina migratoria colombiana, Juan Francisco Espinosa.

Según el funcionario, citado en un comunicado de su despacho, en Colombia viven 1.771.237 venezolanos de los cuales 754.085 son regulares en tanto que 1.017.152 lo hacen en condición de irregulares.

La cifra que tiene como corte el 31 de diciembre de 2019 y de acuerdo con Espinosa “más de la mitad de los venezolanos que se encuentran en el país están de manera irregular”.

Al respecto explicó que se trabajará para buscar una mejor identificación de los venezolanos, garantizando así la seguridad de nacionales y extranjeros.

Con la implementación de medidas como el Permiso Especial de Permanencia (PEP) y el Permiso Especial de Permanencia para el Fomento de la Formalización (PEPFF, para aquellos que tengan una oferta formal de trabajo) se espera que “la tendencia entre el número de ciudadanos venezolanos regulares e irregulares se invierta en los próximos meses a favor de la regularidad”, dijo Espinosa.

Bogotá (352.431), Cúcuta (104.981), Barranquilla (99.251), Medellín (85.062) y Cali (62.414), son las ciudades que más han acogido ciudadanos venezolanos, mientras que por departamentos el escalafón lo encabeza Norte de Santander (202.727), Atlántico (167.604), La Guajira (165.475), Antioquia (149.535) y Santander (99.659).

Según Espinosa, el reporte evidencia una redistribución de la población venezolana en el país ya que, por ejemplo, Bogotá pasó de concentrar el 23 % del total de venezolanos radicados en el país a cerca del 20 %.

Diáspora venezolana

En cuanto al número de salidas de venezolanos por el Puente Internacional de Rumichaca, fronterizo con Ecuador, hacia terceros países, dijo que se registró una disminución en los registros de emigración cercana al 20 % respecto al 2018, cuando más 1.021.000 personas procedentes de Venezuela registraron su salida del país.

Según la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) y el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur), el número de venezolanos que ha abandonado su país a raíz de la crisis ha superado los cuatro millones.

El éxodo obedece a la crisis política, económica y social que atraviesa Venezuela.

Colombia y Venezuela, que comparten una frontera terrestre de 2.219 kilómetros, no tienen relaciones diplomáticas desde febrero de 2019, cuando Nicolás Maduro anunció la ruptura tras el intento de ingreso a su país de una caravana de ayuda humanitaria liderada por Juan Guaidó, reconocido como presidente interino de Venezuela por más de 50 países.

Guaidó se reunirá con Trudeau en Canadá este lunes 27 de enero
Será recibido por venezolanos en Ottawa

Juan Guaidó será recibido por el Primer Ministro Justin Trudeau en Canadá el lunes 27 de enero.

El embajador de Venezuela en Canadá, Orlando Vieira-Blanco expresó por medio de su cuenta Twitter “Nuestro Presidente (E)  será recibido este lunes 27 enero por el PM de Canadá Justin Trudeau”.

Asimismo, indicó que Guaidó se reunirá con los Venezolanos radicados en Ottawa, capital de Canadá.

Guaidó a venezolanos en Madrid: Venezuela va a ser libre pronto
Venezolanos en España desafiaron a las bajas temperaturas para escuchar al líder de la oposición

 

Pese a la lluvia y el frío milles de venezolanos se concentraron en la Puerta del Sol en Madrid para escuchar el discurso del presidente interino de Venezuela y presidente de la Asamblea Nacional, Juan Guaidó.

“Venezuela va a ser libre muy pronto, y con ella la región”, dijo Guaidó.

Entre vitores y aplausos, Guaidó sostuvo que es perentoria la ayuda de todos los ciudadanos en España y el mundo para difundir la tragedia por la que atraviesa Venezuela.

“Sé lo difícil sentirse lejos y solos, estoy aquí para lograr el cambio. Cuando quieran regresar a Venezuela van a hacerlo. Tenemos la oportunidad de cambiar porque estamos juntos, nunca más revanchismos, vamos a lograrlo”, indicó el mandatario, quien no fue recibido por el presidente de España, Pedro Sánchez.

Manifestó que no teme regresar a Venezuela. “Hoy asumo el riesgo porque mi país lo vale. La libertad lo vale, la democracia y más. Esos cien diputados dijeron que no y por eso el mundo nos escucha”.

Con lagrimas en los ojos pidió perdón por reciente fallecimiento de la diputada Addy Valero, víctima del cáncer y la escasez y alto costo de las medicinas. “Les pido perdón. Le pido perdón a la diputada Valero y a los niños del JM de Los Ríos”.

 

 

 

 

 

 

 

 

OEA: Más de 6 millones de venezolanos habrán salido del país al cierre de 2020
El organismo destacó el escaso apoyo económico que han recibido Colombia, Ecuador y Perú, países receptores, “para acoger a venezolanos y generar condiciones que permitan su integración”

La directora del Departamento de Inclusión Social de la Organización de Estados Americanos, Betilde Muñoz, aseguró que “con el cierre de 2020 ya habrán salido más de 6 millones de venezolanos” de su país.

“Desde nuestra perspectiva, tenemos que resolver los factores que genera la migración forzada”, expresó Muñoz, quien destacó el escaso apoyo económico que han recibido Colombia, Ecuador y Perú, países receptores, “para acoger a venezolanos y generar condiciones que permitan su integración”.

Hasta 2019, 4.769.498 venezolanos habían salido del país. El número de desplazados se compara solo con el de Siria, que hoy ya tiene 6,7 millones de refugiados. 

Con información de El Nacional

Rostros del éxodo venezolano sobresalen entre fotos del año de The New York Times
Los editores de fotos de The New York Times analizaron 365 días de imágenes para escoger las mejores del año. Entre ellas, el emblemático periódico estadounidense destacó tres que revelan hechos de primer orden en Venezuela, como el éxodo venezolano

Los rostros de la migración forzada de venezolanos fueron atrapados por la cámara de Federico Rios Escobar para The New York Times, en una imágen que destaca este emblemático periódico estadounidense entre sus fotografías del año 2019.

Publicada el 4 de febrero, la fotografía de Rios Escobar descubre el rostro cansado de migrantes venezolanos apiñados en un camión mientras cruzaban las montañas colombianas.

La de Rios Escobar destacó entre 5,6 millones de imágenes que los editores de fotos de The New York Times revisaron este año para encontrar “las fotografías perfectas”, que representan las noticias para sus lectores, describe el diario en la presentación del Año en imágenes 2019.

A lado de la imágen del éxodo venezolano, está la de Anailin Nava, una niña de dos años que sufre de desnutrición severa. Es el retrato de la crisis económica y humanitaria en Venezuela que captó la lente de Meridith Kohut para The New York Times en la isla de Toas, en el estado Zulia.

La fotografía acompañó a un artículo sobre la crisis en Venezuela que apareció el 6 de mayo pasado. Después de su publicación, Kohut recordó que una enfermera acudió en auxilio de la niña hambrienta y una organización sin fines de lucro comenzó un programa para alimentar a todos los niños en riesgo de desnutrición en esa isla.

«La parte más gratificante de hacer este trabajo es cuando los lectores del New York Times sienten compasión por las personas cuyas historias informamos, y se acercan para ayudarlos», dijo Kohut al diario estadounidense.

En esta colección de imágenes figura una tercera fotografía de Venezuela: la de las escaramuzas que siguieron al intento fallido de ingreso de ayuda humanitaria a través del puente internacional Simón Bolívar, que une a Venezuela con Colombia. La instantánea es también de Meridith Kohut, del 23 de febrero.