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ONU y UE reúnen 133 millones de dólares para atender crisis migratoria
Federica Mogherini, jefa de la diplomacia europea, consideró “urgente” movilizar el apoyo internacional para atender la crisis migratoria

La Unión Europea (UE) y Naciones Unidas llamaron este martes 29 de octubre a aumentar la ayuda a los países de América Latina que afrontan la llegada de venezolanos que huyen de su país a causa de la crisis humanitaria.

La solicitud se hizo al término de una conferencia donde los organismos internacionales se comprometieron a aportar unos 130 millones de dólares para atender la crisis migratoria.

Federica Mogherini, jefa de la diplomacia europea, expresó: “Si no movilizamos recursos hoy podemos enfrentar consecuencias aún más costosas, desde el punto de vista humanitario como económico dentro de uno, dos o cinco años”.

Pese a que no se busca recaudar fondos, los países y organizaciones participantes comprometieron  “120 millones de euros” adicionales (133 millones de dólares), anunció Mogherini.

 

“Como europeos lo sabemos muy bien. Si hubiéramos invertido un poco para apoyar la crisis de los refugiados sirios o otras crisis de migrantes al principio del proceso, no sólo habríamos salvado vidas, sino que habríamos ahorrado dinero”, agregó.

 

Secundó la visión del Alto Comisionado de la ONU para los refugiados, Filippo Grandi, consideró que durante la crisis en Siria se desarrollaron justamente instrumentos por parte de instituciones internacionales para apoyar a los países de acogida de manera “sostenible”.

“Por eso es muy urgente movilizar el apoyo internacional (…) porque eso se convierte en un factor de desestabilización. Este no es el caso todavía”, apuntó Mogherini.

Con información de AFP

Los traumas, las manías y los tics viajan en las maletas
Pasar el dedo por todos los botones de un cajero automático luego de hacer una transacción, no vestir de rojo, comprar productos en exceso previendo una escasez y esconderse el teléfono celular en lo más recóndito de la vestimenta son algunas de las costumbres que se llevó el venezolano al exterior 

 

@franzambranor

 

DOS DÉCADAS DE GOBIERNO CHAVISTA y casi dos años de hiperinflación han provocado una serie de hábitos entre los venezolanos que, inclusive, se llevan pegados como un tatuaje a la hora de emigrar a otro país.

Voltear atemorizado cuando se escucha una motocicleta, comprar productos de más por si se acaban, recoger agua, esconderse el teléfono celular, llegar a un sitio con mucho tiempo de antelación por si hay cola y esperar siempre lo peor de los servicios públicos son algunas de las manías que arrastra el testigo de una Venezuela con una precariedad económica acentuada y altos índices de violencia.

A mí me pasó bastante que iba al mercado y compraba cosas repetidas para almacenar por si no conseguía después”, dijo la venezolana María Angela Calabrese, quien emigró junto a su esposo e hijos a Zaragoza, España.

Haber sido protagonista y testigo de hechos de criminalidad también influyeron en la conducta de María Angela. “Compramos un carro usado y me costó mucho adaptarme porque no tenía alarma”, agregó.

“Recién llegada estaba trabajando con mi hijo en un reparto a domicilio nocturno, él se bajaba a entregar los pedidos a los apartamentos y yo me quedaba sola en la moto y cuando me pasaba algún hombre cerca en otra moto o a pie automáticamente escondía el celular y empezaban las taquicardias”, dijo María Angela.

“Lo de escuchar el sonido de una moto y asustarse es un clásico”, confesó Daniel Gómez desde Buenos Aires.

Manías que rayan en la paranoia

En la cuenta de Twitter @PetipuaSaturno hicieron una consulta sobre el tema que genero una centena de comentarios que van desde picar las servilletas por la mitad hasta pedirle a los amigos que avisen cuando lleguen a sus casas.

 

 

Y es que venir de una nación donde en 2018 hubo una tasa de 81,4 homicidios por cada 100 mil habitantes, la más alta de Latinoamérica según el Observatorio Venezolano de la Violencia, causa estragos en la psique de cualquiera.

Yo quedé traumatizada con los robos y me paro a cualquier hora de la noche a asegurarme que todas las puertas estén con seguro. No sé para qué porque las paredes aquí se pueden romper con la mano y las ventanas no usan protección de barras”, dijo la venezolana Bárbara Burgos, actualmente habitante de la comunidad de Gainesville en Florida, Estados Unidos.

“Yo después que hago una transacción en un cajero le doy a todos los botones para que no me clonen la tarjeta”, dijo Marco Lira desde la ciudad de Leiria en Portugal.

“Comprar Harina Pan en exceso. Mi papá me hizo llevarle en marzo varios paquetes, pensé que me iban a detener pensando que era droga”, añadió Manuel hermano de Marco, quien vive en Madrid, España.

Algunos efectos secundarios de migrar son menos dolorosos: “No dejo la manía de poner el freno de mano al carro todo el tiempo y aquí todo es plano”, dijo Bárbara Burgos, quien primero estuvo en la ciudad estadounidense de Atlanta y ahora hace vida en Gainesville. “Yo más nunca me puse una camisa roja”, sostuvo Alejandro Álvarez, quien vivía en Miami y ahora reside en Ciudad de México.

Mientras que a algunos les cuesta despojarse de mañas típicas venezolanas, a otros no y ello responde al paso del tiempo. “Yo ahora ando con los seguros del carro arriba, pero obvio que si estoy por una zona fea los bajo. De resto estoy curado de la paranoia”, dijo Roberto Pérez, quien emigró hace casi tres años a Orlando, Estados Unidos.

Se pasa rápido al ver que todo el mundo anda por la calle con los teléfonos en la mano”, dijo María Angela Calabrese.

Mientras Roberto y María Angela aseguran que ya no padecen los “traumas del venezolano del siglo XXI”, en algún lugar del extranjero uno de sus compatriotas estará sacando efectivo de un cajero por si se acaban los billetes o echando gasolina en procura de no quedar al margen a la hora de una escasez de combustible. Enseñanzas que les dejó el subdesarrollo.

 

https://twitter.com/kellymporta_/status/1162348550233165824?s=20

 

*Todos los tuits empleados son interacciones con la cuenta de @PetipuaSaturno

Acnur estima que diáspora venezolana alcance 3,4 millones de personas

LA AGENCIA DE LAS NACIONES UNIDAS para los Refugiados (Acnur) estimó este 20 de febrero que hay 2,7 millones de refugiados venezolanos en los países de América Latina y el Caribe, y unos 700 mil en el resto del mundo, para una diáspora total de 3,4 millones.

Estas cifras reflejan la movilidad migratoria hasta enero de 2019, según informe presentado por la agencia en el mapa de movimientos terrestres de personas refugiadas y migrantes de Venezuela.

Los países de la región que acogen a la mayoría de estos refugiados son Colombia (1,1 millones), Perú (506.000), Chile (288.000), y Ecuador (221.000).

El resto de los países latinoamericanos y caribeños que han recibido la migración venezolana, en cifras menores a 100.000 refugiados son: Brasil, Panamá, Trinidad y Tobago, México, Guyana, República Dominicana, Costa Rica, Curazao y Aruba.

Bolivia, Uruguay y Paraguay son las naciones del continente que menos han recibido venezolanos, con un estimado igual o menor a los cinco mil refugiados.

La diáspora que perjudicó a Venezuela y benefició a Colombia

EN EL INVENTARIO DE DESGRACIAS que ha dejado el gobierno de Nicolás Maduro en Venezuela deberá contabilizarse una pérdida irremediable: las crisis económica y política de la Revolución bolivariana han provocado una diáspora de tres millones de expatriados —aproximadamente el ocho por ciento de la población—, que ha dejado hipotecado el futuro del país y en bancarrota sus instituciones culturales. Así lo reseña el New York Times.

La amarga situación de los 3000 venezolanos que cruzan a diario la frontera con Colombia ha despertado una enorme solidaridad regional, pero también una preocupación natural en los países de acogida —¿cómo debe prepararse una nación para recibir a tantos desplazados?— y, en ocasiones, un sentimiento antiinmigrante. Para combatir esa tentación xenofóbica, haríamos bien en recordar una de las mayores lecciones de las grandes oleadas migratorias de los siglos XIX y XX: los países que albergaron a los exiliados, migrantes y desterrados —de guerras civiles, hambrunas o gobiernos autoritarios— salieron culturalmente beneficiados.

Mientras las calamidades no cesen en la Venezuela de Maduro, el flujo de migrantes venezolanos seguirá siendo masivo y seguirá siendo un enorme desafío para Colombia y el resto de los países de América Latina. En esa marea migratoria hay numerosos intelectuales, artistas y universitarios. Según un estudio de 2015, realizado entre estudiantes de cuatro universidades de Venezuela, un 88 por ciento de los encuestados tenía intenciones de abandonar el país.

Colombia, el país que ha recibido más expulsados venezolanos, podría ser la heredera intelectual de la Venezuela en exilio. Colombia tiene ahora la oportunidad no solo de dar un ejemplo humanitario, sino de aprovechar para su desarrollo los frutos de la cultura venezolana.

La historia migratoria de la propia Venezuela es un ejemplo: durante la segunda mitad del siglo XX, el país aprovechó la experiencia y talento de las olas migratorias de españoles, portugueses, italianos, uruguayos, chilenos, peruanos, ecuatorianos y colombianos. Gracias a ese influjo de mano de obra calificada extranjera, se crearon las grandes empresas textiles y de alimentos venezolanas y las instituciones culturales florecieron.

Hoy, sin embargo, los cruces de la frontera corren en sentido inverso y somos muchos los venezolanos que trabajamos en Colombia y para ella devolviendo, de alguna forma, mucho de lo que recibimos de la migración que llegó a nuestro país a partir de la década de los cincuenta.

A principios de los 2000, una de las primeras olas de migración de Venezuela a Colombia, trajo a gerentes y técnicos petroleros despedidos por Hugo Chávez de la estatal Petróleos de Venezuela. Estos migrantes altamente especializados impulsaron el despegue de la modesta industria petrolera colombiana, que multiplicó su actividad de 560.000 barriles diarios a 900.000 barriles en 2011. Mientras que la producción petrolera venezolana está en el nivel más bajo de los últimos treinta años, Colombia se convirtió en uno de los mayores exportadores de petróleo a Estados Unidos.

En una ola migratoria posterior, de 2010 a 2014, llegaron a Colombia numerosos académicos, editores y periodistas que salieron de Venezuela por diferencias ideológicas con el chavismo, un régimen corrupto, autoritario y que ha remplazado la meritocracia por el nepotismo.

El enorme capital cultural de Venezuela fue una de las primeras víctimas del chavismo. En 2001, Chávez develó su política cultural y trazó la hoja de ruta de su revolución: despidió a treinta directivos de las instituciones culturales más importantes. Nombró a nuevos directores de museos, galerías, teatros, editoriales, cines, academias de danza y orquestas sinfónicas que estuvieran “en sintonía con el proceso revolucionario”. Así acabó con la intensa vida cultural que Venezuela había desarrollado desde el siglo XIX.

Los grandes centros culturales de Venezuela, que fueron referencia en toda América Latina, hoy están en la carraplana. El Museo de Arte Contemporáneo Sofía Ímber —que desde 2001 no lleva el nombre de su fundadora— usa el arte para hacer proselitismo, tiene un presupuesto exiguo, no adquiere obras, no se investiga ni se editan catálogos y las exposiciones se basan en las colecciones adquiridas durante su época dorada —la última muestra se titula Camarada Picasso—; de las trece salas solo funcionan un par y muchos de sus curadores y críticos se han jubilado o se han ido del país.

Las editoriales Biblioteca Ayacucho y Monte Ávila Editores dejaron de publicar clásicos y exhiben un catálogo menguado, con tirajes mínimos y una marcada línea ideológica —de sus doce novedades del año, cinco son reediciones, entre ellas, el Manifiesto comunista—; el Teatro Teresa Carreño quedó reducido a la sala de eventos presidenciales cuando Chávez aún estaba vivo, las academias de ballet clásico y danza contemporánea que se presentaban ahí funcionan a medias y con una programación cultural exigua. El Premio Rómulo Gallegos, que llegó a ser una de las citas literarias más prestigiosas de Hispanoamérica, se entregó por última vez en 2015, con el argumento de que no se disponía de los 100.000 dólares que ofrecía el premio. El Sistema Nacional de Orquestas y Coros Juveniles e Infantiles de Venezuela y el Instituto Autónomo Biblioteca Nacional fueron cruciales en la vida cultural latinoamericana y sirvieron como modelos para otros países del mundo. Hoy, aunque El Sistema sigue en pie, se suspendieron las giras mundiales que anualmente hacía la Orquesta Sinfónica Simón Bolívar y, para diciembre de 2017, cuarenta de sus 120 músicos habían emigrado.

Bello, emblema de la diáspora venezolana, por Asdrúbal Aguiar

Asdrúbal Aguiar

ANDRÉS BELLO, HIJO DE CARACAS, nacido en 1781, es parte de la excepcional generación de ilustrados venezolanos de finales del siglo XVIII. Es expresión acabada de nuestra aurora intelectual, pieza museo olvidada.

En su sumario de historia de Venezuela, que escribe en 1810, advierte don Andrés sobre la significación que tiene para nuestra afirmación, como pueblo laborioso, el agotamiento de las minas, el enterramiento del mito de El Dorado, nuestra condición de nación desconcentrada territorialmente.

Bello desborda en todas las áreas del pensamiento. Hace historia, tanto como Francisco de Miranda, más allá de nuestras fronteras. Son parias en su patria. La horma de ambos es la Universidad de Caracas: la Real y Pontificia de Santa Rosa de Lima y del Beato Tomás de Aquino, de la que egresan los civiles – los doctorcitos que imaginan repúblicas aéreas y desprecia Simón Bolívar en 1812 – y quienes, en mayoría determinante forman el Congreso de 1811. 

Miguel Luis Amunátegui, su amigo y confidente chileno, con quien conversa hasta su muerte, en su libro Vida de Andrés Bello (Santiago, 1882) subraya que a los 11 años éste se deleita con las novelas de Calderón de la Barca. Las adquiere por un real, cada una, en una tienda caraqueña.

Su primer preceptor, fray Cristóbal de Quesada, deja huellas sobre su cuerpo de humanista universal. Antes, aquél había ahorcado los hábitos, viajado a la Nueva Granada, usado el nombre de Carlos Sucre hasta que es descubierto y devuelto a su convento, el de la Merced. Y allí, a pedido de Fray Antonio López, tío de don Andrés, acepta ocuparse de enseñarlo privadamente al concluir la escuela.

Es él quien descubre y estimula en éste su talento excepcional para la gramática, la composición, y su agudo discernimiento en todo lo relativo al lenguaje. Le enseña el latín y le permite acceder a su biblioteca, donde lee de modo cabal a Cervantes.

Al ingresar a la Universidad, autorizado por Fray de Quesada, Bello traba amistad con los Ustáriz – José Ignacio es su condiscípulo – en cuya casa reside una verdadera academia griega. Allí encuentra el estímulo para aprender por sí el francés, más tarde inglés, y lo logra; al punto que su nuevo maestro, el Pbro. José Antonio Montenegro le sorprende leyendo en los pasillos universitarios una tragedia del poeta francés Racine, muerto en Paris en 1799.

Probablemente tenía en sus manos a Andromaque, la edición de 1745 de la Compagnie des Libraires. La cuestión no es minúscula. Según sus intérpretes “todo Racine está contenido en ese instante paradójico en que el niño descubre que su padre es malo y quiere sin embargo seguir siendo su hijo”. Es el dilema, en efecto, que despierta en la Venezuela de la época – acaso y otra vez en la de actualidad – y que, según el cronista, lleva al padre Montenegro a lamentarse ante lo inevitable:

—¡Es mucha lástima, amigo mío, que Usted haya aprendido el francés!, le dice a Andrés, devolviéndole el volumen de Racine.

Caracas medra ignorante de lo que ocurre en España. La distancia es abismal.

El Capitán General De Las Casas, al recibir del gobernador de Cumaná, Juan Manuel Cajigal, dos ejemplares del Time, no les da importancia. No entiende el inglés. Se los confía a Bello, escribiente en su Despacho, quien luego le dice que los textos anuncian los sucesos de Bayona, la abdicación de Carlos IV y su hijo Fernando VII, y la exaltación de José Bonaparte.

—¡Mentiras, falsedades que buscan alebrestar a los americanos!, riposta.

El atraque en La Guaira del bergantín francés Serpent, con pliegos del emperador Napoleón, hacen que el gobernante venezolano tome razón de su trágico destino. Lo acepta cuando le golpea en las narices.

Recuerda Bello que al encontrarse los delegados franceses con el Capitán General, es llamado como traductor y al despedirse éstos, De Las Casas, enmudecido, “se derrite en lágrimas como un niño”.

En 1810, al ser destituido por Emparan como empleado de la Capitanía viaja a Londres como parte de la primera misión diplomática de la Venezuela emancipada. Acompaña a Simón Bolívar y a Luis López Méndez. Allí se queda abogando por el reconocimiento de la Independencia. Pero a la caída de la Primera República, en 1812, el terremoto de Caracas, la prisión de su amigo Francisco de Miranda procurada por el mismo Bolívar, la falta de respuesta española a su pedido de amnistía, le mantienen en su obligado destino.

Distanciado de Bolívar, mediando diferencias por su gobierno dictatorial de la Gran Colombia, al término, muy tarde, éste intenta enmendarse ante Bello. Le manda 3.000 pesos para que se sostenga, en 1829. Le nombra Cónsul General colombiano pero éste ya viaja hacia Chile, animado por sus autoridades, dado el otro desplante que el mismo Bolívar le hace al no designarlo jefe de la misión diplomática en Londres, vacante.

Tiene 15 hijos en sus dos matrimonios. Ve morir a nueve, llorando cada día a su Caracas añorada. Y cada vez que la fatalidad se le anuncia recuerda al Cristo que colgaba en el cuarto de su madre, siendo muy joven. En cada dolor y por cada partida, apesadumbrado, le dice Amunátegui: ¡Ya me lo dijo el Cristo de Caracas!   

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Comenzó en Perú primer registro de profesionales venezolanos

ESTE SÁBADO EMPEZÓ EN PERÚ EL PRIMER REGISTRO VIRTUAL DE PROFESIONALES VENEZOLANOS, iniciativa promovida por la organización no gubernamental (ONG) Unión Venezolana en Perú.

“Lo que buscamos es que los venezolanos no seamos vistos solo como una cifra o problema, sino la posibilidad de contribuir en áreas específicas”, expresó Oscar Pérez, director de la ONG, a El Comercio. Agregó que el objetivo con este registro no es solo manejar datos cuantitativos, sino contar con mayor información sobre los profesionales venezolanos en Perú y conocer su disposición de, eventualmente, acudir a regiones del país donde puedan cubrir plazas.

Este primer registro de profesionales venezolanos en Perú será del 22 de setiembre al 7 de octubre de manera online. Para ello, la ONG ha dispuesto en su página web una pestaña en la cual podrán ingresar y colocar sus datos personales y profesionales.

Pérez indicó que la data que reúnan será entregada al gobierno peruano para que evalúen la propuesta que presentaron hace un mes a la Cancillería, de la que aún no tienen respuesta.

Este primer registro está dirigido a técnicos superiores universitarios y universitarios venezolanos que hayan obtenido grados superiores en Venezuela o en otra universidad.

Quienes se registren deben estar en Perú, ya que no es posible hacer el registro desde otro lugar. En cuanto a la documentación, pueden ser venezolanos con Permiso Temporal de Permanencia (PTP) o solicitantes de refugio, así como quienes ya cuenten con carné de extranjería.

“Cuando ingresen al link, lo primero que van a tener que colocar es su número de teléfono, al cual le llegará un código de validación que les permitirá ingresar al sistema y participar en el registro”, explicó Oscar Pérez. “No planteamos desplazar o sustituir a nadie, sino que hay plazas vacantes que representan un déficit grave en regiones del país que pueden ser cubiertas por profesionales venezolanos”, añadió.

Para este primer registro de profesionales venezolanos en Perú no hay límite de edad. Quienes se inscriban, pueden acreditar sus grados universitarios, de posgrado y superiores. “Los datos estarán encriptados. Es imposible que la data pueda ser manipulada con otros fines”, refirió respecto a la seguridad de la información que se ingrese.

Una vez que concluya el registro, el director de la ONG dijo que podrán presentar al gobierno la información sobre con qué profesionales cuentan.

Por otro lado, habrá una segunda fase, que será presencial. En ella, a todos los profesionales que participaron se les le entregará un carné con chip en el que tendrán todo su historial personal y académico.

Gobierno colombiano espera mayor apoyo de Unión Europea en crisis migratoria venezolana

EL CANCILLER COLOMBIANO, CARLOS HOLMES TRUJILLO, confió este jueves en que la Unión Europea (UE) otorgue un apoyo adicional ante la crisis migratoria sin precedentes que afronta Colombia por la salida de venezolanos que huyen de la precaria situación que vive el país.

“Nunca habíamos vivido en Latinoamérica una crisis migratoria de semejante magnitud y la perspectiva que hoy se tiene es que esa crisis migratoria siga incrementándose en los próximos meses, porque la causa que la origina sigue aún existiendo”, explicó Trujillo en un encuentro con un grupo de medios en Bruselas, reseñó Efe.
El canciller se reunió esta semana con diferentes comisarios europeos y con la alta representante de la UE para la Política Exterior, Federica Mogherini, a quienes expuso el desafío al que se enfrenta su país para atender a los migrantes venezolanos.
“La respuesta de la Unión Europea ha sido muy positiva. Esta crisis no se ha presentado jamás en América Latina, es una crisis cuya magnitud ya supera a otras crisis migratorias recientes en distintas partes del mundo”, señaló el ministro colombiano.
La UE “también ha venido dando pasos concretos en su política de cooperación” y “tenemos la esperanza de que dé pasos concretos adicionales”, añadió.
Según Trujillo, la crisis migratoria procedente de Venezuela “debe atenderse con medidas nacionales como hemos venido haciendo”, aunque alertó de que hacen falta más recursos para atajar un problema que “tiene una magnitud regional y una magnitud global”.
Por ello, a su juicio, “tiene que ser materia de reconocimiento por parte de la región”, algo que ya se ha producido en el seno de la Organización de Estados Americanos (OEA) y que ha motivado la designación de un grupo técnico que elaborará un informe sobre la situación para asignar recursos.
En el plano global, Trujillo subrayó que Colombia ha solicitado que se cree un “fondo humanitario de emergencia para fortalecer la capacidad presupuestaria” a fin de atender dicha crisis, propósito para el cual el día 25, en el marco de la Asamblea General de la ONU, ha invitado a países donantes y agencias internacionales y financieras a abordar el asunto.
También valoró la designación del exvicepresidente guatemalteco Eduardo Stein como representante conjunto en Venezuela del ACNUR y la Organización Internacional de Migraciones “para que coordine la acción multilateral en Colombia y en la región”.
Según Trujillo, cada día ingresan en Colombia entre 35 mil y 40 mil inmigrantes “pendulares”, que van y vienen, mientras que su país es también lugar de tránsito para los que se dirigen a otros Ecuador, Perú o Chile. Además, hay más de un millón de venezolanos que han entrado en Colombia “con vocación de permanencia”, de los que un 23,5% se quedan en la capital.
Preguntado si Colombia apoyaría una incursión militar en Venezuela, aseguró que su país “rechaza la violencia” y no tiene “ningún espíritu belicista”.
“Vamos a seguir acudiendo a todos los mecanismos políticos y diplomáticos en el marco de una gran alianza de naciones democráticas para crear las condiciones a fin de que finalmente, más temprano que tarde, el pueblo venezolano pueda escoger libremente y mediante procesos transparentes el gobierno que desee”, enfatizó.
El ministro explicó igualmente que con las autoridades de la UE hizo un repaso de las relaciones bilaterales. Sobre el tratado de libre comercio entre las dos partes, precisó que hicieron un balance positivo y consideró que Colombia puede hacer “mayores esfuerzos” para aprovechar las ventajas que se derivan del mismo, especialmente en el sector agropecuario.
Trujillo también visitó la sede de la OTAN durante su estancia en Bruselas, con la que Colombia, socio global de la Alianza Atlántica, quiere “profundizar la relación”.
Cúcuta: Salida de Emergencia | Viaje a la incertidumbre
Decenas de familias venezolanas deciden cruzar Colombia a pie, hacia cualquier destino, para huir de un país en el que el hambre y el precio de la vida amenazan con elevar un éxodo que ya es masivo

 

Angélica María Cuevas G. | Fotos: Juan Arredondo

POR LO MENOS 1 MILLÓN Y MEDIO DE VENEZOLANOS han dejado su país en los últimos dos años, utilizando Colombia, y Cúcuta (Norte de Santander) como principal puente de escape. Venezuela vive una diáspora sin precedentes, impulsada por una hiperinflación que se ha agudizado desde 2016 y se revela en sueldos simbólicos, quiebra, hambre y violencia.

La imparable devaluación del bolívar hace dramática la situación de quienes cruzan en Cúcuta el Puente Simón Bolívar. Mientras en 2016 se recibían $2,2 pesos colombianos por cada bolívar, en mayo de este año el mismo bolívar valía $0,0025 pesos. Por lo poco que vale su dinero, muchos venezolanos duermen en las calles y terminales de Cúcuta, trabajan informalmente y venden lo que traen a la mano: teléfonos celulares, zapatos, anillos de bodas e incluso el cabello de las mujeres.

Para reunir $50.000 pesos colombianos (US$17,5 dólares), que es lo que cuesta un tiquete en bus a Bucaramanga, se tendrían que entregar 10 millones de bolívares, equivalentes a cuatro salarios mínimos mensuales en Venezuela. Conseguir algo de dinero en Cúcuta es tan difícil, que decenas de personas deciden agarrar las maletas y tomarse a pie la carretera. Junior Reverol, Joselyn Castillo y Karina Gómez, con 8 meses y medio de embarazo, son parte de un grupo de 14 personas que salieron a la carretera el 13 de mayo de 2018, hacia Cali.

Para llegar a Cali se pasa primero por la ciudad de Bucaramanga, el tramo desde Cúcuta, que en un automóvil tardaría 5 horas y media, les toma a un grupo de caminantes dos o tres días, en promedio. Viajan en grupos de tres, cuatro, siete, nueve, catorce personas. Duermen en carpas, al borde del camino, en estaciones de gasolina o paraderos. La ciudad intermedia de Pamplona es una parada obligada.

¿Cuántos venezolanos pasan a diario?

“Qué pregunta difícil”, dice Luis Mora, de 37 años, un venezolano que trabaja como montallantas en el sector de la Donjuana y le permitió al grupo de 14 pasar la noche junto a los cauchos. “Esta semana si no han pasado 700 o 800 han sido poquitos, hace poco, en un solo día ví unos 250, no le miento, yo trabajo desde la 6 de la mañana hasta las 8 de la noche. Es muy triste y esto se va a poner peor. Venezuela no mejora, entonces vamos a ver más venezolanos en la carretera”.

Para los venezolanos que cruzan el Puente Simón Bolívar, en Cúcuta, existe el imaginario de que entre más lejos estén de esa frontera, más fácil será volver a empezar. No importa dónde terminen: Bogotá, Quito, Rumichaca, Santiago de Chile, Buenos Aires, si el clima se parece al de Caracas, Valencia o Barquisimeto, o si las ciudades están rodeadas por montañas o tienen de lado un río, o el mar. Mudarse lejos de Venezuela actual, la inviable, es la oportunidad de reconstruir sus vidas.

Jovanny Barreto, “El muñequito Báez”, es ciclista de ruta hace 23 años. Cuenta que alguna vez compitió La Vuelta al Táchira y que salió pedaleando hace tres días de Barinas buscando llegar a Ecuador. Su estrategia, mientras avanza, es inscribirse a carreras locales que busca por Facebook, luchar el podio y reunir algo de dinero para comer y enviar a Venezuela. Los 70 kilómetros que corre a diario los toma como entrenamiento y dice que si la cosa no funciona, buscará trabajo de herrero, pintor, mecánico o vendedor. El 13 de mayo se encontró a los 14 caminantes al borde de la carretera, descansó con ellos. “La semana pasada una de mis nietas me pidió comida y no tuve para darle, así que arranqué. No me estoy yendo del todo, yo no cambio a mi Venezuela por ningún país, hoy nos tocó migrar, pero cuando mi Venezuela se arregle, regreso”.

Consulta el reportaje completo en este enlace.

Mira el especial “Cúcuta: Salida de emergencia“.