Luis Oliveros, autor en Runrun

Luis Oliveros

¿El regreso de Giordani?, por Luis Oliveros
Hoy los hacedores de política económica ejecutan medidas que nos hacen recordar a Giordani, tal vez el peor ministro de economía de nuestro país en su historia

 

@luisoliveros13

Casualmente, en esta semana de la entrega de los Nobel, en Venezuela los hacedores de política económica estén llevando a cabo medidas, que nos hacen recordar a tal vez el peor ministro de economía que ha tenido nuestro país en su historia. El legado de Jorge Giordani es tal, que todavía muchos lo seguimos recordando como el arquitecto del despilfarro del boom petrolero de inicios de este siglo.

Giordani fue el ministro de Planificación de Hugo Chávez por muchos años. Salió del gobierno en junio 2014 por diferencias con Nicolás Maduro. Podríamos decir que ha sido uno de los mejores cambios de ministro que ha hecho Maduro desde que está en el poder.

Giordani tenía ideas muy “estrafalarias”, destruir el mercado de capitales y perseguir a los dueños de las casas de bolsa era una, el pretexto fue culparlos de la devaluación del bolívar y de la fuga de capitales. Otro era siempre culpar a los empresarios privados de todo lo malo que ocurría en el país.

Increíblemente, una de esas “brillantes” ideas fue, por mucho tiempo, vender dólares muy baratos a los privados en Venezuela como una forma de mantener fuerte la moneda, que al final esa medida ni le sumaba fortaleza a la moneda ni era buena para la salud de la economía.

Para Giordani y su equipo, podríamos decir que la sobrevaluación de la moneda era algo positivo. Calmaba la inflación y al mismo tiempo (aprovechando la bonanza), mediante importaciones “baratas”, mantenían un nivel (artificial) de consumo muy grande (popularidad). Claro, para Giordani, la palabra insostenible no existía, mucho menos la probabilidad de una caída en el ingreso petrolero. Y los efectos negativos que una medida como esta tenía en el sector productivo del país, no eran dignos de revisarse.

Hoy estamos viendo cómo el Banco Central de Venezuela respalda una sobrevaluación de la moneda que supera el 50 %, que ve con buenos ojos venderles a los privados divisas a Bs. 4,20/$ (cuando podría obtener mucho más por ellas) y que como guinda de la torta, mantiene un encaje legal que genera muchos problemas para acceder al crédito en Venezuela.

Mantener una moneda artificialmente alta ¿para romper las expectativas inflacionarias? Todos sabemos que el ajuste en la tasa de cambio ocurrirá más temprano que tarde y que será muy fuerte (más aun en el último trimestre del año, cuando históricamente la liquidez monetaria tiene un incremento importante, además de que este año tenemos las elecciones del 21 de noviembre).

También se sabe que los problemas fiscales no se han solucionado (reconociendo el esfuerzo que ha hecho el gobierno en los últimos meses), por lo que la inflación en el país sigue siendo un problema.

Era mucho mejor para el país aprovechar la reconversión monetaria y dejar deslizar la tasa de cambio (además de subir el precio de la gasolina).

Repetir errores del pasado difícilmente generará buenas noticias. Trabajar por la solidez de la moneda implica muchas cosas, pero construir credibilidad y confianza no se hace fijando encajes legales muy altos ni regalando activos escasos. Se pueden entender los esfuerzos por romper las expectativas inflacionarias, pero las sobrevaluaciones de la moneda (sobre todo en un país con nuestra fragilidad externa) no terminan bien. En Venezuela hay suficiente experiencia al respecto.  

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad. Y no comprometen la línea editorial de RunRun.es

Los milagros en México, por Luis Oliveros
No habrá una mejor Venezuela sin instituciones. Pero negociar algo así, ante un gobierno que se ha desarrollado en base a esa destrucción institucional, no tiene mucho sentido

 

@luisoliveros13

Aunque algunos aún esperan por la gloriosa llegada de los Marines por el puerto de La Guaira, la sensatez siempre invitó a pensar que el camino a destrabar la crisis política venezolana estaba en una negociación –dialogo entre la oposición y el gobierno de Maduro. Eso hoy está ocurriendo y aunque va a un ritmo muy lento, si lo comparamos con los enormes problemas sociales que sufre el país, parece que el resultado (por el bien de los venezolanos) puede ser distinto a los procesos de negociaciones anteriores (y ojalá sea así).

Ahora bien, una cosa es que ocurran resultados diferentes y otra muy distinta es que esperemos milagros. Algunos han planteado que en las negociaciones en México se ponga sobre la mesa la recuperación institucional del país. Un BCV independiente, una industria petrolera que no se vea influenciada por decisiones políticas del gobierno, un sistema de justicia “justo”, etc., son elementos que deben estar sobre la mesa.

Es muy probable que, ante esas peticiones, el gobierno se levante de la mesa. Esas cosas son fundamentales de lograr, pero hay que poner los pies sobre la tierra.

Con la mesa de negociación en México se abre una muy interesante oportunidad para destrabar el conflicto político venezolano; pero para poder sacarle el mayor provecho, debemos pensar en objetivos alcanzables y que vayan sembrando las bases para acuerdos posteriores. Libertad de presos políticos, devolución de los partidos políticos a sus verdaderos líderes, respeto a las mínimas condiciones electorales, son objetivos más cónsonos con el inicio de una negociación política.

Debemos tenerlo muy claro, no habrá una mejor Venezuela sin instituciones de calidad; pero negociar algo así, ante un gobierno que no solo no cree en ellas, sino que se ha desarrollado y funcionado en base a esa destrucción institucional, no tiene mucho sentido. Prácticamente es perder el tiempo y la oportunidad. Por ejemplo, sin el financiamiento monetario, la gestión fiscal del gobierno se vería afectada y con ello su capacidad de tener poder; por lo tanto, no van a querer negociar tener un BCV independiente y que cumpla la Constitución.

Un punto interesante a negociar debería ser el acceso a los famosos $ 5000 millones que el FMI le asignó a Venezuela pero que el país no puede utilizar, porque en el fondo no hay consenso sobre quién es el gobierno en nuestro país. Ponerse de acuerdo sobre el manejo de ese dinero, llevando una propuesta conjunta al FMI, podría ser una excelente forma de materializar estas negociaciones y que los venezolanos perciban que están obteniendo frutos de ellas. También aprobar proyectos para la mejora del sistema eléctrico, algunos paralizados por la crisis política, pudiera ser otra forma de generar buenas noticias.    

El país implora un cambio en la crisis política, porque sencillamente la economía lo necesita. Por más dolarización y pragmatismo del gobierno, esta economía tiene demasiados problemas para pretender que, porque en 2021 o en el 2022 tengamos crecimiento económico, eso es el inicio de una expansión sostenible y robusta. El destrabar el conflicto político es una necesidad, por el bien de los venezolanos.

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Los ceros retoñan en Venezuela, por Luis Oliveros
Venezuela no tenía historial de reconversiones monetarias hasta 2008. Ahora somos expertos mundiales

 

@luisoliveros13

En Venezuela, tristemente los temas económicos se reciclan. La discusión de temas importantes ha sufrido con la crisis económica. La rudeza y extensión de la crisis ha llevado a que se prioricen preguntas que cada cierto tiempo se repiten, como ¿por qué se devalúa el bolívar?, ¿por qué seguimos en hiperinflación?, ¿la variación en la liquidez monetaria genera inflación?, ¿la tasa de cambio se mantendrá estable?, ¿puede esta economía crecer en 2021?, ¿existe la guerra económica? Lógicos temas aburridos en una economía aburrida, pequeña y pobre.

Y ese mismo reciclaje de temas nos lleva a volver a hablar de una reconversión monetaria. La segunda en tres años, la tercera en 13 años. Venezuela no tenía historial de reconversiones monetarias hasta 2008. Ahora somos expertos mundiales. Catorce ceros ha perdido la moneda desde aquel año, casi un cero por año. De aquella reconversión de agosto de 2018, ya solo quedan los billetes de Bs. 1.000.000, recientemente emitidos. Al país le tomó dos años y medio recuperar los cinco ceros que se le habían borrado a la moneda. En los primeros seis meses de entrada en vigencia ya había recuperado dos ceros. Y así pudiéramos seguir. Un desastre hiperinflacionario.

Entre la última reconversión y el primer trimestre de 2021, la inflación acumulada fue de cerca de 29.000.000 %. Era obvio que venía una reconversión, todos lo sabían, la duda era la fecha. Ya sabemos que el país empezará el último trimestre del año con billetes nuevos.

Recordemos: una reconversión no implica una caída/aumento en la inflación, tampoco una reactivación económica, mucho menos una mayor confianza en la moneda, simplemente un cambio contable, quitarle ceros a la moneda y listo.

La reconversión es una buena noticia (por el tema del manejo de los ceros) para las empresas, contadores, bancos y también para los coleccionistas. De resto, la economía seguirá exactamente igual. La novedad, esta vez, tal vez sea la intención del gobierno de introducir un “bolívar digital”, para disminuir la cantidad de piezas de billetes a imprimir. Eso, que es tendencia mundial, ocurre en Venezuela por las circunstancias que todos conocemos. Lo cierto es que la gran mayoría de los venezolanos han aprendido a vivir sin efectivo. Veremos cómo evoluciona esto. 

¿Se aprendió la lección de las reconversiones anteriores? No, pero poco importa. Esta no será la última reconversión que sufran los venezolanos. Mientras la hiperinflación o la inflación alta sigan, la moneda seguirá perdiendo ceros. La revolución es un excelente abono para los ceros en la moneda nacional. Venezuela tiene que resolver su problema fiscal para poder pensar en una inflación baja y en una moneda estable. Mientras eso no ocurra, el desprecio por tener moneda nacional y la dolarización seguirán aumentando.

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad y no comprometen la línea editorial de RunRun.es

Es momento de acabar con el subsidio a los combustibles, por Luis Oliveros
El subsidio a los combustibles genera corrupción en desmedro de una industria petrolera y de un Estado que requieren invertir de la mejor forma posible sus diezmados recursos

 

@luisoliveros13

Siempre hemos dicho que en Venezuela hay temas económicos que nunca pasan de moda, uno de esos es el subsidio a la gasolina. Desde hace mucho tiempo, el Estado venezolano realiza un enorme esfuerzo por regalarles la gasolina a los venezolanos. El monto del subsidio llegó a ser tan elevado, que PDVSA (según consta en las notas de los auditores del último informe financiero que publicaron) tuvo que pedirle plata al BCV para poder financiarlo. Estamos hablando que anualmente, el subsidio le costaba al país unos $10.000 millones.

Hace un año, el gobierno realizó un cambio en el esquema de precios, puso por un lado una gasolina “dolarizada” que cuesta $0,50/litro y una “subsidiada” con un precio (que a hoy se mantiene) en Bs. 5.000/litro. En aquel entonces, el precio subsidiado representaba 2,50 centavos de dólar el litro, lo que significa que hoy debería estar en Bs. 82.500/litro. Un vehículo promedio que necesite 40 litros, gastaría por llenar el tanque $1 (equivalente a dos litros de la gasolina “dolarizada”).

Ese esquema diferenciado, si bien ayuda a muchas personas, genera enormes incentivos a la corrupción y al contrabando. Con $1000 se compra una cisterna de gasolina completa (de unos 40.000 litros), la cual puede ser vendida en la frontera en $20.000, un negocio muy rentable, sin riesgo y con escaso costo reputacional para quien lo hace.

La introducción de ese esquema demostró que aumentar el precio de la gasolina en nuestro país no genera disturbios, ni conmoción social, ni inflación, ni mucho menos costo político para quien lo hace. El experimento ha rendido frutos fiscales, pero el subsidio sigue siendo elevado, más aun para un país con tantos problemas.

Venezuela necesita vencer la hiperinflación, una que se ha hecho muy larga. Hay consenso en torno a que el origen de la hiperinflación es fiscal, por lo tanto, se deben tomar urgentemente medidas fiscales para resolver un fenómeno que produce pobreza y enormes problemas en la economía. Una consolidación fiscal es necesaria (además de reglas fiscales); para eso hay que revisar y acabar con el monto (y distorsiones) del subsidio a la gasolina.

Este subsidio es regresivo, genera corrupción y contrabando, en desmedro de una industria petrolera y de un Estado que necesitan utilizar de la mejor forma posible sus diezmados recursos.

La mejora fiscal y el descenso en la demanda (por combustibles) que traerían un aumento en el precio de los combustibles en Venezuela chocan con la presión que pudieran hacer los beneficiarios del subsidio, no solo los consumidores (quienes poco pueden hacer), sino élites que se enriquecen con prácticas corruptas gracias a la diferencia de precios. Ese último factor tan importante es por el cual no creemos que veamos el fin del subsidio. Ojalá y nos equivoquemos.

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad y no comprometen la línea editorial de RunRun.es

Las apuestas se abren en la industria petrolera, por Luis Oliveros

@luisoliveros13

En abril de 2013, la producción petrolera venezolana (según la OPEP, fuente ministerio de petróleo de nuestro país) se ubicaba en 2.754.000 bd. 97 meses después, la producción ronda los 582.000 bd (informe de junio 2021 de la OPEP, fuente ministerio de petróleo de nuestro país).

Estamos hablando de una caída de 79 %, algo que no tiene precedente en la historia venezolana. Desde la llegada de Maduro al poder, el país ha perdido cerca de 750 barriles de producción de petróleo diarios (casi 2,2 millones de bd).

Las razones de ese desplome en la producción petrolera venezolana son varias y van desde un alarmante deterioro institucional, colapso de la infraestructura, falta de capital para llevar a cabo inversiones necesarias, inseguridad jurídica y personal, muy malas decisiones gerenciales de las juntas directivas anteriores de PDVSA, hasta las sanciones de Estados Unidos en contra de nuestra industria petrolera, las cuales son una piedra de tranca muy grande para que Venezuela pueda comercializar su crudo.

Debemos recordar que Pdvsa no publica ningún informe (financiero, gestión) desde el año 2016, por lo que los venezolanos solo nos enteramos de la situación de la industria petrolera, por medio de la OPEP y otros organismos internacionales.

Recientemente Tareck El Aissami, ministro de petróleo, aseguró que la producción petrolera se ha recuperado en más de 700.000 bd y trabajan para llevarla a 1,5 millones para finales de año.

También comentó que, para finales de este mes, tenían previsto producir el 100 % de la demanda nacional de combustible a través de las refinerías del país. Dos promesas, que de cumplirse harían muy felices a los venezolanos.

Desde septiembre de 2020, Pdvsa ha incrementado su producción en un 47 % (Fuente OPEP), esto podría interpretarse como que el aumento prometido por el ministro sí es factible, sin embargo, ya tienen al menos 4 meses con una producción estabilizada (o estancada, como se quiera ver) en torno a los 540.000 bd. Un incremento en nuestra producción petrolera de tal magnitud, tampoco tiene precedente en nuestra historia. Requiere de muchas cosas, entre ellas capital, mejoras importantes e inmediatas en las instalaciones y flexibilización en las sanciones. Esta última es tal vez la más difícil que ocurra.

Ojalá y Venezuela pueda incrementar su producción petrolera. El país, pero sobre todo los venezolanos, necesitan que el escenario económico mejore. Una mayor producción petrolera generaría mayor entrada de divisas, lo cual debería ayudar a disminuir tanto la volatilidad cambiaria como la presión fiscal hacia el BCV (con lo cual la hiperinflación cedería); pero en general los efectos positivos de esa mayor producción permearían en otros sectores económicos del país.

No obstante, y tomando en cuenta las fuertes sanciones norteamericanas contra la industria petrolera de Venezuela, creemos que es muy complicado que nuestro país pueda aumentar su producción petrolera para diciembre de este año a 1.500.000 bd.

Insistimos, ojalá y lo logre. Pero con una limitante tan complicada a la hora de comercializar los crudos que extrae Pdvsa, esa espada de Damocles hoy es el principal problema que enfrenta el sector petrolero venezolano.

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad. Y no comprometen la línea editorial de RunRun.es

La negociación económica, por Luis Oliveros

@luisoliveros13

A menos que usted tenga un tanque, un avión de combate, suficientes armas en su casa y/o un ejército, la única manera factible de arreglo del conflicto político venezolano está en un acuerdo o una negociación. Es hora de entender que las promesas de invasión siempre estuvieron fuera de la realidad, al igual que el Gobierno de Maduro renunciando y dejando las llaves de Miraflores en el felpudo de la entrada.

Ese absurdo mensaje de que todas las opciones estaban sobre la mesa, solo sirvió para que el país despilfarrara más de dos años (y contando) de un tiempo que se cuenta en pobreza, miseria y vidas perdidas.

¿Funcionará la actual negociación? Solo el tiempo lo dirá. Sin duda hay grupos de lado y lado jugando en contra. La polarización y el status quo tienen beneficiarios. Para algunos, la actual situación es maravillosa, les produce ingresos, calidad de vida, poder, etc. También hay diferencias a la hora de sufrir la crisis venezolana; no es lo mismo mirarla desde el exterior (y apoyar sanciones, no tener problemas de combustible, no enfrentar la hiperinflación, etc.), que vivir en Venezuela, tomando 2-3 aviones para llegar a un destino internacional (que normalmente se hace con un vuelo directo), que le cierren la cuenta a su empresa en un banco extranjero, que los proveedores no le ofrezcan créditos (y le vendan más caro, por el simple hecho de ser venezolano), que deba “disfrutar” convivir con sanciones, etc.

El país demanda cambios y la economía necesita uno de 180 grados. Sin duda, el gobierno de Maduro y también el de Chávez incurrieron en enormes errores en el manejo de la economía venezolana, por lo que pareciera oportuno aprovechar este entorno de negociaciones/conversaciones, para introducir transformaciones importantes y necesarias en el país.

Una nueva Ley Orgánica de Hidrocarburos, devolver empresas expropiadas, reformas fiscales, un plan de privatizaciones, etc. pudieran ser medidas que cuenten con suficiente consenso político para llevarlas a cabo por el bienestar de los venezolanos. ¿Quién estaría en contra de una nueva Ley de Hidrocarburos que genere los incentivos adecuados a la inversión privada y permita cambiar la tendencia de declinación en nuestra industria petrolera?

Privatizar empresas públicas como Cantv, Movilnet, la CVG, etc. ¿no es algo que el país necesita?, al igual que buscar socios con los cuales mejorar el sistema de refinación venezolano. Pensemos en los beneficios que se generarían en nuestro mercado interno con la entrada de otras empresas de comunicaciones o en construir una estrategia integral para lograr una reestructuración de la deuda externa. Venezuela tiene muchos problemas y, con seguridad, en muchos se pudieran alcanzar acuerdos por el bien de la gran mayoría.

A pesar de las enormes diferencias que en lo ideológico hay entre el gobierno y la oposición, el llegar a consensos para recuperar la economía venezolana, generar empleo y mejorarle la calidad de vida a millones que hoy la están pasando muy mal, bien valdría la pena el trabajo. Como todo proceso de negociación, ambas partes tendrán que poner de su parte, aceptar que no todo a lo que aspiran lo obtendrán, que hasta perderán algunas cosas; pero en el medio debería estar lo más importante: el venezolano. Claro, eso suponiendo que se quiere lograr lo mejor para los venezolanos.

Ojalá y el pragmatismo se imponga, que las voces radicales sean dejadas de un lado y consigamos acuerdos políticos importantes para mejorar el rumbo de la economía.

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La industria petrolera necesita inversiones, por Luis Oliveros

@luisoliveros13

Hace poco se hizo público un documento de Petróleos de Venezuela (Pdvsa), mostrando diferentes oportunidades de inversión en la industria petrolera venezolana (presentado a inversionistas privados, nacionales y extranjeros, en febrero de este año).

Un plan de negocios, bastante bien elaborado y con mucha información, les plantea a potenciales inversionistas “oportunidades de inversión de capital en Petróleos de Venezuela S. A. susceptibles a financiamiento nacional, internacional o mixto asociado a proyectos integrados en toda la cadena de valor, bajo nuevos esquemas de negocios, ajustados a la normativa legal vigente”. 

En el plan, se enumeran 152 oportunidades, las cuales necesitarían en total unos $ 77.638 millones para hacerse realidad. Las oportunidades van a lo largo de toda la cadena del negocio petrolero, desde aguas abajo, intermedias y arriba. Llama la atención, por ejemplo, que para alcanzar unos 2.250.000 bd de producción objetivo, las empresas mixtas necesitarían traer al país unos $45.584 millones, monto que representa casi el 60 % de todo el plan de negocios que estaría mostrando Pdvsa a potenciales inversionistas.

Entre estas “oportunidades” en las empresas mixtas, la que más producción de crudo generaría sería PetroVictoria (se necesitarían unos $ 5780 millones), en esta empresa CVP tiene el 60 % y el restante 40 % lo tenía Rosneft.

Es importante tener en cuenta que, en el documento, se proyecta una producción petrolera promedio para 2021 de 1.218.000 bd, con una producción para diciembre de 1.829.000 bd. Ambos números parecen muy optimistas; más aun cuando recordamos que, en el informe OPEP del mes de abril, la producción de marzo de Venezuela no llegaba a 600.000 bd. Pdvsa tendría que llevar a cabo una recuperación (sin precedentes en nuestra historia) de su producción petrolera en los próximos 9 meses, para poder cumplir con lo que proyectan para este año. 

A pesar de la buena calidad de la presentación y de lo positivo de ver como por fin entienden que solo con inversión privada es que se puede recuperar nuestra industria petrolera, debemos ser pragmáticos. En las actuales circunstancias que vive el país, parece bastante complicado pensar que Pdvsa sea capaz de atraer capitales. Empecemos por el ejemplo de PetroVictoria, ¿Estarán dispuestas las empresas rusas que entraron por Rosneft a invertir en Venezuela?

Según la composición accionaria de la empresa, Pdvsa tendría que invertir casi $3500 millones en ese proyecto, dinero que no tiene. ¿Van a venderle su participación accionaria a las otras empresas rusas? ¿Hay apetito por esas inversiones en Venezuela en este momento? Y si ahora analizamos el entorno, ¿quién asume el riesgo de invertir en una industria petrolera sancionada, que tiene enormes problemas para comercializar con cualquier mercado? 

¿Cómo generar interés en una industria que desde el año 2016 no presenta informe de gestión, que no publica ni el precio promedio de la cesta que exporta, etc.? 

¿Cómo sentirse tranquilo con un socio que está en default con sus deudas en divisas desde hace cuatro años (además que no habla del tema) y al mismo tiempo mantiene grandes deudas por dividendos con sus socios en las empresas mixtas? ¿Quién puede garantizarles a los potenciales inversionistas seguridad jurídica y personal en Venezuela? Y la lista de preguntas puede seguir.

Ojalá y las inversiones lluevan sobre Pdvsa. Hemos repetido hasta el cansancio que, sin recuperar la industria petrolera, la economía venezolana no se recuperará de manera sostenible. No obstante, sin cambios en lo político y financiero, sin enfrentar el default, será muy difícil que esas inversiones puedan llegar a Venezuela.  

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La digitalización de una economía sin efectivo, por Luis Oliveros

@luisoliveros13

En su mensaje a la nueva Asamblea Nacional, Nicolas Maduro le confesó al país la intención del Ejecutivo Nacional de “digitalizar la economía venezolana” en este año 2021. Anunció que están trabajando en facilitar el uso de medios de pago, en moneda nacional, para el transporte público y todos los comercios, a través de sistemas de pago que no necesitan conexión en línea.

A la primera semana del año 2021, la relación efectivo/liquidez monetaria se ubicaba en 2,18 %, nivel que no lo teníamos en Venezuela desde la segunda semana de septiembre de 2018, un mes después de la reconversión monetaria de ese año. En aquel momento, el indicador siguió creciendo hasta finales del año 2018 llegando a 10 %, luego se mantuvo entre 6 % y 8 % hasta mediados del 2020, cuando inició un declive sostenido. Si analizamos el comportamiento del indicador pre reconversión monetaria, nos encontraremos un nivel similar al actual 4 meses antes de la reconversión. Lo histórico en esta economía es que esa relación promedie el 10 %.

Si seguimos revisando los indicadores monetarios del cierre del año 2020, nos encontramos que el efectivo total de la economía venezolana representaba cerca de $11,8 millones, unos $0,45 por persona (ni medio dólar por cada venezolano). Mientras que la liquidez monetaria total era casi $585 millones (hace apenas tres años, era el triple) y $21 per cápita.

¿Cuándo fue la última vez que usted fue al banco a buscar bolívares en efectivo? ¿Qué adquirió usted con efectivo en los últimos meses?

Pareciera que, si el gobierno logra resolver el problema del pago del transporte público sin efectivo, buena parte del objetivo de digitalizar la economía venezolana (al menos la parte de la moneda nacional), sería alcanzado. Esta economía se acostumbró a funcionar sin efectivo (en moneda nacional).

¿Por qué esta economía no extraña el efectivo? Por la sencilla razón de que la hiperinflación borró el valor del efectivo. Venezuela recuperó 4 de los 5 ceros que se le quitaron a la moneda cuando la última reconversión; y antes del primer semestre de este año llegaríamos a ese quinto cero. No tiene sentido acumular efectivo, el billete de más alta denominación vale unos pocos centavos de dólar. 

La dolarización transaccional de la economía venezolana también ha contribuido a esa digitalización. Según palabras de Maduro, el 22 % de las operaciones comerciales en el país se realizan con divisas en efectivo; y según estudios de empresas privadas, 2/3 de los pagos que se hacen en el país se hacen con divisas.  

Esta onda “digitalizadora” podría estar inspirada en la inminente nueva reconversión, pero con la intención de no desperdiciar muchos recursos en adquirir mucho efectivo ante una inflación persistente (y alta).

Al final, el problema para Venezuela no es la digitalización o no de la economía; es acabar con la hiperinflación y generar crecimiento económico sostenido.

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