Luis Oliveros, autor en Runrun

¿Y la indexación del salario al petro?, por Luis Oliveros

Nicolás Maduro cuando anunciaba el lanzamiento del petro, en noviembre de 2018. Foto Prensa Presidencial. 

@luisoliveros13

Hace dos años el gobierno de Nicolás Maduro le prometió al país que el salario mínimo se indexaría al petro y tendría un valor de $30. Hoy ese salario mínimo no llega a dos dólares. Y si le sumamos los bonos que mensualmente paga el Estado y la caja CLAP que le llega a algunos venezolanos, no llega a $15.

Esa promesa del salario mínimo vino en la instrumentación de una reforma monetaria. La batalla que tenía en frente esa reforma era al estilo de los Avengers: ella sola vencer con la hiperinflación.

Según las autoridades económicas en Venezuela, el origen de la hiperinflación son los billetes, por lo que, al cambiarlos, ponerles más color u otros personajes, la tasa de variación de los precios disminuiría de manera importante y se acabaría ese problema. Poco importaba que en el 100 % de las hiperinflaciones ocurridas antes de la venezolana, el control del déficit fiscal había sido siempre el elemento central del programa antiinflacionario (y que el financiamiento monetario de ese déficit fiscal es el origen -la gasolina- para el incremento de los precios).

“Increíblemente”, el descenso no ocurrió. Muy por el contrario, las tasas de inflación mensuales aumentaron de manera importante. Si revisamos la inflación promedio mensual de los 6 meses anteriores a la reforma monetaria, nos encontramos con un 75,3 %; pero si hacemos lo mismo con los 6 meses siguientes, tenemos un 121,7 %.

Entonces, los hacedores de política económica venezolanos aprendieron la lección: cambiar los billetes no incide en la lucha contra la inflación.

Al parecer hay que hacer varias cosas (también aprenderían que eliminar la hiperinflación puede tomar años si la gestión fiscal no se ajusta).

Dos años después, la situación no ha cambiado mucho. Si bien es cierto que la inflación mensual ya no llega a 100 % (al menos por los momentos), el país sigue en hiperinflación y en depresión. Nuestro episodio hiperinflacionario ya tiene asegurado el segundo lugar entre las más duraderas de la historia.

¿De cuánto ha sido la inflación acumulada en estos dos años? Según la data del BCV hasta mayo de este año y tomando lo publicado por la AN de junio y julio (BCV no ha publicado nada de la inflación desde mayo), tendríamos una inflación acumulada de 1.327.294 %. Ningún país en el mundo está ni cerca.

Pero no se preocupe, todo hace indicar que no volveremos a ver una reforma monetaria. El actual proceso de dolarización transaccional que ocurre en el país parece no tener vuelta atrás.

Será muy complicado que los venezolanos dejen de pensar en divisas a la hora de ponerle precio a los bienes y servicios que quieren comercializar.

Eso es tal vez otra cosa que trajo la reforma monetaria, el empujón final para que la dolarización fuera permitida por el Estado, tirando la toalla en la defensa de la moneda nacional.  

 

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad y no comprometen la línea editorial de RunRun.e

Jul 30, 2020 | Actualizado hace 2 meses
COVID-19 y la mujer, por Luis Oliveros

@luisoliveros13

De los resultados publicados hace unos días por la Encuesta Nacional de Condiciones de Vida (ENCOVI), resalta la alta feminización de la jefatura de los hogares venezolanos. Entre las causas estaría la migración y las ayudas sociales gubernamentales que están más enfocadas en la mujer.

Ese dato contrasta con los niveles de participación en la actividad económica: mientras entre los hombres se ubica en un 71 %, en las mujeres apenas alcanza un 43 %. Con la llegada de la COVID-19 estos números deben empeorar. Recordemos que el ENCOVI fue realizado antes de la aparición de la pandemia.

Kristalina Georgieva, Stefania Fabrizio, Cheng Hoon Lim y Marina M. Tavares presentaron un informe para el FMI donde analizan los efectos de la COVID-19 en la brecha de género.

Afirman que la pandemia está teniendo efectos desproporcionados sobre las mujeres y su situación económica.

La primera razón es que ellas tienden a trabajar en los sectores más afectados por las medidas de mitigación y distanciamiento social, como industrias de servicios, comercio minorista, turismo y hospitalidad.

Por otra parte, las autoras explican que más mujeres que hombres trabajan el sector informal en los países de bajo ingreso. Y la situación de los trabajadores informales se ha visto afectada de manera negativa por la crisis de COVID-19.

Una tercera causa es que las mujeres realizan más labores domésticas no remuneradas que los hombres. Estas responsabilidades han aumentado por el cierre de colegios, restricciones a actividades recreativas/deportivas, precauciones para los padres mayores y vulnerables, etc.

A pesar de que en muchos países ya están ocurriendo levantamientos de las medidas de paralización, la evidencia indica que la vuelta al trabajo de las mujeres está siendo más lenta

El informe recomienda que las autoridades adopten medidas que limiten los efectos de la pandemia en las mujeres. Entre estas destacan crear transferencias directas a familias vulnerables, preservar los vínculos laborales, ofrecer incentivos para compaginar el trabajo con las responsabilidades del cuidado familiar, mejorar el acceso a la atención sanitaria y la planificación familiar y ampliar el apoyo a las pequeñas empresas y trabajadores independientes.

También destaca el informe que se deben formular políticas que aborden la desigualdad de género. Al respecto, sugiere establecer condiciones e incentivos para que las mujeres se introduzcan en el mercado de trabajo formal. Hay sólida evidencia de que políticas fiscales con perspectiva de género, como la inversión en educación e infraestructura, los subsidios para el cuidado de los hijos y los permisos de parentales son eficaces para lograr el objetivo.

¿Qué se está haciendo en Venezuela en tal sentido?

Un dato de la encuesta que llamó mucho la atención es que el 16 % de las niñas que no van regularmente al colegio lo hacen porque están embarazadas.

Sin lugar a dudas hay muchas cosas por hacer en Venezuela en cuanto a la brecha de género. Y preocupa mucho que desde el Estado sea muy poco lo que se esté haciendo.

 

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Jul 01, 2020 | Actualizado hace 3 meses
Muera la empresa privada, por Luis Oliveros

@luisoliveros13 

Para el primer trimestre del año 2013, el sector privado venezolano representaba el 57 % del total del PIB. Para el mismo período, pero del año 2019 (el BCV no ha actualizado las cifras desde ese trimestre), el peso del sector privado en la economía había descendido al 47 %. Cuando comparamos el tamaño de la economía venezolana entre esos trimestres, vemos cómo el PIB se contrajo en un 58 %, pero mientras el PIB público lo hacía en un 36 %, el PIB privado se redujo en un 67% (2/3 del total).

El sector privado ha sido el más afectado por las terribles políticas económicas llevadas a cabo por los últimos dos gobiernos.

Pero también hay que decirlo: la sociedad venezolana no la apoyó cuando desde esos gobiernos iniciaron las confiscaciones, expropiaciones, controles, amenazas y señalamientos de ser responsables de una “guerra económica” en contra de la población.

Todavía está fresca en la memoria la alegría de muchos cuando se nacionalizaron empresas de servicios públicos (cobraban muy caro, ahora tenemos costosos servicios públicos de muy baja calidad), las cementeras, las azucareras, Agroisleña (abusaba en su posición de dominio, por eso había que hacerla pública, aunque eso con el tiempo afectó de manera importante la agroindustria en el país). Las famosas expropiaciones en el centro de Caracas, empresas de servicios petroleros, etc.

Para recuperar la colapsada economía venezolana es necesario revertir buena parte de la situación actual, creando poderosos incentivos para que el sector privado crezca, invierta y con esto contribuya a generar crecimiento económico sostenible (aumenten los puestos de trabajo y los salarios).  

Uno puede entender que buena parte de la sociedad venezolana se sienta molesta por la disminución en su calidad de vida. Que protesten en redes sociales ante unos precios que les son inalcanzables para acceder a servicios que en otras oportunidades eran fáciles de pagar. Pero luego de ser testigos de los enormes efectos dañinos que genera la intromisión gubernamental en el sector privado, ¿no se ha aprendido la lección?

¿El culpable de la crisis económica es el empresariado venezolano que trata de subsistir en un entorno tan agresivo y negativo?, ¿o es el sistema creado por las desacertadas políticas económicas del gobierno, que han generado una terrible hiperinflación y una depresión económica que ya va para 7 años?

Es alarmante observar cómo se utiliza el mismo discurso oficial socialista (especulador, usurero, exigir su estructura de costos, imponer margen de ganancia, etc.) para atacar a la empresa privada nacional y obligarla a bajar de precios.

Resulta todo un desafío explicarles a algunos que no existe eso llamado precio justo. Que la formación de precios en Venezuela es (y debe ser) muy diferente a la de España, Colombia o Estados Unidos. Hay una manía por creer que los precios deben ser iguales en todo el mundo, como si desarrollar una actividad económica en Venezuela fuera igual de sencilla, que hacerla en cualquier otro país del mundo con instituciones serias, con acceso al financiamiento bancario, con reglas del juego claras, con paquetes de ayuda financiera ante los embates de la covid-19, sin hiperinflación, etc.

Que los servicios públicos no tienen por qué ser regalados. Que una empresa privada no tiene obligación de estar mostrándole su estructura de costos o sus márgenes de ganancia. Y que al final si usted no puede pagar por un bien o servicio, tan sencillo como que puede buscar sustitutos pero no creerse con el derecho a presionar para que el precio se ajuste a su bolsillo. Una economía de mercado no es imponerle tu voluntad al mercado.

Si Directv hubiera estado ganando mucho dinero, nunca se hubiera ido del país, pero entre las presiones por las sanciones y el $1-$2 que cobraba por cada suscriptor, la salida fue fácil.

Cuando esta empresa o alguna otra de tecnología anuncian aumentos en sus matrículas, la gente se encarga de hacer tanta presión para que desde el gobierno “se tomen cartas en el asunto”, algo que sabemos muy bien en qué resulta.

La lección es clara, no culpemos al privado de la crisis, tampoco nos debemos comportar como lo que tanto daño le ha hecho al país.

 

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May 26, 2020 | Actualizado hace 4 meses
Reformar la LOH es una necesidad, por Luis Oliveros

@luisoliveros13 

Siempre hemos dicho que la recuperación del sector petrolero es condición necesaria mas no suficiente para recuperar la economía de Venezuela. Pero sin lugar a dudas, hoy es la mejor y prácticamente única herramienta con la que cuenta el país para cambiar su economía y enfrentar los desafíos de los próximos años. Para hacerlo, hace falta un plan petrolero ambicioso, pro mercado, competitivo e innovador.

Ese plan petrolero requiere de una inversión gigantesca. El colapso actual de nuestra industria petrolera es de grandes y profundas dimensiones. Hay que tener muy claro que solos no podemos hacer frente a esa inversión, por lo que un porcentaje importante de la misma tendrá que venir del sector privado extranjero, pero también serán necesarios los préstamos de los organismos multilaterales.

Esa ayuda de los multilaterales, al igual que ese plan petrolero, mucho dependerá del instrumento legal que en materia de hidrocarburos tengamos en Venezuela.

Tal vez la ley más importante (desde el punto de vista económico) para Venezuela sea la Ley Orgánica de Hidrocarburos (LOH). Hoy el principal problema con esa ley, al igual que con otras en el país, es que no se cumple. Pdvsa es un muy mal socio, las empresas privadas no cuentan con seguridad jurídica. Si se quiere generar una recuperación del sector, irremediablemente hace falta reformar y hacer cumplir la LOH.

Actualmente en el país existe consenso sobre la necesidad de una reforma de la ley y en la importancia de aumentar el rol de las empresas privadas (por ejemplo, hoy nadie se molestaría en abrir el mercado interno a la inversión privada). Ese consenso fácilmente abarca a todos los partidos políticos que hacen vida en la actual Asamblea Nacional.

Una reforma a la LOH debe buscar que Venezuela pueda monetizar sus enormes reservas petroleras y adecuarnos a las nuevas realidades del mercado petrolero internacional.

La imprescindible transformación de la industria petrolera, el necesario aumento del rol de la empresa privada en la industria, el impulso que como sector tiene la industria y las cadenas de valor, se pueden hacer reformando algunos artículos de la ley actual, como por ejemplo el artículo 22. 

Por último, quiero dejar un comentario sobre el tema de regalía, el cual es fundamental: si bien hay que reconocer que no es despreciable otorgar reducciones en la regalía para incentivar proyectos, hay que tener en cuenta que el Estado venezolano necesitará recursos para enfrentar la crisis actual, necesitará espacio fiscal, necesitará una batería de instrumentos fiscales para trabajar en:

Salir de la brutal depresión

Establecer una política social

Generar condiciones para el crecimiento sostenible

Presentar a las multilaterales una fuente de ingresos acorde a los préstamos que se vayan a pedir.

Ese Estado necesitará capacidad para llevar a cabo políticas anticíclicas y sostenibilidad fiscal, más aun teniendo en cuenta lo complicado que será el periodo pospandemia.

El problema-desafío venezolano es aun mayor. Debilitar la obtención de recursos del Estado venezolano lo pone en una situación desventajosa de cara a enfrentar esos problemas o a estos próximos años poscovid-19. Se debe llevar a cabo un ejercicio fiscal para definir el tema de regalía de cara a la reforma de la LOH.

 

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Abr 22, 2020 | Actualizado hace 5 meses
Las tres crisis venezolanas, por Luis Oliveros

@luisoliveros13 

Por primera vez desde la crisis financiera de 2009, el PIB del mundo tendrá un retroceso. La diferencia es que mientras la disminución de aquel año fue de apenas 0,1 %, la caída de este año 2020 (según el FMI) es de 3,3 %. Para encontrar retrocesos parecidos en la actividad económica mundial, hay que remontarse a la Gran Depresión de 1929.

Si bien es cierto que el 2020 no era el año estelar del comportamiento económico global, la inmensa mayoría del planeta iba a tener crecimiento económico y muy baja inflación, no obstante, la llegada de la COVID-19 generará una crisis en la gran mayoría de los países.

Venezuela es la excepción global. Nuestro país padecerá tres crisis

La primera crisis es la heredada, la que nos tiene con 6 años consecutivos viendo cómo nuestro PIB cae, con un acumulado hasta el 31 de diciembre de 2019 de 66 %. Pero la tragedia no termina allí, sino hay que agregarle una hiperinflación que ya pasa de 30 meses y que todo hace indicar que estará “combatiendo” por el Top-3 de la historia. Como consecuencia, enfrentamos una profunda crisis social. La pobreza es la que manda en el país y seguirá en aumento en este 2020. Desde el gobierno no hay respuesta a la crisis, solo entender (debido a las circunstancias) muy tarde que los controles no sirven y que hay que darles espacios a los privados, no obstante, sin instituciones ni Estado de derecho.

La segunda crisis es la global, la de la pandemia, una para la cual no hay capacidad financiera de respuesta por parte del gobierno venezolano, no hay un plan para compensar (o ayudar) a empresas y personas. Que cada quien resuelva y sobreviva es el mensaje gubernamental. Parar la actividad económica por 2 meses en una economía como la nuestra, tendrá resultados obvios. Una gran parte de la población la tendrá muy difícil para aguantar.

Y la tercera es la petrolera y de combustible. A raíz de la destrucción de demanda energética en el mundo, de los problemitas entre Rusia y Arabia Saudita y la incertidumbre sobre el rumbo de las principales economías mundiales, el precio del petróleo se ha desplomado de manera importante. Siempre la caída en el precio es una mala noticia para Venezuela, pero las cosas se han complicado con las sanciones petroleras de Estados Unidos a Venezuela; la situación es mucho peor. Pdvsa no logra colocar parte de su producción, tiene que parar producción porque no tiene dónde almacenarla y ahora el precio está muy debajo de los costos de producción. Tendremos el ingreso fiscal petrolero más bajo de nuestra historia (si es que se genera algo de ingreso en divisas). Y para ponerle la guinda a este pastel, no hay combustible en el país. El sistema refinador en el piso y sin dinero (y sanciones) para importar combustible.  

En definitiva, mientras el mundo lucha con una crisis, Venezuela enfrenta tres. Se equivocan quienes crean que esta nueva crisis es similar a la de estos últimos años, que solo es una continuación de una situación que se ha extendido. Esta nueva crisis es diferente, el simple hecho de tener una enorme incertidumbre en torno a la oferta de combustible, hace que todo el análisis sea diferente, pero al mismo tiempo implica que la precaria situación económica venezolana se exacerbará (más inflación, mayor devaluación, mayor caída en el PIB).

 

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¿Puede Venezuela afrontar lo que viene?, por Luis Oliveros

@luisoliveros13 

Hace 100 años (entre la primavera de 1918 y junio de 1920) el mundo vivió una pandemia. La “Gripe española” causó la muerte al 2% de la población mundial (hoy serían 150 millones de personas) y los daños en términos económicos fueron muy graves. Si bien es cierto que es difícil que el COVID-19 pueda generar ese número de muertes, el impacto que está teniendo en la economía mundial puede llegar a ser devastador para muchas economías. Según Goldman Sachs, América Latina tendría la mayor recesión de su historia. España pudiera tener una caída de 4 % del PIB en un escenario optimista (si no se toman medidas paliativas) y hasta 7,5 % en un escenario pesimista. La OIT espera que se pierdan casi 25 millones de empleos en el mundo (en su escenario más pesimista). La industria del turismo sufre un tsunami.

Desde hace tiempo, los países de la región y en general del mundo, han estado tomando medidas para contrarrestar los efectos negativos que sobre sus economías ha estado generando el COVID-19. Perú prepara un paquete de estímulos para su economía de unos 12 puntos del PIB. Chile también contempla una acción parecida. El banco central de Colombia avisa que tiene suficiente espacio para ayudar a la economía. Panamá se prepara para salir con una emisión de deuda (a pesar del panorama actual) y Paraguay anuncia la posibilidad de también acudir a los mercados financieros.

¿Y qué está haciendo la economía con los peores resultados macroeconómicos de los últimos años en el mundo (único país con hiperinflación, con seis años seguidos de contracción del PIB)?

Congelarán las tarifas de los servicios públicos, de telecomunicaciones, de los alquileres y se obligará a la banca a que, por seis meses, sea comprensiva si empresas y personas naturales no quieren / o no pueden pagan los créditos (aplica también para los clientes de las telecomunicaciones y servicios públicos). Importante tener en cuenta que no se le informó nada a estos sectores sobre cómo los iban a compensar (por lo que el mensaje parece claro: resuelvan ustedes mismos, no importa si tienen problemas de flujo de caja, nosotros anunciamos medidas pero no ayudamos).

En resumen: no hay una sola medida para reactivar la ya muy deteriorada economía venezolana ni un plan de acción para ayudar a los miles de venezolanos que trabajan en el sector informal y que tienen semanas que no generan ingresos para poder adquirir lo mínimo para sobrevivir a la cuarentena (se les prometen cajas CLAP más pequeñas y con menos peso).

Bueno, sí hubo un plan: pedirle cacao al Fondo Monetario Internacional, el cual como por los momentos no reconoce a nadie como presidente del país, no puede aprobar ningún financiamiento.

La actualidad venezolana es muy dura, la situación tiende a complicarse. Este año se registrará el ingreso petrolero más bajo en los últimos 80-90 años (términos reales) y las consecuencias las padeceremos en más inflación-devaluación-contracción económica.

El 2020, que se suponía sería mejor en el tema económico, ahora parece que nos hará recordar con nostalgia al horrible 2019. No hay herramientas fiscales-cambiarias, no hay reservas internacionales, no hay fondos de emergencia ni de estabilización, no hay ingresos en divisas, no hay la mínima oportunidad de ofrecer transferencias directas que sean de alguna ayuda… hay bastantes sanciones económicas y un conflicto político que los extremos no quieren que se resuelva (ni siquiera ponerle una pausa mientras dure la pandemia), en fin, el caldo de cultivo perfecto para que tengamos un horizonte bastante oscuro, con mucha inestabilidad, pero una certeza: la calidad de vida de la gran mayoría de los venezolanos seguirá deteriorándose.

La necesidad de aumentar la producción petrolera, por Luis Oliveros
Cada vez que revisemos nuestra industria petrolera, debemos recordar: En 1998 Colombia producía 775.000 bd, Brasil 1.003.000 bd y Venezuela 3.447.000 bd (Fuente BP).

En este inicio del 2020 Colombia está en torno a los 900.000 bd, Brasil 3.110.000 bd y Venezuela en 733.000 bd (Fuente OPEP). Pronto tendremos que meter a Guyana en estas comparaciones, quien va encaminado a una producción promedio de 100.000 bd y que en cuestión de 5 años estaría produciendo mucho más petróleo que nuestro país. Hace 10 años producíamos 6 veces más petróleo que Ecuador, todo parece indicar que para dentro de 1 año, ese país nos superará (ya se salieron de la OPEP para quitarse las ataduras de la organización y poder aumentar su producción).

¿Qué hicieron esos países para aumentar la producción? Todo lo contrario, a lo que hizo Venezuela, sobre todo en los últimos años.  Por ejemplo: colocar a personas que sean expertos del negocio petrolero al frente de la industria petrolera, parece algo obvio, pero hay países donde el reparto del poder entre la élite gobernante, impide que eso ocurra. 

La Junta Directiva actual de Pdvsa ha sido consistente, en cada inicio de año le prometen a Maduro y al país que ellos van a aumentar la producción petrolera en 1.000.000 bd. No por casualidad, su gestión muestra un descenso en la producción (desde que tomaron posesión de sus cargos hasta la fecha) de 1.000.000 bd (más del 50%). Mas allá de que podamos entender que hay un efecto sanciones, la realidad es que hoy nuestra industria petrolera muestra una exacerbación del deterioro y no hay muestras de que se estén tomando acciones concretas para revertir tal situación.

Sobre planes de recuperación de la industria petrolera, hay abundante literatura de gente seria. Desde economistas, ingenieros hasta organizaciones que agrupan a las empresas petroleras privadas, hay cierto consenso en torno a que se puede recuperar buena parte de lo perdido en estos últimos años, no obstante, pareciera que o no hay la voluntad política para hacerlo o no hay interés de quienes toman las decisiones o tan sencillo como la opción de dejar de ser un país petrolero para convertirnos en el nuevo Haití de la región ganó la batalla dentro del gobierno de Maduro. Esta última posibilidad, nos llevará a ser un país pobre para siempre.

Recuperar la producción petrolera debería ser una obsesión, el país necesita a toda costa aumentarla, la única industria capaz de generar en el corto plazo, de manera sostenible y en volúmenes importantes, divisas que sirvan para orientar esta economía al crecimiento económico, es la petrolera, además que sirva como palanca para los demás sectores económicos del país. 

Para eso, Venezuela necesita reformar la Ley Orgánica de Hidrocarburos en algunos artículos (no debe ser la prioridad, al menos en el corto – mediano plazo, una nueva ley, sobre todo por el difícil escenario político), para eso deben ocurrir consensos mínimos en el ámbito político para que esos cambios ocurran respetando la legalidad y las instituciones. El conflicto político actual en nuestro país hace que ese objetivo de lograr cambios en la Ley Orgánica de Hidrocarburos luzca lejano. Aumentar la participación de las empresas privadas en las empresas mixtas, atrayendo con esto tecnología, recursos financieros y humanos, es un punto fundamental para lograr un aumento en la producción petrolera y no debe ser para nada complicado lograr acuerdos en relación a esa idea. Nadie en su sano juicio en la actual Venezuela puede criticar la entrada y aumento de responsabilidades del sector privado en el sector petrolero. 

La revisión de la Ley Orgánica de Hidrocarburos también debe tomar en cuenta la no satanización de la inversión extranjera, como ha sido la practica común de algunos sectores radicales de izquierda venezolanos. Hoy Venezuela compite con Brasil, con Guyana, con Colombia, con Ecuador, con Argentina, con Ecuador (por solo nombrar 6 países), en la región, para atraer inversión extranjera. Esto indica que hay que ser agresivo, entender la situación actual del mercado de nuestra industria y la necesidad que como país tenemos en la actualidad.

El debate estéril sobre la soberanía debe quedar atrás. Otorgarles mayor participación a los privados, buscando más divisas para el país debería ser un argumento suficiente. Generar ingresos que permitan al gobierno de turno mejorarle la calidad de vida a sus habitantes es ser mucho más soberano que insistir en que los recursos naturales solo los pueden explotar las empresas públicas de ese país. Menos pobreza y más bienestar es soberanía.

Ojalá y las cosas cambien en la industria petrolera de Venezuela. Es necesario para disminuir la pobreza, atacar la hiperinflación e impulsar esta economía que se empequeñece a un ritmo preocupante.

Ene 21, 2020 | Actualizado hace 8 meses
La recuperación ¿ha iniciado?, por Luis Oliveros

A los venezolanos nos encantan los mitos, las leyendas (además de las novelas y por supuesto que los shows). Uno que se ha hecho muy popular es el que cuenta que, desde noviembre del 2019, en Venezuela se ha iniciado una recuperación económica. 

Uno no sabe si es por lo larga y fuerte de la crisis (tenemos 6 años presentando una variación negativa del PIB, lo que ha generado que la caída acumulada se ubique cercana a los dos tercios del total que teníamos en 2013), o por la desesperanza ante la bajísima probabilidad de un cambio político (al menos eso es lo que parece en el corto – mediano plazo), pero lo cierto es que algunos ya ven una sólida recuperación económica por la proliferación de nuevos comercios de productos importados, por una navidad muy diferente (con más movimiento) a la de años anteriores y por el empuje de la (cada vez mayor) dolarización transaccional (algo normal que aparece en los países que han tenido hiperinflación), fenómeno que llegó para quedarse. Sin lugar a dudas esos deseos son entendibles, no podemos criticar a quienes tratan de ser optimistas ante la adversidad, pero lamentablemente, es muy temprano para asegurar que hay un cambio de tendencia en el comportamiento de la actividad económica. 

Es difícil hablar de recuperación de la economía venezolana, los problemas acumulados en los años anteriores se mantienen, no han sido resueltos y la confrontación política (que debería resolverse en unas elecciones competitivas, pero para la mayoría de la oposición democrática, las condiciones no son las óptimas, mientras la élite gobernante no tiene incentivos a mejorar ese aspecto) pareciera que cada día se exacerba. 

Si bien es cierto, no es descabellado esperar alguna estabilización o leve repunte en algún sector de la economía, sin embargo, estamos convencidos que Venezuela se encamina a su séptimo año seguido de contracción del PIB (aunque esta sea mucho menor que lo padecido en años anteriores). 

La buena noticia es que Venezuela podría abandonar la hiperinflación en este 2020, la mala es que todo hace indicar que pasaremos a una inflación alta y crónica (que es bastante difícil de disminuir, más aún sin un plan antiinflacionario de calidad), con una fuerte caída de la demanda de moneda nacional (repudio hacia el bolívar) y con una obsesión gubernamental de introducir una moneda con “múltiples personalidades”. El petro nació como criptomoneda, luego mutó a unidad de cuenta, después a una especie de título de valor y hoy pareciera ser un híbrido entre sustituto del bolívar y nueva versión del famoso CUC cubano, moneda convertible. Lo cierto es que es la “sábila” del gobierno, sirve para todo, tiene supuestas propiedades mágicas, pero pretender que por sí solo cure la terrible enfermedad que tiene nuestra economía, es ser demasiado ingenuo. A todo esto, hay que agregarle que su partida de nacimiento no se cumple. 

Podemos decir que este 2020 será mejor que los extremadamente negativos 2018 y 2019, pero Venezuela seguirá mostrando la economía con los peores resultados del planeta. Nadie tendrá una combinación de inflación tan elevada con caída del PIB como nosotros, aderezada con una calidad institucional muy mediocre, disminución de población (huyendo de la crisis) y problemas sociales muy graves. No obstante, lo más cuesta arriba es el autoritarismo hegemónico (a la hora de definir a la élite que está en el poder) que gobierna el país.

 

@luisoliveros13