Luis Oliveros, autor en Runrun

Luis Oliveros

Luis Oliveros Abr 21, 2022 | Actualizado hace 4 semanas
Vuelven los informes, por Luis Oliveros
En las últimas semanas hemos visto un resurgir de informes sobre Venezuela, su economía y su industria petrolera

 

@luisoliveros13

Venezuela tenía tiempo que no despertaba mayor interés entre las bancas de inversión y empresas de análisis económico y petrolero. La razón es obvia: 7 años seguidos de caída en el PIB, desplome de la producción petrolera, 4 años en hiperinflación y un default en su deuda externa que se encamina a su quinto año, no son temas que a muchos en el mundo le llamen la atención. No obstante, en las últimas semanas hemos visto un resurgir de informes sobre Venezuela, su economía y su industria petrolera.

El primero ha sido una de las pocas firmas que ya había empezado a escribir sobre la economía venezolana. Tal vez lo que más ha llamado la atención es que, en su informe, proyecta para Venezuela un crecimiento de 20 % para el año 2022 (número revisado desde 4,5 % en su informe anterior) y sostienen que el PIB en 2021 aumentó en un 8,5 %.

La explicación de esa proyección está en que (según sus cálculos) el PIB petrolero crecerá un 20 %; que la producción petrolera aumentará, lo que seguirá potenciando el repunte importante que estarían teniendo las importaciones; y que los números de movilidad y actividad económica privada ya son muy favorables y se mantendrán así.

Sin duda es un informe optimista, tal vez demasiado en lo que respecta al comportamiento del PIB, teniendo en cuenta (por ejemplo) lo ocurrido en las últimas semanas con el servicio eléctrico en el país. Lo favorable es que presentan datos para soportar sus números.

Por otra parte, está otro banco, el cual es bastante más pesimista en relación a Venezuela. Considera que, como mucho, el país podría añadir apenas 200.000 bd en su producción petrolera y no espera una flexibilización en las sanciones norteamericanas hacia Venezuela. Muy por el contrario, le resulta complicado ver a EE. UU. dejando de lado sus esfuerzos por restablecer la democracia en Venezuela a cambio de muy poco petróleo. Considera que, si la economía no crece, a Maduro le costará evitar conflictos en su coalición, por lo que cataloga su situación como inestable.

Cataloga como claves las elecciones de 2024, las condiciones electorales y la situación de la oposición. Como se ve, este informe aborda más el tema político venezolano, pone dudas sobre la situación del gobierno de Maduro, pero no aporta data (no deja en claro sus proyecciones para la economía venezolana). A diferencia de este, el primer banco no hace mayor mención al tema político venezolano, solo insiste en el pragmatismo del gobierno de Maduro.

De ese segundo banco, debemos recordar su famoso informe de marzo de 2019, donde básicamente daba como inminente el inicio de una transición. Alegaban que, en poco tiempo, y por las sanciones, “la situación financiera del régimen sería insostenible e inmanejable”. También veían que la oposición se fortalecía y las consideraba que las posibilidades de mantenerse Maduro en el poder eran muy bajas.

Sus cálculos apuntaban a un crecimiento de casi 23 % del PIB para el año 2020. Y hay que resaltar las conclusiones de su informe: “si no hay un quiebre en el régimen en las próximas semanas, la probabilidad de una intervención militar extranjera se incrementa”. Como vemos, no estuvo ni cerca a la realidad.

Solo el tiempo nos dirá cuál de ambos bancos tuvo la razón.

¿La recomendación? Tomar con pinzas lo que dice cada uno, entender que no solamente hay obvios intereses en cada firma sino también hay mucha opacidad en la información sobre la economía venezolana y a veces una desconexión entre las cosas que están ocurriendo en el país vs. lo que se observa en el extranjero. Cada informe tiene elementos valiosos, tiene análisis interesantes, cifras que invitan a cálculos, pero también precedentes a tomar en cuenta.  

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad. Y no comprometen la línea editorial de RunRun.es

El último chance de nuestra industria petrolera, por Luis Oliveros
La invasión de Rusia a Ucrania le ha abierto a Venezuela la última oportunidad de recuperar la industria petrolera. Tristemente, todo parece indicar que no la aprovecharemos

 

@luisoliveros13

La invasión de Rusia a Ucrania le ha abierto una importante oportunidad a la industria energética venezolana. Tal vez la última oportunidad que tendrá Venezuela de recuperarla. Tristemente, todo parece indicar (por el camino que vamos), que no la aprovecharemos.

Hoy ocurre una reconfiguración en el mercado energético, ya no solo en la matriz energética sino también entre países. El petróleo y el gas de uno de los principales exportadores mundiales hoy “son tóxicos”; por lo tanto, se buscan países que puedan sustituirlos. Por ejemplo: el espacio que hoy deja Rusia en el mercado petrolero norteamericano es perfecto para el inicio de la recuperación de la industria petrolera de Venezuela.

Pero esa industria atraviesa un momento muy delicado. Su deteriorada infraestructura, su frágil institucionalidad, sus mermadas finanzas, el default de su deuda, etc., se combinan con las sanciones norteamericanas para mostrar una situación compleja y un futuro bastante pesimista. 

Por si fuera poco, a Venezuela le ha surgido un nuevo inconveniente: enfrenta una enorme competencia en el mercado petrolero y gasífero. Solo en la región debe buscar diferenciarse (para atraer capitales, maquinarias, personal, etc.) de países como Guyana, Surinam, Ecuador, Brasil, Bolivia, México, Argentina y de Colombia (quien abiertamente le ha dicho al gobierno de Biden que ellos son unos productores más confiables que nosotros, a pesar de tener un R/P de apenas 7 años y con una inestabilidad política en crecimiento ante la posibilidad, cada vez mayor, de un triunfo de Petro en las próximas elecciones presidenciales).

Nuestra industria energética implora cambios urgentes y radicales en su marco legal, necesita reconstruir su infraestructura, salir del default, atraer capitales y personal, flexibilizar las sanciones. Sin esto último, todos los arreglos que se puedan hacer serán infructuosos.

Ya es un hecho que de los más de 300.000 millones de barriles que tiene Venezuela en reservas, solo un porcentaje muy bajo es lo que vamos a poder extraer. Cada día que pasa y no se logra alcanzar un proceso de reactivación, el porcentaje recuperable de nuestras reservas disminuye y el trabajo que hay que hacer es mayor. Si queremos sacarle el mayor provecho posible a la Faja, a las reservas de gas, etc., Venezuela debe buscar volver a estar en las grandes discusiones sobre energía en el mundo, mostrando su enorme potencial, su disponibilidad, su confiabilidad. Para eso hacen falta profundos cambios. Tal vez demasiados para la voluntad, el ego y la poca preocupación por la gente de buena parte de nuestra dirigencia política.

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad. Y no comprometen la línea editorial de RunRun.es

Luis Oliveros Mar 07, 2022 | Actualizado hace 2 meses
La guerra y Venezuela, por Luis Oliveros
Venezuela sigue teniendo un gran potencial petrolero y podría ser clave si el actual conflicto bélico se extiende o escala

 

@luisoliveros13

Toda guerra es una tragedia, es un fracaso para la raza humana. Millones de inocentes han sufrido los embates de la guerra, lamentablemente la humanidad no parece haber aprendido la lección. La invasión de Rusia a Ucrania es una prueba de ello. El pueblo ucraniano está pasando por momentos muy negativos, delicados y preocupantes.

Esa acción rusa ha trastocado todo el tablero económico del planeta, pero sobre todo el energético. Rusia producía cerca de 12 millones de bd y era responsable de colocar en el mercado petrolero internacional entre 6 a 7 millones de bd. Su importancia en el mercado internacional del gas es aun mayor.

Europa y Estados Unidos han anunciado sus intenciones de dejar de depender de la energía rusa, pero algo de tal envergadura no se logra de la noche a la mañana. Prueba de eso es la tardanza para sancionar el gas y el petróleo ruso y la negativa de sacar del sistema Swift a los dos bancos rusos por donde Europa le paga a Rusia el gas y el petróleo que le compran. Pero que sea difícil de alcanzar, no significa ni que sea imposible ni que se esté trabajando arduamente para alcanzarlo.

Esta situación con Rusia ha disparado los precios del petróleo. Al momento de escribir estas líneas, el Brent estaba alcanzando los $140/b, lo que ha generado aumentos importantes en los precios de los combustibles. Para el gobierno de Biden, esa situación, en un año electoral (elecciones de midtern en noviembre) amerita acciones, tomar decisiones importantes. Y también reunirse y buscar que más países produzcan más petróleo para calmar el mercado. Y esos países deben ser, no solo Arabia Saudita, sino Irán y Venezuela.

La reunión de funcionarios norteamericanos en Miraflores es una buena noticia para ambos países.

Por un lado, Estados Unidos estaría buscando proveedores de petróleo para lograr cerrar sus compras a Rusia, por el otro quitarle un aliado a Rusia en la región. Sin duda, en Moscú no deben estar muy contentos con esas reuniones Venezuela-EE. UU. Por otra parte, y del lado de Venezuela, llegar a algún tipo de acuerdo con los norteamericanos es el objetivo gubernamental desde hace bastante tiempo. El gobierno de Maduro ha advertido que ellos no quieren negociar con la oposición venezolana, sino con los EE. UU. y esta coyuntura es el escenario perfecto para conversar y buscar acuerdos.

Quienes dicen que la industria petrolera venezolana está acabada, no saben lo que están diciendo. Ciertamente atraviesa muchos problemas, su deterioro/colapso ha sido significativo y para recuperarla hará falta mucho dinero (que no tenemos), personal, tiempo y cambios (tanto legales, como institucionales).

Pero Venezuela sigue teniendo un gran potencial petrolero y podría ser clave si el actual conflicto bélico se extiende o escala. Para Venezuela esta oportunidad debe ser aprovechada, es el chance para entablar nuevamente conversaciones con Estados Unidos y lograr flexibilizar algunas sanciones. Los beneficios económicos para el país serían considerables.  

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad. Y no comprometen la línea editorial de RunRun.es

Venezuela se está arreglando, por Luis Oliveros
La frase “Venezuela se está arreglando” no solo es patética y mediocre, también engloba una gran mentira y ha generado una discusión sin sentido

 

@luisoliveros13

Todos tenemos (lamentablemente) familiares y amigos que se han ido del país. La mayoría de ese grupo sigue estando pendiente de lo que ocurre en Venezuela. Obvio, no solo dejaron seres queridos sino también el país en el cual nacieron y vivieron un buen tiempo.

No obstante, todos también tenemos a ese amigo o familiar que constantemente te llama/escribe desde el exterior para reafirmar que Venezuela sigue muy mal. Ese personaje pareciera que se nutre con las malas noticias que ocurren en el país y al mismo tiempo sufre (lo discute con argumentos un poco histéricos) por todo lo posiblemente bueno que ocurra.

Desde que ahora no hay escasez (porque TODO es importado, tú no tienes real para comprar nada, además allá nada se produce); la salida de la hiperinflación (eso es mentira); el crecimiento económico (tú eres un cohabitador y te lo crees); la aparición de emprendimientos (ahora resulta que eso es malo, porque entre otras cosas, TODOS esos son negocios para lavar dinero, incluyendo a la señora que montó una venta de empanadas en el garaje de su casa); de un bodegón (no compres allí, TODOS son de enchufados); de un casino (no vayas nunca, jugar es malo para ti); de la dolarización (estás en el Titanic y te falta poco para morir); los delivery (al comprar por allí estas cohabitando con el rrrégimen), hasta por una medalla en las Olimpiadas (ella/él son chavistas, hay que odiarlos).  

La frase “Venezuela se está arreglando” no solo es patética y mediocre, también engloba una gran mentira y ha generado una discusión sin sentido.

Los que vivimos en el país lo sabemos muy bien pero también lo saben quiénes la repiten. A Venezuela le falta mucho para recuperarse. Pongamos un ejemplo: si de verdad (según lo que dijo hace poco Maduro) esta economía creció un 4 % en 2021, entonces la caída acumulada entre 2013 a 2021 pasaría de 76 % (hasta 2021) a 75% (2022); sin duda, una “mejora” bastante pobre. Para que tengan una idea, a ese ritmo de expansión de la actividad económica nos faltarían 40 años (de crecimiento consecutivo) para volver al nivel del PIB que teníamos en 2013.

No solo es salir de la hiperinflación o tener un modesto crecimiento económico; es fundamental rescatar la institucionalidad, levantar la industria petrolera, volver a tener una inflación anual de un dígito, no ser víctimas de sanciones, recuperar la capacidad adquisitiva de la población para sacarla de la pobreza, mejorar la relación trabajo informal vs formal, que los servicios públicos funcionen, oferta estable de combustibles, etc.

Venezuela no se está arreglando, pero sin duda no es la Venezuela de hace unos años. Y sí hay mejoras (no simétricas) en los sectores económicos, algo positivo luego de 7 años seguidos de depresión económica. Existe una combinación entre dolarización, mejoras en la gestión fiscal, engavetar los controles, liberalización económica, una política de no aranceles a las importaciones (que favorece a los consumidores) y el convencimiento en buena parte de los agentes económicos en torno a que el cambio político no llegará por el camino en el que vamos, por lo que hay que “echarle pichón” sin pararle a lo que ocurra en lo político.

La burlita al mencionar la frase denota desconocimiento, pero también un sarcasmo tóxico. Ligar que las cosas sigan mal para una población que ha sufrido tanto, es una muestra de resentimiento.

En mi casa, hemos optado por decirle a esos “amigos” lo que quieren oír y “ayudarlos en su confirmación” que irse fue lo mejor que pudieron hacer, que no hay motivos para el regreso y que siempre ellos van a estar mejor que nosotros los que vivimos aquí (pelear con amigos que están en el exterior no es agradable, sobre todo porque algunos solo buscan una limitada y sesgada información sobre lo que ocurre en el país). Hasta les hemos comentado que nos comimos al gato de la casa en un acto desesperado de hambre y que la semana que viene vamos de cacería al monte cercano, a buscar más comida (perros y rabipelados).

No, Venezuela no se arregló. Pero están ocurriendo cosas que tendrán efectos positivos (pero desiguales) en la población y entre las distintas actividades económicas del país.  

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad. Y no comprometen la línea editorial de RunRun.es

Luis Oliveros Ene 18, 2022 | Actualizado hace 4 meses
La salida electoral, por Luis Oliveros
Un problema con los detractores más radicales del tema electoral, es que no aportan ninguna salida viable

 

@luisoliveros13

Los Marines no parece que vendrán, tampoco la épica militar interna ni el levantamiento popular propiciado por la presión de las sanciones. Mucho menos la “enorme” preocupación que le produce al gobierno tener a buena parte de la comunidad internacional en contra, lo va a llevar a renunciar y dejar las llaves de la casa de gobierno debajo del felpudo.

Hace 18 años en Venezuela se debatía, en las filas opositoras, si era importante seguir insistiendo en la vía electoral o dejar que la abstención tuviera unos mágicos resultados en producir un cambio político (cambio, que por cierto en esos años, no era apoyado por la mayoría del país, el cual estaba atravesando un boom petrolero).

Cada vez que se perdía una elección por aquellos años, rápidamente se generaba una matriz de opinión que apuntaba a que lo que había ocurrido era un fraude. Lo grave de todo eso, además de lo repetitivo y fastidioso de la estrategia, era que no se presentaban pruebas. Increíblemente, por aquellos años, buena parte de la sociedad (medios de comunicación, gremios, etc.) tampoco exigía esas pruebas, con lo cual se alimentaron toda clase de mitos/leyendas (por ejemplo, la existencia de un cable submarino que cambiaba votos), que todavía hoy nos siguen persiguiendo.  

La salida electoral es incómoda para algunos. Implica trabajar, ser coherente, consistente, planificarse, agrupar y no dividir. Debe abordarse como una oportunidad. Y en paralelo, entender la necesidad de tener Plan B, C, D, etc. Al enfrentar un marco institucional precario, esperar que las condiciones sean perfectas es absurdo, por lo cual habrá que luchar en condiciones desventajosas, muchas veces hasta peligrosas. Pero es que eso ocurre cuando el sistema democrático es débil. 

Pero también, desestimar la opción electoral para algunos dentro de la oposición es una herramienta muy valiosa porque, aunque implica mantener en el poder a quien “adversan”, se garantizan que siga el status quo, el cual les ha traído comodidades importantes y una vida privilegiada (muchas veces hasta un exilio dorado).

Hay que tener muy en cuenta que los objetivos (e incentivos) de quienes están en el país no siempre son los mismos que los que están en el exterior.

Lo que para alguien que está en el exterior puede ser una medida de presión, para el que está viviendo en el país puede ser un sacrificio muy duro.

Al igual que los tiempos, quien está en el exterior es inmune a una crisis económica-social en el país, por lo tanto, no le afectan y puede darse el lujo de no cambiar de opinión sobre determinadas estrategias (fallidas).

La salida electoral tiene defensores y detractores, como cualquier estrategia. Es importante tener estructurada una hoja de ruta, racional, alcanzable y al mismo tiempo sincera. Un problema con los detractores más radicales del tema electoral es que no aportan ninguna salida viable.

Las opciones son muy pocas para generar un cambio político. Y mientras más tiempo se tarde en comprenderlo, más difícil será alcanzarlo. Para eso, hace falta poner los pies sobre la tierra, dejar la fantasía y trabajar. Los partidos políticos son y serán claves en todo este proceso. Ojalá se hayan entendido los errores y se avance en corregirlos. 

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad. Y no comprometen la línea editorial de RunRun.es

Luis Oliveros Dic 20, 2021 | Actualizado hace 5 meses
Las empresas y el 2022, por Luis Oliveros
Luego de tantos problemas, aprovechar alguna expansión no solo es sensato, también es necesario de cara al 2022

 

@luisoliveros13

El empresariado venezolano ha pasado por mucho en estos últimos años. Desde organismos fiscalizadores que parecían buitres, un entorno macroeconómico muy desfavorable (imaginen cuatro años seguidos en hiperinflación y 7 años de caída en la actividad económica), períodos complicados de escasez de bienes, dificultad para encontrar y retener personal, agresivo cobro de impuestos, ser víctimas de “overcompliance” por parte de bancos, proveedores y clientes extranjeros por las sanciones de Estados Unidos a Venezuela, etc. y como guinda a este pastel, una sociedad permanentemente mostrándole señales de desconfianza a la actividad privada.

Para este año 2022 pareciera que la situación pinta un poco diferente. Será el primer año desde 2013 en donde el consenso entre los economistas apuntaría a un incremento del PIB, y aunque esto no implique para nada una recuperación vigorosa de todo lo que la economía ha caído (no, el país no se ha recuperado), sin duda es una buena noticia.

Las empresas en Venezuela enfrentan varios desafíos, pero pudiéramos enumerar 3 claros escenarios de acción para este año 2022:

Esperar por el cambio político

El primero es esperar a que ocurra el cambio político para decidir crecer, contratar personal, invertir, para ser agresivos en su mercado. “Solo cuando el tema político cambie, mi empresa reaccionará, del resto, seguiremos esperando”. Esta opción es recomendada por algunos políticos y analistas, que en su mayoría no viven en el país y también por varios influencers en el país. Es el no hacer nada y seguir esperando.

Insistir en el pesimismo

El segundo es el insistir en el pesimismo. Se basa en la idea que el aumento en la actividad económica que se observó en Venezuela en el segundo semestre del 2021, no es sostenible. La situación de la oferta de combustible, el deterioro de los servicios públicos, el bajo ingreso de la población, entre otras muchas cosas, no harán posible una mejora en 2022. “Venezuela siempre puede estar peor”. Además, la tesis contempla que el gobierno de Maduro buscará la forma de empeorar la situación. Esta idea, es defendida por algunos colegas.

Aprovechar la situación

La tercera es el de aprovechar la situación. En esta opción, el empresario entiende que hay un cambio en la economía, un reacomodo, que ciertamente la expansión será pequeña en comparación con la caída, que la economía tiene enormes problemas y que estos seguirán existiendo, pero está identificando que hay oportunidades que puede y debe aprovechar, porque si no lo hace, otro en su mercado lo hará.

Una cosa es luchar por market share en recesión, otra cuando hay algún crecimiento. Son los empresarios y emprendedores que trabajan analizando qué quiere el mercado, que están buscando sus clientes y tratar de atacar esas necesidades. Los defensores de la primera opción les dirán “colaboracionistas” y los de la segunda opción tal vez los llamarán “optimistas exagerados”, pero estos empresarios son los que tendrán la posibilidad de generar una interesante rentabilidad, de mantenerse en el mercado y preparados ante cualquier cambio político o económico que ocurra.

Cada empresa tomará su decisión de cómo encarar el año entrante. Creo que luego de tantos problemas, aprovechar alguna expansión no solo es sensato, también es necesario.

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No es malo tener crecimiento económico, por Luis Oliveros
¿Por qué catalogar de ‘colaboracionistas’, ‘enchufados’ o de ‘agentes del régimen’ a quienes piensen que estamos en crecimiento económico?

 

@luisoliveros13

Venezuela es un sitio muy extraño para hablar de economía. Obviamente, cuando tienes 7 años seguidos con una contracción económica (que ha costado cerca del 75 % de tu PIB) y 49 meses en hiperinflación, hablar o imaginarse una mejora en la economía es complicado. Pero eso podría estar pasando en Venezuela en este cierre del 2021 y también muy posiblemente en el año 2022.

Según Focus Economics en su informe de noviembre de este año, el consenso del mercado apunta a que en 2022 la economía venezolana crecería un 3,8 % y en 2023 un 4,8 %, con una inflación de 591 % y 161 %, respectivamente. En cuanto a 2021, llama la atención cómo, en los últimos cuatro meses, las empresas que encuestan han ido mejorando sus proyecciones sobre Venezuela. De un -4 % de resultado en el PIB hace cuatro meses a -0,3 % en el de noviembre (con varias empresas esperando que el PIB tenga un resultado positivo en este mismo 2021).

¿Por qué hay un sector que se molesta si hay crecimiento económico? ¿por qué catalogar de “colaboracionistas”, “enchufados” o simplemente “de agentes del régimen” a quienes piensen que estamos en crecimiento económico?

Por cierto, tengamos en cuenta que una cosa es crecer y otra cosa muy distinta es afirmar “que ya Venezuela se arregló”. Nadie afirma lo segundo, al menos nadie serio. Igualmente, un crecimiento de 3 %, 4 % o 5 % si bien es una buena noticia, cuando lo comparas con un desplome del 75 %, prácticamente no es nada. Pero mejor es crecer a seguir teniendo disminuciones en la actividad económica.

Para tener idea del desastre, si Venezuela inicia una senda de crecimiento de 6,5 % este año, alcanzaría el nivel (de PIB) del año 2013 (último año de crecimiento económico) en el año 2044 (dentro de 23 años). Eso pasa cuando se evaporan ¾ de tu economía.

Ese crecimiento económico tiene varios problemas, no es simétrico (hay sectores que tendrán un mejor resultado que otros, al igual que regiones en el país); se enfrenta a una infraestructura colapsada (solo recordemos la frágil situación de nuestros servicios públicos). También a problemas en el suministro de combustible, sanciones económicas, problemas en la intermediación financiera, niveles de ingreso muy bajo (recordemos que estamos peleando con Haití y Nicaragua el último lugar en cuanto al PIB per cápita más bajo de la región) y un largo etcétera. La crisis económica y social del país sigue, nadie dice que ha finalizado.

Ojalá, Venezuela pueda crecer y lo haga a tasas elevadas y sostenibles. Sabemos que el actual crecimiento puede tener los pies de barro, pero no podemos molestarnos porque ocurra. Es extraño querer lo mejor para el país, para su gente, y estar ligando a que los problemas continúen y se agraven. No es de personas que realmente les preocupe Venezuela.

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Acabar con la hiperinflación, por Luis Oliveros
El gobierno debe seguir en la lucha por bajar más la tasa de inflación. Un aliado de la guerra contra la hiperinflación ha sido el dólar

 

@luisoliveros13

La hiperinflación es una fábrica de pobreza. Venezuela es una prueba de eso. Acabar con la hiperinflación significaría una excelente noticia para los venezolanos. Solo hay un culpable para un evento hiperinflacionario: el gobierno de turno. También hay una única causa: financiamiento monetario de déficits fiscales crónicos (gasto público mayor que los ingresos y que, llegado un momento, solo pueden ser financiados vía Banco Central).

Revertir los eventos hiperinflacionarios se debe convertir en una obsesión para el gobierno. La literatura es extensa al respecto y predice que, si bien no es tan complicado salir de la hiperinflación, los efectos que deja en la economía son bastante negativos.

En los últimos meses, la tasa de inflación mensual en Venezuela se ha reducido a la mitad. De casi un 30 % promedio mensual entre enero y mayo, hemos pasado a menos de 15 % en los últimos cuatro meses. Sin duda es una buena noticia para un país que hasta hace muy poco presentaba tasas de inflación mensuales superiores a 100 %. La hiperinflación (según la teoría de Cagan) en Venezuela debería terminar en diciembre de 2021 (según cifras del BCV). En diciembre de 2020 fue el último mes en que nuestro país presentó una tasa de inflación superiores a 50 % (77,48 %).

El gobierno debe seguir en la lucha por bajar más la tasa de inflación. Un aliado fundamental de esa guerra contra la hiperinflación ha sido la dolarización.

La demanda de moneda nacional es muy baja y aunque aún el bolívar sigue teniendo un peso importante en las transacciones que se realizan en el país, la dolarización llegó para quedarse. Revertirla sería una torpeza.

Establecer un ecosistema multimoneda pudiera ser la mejor opción, pero teniendo en cuenta que volver a solo la utilización del bolívar es un error. Si bien nuestra economía no es ni de cerca la mejor candidata para un proceso de dolarización, la tardanza del gobierno en enfrentar el capítulo hiperinflacionario y las malas decisiones en el camino, nos han llevado a una situación que no sería aconsejable dar marcha atrás.

Ojalá y la actual tendencia de la inflación en Venezuela se mantenga. Debemos tener muy en cuenta que nuestra inflación mensual todavía sigue siendo muy elevada (comparándola con varios países de la región, sería el doble de la inflación anual de estos países), aunque su reducción sea un logro importante. La prueba de fuego vendrá en los próximos días: la elección del 21 de noviembre, el aumento estacional en la liquidez y el esperado (lógico) ajuste en la tasa de cambio.

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