Luis Oliveros, autor en Runrun

Luis Oliveros

La negociación económica, por Luis Oliveros

@luisoliveros13

A menos que usted tenga un tanque, un avión de combate, suficientes armas en su casa y/o un ejército, la única manera factible de arreglo del conflicto político venezolano está en un acuerdo o una negociación. Es hora de entender que las promesas de invasión siempre estuvieron fuera de la realidad, al igual que el Gobierno de Maduro renunciando y dejando las llaves de Miraflores en el felpudo de la entrada.

Ese absurdo mensaje de que todas las opciones estaban sobre la mesa, solo sirvió para que el país despilfarrara más de dos años (y contando) de un tiempo que se cuenta en pobreza, miseria y vidas perdidas.

¿Funcionará la actual negociación? Solo el tiempo lo dirá. Sin duda hay grupos de lado y lado jugando en contra. La polarización y el status quo tienen beneficiarios. Para algunos, la actual situación es maravillosa, les produce ingresos, calidad de vida, poder, etc. También hay diferencias a la hora de sufrir la crisis venezolana; no es lo mismo mirarla desde el exterior (y apoyar sanciones, no tener problemas de combustible, no enfrentar la hiperinflación, etc.), que vivir en Venezuela, tomando 2-3 aviones para llegar a un destino internacional (que normalmente se hace con un vuelo directo), que le cierren la cuenta a su empresa en un banco extranjero, que los proveedores no le ofrezcan créditos (y le vendan más caro, por el simple hecho de ser venezolano), que deba “disfrutar” convivir con sanciones, etc.

El país demanda cambios y la economía necesita uno de 180 grados. Sin duda, el gobierno de Maduro y también el de Chávez incurrieron en enormes errores en el manejo de la economía venezolana, por lo que pareciera oportuno aprovechar este entorno de negociaciones/conversaciones, para introducir transformaciones importantes y necesarias en el país.

Una nueva Ley Orgánica de Hidrocarburos, devolver empresas expropiadas, reformas fiscales, un plan de privatizaciones, etc. pudieran ser medidas que cuenten con suficiente consenso político para llevarlas a cabo por el bienestar de los venezolanos. ¿Quién estaría en contra de una nueva Ley de Hidrocarburos que genere los incentivos adecuados a la inversión privada y permita cambiar la tendencia de declinación en nuestra industria petrolera?

Privatizar empresas públicas como Cantv, Movilnet, la CVG, etc. ¿no es algo que el país necesita?, al igual que buscar socios con los cuales mejorar el sistema de refinación venezolano. Pensemos en los beneficios que se generarían en nuestro mercado interno con la entrada de otras empresas de comunicaciones o en construir una estrategia integral para lograr una reestructuración de la deuda externa. Venezuela tiene muchos problemas y, con seguridad, en muchos se pudieran alcanzar acuerdos por el bien de la gran mayoría.

A pesar de las enormes diferencias que en lo ideológico hay entre el gobierno y la oposición, el llegar a consensos para recuperar la economía venezolana, generar empleo y mejorarle la calidad de vida a millones que hoy la están pasando muy mal, bien valdría la pena el trabajo. Como todo proceso de negociación, ambas partes tendrán que poner de su parte, aceptar que no todo a lo que aspiran lo obtendrán, que hasta perderán algunas cosas; pero en el medio debería estar lo más importante: el venezolano. Claro, eso suponiendo que se quiere lograr lo mejor para los venezolanos.

Ojalá y el pragmatismo se imponga, que las voces radicales sean dejadas de un lado y consigamos acuerdos políticos importantes para mejorar el rumbo de la economía.

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad. Y no comprometen la línea editorial de RunRun.es

La industria petrolera necesita inversiones, por Luis Oliveros

@luisoliveros13

Hace poco se hizo público un documento de Petróleos de Venezuela (Pdvsa), mostrando diferentes oportunidades de inversión en la industria petrolera venezolana (presentado a inversionistas privados, nacionales y extranjeros, en febrero de este año).

Un plan de negocios, bastante bien elaborado y con mucha información, les plantea a potenciales inversionistas “oportunidades de inversión de capital en Petróleos de Venezuela S. A. susceptibles a financiamiento nacional, internacional o mixto asociado a proyectos integrados en toda la cadena de valor, bajo nuevos esquemas de negocios, ajustados a la normativa legal vigente”. 

En el plan, se enumeran 152 oportunidades, las cuales necesitarían en total unos $ 77.638 millones para hacerse realidad. Las oportunidades van a lo largo de toda la cadena del negocio petrolero, desde aguas abajo, intermedias y arriba. Llama la atención, por ejemplo, que para alcanzar unos 2.250.000 bd de producción objetivo, las empresas mixtas necesitarían traer al país unos $45.584 millones, monto que representa casi el 60 % de todo el plan de negocios que estaría mostrando Pdvsa a potenciales inversionistas.

Entre estas “oportunidades” en las empresas mixtas, la que más producción de crudo generaría sería PetroVictoria (se necesitarían unos $ 5780 millones), en esta empresa CVP tiene el 60 % y el restante 40 % lo tenía Rosneft.

Es importante tener en cuenta que, en el documento, se proyecta una producción petrolera promedio para 2021 de 1.218.000 bd, con una producción para diciembre de 1.829.000 bd. Ambos números parecen muy optimistas; más aun cuando recordamos que, en el informe OPEP del mes de abril, la producción de marzo de Venezuela no llegaba a 600.000 bd. Pdvsa tendría que llevar a cabo una recuperación (sin precedentes en nuestra historia) de su producción petrolera en los próximos 9 meses, para poder cumplir con lo que proyectan para este año. 

A pesar de la buena calidad de la presentación y de lo positivo de ver como por fin entienden que solo con inversión privada es que se puede recuperar nuestra industria petrolera, debemos ser pragmáticos. En las actuales circunstancias que vive el país, parece bastante complicado pensar que Pdvsa sea capaz de atraer capitales. Empecemos por el ejemplo de PetroVictoria, ¿Estarán dispuestas las empresas rusas que entraron por Rosneft a invertir en Venezuela?

Según la composición accionaria de la empresa, Pdvsa tendría que invertir casi $3500 millones en ese proyecto, dinero que no tiene. ¿Van a venderle su participación accionaria a las otras empresas rusas? ¿Hay apetito por esas inversiones en Venezuela en este momento? Y si ahora analizamos el entorno, ¿quién asume el riesgo de invertir en una industria petrolera sancionada, que tiene enormes problemas para comercializar con cualquier mercado? 

¿Cómo generar interés en una industria que desde el año 2016 no presenta informe de gestión, que no publica ni el precio promedio de la cesta que exporta, etc.? 

¿Cómo sentirse tranquilo con un socio que está en default con sus deudas en divisas desde hace cuatro años (además que no habla del tema) y al mismo tiempo mantiene grandes deudas por dividendos con sus socios en las empresas mixtas? ¿Quién puede garantizarles a los potenciales inversionistas seguridad jurídica y personal en Venezuela? Y la lista de preguntas puede seguir.

Ojalá y las inversiones lluevan sobre Pdvsa. Hemos repetido hasta el cansancio que, sin recuperar la industria petrolera, la economía venezolana no se recuperará de manera sostenible. No obstante, sin cambios en lo político y financiero, sin enfrentar el default, será muy difícil que esas inversiones puedan llegar a Venezuela.  

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La digitalización de una economía sin efectivo, por Luis Oliveros

@luisoliveros13

En su mensaje a la nueva Asamblea Nacional, Nicolas Maduro le confesó al país la intención del Ejecutivo Nacional de “digitalizar la economía venezolana” en este año 2021. Anunció que están trabajando en facilitar el uso de medios de pago, en moneda nacional, para el transporte público y todos los comercios, a través de sistemas de pago que no necesitan conexión en línea.

A la primera semana del año 2021, la relación efectivo/liquidez monetaria se ubicaba en 2,18 %, nivel que no lo teníamos en Venezuela desde la segunda semana de septiembre de 2018, un mes después de la reconversión monetaria de ese año. En aquel momento, el indicador siguió creciendo hasta finales del año 2018 llegando a 10 %, luego se mantuvo entre 6 % y 8 % hasta mediados del 2020, cuando inició un declive sostenido. Si analizamos el comportamiento del indicador pre reconversión monetaria, nos encontraremos un nivel similar al actual 4 meses antes de la reconversión. Lo histórico en esta economía es que esa relación promedie el 10 %.

Si seguimos revisando los indicadores monetarios del cierre del año 2020, nos encontramos que el efectivo total de la economía venezolana representaba cerca de $11,8 millones, unos $0,45 por persona (ni medio dólar por cada venezolano). Mientras que la liquidez monetaria total era casi $585 millones (hace apenas tres años, era el triple) y $21 per cápita.

¿Cuándo fue la última vez que usted fue al banco a buscar bolívares en efectivo? ¿Qué adquirió usted con efectivo en los últimos meses?

Pareciera que, si el gobierno logra resolver el problema del pago del transporte público sin efectivo, buena parte del objetivo de digitalizar la economía venezolana (al menos la parte de la moneda nacional), sería alcanzado. Esta economía se acostumbró a funcionar sin efectivo (en moneda nacional).

¿Por qué esta economía no extraña el efectivo? Por la sencilla razón de que la hiperinflación borró el valor del efectivo. Venezuela recuperó 4 de los 5 ceros que se le quitaron a la moneda cuando la última reconversión; y antes del primer semestre de este año llegaríamos a ese quinto cero. No tiene sentido acumular efectivo, el billete de más alta denominación vale unos pocos centavos de dólar. 

La dolarización transaccional de la economía venezolana también ha contribuido a esa digitalización. Según palabras de Maduro, el 22 % de las operaciones comerciales en el país se realizan con divisas en efectivo; y según estudios de empresas privadas, 2/3 de los pagos que se hacen en el país se hacen con divisas.  

Esta onda “digitalizadora” podría estar inspirada en la inminente nueva reconversión, pero con la intención de no desperdiciar muchos recursos en adquirir mucho efectivo ante una inflación persistente (y alta).

Al final, el problema para Venezuela no es la digitalización o no de la economía; es acabar con la hiperinflación y generar crecimiento económico sostenido.

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The winter (reconversión) is coming, por Luis Oliveros

@luisoliveros13

Desde hace semanas, los venezolanos están teniendo problemas con los medios de pago a la hora de realizar sus compras. Muchos puntos de venta, debido a la cantidad de ceros que han ido acumulando los precios de los bienes y servicios, tienen dificultades para procesar las compras.

Esta situación no es nueva, el país vivía algo parecido a inicios del año 2018, lo que generó que se adoptara una reconversión monetaria ese mismo año.

Pero esa no es la única reconversión monetaria que ha tenido Venezuela en la época reciente, ya que en 2008 se tomó una decisión similar. Entre ambas, al bolívar (como moneda) se le han quitado ocho ceros. También es importante recordar, que cuando se llevaron a cabo esas dos reconversiones, a los venezolanos se les prometió que estas acciones resolverían el problema inflacionario y recuperarían tanto la confianza en la moneda nacional como las tasas de inflación de un dígito mensual. Obviamente, era bastante ingenuo creer que esa simple acción podría acabar con un problema tan grave.

En los 28 meses previos a la reconversión de agosto de 2018, la inflación acumulada fue de 140.967 %, mientras que la inflación acumulada en los 28 meses posreconversión (agosto 2018 – diciembre 2020), según los datos publicados por el Banco Central de Venezuela (supondremos que para el último trimestre la inflación promedio mensual fue de 34,3 %, esto debido a que el BCV no ha actualizado sus cifras desde septiembre), estaría en torno al 4.137.644 %. Estos números nos dicen que, desde la implementación de la reconversión, hemos tenido una inflación acumulada casi 30 veces superior al mismo período prerreconversión.

Los números arriba expuestos podemos verlos de una forma un poco más sencilla: en los 28 meses antes de la última reconversión, la inflación promedio mensual fue de 29,56 %, en los 28 meses después de iniciado la reconversión, la inflación promedio mensual alcanzó el 46,18 %, un incremento superior al 50 %.

La reconversión, como herramienta para disminuir la tasa de inflación en Venezuela, ha sido un rotundo fracaso.

Ya Venezuela recuperó 4 de los 5 ceros que le quitaron a la moneda, el quinto cero lo recuperaremos (suponiendo una inflación promedio de 24 % en los próximos meses) entre abril y mayo de 2021.

Es bastante sencillo esperar una nueva reconversión monetaria para el primer semestre de 2021, pero es importante tener en cuenta que eso no es la solución al problema inflacionario del país.

Lo ocurrido en el período agosto 2018-diciembre 2020 así lo demuestra. Es una medida necesaria, pero solo luego de haber llevado a cabo un profundo plan antinflacionario, que contenga una exhaustiva reforma fiscal, algo que en la Venezuela actual luce muy lejano.

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Biden y Venezuela… ¿A new hope?, por Luis Oliveros

@luisoliveros13

La victoria de Joe Biden le abre una nueva oportunidad a Venezuela, una que no hubiera tenido con Donald Trump aún en la Casa Blanca. La administración Trump estuvo cuatro años en el poder y en ese período la situación política en nuestro país no hizo más que empeorar. Hoy, la tan esperada transición política está más lejos que nunca. Los errores cometidos son demasiados y nada hace pensar que exista una estrategia política distinta para el corto, mediano o largo plazo, que no sean que las sanciones de los Estados Unidos generen el milagro político, esto a pesar de lo que dicen sobre el tema, la literatura y los casos precedentes en la región y en el mundo.

Lamentablemente, parte de la oposición contribuyó a crear esta estrategia, colocando todos los huevos (de la disputa política interna), en la comunidad internacional y en manos de la administración Trump. Era fácil esperar el fracaso.

No se puede negar que la estrategia Trump fue eficiente en cohesionar a la élite gobernante, en acabar con las posibilidades de una negociación al aumentar las amenazas sobre quienes están en el poder (tanto civiles como hacia el sector militar) y colocando como “guinda a una gran torta” unas sanciones financieras y económicas confeccionadas (enfocadas hacia el sector petrolero) para generar el mayor daño posible al país (sin importar lo que le ocurriría a la población más vulnerable). Tristemente la administración Trump no quiso entender que repetía los errores del pasado, no revisó las experiencias de Cuba, Irán, Yemen, Rusia, Libia, Siria, etc.

La victoria de Trump/derrota de Biden en la Florida puede ser una excelente noticia. Biden gana la presidencia sin sumar Florida, algo que era un escenario bastante factible para los demócratas. Sin la Florida, la política de la administración Biden puede ser independiente de los radicales de la zona (llegó a la presidencia sin ellos, por lo tanto, no les debe nada, no tiene porqué hacerles caso). Si Trump hubiera ganado la presidencia, la política hacia Venezuela hubiera seguido igual, no había necesidad de cambiarla, no porque funcionaran (no sirven, vean el ejemplo de Cuba) sino ¿para qué cambiar si prometiendo más sanciones ganaste la elección en ese Estado?

Ojalá la estrategia Biden hacia Venezuela sea diametralmente opuesta a la política fracasada de Trump y los asesores que nos llevaron a la actual situación. Es necesaria una profunda revisión del esquema de sanciones, entender que estas no son llevadas a cabo para destruir al país o alargarle la agonía al venezolano, sino un mecanismo para generar incentivos hacia una negociación. La administración Biden puede ser determinante en generar un cambio positivo a la crisis política venezolana.

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¿Y la indexación del salario al petro?, por Luis Oliveros

Nicolás Maduro cuando anunciaba el lanzamiento del petro, en noviembre de 2018. Foto Prensa Presidencial. 

@luisoliveros13

Hace dos años el gobierno de Nicolás Maduro le prometió al país que el salario mínimo se indexaría al petro y tendría un valor de $30. Hoy ese salario mínimo no llega a dos dólares. Y si le sumamos los bonos que mensualmente paga el Estado y la caja CLAP que le llega a algunos venezolanos, no llega a $15.

Esa promesa del salario mínimo vino en la instrumentación de una reforma monetaria. La batalla que tenía en frente esa reforma era al estilo de los Avengers: ella sola vencer con la hiperinflación.

Según las autoridades económicas en Venezuela, el origen de la hiperinflación son los billetes, por lo que, al cambiarlos, ponerles más color u otros personajes, la tasa de variación de los precios disminuiría de manera importante y se acabaría ese problema. Poco importaba que en el 100 % de las hiperinflaciones ocurridas antes de la venezolana, el control del déficit fiscal había sido siempre el elemento central del programa antiinflacionario (y que el financiamiento monetario de ese déficit fiscal es el origen -la gasolina- para el incremento de los precios).

“Increíblemente”, el descenso no ocurrió. Muy por el contrario, las tasas de inflación mensuales aumentaron de manera importante. Si revisamos la inflación promedio mensual de los 6 meses anteriores a la reforma monetaria, nos encontramos con un 75,3 %; pero si hacemos lo mismo con los 6 meses siguientes, tenemos un 121,7 %.

Entonces, los hacedores de política económica venezolanos aprendieron la lección: cambiar los billetes no incide en la lucha contra la inflación.

Al parecer hay que hacer varias cosas (también aprenderían que eliminar la hiperinflación puede tomar años si la gestión fiscal no se ajusta).

Dos años después, la situación no ha cambiado mucho. Si bien es cierto que la inflación mensual ya no llega a 100 % (al menos por los momentos), el país sigue en hiperinflación y en depresión. Nuestro episodio hiperinflacionario ya tiene asegurado el segundo lugar entre las más duraderas de la historia.

¿De cuánto ha sido la inflación acumulada en estos dos años? Según la data del BCV hasta mayo de este año y tomando lo publicado por la AN de junio y julio (BCV no ha publicado nada de la inflación desde mayo), tendríamos una inflación acumulada de 1.327.294 %. Ningún país en el mundo está ni cerca.

Pero no se preocupe, todo hace indicar que no volveremos a ver una reforma monetaria. El actual proceso de dolarización transaccional que ocurre en el país parece no tener vuelta atrás.

Será muy complicado que los venezolanos dejen de pensar en divisas a la hora de ponerle precio a los bienes y servicios que quieren comercializar.

Eso es tal vez otra cosa que trajo la reforma monetaria, el empujón final para que la dolarización fuera permitida por el Estado, tirando la toalla en la defensa de la moneda nacional.  

 

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Luis Oliveros Jul 30, 2020 | Actualizado hace 11 meses
COVID-19 y la mujer, por Luis Oliveros

@luisoliveros13

De los resultados publicados hace unos días por la Encuesta Nacional de Condiciones de Vida (ENCOVI), resalta la alta feminización de la jefatura de los hogares venezolanos. Entre las causas estaría la migración y las ayudas sociales gubernamentales que están más enfocadas en la mujer.

Ese dato contrasta con los niveles de participación en la actividad económica: mientras entre los hombres se ubica en un 71 %, en las mujeres apenas alcanza un 43 %. Con la llegada de la COVID-19 estos números deben empeorar. Recordemos que el ENCOVI fue realizado antes de la aparición de la pandemia.

Kristalina Georgieva, Stefania Fabrizio, Cheng Hoon Lim y Marina M. Tavares presentaron un informe para el FMI donde analizan los efectos de la COVID-19 en la brecha de género.

Afirman que la pandemia está teniendo efectos desproporcionados sobre las mujeres y su situación económica.

La primera razón es que ellas tienden a trabajar en los sectores más afectados por las medidas de mitigación y distanciamiento social, como industrias de servicios, comercio minorista, turismo y hospitalidad.

Por otra parte, las autoras explican que más mujeres que hombres trabajan el sector informal en los países de bajo ingreso. Y la situación de los trabajadores informales se ha visto afectada de manera negativa por la crisis de COVID-19.

Una tercera causa es que las mujeres realizan más labores domésticas no remuneradas que los hombres. Estas responsabilidades han aumentado por el cierre de colegios, restricciones a actividades recreativas/deportivas, precauciones para los padres mayores y vulnerables, etc.

A pesar de que en muchos países ya están ocurriendo levantamientos de las medidas de paralización, la evidencia indica que la vuelta al trabajo de las mujeres está siendo más lenta

El informe recomienda que las autoridades adopten medidas que limiten los efectos de la pandemia en las mujeres. Entre estas destacan crear transferencias directas a familias vulnerables, preservar los vínculos laborales, ofrecer incentivos para compaginar el trabajo con las responsabilidades del cuidado familiar, mejorar el acceso a la atención sanitaria y la planificación familiar y ampliar el apoyo a las pequeñas empresas y trabajadores independientes.

También destaca el informe que se deben formular políticas que aborden la desigualdad de género. Al respecto, sugiere establecer condiciones e incentivos para que las mujeres se introduzcan en el mercado de trabajo formal. Hay sólida evidencia de que políticas fiscales con perspectiva de género, como la inversión en educación e infraestructura, los subsidios para el cuidado de los hijos y los permisos de parentales son eficaces para lograr el objetivo.

¿Qué se está haciendo en Venezuela en tal sentido?

Un dato de la encuesta que llamó mucho la atención es que el 16 % de las niñas que no van regularmente al colegio lo hacen porque están embarazadas.

Sin lugar a dudas hay muchas cosas por hacer en Venezuela en cuanto a la brecha de género. Y preocupa mucho que desde el Estado sea muy poco lo que se esté haciendo.

 

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Luis Oliveros Jul 01, 2020 | Actualizado hace 12 meses
Muera la empresa privada, por Luis Oliveros

@luisoliveros13 

Para el primer trimestre del año 2013, el sector privado venezolano representaba el 57 % del total del PIB. Para el mismo período, pero del año 2019 (el BCV no ha actualizado las cifras desde ese trimestre), el peso del sector privado en la economía había descendido al 47 %. Cuando comparamos el tamaño de la economía venezolana entre esos trimestres, vemos cómo el PIB se contrajo en un 58 %, pero mientras el PIB público lo hacía en un 36 %, el PIB privado se redujo en un 67% (2/3 del total).

El sector privado ha sido el más afectado por las terribles políticas económicas llevadas a cabo por los últimos dos gobiernos.

Pero también hay que decirlo: la sociedad venezolana no la apoyó cuando desde esos gobiernos iniciaron las confiscaciones, expropiaciones, controles, amenazas y señalamientos de ser responsables de una “guerra económica” en contra de la población.

Todavía está fresca en la memoria la alegría de muchos cuando se nacionalizaron empresas de servicios públicos (cobraban muy caro, ahora tenemos costosos servicios públicos de muy baja calidad), las cementeras, las azucareras, Agroisleña (abusaba en su posición de dominio, por eso había que hacerla pública, aunque eso con el tiempo afectó de manera importante la agroindustria en el país). Las famosas expropiaciones en el centro de Caracas, empresas de servicios petroleros, etc.

Para recuperar la colapsada economía venezolana es necesario revertir buena parte de la situación actual, creando poderosos incentivos para que el sector privado crezca, invierta y con esto contribuya a generar crecimiento económico sostenible (aumenten los puestos de trabajo y los salarios).  

Uno puede entender que buena parte de la sociedad venezolana se sienta molesta por la disminución en su calidad de vida. Que protesten en redes sociales ante unos precios que les son inalcanzables para acceder a servicios que en otras oportunidades eran fáciles de pagar. Pero luego de ser testigos de los enormes efectos dañinos que genera la intromisión gubernamental en el sector privado, ¿no se ha aprendido la lección?

¿El culpable de la crisis económica es el empresariado venezolano que trata de subsistir en un entorno tan agresivo y negativo?, ¿o es el sistema creado por las desacertadas políticas económicas del gobierno, que han generado una terrible hiperinflación y una depresión económica que ya va para 7 años?

Es alarmante observar cómo se utiliza el mismo discurso oficial socialista (especulador, usurero, exigir su estructura de costos, imponer margen de ganancia, etc.) para atacar a la empresa privada nacional y obligarla a bajar de precios.

Resulta todo un desafío explicarles a algunos que no existe eso llamado precio justo. Que la formación de precios en Venezuela es (y debe ser) muy diferente a la de España, Colombia o Estados Unidos. Hay una manía por creer que los precios deben ser iguales en todo el mundo, como si desarrollar una actividad económica en Venezuela fuera igual de sencilla, que hacerla en cualquier otro país del mundo con instituciones serias, con acceso al financiamiento bancario, con reglas del juego claras, con paquetes de ayuda financiera ante los embates de la covid-19, sin hiperinflación, etc.

Que los servicios públicos no tienen por qué ser regalados. Que una empresa privada no tiene obligación de estar mostrándole su estructura de costos o sus márgenes de ganancia. Y que al final si usted no puede pagar por un bien o servicio, tan sencillo como que puede buscar sustitutos pero no creerse con el derecho a presionar para que el precio se ajuste a su bolsillo. Una economía de mercado no es imponerle tu voluntad al mercado.

Si Directv hubiera estado ganando mucho dinero, nunca se hubiera ido del país, pero entre las presiones por las sanciones y el $1-$2 que cobraba por cada suscriptor, la salida fue fácil.

Cuando esta empresa o alguna otra de tecnología anuncian aumentos en sus matrículas, la gente se encarga de hacer tanta presión para que desde el gobierno “se tomen cartas en el asunto”, algo que sabemos muy bien en qué resulta.

La lección es clara, no culpemos al privado de la crisis, tampoco nos debemos comportar como lo que tanto daño le ha hecho al país.

 

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