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Colas

Así transcurre el segundo día para surtir gasolina en Venezuela
Luego de dos meses y medio de paralización por la cuarentena impuesta para frenar el nuevo coronavirus y la llegada de cinco busques cargados con combustible, el país intenta retornar a una normalidad relativa

 

A través de las redes sociales, habitantes de distintos estados del país han reportaron por segundo día consecutivo, largas colas para llenar el tanque de sus vehículos con gasolina. Estaciones que no empezaron temprano a prestar sus servicios, bombas que no cuentan con canales electrónicos de pago y límites en el despacho, son algunos de los problemas del día. 

En el estado Miranda, específicamente en Los Teques, la estación de servicio “Los Nuevos Teques” a las 7:42 am no tenía gasolina. 

En Chuao, Caracas, usuarios reportan que se puede surtir gasolina sin importar el número de la placa. Afirman que el pago es rápido siempre y cuando se haga en divisas o tarjetas. En Caurimare, la cola era bastante larga tanto de motos como de vehículos. 

En Carabobo, 99% de las unidades de transporte público no pudo laborar por falta de gasolina. Los transportistas denunciaron que solo dos estaciones de servicio les están surtiendo. A cada vehículo lo proveen con 30 litros de combustible pagados a 5.000 bolívares por litro.

En Acarigua, estado Portuguesa, sucedió una situación similar, solo dos de las 64 estaciones de servicio fueron dispuestas por el Gobierno regional para atender al transporte público y de alimentos.

En Barquisimeto el diputado ante la Asamblea Nacional, Daniel Antequera, señaló que la situación de la gasolina en Barquisimeto es “un completo desorden”, en medio de la flexibilización de la cuarentena. “La situación de la gasolina en Barquisimeto es un completo desorden. Las estaciones con el precio en Bs duraron una hora abiertas y las estaciones en $ en muchos casos duraron hasta mediodía. Como todo lo del régimen esto es una absoluta improvisación“, manifestó.

En Nueva Esparta, usuarios reportaron más de 4 kilómetros de cola, al igual que en San Carlos, en el estado Cojedes . En La Guaira, estado Vargas motorizados denunciaron que solo le estaban vendiendo cinco litros de gasolina.

En el estado Bolívar, la periodista Pableysa Ostos informó que se mantienen despachando 20 litros de gasolina por persona por cuestiones de inventario. En Maturin, reportaron varias estaciones cerradas y largas colas en las que estaban abiertas. En el estado Sucre, en la bomba de Pericantar no hay combustible.

En el estado Trujillo, las gasolineras que cobran en divisas comenzaron a despachar temprano, mientras que la venta del combustible subsidiado presentó retrasos. 

 

Trancaron autopista Caracas-Guarenas por escasez de gasolina
A través de las redes sociales, usuarios reportan largas colas para llenar los tanques de sus vehículos de gasolina y denuncian que la mayoría de las bombas no tienen puntos de ventas ni biopagos

 

Este lunes 1 de junio, la autopista Gran Mariscal de Ayacucho amaneció cerrada en ambos sentidos por los usuarios de la Estación de Servicio Vistalago. Luego que se agotara la distribución de gasolina para los vehículos particulares.

Los conductores denunciaron a través de las redes sociales que «esta estación recibió 38mil lts de gasolina el viernes a las 6pm, surtieron 200 carros 25lts y 200 motos 5lts. No trabaja fines de semana, pero hoy amanece sin gasolina».

 

Largas colas 

Desde tempranas horas de la mañana, largas colas han registrados los usuarios de Twitter en distintas bombas de servicio en Caracas. En Terrazas del Club Hípico, Concresa y en Ruiz Pineda se observan largas cola de carros dispuestos para surtirse del carburante. Hecho similar se observó en la avenida Sucre, la Silsa y Caño Amarillo. También informan que a las 8:00 a.m. hay estaciones cerradas, como es el caso de la ubicada en Parque Cristal.

Conductores en la avenida Sucre dijeron a TalCual que alrededor de las 5:30 a.m. y 6:00 a.m. iniciaron la espera para abastecerse de gasolina en la estación de servicios Las Atlas, de Gato Negro.

Desde la madrugada, largas colas también se registraron en Los Teques, capital del estado Miranda. Reportan además que desde la noche del domingo, en San Antonio de los Altos, hay conductores en cola.

 

Incertidumbre y trabas para cobrar el petro aguinaldo
Desde el miércoles 18 de diciembre comenzó la entrega del petro aguinaldo para todos los funcionarios y pensionados del país
Más de 4 millones 500 mil personas recibieron sus aguinaldos en Petros a través de la plataforma Patria, en la opción Monedero

Jubilados, pensionados y trabajadores públicos denuncian confusión e incertidumbre para el pago con el petro aguinaldo. Además aseguran que no les alcanza para cubrir las compras básicas. 

Los pasos para poder realizar pagos con el Petro son el ingreso a la página de la PetroApp, acceder con un usuario y clave y realizar la transacción a través de un código QR o por la dirección de correo del establecimiento al que se le va a pagar. Esto implica el uso de teléfonos inteligentes, que no todos los venezolanos tienen. 

Adicionalmente, la poca experiencia de los pensionados con la tecnología y con los teléfonos inteligentes ha hecho que muchos no puedan cobrar el dinero depositado con la criptomoneda del gobierno venezolano. 

A lo largo del fin de semana se evidenciaron largas colas en algunos supemercados y comercios aptos y equipados para transar el petro. Este sábado personas acudieron a las afueras de la tienda Traki, en Caracas, para exigir información sobre el pago con el petro aguinaldo, en vista de que la criptomoneda es admitida en este establecimiento. No obstante, el establecimiento  no tiene los dispositivos de pago del Banco Venezuela conocidos como Biopago. 

 Los pensionados consultados temen que pasado el 31 de diciembre de este año 2019, no puedan usar esta criptomoneda, ya que no saben si dejándolo en el Sistema Patria o en la página Petro, está asegurado.

Sin embargo, el superintendente nacional de Criptoactivos, Joselit Ramírez, aclaró que el Petro Aguinaldo, asignado por el Gobierno a pensionados y trabajadores públicos del país, a través de la plataforma Patria, no tiene fecha de vencimiento ni caducidad. También adelantó que en el año 2020 habrán más opciones y posibilidades para transar con el criptoactivo soberano.

 

Los pensionados consultados por El Pitazo en Caricuao y en Sabana Grande, explicaron que de una lista dada por el Gobierno de comercios, panaderías y tiendas de ropa que presuntamente tienen activos el Biopago, pues más de la mitad no lo tienen habilitados. Indicaron que es necesario que funcionarios encargados de supervisar el comercio en la capital, se acerquen a los locales para que vean la realidad que están pasando las personas de la tercera edad, por la falta de dispositivos de pago que acepten el Petro.

Acción de exterminio, por Marianella Salazar

 

La mayoría de los venezolanos sentimos que estamos atrapados en un caos. Gente con cara de tristeza infinita devolviendo productos y víveres en la caja de los supermercados, abastos y en mercados populares, porque no puede pagarlos; he visto gente llorando porque sufre ante la impotencia de no poder llevar alimentos a sus hijos. Las esquinas de Caracas están llenas de minusválidos, jovencitas indigentes con sus niños a cuestas pidiendo limosna o algo qué comer. Causa el mismo malestar dar unos bolívares que no valen nada que no darlos; avergüenza bajar la ventanilla y dar una limosna y, peor aún, si se mira hacia otro lado.

La pobreza extrema crece aceleradamente y está a la vista de todos. En cada esquina hay gente que se disputa con los perros abandonados desperdicios en las bolsas de basura. El estado de desnutrición que se observa en gran parte de la población es solo comparable con la situación en la africana Biafra, donde los niños mueren de inanición.

La cotidianidad en Venezuela, al invertir los días en la ardua tarea de buscar precios más económicos, se ha convertido en una verdadera tortura. Muchas personas se están desprendiendo de todos sus objetos de valor, incluso de recuerdos que tienen un inapreciable significado sentimental, de sus anillos de boda, medallas de bautizo, de cualquier prenda que se haya salvado de los atracos en la calle o de los robos en sus propias casas. Nadie sabe de dónde ni cómo va a sacar dinero para comprar comida y poder matar el hambre.

Calculan que la inflación llegará a 300.000% para finales de año. El rubro que más sube es el alimenticio. El presidente de la Comisión de Finanzas de la Asamblea Nacional, Rafael Guzmán, informó que “se necesitan 200 salarios mínimos para cubrir el costo de la canasta básica”.

Resulta escalofriante ver las cifras del “Ranking inflación promedio”, en el que Venezuela se ubica en el primer puesto con 2.068,5%, y los otros siete países que le siguen en la medición se sitúan a una distancia abismal, como Angola, con 17,8%, y Argentina, con 18,7%, seguidos por Sudán, Egipto, Nigeria, Congo y Ghana, con porcentajes que oscilan entre 16% y 19%. Estamos frente a una espiral perversa y devastadora que solo conduce a la ruina y la miseria.

La insostenible situación es producto de las políticas económicas o la falta de ellas y del modelo “robolucionario”. Su gran fracaso recae exclusivamente en los gobiernos de Chávez y Maduro, que con sus proclamas nacionalistas escondieron una terrible pesadilla que ha desembocado en esta catástrofe, que ha llevado a organismos internacionales a disponer de recursos y enviar ayuda humanitaria a las fronteras con Brasil y Colombia, donde llegan miles de venezolanos que han emprendido el incierto camino del exilio huyendo, entre otras cosas, de la hambruna.

La emigración se plantea como única disyuntiva, real o imaginaria, ante la tragedia que vivimos. El gobierno nunca aceptará la llegada de la ayuda humanitaria bajo la premisa indigesta de que significa un injerencismo. La lógica del poder totalitario, siempre deshumanizado, asociada a una concepción militar de la política y el ejercicio de la represión hasta el terror, se convirtió, por obra y gracia de Nicolás Maduro, en una acción de exterminio.

Lo único que puede revertir la crisis económica y el resto de las crisis que nos agobian y se están tragando nuestro futuro es un cambio de gobierno, y no será por la vía electoral, porque la naturaleza del régimen es antidemocrática. Su salida es cuestión de tiempo. Por ahora solo se vislumbra un escenario de implosión social carente de cauce político, ante una dirigencia opositora desarticulada que no genera confianza.

@AliasMalula

El Nacional

 

Puntos Rojos fueron colocados en las afueras de los centros electorales de la ciudad capital, para registrar a través del código QR del Carnet de la Patria a los ciudadanos que ejercieron su voto este domingo, 20 de mayo.

A las afueras del centro de votación Miguel Antonio Caro de Catia anotaron en unas listas a las personas que tienen el Carnet de la Patria, para confirmar que hayan votado.

 

                                                                                      Foto: Gustavo Alemán

 

Carnetizados firmaron en listas de puntos rojos, una vez que salieron de votar.

Carnetizados firmaron en listas de puntos rojos, una                           vez que salieron de votar.

Foto: Gustavo Alemán

 

Lista de carnetizados que votaron este 20M. Foto: Gustavo Alemán

 

En los alrededores del centro de votación Domingo Faustino Sarmiento de Mariperez, también escanearon el Carnet. Foto: Gustavo Alemán

Foto: Rayner Peña

 

Foto: Rayner Peña

 *Vea la nota en El Pitazo
Táchira: Largas colas en abastos y supermercados de la frontera para comprar alimentos

SanAntonioTáchira

Este lunes hubo personas que amanecieron haciendo la fila en establecimientos comerciales de San Antonio. (Foto/JGH)

Largas colas de personas se observan a las afueras de abastos y supermercados de San Antonio del Táchira cada vez que hay existencia de productos de primera necesidad, a pesar que su precio en la mayoría de los casos ha continuado  aumentando hasta tal punto que en ocasiones se hacen  inalcanzables  para los consumidores.

Este lunes hubo personas que amanecieron haciendo la fila en establecimientos comerciales de esta localidad, para tratar de comprar rubros alimenticios, entre ellos  harina de maíz blanco mezclada con arroz para elaborar arepas, mayonesa, mantequilla, arroz y otros artículos no tan indispensables, cuyo costo total superaba los 70 mil bolívares, si el comprador tenía el dinero para adquirir los artículos que estaban a la venta.

En las afueras del establecimiento  había cola de personas de la tercera edad, otra para los más jóvenes  y también había trato preferencial para personas con alguna discapacidad, convalecientes, mujeres embarazadas, etc.

Integrantes de la Milicia Nacional y personal de vigilancia del local trataban de establecer el orden en el acceso, pero por momentos la situación se tornaba bastante complicada ante la gran cantidad de personas que trataba de adquirir los artículos de la cesta básica.

Muchas personas manifestaron haber madrugado desde las tres de la mañana a hacer la cola para intentar comprar los productos, que a su juicio, aún con el precio que vienen marcados,  resultan más económicos que comprarlos en el comercio  de la frontera colombiana, donde para el venezolano se han encarecido notablemente debido a la acentuada devaluación del bolívar ante el peso.

El kilo de arroz que estaba a la venta  este lunes  costaba cerca de 16 mil bolívares, la mantequilla  11.200 bolívares, la mayonesa 13.300 bolívares  y el paquete de harina 2.600 bolívares. Si la persona  compraba los dos kilos de arroz, las dos harinas, la mantequilla y la mayonesa más un paquete de fororo, cuyo precio superaba los 7 mil bolívares, el costo total  pasaba de los 70 mil bolívares.

 

La descomposición de Venezuela a través de los ojos de una periodista extranjera

REP-GEN VENEZUELA-CUBRIENDO LA CRISIS

Por Hannah Drier

Lo primero que hicieron varios individuos musculosos fue sacarme el teléfono celular. Me habían interceptado en la calle al salir de una entrevista en la ciudad natal del finado presidente Hugo Chávez y me habían metido en una camioneta negra.

El corazón me latía fuerte en el asiento trasero, entre los hombres y dos mujeres. Vi unas viviendas de bloques de hormigón y traté de recordar las clases que había tomado antes de venir a Venezuela sobre cómo manejarse durante un secuestro. La recomendación era tratar de hacer que la vean a una como un ser humano.

“¿Qué hacemos con ella?”, preguntó el conductor. El hombre a mi lado se pasó una mano por el cuello, como diciendo que había que degollarme.

¿Cómo responder a eso?

Yo pensaba que por ser una corresponsal extranjera estaba protegida del creciente caos de Venezuela. Pero el país se descomponía a paso acelerado y yo estaba por comprobar que no hay forma de mantenerse al margen.

Vine a Caracas como corresponsal de la Associated Press en el 2014, justo a tiempo para presenciar la acelerada gestación de una catástrofe humanitaria.

Venezuela supo ser una nación en ascenso, impulsada por las reservas de petróleo más grandes del mundo, pero cuando llegué, los altos precios del petróleo no podían impedir la escasez ni una fuerte inflación.

La vida en Caracas, no obstante, estaba todavía marcada por el optimismo y la ambición. Mis amigos compraban departamentos y autos y tenían ambiciosos planes profesionales. Los fines de semana nos íbamos a las prístinas playas caribeñas y bebíamos whiskey importado en locales nocturnos que permanecían abiertos hasta el amanecer. Había tanta comida accesible que uno de mis primeros reportajes fue sobre una creciente epidemia de obesidad.

En los tres años siguientes me despedí de la mayor parte de esos amigos, y también del servicio telefónico de larga distancia y de ocho aerolíneas internacionales. Me acostumbré a cargar pesados fajos de billetes que cada vez valían menos para pagar por la comida. Seguíamos yendo a la playa, pero volvíamos temprano para evitar los asaltantes que operan al anochecer. Los semáforos pasaron a ser un objeto decorativo ya que nadie paraba en ellos por temor a que les robasen.

No había una guerra ni un desastre natural. Solo una mala administración que llevaba al país a la ruina y que dio paso a una catástrofe nacional cuando los precios del petróleo se vinieron abajo en el 2015.

A medida que las cosas empeoraban, el gobierno socialista intensificó su retórica antiimperialista. El día que me metieron en una camioneta negra en Barinas, la ciudad donde Chávez pasó su niñez, coincidió con una ola antiestadounidense alentada por el gobierno. La Administración de Control de Drogas de Estados Unidos (conocida por sus siglas en inglés, DEA) acababa de encarcelar a sobrinos de la primera dama en Nueva York, acusándolos de tráfico de drogas, y en todo el país afloraron de la noche a la mañana pintadas que decían “Gringo, go home”. En el edificio donde están las oficinas de la AP apareció una imagen del presidente estadounidense de entonces, Barack Obama, con orejas del ratón Mickey.

Trataba de iniciar una conversación inocente con los hombres que me habían capturado cuando pasamos por un muro alto, con alambre de púas, y alcancé a ver el logo de la policía secreta. Aliviada, me di cuenta de que no me estaban secuestrando, sino que estaba detenida.

Una vez adentro, los individuos me apuntaron con una cámara para interrogarme. Uno dijo que yo terminaría como un periodista estadounidense que habían decapitado hacía poco en Siria. Otro me dijo que si le daba un beso, podía irme.

El hombre que manejaba la camioneta dijo que me retendrían hasta que la DEA aceptase cambiarme por los sobrinos de la primera dama. Me acusó de ayudar a sabotear la economía. “¿Cuánto te paga Estados Unidos para que seas su espía?”, preguntó.

El gobierno del presidente Nicolás Maduro culpa a Estados Unidos y a los intereses económicos de la derecha por el derrumbe de la economía, pero la mayoría de los economistas dicen que el deterioro económico es consecuencia de las distorsiones en los precios y la moneda generadas por el gobierno. A menudo daba la impresión de que había una relación directa entre las políticas económicas y las penurias de la vida diaria. Una semana, el gobierno declaró que los huevos no se podían vender a más de 30 centavos de dólar el cartón. A la semana siguiente desaparecieron los huevos de los supermercados.

Al principio, la escasez de productos parecía algo intrascendente. Mis amigos venezolanos estaban acostumbrados a ir a Miami de compras. Cuando yo viajaba a Estados Unidos, me pedían que les trajese perfumes, chaquetas de cuero, iPhones y condones. Generalmente yo me llevaba dos valijas casi vacías para poder traer todo lo que me pedían, además de comida y artículos de aseo personal. A medida que se profundizaba la crisis, resultaba más difícil cumplir con los pedidos, que comenzaron a reflejar dramas personales. Medicinas para problemas cardíacos. Drogas para tratar la epilepsia de menores. Píldoras para forzar abortos. Máscaras de gas.

Y las cosas iban a empeorar más todavía. La primera vez que vi gente haciendo cola frente a una panadería cerca de mi casa me detuve a sacar fotos. Qué locura: Una cola para comprar pan.

Poco después apareció el hambre. La gente buscaba comida en la basura a todas las horas del día. Se comían vegetales descartados y pizzas húmedas en el mismo lugar. Parecía que se había tocado fondo. Hasta que el panadero de mi barrio empezó a organizar colas todas las mañana, pero no para comprar pan sino para comer los desperdicios.

La gente esperaba su turno para escarbar a ver qué encontraba en bolsas negras con lo que la basura de la panadería. Una mujer encontró una caja de migajas de pastelillos. Un adolescente buscaba cartones de jugos para beber lo que quedase.

El derrumbe fue tan rápido que todavía quedan algunas muestras de los buenos tiempos. La capital aún cuenta con restaurantes elegantes, aunque las mesas están a menudo vacías. Sigue habiendo concesionarias de autos de lujo frecuentadas por gente con acceso a los dólares o que se hizo rica con la corrupción. Muchas venezolanas tienen cuerpos esculpidos por cirujanos plásticos y sonrisas dignas de una estrella de cine, producto de años de aparatos y de blanqueamientos profesionales.

Al mismo tiempo, la delincuencia es tan común que ya casi ni se repara en ella incluso en los sitios más exclusivos. Una tarde pasé caminando junto a dos hombres con cascos montados en una motocicleta que hablaban con clientes en el jardín de un restaurante. Cuando le pedí a la cajera una botella de agua, me dio una mirada extraña. Cuando los hombres se fueron, me explicó que acababan de robar a todos los presentes, arma en mano. ¿No me había dado cuenta?

La gente rara vez pide ayuda y no es difícil entenderlo si se toma en cuenta que la tasa de asesinatos es hoy la más alta del mundo. Matones asesinaron a un joven médico en mi cuadra cuando dejó caer accidentalmente su teléfono celular durante un asalto a plena luz del día. Consciente de lo que le pasó al médico, entregué mi bolso entero cuando me asaltaron unos meses después.

Al final de cuentas, la policía me dejó ir unas horas después de haberme arrestado, advirtiéndome que no regresase a Barinas. Me hicieron subir a la misma camioneta negra y me llevaron al aeropuerto. Allí observaron cruzados de brazos cómo abordaba un avión con destino a Caracas.

Cuando recuperé mi teléfono, estaba lleno de mensajes de otros periodistas. Alguien había visto que me llevaban y había hecho correr la voz de que me habían secuestrado. Pedí a mis colegas que no escribiesen nada, temerosa de que me echasen del país si generaba mucha atención.

Quedan apenas uno de cada tres corresponsales extranjeros que había en el 2014 pues el gobierno no concede acreditaciones nuevas. Fui la última periodista estadounidense que recibió una visa para vivir en Caracas.

Este verano decidí irme del país por voluntad propia, y me fui al aeropuerto con valijas llenas, no vacías.

A esta altura debería mencionar los hermosos loros azul y dorado que sobrevuelan la capital. O citar a Gabriel García Márquez, que alguna vez escribió esto sobre Caracas: “Una de las hermosas frustraciones de mi vida es no haberme quedado a vivir para siempre en esa ciudad infernal. Me gusta su gente, a la cual me siento muy parecido, me gustan sus mujeres tiernas y bravas, y me gusta su locura sin límites y su sentido experimental de la vida”. O hablar de la dicha que se siente al toparse inesperadamente con una botella de leche o al tener agua todo el día.

Pero en cambio, pienso en Nubia Gómez, encargada de la limpieza y el mantenimiento del edificio donde vivo y quien lloró cuando le dije que me iba. Hay tanta tristeza debajo de la superficie aquí. La hija de Gómez se fue a España y sus amigos y clientes están también partiendo. Trato de decirle algo reconfortante y comento que las cosas pueden mejorar pronto.

“No, eso no va a suceder”, dice Gómez sollozando. “No va a mejorar. Va a tardar años”.

La solución a la crisis, por José Guerra

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Cuando un país está en una crisis tan profunda, como la que hoy sufre Venezuela, la solución a esa crisis por lo general tiene dos soluciones. Una es la profundización del conflicto con resultados impredecibles y la otra es que hable el pueblo, mediante el voto. Yo estoy profundamente convencido que la consulta al pueblo es la vía y el mecanismo para sortear esta catástrofe que hoy padece el país.

El gobierno de Nicolás Maduro y sus políticas ha sumido a Venezuela en una crisis de magnitudes colosales. Hay una caída brutal de la economía, el bolívar carece de valor como moneda, el costo de la vida es indetenible y con todo ello la depauperación de millones de venezolanos que hoy no tienen como alimentarse o curarse una enfermedad porque no hay medicinas. A ello se agrega una deriva claramente totalitaria que ha pretendido abolir la democracia como sistema de gobierno hasta el punto tal que los poderes públicos están subordinados a los deseos del presidente.

Desde el 6 de diciembre de 2015, una vez que se contaron los votos para elegir el parlamento y al gobierno perder  esas elecciones, la decisión adoptada en quienes hoy gobiernan, fue la de impedir el ejercicio del voto popular, a menos que estuviesen seguros de que ganarían las elecciones. Así, descocieron la Asamblea Nacional mediante sentencias írritas del TSJ, obstaculizaron y anularon el referendo revocatorio como derecho constitucional del pueblo y han cometido todo tipo de arbitrariedades para evitar la soberanía popular. Ello ha llevado a una reacción del pueblo venezolano jamás imaginada y nunca vista en el mundo.

Llegado a este punto en la escalada de la tensión política, no queda otro camino que consultar al pueblo y que sea  éste quien decida en estos momentos cruciales. Solamente la apelación al venezolano mediante el libre ejercicio de sus facultades como ciudadano puede conducir a una solución que genere estabilidad a un país en proceso de destrucción y ruina. Conjuntamente con el rescate del derecho al voto debe diseñarse un plan económico y social que permita superar el principal problema del venezolano de pie: la pobreza. Ello implica una economía en crecimiento y con baja inflación para así recuperar el poder adquisitivo de los más pobres. Sin ello cualquier solución está condenada al fracaso. Igualmente debe diseñarse una nueva política petrolera que permita aumentar la producción de hidrocarburos hoy fuertemente mermada.

El rescate de la democracia en Venezuela parte del principio del restablecimiento del derecho al voto, en comicios libres. Por tanto, la realización de los procesos electorales pendientes y la definición de manera clara y precisa de la fecha de las elecciones presidenciales constituyen el eslabón fundamental para resolver la crisis. Esto es lo que no quiere el gobierno, contarse en un proceso electoral transparente y para ello se ha valido de un CNE que actúa como la oficina de asuntos electorales del PSUV. Insisto, es en la prevalencia de la Constitución y el voto del pueblo es donde reside la solución a esta calamidad que hoy sufren los venezolanos. Únicamente un gobierno que provenga de la soberanía popular puede constituir una salida que propicie estabilidad y la gobernabilidad.

 

@JoseAGuerra

Diario 2001