Inicio Blog Página 25

Donald Trump opina que Venezuela no está lista aún para ir a elecciones

0

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, opinó este viernes 24 de julio que en Venezuela “no están realmente preparados aún” para realizar unas elecciones. Sin embargo, aseguró que ha habido “mucho progreso” en el proceso de transición. 

“En cuanto a las elecciones en Venezuela, todavía no están preparados para ellas aún. Pero ha habido mucho progreso”, declaró Trump a la prensa en el Despacho Oval de la Casa Blanca. Luego dijo que algún día el país estaría listo para unos comicios.

El mandatario aprovechó la ocasión para decir que la presidenta encargada, Delcy Rodríguez, ha hecho “un trabajo fantástico”, especialmente en lo que al sector petrolero se refiere. Aseguró que el país está generando una cantidad de dinero como nunca lo había hecho y que EE. UU. se estaría llevando también una buena parte. 

Rodríguez cumple casi siete meses como mandataria con el aval de Washington, luego de que el 3 de enero pasado fuerzas estadounidenses capturaron a Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores. Actualmente ambos enfrentan cargos por múltiples delitos, incluido narcotráfico, en un tribunal de Nueva York.

La semana pasada, la Asamblea Nacional y un sector de la oposición venezolana anunciaron conversaciones a partir del 1 de agosto para promover la democracia, iniciativa respaldada por Washington. 

La dirigente opositora Dinorah Figuera, quien encabeza un grupo que iniciará un proceso de diálogo con el chavismo, aseguró que la líder de Vente Venezuela, María Corina Machado, es “muy importante en este proceso”. 

Trump, por su parte, hizo énfasis en la necesidad de reconstruir el país antes de avanzar hacia unas elecciones, priorizando la estabilización institucional y económica.

*El periodismo en Venezuela se ejerce en un entorno hostil para la prensa, con decenas de instrumentos jurídicos dispuestos para el castigo de la palabra, especialmente las leyes “contra el odio”, “contra el fascismo” y “contra el bloqueo”. Este contenido está siendo publicado teniendo en consideración las amenazas y límites que, en consecuencia, se han impuesto a la divulgación de informaciones desde dentro del país 

Vecinos de Playa Grande exigen claridad sobre presuntos planes de demolición en la zona

0

Habitantes del sector Playa Grande, en La Guaira, alertaron la mañana de este sábado, 25 de julio, que funcionarios del Estado trancaron el acceso vehicular a la calle 6 norte y desalojaron el sector, presuntamente porque prevén demoler los edificios Samantha y Costa Dorada, afectados por los terremotos de hace un mes en el país. 

Una de las residentes de la zona, que pidió no ser identificada por temor a represalias, contó a Runrun.es que el martes 21 de julio el alcalde José Manuel Suárez visitó Playa Grande para informar que debían demoler ambas estructuras colapsadas parcialmente tras el doblete sísmico, hecho del que quedó constancia en un acta firmada por vecinos. 

Sin embargo, residentes del sector denuncian que el procedimiento ha sido opaco y desconocen si hay riesgos para los edificios en los alrededores que presentaron daños menores. 

Vecinos preocupados

La fuente indicó que en los escombros de las infraestructuras que colapsaron aún hay cadáveres de personas que quedaron tapiadas y que sus familiares desean recuperar para darles santa sepultura. 

Por otro lado, les preocupa que hay otras residencias aledañas que se mantienen en pie, de donde sus habitantes no han podido sacar sus pertenencias y objetos de valor. Este sábado, funcionarios del Estado retiraron a vigilantes privados de varias residencias. “No sabemos qué fiesta van a hacer ahí con lo que nos queda”, dijo.

Este sábado en la calle 6 se observaron funcionarios que en la parte de atrás de sus camisas tenían escrito “explosivos”. En el operativo estarían involucrados personal de la Alcaldía, de la Oficina de Catastro, miembros de la Guardia Nacional, entre otros. Los habitantes de la zona exigen “que el procedimiento no se haga de manera arbitraria” y pidieron realizar una reunión con las autoridades encargadas.

Tras un encuentro con las autoridades, a la 1:00 p. m. les informaron que pospondrían la demolición. Esto debido a que los vecinos informaron que en la zona aún había familiares a la espera de recuperar los restos de sus seres queridos de entre los escombros.

*El periodismo en Venezuela se ejerce en un entorno hostil para la prensa, con decenas de instrumentos jurídicos dispuestos para el castigo de la palabra, especialmente las leyes “contra el odio”, “contra el fascismo” y “contra el bloqueo”. Este contenido está siendo publicado teniendo en consideración las amenazas y límites que, en consecuencia, se han impuesto a la divulgación de informaciones desde dentro del país.

Perú y Venezuela acuerdan el restablecimiento progresivo de sus relaciones diplomáticas

0

Los gobiernos de Perú y Venezuela anunciaron este 24 de julio el inicio de un proceso progresivo para la reanudación integral de sus relaciones bilaterales. Como primer paso, acordaron la reactivación de las oficinas consulares con el propósito inmediato de garantizar la atención, documentación y protección legal de sus ciudadanos.

El vínculo diplomático entre ambos países se fracturó el 31 de julio de 2024, cuando el Gobierno venezolano decretó la ruptura de relaciones tras el desconocimiento de los resultados electorales por parte de la Cancillería peruana y su posterior reconocimiento al opositor Edmundo González Urrutia. La medida implicó la salida del personal diplomático y la paralización de las sedes consulares en Lima y Caracas.

En respuesta, el Gobierno venezolano calificó la postura de “injerencista”. Entonces, decretó la ruptura de relaciones y ordenó el retiro del personal diplomático peruano.

Según la Plataforma de Coordinación Interagencial para Refugiados y Migrantes de Venezuela, Perú alberga a cerca de 1,63 millones de venezolanos, lo que lo posiciona como el segundo principal destino de esta migración en el mundo. Por su parte, la comunidad peruana en Venezuela abarca unos 35 000 ciudadanos, de acuerdo con estimaciones consulares. 

La apertura de los consulados busca destrabar la expedición de pasaportes, visados y registros civiles paralizados durante dos años. El anuncio se produce mientras Perú se prepara para la toma de posesión de Keiko Fujimori como presidenta electa. Durante su campaña, la funcionaria recibió el respaldo de parte de la oposición venezolana. 

“Esta firme voluntad de cooperación e integración entre nuestros países se sustenta en los históricos lazos de amistad y solidaridad latinoamericana que han unido al Perú y a Venezuela desde sus orígenes como Repúblicas e inspiran sus esfuerzos conjuntos en favor del desarrollo y bienestar de nuestros pueblos y nuestra región”, señalaron en un comunicado.

*El periodismo en Venezuela se ejerce en un entorno hostil para la prensa, con decenas de instrumentos jurídicos dispuestos para el castigo de la palabra, especialmente las leyes “contra el odio”, “contra el fascismo” y “contra el bloqueo”. Este contenido está siendo publicado teniendo en consideración las amenazas y límites que, en consecuencia, se han impuesto a la divulgación de informaciones desde dentro del país.

Los sismos también revelaron las grietas en la libertad de informar en Venezuela

Los movimientos telúricos que sacudieron a Venezuela hace un mes provocaron la muerte de más de 5000 personas, ocasionaron el desplazamiento de miles de familias y profundizaron la crisis humanitaria. Las ondas sísmicas derrumbaron estructuras de concreto en La Guaira, Caracas y otros 5 estados. Al mismo tiempo, sobre una infraestructura mucho menos visible —la del acceso a la información— empezaron a abrirse nuevas grietas. El silencio oficial, la censura y la intimidación contra periodistas se convirtieron en otra de las réplicas de la tragedia. 

Los terremotos encontraron a Venezuela con una libertad de información ya colapsada. Desde agosto de 2024 la red social X permanecía bloqueada en el país y más de 90 portales informativos seguían enfrentando restricciones de acceso, lo que limitaba ya el flujo de información independiente precisamente cuando la población más la necesitaba. 

Durante las horas posteriores al desastre, miles de ciudadanos reclamaron el levantamiento inmediato de esos bloqueos. Bajo la etiqueta #ConatelDesbloqueaYA, usuarios exigieron recuperar el acceso a X y a los medios digitales para compartir reportes sobre personas desaparecidas, edificios comprometidos, vías obstruidas y necesidades urgentes en las zonas afectadas.  

Algunos usuarios reportaron que las principales operadoras comenzaron a retirar las restricciones para acceder a X,  pero el levantamiento del bloqueo ha presentado fallas, interrupciones y un comportamiento inestable según la región y el proveedor de internet, por lo que múltiples usuarios continúan quejándose de dificultades de acceso.

Mientras rescatistas, bomberos y voluntarios removían escombros para buscar sobrevivientes, las restricciones a la cobertura periodística también empezaban a multiplicarse. Las primeras horas de la emergencia dejaron claro que informar también se convertiría en un terreno de disputa.

El mismo 24 de junio, mientras transmitía en vivo desde una de las zonas afectadas por el colapso de edificaciones en Caracas, el locutor Gabriel Tinoco fue amenazado por un funcionario del Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (Sebin). Según documentó el Instituto Prensa y Sociedad de Venezuela (IPYS Venezuela), el funcionario, quien se identificó como el comisario Robinson Navarro, le exigió abandonar el lugar y lo amenazó con trasladarlo a la sede del organismo. Además, intentó interrumpir la transmisión lanzando un manotazo contra el teléfono celular con el que realizaba el reporte.

Al día siguiente, el 25 de junio, las restricciones dejaron de ser un hecho aislado. Durante la cobertura del colapso del edificio Moisés, en San Bernardino, funcionarios de la Policía Nacional Bolivariana (PNB) y de la Guardia Nacional Bolivariana (GNB) obstaculizaron el trabajo del equipo de Runrun.es. Los efectivos obligaron a los periodistas a apagar las cámaras e intentaron borrar el material registrado. En el lugar también fueron censurados otros medios independientes. Mientras tanto, el único equipo autorizado para realizar tomas aéreas fue un dron perteneciente al canal estatal Venezolana de Televisión (VTV). 

El pasado 28 de junio de 2026 una reportera de Runrun.es acudió a las inmediaciones del edificio Don Pepe, en la urbanización Bello Campo (Caracas), para documentar el estatus de los daños de esa infraestructura parcialmente colapsada. Dos funcionarios la abordaron. 

“Uno de ellos vestía uniforme militar (diría que era de la Guardia Nacional Bolivariana) y estaba acompañado por otro ciudadano, cuyo cuerpo de seguridad no puedo precisar. El primer funcionario exigió que borrara un material audiovisual que yo había grabado previamente, argumentando que en el video algunos efectivos aparecían sentados y que esto ‘daba una mala imagen a la institución’. Ante mi negativa de eliminar el material, los funcionarios me pidieron que les suministrara mi nombre completo y el nombre del medio de comunicación para el cual trabajo”, relató la afectada.

Ese mismo día, el gobierno encabezado por Delcy Rodríguez centralizó el acceso de la prensa a las zonas de desastre de La Guaira. La cobertura comenzó a depender de un sistema de acreditación instalado en la Base Aérea Generalísimo Francisco de Miranda, en La Carlota. Periodistas, reporteros gráficos e incluso los conductores de los vehículos que los trasladaban debían registrarse antes de trasladarse al estado en emergencia. El procedimiento incluía la entrega de datos personales, la identificación del medio para el que trabajaban y el registro fotográfico de la cédula de identidad.

Paralelamente, el Ejecutivo dispuso unidades de transporte para trasladar exclusivamente a corresponsales internacionales durante al menos tres días. El mecanismo fue suspendido posteriormente. El Sindicato Nacional de Trabajadores de la Prensa (SNTP) cuestionó la medida al considerar que el Estado utilizaba argumentos “sanitarios” para limitar el ejercicio independiente del periodismo y restringir la circulación de información sobre la emergencia. 

El 29 de junio, el Colegio Nacional de Periodistas advirtió públicamente sobre las trabas operativas y los actos de hostigamiento registrados durante la cobertura de los terremotos. Un día después, el balance elaborado por IPYS Venezuela confirmó que los incidentes ya respondían a un patrón. 

Entre el 24 y el 30 de junio de 2026, la organización documentó al menos doce restricciones al ejercicio periodístico relacionadas con la cobertura de la emergencia. El registro incluyó cuatro impedimentos de cobertura, tres casos de hostigamiento e intimidación, el decomiso de una credencial de prensa y una medida institucional orientada a imponer censura previa sobre la tragedia.

La mayoría de los casos ocurrió en Caracas, donde funcionarios de seguridad y personal de custodia impidieron registrar los daños en edificaciones colapsadas y las labores de ayuda humanitaria en sectores como San Bernardino, Altamira y Pinto Salinas, así como en centros asistenciales como el Hospital J. M. de los Ríos y el Hospital Dr. Miguel Pérez Carreño. Las restricciones también se extendieron a La Guaira, Bolívar, Falcón y Sucre.

Aunque cada episodio presentaba particularidades, las conductas se repetían: bloqueos físicos a los equipos de prensa, intentos de interrumpir grabaciones mediante el uso de la fuerza, amenazas de detención y hostigamiento verbal por parte de funcionarios del Sebin, la GNB, la PNB y personal de custodia.

La emergencia evolucionaba; la censura, también

Lejos de disiparse con el paso de los días, las restricciones al ejercicio periodístico continuaron expandiéndose durante julio. Si la primera semana después de los terremotos estuvo marcada por episodios de intimidación dispersos, las siguientes evidenciaron un patrón de control sobre quién podía acceder a las zonas devastadas, qué podía registrar y bajo qué condiciones.

El 3 de julio de 2026, la presidenta encargada con el aval de Estados Unidos, Delcy Rodríguez, convocó a corresponsales internacionales para presentar un balance oficial de la emergencia. Hasta ese momento el Gobierno contabilizaba más de 2500 fallecidos. El encuentro estuvo marcado por la confrontación de los corresponsales, quienes desmintieron la narrativa oficial de un “despliegue inmediato” y denunciaron que los sobrevivientes estuvieron abandonados sin maquinarias apropiadas para el rescate durante las primeras 72 horas.

Durante su intervención, Rodríguez defendió la actuación del Estado, sostuvo que se movilizaron miles de funcionarios y desvió la responsabilidad de los derrumbes, al asegurar que el 80 % de los edificios colapsados eran de desarrollos privados. Además, culpó a “laboratorios mediáticos” por las denuncias. Las descalificaciones continuaron poco después. El ministro de Interior y Justicia, Diosdado Cabello, calificó a los periodistas extranjeros como “miserables”, “malvivientes” y los acusó de recibir financiamiento externo.

Las diferencias entre el relato oficial y el trabajo de la prensa  no se limitaban a la interpretación de los hechos. Comenzaban a traducirse nuevamente en obstáculos sobre el terreno. Un día después de la rueda de prensa, mientras un equipo de Runrun.es documentaba las labores de rescate en las ruinas del edificio Coral Bella, en Los Corales, la autoridad militar intentó obstaculizarla labor periodística. 

Aunque funcionarios del Ministerio de Obras Públicas habían autorizado previamente el ingreso de la periodista, un militar identificado como el coronel Expósito le exigió que debía solicitar permiso y notificar formalmente a los coordinadores antes de comenzar a grabar. La reportera respondió que el acceso ya había sido autorizado y recordó que en el país no regía un estado de excepción que limitara la libre circulación o el ejercicio periodístico.

El oficial intentó presentar sus exigencias como simples “recomendaciones de coordinación”. Sin embargo, el episodio reflejó cómo, incluso allí donde trabajaban conjuntamente bomberos, Protección Civil y voluntarios, la autoridad militar terminaba condicionando el flujo de información: luego del incidente, los familiares que esperaban el rescate de las víctimas del terremoto, y que habían manifestado intención inicial de declarar, se negaron a hacerlo. 

Refugios bajo control

Ese mismo día, el equipo visitó el refugio instalado en el Polideportivo José María Vargas, uno de los principales centros temporales para damnificados en La Guaira.

El coordinador del campamento aceptó facilitar entrevistas únicamente después de que periodistas y fotógrafos registraran sus nombres en un cuaderno custodiado por militares.

La lógica del control volvió a repetirse dos días más tarde. El 5 de julio, una periodista de Runrun.es intentó ingresar al refugio habilitado por el Ejecutivo en el Coliseo de La Urbina, conocido también como Coliseo de Petare, para documentar la situación de las personas damnificadas.

“A pesar de presentar debidamente mi acreditación oficial emitida por el ministerio competente para la cobertura de esta contingencia, el acceso me fue negado. Un funcionario que se identificó como parte de la Alcaldía de Sucre impidió mi entrada argumentando que, ‘por dignidad de las personas’, la prensa tenía prohibido el ingreso. Alegó que se trataba de una orden superior”, detalló la afectada. 

Las restricciones siguieron acumulándose. El 6 de julio, el Colegio Nacional de Periodistas denunció que dos reporteros de Efecto Cocuyo y TalCual fueron amenazados con ser denunciados ante el Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas mientras cubrían la situación en el edificio Tahití en La Guaira. 

El 8 de julio de 2026, mientras varios equipos de prensa se mantenían en expectativa frente a la OPPE 33 en Caraballeda ante un presunto hallazgo de personas con vida, una corresponsal extranjera narró que había sido amenazada a través de su cuenta en Instagram el día previo, luego de una cobertura inmersiva en una zona de escombros de La Guaira.

“Me escribían ‘vamos por ti, sabemos quién eres, estás mintiendo’. La mayoría de las cuentas parecían bots. Yo nunca hablé mal del Gobierno, solo hice un reportaje. Tengo miedo de que me prohíban salir del país, o de que no me permitan la entrada de nuevo”, confesó, razón por la que pidió que su identidad fuese omitida en este trabajo. 

Al recuento se suma lo ocurrido el pasado 22 de julio, cuando el ministro de Interior y Justicia, Diosdado Cabello, en su programa televisivo semanal, señaló a una periodista independiente de intentar manipular con sus preguntas a las personas refugiadas en un campamento transitorio dispuesto en el colegio Leonardo Infante, parroquia Petare, del estado Miranda. Cabello también vinculó a la periodista con Runrun.es, pese a que no forma parte del equipo de este medio.

En esa misma edición de su programa, Cabello arremetió contra el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Prensa (SNTP). Opinó que está  “más desprestigiado que la OEA”, los llamó “recontramiserables” y los acusó de imponer una narrativa de noticias falsas 

Las crecientes restricciones, hostigamientos e impedimentos que han enfrentado los reporteros al cubrir la emergencia por los recientes sismos en Venezuela no han pasado desapercibidas. Hace una semana, ocho organizaciones nacionales e internacionales dedicadas a la defensa de la libertad de expresión —entre ellas el Comité para la Protección de los Periodistas (CPJ), Reporteros sin Fronteras (RSF) e IPYS Venezuela— manifestaron su profunda preocupación por estos hechos y recordaron que el acceso a información oportuna e independiente es un derecho humano fundamental durante contingencias humanitarias, indispensable tanto para proteger a las poblaciones vulnerables como para garantizar la transparencia y la rendición de cuentas oficiales. 

Las organizaciones exhortaron al Estado venezolano a garantizar el acceso libre y seguro a las zonas de desastre para la prensa nacional e internacional, proveer soporte operativo para asegurar las telecomunicaciones de los comunicadores y levantar de inmediato el bloqueo que pesa sobre al menos 65 portales de noticias en el país. 

“Facilitar el trabajo de la prensa durante una emergencia fortalece la respuesta institucional, promueve la confianza pública y protege el derecho de todas las personas a recibir información esencial para su seguridad y bienestar”, concluyeron. 

El silencio obligado crea otra emergencia

En una catástrofe sísmica, la información deja de ser únicamente un componente del debate público: se convierte en un mecanismo de resguardo para la población, en una herramienta para proteger otros derechos fundamentales, en un recurso para sobrevivir. Conocer qué vías permanecen transitables, dónde funcionan los centros de salud, cuáles edificios continúan siendo inseguros o dónde se concentra la ayuda humanitaria puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte.

Por eso, indicó Rafael Uzcátegui, director de Laboratorio de Paz, restringir la cobertura periodística durante una emergencia no afecta únicamente a los medios de comunicación, también limita la capacidad de la población para protegerse. Sostuvo que la “transparencia y la libertad de informar no son un lujo que se pueda suspender durante una catástrofe como esta”, sino más bien “parte integral de una respuesta de emergencia”. 

“Cuando las autoridades toman la decisión de restringir este flujo de información, y además intimidar a periodistas o dificultar la cobertura independiente, no solamente están afectando el trabajo de la prensa, sino limitando también la capacidad de las personas para tomar decisiones informadas sobre su propia seguridad y la de su familia”, insistió. 

Desde la perspectiva jurídica, Uzcátegui señaló que la imposición de trabas al trabajo informativo contraviene los artículos 57 y 58 de la Constitución de Venezuela, al igual que el artículo 13 de la Convención Americana sobre Derechos Humanos y el artículo 19 del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos. Estas limitaciones contradicen además las pautas del Marco de Sendai para la Reducción del Riesgo de Desastres, el cual sostiene que el acceso a información confiable es un componente esencial de una respuesta eficaz.

El impacto del silencio trasciende el ámbito legal. Cuando desaparecen los reportes independientes, explicó, proliferan los rumores, aumenta la incertidumbre y se dificulta coordinar la asistencia humanitaria: “Las personas no saben adónde acudir, qué servicios funcionan, qué zonas son seguras, o dónde recibir ayuda. Entonces, la incertidumbre termina convirtiéndose en una segunda emergencia”.

La cobertura periodística, añadió Uzcátegui, también permite identificar necesidades, orientar la solidaridad ciudadana y facilitar que la cooperación nacional e internacional llegue a quienes más la necesitan. Obstaculizar ese trabajo, alertó, reduce la capacidad de la sociedad para organizarse colectivamente frente al desastre.

La reconstrucción también necesita verdad

Un mes después de los terremotos, la ausencia de una lista oficial de personas desaparecidas es uno de los elementos que sigue reflejando la opacidad con la que las autoridades habían manejado algunos de los datos más sensibles de la tragedia.

Para Uzcátegui, esa falta de transparencia revela que las decisiones oficiales privilegiaron la contención política por encima de la protección integral de las víctimas.

El sociólogo y defensor de derechos humanos advirtió, además, que ignorar el conocimiento técnico acumulado durante décadas en materia de gestión del riesgo compromete la efectividad de las políticas públicas y dificulta una reconstrucción basada en estándares internacionales.

Advierte que, si las decisiones continúan subordinadas a criterios de conveniencia política, el país no solo enfrentará mayores dificultades para responder a futuras emergencias, perderá también la oportunidad de reconstruir con dignidad la vida de miles de familias.

*El periodismo en Venezuela se ejerce en un entorno hostil para la prensa, con decenas de instrumentos jurídicos dispuestos para el castigo de la palabra, especialmente las leyes “contra el odio”, “contra el fascismo” y “contra el bloqueo”. Este contenido está siendo publicado teniendo en consideración las amenazas y límites que, en consecuencia, se han impuesto a la divulgación de informaciones desde dentro del país.

Cómo se vive esperando una remesa para completar la pensión

En La Guaira, Caracas y Maracaibo, tres mujeres esperan cada mes la misma señal: una notificación en el teléfono que les indica que su familiar envió dinero desde el exterior. No se conocen, pero sus vidas funcionan bajo la misma lógica: comer, comprar medicinas o llegar a fin de mes dependiendo de un ingreso que no rinde como quisieran.

Esta dependencia no es una excepción. Un estudio del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), “Efecto de las remesas sobre la seguridad alimentaria en los hogares venezolanos”, ya había señalado en 2021 que los hogares que reciben remesas presentan mejores condiciones alimentarias —más consumo de calorías, mayor diversidad en la dieta y menos restricciones para acceder a alimentos— que aquellos que no las reciben.

Ese hallazgo anticipaba la expansión del fenómeno, que se confirma cinco años después: la economista María Díaz, profesora de la Universidad Central de Venezuela (UCV), advierte que la remesa es dinero que nace de la migración y reemplaza ingresos que no se generan dentro de economías con inflación alta. Así, la capacidad de compra se traslada al exterior y regresa a los hogares en forma de transferencias, algo que el Banco Mundial ha documentado al señalar que estos flujos son una de las principales fuentes de financiamiento externo en países como El Salvador, Honduras, Filipinas y Venezuela.

Sin embargo, esa fuente de ingresos no es permanente en todos los casos. La Encuesta Nacional de Condiciones de Vida (Encovi) de 2022 registró una reducción en el envío de ayudas a los hogares venezolanos: la proporción de migrantes que enviaban remesas cayó a 49 %, diez puntos menos que en 2021, y también disminuyó la frecuencia de los envíos hasta la actualidad.

La emergencia que se paga desde lejos

“Ten paciencia, quédate ahí por seguridad”, le pidió Natalia Paredes a su hermana Graciela después del doblete sísmico del 24 de junio. La llamada llegaba desde La Coruña, España, mientras Graciela intentaba procesar que el lugar donde había construido su vida podía dejar de ser habitable.

—Yo no sé si voy a poder volver, Natalia. Ese edificio quedó muy mal —le dijo Graciela después de salir de Los Corales, en La Guaira.

Graciela vivía en los edificios Breña Mar. Su apartamento no se derrumbó, pero quedó afectado: las paredes resultaron agrietadas y algunos electrodomésticos, como la cocina y la lavadora, dejaron de funcionar. Para ella, el temor no era solo perder objetos, sino quedarse sin el único lugar que reconocía como propio. Mientras los vecinos esperaban las inspecciones para conocer las condiciones de la estructura, tuvo que evacuar.

No tenía un destino preparado. Consiguió una cola hacia Caracas y salió de La Guaira con lo necesario. Una conocida le ofreció alojamiento temporal en su casa mientras esperaba respuestas sobre el edificio. La persona no le pidió que pagara alquiler. Solo le dijo que cubriera algunos gastos básicos, como el internet y otros “fallitos” de la vivienda, para que guardara la mayor cantidad de dinero posible y lo destinara a la recuperación de su apartamento cuando pudiera regresar.

Antes del sismo, Graciela ya sostenía su vida con una economía limitada. Tiene 58 años, recibe una pensión del IVSS (Instituto Venezolano de los Seguros Sociales) de 130 bolívares, equivalente a 0,17 dólares, un monto que no ha sido aumentado desde 2022.

Para compensar esa pérdida de poder adquisitivo, recibe la bonificación denominada Ingreso Integral Pensionados, de 70 dólares mensuales, una asignación discrecional del Ejecutivo que no forma parte de la pensión ni modifica su monto. También complementa sus ingresos trabajando como repostera. No tiene hijos. Su apoyo más cercano era Sergio Andrade, su pareja, un albañil de la misma edad que, aunque no vivían juntos, colaboraba con algunos gastos.

La ayuda más constante llegaba desde España. Natalia le enviaba 300 dólares mensuales que, sumados a la pensión, alcanzaban unos 370 dólares para cubrir alimentación, servicios, medicamentos y los gastos cotidianos.

Natalia vive con una amiga en La Coruña. Tiene conocimientos de enfermería, trabaja cuidando personas de la tercera edad y también cubre algunas horas como mesera en un restaurante; aun así asumió parte de la carga económica de su hermana.

Después del doblete sísmico, esa ayuda cambió de propósito. Ya no se trata únicamente de completar el mes. Natalia le comunicó que aumentaría el envío a 400 dólares para ayudarla a enfrentar los gastos de recuperación; sin embargo, todavía busca una alternativa para transferir el dinero a Venezuela sin perder una parte importante en comisiones y tasas de cambio.

—Aguanta ahí, quédate tranquila mientras sabemos qué va a pasar con el edificio —le ha insistido Natalia desde España.

Graciela calcula que necesitará alrededor de 2000 dólares para reparar su apartamento, recuperar los electrodomésticos perdidos y volver a acondicionar el espacio. No tiene todavía un diagnóstico definitivo de la estructura ni sabe cuándo podrá regresar, pero, mientras espera, cada decisión económica está orientada a una sola meta: volver a su casa.

—Yo lo que quiero es volver a mi casa. Uno nunca piensa que va a perder la tranquilidad así, de un momento para otro. Estoy desesperada —lamenta Graciela.

Para la gerontóloga Lorena Zamorano, trabajadora del Instituto para la Atención de los Adultos Mayores del Estado de Hidalgo (IAAMEH), en México, esta experiencia refleja una deuda en la atención hacia una población que también requiere respuestas específicas durante las crisis:

“Las personas mayores deben ser consideradas una población prioritaria en situaciones de emergencia, no solo por su vulnerabilidad, sino porque tienen necesidades particulares que requieren atención y apoyo específicos. Muchas veces quedan desplazadas de los diagnósticos porque las respuestas de emergencia no contemplan sus necesidades: enfermedades crónicas, dificultades para desplazarse, problemas de visión o audición, dependencia de medicamentos o la falta de redes de apoyo cuando viven solas. En una emergencia no solo se debe identificar cuántas personas fueron afectadas, sino quiénes pueden quedar invisibilizados y qué apoyos necesitan para recibir una atención adecuada”.

El mes que depende de una llamada 

—¿Ya te llegó lo de este mes, mamá?

Carlos Núñez, el hijo de Nidia González, llama desde Estados Unidos casi siempre a principios de mes. Tiene 39 años, es contador y desde 2019 trabaja limpiando oficinas. Emigró después de que su familia materna lo ayudara con los gastos de ida. No había ahorro posible: era salir o quedarse sin opciones. No quería que su mamá tuviera carencias porque considera que hizo mucho como madre soltera, pues su padre no se hizo cargo.

Nidia tiene 66 años y vive en una zona donde los servicios funcionan de manera intermitente. El agua llega por tuberías de forma irregular, el gas doméstico no siempre está disponible y la electricidad falla por horas. En ese contexto, cualquier gasto básico requiere planificación diaria.

Nunca cotizó en el IVSS. No tiene pensión —que el Gobierno convirtió en un bono de setenta dólares— porque durante treinta años se sostuvo con una escuelita que funcionaba en su casa, donde enseñaba a niños del barrio. Ese ingreso informal le permitió vivir, criar a su hijo, pero no dejó derechos laborales ni protección para la vejez.

Esa trayectoria no es excepcional en el país. Está atravesada por un sistema de seguridad social que, en la práctica, deja vacíos importantes para quienes trabajaron en la informalidad. El abogado independiente Carlos Méndez lo resume así:

“En Venezuela la Constitución es muy clara: el artículo 86 establece el derecho a la seguridad social como un servicio público de carácter no lucrativo que debe garantizar protección ante la vejez, la enfermedad y la incapacidad, independientemente de la capacidad contributiva de la persona. No debería depender exclusivamente de si cotizaste o no, pero la realidad es otra. Lo que existe es un sistema altamente contributivo que deja por fuera a quienes trabajaron en la informalidad, que en Venezuela no es un grupo pequeño, sino mayoritario en muchos sectores. Esa gente trabajó toda su vida sin facturación formal, sin empresa, sin registro, y cuando llega la vejez no tiene acceso real a protección”.

Méndez reitera que el Estado no ha desarrollado mecanismos suficientes para subsanar esa brecha, debido a que las pensiones de la seguridad social no alcanzan para costear ni siquiera la canasta alimentaria. Esta realidad genera una vulneración acumulada de derechos básicos, como la seguridad social, la alimentación, la salud y un nivel de vida digno.

No obstante, la devaluación de la pensión del IVSS no comenzó con la crisis actual, porque en 2010 ya se empezaba a notar la precariedad: en mayo de ese año, una pensión de 1223,89 bolívares equivalía a unos 284 dólares, mientras que la canasta alimentaria familiar alcanzaba los 2484,73, bolívares, es decir, alrededor de 577 dólares.

Y ese mismo año, se creó el Decreto 7401, un programa excepcional para incorporar a personas en edad de jubilación que no habían completado las cotizaciones exigidas. La medida se presentó como una forma de cerrar la brecha de exclusión del sistema, pero contenía una ironía: el Estado buscaba garantizar el ingreso de más adultos mayores al IVSS mientras la propia pensión ya comenzaba a perder capacidad de compra. Además, de acuerdo con señalamientos críticos, la iniciativa terminó facilitando la incorporación a la nómina de presuntos beneficiarios que no cumplían con todos los requisitos exigidos.

Ante ese vacío institucional, Nidia depende exclusivamente del dinero que envía su hijo: 300 dólares mensuales. Después de la comisión del cambio por Zelle, le quedan unos 290

La administración tiene una estructura fija que no cambia: 30 dólares van para el pago del internet, el único servicio estable para comunicarse con su hijo. Entre 40 y 50 dólares se destinan a medicamentos para ella y su esposo, quien vive con alzheimer —diagnosticado hace algunos años y cuya atención se limita a cuidados en casa y medicación básica por la imposibilidad de costear consultas y tratamiento especializado—.

El resto del dinero se divide entre servicios básicos. Cuando el agua falla —algo frecuente en su zona— deben pagar camiones cisterna que cuestan alrededor de 15 dólares por llenado de los 2 tanques de la casa. La electricidad y otros gastos domésticos absorben lo restante.

No tiene nevera. La que tenía dejó de funcionar hace años y nunca fue reemplazada. Aunque cuenta con una bombona de gas, el suministro es inestable, por lo que en ocasiones debe preparar comida con una cocina eléctrica.

Con lo que queda, Nidia lo gasta en supermercados. Compra arroz, pasta, harina, aceite, pollo, carne y productos básicos de limpieza. Prefiere ese tipo de compra porque siente que le rinde más que adquirir alimentos por partes. Aun así, la comida no alcanza todo el mes. En la práctica, comen una vez al día. Tampoco invierte en ropa, arreglos personales ni en mejoras del hogar. Cada dólar está destinado a lo esencial.

Luego del sismo, se sumó una preocupación a esa relación de dependencia: Carlos comenzó a insistir en la necesidad de preparar a su madre para una eventual emergencia. Le anunció que le enviará una caja con insumos de primeros auxilios y empezó a mover contactos para gestionar el pasaporte de Nidia, quien debe renovarlo.

La idea no es inmediata, pero sí persistente: en algún momento quiere llevarla a vivir con él. “Caracas me parece un lugar más inseguro y no quiero que siga sola allá”, comenta. A diferencia de cuando emigró buscando una oportunidad económica, ahora su preocupación pasa también por garantizar la seguridad física de su madre.

El vacío de la protección en la vejez 

Mientras, a más de 700 kilómetros, vive Catalina Soler. Esta mujer de 74 años habita en una zona del oeste de Maracaibo, donde los precios son inestables y los servicios también funcionan de forma irregular.

Su hijo, José Pernia, tiene 36 años, también emigró a Estados Unidos y trabaja como delivery. Envía 220 dólares mensuales. Un amigo suyo le cambia el dinero sin cobrar comisión.

Catalina sí cotizó al Seguro Social durante una parte de su vida laboral: trabajó algunos años como obrera en un colegio y el resto del tiempo fue ama de casa. Por eso recibe la pensión del IVSS.

Catalina divide el dinero en cuatro bloques con montos relativamente estables. El primero es para alimentación: 110 dólares al mes. Con eso compra arroz, pasta, harina, huevos, algo de queso o pollo cuando aparece en oferta, y productos básicos. La carne es ocasional. Si el mes es difícil, reduce proteínas y prioriza carbohidratos.

El segundo bloque es el de los nietos —un niño de 8 años y una niña de 9, en segundo y tercer grado de educación primaria, respectivamente— que viven con ella porque sus padres están ausentes de forma prolongada. 30 dólares mensuales se van en útiles escolares, uniformes, fotocopias, transporte y alimentación en la escuela pública.

El tercer bloque es salud: 20 dólares. Incluye medicamentos básicos para ella y cualquier gasto menor de los niños. Si hay una enfermedad más seria, ese presupuesto se desborda y obliga a recortar comida.

El cuarto bloque es servicios y comunicación: 30 dólares. Aquí entran recargas de teléfono y gastos menores de conectividad, porque no tiene internet fijo.

El resto del dinero lo absorben imprevistos: fallas eléctricas, transporte, algún gasto escolar adicional o comida que no alcanzó. El ahorro no existe.

Catalina no paga alquiler porque vive como cuidadora de una vivienda, lo que le permite sostenerse sin ese gasto fijo. Aun así, cada mes el dinero se reorganiza. Si aumentan los gastos de los nietos, recorta su alimentación. Si hay un gasto médico, ajusta todo lo demás.

En las llamadas, su hijo insiste en que esa carga no debería recaer sobre ella.

—Mamá, eso no es tu responsabilidad —le dice.

Ella no discute.

—Pero ellos no tienen a nadie más —responde.

José también decidió hacer ajustes después de los sismos, aunque Maracaibo no haya sido afectada. Le comunicó a su madre que le aumentará su remesa a 300 dólares

Sin embargo, no puede llevársela consigo. Aún no cuenta con una vivienda propia y permanece alojado en la casa de un amigo, por lo que prefiere enviarle dinero mientras no pueda independizarse Con ese tipo de acciones, la responsabilidad deja de ser solo económica y se convierte en una forma de sostener la vida cotidiana aunque sea “cuesta arriba”.

“No es solo una dependencia económica. Es también una carga emocional profunda. Muchos adultos mayores sienten que no deberían estar recibiendo dinero de sus hijos, aunque sin eso no podrían sobrevivir. Eso les genera culpa, autoexigencia y silencios: dejan de pedir lo que necesitan y aprenden a aceptar cualquier cosa. Y cuando asumen otras responsabilidades como atender a familiares, sienten que cualquier gasto personal es injustificable”, subraya Gabriela Durán, psicóloga y profesora de la Universidad Rafael Urdaneta (URU).

Lo que sostienen los ingresos de afuera 

De acuerdo con el politólogo Wilson Sánchez, trabajador de la Alcaldía Bolivariana de Maracaibo (AMCBO), la sustitución de la protección estatal por el apoyo económico de los familiares migrantes constituye una de las paradojas más complejas de la crisis venezolana:

“La migración se produjo por el colapso económico e institucional de Venezuela. Así, cientos de miles de venezolanos que cruzaron las fronteras y encontraron estabilidad en sus países de destino han ayudado activamente a sus familiares que permanecen en el país, siendo especialmente favorecida la población de tercera edad, en muchos casos abuelos que asumieron el cuidado de sus niños”

Sánchez explica que esta situación significa un alivio económico para esta población vulnerable, pero también advierte que se ha reducido la presión sobre el Gobierno para avanzar en reformas de seguridad social. Al mismo tiempo, señala que el alto costo de la vida en el país hace que, en muchos casos, las remesas recibidas sean utilizadas para gastos básicos de alimentación, medicinas y subsistencia, por lo que la necesidad del adulto mayor no está del todo cubierta.

Aunque Graciela disponga de 470 dólares, Nidia reciba 290 dólares y Catalina obtenga 370 dólares, el dinero no alcanza. El Centro de Documentación y Análisis Social de la Federación Venezolana de Maestros (Cendas-FVM) reportó que en mayo de 2026 una canasta alimentaria para una familia de 5 personas costó 772 dólares

Para sobrevivir, se necesitan once pensiones al mes para cubrir la alimentación, sin contar otros gastos. Aunque este sector sea el que menos “hale plata”, el Estado se justifica con el argumento de que la nomina —activos, jubilados y pensionados—, es “insostenible”.

Envejecer en Venezuela dejó de ser una etapa protegida. Para miles de adultos mayores, las remesas terminaron por resolver lo que el Gobierno les negó a través de la pensión del IVSS.

*El periodismo en Venezuela se ejerce en un entorno hostil para la prensa, con decenas de instrumentos jurídicos dispuestos para el castigo de la palabra, especialmente las leyes “contra el odio”, “contra el fascismo” y “contra el bloqueo”. Este contenido está siendo publicado teniendo en consideración las amenazas y límites que, en consecuencia, se han impuesto a la divulgación de informaciones desde dentro del país.

«No manejamos una cifra oficial de desaparecidos»: familias desesperadas siguen buscando a sus familiares

0

Ha pasado un mes desde el doble terremoto del 24 de junio y Yina Cano todavía despierta con la esperanza de recibir una llamada. No espera un milagro. Espera una respuesta: «El no encontrarlos no nos daría paz, porque las preguntas siempre van a estar. La certeza da paz y da tranquilidad», dice desde Antioquia, Colombia, mientras intenta contener la voz.

Nunca ha vivido en Venezuela, nunca ha pisado La Guaira. Sin embargo, desde los terremotos dedica buena parte de sus días a buscar a una familia atrapada bajo los escombros de un edificio que apenas llegó a ver en fotografías.

Todo comenzó hace más de seis años, cuando una venezolana llamada Oriana Sivira llegó a Colombia buscando rehacer su vida. Había emigrado junto a su esposo, José Alejandro Ruiz Roa, y su hijo José Andrés, quien actualmente tenía 10 años, para instalarse en una población llamada Sabaneta. Oriana trabajaba como manicurista, así conoció a Cano.

La relación fue creciendo con los años: «Uno se vuelve muy familiar y muy cercano con esas personas que uno ve, que son trabajadoras, que son luchadoras». La amistad continuó hasta aquel miércoles 24 de junio.

Aprovechando el feriado, Oriana Sivira decidió regresar temporalmente a Venezuela para reencontrarse con parte de su familia. El plan era sencillo: pasar un día de playa en La Guaira. Después volverían a Caracas.

Desaparecidos Ruiz Sivira

Los hermanos de Sivira, Roger y Ariana, sí emprendieron el regreso esa misma tarde. Ella, en cambio, decidió quedarse una noche más junto a su esposo, su hijo, su madre, Iris Salazar, su tía Rosmar Sivira, que andaba con su hija, Victoria Sivira, de 11 años de edad. Alquilaron el apartamento 1-7 del edificio Vistamar, en Caraballeda, La Guaira.

«Se pudo tener contacto con una señora que era la vigilante, que logró salir con vida de Vistamar. Fue la última que los vio porque ella les entregó las llaves del apartamento. Iban a subir momentos antes de que pasara el terremoto», cuenta Cano, quien enfatiza que hasta la fecha, nadie sabe con certeza si lograron entrar al apartamento o si el edificio colapsó cuando aún permanecían en el lobby.

Cuando comenzaron a circular las primeras imágenes de edificios derrumbados en La Guaira, Yina escribió a Oriana. Los mensajes nunca llegaron. Esperó unos minutos. Después unas horas, luego entendió que debía empezar a buscar.

Desde Colombia comenzó a mover contactos, llamar a periodistas, contactar rescatistas y publicar fotografías en redes sociales. No conocía los organismos venezolanos. No sabía quién llevaba el registro de desaparecidos. Solo sabía que su amiga podía estar atrapada bajo los escombros y «no podía quedarme de brazos cruzados».

Gracias a entrevistas en medios colombianos y a una intensa campaña en redes sociales lograron que equipos de rescate de Envigado, Medellín, y la unidad USAR Colombia (Equipo Nacional de Búsqueda y Rescate Urbano del Sistema Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres) conocieran la historia de la familia. También consiguieron contactar a Roger, hermano de Oriana, juntos lograron impulsar algunos trabajos de búsqueda en el edificio. Explica que «se lograron hacer algunos túneles, pero desafortunadamente no los hemos encontrado».

No se sabe cuántos desaparecieron

La historia de Oriana y su familia refleja la incertidumbre que todavía viven cientos de personas que, un mes después del doble terremoto del 24 de junio, siguen buscando respuestas sobre sus seres queridos.

Mientras familiares y voluntarios intentan reconstruir listas de personas cuyo paradero se desconoce, las propias autoridades reconocen que no existe una cifra consolidada de desaparecidos. El gobernador de La Guaira, José Alejandro Terán, admitió el 23 de julio que no manejan un número oficial de personas desaparecidas tras el doblete sísmico. Señaló que existen líneas habilitadas para recibir reportes, entre ellas el 800Rescate, pero reconoció que no existe una cifra definitiva.

La declaración contrasta con el primer balance ofrecido por las autoridades un día después del terremoto. El 25 de junio, el gobierno informó que 157 personas permanecían desaparecidas. Desde entonces, esa cifra no volvió a ser actualizada públicamente.

Edificio Vistamar

Para ese momento, distintos organismos internacionales comenzaron a manejar estimaciones mucho mayores. El 27 de junio, el subsecretario general para Asuntos Humanitarios de Naciones Unidas, Tom Fletcher, habló de más de 50.000 personas desaparecidas, una cifra que posteriormente fue ajustada por organismos del sistema de Naciones Unidas hasta alrededor de 68.000, aunque aclararon que se trataba de estimaciones sujetas a verificación.

Las diferencias entre las cifras oficiales, las estimaciones internacionales y los registros ciudadanos evidenciaron uno de los mayores problemas de la emergencia: la ausencia de un mecanismo único que permita saber cuántas personas faltan realmente.

El presidente de la Asamblea Nacional, Jorge Rodríguez, rechazó las críticas sobre la falta de información oficial y aseguró que las autoridades no podían manejarse sobre especulaciones: «Mucho se ha dicho sobre la cifra de desaparecidos, que nosotros estamos ocultando (…) No podemos manejarnos en base a especulaciones, sino en base a la realidad», afirmó semanas después del terremoto.

Sin embargo, transcurrido un mes del doblete sísmico de magnitudes 7,2 y 7,5, las autoridades no han explicado públicamente qué organismo centraliza los reportes de personas desaparecidas, cómo pueden los familiares consultar esa información o con qué frecuencia se actualiza.

TalCual estableció comunicación con la Cruz Roja Venezolana para indagar si habían activado un protocolo, si estaban trabajando el tema de los desaparecidos, pero al cierre de este texto no se había recibido respuestas.

¿Dónde se busca a un desaparecido?

Mientras Yina Cano intenta coordinar labores de búsqueda desde Colombia, cientos de familias venezolanas se siguen preguntando dónde está algún familiar, amigo, conocido… Responder esa interrogante debería formar parte de la respuesta oficial ante una catástrofe.

Los principales organismos internacionales dedicados a la gestión de desastres —entre ellos la Organización Mundial de la Salud (OMS), la Organización Panamericana de la Salud (OPS), el Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) e Interpol— coinciden en que una de las primeras tareas tras una tragedia de gran magnitud consiste en activar un sistema para registrar y buscar a las personas desaparecidas.

No se trata únicamente de elaborar una lista de nombres, las guías internacionales recomiendan designar una autoridad responsable, recibir los reportes de las familias, centralizar la información, actualizarla constantemente y vincularla con los procesos de identificación de víctimas para facilitar el reencuentro con sus seres queridos. El objetivo es evitar que las familias busquen a ciegas.

Ya ha transcurrido un mes del doble terremoto y aún las autoridades no han explicado públicamente, más allá de lo dicho por Terán, qué organismos realizan estas labores.

Lea la nota completa en TalCual

30 días bajo los escombros

*El periodismo en Venezuela se ejerce en un entorno hostil para la prensa con decenas de instrumentos jurídicos dispuestos para el castigo de la palabra, especialmente las leyes «contra el odio», «contra el fascismo» y «contra el bloqueo». Este contenido fue escrito tomando en consideración las amenazas y límites que, en consecuencia, se han impuesto a la divulgación de informaciones desde dentro del país.

¿Comenzó realmente la transición en Venezuela?

0

Los terremotos del 24 de junio encontraron a Nelson Eduardo Bocaranda, Oswaldo Ramírez y Edgard Gutiérrez a segundos de comenzar a grabar Bestiario Político. Desde sus pantallas vieron cómo la casa de Ramírez se sacudía, cómo desaparecía la señal y cómo la tragedia cambiaba, en apenas 93 segundos, la realidad del país.

Un mes después, los tres analistas regresan en el episodio 80, “Venezuela: Colapso, Tragedia y Poder”, para examinar una Venezuela marcada por miles de víctimas, un Estado incapaz de responder y una ciudadanía que ocupó el espacio abandonado por las instituciones.

El episodio parte de una pregunta inevitable: ¿se puede separar la tragedia de la política?

Los conductores sostienen que los terremotos dejaron al descubierto un Estado preparado para reprimir, pero sin capacidad para rescatar, atender emergencias o coordinar la ayuda internacional. Frente a ese vacío, vecinos, voluntarios y miembros de la diáspora organizaron rescates, recaudaron fondos y asistieron a las comunidades afectadas.

Pero mientras los venezolanos removían escombros, Washington movía las piezas del tablero político.

Marco Rubio anunció que a comienzos de agosto se iniciará la tercera fase del plan estadounidense para Venezuela: la transición democrática. La propuesta contempla una negociación entre representantes de la Asamblea Nacional de 2015, encabezada por Dinorah Figuera, y el Parlamento controlado por Jorge Rodríguez.

El esquema deja abiertas varias interrogantes: ¿quién escogió a los negociadores?, ¿qué legitimidad conservan?, ¿por qué María Corina Machado parece quedar fuera de la mesa?, ¿busca el chavismo una transición o simplemente ganar tiempo?

Bocaranda plantea que la transición comenzó después del 3 de enero. Gutiérrez advierte que todavía no existe ninguna señal concreta de apertura democrática. Ramírez llama la atención sobre una ciudadanía que perdió parte del miedo y que podría transformar el dolor y la frustración en presión política.

La reconstrucción también atraviesa la discusión. Venezuela necesitará miles de millones de dólares y años de trabajo, pero todavía no está claro quién administrará los recursos ni qué instituciones podrán garantizar transparencia.

¿Estamos ante el comienzo de una transición democrática o frente a una nueva reconfiguración del poder dirigida desde Washington?

Escucha el análisis completo en el episodio 80 de Bestiario Político: “Venezuela: Colapso, Tragedia y Poder”.

Sociedad civil se moviliza para atender a personas con amputaciones tras los terremotos

A un mes del doblete sísmico en Venezuela, la emergencia deja múltiples secuelas que requieren atención integral y a largo plazo. Esto incluye a las personas con amputaciones de alguna de sus extremidades, y otras que presentaron lesiones medulares. Aunque no hay una cifra oficial, decenas de sus historias resuenan en medios de comunicación y redes sociales. 

Ante la urgencia de una respuesta sistémica, varias organizaciones se activaron para acompañar los procesos de atención psicológica, rehabilitación y de acceso a prótesis o ayudas técnicas, para que las personas afectadas recuperen su movilidad y lleven una vida autónoma. 

Una de estas iniciativas es el Fondo Humanitario 77: Fe sin Fronteras, una alianza entre la Fundación CIREC, la Fundación Juan Pablo Dos Santos y la Fundación Hospital Ortopédico Infantil con el fin de construir un modelo de atención permanente que permita entregar prótesis, sillas de ruedas y rehabilitación especializada para las personas afectadas. A esta red de apoyo en el territorio nacional se suma también Fundaprocura. 

La fundación colombiana CIREC, con 50 años de trayectoria en rehabilitación integral, destinó el equivalente a 277 000 dólares como aporte semilla para el proyecto, pero el objetivo es que cada vez más personas y organizaciones donen a la causa para alcanzar 2 millones de dólares, cifra con la que esperan cubrir la alta demanda de tratamientos y crear un centro de rehabilitación. Al momento de esta publicación habían recaudado 75 000 dólares. 

“La respuesta a esta emergencia necesita un apoyo sostenido en el tiempo, porque las secuelas no son solo físicas: también impactan la autonomía, la salud emocional, la vida familiar y el futuro de cada persona afectada. Por eso hacemos un llamado a empresas, cooperantes, organizaciones y personas solidarias a sumarse”, dijo Daniel Gómez, líder de la organización desde 2013. 

En la página web también habilitaron una sección para que quienes resultaron afectados por los terremotos, o sus familiares, se registren. También está abierto para que otras personas con discapacidad en el país puedan solicitar apoyo para adquirir una prótesis, muleta, andadera o bastón. 

Acompañar desde la experiencia

El atleta, modelo y activista Juan Pablo Dos Santos perdió las piernas en 2019 tras un accidente de tránsito. Desde hace seis años, bajo la fundación que lleva su nombre, ayuda a personas para que vuelvan a caminar. Tras los terremotos ha visitado y compartido su historia con más de 40 niños, niñas, adolescentes y adultos que enfrentaron amputaciones.

“Yo estuve en esa misma cama, con la misma necesidad de que alguien me dijera algo positivo, con la misma necesidad de recaudar dinero para poder estar bien, para soñar con unas prótesis… A veces lo que más puede motivar es el ejemplo de otra persona, ver en otra persona el reflejo de lo que va a poder ser tu historia”, dijo a Runrun.es el joven, quien en noviembre de 2025 completó el Maratón de Nueva York. 

Dos Santos explicó que conoce de primera mano lo difícil que puede ser para una familia venezolana adquirir una prótesis y que con su trabajo ha querido devolver parte de la ayuda con la que él contó en su momento. También habló sobre lo que viven las personas cuidadoras, familiares y amigos de los afectados. 

La persona que acompaña a alguien que ha adquirido una discapacidad tiene una tarea muy difícil. Me gusta mucho que mi mamá tenga la oportunidad de hablar con ellos, de decirles cómo lo vivió ella. Al final la persona que está sufriendo la tragedia, muchas veces tiene muy mal humor, tiene muy mal carácter y suele pagarla o reflejar eso con las personas que más lo aman, que más los están apoyando”, relató. 

En este sentido recalcó que la atención psicológica es fundamental en este proceso. También detalló que parte del proceso incluye evaluar cómo están los muñones de estas personas para ver si hay que hacer alguna remodelación, entendiendo que muchos fueron amputados en situaciones críticas. Después deben hacer rehabilitación para preparar y fortalecer su cuerpo para recibir las prótesis. 

Luego deben emprender la fisioterapia con las prótesis: “Para aprender a caminar, descubrir cuál es la manera, descubrir qué músculos tienes que fortalecer, cómo tienes que adaptar a tu cuerpo para que puedas caminar de la manera más efectiva posible y no dañes el resto de tu cuerpo”. 

Articulación con la academia

Hace tres años el servicio de Orientación de la Facultad de Ingeniería de la Universidad Central (UCV) creó el Proyecto Ingenio al Servicio de las Personas con Discapacidad Musculoesquelética, con el que lograron hacer el primer exoesqueleto totalmente fabricado en el país.  

Su motivación incluye que en el país hay una lista de espera en el Instituto Venezolano de los Seguros Sociales de al menos 17 000 pacientes con discapacidad musculoesquelética, personas con amputaciones y con discapacidad de lesión medular a la espera de dispositivos que los ayuden a recuperar movilidad e independencia. El costo de una prótesis en Venezuela está alrededor de los 5000 dólares. 

Hasta entonces, para ensamblar un dispositivo de ese tipo o una prótesis en Venezuela se debían importar piezas desde Alemania, Estados Unidos o Brasil. Los costos suelen ser inaccesibles para la gran mayoría de los pacientes y sus familias. 

Tras los dobles terremotos, y al hablar con el personal médico que atendía a personas que perdieron extremidades y que han estado vinculados al proyecto de la UCV, los implicados también se activaron para ayudar.

La profesora Milvia Acosta, directora del servicio de Orientación de la Facultad de Ingeniería y quien también fue amputada hace años, detalló que actualmente realizan muñoneras para un grupo de personas que ya tienen identificadas. Las fundas se usan para proteger, comprimir y cuidar la parte residual de una extremidad amputada. 

Además trabajan en conjunto con la Asociación Nacional de Trabajadores Sociales —que está enfocada en levantar una data para poder canalizar la ayuda— y con la Asociación Nacional de Fisiatría. También han sostenido conversaciones con representantes de agencias internacionales con el fin de buscar recursos para importar las piezas. 

Acosta explicó que algunas ortopedias públicas en Caracas, así como el Centro Nacional de Rehabilitación en el Hospital Pérez Carreño se encuentran sin recursos. “No tienen equipos, herramientas ni personal. En el Centro del Hospital Vargas tienen personal, pero no los equipos, en Lídice lo mismo. Nosotros tenemos equipos, herramientas y personal, ortopedistas voluntarios con ganas de trabajar. Nos faltarían los kits que se traen de afuera”, dijo la profesora. Con esta iniciativa se puede contactar a través del correo ingenioenaccionucv@gmail.com.

Tanto Juan Pablo Dos Santos como ingenioenaccionucv@gmail.com coincidieron en la necesidad de hacer las ciudades del país accesibles para garantizar que los espacios e infraestructuras sean adaptadas para las personas con discapacidad.